Historia al azar: la muerte del sinsajo
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The Flame of the Valar » Capítulo Seis: El Precio Más Alto
Historia terminada The Flame of the Valar (ATP)
Por La Autora
Escrita el Lunes 15 de Junio de 2020, 22:45
Actualizada el Jueves 6 de Agosto de 2020, 00:33
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Capítulo Seis: El Precio Más Alto

Capítulos
  1. Capítulo Uno: A Ciegas
  2. Capítulo Dos: ¡Idiota de Tuk!
  3. Capítulo Tres: Condenados
  4. Capítulo Cuatro: Tres Contra Uno
  5. Capítulo Cinco: El Primer Amor
  6. Capítulo Seis: El Precio Más Alto
  7. Capítulo Siete: A Salvo
  8. Capítulo Ocho: Demasiado Pronto
  9. Capítulo Nueve: Un Último Entrenamiento
  10. Capítulo Diez: Rohan Va a la Guerra
  11. Capítulo Once: Llegada a Sagrario
  12. Capítulo Doce: Sin Retorno
  13. Capítulo Trece: Dorado Reencuentro
  14. Capítulo Catorce: Recuerdos Que Lastiman
  15. Capítulo Quince: Namárië
  16. Capítulo Dieciséis: El Folde Este
  17. Capítulo Diecisiete: Capitana
  18. Capítulo Dieciocho: Ghân-buri-Ghân
  19. Capítulo Diecinueve: Un Corazón Herido
  20. Capítulo Veinte: Muerte
  21. Capítulo Veintiuno: La Batalla del Pelennor
  22. Capítulo Veintidós: El Principio del Fin
  23. Capítulo Veintitrés: Los Planes Finales
  24. Capítulo Veinticuatro: Las Piezas Faltantes
  25. Capítulo Veinticinco: El Lamento de los Valar
  26. Capítulo Veintiséis: Camino a la Derrota
  27. Capítulo Veintisiete: El Don de Reyes
  28. Capítulo Veintiocho: La Última de los Valar
  29. Capítulo Veintinueve: Boca de Sauron
  30. Capítulo Treinta: La Batalla del Morannon
  31. Capítulo Treinta y Uno: Una Última Vez
  32. Capítulo Treinta y Dos: Tras La Caída
  33. Capítulo Treinta y Tres: Mandos
  34. Capítulo Treinta y Cuatro: Algún Día
  35. Capítulo Treinta y Cinco: Un Largo Viaje
  36. Epílogo - Parte I: Aman
  37. Epílogo - Parte II: Los Valar
  38. Epílogo - Parte III: Por Siempre y Para Siempre
  39. Agradecimientos
  40. ESDLA en Wattpad

Capítulo Seis:

Lyanna estaba sentada en el borde de la cama, con ambos codos apoyados sobre sus piernas y sus manos entrelazadas. Su pierna se movía frenéticamente, y su cabeza era un desastre. Llevaba un par de horas debatiéndose sobre una idea que le había surgido, pero sabía que eso le iba a costar algo demasiado alto.

Su corazón.

Pero no tenía idea de qué otra forma podría proteger a Legolas. En su cabeza, Lyanna sabía que tenía que quitarlo de la mirada de Sauron. Al principio, había pensado alejar a Legolas de aquella guerra. Enviarlo de regreso al Bosque Negro, o que se quedara en Rohan a la espera del fin. Pero sabía que Legolas jamás accedería a eso. Era un guerrero, pertenecía a la guerra.

Lágrimas quisieron salir de los ojos de Lyanna, pero sus ojos dañados lo impedían, pues estas le quemarían tanto que el dolor se duplicaría. En aquel momento, maldijo tener la habilidad de llorar. Los Valar no lloraban, pues uno de ellos lo hacía por los demás. Las penas del mundo y de los Valar las sufría Nienna, la Valië de los lamentos. Y su don para Lyanna había sido la capacidad de llorar, de que por medio de estas sus cargas se aliviaran. Pero ahora ya no podía hacerlo... y el peso en su espalda comenzaba a desesperarla.

