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Donde gustes y cuando quieras » Capítulo nueve
Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Sábado 8 de Agosto de 2020, 11:47
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Capítulo nueve

Capítulo nueve

Rose se quedó mirando el espacio donde había desaparecido el Patronus de Lorcan, preocupada. ¿Qué había pasado? Se puso de pie enseguida y se miró; tenía el pijama y un suéter liviano arriba, así que estaba bien. Se puso las zapatillas que había dejado al pie del sofá y caminó hacia la puerta. 
Scorpius la vio salir de la sala con seriedad. ¿Qué podría querer Scamander a semejante hora? ¿Por qué Rose accedía con tanta facilidad? ¿No estaba enojada con él? Una sensación de molestia se instalo en medio de su pecho, y el rubio soltó aire, sentándose. No era asunto suyo, lo sabía. Pero no podía evitar sentirse mal al saber que la pelirroja había salido a ver al Gryffindor. 
Afuera, Rose cerró la puerta y observó el pasillo, buscando a Lorcan. 
-Estoy aquí- hablo una voz en tono bajo, a su derecha.
La chica se giró y finalmente lo vio, apoyado en la pared y oculto por las sombras que creaban las antorchas. Camino hacia él y cuando pudo verlo bien, observó su rostro con atención. El rubio le sonrió suavemente, pero ella supo enseguida que no era un gesto del todo sincero.
 -¿ Qué ha pasado?- preguntó.
Lorcan suspiró y se enderezó.
-Vamos al fuerte- le dijo, tomándola de la mano y empezando a caminar.
Rose se dejó llevar en silencio, lanzándole miradas de preocupación. El fuerte era un lugar que habían descubierto en primer año, investigando el castillo. Un aula perteneciente al ala del castillo que homenajeaba la guerra. Era una parte del edificio que habían decidido dejar como estaba a modo de monumento conmemorativo, por lo que no se usaba y nadie iba allí. Rose y Lorcan, sin embargo, habían encontrado ese aula llena de polvo y bancos en desuso, y la habían adoptado como su lugar de escape cuando alguno estaba molesto o triste, o si tenían que idear alguna trastada.
 La chica iba alumbrando con la varita, temiendo que alguien los pillara paseando a esas horas, pero por suerte sólo se cruzaron a Nick Casi Decapitado, que les dedicó una mirada divertida y siguió camino. Finalmente llegaron y Lorcan la soltó, cerrando la puerta detrás suyo. Se sentaron sobre un pupitre que daba contra la ventana, y el chico miró hacia afuera mientras su amiga lo miraba a él, curiosa. El rubio juntó aire y finalmente habló.
-Mi abuelo está muy enfermo. Tiene Viruela de dragón y lo están tratando en San Mungo, pero no pinta bien. Ya sabes…la edad complica las cosas. 
Rose sintió una punzada de angustia al escuchar la noticia. ¿Xenofilius Loovegood, ese hombre tan amable y algo loco que los gemelos adoraban? Cerró los ojos unos segundos, procesando las palabras y buscando qué decirle. Luego los abrió y posó una mano sobre la rodilla del rubio con suavidad.
-Lo siento mucho, Lorcan- dijo con suavidad-. ¿Desde cuándo está ahí?
-Desde ayer por la mañana. ¿Recuerdas la carta que recibí?
La chica asintió, recordando. Había visto la cara de su amigo transformarse, y se había preocupado, pero no había podido verlo de nuevo para preguntarle desde entonces.
 -¿ Van a ir a verlo?
Lorcan negó con la cabeza.
-De momento no por el contagio. Si empeora pienso ir igual aunque me lo impidan. No quiero que si…
-No digas eso- lo frenó su amiga, apretándole la rodilla-. Va a estar bien. Se que es complicado pero no imposible. Mantén la fe.
El Gryffindor la miró unos segundos y finalmente sonrió levemente.
-Necesitaba tus palabras de ánimo- le dijo.
Rose sonrió y se acurrucó en su lugar.
-¿Y Lysander? 
-Lo lleva bien, preocupado igual que yo, aunque está afectado y eso ya es mucho decir. Sabes que es el más positivo de todos. 
La chica asintió. Tendrían que apoyar a los gemelos entre todos mientras durara esa situación. Lorcan apoyó la cabeza en el vidrio y la miró, más serio.
-En verdad siento lo que pasó, Rosie. No quise lastimarte, sabes que eres muy importante para mi- le dijo, apesumbrado.
Rose negó con la cabeza, sonriendo.
-No es momento ahora.
-Sí lo es- retruco el chico, enderezándose y apretándole la mano.
La chica suspiró y le devolvió la mirada, eligiendo las palabras. 
-Escucha. Eres mi mejor amigo y lo sabes, somos como hermanos no biológicos, y te quiero muchísimo- le sonrió con suavidad-. En cuanto a lo que te dije… he estado pensando todos estos días, y hoy sé que no estoy enamorada de tí.
Lorcan la miró algo sorprendido, y la chica continuó.
-Cuando te vi con Lily lo entendí. Probablemente me haya confundido por la cercanía que tenemos, esas cosas le pasan a todo el mundo. Pero no creo que sea amor. Así que respira y olvidemos todo ésto, será una anécdota divertida para contar de viejos.
Lo miró divertida y el chico sonrió, algo más animado. 
 -¿ Ya no me amas?- preguntó de forma teatral.
Rose rio y le pegó en la rodilla.
