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The Flame of the Valar » Capítulo Once: Llegada a Sagrario
Historia terminada The Flame of the Valar (ATP)
Por La Autora
Escrita el Lunes 15 de Junio de 2020, 22:45
Actualizada el Jueves 6 de Agosto de 2020, 00:33
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Capítulo Once: Llegada a Sagrario

Capítulos
  1. Capítulo Uno: A Ciegas
  2. Capítulo Dos: ¡Idiota de Tuk!
  3. Capítulo Tres: Condenados
  4. Capítulo Cuatro: Tres Contra Uno
  5. Capítulo Cinco: El Primer Amor
  6. Capítulo Seis: El Precio Más Alto
  7. Capítulo Siete: A Salvo
  8. Capítulo Ocho: Demasiado Pronto
  9. Capítulo Nueve: Un Último Entrenamiento
  10. Capítulo Diez: Rohan Va a la Guerra
  11. Capítulo Once: Llegada a Sagrario
  12. Capítulo Doce: Sin Retorno
  13. Capítulo Trece: Dorado Reencuentro
  14. Capítulo Catorce: Recuerdos Que Lastiman
  15. Capítulo Quince: Namárië
  16. Capítulo Dieciséis: El Folde Este
  17. Capítulo Diecisiete: Capitana
  18. Capítulo Dieciocho: Ghân-buri-Ghân
  19. Capítulo Diecinueve: Un Corazón Herido
  20. Capítulo Veinte: Muerte
  21. Capítulo Veintiuno: La Batalla del Pelennor
  22. Capítulo Veintidós: El Principio del Fin
  23. Capítulo Veintitrés: Los Planes Finales
  24. Capítulo Veinticuatro: Las Piezas Faltantes
  25. Capítulo Veinticinco: El Lamento de los Valar
  26. Capítulo Veintiséis: Camino a la Derrota
  27. Capítulo Veintisiete: El Don de Reyes
  28. Capítulo Veintiocho: La Última de los Valar
  29. Capítulo Veintinueve: Boca de Sauron
  30. Capítulo Treinta: La Batalla del Morannon
  31. Capítulo Treinta y Uno: Una Última Vez
  32. Capítulo Treinta y Dos: Tras La Caída
  33. Capítulo Treinta y Tres: Mandos
  34. Capítulo Treinta y Cuatro: Algún Día
  35. Capítulo Treinta y Cinco: Un Largo Viaje
  36. Epílogo - Parte I: Aman
  37. Epílogo - Parte II: Los Valar
  38. Epílogo - Parte III: Por Siempre y Para Siempre
  39. Agradecimientos
  40. ESDLA en Wattpad

Capítulo Once:

Por todos lados se veían soldados corriendo, caballos siento alistados, familias abrazándose entre ellos y estandartes Rohirrim bien alzados. El ambiente en Edoras había cambiado por completo en tan solo un par de horas, entristeciendo los corazones de unos y emocionando el de otros.

Dentro del castillo de Medusel la acción no era menor. Éomer y Éowyn caminaban de aquí para allá, llevando provisiones, dando indicaciones y preparando sus caballos. Aragorn, Legolas y Gimli habían tenido que cambiarse sus ropas por armaduras de guerra con las que ahora viajarían hasta Minas Tirith, provistas por Éomer para que vistieran apropiados para una batalla a campo abierto.

Lyanna ya se encontraba lista. Parada en el pasillo exterior del castillo observaba a todos moviéndose con prisa para partir cuanto antes. Con su mano sosteniendo a la otra por detrás de su espalda y una expresión vacía en su rostro, esperaba pacientemente a que el rey diera la orden de cabalgar. La armadura que le habían dado era preciosa. Sus hombreras doradas reflejaban inscritas en ellas dos cabezas de caballo que se veían uno al otro, y percibiendo los rayos del sol la hacían parecer que esta brillaba por cuenta propia al vestir a un ser tan divino como lo era la hija de los Valar. Su coraza dibujaba otro par de caballos de oro unidos en el centro de su torso por una flor de cuatro pétalos. Envainada en su cintura estaba su espada Ringil, a quien Lyanna percibía más pesada conforme se acercaba la hora en que encontrara a su rival.

Los mensajeros enviados a los demás pueblos ya habían partido varias horas atrás. Tendrían dos días para reunirse en Dúnharg, una fortaleza en un prado de montaña donde acamparían y se reunirían antes de marchar a la guerra.

Théoden salió del castillo, vestido con su fina armadura y con dirección a su caballo. Seguido de este aparecieron Aragorn, Legolas y Gimli. Lyanna fijó su mirada en el elfo, pues no podía evitar no contemplarlo en la distancia, añorando el día en que él y ella pudieran estar juntos sin que él, o la Tierra Media, corrieran peligro.

Legolas volteó a ver a Lyanna y esta apartó rápidamente sus ojos de él. A lo lejos se escuchó a Éomer hablarle a sus soldados, animándolos a dejar todo temor atrás y cabalgar con orgullo y valentía contra Mordor. Lyanna bajó las escaleras y montó en Roheryn, quien también había sido vestido para el combate.

El rey encabezó el ejército de Rohirrim que partía desde Edoras, seguido por Éomer, Aragorn, Lyanna, Legolas y Gimli. Merry cabalgaba un pony un par de metros atrás de ellos, y a su lado iba Éowyn, con quien había pasado la mayor parte de su tiempo desde que Pippin y Gandalf habían partido a Minas Tirith.