Legolas aún dormía, soñando con algo placentero, según la Vala podía sentir. Lyanna cerró sus ojos, y respiró profundamente varias veces. Comenzó a exhalar por su boca, reprimiendo las lágrimas y controlando el pulso de su corazón, que comenzaba a romperse en aquel momento.

Cuando abrió de nuevo sus ojos, ya había tomado la decisión. Entonces despertó a Legolas con su poder, haciendo su sueño poco a poco más ligero. Este abrió sus ojos y lo primero que vio fue el rostro de Lyanna. Aunque los plateados ojos de Lyanna ahora eran rodeados en su interior por un rojo intenso que les daba un aspecto espeluznante, a él no le incomodaba. Para él, seguía siendo la criatura más hermosa de toda Arda. Y por eso, sonrió.

- Creí que iba a verte en mis sueños - dijo él, haciendo que el corazón de Lyanna volviera a romperse. Ella intentó sonreír, aunque sus comisuras no se alzaron.

- Tuve un percance...

Aragorn, Legolas y Gimli notaban algo raro en Lyanna. Se encontraba demasiado callada y la fuerza con la que les atacaba había roto ya las espadas que Aragorn y Legolas usaban para entrenar. Gimli y Legolas habían sido desarmados por la Vala, y el único que seguía resistiendo los ataques de Lyanna era el montaraz. Él también estaba sacando provecho de aquellos entrenos. Al ser uno de los que se enfrentaría a Sauron tenía que acostumbrarse a pelear con alguien similar, pues a diferencia de Lyanna y de Gandalf, él carecía de poder. Pero conforme los días habían pasado, iba resistiendo más tiempo. Aunque al final, Lyanna siempre lograba desarmarlo. Y aquella tarde no fue la excepción.

Lyanna estaba de mal humor. Había tomado, posiblemente, la decisión más difícil de su vida, y aquel entreno solo la estresaba más.

Al terminar, guardó una de sus dagas, pero la otra la mantuvo en su mano, haciéndola girar entre sus dedos. Aragorn tomó las dos espadas que había llevado, una la había roto Lyanna, y la otra la había doblado. Ninguno le dijo nada, simplemente la observaron caminar hasta el castillo, con sus semblante serio.

Legolas fue tras ella, y Lyanna sabía que lo haría. Por ello, no le extrañó que, cuando entraron en el salón principal, este la tomara del brazo y la girara hacia él. Lyanna contuvo el aliento al chocar con el pecho del elfo, y Legolas la miró con dureza.

- Algo te está perturbando y sé que no es tu conversación con Sauron - exclamó él, sabiendo que Lyanna era incapaz de mentir. Ella tragó saliva - ¿Qué tienes en mente, Lyanna? - preguntó el elfo, preocupado por conocer la respuesta. Lyanna arrugó su nariz, sintiendo las lágrimas regresar. Pero tomó aire y logró ordenar sus pensamientos.

- Acompáñame - le dijo, mientras ella se volteaba y se dirigía por una de las puertas que daban a los pasillos de las cocinas, biblioteca y jardines del castillo.

Lyanna corrió por ellos, sabiendo que los minutos que estaba por pasar con Legolas iba a atesorarlos por un buen tiempo. El elfo corrió tras ella. Cuando llegaron a los jardines, se encontraron con una decoración bastante peculiar. Era más que todo una terraza, adornada con varias plantas que colgaban de los pilares y de cuyas ramas nacían pequeñas flores de color rojo y amarillo. En el centro había una fuente, y a esta la rodeaban cuatro bancos de piedra, con diminutas figuras de caballo en cada esquina. El sol no se había ocultado, pero los colores que pintaba el cielo eran tan cálidos como el agua que emanaba de aquella fuente. Lyanna había hundido su brazo en ella, mientras esperaba sentada en el borde a que Legolas llegara a su lado. Este se sentó en el banco, quedando frente a Lyanna. Ella dibujó una triste sonrisa en su rostros.

