Historia al azar: Palabras de aliento
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The Flame of the Valar » Capítulo Nueve: Un Último Entrenamiento
Historia terminada The Flame of the Valar (ATP)
Por La Autora
Escrita el Lunes 15 de Junio de 2020, 22:45
Actualizada el Jueves 6 de Agosto de 2020, 00:33
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Capítulo Nueve: Un Último Entrenamiento

Capítulos
  1. Capítulo Uno: A Ciegas
  2. Capítulo Dos: ¡Idiota de Tuk!
  3. Capítulo Tres: Condenados
  4. Capítulo Cuatro: Tres Contra Uno
  5. Capítulo Cinco: El Primer Amor
  6. Capítulo Seis: El Precio Más Alto
  7. Capítulo Siete: A Salvo
  8. Capítulo Ocho: Demasiado Pronto
  9. Capítulo Nueve: Un Último Entrenamiento
  10. Capítulo Diez: Rohan Va a la Guerra
  11. Capítulo Once: Llegada a Sagrario
  12. Capítulo Doce: Sin Retorno
  13. Capítulo Trece: Dorado Reencuentro
  14. Capítulo Catorce: Recuerdos Que Lastiman
  15. Capítulo Quince: Namárië
  16. Capítulo Dieciséis: El Folde Este
  17. Capítulo Diecisiete: Capitana
  18. Capítulo Dieciocho: Ghân-buri-Ghân
  19. Capítulo Diecinueve: Un Corazón Herido
  20. Capítulo Veinte: Muerte
  21. Capítulo Veintiuno: La Batalla del Pelennor
  22. Capítulo Veintidós: El Principio del Fin
  23. Capítulo Veintitrés: Los Planes Finales
  24. Capítulo Veinticuatro: Las Piezas Faltantes
  25. Capítulo Veinticinco: El Lamento de los Valar
  26. Capítulo Veintiséis: Camino a la Derrota
  27. Capítulo Veintisiete: El Don de Reyes
  28. Capítulo Veintiocho: La Última de los Valar
  29. Capítulo Veintinueve: Boca de Sauron
  30. Capítulo Treinta: La Batalla del Morannon
  31. Capítulo Treinta y Uno: Una Última Vez
  32. Capítulo Treinta y Dos: Tras La Caída
  33. Capítulo Treinta y Tres: Mandos
  34. Capítulo Treinta y Cuatro: Algún Día
  35. Capítulo Treinta y Cinco: Un Largo Viaje
  36. Epílogo - Parte I: Aman
  37. Epílogo - Parte II: Los Valar
  38. Epílogo - Parte III: Por Siempre y Para Siempre
  39. Agradecimientos
  40. ESDLA en Wattpad

Capítulo Nueve:

Lyanna era muy hábil diseñando y forjando armas. Había pasado toda la Primera Edad, obligada por Morgoth, a forjarle armas a él y a su ejército usando el poder que había heredado de su padre, Aüle. Aquel arte le era fácil, y ahora que tenía mejor control sobre su poder las armas que podía forjar podían no responderle solo al mal. Por ello, las flechas que se había pasado haciendo toda la mañana para Legolas resultaban ser especiales.

Su diseño era precioso. Lyanna había ocupado hierro de Edoras, pero también las había bañado con polvo de estrella que, con su poder, había logrado reclamar de Eä. Estas resplandecían con luz propia, dándoles una imagen viva y amenazantes. Las hizo delgadas, para que la velocidad con la que viajaran fuese mayor que las que el elfo solía disparar. Pero también le agregó firmeza a su punta, para que fueran capaces de penetrar no solo profundamente en la piel, sino también armaduras y mallas, asegurándose que ningún enemigo fuera capaz de salvarse de aquellas flechas.

Para cuando la Vala terminó de hacer el montón de ellas, las recogió y las amarró todas juntas, dispuesta a entregárselas a Legolas para que las llevara a partir de aquel momento. A su vez, amarró a Náriël a una de las flechas, pues a pesar de que él no tenía idea alguna de qué significaba la estrella, era el único digno de portarla. Ella no se la podía quedar, ya no le pertenecía más.

La hora de su entreno con sus compañeros se acercaba, pero Lyanna tenía otros planes aquel día. Ahora que su visión había regresado, quería aumentar el nivel de dificultad. Quería aumentar el nivel de contrincantes.

- ¿Aún pelearás con la venda? - preguntó Aragorn, viendo cómo Lyanna se acercaba a él con el montón de flechas en sus brazos y un pedazo de tela cubriendo innecesariamente sus ojos - ¿Eso no cuenta como mentir?

- No si no me preguntan si la uso por estar ciega - explicó. Lyanna dejó el puñado de flechas en uno de los escalones - Además, si Legolas sabe que mi vista ha regresado seguramente me preguntará cómo ha sido eso posible... y no tengo excusas, no puedo mentirle sobre eso.

