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The Flame of the Valar » Capítulo Cuatro: Tres Contra Uno
The Flame of the Valar (ATP)
Por La Autora
Escrita el Lunes 15 de Junio de 2020, 22:45
Actualizada el Lunes 13 de Julio de 2020, 12:42
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Capítulo Cuatro: Tres Contra Uno

Capítulos
  1. Capítulo Uno: A Ciegas
  2. Capítulo Dos: ¡Idiota de Tuk!
  3. Capítulo Tres: Condenados
  4. Capítulo Cuatro: Tres Contra Uno
  5. Capítulo Cinco: El Primer Amor
  6. Capítulo Seis: El Precio Más Alto
  7. Capítulo Siete: A Salvo
  8. Capítulo Ocho: Demasiado Pronto
  9. Capítulo Nueve: Un Último Entrenamiento
  10. Capítulo Diez: Rohan Va a la Guerra
  11. Capítulo Once: Llegada a Sagrario
  12. Capítulo Doce: Sin Retorno
  13. Capítulo Trece: Dorado Reencuentro
  14. Capítulo Catorce: Recuerdos Que Lastiman
  15. Capítulo Quince: Namárië
  16. Capítulo Dieciséis: El Folde Este
  17. Capítulo Diecisiete: Capitana
  18. Capítulo Dieciocho: Ghân-buri-Ghân
  19. Capítulo Diecinueve: Un Corazón Herido
  20. Capítulo Veinte: Muerte
  21. Capítulo Veintiuno: La Batalla del Pelennor
  22. Capítulo Veintidós: El Principio del Fin
  23. Capítulo Veintitrés: Los Planes Finales
  24. Capítulo Veinticuatro: Las Piezas Faltantes
  25. Capítulo Veinticinco: El Lamento de los Valar

Capítulo Cuatro:

Gimli no tenía idea de porqué aquella mañana todos sus compañeros estaban tan alterados, pues tanto había bebido en la fiesta que su sueño había sido bastante profundo. Gandalf no paraba de maldecir mientras fumaba de su pipa. Aragorn estaba sentado en un taburete, y no podía dejar de mover su pierna mientras sostenía en su mano el relicario de Arwen. Merry y Pippin se encontraban demasiado callados y quietos, una actitud muy rara en ellos. Legolas tenía su mirada perdida en el suelo, sentado en una de las mesas del salón principal lo único que vagaba por su mente eran las imágenes de la noche anterior y cómo ahora Sauron sabía quién era. Aunque Legolas no le temía a la muerte, no se sentía con el deseo de dejar la Tierra Media, o de nunca más volver a ver su hogar, o a su padre.

En su corazón siempre había sabido que su destino y su vida dependían únicamente de él. Era lo suficientemente capaz de protegerse él mismo, pues las criaturas con las que solía enfrentarse no eran más que arañas y orcos. Unos más fuertes que otros, pero al final menos ágiles que un Síndar que se había entrenado con los mejores guerreros elfos.

Pero aquella vez era distinto, pues se trataba de Sauron. Ni con los años de entrenamiento de Lyanna le podría hacer frente al Maia, ni aunque su armadura y espada fueran de mithril puro tendría una sola oportunidad contra él.

Las puertas se abrieron y dejaron ver al rey Théoden, que recién llegaba de visitar la tumba de su hijo, en las afueras de Edoras. Al ver a todos reunidos en aquel salón, juntó sus cejas.

- ¿Ahora qué? - preguntó, intuyendo que algo malo tenía que haber pasado para tenerlos a todos ahí. En ese momento, Lyanna llegó desde el pasillo donde se encontraban las habitaciones. Su paso era firme y sin detenerse a evaluar si estaba cerca de alguna pared o pilar, pues sus agudos sentidos le permitían saber si el camino tenía o no obstáculos. Distinto a la noche anterior, ahora sí llevaba vendados sus ojos.

- El plan de Sauron es atacar Minas Tirith - habló Gandalf, levantándose y dirigiéndose al rey - La victoria de Rohan en el Abismo de Helm le dejó en claro una cosa - señaló, y volteó su mirada a Aragorn - Los hombres no son tan débiles como creía, y que el heredero de Elendil se encuentra entre ellos.

- Sauron ya murió una vez a manos del rey descendiente de Eärendil y de las mías - explicó Lyanna, cruzándose de brazos - Nada impide que el destino se repita.