Dúnharg era un viaje un poco más largo que el Abismo de Helm, pero esta vez ya no tenían necesidad de ir a un paso lento, pues todos ahí iban montados en sus caballos. Dos mil hombres cabalgaron con velocidad por las tierras de Rohan durante varias horas. Sagrario se presentó ante ellos justo cuando el sol empezaba a ponerse y el cielo se pintaba de tonos cálidos de naranja y amarillo. Los Rohirrim acamparían en la parte superior de la fortaleza, mientras los guerreros de los otros pueblos lo harían a las faldas de la montaña, donde el rey podría tener desde lo alto una vista plena de la magnitud del ejército con el que cargarían a la guerra.

Varias tropas ya se encontraban ahí gracias a la antelación con la que los mensajeros habían partido de Edoras a avisarles. Había hombres sobrevivientes del Folde Oeste, de la Frontera de los Pantanos y de los asentamientos de las Montañas Blancas. Aún faltaban que regresaran más mensajeros junto con los demás ejércitos, pero Théoden confiaba en que llegarían pronto.

Al llegar a la cima del campamento, los guerreros de Edoras prepararon las tiendas. Cada uno se encargó de su parte. Legolas ayudó a Gimli a poner la suya, quien había decidido compartirla con el elfo por si necesitaba un momento a solas.

Lyanna montó la suya un poco lejos de la del resto, casi en el borde de aquella superficie. Dentro no había nada más que un par de alfombras, un sillón diván y una mesa. Lyanna había cargado también un par de mapas, para estudiarlos mejor mientras tuviera tiempo. Ella sabía por dónde se movían las tropas de Sauron, así que estos le vendrían mejor para saber cuál iría a ser su siguiente paso.

Sin embargo, el relinchido de los caballos alborotados llamó la atención de la Vala, quien se apresuró a salir para ver qué estaba provocando tanto escándalo. Legolas y Gimli también habían salido a ver qué sucedía. Se trataba de un par de caballos que parecían nerviosos, asustados. Un viento sopló entonces desde el sur, haciendo que el elfo, el enano y la Valië voltearan a ver a sus espaldas.

En medio de la pared de piedra comenzaba un camino oscuro y estrecho por el que apenas un solo caballo podría atravesar. Lyanna profundizó su vista, intentando ver más allá, pero no logró distinguir nada más que rocas. Sin embargo, sí podía percibir una presencia siniestra. No era maligna ni buena. Ni viva ni muerta. Aquello comenzó a preocuparla, pues nunca había percibido una sensación similar, y temía que se tratara de algo que debería haber contemplado mucho antes.

- ¿Hacia dónde lleva ese camino? - preguntó Gimli, asomándose por detrás de Legolas. Lyanna entrecerró sus ojos.

- Es el camino que atraviesa el Bosque Sombrío y conecta Rohan con Gondor - habló Legolas para información del resto. Éomer, que se encontraba detrás de los tres compañeros, dejó caer la silla de montar de su caballo sobre un taburete, sobresaltando a Gimli pero no al elfo y a la Vala, que habían podido percibirlo previamente.

- Dicen que todo aquel que entra no vuelve jamás - dijo el hombre. Gimli observó a Aragorn más delante de ellos, observando aquel camino con curiosidad, obligándolo a ir hasta él y alejarlo de ahí - Esa montaña está maldita - dijo Éomer antes de retirarse y dejar solos a Legolas y a Lyanna, que hasta ese momento no se habían percatado que Gimli ya no se encontraba con ellos.

Ambos salieron de su trance al querer ver qué había más allá de lo que tenían a simple vista por aquel sendero, y al ver que solamente quedaban ellos dos sus piernas intentaron traicionarlos al querer correr lejos de la mirada del otro. Cuando ambos se miraron fijamente a sus ojos, encontraron en ellos a un desconocido. Legolas no sabía quién era la Lyanna que tenía frente a él, alguien fría, distante y desconfiada de él. Y aunque Lyanna sí reconocía al elfo que tenía al frente, recordó que lo ella sabía sobre ellos, él ni se lo imaginaba.

Sin embargo, el tiempo se detuvo para ambos al volverse a contemplar el uno al otro. A Legolas le conmovía saber que al ser una Vala, ella era demasiado inalcanzable para él, y ahora que Lyanna lo estaba alejando más y más sabía que jamás ella podría corresponderle. A Lyanna la torturaba saber que aunque en aquel momento lo único que deseaba era lanzarse sobre él y besarlo con tanta fuerza que nunca más se le fuera a escapar de sus manos, no podía hacerlo.

Legolas simplemente se volteó y comenzó a alejarse de Lyanna, pero el sonido de su voz lo hizo detenerse en seco, erizando su piel al percibir el tono de ella como uno suave y tierno. El tono con el que él estaba familiarizado.

- ¡Legolas! - había dicho la Vala, aunque no había sido su intención llamarlo. Sus labios lo habían soltado sin siquiera consultarlo antes con sus cerebro. Pero cuando el elfo volteó su cabeza hacia ella, supo que ya no tenía escapatoria. Lyanna relajó sus hombros, sabiendo que no había nada de qué preocuparse. Aunque Legolas no recordara nada sobre su relación, él seguía siendo su amigo. Cuando ella había perdido su vista, él se aseguró de que las cosas entre ambos no cambiaran. Se había asegurado de que ella no sintiera que él la rechazaría. Ahora que él era el que había perdido su vista, en cierto modo, ella tenía que asegurarse que él no sintiera que las cosas era diferentes.

Porque aunque no tuviera su amor, sí quería mantener su amistad.

- Uno de los mapas que traje conmigo desapareció - confesó, acercándose al elfo con paso cauteloso. Legolas tragó saliva al ver que la tenía de vuelta cerca de él. La sangre de Lyanna se helaba más conforme se acercaba a él - Tuvo que haberse caído durante el viaje - inquirió ella, sin despegar su mirada de la de Legolas, quien le sonreía con esta - ¿Me ayudarías a dibujarlo?




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