-Claro que te amo, eres mi mejor amigo. Pero aún no he descubierto qué es amar a alguien en el sentido amoroso, eso está claro.
Lorcan sonrió y le acarició el pelo con cariño. 
-Oye- dijo, fingiendo seriedad-. Aunque no te haya correspondido, eres una preciosidad. No dudo que algún idiota se ha fijado en ti. Y cuando aparezca le dejaré un par de puntos claros antes que se lleve a mi amiga.
Rose lo miró burlona.
-Ya cállate.
Se miraron, sintiendo el alivio de volver a verse con complicidad y cariño, cómo había sido siempre. Desde bebés eran uno solo, y esa noche, después de tres semanas distanciados y pese a lo horrible de la situación por la enfermedad de Xenofilius, volvían a ser Rosie Pooh y Lorcan, dos amigos inseparables. 
Cuando Rose volvió a la sala común eran las dos de la mañana, y se sorprendió al ver que Scorpius seguía levantado, apoyado en el ventanal con la vista afuera. Lo miró con curiosidad, acercándose.
-Sigues levantado- dijo, apoyándose a su lado.
El chico no la miró, cruzado de brazos, y la chica notó que estaba serio. Frunció el ceño, observándolo.
 -¿ Estás de mal humor?
Scorpius no dijo nada por unos segundos, y finalmente se giró un poco, clavando sus ojos azules en ella. Rose sintió un leve escalofrío y bajó la vista.
-¿Qué pasa con Scamander?- preguntó con voz calma.
Rose lo miró, confundida.
-Él… su abuelo está grave, se enfermó. Necesitaba hablar conmigo- dijo con suavidad.
El slytherin la observó fijo, cómo si la analizara.
 -¿ Se han reconciliado?
La pelirroja asintió.
-Sí, hemos vuelto a la normalidad- respondió, sonriendo un poco.
Scorpius sintió una punzada molesta al ver esa sonrisa, y volvió a mirar por la ventana.
-¿Podrás ser su amiga si estás enamorada de él?- pregunto, sin cambiar su tono de voz sereno.
Rose suspiró, algo confundida por el interrogatorio, pero Scorpius volvió a hablar antes de que pudiera responderle 
-Lo siento, no quiero meterme, no es asunto mío. Pero te vi mal por esa situación, y creo que si te lastimó debería alejarse.
La chica se cruzó de brazos, pensando.
-Scorpius.
El chico la miró al oír su nombre.
-He aclarado mis sentimientos por Lorcan. No estoy enamorada de él, supongo que solo estaba confundida- repitió-. Él es mi mejor amigo y hemos podido aclarar todo, ahora me necesita y estaré para el incondicionalmente. Estoy bien.
Se miraron unos segundos, mientras el rubio sentía como la molestia se esfumaba poco a poco. Finalmente asintió.
-Está bien, me alegro entonces que vuelvan a ser amigos. Siento meterme, se qué…
-Gracias por preocuparte- lo interrumpió Rose, sonriéndole  suavemente.
El chico se encogió de hombros, mirando hacia otro lado.
-Iré a dormir. Es tarde- dijo-. Que descanses.
Luego caminó hacia su habitación, mientras la chica lo miraba algo confundida aún. ¿Estaba preocupado por ella realmente? 
Scorpius, una vez en la cama, sonrió y se sintió un idiota, pero no podía evitar estar contento. Puso los brazos tras la nuca, mirando al techo. ¿Le gustaba Rose? ¿De que otra forma se hubiese enojado tanto al verla irse con Lorcan? ¿Por qué le aliviaba saber que no estaba enamorada de él? Soltó aire, sin borrar la sonrisa leve. No lograba definir bien qué le pasaba, solo sabía que Rose se había vuelto alguien tan presente en su día a día que parecían conocerse desde siempre, y evidentemente le importaba. Pero jamás le había llamado la atención una chica a nivel romántico, por lo que no estaba seguro. Cerró los ojos, intentando ordenar sus ideas, y finalmente se durmió, decidiendo que dejaría de preguntarse cosas y dejaría fluir lo que sea que sucedía con ella. Tal vez era mejor escuchar sus sentimientos y esperar a ver qué pasaba.



 Lorcan entró en la sala común sintiendo como el agotamiento le volvía los músculos pesados. Sin embargo, su ánimo había subido un poco y sentía alivio de haber vuelto a la normalidad con Rose. 
Alzó la mirada y se dispuso a subir a su habitación, cuando algo llamó su atención. Sentada en uno de los sofás estaba Lily, que lo observaba con una sonrisa casi imperceptible. 
 -¿ Lily?- dijo, confundido-. ¿Qué haces aquí?
La pelirroja, vestida aún con el uniforme, se removió en su lugar.
-Lysander me contó lo sucedido con tu abuelo. Me cruce con él antes de cenar, y me dejó pasar aquí para hablar contigo. Pero no estabas así que me quedé esperando, espero no te moleste- explicó con tono suave.
El rubio pestañeo un par de veces, y finalmente caminó hasta sentarse a su lado en el sofá.
-Ya te dije que no molestas- dijo, sonriendo apenas-. Pero no debiste esperarme, es tarde. ¿No tienes sueño?
La observó detenidamente. Lily tenía el pelo atado en una trenza y sus ojos café brillaban, pero no parecía con ganas de dormir pese a que era de madrugada. 
-Estoy bien. Lysander se acostó hace un rato pero estuvo aquí conmigo. No iba a poder dormir si no veía primero como estabas-. Bajó la vista-. Bueno, cómo estaban los dos. Somos amigos.