- ¿Cómo se ve el cielo? - preguntó, con su cabeza volteada en dirección al agua donde su brazo danzaba. Legolas levantó su vista, encontrando las mejores palabras para describírselo.

- ¿Recuerdas el día que caíste en una telaraña... en el Bosque Negro, y cuando te saqué de ella tuvimos que subirnos hasta la punta de los árboles para evitar ser vistos por las arañas? - aquel recuerdo llegó a la mente de Lyanna rápidamente, y sonrió al recordarlo.

- Cuando vimos el cielo perdimos la noción del tiempo. Nos quedamos ahí arriba, platicando y platicando hasta que cayó la noche...

- Pero nos quedamos también por varias horas más, pues las estrellas de esa noche brillaban de una manera única... como si...

- Como si hubiesen sido hechas para nosotros - completó Lyanna, así que no había sido la única que había pensado eso en aquel entonces. Legolas sonrió, pero ella parecía aún preocupada. El elfo suspiró, y estiró su mano hacia la de Lyanna, quien volteó su cabeza hacia el rostro de él.

- ¿Qué pasa, meleth nên? - dijo Legolas con ternura, mientras acariciaba las manos de Lyanna - ¿Qué te está robando tu calidez? - ella tragó saliva, pero tomó fuerzas para llevar a cabo su decisión.

- Legolas, te he puesto en un gran peligro - comenzó, y aunque este estaba por replicar, Lyanna lo interrumpió - Y al hacer eso, puse en peligro la Tierra Media también - cuando escuchó eso, él frunció el ceño. Lyanna abrió su boca, pero la cerró de nuevo. Sacó su brazo del agua y se sentó al lado de Legolas, en el banco de piedra. Ella presionó con más fuerza la mano de él - Esta guerra es tanto tuya como mía, y no puedo pedirte que te quedes en un lugar a esperar a que termine para mantenerte a salvo - explicó. Legolas no sabía qué rumbo iba a tomar aquella conversación - Legolas - Lyanna había dicho eso en un hilo de voz, apunto de quebrarse, y el corazón del elfo comenzó a latir con fuerza - Te amo - esta vez, su voz estaba rota - Y siempre lo voy a hacer... pero tú y yo hemos ignorado uno de los futuros que nos esperan - comenzó. Legolas junto todavía más sus cejas, confundido.

- Lyanna, ¿de qué estás...?

- Valinor - mencionó, cerrando sus párpados. Legolas comprendió de qué se trataba todo eso. La tristeza que invadía el corazón de Lyanna abrazó la del elfo. Ella tenía razón, habían ignorado ese destino, y tontamente se habían dejado llevar por sus sentimientos hacia el otro - Si Sauron es derrotado... yo tengo que volver a Valinor.

- Lugar al que mi corazón no desea ir - completó. Ahora entendía lo que le dolía tanto a la Vala. Ella comenzó a negar con su cabeza.

- Y no puedo culparte por eso, sé que el paraíso de los Síndar y los silvanos yace en los bosques y en la Tierra Media - la fuerza con la que Legolas sostenía la mano de Lyanna comenzó a desvanecerse - Y aunque he vivido prácticamente toda mi vida en esta parte del mundo... si recupero el control de mi poder... - ella suspiró - No pertenezco aquí... todo mi viaje... Legolas, todo mi viaje desde la torre de Angband, hasta las jaulas de Mordor, hasta Lothlórien, hasta el Bosque Negro... hasta la Comunidad del Anillo, hasta aquí y hasta el mismo día y momento en que me pare frente a Sauron... todo ha sido para regresar a casa - la mirada de Legolas se clavó en sus manos entrelazadas. Lyanna estaba rompiendo su corazón, pero tenía razón. Él no tenía el deseo de dejar los bosques, ni su hogar, y mucho menos la Tierra Media. Pero Lyanna tampoco se podía quedar. Era una Vala, cuando recuperar el control de su poder sería la criatura más poderosa y divina de Arda, y pertenecía con sus padres, y entre los más poderosos.

