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The Flame of the Valar » Capítulo Cinco: El Primer Amor
Historia terminada The Flame of the Valar (ATP)
Por La Autora
Escrita el Lunes 15 de Junio de 2020, 22:45
Actualizada el Jueves 6 de Agosto de 2020, 00:33
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Capítulo Cinco: El Primer Amor

Capítulos
  1. Capítulo Uno: A Ciegas
  2. Capítulo Dos: ¡Idiota de Tuk!
  3. Capítulo Tres: Condenados
  4. Capítulo Cuatro: Tres Contra Uno
  5. Capítulo Cinco: El Primer Amor
  6. Capítulo Seis: El Precio Más Alto
  7. Capítulo Siete: A Salvo
  8. Capítulo Ocho: Demasiado Pronto
  9. Capítulo Nueve: Un Último Entrenamiento
  10. Capítulo Diez: Rohan Va a la Guerra
  11. Capítulo Once: Llegada a Sagrario
  12. Capítulo Doce: Sin Retorno
  13. Capítulo Trece: Dorado Reencuentro
  14. Capítulo Catorce: Recuerdos Que Lastiman
  15. Capítulo Quince: Namárië
  16. Capítulo Dieciséis: El Folde Este
  17. Capítulo Diecisiete: Capitana
  18. Capítulo Dieciocho: Ghân-buri-Ghân
  19. Capítulo Diecinueve: Un Corazón Herido
  20. Capítulo Veinte: Muerte
  21. Capítulo Veintiuno: La Batalla del Pelennor
  22. Capítulo Veintidós: El Principio del Fin
  23. Capítulo Veintitrés: Los Planes Finales
  24. Capítulo Veinticuatro: Las Piezas Faltantes
  25. Capítulo Veinticinco: El Lamento de los Valar
  26. Capítulo Veintiséis: Camino a la Derrota
  27. Capítulo Veintisiete: El Don de Reyes
  28. Capítulo Veintiocho: La Última de los Valar
  29. Capítulo Veintinueve: Boca de Sauron
  30. Capítulo Treinta: La Batalla del Morannon
  31. Capítulo Treinta y Uno: Una Última Vez
  32. Capítulo Treinta y Dos: Tras La Caída
  33. Capítulo Treinta y Tres: Mandos
  34. Capítulo Treinta y Cuatro: Algún Día
  35. Capítulo Treinta y Cinco: Un Largo Viaje
  36. Epílogo - Parte I: Aman
  37. Epílogo - Parte II: Los Valar
  38. Epílogo - Parte III: Por Siempre y Para Siempre
  39. Agradecimientos
  40. ESDLA en Wattpad

Capítulo Cinco:

Los días pasaron con peculiar tranquilidad en Edoras. Lyanna había usado su poder para comunicarse con Thranduil y advertirle sobre el ataque que se avecinaba al Bosque Negro. Sin embargo, este ya se encontraba listo para la guerra, pues los guardias elfos que tenía desplegado a lo largo de las afueras del bosque habían visto el ejército de hombres de Rhûn que marchaban hacia su reino y hacia la Montaña Solitaria. Incluso había mandado jinetes a alertar al rey bajo la montaña, Dáin Pie de Hierro, y al rey del Valle, Brand, sobre la amenaza que pronto llegaría a sus tierras.

Además de practicar el combate a ciegas, y perfeccionarlo, Lyanna había se había enfocado en acostumbrarse a usar más su poder, por más tiempo y a doblegarlo a su control. Se sentaba cada madrugada en el salón principal y usaba su poder para mover objetos con su mente. Comenzaba con cubiertos, sencillos, y poco a poco escalaba de peso. Desde jarras hasta sillas y mesas. Se había logrado comunicar con Gandalf por medio del pensamiento. Cuando lo hizo, aún les quedaban un par de días para llegar a la Ciudad Blanca.

Todos los días, en la mañana, ella cabalgaba fuera de Edoras hasta un lugar donde no hubiera nadie cerca. Le ordenaba a su caballo irse y regresar por ella cuando se lo ordenara. Sola en medio de una llanura, usaba su poder para abrir la tierra, moldearla y devolverla a su lugar al terminar. Caminaba y se encontraba con piedras que emergían del suelo. A pesar de que le tomaba mucha energía, buscaba sacarlas y elevarlas por el aire, lanzándolas a distancias considerables y con tal fuerza capaz de derrotar a un grupo que buscara atacarla.