- ¿Por qué no solo le dices que no quieres hablarlo? - cuestionó el montaraz, inspeccionando la espada que iba a usar aquella tarde. Lyanna se sentó al lado de las flechas y resopló.

- Jamás me he cerrado así con él - confesó ella, frunciendo el ceño - No con algo tan importante como hacerle saber cómo recuperé mi vista - ella negó con su cabeza - Sé que si evito decírselo... podría herir sus sentimientos - Aragorn arqueó sus cejas.

- ¿Herir sus sentimientos? ¿Los sentimientos de Legolas? - Lyanna lo miró con una cara de pocos amigos.

- ¿Ves? Exacto, esa es la razón por la que no quiero alejarlo de mí, o que sienta que lo hago. Ambos sabemos lo cerrado que es, pero conmigo no. Desde hace muchísimo tiempo ambos somos tan cercanos que nos confiamos lo que sea. Que mi actitud cambie con él... sé que va a confundirlo. Sé que va a cuestionarse si ha hecho algo mal. Y no quiero que se torture así. No por mi culpa, no por mi decisión de borrarle su memoria - Aragorn la miró, consternado por la presión que sentía que crecía en Lyanna. Hasta cierto punto, no estaba tan seguro de que aquel plan de la Vala al final fuera tan sencillo de llevar a cabo. Se notaba en su rostro que aquello la estaba matando por dentro.

Pero no pudieron seguir hablando, pues Gimli y Legolas se acercaban desde el castillo hacia ellos. Ambos preparados para el entrenamiento de aquel día. Sin embargo, Lyanna se puso de pie y corrió en busca de Éomer, que entrenaba, no muy lejos, con un grupo de Rohirrim. Al verla llegar, este le hizo una reverencia.

- Mi lady, ¿en qué puedo ayudarte? - la venda de Lyanna era bastante fina, por lo que algunas imágenes podían atravesarla y permitirle a ella tener una mejor visión de lo que tenía al frente. Aquella era la primera vez que veía a los Rohirrim a pleno entrenamiento. Y debido a su previa incapacidad de ver, recién se enteraba de que estos practicaban con su torso al descubierto. Producto del potente sol que se cernía sobre ellos. Lyanna rara vez había visto a un hombre sin ropa alguna cubriendo su piel, y definitivamente nunca había visto músculos tan definidos como los del capitán Rohirrim. Se sintió incómoda un momento, pero recordó que Éomer tampoco sabía que su visión había regresado.

- Quisiera que tus hombres se unan a nuestro entrenamiento de hoy - dijo ella, recobrando su postura - Solo será un momento, pues necesito enfrentarme a un grupo numeroso - Éomer frunció el ceño y volteó a ver a su grupo.

- Pero son demasiados - Lyanna esbozó una sonrisa.

- Créeme, querido amigo, eso no es ningún problema.


El primero que atacó a Lyanna fue uno de los Rohirrim. Corrió hacia ella con espada alzada y buscó, como ella les había dejado en claro, hacerle un corte que la dejara incapaz de seguir peleando. Lyanna detuvo su ataque al poner a Ringil frente a ella y hacer que el metal de ambas espadas resonara. Al encontrarse ocupada con uno, otro de los soldados de Rohan corrió hacia ella, atacándola con su espada en dirección a sus piernas. Lyanna empujó al que tenía al frente y se volvió al que estaba por atacarla, chocando ambas armas y, con fuerza, obligándolo a girar sobre sus talones.

Pero en eso, Éomer dio la orden de que todo el grupo, entonces, la atacara. Incluidos él, Aragorn, Legolas y Gimli. Por lo que ahora, Lyanna tenía encima a cincuenta guerreros muy bien entrenados con el fin de herirla. Aquella era la prueba definitiva para la Vala, pues era el momento de usar su poder al mismo tiempo que se encontraba rodeada de gente a la que en realidad no deseaba lastimar.

Eran muchos los ataques de espada que Lyanna podía presentir que se dirigían hacía ella, por lo que usó su poder para detener los brazos de los que la rodeaban y los empujaba lejos de ella. Pudo sentir el ataque de Legolas por su espalda y, sin voltearse a él, detuvo su ataque llevando a Ringil por encima de su hombro. Legolas fue rápido y volvió a atacarla, pero Lyanna se movió de lugar para evitar el ataque del elfo, y lista para encarar a los otros cinco guerreros que la seguían. Sintió otro grupo acercándose y a otro más llegando por sus espaldas. Lyanna dobló sus rodillas y elevó su espada de forma vertical. Cerró sus ojos, atenta al momento correcto de actuar.