Lorcan asintió, subiendo ambos pies al sofá.
-Gracias. Yo…estoy bien, es decir, preocupado. Pero todo saldrá bien- dijo, casi como si intentara comvencerse a sí mismo.
Lily lo observó, intentando descifrar qué pasaba por su mente. La realidad era que no sabía por qué había ido allí. Sí era cierto que estaba preocupada por ambos, pero cuando Lysander se lo había contado, en su cabeza solo resonaba Lorcan y cómo estaría con todo eso. Sabía que los gemelos adoraban a su abuelo, por lo que la situación no era fácil.
-Si tienes sueño puedo irme, solo quería ver si estabas bien- le dijo.
Lorcan la miró y negó enseguida.
-¿Puedes quedarte un rato? Si no tienes sueño… No creo poder dormir y no quiero estar solo.
La chica sonrió y asintió.
-Me quedaré contigo. 
El chico le sonrió agradecido, y por unos minutos reinó el silencio. Lorcan miraba el fuego encendido de la chimenea, sumido en sus pensamientos pero sintiendo la calma que transmitía no estar allí solo. Lily sólo lo acompañaba, mirándolo de vez en cuando.
 -¿Tienes miedo?- preguntó finalmente, en un tono tan suave que casi no se oyó.
Lorcan bajó la vista, sintiendo el ahogo que lo atacaba desde que habían recibido la noticia.
-Claro que sí- respondió, sin mirarla-. Es mi único abuelo. Prácticamente nos crío junto a mis padres. Él… es muy importante. Si se muere...
Soltó aire. Era la primera vez que nombraba la muerte en voz alta. 
-Si se muere, saldrás adelante. Todos lo harán. La muerte duele y dudo que alguna vez se cure la herida que deja, pero siempre vuelves a ponerte de pie. Y el querrá que lo hagas si eso sucede. 
La miró con intensidad, sintiendo miles de sensaciones mezclándose en su pecho. Lily era la primer persona que le permitía hablar de la posible muerte de su abuelo, y no lo frenaba ni le pedía que confiara. Y ciertamente Lorcan lo necesitaba. Necesitaba desahogarse sin que estén diciéndole que no pensara en eso, sin la presión de angustiar más a su gemelo. Y allí, con esa chica menuda y pecosa, sintió que podía respirar más aliviado. Lily le sonreía con suavidad, y el chico se sintió abrigado. 
-Gracias- susurró, sin despegar sus ojos de ella.
La chica estiró la mano y titubeó un poco, como si no estuviera segura de lo que hacia. Finalmente la apoyó sobre la mano de Lorcan, y apretó con suavidad. 
-Estaré contigo. Con ustedes- dijo, bajando la vista-. Todos lo estaremos.
Lorcan le acarició el dorso de la mano con el pulgar, bajando la vista, y asintió.
-Lo sé. 
Lily se fue a su sala común cerca de las cinco, cuando el rubio se durmió en el sofá, después de dos horas hablando tonterías para distraerse. Lo tapó con una manta y le acarició el pelo con suavidad, intentando transmitirle paz. Una vez en su habitación, la pelirroja miró por la ventana el cielo estrellado de afuera, y suspiró.
-Que todo salga bien- pidió en un susurro, cruzándose de brazos. 



Rose terminó de atar el sobre a la patita de Helena, su lechuza, y le acarició las plumas con cariño. El ave ululo un poco y emprendió el vuelo, mientras la pelirroja soltaba aire, apoyándose en la pared. Acababa de enviar su artículo para el concurso de periodismo, al fin terminado. Había quedado bastante conforme y se tenía fe, pero no sabría los resultados hasta dentro de una semana, por lo que tenía algo de ansiedad. Sacudió los hombros e intento relajarse. No le quedaba otra que esperar.
Salió de la lechuceria con paso tranquilo. Eran las doce del mediodía del viernes y por suerte sólo le quedaba la clase de Pociones y era libre.  Mientras caminaba hacia el Gran comedor para almorzar, se encontró a Lily bajando las escaleras móviles. Su prima sonrió al verla y se acercó a ella.
-Hola, Rosie. ¿Vas a almorzar?- la saludó.
-Hola, Lily Lu. Sí, vamos- respondió, mientras ambas continuaban el camino. 
Rose la miró unos segundos 
 -¿ Supiste lo del abuelo de los gemelos?
Lily asintió, su sonrisa más leve.
-He hablado con ellos. Espero que todo salga bien- dijo, mirando al frente.
La mayor suspiró, asintiendo.
-Yo también. Deberíamos hacer algo para animarlos.
-Puede ser, tal vez algo en Hogsmeade mañana. Les vendrá bien distraerse.
Rose asintió de acuerdo, con las manos en los bolsillos de la túnica.
 -Hablaremos con ellos luego. Luna escribió esta mañana para decir que todo seguía igual. No sé si sea bueno o malo.
Lily suspiró de nuevo.
-Lo sé, al menos no ha empeorado.
Sonrió un poco y sacudió la cabeza, intentando despejarse.
-Oye, ¿enviaste el artículo? Era hoy, ¿verdad?- le pregunto a su prima.
Rose sonrió y asintió, mientras doblaban en una esquina. Iba a responderle, pero entonces choco contra alguien y se frenó.
 -¿Qué manía tienes con chocarme?- habló una voz grave que reconoció enseguida.
