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The Flame of the Valar » Capítulo Ocho: Demasiado Pronto
Historia terminada The Flame of the Valar (ATP)
Por La Autora
Escrita el Lunes 15 de Junio de 2020, 22:45
Actualizada el Jueves 6 de Agosto de 2020, 00:33
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Capítulo Ocho: Demasiado Pronto

Capítulos
  1. Capítulo Uno: A Ciegas
  2. Capítulo Dos: ¡Idiota de Tuk!
  3. Capítulo Tres: Condenados
  4. Capítulo Cuatro: Tres Contra Uno
  5. Capítulo Cinco: El Primer Amor
  6. Capítulo Seis: El Precio Más Alto
  7. Capítulo Siete: A Salvo
  8. Capítulo Ocho: Demasiado Pronto
  9. Capítulo Nueve: Un Último Entrenamiento
  10. Capítulo Diez: Rohan Va a la Guerra
  11. Capítulo Once: Llegada a Sagrario
  12. Capítulo Doce: Sin Retorno
  13. Capítulo Trece: Dorado Reencuentro
  14. Capítulo Catorce: Recuerdos Que Lastiman
  15. Capítulo Quince: Namárië
  16. Capítulo Dieciséis: El Folde Este
  17. Capítulo Diecisiete: Capitana
  18. Capítulo Dieciocho: Ghân-buri-Ghân
  19. Capítulo Diecinueve: Un Corazón Herido
  20. Capítulo Veinte: Muerte
  21. Capítulo Veintiuno: La Batalla del Pelennor
  22. Capítulo Veintidós: El Principio del Fin
  23. Capítulo Veintitrés: Los Planes Finales
  24. Capítulo Veinticuatro: Las Piezas Faltantes
  25. Capítulo Veinticinco: El Lamento de los Valar
  26. Capítulo Veintiséis: Camino a la Derrota
  27. Capítulo Veintisiete: El Don de Reyes
  28. Capítulo Veintiocho: La Última de los Valar
  29. Capítulo Veintinueve: Boca de Sauron
  30. Capítulo Treinta: La Batalla del Morannon
  31. Capítulo Treinta y Uno: Una Última Vez
  32. Capítulo Treinta y Dos: Tras La Caída
  33. Capítulo Treinta y Tres: Mandos
  34. Capítulo Treinta y Cuatro: Algún Día
  35. Capítulo Treinta y Cinco: Un Largo Viaje
  36. Epílogo - Parte I: Aman
  37. Epílogo - Parte II: Los Valar
  38. Epílogo - Parte III: Por Siempre y Para Siempre
  39. Agradecimientos
  40. ESDLA en Wattpad

Capítulo Ocho:

Cuando Legolas despertó, su cabeza presentaba un leve dolor en la parte superior de esta, cosa bastante peculiar para un elfo, pues era bien sabido que no padecían de malestar alguno a no ser que fuera generado por golpes o heridas recibidas. Y aunque intentó hacer memoria de momentos antes de caer dormido, no logró recordar haberse lastimado. De hecho, no lograba recordar ni siquiera cómo había llegado al cuarto de Lyanna.

Lo último que tenía de memoria era haber terminado de entrenar con Aragorn Lyanna y Gimli. A lo mejor Lyanna lo había golpeado en el entreno y le había cedido su habitación para que descansara, como acto de disculpa.

El elfo se levantó de la cama y caminó hacia la puerta. El pasillo estaba a oscuras, y por la intensidad de esta podía adivinar que ya era de noche, muy noche.

El silencio del castillo o la falta de luz le daba un tono espeluznante. Era fácil ser engañado por los sonidos que hacía el viento al colarse dentro de los salones, como si un espíritu maligno persiguiera por este a cualquiera que se atreviera a caminar a esas horas sin compañía de alguna luz para ahuyentarlo. Pero a Legolas no le daba miedo encontrarse con seres de aquella clase. Sin titubear sobre sus pasos, atravesó el Salón del Trono hasta llegar a las puertas principales, donde una fría briso lo obligó a cubrirse su rostro con la capucha de la capa que en Lothlórien le habían brindado.