- Te prometí que aunque tu corazón no lograra corresponderme, ibas a tener por siempre mi amistad - habló él, en voz baja, triste y rota. Lyanna presionó sus ojos, sin creerse que había hecho eso - Pero mi corazón seguirá latiendo por ti... por el resto de la eternidad. Es tuyo, Lyanna, y solo tuyo - escuchó que dijo, mientras ponía la mano de ella sobre el pecho de él, donde pudiera sentir sus latidos - Cuando recuperes tu poder, y partas a las Tierra Imperecederas... miraré todos los días hacia oeste, y te recordaré - una lágrima se escapó del ojo del elfo, pero Lyanna no la vio. Ella se acercó a él, dejando sus labios a pocos centímetros de los de él.

- Aunque hago esto para protegerte... debo confesarte que, al final, igual hubiéramos tenido que enfrentar este destino - dijo, pero Legolas no comprendió por qué decía eso. Sin embargo, Lyanna cerró el espacio que les quedaba, uniendo sus labios en un último beso que ambos saborearon con amargura y dolor.

Pero el plan de Lyanna apenas acababa de empezar, y estaba por realizar la parte más dura de este. Lyanna llevó su mano al cabello de Legolas, rodeando su cuello y subiendo por su cabeza, rozando su oreja y haciendo que su poder buscara en su memoria todo recuerdo de él en el que hubiera sentido algo fuerte por ella.

Buscó desde la primera vez que cruzaron miradas, hasta aquel momento. Las imágenes se reproducían en su cabeza y cada vez era más difícil para Lyanna contener las lágrimas. Poco a poco la mente de Legolas quedó limpia de las veces que había sentido algo por Lyanna, y todo recuerdo ellos juntos, como pareja, había sido alterado. Lyanna había reemplazado su memoria por imágenes que hicieran que él la viera nada más como una amiga.

Cuando por fin terminó, la mente del elfo estaba tan cansada que le había sido fácil a Lyanna hacerlo caer en un sueño profundo. Pero cuando Legolas cayó dormido sobre el banco, y Lyanna retiró su mano de su cabeza, sabía que cuando despertara, él no recordaría nada de ellos dos y de lo que sintieron por el otro.

Y después de varios días de reprimirse las lágrimas, la Vala cayó al suelo de rodillas y lloró. En todo el reino se escuchó el desconsolado llanto con el que Lyanna dejaba salir su dolor. Su corazón estaba roto, y sus ojos ardían incluso más que el veneno de Ungoliant con el que los había perdido. Pero no podía parar las lágrimas que caían como mareas de rostro. Sus sollozos no cesaban, pero nadie sabía de dónde provenían aquellos lamentos. Ni cuál había sido la razón.

Sin embargo, cuando las lágrimas parecían acabársele, Lyanna se dispuso a abrir sus ojos. Y al hacerlo, claras imágenes del atardecer llenaron su mente. Había recuperado su vista. Sus lágrimas tan puras de dolor la habían sanado, revelándole que, después de todo, Nienna sí había puesto poder en cierta clase de lágrimas.

Pero Lyanna estaba demasiado triste como para alegrarse de poder admirar la belleza de aquel atardecer, pues había pagado un alto precio por ello.


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Prometo que todo tiene un propósito xd!! Espero les haya gustado este capítulo! Aunque no sé si alguien aún sigue leyendo esta historia haha. Muchos más retos para Lyanna están por venir, y ya me decidí hacer la cuarta parte, pero serán más como mini historias que contaré sobre Lyanna. Aunque no les diré si se tratarán de su pasado o el futuro que vaya a terminar teniendo. Todo sea por la sorpresa. En fin, muchas gracias por seguir leyendo!! 




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