Frente a ella, Scorpius la miraba con su sonrisa burlona. A su lado, Claire Nott la miraba algo sorprendida. Rose bufó, acomodándose la túnica.
-No me molestes- respondió.
Scorpius alzó una ceja mientras Lily los miraba con curiosidad. 
-Ya, ya, no resoples. ¿Van a almorzar?- les preguntó.
Ambas asintieron, Rose todavía mirándolo con molestia.
-Vamos, entonces.
Empezaron a caminar, y el rubio miró unos segundos a Claire, que iba a su lado en silencio. 
-No sé si se conocen. Ella es Claire Nott. Somos compañeros de prácticas en la enfermería- las presentó.
Lily le sonrió a la chica, saludándola con la mano. Rose también le sonrió pero de forma más leve. La conocía de nombre y por haber compartido varias clases, pero no habían hablado demasiado. Con ella se había quedado Scorpius la noche que lo esperaba, eso sí lo recordaba. Claire les sonrió a amabas con cierta timidez, pero no dijo nada. 
Se separaron al llegar al Gran comedor, yendo cada uno a su mesa. Rose, una vez sentada, se sirvió jugo con tranquilidad, aunque no pudo evitar mirar hacia la mesa de Slytherin. Claire y Scorpius se habían sentado juntos, y el rubio sonreía a algo que la chica le decía. Una pequeña molestia muy similar a la de la otra noche se le instaló en el pecho, pero apartó la vista de ellos, dispuesta a almorzar. 
 -¿ Qué tienes?- le pregunto Lily, mirándola fijo.
Había notado la repentina seriedad de su prima.
-¿Yo? Nada. ¿Me preguntaste por el artículo, verdad?- respondió la chica, sonriendo como si nada.
Lily asintió, pero miró a su prima con suspicacia, una sonrisa formándose en sus labios. No le había pasado desapercibida la mirada que había enviado a la mesa de Slytherin ni su cambio de humor repentino cuando se habían cruzado con Scorpius y Nott. Parecía ser que acababa de notar algo que ni su propia prima se había dado cuenta aún.



-¡Voy a morir!- se quejó Anne, tirando la cabeza para atrás con cara de sufrimiento.
-¡Señorita Olsen!- la regañó Madame Pince desde su escritorio.
Albus y Rose, sentados frente a la chica, resoplaron a la vez. Hacía dos horas que estaban en la biblioteca, intentando adelantar el máximo posible de tarea para estar más liberados el fin de semana. La cosa era que Anne se encontraba escribiendo un pergamino casi kilométrico para Transformaciones, obra de su agradable profesor (nótese el sarcasmo). Le había restado puntos y encomendado esa tarea extra por haber estado dormitando en la clase. Anne se había defendido diciendo que ya había terminado el ejercicio, lo cual solo había empeorado la situación. Rose se alegraba de que al menos esa vez el profesor no la había tomado contra ella. 
-Me duele la mano- se volvió a quejar la castaña, frotándose la piel y bajando un poco la voz.
-Cuánto más te quejes más tedioso será. Termina y ya te olvidas- dijo Rose por décima vez en la tarde, cansada.
Si volvía a escuchar un solo quejido más de su mejor amiga iba a terminar tirándole las plumas por la cabeza. Albus, a su lado, suspiró y tomó la mano de su novia, masajeándola con suavidad. Anne lo miró contenta y le tiró un beso.
-Por eso te adoro- le dijo, sonriendo.
El chico le devolvió la sonrisa mientras masajeaba. 
 -Me van a empalagar- se burló Rose.
La castaña le dedicó una mirada de fingido enojo y le sacó la lengua.
-Tú de envidia. No tienes a nadie que te masajee la muñeca adolorida.
La pelirroja se encogió de hombros, mientras continuaba la redacción para Historia de la magia. 
-Podrías tener novio, Rosie. Pero no tiene que ser un imbécil, puedo ocuparme de buscarte uno- comentó su primo, sonriéndole con burla.
Rose alzó una ceja.
 -¿ Qué les pasa a todos con amenazar a mis inexistentes pretendientes? 
Anne sonrió divertida, mientras intentaba volver a concentrarse en la bendita tarea. 
-¿Sabes?- continuó Albus, cruzandose de brazos-. De hecho, conozco a alguien que…
-Rose.
Los tres alzaron la vista, y vieron a Scorpius parado tras la Gryffindor, mochila al hombro y su habitual cara de serenidad. Albus sonrió enseguida y Anne lo miró como si ya se lo viera venir.
-Vaya, qué conexión tenemos, amigo. Estaba hablando de ti- le dijo.
Rose lo miró interrogante. No estaban hablando del rubio, ¿qué decía? Scorpius miró a Albus con cierta curiosidad, pero no dijo nada, sólo le tocó el hombro a la pelirroja para que le prestará atención. La chica lo miró y él suspiró.
-Tienes que acompañarme al despacho de McGonagall.
Rose abrió los ojos, preocupada. 
 -¿ Y yo qué hice?
Scorpius volvió a suspirar, cómo si algo le molestara.
-Nada. Mi madre ha venido por unos asuntos y aprovecha a verme un rato, pero quiere conocer a " la niña que comparte sala común con mi hijo"- concluyó, citando a su madre.
Las reacciones en la mesa fueron variadas. Anne alzó una ceja, Albus soltó una risa burlona y Rose frunció el ceño.