- Sauron le teme a eso - agregó Gandalf - Por eso esta vez decidirá arrasar con la ciudad antes de que la raza de los hombres corone un nuevo rey - el mago volteó a ver a Théoden - Si Gondor enciende sus almenaras, Rohan tendrá que responder.

- Pero antes necesitan ser advertidos - dijo Aragorn, poniéndose en pie. Gandalf asintió.

- Sí, lo serán - indicó el mago. Lyanna frunció el ceño, sin estar segura de a qué se refería - Hay cosas en movimiento que ya no pueden detenerse. Y caminos que cada uno de nosotros debe seguir - Gandalf volteó a ver a Lyanna, y esta sintió la mirada de él sobre ella - Yo iré a Minas Tirith. Me temo que la ciudad no se encuentra lista para enfrentarse al ataque que pronto sucederá, por lo que eso se vuelven ahora mis asuntos - y se volteó hacia Pippin - y no iré solo.

- ¿No debería ir Lyanna contigo? - preguntó Pippin. Lyanna elevó una de sus comisuras.

- Hay otros asuntos que requieren mi presencia, Pippin - señaló la Vala - Aunque siempre he usado todos mis sentidos a la hora de luchar, me temo que me confié demasiado en mis ojos por mucho tiempo. Debo asegurarme de que sigo siendo la misma guerrera aún sin ellos - mientras Lyanna decía eso, Gandalf se había acercado a Aragorn para platicarle sobre el camino que él tendría que seguir. Un camino que guiaba hacia los barcos que, si lograban llegar a Minas Tirith, no le dejarían salida alguna.

- Bien, no hay más tiempo que perder - habló el mago, saliendo del salón, seguido por los dos hobbits.

Théoden resopló y se dirigió a sus habitaciones. Aragorn y Gimli salieron, necesitando un poco de aire del exterior. Sin embargo, Legolas y Lyanna se quedaron ahí. El elfo aún le daba vueltas al asunto en su cabeza, y Lyanna podía sentir la incertidumbre que lo invadía.

- He estado pensando - comenzó Lyanna, acercándose al elfo. A pesar de que su venda oscurecía por completo el mundo de Lyanna, el sol comenzaba a brillar y sus rayos se colaban por las ventanas del castillo. Ella pudo sentir la calidez de estos al quedar al lado del elfo - La única razón por la que Sauron querría matarte es porque sabe que Náriël contiene parte de mi alma, y que ahora eres el único capaz de regresármela si él gana - se detuvo un momento, para analizar mejor sus palabras - Pero para eso, primero debe llegar a ti - Legolas la miró - y como ya te dije, antes tendría que derrotarme, porque no hay manera de que yo vaya a permitirlo - aseguró, con voz firme - Así que me vas a ayudar con mi entrenamiento - le dijo - tú, Aragorn y Gimli... tenemos más o menos una semana para asegurarme de que mis habilidades siguen intactas - se cortó un momento, insegura de afirmar lo que había estado pensando - Y... y también dominar mejor mi poder - Legolas frunció el ceño.

- ¿Crees que es buen momento para eso? Es decir, tenemos la guerra encima ya - cuestionó este. Lyanna le sonrió.

- Lo he sentido creciendo en mí - comentó Lyanna - Poco a poco está regresando a mi dominio. Además, ¿de verdad crees que voy a enfrentarlo sin usarlo? La última vez no pude hacerlo porque aún se salía de mi control, y le costó la vida a Elendil y a Gil Galad. No dejaré que Gandalf y Aragorn caigan ante él.

- Pero no puedo ayudarte con eso - dijo Legolas, refiriéndose al poder de Lyanna, pues él carecía de alguno en particular. Lyanna sonrió.

- Sí, sí puedes.

A Aragorn esto le sabía mal, pero Legolas no dudó en disparar la flecha directamente a la cabeza de Lyanna. Gimli contuvo el aliento mientras la flecha viajaba a gran velocidad hacia ella.

Pero, y sin hacer movimiento alguno, Lyanna logró destruirla ni bien escuchó el sonido de la cuerda élfica del arco de Legolas al tensarse. Por orden de Lyanna, el elfo no se detuvo. Siguió disparando, siempre apuntando hacia la cabeza de la Vala, y esta las destruía antes de que incluso le rozaran un cabello.

Fue entonces cuando Gimli se lanzó contra ella, hacha en mano, y buscó atravesarla por la espalda. Lyanna se movió de su lugar, haciendo que el enano clavara el arma en el suelo. La alzó y se la lanzó, pero Lyanna dobló su espalda, sintiéndola volar por encima de su nariz, y esquivando el ataque.

