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The Flame of the Valar » Capítulo Uno: A Ciegas
The Flame of the Valar (ATP)
Por La Autora
Escrita el Lunes 15 de Junio de 2020, 22:45
Actualizada el Lunes 13 de Julio de 2020, 12:42
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Capítulo Uno: A Ciegas

Capítulos
  1. Capítulo Uno: A Ciegas
  2. Capítulo Dos: ¡Idiota de Tuk!
  3. Capítulo Tres: Condenados
  4. Capítulo Cuatro: Tres Contra Uno
  5. Capítulo Cinco: El Primer Amor
  6. Capítulo Seis: El Precio Más Alto
  7. Capítulo Siete: A Salvo
  8. Capítulo Ocho: Demasiado Pronto
  9. Capítulo Nueve: Un Último Entrenamiento
  10. Capítulo Diez: Rohan Va a la Guerra
  11. Capítulo Once: Llegada a Sagrario
  12. Capítulo Doce: Sin Retorno
  13. Capítulo Trece: Dorado Reencuentro
  14. Capítulo Catorce: Recuerdos Que Lastiman
  15. Capítulo Quince: Namárië
  16. Capítulo Dieciséis: El Folde Este
  17. Capítulo Diecisiete: Capitana
  18. Capítulo Dieciocho: Ghân-buri-Ghân
  19. Capítulo Diecinueve: Un Corazón Herido
  20. Capítulo Veinte: Muerte
  21. Capítulo Veintiuno: La Batalla del Pelennor
  22. Capítulo Veintidós: El Principio del Fin
  23. Capítulo Veintitrés: Los Planes Finales
  24. Capítulo Veinticuatro: Las Piezas Faltantes
  25. Capítulo Veinticinco: El Lamento de los Valar

Capítulo Uno:

Sentada en el borde de la cama se encontraba una Lyanna que se encontraba distante de la conversación que sus compañeros tenían cerca de la entrada de la habitación. Discutían acerca de la noticia que la Vala les había dado recientemente.

Sin embargo, sentado frente a ella estaba un príncipe elfo, que había preferido quedarse a su lado intentando captar su atención. Pero Lyanna se había encerrado en sus pensamientos. Legolas no la podía culpar, Lyanna ahora era consciente que su destino era irreversible. Tenía que enfrentarse a Sauron.

Éowyn entró al cuarto con un par de telas recién cortadas. Gandalf había mandado a traer aquellas vendas para Lyanna, al igual que un vestido de gala con el que pudiera atender al festín. La dama dorada miró al elfo.

- Tiene que limpiarse - le dijo a Legolas, indicándole que tenía que retirarse para que Lyanna pudiera entrar en la bañera y asearse. El elfo miró a la Valië, pero no pudo interpretar si ella lo estaba mirando o no.

- Vas a estar bien - le susurró este a ella, mientras se levantaba y tomaba el rostro de Lyanna en sus manos y le depositaba un beso en su frente. Ella no se movió. Legolas se retiró de la habitación y cerró la puerta, obteniendo una mirada de preocupación por parte del resto.

- ¿Y bien? - preguntaron los hobbits. Legolas les dedicó una mirada triste, y solo se limitó a negar.

Mientras tanto, Éowyn rodeó la cama y se apresuró a tomar a Lyanna de sus manos, guiándola a través del cuarto.

- He ordenado posponer el festín un poco más, así te da tiempo de arreglarte - le dijo ella. Lyanna no respondió. Ambas llegaron por fin al cuarto de baño, donde una bañera estaba preparada con agua limpia para Lyanna. Éowyn la ayudó a deshacerse de sus prendas y a entrar. Cuando Lyanna sintió el agua hacer contacto con su piel y sumergirse lo suficiente, reaccionó.

- Puedo encargarme de esta parte, Éowyn, gracias - indicó. Éowyn sonrió, aunque Lyanna no vio aquello, y se retiró del cuarto de baño, pero permaneció en la recámara. Sabiendo que la Vala necesitaría ayuda para vestirse.

Cuando Lyanna se aseguró de lavar cada parte de su cuerpo, agilizó sus sentidos para poder salir de la bañera y encontrar la puerta que daba hacia el cuarto principal. Sintió la presencia de Éowyn a su derecha mientras caminaba de regreso a la cama, donde ubicó un vestido preparado para ella.

Lyanna lo alcanzó y comenzó a tocarlo todo, evaluando su textura, las mangas, lo largo que era y cómo tendría que ponérselo.

- ¿Qué... qué color es? - preguntó, un poco tímida al hacerlo, sintiéndose avergonzada de no poder descubrirlo. Éowyn le sonrió con ternura.