 -¿ Yo? ¿Me quiere conocer a mi?- preguntó, señalándose con un dedo.
 - ¿Quién vive conmigo en la sala común?- respondió el rubio.
 - Pues yo, pero…
 -Escucha. Mi madre es especial, Albus lo sabe. 
El moreno asintió, apoyando sus palabras.
-Es buena pero insoportable. Siempre está queriendo conocer a mis amigos y la gente que me rodea. 
-Es cierto, el primer verano que fui a la mansión me llevo a pasear por los jardines y me hizo un interrogatorio sobre mis gustos y demás- acotó Albus, divertido-. Pero es muy agradable.
Scorpius bufó.
-Es una pesada.
-Claro que no, sólo se interesa por su hijito- se burló su amigo.
Rose suspiró, incómoda. ¿Tenía que ir? Miró a Scorpius con cara de súplica.
 -¿ Es muy necesario?
El rubio suspiró por tercera vez y se encogió de hombros, acomodándose la mochila.
-Está bien, le diré que no quieres.
-¡Espera!- exclamó la pelirroja, poniéndose de pie.
-¡Señorita Weasley!- volvió a regañar Pince.
Rose miró alrededor disculpándose con los demás alumnos, que la miraban con mala cara. Luego suspiró y miró a Scorpius.
-Quedaré como una maleducada si no voy. Te acompañaré- dijo, resignada.
La verdad todo eso era muy extraño, pero ella no era ninguna mal educada. Iría, estaría un rato y asunto olvidado. Scorpius asintió y ella comenzó a juntar sus cosas. Por suerte sólo le quedaba parte del trabajo de historia y nada más.
-Andando- dijo, colgándose la mochila.
Dos pares de ojos la observaban con diversión, apoyados en la mesa, la tarea absolutamente olvidada.
-Suerte con la suegra, primita- soltó Albus.
Rose le frunció el ceño y Scorpius lo miró como siempre, con ese cansancio que decía " ¿Cómo soy amigo de este espécimen?". Anne le pegó una palmadita a su novio y le sonrió a su amiga.
-No le hagas caso. Ve y da tu mejor impresión- le dijo, haciendo un gesto de victoria con la mano.
Rose los miró como si estuvieran dementes.
-No sé qué les pasa pero ya basta.
Luego de eso ella y el rubio abandonaron la biblioteca, Rose llevándose una mirada enfadada de Madame Pince a la pasada.
-Oye- llamo Anne, tirándole de la manga a Albus-. ¿Crees que esos dos…?
-No lo creo, lo afirmo. Van a terminar casados y con hijos antes de que tu y yo pestañeemos- concluyó el moreno, sonriente. 
Anne lo miró con suspicacia.
-¿Eres Cupido ahora o qué?- le preguntó con burla.
El chico se encogió de hombros y le dio un beso en la mano antes de seguir con la tarea.
-No soy Cupido, solo veo cosas antes de que el resto se de cuenta.
En los pasillos, Rose y Scorpius caminaban en silencio. La chica iba mordiéndose las uñas, pensativa. En realidad no tendría por qué estar nerviosa, solo era la madre de Scorpius. Bueno, la extraña madre de Scorpius. Pero no era tan grave.
-Luna llena- pronunció el chico cuando llegaron frente a la gárgola.
Ésta se movió, dejándolos pasar. Adentro solo se oía el crepitar del fuego y algún que otro ronquido proveniente de los cuadros. McGonagall no se veía por ningún lado, pero Rose pudo ver qué en un pequeño sofá rosa oscuro estaba sentada un mujer de pelo castaño, perfectamente peinado en ondas suaves, y vestida con una camisa de seda blanca y un pantalón negro, además de unos tacos que harían doler los pies de cualquiera. Se puso de pie al verlos, sonriente, y Rose notó que tenía un rostro bellísimo y unos enormes ojos azules que reconoció enseguida.
-Hijo, al fin llegas. Casi me vuelvo planta aquí- saludó, yendo hacia ellos.
Abrazo a Scorpius con suavidad, y el chico le devolvió el gesto, sonriendo levemente.
-Hola, mamá.
La mujer se separó y lo miró en detalle, acariciándole las mejillas. 
-Guapo como siempre- concluyó, contenta-. Aunque algo delgado. Ya te dije que no comas puros dulces.
Lo miró con las manos en las caderas y Rose sonrió un poco, porque le recordó a su propia madre y a su abuela Molly. 
-Ya, ya, lo mismo de siempre. Estoy perfecto- respondió Scorpius, rodando los ojos.
Su madre lo señaló con un dedo de uña perfecta.
-No hagas ese gesto, ya te lo dije.
Luego sonrió y recién ahí pareció reparar en Rose, que estaba casi escondida atrás del rubio.
-Oh, ¿y está preciosura?- dijo, acercándose.
Scorpius la empujó suavemente hasta ponerla a su lado, y la pelirroja esbozo una sonrisa amable.
-Es Rose Weasley, mi compañera de sala común. Dijiste que la trajera.
La mujer asintió y sin mucho aviso le dio a Rose un abrazo igual de cariñoso que a su hijo. La chica se lo devolvió, algo sorprendida, envuelta en el perfume con olor a jazmín que desprendía.
-Un gusto, linda. Soy Astoria Greengrass. Bueno, es Malfoy pero prefiero conservar mi apellido- le dijo, adoptando un tono cómplice.
Rose sonrió. Esa mujer le caía muy bien.
-El gusto es mío, señora Malfoy. Digo, Greengrass.
