Historia al azar: Sigue como siempre
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Donde gustes y cuando quieras » Capítulo ocho
Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Jueves 9 de Julio de 2020, 19:38
[ Más información ]

Capítulo ocho

Capítulo ocho

La música sonaba fuerte, esta vez con una canción más tranquila, por lo que todos se habían sentado en algún lugar a recuperar energías después del baile. Albus comía pastel sentado en uno de los sofás, con Anne al lado robándole la fruta. Varias veces el moreno la había regañado por eso, pero la castaña ponía su mejor cara de inocente y el moreno acababa besándola, embobado, por lo que se ganaban varios chiflidos y bromas de parte de Hugo y Lysander, que estaban sentados con ellos. Lena, apoyada en el reposabrazos, ya le había pegado varios golpes a su novio por eso. Rose reía divertida ante la escena, sentada en otro de los sofás, mientras Scorpius había entablado conversación con uno de los amigos de Albus, un chico de Revenclaw que parecía bastante agradable y seguramente debía tener buena charla, sino el Slytherin no le hubiera dicho más que "hola".
Al idear la forma que tomaría la sala de menesteres para el festejo, habían creado un balcón pequeño con algunas luces y baranda de piedra, desde donde podían verse todos los terrenos y el lago, que brillaba bajo la luz de la luna llena. Allí estaba Lorcan, apoyado en la baranda mientras bebía una botella de jugo. Miraba el paisaje que se extendía frente a él, sintiendo una calma que hacía días no experimentaba. La música quedaba un poco amortiguada allí, y el viento leve soplaba fresco, pero no le molestaba. De pronto, un ruido lo hizo voltear y vio a Lily, que lo miraba desde la puerta.
 -¿Puedo?- preguntó la pelirroja, sonriendo suavemente.
Lorcan le devolvió el gesto y asintió.
-Claro que sí.
La chica cerró la puerta de vidrio y se acercó, apoyándose en la baranda a su lado, mirando al frente. El viento movía apenas su cabello corto, que ese día llevaba suelto, y parecía expandir su perfume dulce por todo el balcón. Lorcan la observó unos segundos y luego volvió la mirada al frente, siendo consiente que esa era la primera vez que estaban solos desde lo sucedido. 
 -¿ Qué haces aquí solo?- pregunto Lily, aún sin mirarlo.
El rubio soltó aire y se tomó unos instantes para responder. Era extraño, pero no estaba nervioso. Sentía como si los rodeará una calma absoluta.
-Quería un poco de silencio- respondió, bebiendo otro trago-. Y aire fresco.
La chica a su lado asintió.
 -¿ Te dejo solo?
Lorcan la miró y volvió a sonreír con suavidad.
-No me molestas. Nunca- dijo, bajando la vista unos segundos para luego volverla al frente.
Lily sonrió.
-Lo sé, soy muy agradable para molestar- se jacto, divertida-. Pero tal vez quieres soledad.
-Está bien así- dijo el chico, divertido.
Volvieron a quedarse en silencio unos minutos, sólo mirando como se movían las hojas de los árboles y el calamar gigante asomaba algún que otro tentáculo de vez en cuando. Lily suspiró y finalmente lo miró.
-¿Crees que debamos hablar de lo que pasó o solo hacemos de cuenta que no pasó nada?
Lorcan la observó, pensando. 
-La segunda- respondió, pero le sonrió divertido y Lily supo que estaba molestándola.
Rodó los ojos y le sacó la lengua.
-No seas infantil- se rió el chico.
-Mira quién habla.
-Yo soy muy maduro.
-No se nota.
Se miraron y soltaron una risa leve. Lorcan suspiró y volvió a mirar al frente, jugando con la botella entre sus manos.
-Lo siento. No debí sobrepasarme, el alcohol y yo no hacemos buena pareja- se disculpó.
La pelirroja clavó sus ojos marrones en el cielo.
-Está bien. De todas formas si me besabas iba a pegarte hasta que quedes sin descendencia, así que agradece que no llegaste- dijo, aunque su sonrisa se había atenuado un poco.
Lorcan la miró burlón.
-Pues que yo recuerde estabas muy cómoda hasta que llegó Rose.
Lily lo miró alzando una ceja, aunque sabía que se había sonrojado un poco. Por suerte era de noche y no se notaría.
-Eres un engreído insoportable. En fin, no dejaré que bebas más alcohol, puede ser peligroso.
El gryffindor rió, bajando la vista.
-Está bien, creo que abandonaré la cerveza un buen tiempo.
-Y el whisky- acotó la chica.
Lorcan sonrió de medio lado.
-Y el whisky- afirmó.
Sus ojos volvieron a encontrarse, y por unos instantes ninguno supo que decir. Lily se encontró perdida en esos ojos celestes, que en la oscuridad se veían más oscuros pero seguían brillando con fuerza. Lorcan se preguntó cuántas pecas tenía Lily en la cara, y tuvo ganas de estirar la mano para contarlas. No era la primera vez que le pasaba eso, de pequeños se hacía la misma pregunta. 
-Oigan, vamos a jugar a algo, ¿vienen?- pregunto Hugo, asomándose al balcón.
Rose, que había visto todo desde adentro, rodó los ojos. Su hermano tenía menos sentido de la intimidad que un potus. Lily y Lorcan le sonrieron al chico, que los miraba ajeno a todo.
-Claro, esto ya estaba aburrido- dijo la chica, entrando con él.
Lorcan se quedó unos segundos más solo en el balcón, mirando el suelo. Luego sacudió la cabeza, intentando despejarla. 
-No de nuevo- susurro para si mismo-. Ya dijimos que era un tema cerrado.
Luego entró, dejando la botella vacía en una mesa y uniéndose al resto.