Como llevaba haciendo todas las noches, Legolas se paró en la esquina del pasillo exterior del castillo y contempló el este, atento ante la constante amenaza que el regreso de Sauron suponía, al igual que ante cualquier señal que Gandalf enviara desde el lugar donde se encontrar. Lyanna había dicho que aún le faltaba camino para llegar, aunque no logró recordar cuándo la había escuchado decirlo exactamente.

Mientras Legolas se mantenía quieto con su mirada fija en dirección a Mordor, Lyanna había pasado toda la noche en el cuarto de los herreros de Rohan, usando su poder para convertir el mithril de sus dagas en una réplica de Náriël. De su cuello colgaba el relicario original, tan brillante como si su relación con Legolas nunca hubiera acabado. Aunque la Vala se quería sentir reconfortada de que los sentimientos del elfo por ella siguieran vivos, la desconsolaba saber que él solamente había, en su cabeza, regresado en el tiempo. Aunque la amaba, Legolas había vuelto a pensar que prefería seguirla tratando como una amiga. Que Lyanna era un ser demasiado divino para él. Demasiado alto. Una de los Valar tendría que estar con alguien con similar majestad, no con un elfo Síndar.

Cuando Lyanna por fin terminó de darle forma a la nueva estrella, las comparó a las dos y sintió satisfacción al ver que, de no ser por su brillo y lo que Náriël contenía dentro de ella, estas eran exactamente iguales. Sin embargo, ahora Lyanna se había quedado sin una daga. Y ya no podría combatir con ambas armas en sus manos. Ya no podría combatir con el arte que mejor se le daba.

Lyanna se puso el relicario de mithril que acababa de forjar y lo escondió bajo sus ropas, mientras a Náriël la sostenía en su mano, con sumo cuidado. Luego, tomó un pedazo de tela que tenía amarrado a su cinturón y se vendó sus ojos con ellos. Aún no se sentía lista para que Legolas la atacara con preguntas que no sabía cómo responder, pues era claro que no le podría mentir sobre la razón por la cual su vista había regresado. Se dirigió al castillo, donde encontró a sus compañeros desayunando junto al rey, Éomer y Éowyn. Al verla entrar, el rey la saludó.

- ¡Lyanna! ¿Nos harías el honor de acompañarnos esta mañana? - la animó Théoden. Lyanna sonrió y se acercó a la mesa. Pero justo cuando estaba por sentarse, una presencia bastante familiar para ella la detuvo de hacerlo. Al cabo de unos segundos, Legolas apareció en salón, dirigiéndose con paso firme hacia la mesa donde se encontraban todos. Con una rápida mirada bajo la venda, Lyanna se dio cuenta que el único sitio libre que quedaba era al lado suyo - ¿Y tú, Legolas? ¿Nos acompañarás a desayunar? - preguntó el rey, limpiando sus labios con la servilleta de tela roja que tenía enrollada en el cuello de su traje. Legolas colocó una mano sobre su pecho y asintió, accediendo a la invitación del rey. Al ver que este ahora se encontraba a su lado, Lyanna contuvo el aliento y trató de tranquilizarse, pero se sentía mal. Triste, aterrada e incapaz de encarar el hecho de que Legolas no tenía idea de la magnitud del amor que ella sentía por él. Pero no podía regresarle sus recuerdos. Por su seguridad, y la de toda la Tierra Media, no podía.

- Gracias por permitirme descansar en tu habitación - escuchó que le dijo. Todos los demás se encontraban hablando entre ellos. Aragorn hablaba con Éomer y Théoden animadamente, mientras Éowyn platicaba con Merry y Gimli. Sin embargo, tanto Aragorn como el hobbit y el enano volteaban cada tanto a ver a Lyanna, pues bien podían descifrar en su rostro lo incómoda que se sentía. Y aunque sabía que jamás se sentiría lista para enfrentarse a su nueva realidad, ella misma la había buscado. Ahora, como la Vala que era, tenía que aprender a adaptarse a lo que había hecho.