Astoria rio.
-Astoria está bien, no quiero confundirte. Siéntense- les dijo, caminando hacia los sillones-. Minerva ha salido y de paso me dejó el despacho para verlos un rato. 
-¿A qué has venido ésta vez?- preguntó Scorpius, sentándose.
Rose se sentó a su lado en silencio.
-Oh, tonterías. Necesita un suplente para Pociones el año próximo, así que le traje algunas recomendaciones y de paso aprovechaba a verte.
Scorpius asintió y miró a Rose.
-Mamá trabaja en el Ministerio de educación mágica- le explicó.
-Oh, ya veo.
Astoria asintió, sonriente. Rose la observó y notó que Scorpius y ella eran muy parecidos a excepción del color de pelo y algún que otro gesto. 
-Así es, pero no voy a aburrirlos.
Miró a Rose con cierta disculpa.
-Siento haberte hecho venir, no tenías obligación. Es solo que Minerva me comentó la nueva implementación de las salas comunes, y quería conocer a la compañera de mi hijo. Además conozco a tu tía así que tenía curiosidad.
Rose la miró con una sonrisa suave.
-No es molestia, descuide. ¿A qué tía conoce?- preguntó con curiosidad.
-A Audrey. Trabaja conmigo en el Ministerio de educación mágica, nos llevamos muy bien.
Rose asintió, recordando que ciertamente la esposa de su tío Percy trabajaba allí.
-Además, te he visto algunas veces en el andén junto a tus padres- le sonrió-. Eres una belleza realmente, han hecho un buen trabajo.
-Mamá …- la regañó Scorpius.
Rose rio divertida.
-Muchas gracias, señora Malfoy. 
La mujer le sonrió y sirvió café en tres tazas, que reposaban sobre una mesita en el centro.
 -¿ Bebes café?
La pelirroja asintió y le agradeció la taza.
-Bueno, cuéntenme. ¿Qué tal van las clases? ¿Se llevan bien? Scorpius me ha dicho por carta que eres agradable.
-Mamá…- volvió a resoplar el rubio.
Rose lo miró con cierta burla.
-¿ Qué? Mejor que opines eso y no algo malo- se defendió Astoria-. En fin, dime Rose, ¿qué vas a estudiar? ¿Tienes algún hobbie? 
Scorpius rodó los ojos.
-¿Te das cuenta que acabas de hacer muchas preguntas, no? 
La mujer le dedicó una nueva mirada de reproche, y Rose notó que sus ojos eran idénticos. Un azul oscuro y profundo.
Pasaron un rato charlando de forma amena, y la pelirroja se encontró de pronto más cómoda de lo que pensaría. Astoria era amable y dulce, y aunque los volvió locos a preguntas ella se divirtió bastante, sobre todo porque Scorpius se la había pasado resoplando y haciendo caras.
Finalmente se despidieron, no sin antes recibir otro abrazo perfumado y un beso en la mejilla para el rubio. 
-Tu madre es genial- le dijo Rose, sonriendo, mientras caminaban por los pasillos.
Scorpius sonrió de medio lado, mirando al frente.
-Lo es. Pero es una pesada, ya dije.
-Claro que no, sólo te cuida. Eso es muy valorable. Mira si yo fuese una asesina y te tocara convivir conmigo- respondió, burlona.
El rubio la miró con una ceja alzada 
-Tú tienes menos de asesina que un potus, Rose. Y si lo fueras no sería difícil defenderme. 
-Oye, soy alta y juego Quidditch, yo no me fiaría. 
El rubio sólo sonrió, y Rose paso todo el resto del camino molestándolo con posibles maneras de asesinarlo. El sol, afuera, ya había empezado a caer dando fin al viernes. 



Se acomodó la larga trenza rojo oscuro que se había hecho esa mañana, que dejaba su rostro despejado y resaltaba sus ojos miel. Ese día estaba particularmente fresco, así que se había puesto un suéter celeste y unos jeans negros. Sonrió un poco, mirándose al espejo. 
Ese domingo, treinta de septiembre, cumplía diecisiete años. Y ese año no pensaba festejar demasiado. Por lo general Albus y ella, al celebrar juntos, tenían la costumbre de hacer algo bastante elaborado; pero siendo que su primo ya había celebrado hacía una semana y Rose no era muy propensa a querer llamar la atención, había decidido que sólo pasaría el día con sus amigos y primos de forma tranquila, sin mucho escándalo. 
Abrió la puerta de su habitación para salir, al mismo tiempo que Scorpius salía de la suya. El rubio sonrió apenas al verla. Curiosamente, tenía puesta una remera de un azul claro parecido al del buzo de Rose, que resaltaba aún más sus ojos. 
-Buen día, copiona- la molestó, cerrando la puerta.
Rose alzó una ceja y le sonrió.
-Fue casualidad. Además puedes haberte copiado tu de mí- respondió, empezando a bajar las escaleras.
El chico la siguió con las manos en los bolsillos del jean, aún sonriendo un poco. La pelirroja abrió la puerta de la sala común, pensando en el café con leche calentito que iba a tomarse en el desayuno, cuando algo la detuvo de pronto, sobresaltándola.
 -¡Sorpresa!- gritaron varias personas a la vez.
Una lluvia de confeti de colores estalló sobre su cabeza y sonaron un par de silbatos. Rose miró sorprendida el cuadro frente a ella. Albus, Anne, Hugo, Lena, los gemelos Scamander y Lily la miraban sonrientes, y antes de que pudiera decir nada se vio envuelta en un abrazo grupal. 