Escuchaba el viento y le ordenaba detenerse y cambiar de dirección. A las nubes les ordenaba cubrir el sol, para que sus rayos no quemaran a todo ser mortal que viviera bajo este. A las aves que volaban cerca les pedía que le compartieran las imágenes que en su mente habitaban.

Había poderes que ella prefería no usar. Leer el pensamiento, borrar imágenes de la mente, manipular la realidad para otros, usar palabras dulces para encantar y hechizar a alguien más... todos esos poderes, aunque le habrían servido muy bien en distintas ocasiones, no le parecían correctos en ninguna ocasión.

Roheryn regresó al cabo de varias horas. Era el cuarto día en el que ponía a total prueba su poder. Lyanna sabía que era muy corto tiempo para esperar un cambio alguno, pero su punto era acostumbrarse a usarlo sin temor. Acostumbrarse a controlarlo estando rodeada de gente, sin que este se saliera de control. Tenía que ser capaz de usarlo sin herir a nadie más, pues no estaba segura si iba a tener que enfrentarse a Sauron en medio de la batalla, como la última vez, o si lo haría en un campo abierto.

Pasado el mediodía, llegó a Edoras. El primero en recibirla fue Legolas, con una sonrisa en su rostro. Los sentidos de Lyanna se habían agilizado tanto que ahora podía interpretar mejor cuando él le sonreía. Pero era únicamente algo que le pasaba con él. Ella le sonrió de vuelta.

- ¿Cómo ha ido el entreno? - le preguntó, ayudándola a bajar del caballo. Ambos sabían que Lyanna ya se movía tan bien como si nunca hubiera perdido la vista, pero nunca negaba la ayuda de Legolas. Aunque hubo un tiempo en el que ella se consideraba superior al resto y que nadie más que los altos señores de la Tierra Media podrían ayudarla, al conocer a Legolas todo eso había cambiado, pues fue el primero en tratarla como alguien corriente, y no como un ser divino.

- Agotador - exclamó ella. Sentía que necesitaba un descanso luego de usar su poder por largo rato. Las puertas se abrieron para el elfo y la Vala que subían los escalones hacia el castillo - Gandalf y Pippin deben estar por llegar a Minas Tirith - mencionó, tomada del brazo de él - dos días a lo mucho.

- Y entonces el fin comenzará - susurró Legolas. Ambos cruzaron el salón del trono y caminaron hacia las habitaciones - así que por ahora recupera tus fuerzas - al llegar a la puerta de la habitación de Éowyn, ambos se detuvieron - porque las vas a necesitar cuando la hora de enfrentar a Sauron llegue - aquella recámara había sido oficialmente cedida a Lyanna, pues Théoden había ordenado darle la habitación del príncipe a Éomer, y Éowyn ahora tenía la de su hermano. Y como Lyanna era una Valië, Théoden consideró que debía de concederle aunque sea un espacio para ella, pues la que se le había dado antes ahora era ocupada por los ciudadanos del Folde Oeste.

- Disfruto mucho dormir ahora más que cuando aún conservaba mi vista - dijo la Vala, abriendo la puerta de su habitación - Los sueños son el único lugar donde la tengo de vuelta - el elfo le sonrió, y acercó sus labios a la frente de Lyanna.

- Entonces no te entretengo más, meleth nên - le dijo. Cuando Legolas se dispuso a retirarse, Lyanna lo tomó del brazo, deteniéndolo. Legolas volteó a verla.

- Quédate - pidió ella. Y no necesitó decir más para convencer al elfo, quien le dedicó una tierna sonrisa y caminó hacia el interior de la habitación. Lyanna cerró la puerta y caminó hacia la cama, donde se deshizo de sus botas y recostó su cabeza sobre las suaves almohadas. Legolas se sentó al borde de la cama, al lado de la Vala, quien le hizo espacio - Quiero aprovechar cada segundo que tenga contigo - le susurró Lyanna, al sentir el rostro de Legolas cerca del suyo - antes de que tengamos que separarnos - el elfo frunció el ceño.