- Rojo, como el vino - le susurró ella. Lyanna asintió, agradeciendo la ayuda - Permíteme - dijo Éowyn, acercándose a ella y tomando el vestido. Lyanna sabía que se lo podía poner por su cuenta, pero dejó que Éowyn la ayudara. No se sentía con ánimos de esforzarse más de lo que debería. No aquella noche, al menos.

- ¿Cómo me veo? - preguntó, con su voz entrecortada, incapaz de aceptar la realidad que enfrentaba. Éowyn le sonrió.

- Como toda una Valië - señaló - Tan bella como los amaneceres de la primavera - Lyanna no reaccionó ante aquel comentario. No, no creía que su rostro fuera tan bello como alguna vez lo fue.

Éowyn tomó una de las tiras de tela que había llevado, sus manos temblando mientras lo hacía. Miró el pedazo de tela que tenía y luego levantó su vista a la Vala, cuya mirada era imposible de encontrar.

- Lyanna, tengo que ponerte esto - dijo Éowyn, tan bajo como un murmullo al que Lyanna pudo haber ignorado. La Vala extendió sus manos hasta las de ella, sintiendo aquel pedazo de tela. Lyanna tragó saliva, y sus labios comenzaron a temblar. La única razón por la que no lloró fue porque las lágrimas ahora le quemaban aún más sus dañados ojos.

- Ya qué - fue lo último que dijo, dándose media vuelta y sintiendo la tela rozar su piel. Éowyn cubrió la mirada de Lyanna con aquella tira y la ajustó para evitar que se le fuera a caer. Cuando le dio un último vistazo, su corazón se rompió.

- Estás lista.

La puerta se abrió de nuevo, dejando ver a Éowyn con un rostro triste y apenado. Les dio una leve, y casi forzada, sonrisa al resto, mientras se hacía a un lado y dejaba ver a Lyanna, que se encontraba detrás de ella. Cuando todos la observaron, pareció como si todo el lugar ahora se hubiera vuelto lúgubre y terrorífico. Aunque el vestido que llevaba resaltaba su figura, sabían que ahora Lyanna era incapaz de mirarlos.

Legolas fue el único que logró reaccionar cuando Lyanna se colocó en el umbral de la puerta. Se acercó a la Vala y le tendió el brazo, acto que la Vala pudo identificar por la cercanía con la que sentía al elfo. Y con aquel gesto le decía a ella que no importaba cómo se viera, nada tendría que ser diferente.

Lyanna tomó el brazo de Legolas y ambos comenzaron a caminar hacia el salón principal, donde poco a poco las voces se iban escuchando más. A Lyanna no le importaba qué fuera a decir el resto sobre su aspecto. Sobre su condición. Sabía que tenía que adaptarse, usar el resto de sus sentidos. Eso no era ningún problema.

Pero le molestaba el hecho de haber permitido aquello. Había bajado la guardia, y había sido derrotada. Aquella venda que cubría ahora sus ojos era un símbolo de derrota, de debilidad. Si Saruman había logrado vencerla, ¿cómo no lo iba a hacer Sauron?

- La vista puede ser traicionera - escuchó que le dijo Legolas - A veces solamente vemos lo que queremos - le recordó. Lyanna se limitó a tragar saliva.

- Qué suerte que tu padre me entrenó en la oscuridad - le dijo ella, aunque en un tono bastante seco - Tendré que deberle el resto de mi vida a él.

Cuando llegaron al salón, Lyanna sintió varias miradas sobre ella, y pudo escuchar cómo las pláticas se detenían cuando volteaban a verla. Pero endureció su semblante y mantuvo su rostro alto, ignorando lo que cualquiera estuviera opinando.

Legolas y ella llegaron hasta donde se encontraban sus puestos, junto a los de Gimli, los hobbits y Gandalf. Aragorn había sido ubicado con el resto de su raza, los hombres. El rey Théoden pidió silencio en la sala, pues la ceremonia iba a comenzar.

Varias doncellas y caballeros caminaron por entre las mesas y asientos repartiendo las copas de vino. Cuando todos en el salón se encontraban sosteniendo una, el rey empezó a hablar, recordando a los caídos, la batalla, la hora más oscura y el momento donde la esperanza regresó.

- Esta noche recordamos a aquellos que dieron su sangre por defender esta tierra - dijo Théoden, y elevó su copa - ¡Honor a los victoriosos caídos!

- ¡Honor! - gritaron todos en el salón, quienes bebieron de su copa.

- Ahora... ¡Que comience la celebración! - animó Théoden, mientras los músicos comenzaban a tocar una sinfonía alegre y se repartía la comida entre los invitados.




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