 -¡ Oigan, me ahogo!- chilló, aunque reía contenta.
 -¡ Feliz cumpleaños, Rosie!
 -¡ Ya eres una vieja!
 - ¡Te queremos!
Hablaban todos a la vez, entre risas. Scorpius, aún sorprendido, observaba la escena apoyado en el marco de la puerta. Cuando al fin pudo liberarse, Rose los miró con una sonrisa cariñosa.
-¿Qué hacen aquí tan temprano?
-Venimos a celebrar tu día, hermanita- respondió Hugo, pasándole un brazo por los hombros-. Y no es temprano, son las once.
Lorcan y Lysander se acercaron y le estamparon un beso cada uno en ambas mejillas.
-Feliz cumpleaños, Rosie Pooh- dijo el Gryffindor, tirándole con suavidad de la trenza.
Rose le sonrió, mientras se soltaba de su hermano. El día anterior habían recibido noticias de Luna avisando que Xenofilius presentaba una leve mejoría, cosa que había animado a los gemelos. La pelirroja puso las manos en las caderas, imitando a la perfección a la abuela Molly, y los miró con resignación.
-Oigan. Dije que no quería celebrar. Haremos algo tranquilo- les dijo.
Todos resoplaron casi a la par, y Anne se acercó a su amiga, abrazándola con cariño.
-Dijiste que no querías hacer nada muy grande. Pero no dejaremos que pases tu cumpleaños como un día normal, haremos algo tranquilo todos juntos. 
-¿Y esos globos?- señaló la chica con suspicacia.
Ciertamente, Lily cargaba una caja no muy grande donde asomaban varias cosas, entre ella un paquete de globos de colores. 
-Oh, vamos, solo son unos globitos. Para hacer más alegre la sala común.
Rose los miró abriendo los ojos.
-Oigan, no vamos a celebrar aquí- les dijo, señalando la puerta.
-¡Claro que sí!- discutió Albus-. Aquí estaremos más tranquilos que en cualquier lado, ¿qué problema hay?
La pelirroja miró a Scorpius, que observaba todo con media sonrisa.
-Es que Scorpius también vive aquí. Tal vez quiera pasar el domingo tranquilo en el sofá y nosotros nos ponemos a celebrar.
Hugo bufó y le pasó un brazo por los hombros a Scorpius.
-El rubito cara de ángel no es tan amargado- dijo, sonriendo divertido-. Además también es tu amigo, claramente se quedará a celebrar, ¿verdad?
Miró al slytherin, que a su vez miraba a Rose sin perder la sonrisa.
-No hay problema, tú también vives aquí- respondió, encogiéndose de hombros. 
-¡Listo entonces! Entremos- dijo Lily, sonriente.
Rose suspiró y finalmente también sonrió, mientras Scorpius abría la puerta para dejarlos pasar.
Una vez adentro, cada uno se repartió una tarea. Albus y los gemelos se pusieron a acomodar en la mesita del centro varios pastelitos y bebidas que habían traído de las cocinas. Había salado y dulce para que pudieran hacer una especie de desayuno-almuerzo. Anne y Lily buscaban música para poner, mientras Hugo les daba indicaciones de temas, ganándose varios regaños y golpes de su prima por andar mandoneando. Scorpius y Rose inflaban los globos, sentados en el sofá, y los iban pegando al techo con ayuda de un hechizo.
-Feliz cumpleaños. No dijiste nada- le dijo el rubio, agitando la varita.
Rose sonrió mientras tomaba un globo rosa.
-Gracias. No suelo darle mucha importancia a mi cumpleaños, si festejo todos los años es por Albus. Sabes que cumplimos con una semana de diferencia.
El chico asintió.
-No lo recordaba.
Cuando todo estuvo listo, se reunieron distribuyéndose en los sofás y el suelo. De fondo sonaba una música tranquila, y Rose reía divertida mientras Albus iniciaba un campeonato de chistes, uno más malo que el otro. Scorpius, sentado en el sofá, la miraba con una sonrisa cálida.  Luego se sacaron varias fotos con la cámara de la pelirroja, posando de formas divertidas.
Ya pasado el mediodía, Anne trajo de las cocinas un pastel de chocolate cubierto de crema, y para sorpresa de Rose, sobre la cobertura habían dibujados con glasé de colores miles de dibujitos muy similares a los que ella solía hacer en los libros, y que también decoraban una pared de su habitación. 
-Lo sé, soy una ternura- se jacto Hugo, sonriendo orgulloso.
Rose lo miró con cariño y se puso de pie para abrazarlo.
-Eres lo máximo.
-Sí, si, ya suelta que me sube el azúcar- se quejó su hermano, palmeándole la espalda.
Lily aplaudió divertida, encendiendo la vela del pastel con la varita.
 -¡ A cantar todos!
Comenzaron el feliz cumpleaños, desafinando bastante en el proceso, mientras Rose aplaudía sentada frente al pastel y con un gorrito de plástico en la cabeza.
 -¡ No olvides los deseos!- exclamó Lily.
 -¡ Pide por mi! ¡Quiero ser guapo eternamente!- dijo Lysander.
Rose le sacó la lengua y cerró los ojos, pensando los deseos.
-Deseo ganar concurso de periodismo, comer mucho pastel de chocolate y frambuesas sin engordar, y ser millonaria- enumeró, sonriente.