Rose bajó las escaleras y miró el reloj que descansaba arriba de la chimenea: las dos y media de la mañana. Suspiró y caminó hacia la ventana. No podía dormir, cosa rara en ella. 
Luego del festejo ninguno había ido a cenar porque estaban llenos, así que había vuelto cada uno a su sala común. Ella se había duchado y se había quedado leyendo en su habitación, pero el sueño nunca había llegado. Así que allí estaba, maldiciendo porque al día siguiente era lunes y no iba a poder levantarse de la cama. 
Suspiró de nuevo, resignada. No servía de mucho enfadarse. Tomo un almohadón del sofá y lo puso en el suelo, pegado a los ventanales, y se sentó. Afuera podía verse parte de los terrenos y un cielo oscuro lleno de estrellas. Seguro habría sol al día siguiente.
Miró la cámara de fotos que había tomado de su habitación antes de bajar. Era una cámara Polaroid, un artefacto muggle que entregaba las fotos al instante. Su tía Ginny se la había regalado la navidad pasada porque sabía que a Rose le gustaban las fotos. Sonrió levemente y enfoco hacia afuera, sacando una instantánea del paisaje. Tomo la foto y la observó. Hogwarts era un espectáculo de paisajes a esa hora, tan calmo y alumbrado por las estrellas. 
Sacó otra foto, intentando captar la luna, que relucía llena y enorme.
-No sabía que eras fotógrafa.
Rose pegó un salto y se giró, encontrándose a Scorpius al pie de las escaleras, con las manos en los bolsillos del pantalón pijama y una media sonrisa.
-Me asustaste- reprochó.
-Te asustas fácil, ni siquiera grité- respondió el rubio, caminando hacia ella.
Tomó otro almohadón y se sentó a su lado.
-¿Tú tampoco puedes dormir?- le pregunto la chica, mirando la foto.
Había salido bastante bien, pero debido a la luz la luna no llegaba a lucirse bien. Scorpius suspiró, apoyando la cabeza en el vidrio.
-Así es. ¿Crees que sea por comer tanto dulce?
Rose sonrió divertida.
-Tal vez. 
El rubio miró la cámara que la chica sostenía y la tomó sin preguntar, observándola con curiosidad. Luego, sin avisar, enfoco y le sacó una foto a Rose, que lo miró con el ceño fruncido.
-Oye, ¿quién te dio permiso?- refunfuñó la pelirroja.
Scorpius sonrió divertido al ver la foto y se la enseñó. Rose había salido con cara de desconcierto y era bastante graciosa. Se la arrebató, resoplando, al igual que la cámara.
-Ya veras- dijo, sacándole una foto.
Para su enfado, Scorpius salió bien pese a no haber posado. Era una foto muy casual.
-Idiota con genes privilegiados- murmuró.
 -¿ Qué has dicho?- se burló el rubio.
Rose le sacó la lengua, pero sonrió.
-Anda, ven- le dijo, acomodándose el pelo y enfocándose con la cámara.
-¿Qué quieres?
-Ven a sacarte una foto.
-¿Quién dice?-la molestó.
Rose resopló.
-Está bien, entiendo que temas verte opacado por mi belleza. Me sacaré una yo sola.
Scorpius sonrió y tomó la cámara, acomodándose más cerca mientras los enfocaba.
-Tengo el brazo más largo, déjame a mi.
Ambos sonrieron con suavidad y el chico sacó la foto. 
-Salimos bastante bien- dijo Rose, mirando la fotografía.
 -Claro que si, mi belleza arregla cualquier foto- se burló el rubio.
La pelirroja giró el rostro para lanzarle una mirada fulminante, pero no tuvo en cuenta que estaban casi pegados, por lo que sus narices se rozaron con el movimiento. Lo miró con los ojos bien abiertos, asombrada por la cercanía. Scorpius se había quedado muy quieto, algo aturdido. Ninguno pestañeó por unos segundos, hasta que la chica carraspeó y se alejó un poco, sentándose bien.
-Tengo hambre- dijo, soltando lo primero que se le vino a la cabeza.
Scorpius se enderezó y alzó una ceja.
 -¿ Hambre? ¿Con todo lo que comimos?
 - Oye, eso fue hace como cinco horas- se quejó la chica, poniéndose de pie-. Buscaré algo en el armario.
Caminó hacia allí, intentando serenar su respiración. Abrió las puertas y sonrió contenta al ver un pequeño paquete de papitas picantes, sus preferidas. Lo tomo junto a algunos dulces y volvió a sentarse junto a Scorpius.
-Que suerte que compramos de éstas en Honeydukes- dijo, abriendo el paquete-. Come algo.
Scorpius sonrió al verla masticar las papitas con cara de felicidad, y tomó una rana de chocolate del montón. 
-Las papitas picantes son el mejor invento de este mundo- dijo la chica, saboreando el sabor intenso.
El rubio rodó los ojos.
-Exagerada.
Rose sonrió divertida y luego miró el paquete, dónde quedaban pocas papás, y se lo extendió.
 -¿Quieres? 
 -¿Me estás ofreciendo los últimos restos de tu preciado bien?- preguntó el chico.
Rose asintió con orgullo.
-Me duele en el alma, pero seré buena contigo- respondió, extendiéndole el paquete sin mirar, cómo si quisiera evitar el dolor por la pérdida.
Scorpius miró las papitas y estuvo a punto de tomarlas. Le encantaba ese sabor. Pero luego vio a Rose haciendo teatro mientras se las daba y sonrió con resignación.
-No quiero.
La pelirroja abrió un ojo y lo miró con extrañeza.
-¿No te gustan?
El rubio negó, pensando qué excusa ponerle. Si le decía que lo hacía por ella Rose iba a darle las papitas de todas formas.
-Soy alérgico al picante- mintió.
-Oh, vaya… está bien- respondió la chica, metiéndose otra papita en la boca.
Scorpius sonrió levemente y tomó otra rana de chocolate. Se fueron a dormir cuando el reloj marcaba las tres y cuarto, y Rose cabeceaba contra el cristal. Scorpius le saco otra foto que resultó bastante graciosa, y luego la despertó para que subiera. 