- Lo necesitabas - fue lo único que dijo. Una de las doncellas les llevó a Lyanna y a Legolas su plato de desayuno. Aunque ninguno de los dos necesitaba comer, no rechazaron el plato que les acababan de servir. Sin embargo, al oler que se trataba de trozos de carne acompañados con huevos revueltos y tocino, la situación empeoró para la Vala. Lyanna tragó saliva al darse cuenta de eso. Aunque sabía que su madre siempre supo que habría animales que morirían para que los mortales sobrevivieran, y que ya no había nada que pudiera hacer por los animales que tenía muertos frente a ella, igual se sentía incapaz de comerlos. Principalmente porque estaba ingiriendo algo que no necesitaba, y por encima de todo, seres que, por su sangre, se sentía en la obligación de respetar. Aunque Lyanna consideraba un insulto que la hicieran comer carne, conociendo sus orígenes, no quiso ser descortés y discutir con Théoden por aquella falta. Sabía que el rey no tenía intenciones de ofenderla, pero ella tampoco quería humillarlo frente a los demás.

Sin embargo, Legolas se había percatado de la incomodidad de Lyanna desde que se había sentado a su lado. Al principio no entendía a qué se debía, pero cuando el plato de carne aterrizó frente a ellos, pensó que se trataba de que Lyanna sabía que le irían a ofrecer ese tipo de comida. Aunque en realidad, la incomodidad de Lyanna se debía primero a tener a su lado al elfo. Pero ahora era la comida la que la tenía mal.

- Está bien, puedes dármelo - escuchó que le susurró Legolas. Lyanna volteó su cabeza hacia él, y su corazón brinco al comprender el gesto del elfo. La Vala abrió su boca para decir algo, pero su voz se debatía con su mente sobre qué exactamente responderle. Se estaba cuestionando mucho aquello. Se trata de Legolas, Lyanna, lo conoces se animó a pensar para ella. Pero era como si realmente fuera un desconocido.

- Gracias - fue lo único que pudo decir. Legolas la miró con curiosidad, y, masticando un bocado, sonrió al ver la reacción de su amiga. Se sentía bien de poderla sacar de aquellos apuros. El elfo, muy disimuladamente, vació el plato de Lyanna y pasó cada pedazo de carne, tocino y huevo a su plato. Ninguno notó lo que había hecho, y Lyanna relajó sus hombros al no haber tenido que reclamarle al rey de aquel inconveniente.

- ¿Qué harías sin mí? - dijo Legolas, disfrutando de la deliciosa comida que los cocineros de Rohan preparaban a su rey y a sus invitados. Lyanna no reaccionó al comentario de Legolas, realmente no quería hablar con él, pues sentía que le hacía demasiado daño haber tenido que encararlo sin previamente sentirse lista para ello -¿Sucede algo? - preguntó el elfo, haciendo que Lyanna tensara sus músculos y dejara de respirar - Estás muy callada - comentó, sin despegar su vista de su plato.

- No me encuentro de humor - se limitó a decir. Legolas enarcó una ceja, aún concentrado en tomar los trozos de carne con su tenedor.

- Espero sea porque te sientes culpable de dejarme sin flechas - comentó, en tono divertido. Lyanna frunció el ceño y volteó su cabeza hacia él.

- ¿Qué? - Legolas gruñó.

- Así es, me las destruiste todas... No es que me moleste pelear con mis dagas o una espada, pero la verdad disfruto más usar mi arco y flechas - y siguió comiendo. Lyanna suspiró y negó con su cabeza.

- Lo siento, te forjaré unas nuevas. Más poderosas, no por nada soy la hija de Aüle -y al decir eso, Lyanna se levantó de golpe de la mesa, sorprendiendo a Legolas y al resto de los presentes - De hecho, creo que me pondré a hacerlas ya mismo. Buen provecho a todos - habló a los demás - Mis disculpas, tengo asuntos en los que trabajar - y se retiró del salón, con paso apresurado. Legolas la había notado demasiado extraña, pero Lyanna a veces era un enigma hasta para él. Probablemente se sentía presionada de saber que la hora de enfrentarse a Sauron pronto iba a llegar.

Pero la realidad era que de quien Lyanna se sentía presionada de enfrentar era de él.



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