En un rápido movimiento, detuvo el primer ataque y sin pensarlo dos veces dirigió su espada hacia el segundo. El sonido del metal contra el metal resonaba de forma incesante mientras Lyanna pateaba y desarmaba a sus oponentes. Hombre tras hombre caía al suelo al ser derribado por la Vala, que incluso con sus ojos vendados se podía encargar sin problema de aquel grupo de excelentes guerreros.

Cuando Lyanna usó de nuevo su poder para empujarlos y alejarlos de su alrededor, también lo usó para elevar tierra del suelo bajo sus pies y convertirla en polvo para impedirles a estos ver entre aquel círculo de arena que había creado. Solamente ella podía identificar dónde se encontraba su contrincante, por lo que no le tomó mucho tiempo deshacerse de ellos.

Al sentir otro grupo de ellos acercándose, tomó una roca pequeña que se encontraba cerca, pues por su tamaño no le extraería mucha energía. Presionando sus dientes, destruyo la piedra en varios pedazos y decidió afilar cada uno de ellos, dirigiéndolos al grupo que estaba por atacarla. Estos se detuvieron al sentir la punta de roca amenazar con atravesar su piel cuando Lyanna las dirigió hacia ellos, mientras Gimli se acercaba a ella y la atacaba con una hacha. Lyanna solamente se encontraba peleando con un brazo, mientras con el otro hacía retroceder al grupo con los pedazos de piedra afilados, quienes finalmente soltaron sus armas.

Lyanna terminó empujando a Gimli y hacer volar su hacha lejos de él, desarmándolo por completo. Éomer y Legolas la atacaron al mismo tiempo. Lyanna tomó con firmeza a Ringil y fijó sus pies al suelo. Movía sus brazos rápidamente para evitar tanto el ataque del Rohirrim como el del elfo. Ni siquiera le daban tiempo de que recurriera a su poder. Pero Lyanna se movía con destreza, logrando poco a poco romper la formación del hombre y el elfo. Finalmente, en un golpe certero y recurriendo a su fuerza natural de Vala, lanzó lejos de su mano su espada.

Cuando se volvió hacia Legolas, él ya había previsto la pose que ella había optado, por lo que logró detener el ataque de Lyanna. Ambas espadas quedaron cruzadas. Legolas y Lyanna hacían fuerza para empujar al otro, y debido a su esfuerzo sus rostros iban acercándose poco a poco, hasta quedar casi tan cerca que las hojas de ambas armas podrían cortarles el rostro si alguno la retiraba.

Aragorn atacó por detrás a la Vala, quien terminó empujando a Legolas, haciendo que, por la fuerza con la que se había zafado de él, este soltara la espada. Nuevamente el metal resonó cuando Ringil chocó con la espada de Aragorn, quien movió su espada frenéticamente, no dándole lugar a la Vala de moverse a ningún lugar más que a la dirección que el montaraz deseaba llevarla. Tantos eran los ataques de Aragorn que poco a poco Lyanna se estaba viendo acorralada. Aragorn la pateó en su estómago con fuerza, haciendo que esta chocara con la pared a sus espaldas y soltara a Ringil de sus manos. Al ver que Aragorn dirigía su espada a su cuello, Lyanna se dejó caer y rodó al lado contrario de donde su espada había caído. Se encontraba ahora agachada, con una rodilla sembrada en el suelo y su pie ayudándola a mantener el equilibrio. El montaraz empujó lejos a Ringil con sus pies, desarmando a Lyanna y haciendo que se valiera únicamente por su poder.

Pero Aragorn no contaba con que Lyanna lo usara para que Ringil volara desde donde la había lanzado hasta la mano de ella, volviéndola a portar. Pero con su mismo poder controló las manos de todos los que se encontraban ahí, obligándolos a todos a soltar sus armas al suelo, desarmándolos y sintiendo el poder de ella incapacitarlos de mover sus articulaciones.

Lyanna sonrió, aún con espada alzada y rodilla doblada, sabiendo que había logrado esquivar y desarmar a cincuenta atacantes. Al dar por acabado el entrenamiento, liberó de su poder a aquel grupo de guerreros, quienes se llevaron un aplauso por parte de la Vala al haber sido oponentes dignos para ella. Y aunque habían sido derrotados, las palabras de Lyanna no los desmotivaron en absoluto.

Todos se retiraron entonces, menos un elfo de cabellos dorados y mirada tan penetrante que le daba la sensación a Lyanna de que podría leer lo que sus pensamientos ocultaban. Legolas se acercó a ella, con paso un poco apresurado para el gusto de la Vala. Cuando el elfo se posó frente a ella, su expresión la intimidó tanto que podía jurar que si las miradas mataran, ella ya habría viajado a los salones de Mandos más de cientos de veces.

- ¿Cuándo recuperaste tu vista?




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