- ¿Quién dice que lo haremos? - preguntó, rozando la mejilla de Lyanna con sus dedos. El suave tacto de Legolas tranquilizó más a la Vala, quien cerró sus ojos y se acomodó para dormir.

- Me temo que Ilúvatar - fue lo único que respondió, antes de que su poder la ayudara a caer en un profundo sueño.

Aunque Lyanna había tomado la mano de Legolas para que él viajara con ella por las imágenes de las estrellas, él no estaba en ningún lado. Y aquel lugar en el que despertó le trajo malos recuerdos.

Amada mía - escuchó que alguien decía a sus espaldas. Una corriente helada viajó por la espalda de Lyanna al oír su voz. Y con cautela se volteó hacia esta - Veo que tu poder aún responde a mi llamado - Lyanna sabía que no estaba dormida, porque su vista era oscura e indescifrable. Y eso se corregía en sus sueños. Pero Sauron la había encontrado con su pensamiento.

Me has encontrado cuando estoy por descansar. Así que no diría que es por ti - dijo Lyanna, en voz tranquila. Pero pudo sentir los pasos de Sauron acercándose a ella. Rápidamente se puso a la defensiva.

Estás con ese elfo - dijo el Maia, aunque Lyanna no descifró sentimiento alguno en sus palabras. No respondió, pues eso era lo único que podía hacer. No quería decir que sí, pero al mismo tiempo era incapaz de mentir. Sauron rio - No hace falta que respondas, pues es algo que sé muy bien. Pero me decepciona saber que has preferido el amor de un Síndar que el mío. ¿Qué pasó con Glorfindel? Él habría sido un digno rival - la sangre de Lyanna comenzó a hervir - o el joven Elladan - aunque no estaba segura cómo Sauron sabía todo eso, no dudó en su capacidad de haberlo encontrado - Pero te conozco, no cualquiera se gana tu corazón. Y para que una estrella brille de tal forma como Náriël lo hace... es únicamente por el peso de su portador - el Maia suspiró - Pero me temo que representa una amenaza para nuestro futuro, reina mía - Lyanna no quería decirle nada, pero quería saber qué plan tendría Sauron para Legolas - Oh, Lyanna, lamento que las cosas hayan tomado este rumbo. Si tan solo hubiera sido honesto contigo desde el día que me enamoré de ti... tal vez comprenderías mejor la magnitud con la que tu poder te permitiría lograr cosas mayores a las que quieres hoy. Pero te fallé y dejé que te rebajaras a ser igual que el resto de los Valar, nada más poderosos... e inútiles una vez su misión de crear Arda acabó - Lyanna apretó los dientes - Pero cuando recupere mi Anillo, corregiré ese error - ella sonrió, sabiendo que Sauron no tenía idea, y jamás la tendría, que alguien tuviese la descabellada idea de destruir el arma más poderosa del mundo. No tenía idea de que Frodo ahora se acercaba cada día más a Mordor - Recuperarás tu vista cuando te unas a mí finalmente - pero ella rio.

¿Y qué te hace pensar que, al volverme incomparablemente poderosa con el Anillo, no busque traicionarte para reinar por mí misma? - Sauron alzó sus comisuras, sus ojos de fuego parecieron iluminarse, aunque Lyanna no lo distinguió.

Porque una parte de ti aún recuerda nuestros momentos juntos - dijo él - las noches en Angband que nos gustaban a ambos... sé que me amabas mucho más de lo que amas a ese elfo - Lyanna negó riendo, mientras se cruzaba de brazos - Aunque haya ocultado mi verdadero nombre, jamás oculté mi corazón ni mi amor por ti.

Si tan solo hubiera desarrollado mi habilidad para detectar la mentira en ese entonces, jamás te habría entregado mi corazón.

Y aún así, yo no hubiera dejado de quererte - Lyanna no distinguía mentira alguna en sus palabras - Tu destino es estar conmigo, Lyanna - afirmó el Maia - Pero lo que quieres es enfrentar ese destino por la espada, creyendo que así podrás huir de este.

A diferencia de ti, yo sí puedo escoger mi destino - exclamó con orgullo - soy una Vala. Ya te derroté una vez, y lo seguiré haciendo por el resto de la eternidad.

Y con eso dicho, Lyanna rompió la conexión.




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