Todos rieron y ella sopló la vela, con aplausos de fondo.
 -¡ Quiero mi regalo!- chilló.
Anne saco una caja de tamaño mediano y se la entregó con cara de solemnidad.
-Lo hemos comprado entre todos- le dijo.
Rose lo abrió, contenta, y encontró un juego muggle llamado Jenga. Consistía en una torre de piezas de madera estratégicamente ubicadas, y los jugadores tenían que sacar de a una sin desarmar el conjunto. En ese caso, los que perdían debían cumplir una prenda que estaba escrita en cada pieza.
 -¡ Genial! ¡Juguemos!- aplaudió la pelirroja.
Empezaron a jugar, molestándote entre ellos cuando a uno le tocaba el turno de sacar, intentando que perdiera. Cuando le tocaba a Rose, ésta miraba a Scorpius con cara de angelito, y el rubio, que analizaba la estructura con su habitual inteligencia, le iba marcando que ficha debía sacar para no perder.
-Fila tres, la última a la derecha.
Rose, contenta, sacó la pequeña pieza de madera de forma victoriosa.
 -¡ Yes!- festejó.
 -Oye, tú, deja de ayudarla- se quejó Albus, sentado al lado de su amigo.
 - Se supone que también estás compitiendo- acotó Lena.
Pero Scorpius sólo se encogió de hombros, guiñándole un ojo a Rose. Cuando le tocó de nuevo, le prohibieron decirle nada, así que la pelirroja tuvo que ingeniárselas sola. Sacó una pieza con sumo cuidado, pero terminó perdiendo porque la estructura se desarmo, cayendo sobre la mesa.
 -¡ Perdiste, Rosie Pooh!- exclamó Lorcan, tomando la pieza de madera para leer qué prenda tocaba-. Debes mirarte a los ojos veinte segundos con alguien que vista el mismo color que tú.
Se miraron entre ellos, verificando su ropa, hasta que Hugo señaló a Scorpius con una sonrisa picara.
 -¡ El rubito está de azul!
Rose miró a Scorpius, que a su vez miraba a Hugo con una ceja alzada 
-Exacto, es azul, no celeste- intentó defenderse.
-Bah, es la misma gama de color- respondió el castaño, restándole importancia. 
Lily, divertida, los alentó.
-Vamos, solo es una prenda. Además están adorables con ese degradé de colores que forman. 
-Okey, ya, ni que fuera tan grave. Anda, Scorpius- dijo Rose, acomodándose en el suelo para enfrentarlo.
Scorpius se sentó frente a ella, con una media sonrisa de resignación.
-Y empieza el conteo… Uno- comenzó Hugo, mirando su reloj.
-Dos, tres…- se unieron los demás.
Al principio, para Rose fue fácil. Miraba directo a Scorpius concentrándose en pestañear poco para no desconcentrarse. Pero en un momento se vio envuelta en el azul profundo de sus ojos, y se quedó tan hipnotizada que dejó de escuchar los gritos del resto. El rubio no estaba en mejor situación. Mientras la miraba, pensó que Rose tenía los ojos más dulces del mundo, con ese color miel cristalino que parecía dejar ver todo dentro suyo. De un momento a otro, todo parecía haber desaparecido alrededor de ambos, dejándolos solos, perdidos en la mirada del otro. Rose sintió algo en el estómago, una especie de revoloteo agradable. Scorpius sentía que le quemaban las manos por estirarlas y acariciar ese rostro frente a el.
 -¡ Oigan, ya se cumplió el tiempo!- se oyó la voz de Anne, cómo lejana. 
 -¡ Rose!- llamo Lysander, tocándole el hombro.
Recién ahí ambos volvieron a la realidad, y se separaron, avergonzados. 
-Vaya química- susurró Lily, mirando con complicidad a Lena y a Anne. 
Rose la escucho pero decidió hacerse la tonta, y carraspeo, volviendo a su lugar 
-Juguemos de nuevo, ¡quiero revancha!- exclamó, aplaudiendo.
Scorpius tardo un poco más en serenarse, pero lo disimuló a la perfección.
Empezaron a jugar de nuevo, y Hugo fue el siguiente en perder, por lo que tuvo que imitar diversos animales en un minuto, ganándose risas y aplausos de parte de todos. A la tercera ronda, le tocó el turno a Scorpius de perder. Lily aplaudió divertida mientras leía la prenda escrita en la madera.
-Tienes que sacarte una foto con alguien que te guste- dijo, mirándolo con malicia.
Rose bajó la vista automáticamente, sin saber por qué. Todos los demás aplaudieron al escuchar la prenda, divertidos.
-Vamos, amigo, esa es fácil- le dijo Albus, codeándolo.
Scorpius suspiró y por unos segundos sólo observó el panorama. Luego Rose lo vio levantarse y tomar la cámara, que reposaba sobre la mesita, y algo volvió a revolotear en su estómago. 


Hola! Cómo están?
Bueno, aquí el nuevo cap, espero les guste. El anterior sólo recibió un comentario (gracias Hari, siempre presente:) ). No sé si no les gusto o solo fue casualidad. Recuerden que para mí es importante saber qué opinan, de lo contrario no sé si lo estoy haciendo bien. Se aceptan críticas constructivas! 
En cuanto a éste, mucho Scorose (cómo debe ser). Creo que ambos empiezan a ver más claro lo que les pasa no? XD 
Nos leemos! Muchos abrazos 


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