Al ver que Gimli había perdido ante ella, fue el turno de Aragorn de enfrentarla. El montaraz caminó hasta ella, evaluando su postura, sus pasos y qué lado sería el ideal para atacar.

- No juego - le recordó Lyanna - Atácame como si la vida de tus seres queridos dependiera de tu victoria - instó ella - Que prácticamente, si Sauron me pone el Anillo, así sería - ella no tuvo que decir nada más. Aragorn caminó con paso cauteloso hacia la Vala y la atacó.

Aragorn la imaginó como alguien arrastrada a la oscuridad, aliada del mal. La imaginó traicionando a Sauron para poder ser ella la única dominante de la Tierra Media. En la mente de Aragorn, Lyanna había acabado con Gondor y Rohan. Los elfos de los bosques ahora vivían encadenados bajo el poderío de la Vala. Miles de barcos llegaban con ejércitos provenientes de Valinor con tal de hacerle frente. Pero Lyanna era incomparable ahora. Pero él podía matarla... en aquel encuentro, dentro de la cabeza de Aragorn, se definiría el destino final.

Lyanna pudo distinguir los movimientos de Aragorn y lograba esquivarlos. Hasta aquel momento no había querido usar su poder, pues aún este no era requerido para ella. Podía encargarse de la pelea cuerpo a cuerpo sin este.

Aragorn le tendió uno de sus cuchillos a Gimli, haciendo que este ahora se uniera a la pelea. Cuando Lyanna sintió el ataque del enano por detrás, giró sobre sus talones hacia un lado, esquivándolo y haciendo resonar el metal de sus dagas con la espada de Aragorn, que la había atacado al mismo tiempo que se alejaba de Gimli.

Lyanna evitaba el ataque de Aragorn con una daga mientras con la otra evitaba el de Gimli. Alternaba sus armas y afirmaba sus pies sobre el suelo para evitar ceder espacio de combate.

Legolas, al ver que Lyanna llevaba bastante bien la situación, disparó otra flecha en dirección a la Vala. Lyanna escuchó el sonido de la flecha viajar por el aire, y al identificar su origen usó su poder para destruirla.

Ahora era un combate que igualaba un enfrentamiento contra Sauron.

Legolas buscaba el mejor momento para disparar, pero al ver que Lyanna seguía manteniendo la ventaja, y al no sentir más flechas en su carcaj, sacó sus dos dagas y se sumó al enfrentamiento con ella.

Lyanna sonrió al sentir la presencia de Legolas acercándose. Pero cuando los tres la rodearon y atacaron al mismo tiempo, Lyanna usó su poder para detener las armas y darle tiempo de escabullirse entre el elfo y Gimli para patearles por detrás y hacer que cayeran, empujándolos al hacer uso de su poder. Aragorn reaccionó antes de que llegara a él, y las dagas de Lyanna chocaron con el metal de la espada del montaraz. En un juego de fuerzas, Lyanna se lanzó hacia la dirección contraria al impulso de Aragorn y colocó el filo de su daga en su cuello, obteniendo la victoria del combate. La Vala amplió su sonrisa.

- Eso fue divertido - pero ni bien terminó de decir eso, el sonido de las dagas de Legolas por el aire la hizo reaccionar de inmediato y, con su poder, lanzarlas fuera de su dirección. Sin embargo, un ligero ardor en la punta de su oreja le arrebató la seguridad con la que había asegurado su victoria, pues Legolas había logrado herirla. Sin embargo, no se desanimó por ello - Mis oídos deben ser más rápidos - señaló, llevándose su mano al lugar de donde brotaban minúsculas gotas de sangre. Con su poder, Lyanna cerró la herida. Al voltearse a sus compañeros, suspiró - Gracias - les dijo - Esta es la única forma de prepararme para lo que se viene - les recordó. Y es que era cierto que no era lo mismo luchar a ciegas. A Pesar de que Thranduil la había entrenado siempre durante la noche en las afueras del bosque, de cierto modo Lyanna era capaz de distinguir las sombras en la oscuridad. Ahora que su visión estaba completamente dañada, no tenía opción más que confiar en los sonidos y movimientos de cuerpo de su oponente. Sin bajar la guardia nunca.

- ¿Lo haremos todos los días? - preguntó Aragorn, guardando su espada. Lyanna volteó su cabeza hacia el origen de su voz.

- A la misma hora.




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