-Muy bien, para la próxima clase quiero que practiquen los hechizos no verbales que di hoy. Es importante aprenderlos porque implican poder atacar al oponente sin delatarse, así que pongan hincapié en eso- habló Lewis, el profesor de Defensa contra las artes oscuras-. Nos vemos el lunes.
La campana sonó y los alumnos empezaron a salir. Era miércoles y ese día cursaban pocas materias, pero Defensa, una de las más intensas, ocupaba dos horas de la mañana y solía dejarlos agotados. Rose suspiró, feliz de haber terminado, y se colgó la mochila al hombro.
-Quiero dormir- se quejó Anne, arrastrando los pies a la salida.
Rose bostezó por puro contagio.
-Si no te desvelaras haciendo quién sabe qué con mi primito no tendrías tanto sueño.
La castaña, sonrojada, le pegó en el hombro.
-Rose Weasley, compórtate. Además sólo nos quedamos en la torre de astronomía. 
-¿Y quién dice que ahí no pueden hacerse cosas raras?- se burló Rose.
Anne la fulminó con la mirada e iba a replicar, cuando Lorcan apareció de la nada, asustándolas.
-¿Adónde van sin mi?- preguntó con una sonrisa.
Anne miró a Rose, algo desconcertada. Se habían acostumbrado a no esperarlo al salir de clases cuando él y la pelirroja se distanciaron, y que ella supiera aún no habían retomado su amistad. Rose sonrió levemente, algo incómoda.
-Hola, Lorcan. 
El rubio la miró con cariño, y le extendió una flor hecha de papel blanco. La pelirroja sonrió al verla. Desde pequeños el chico había aprendido a hacer origami, y siempre le regalaba alguna figura. Rose las tenía guardadas en una caja de recuerdos que siempre llevaba a Hogwarts. La tomó con suavidad.
-Haz mejorado- dijo, observando la figura.
Lorcan se encogió de hombros.
-Soy experto- dijo.
Anne suspiró y les sonrió a ambos.
-Creo que me iré así pueden hablar. Porque tú no viniste a verme a mí- dijo, señalando a Lorcan con un dedo acusador.
El Gryffindor compuso su sonrisa más encantadora y le rodeó con un brazo.
-Mi dulce Annie, sabes que te adoro. Tengo mucho amor para dar, no te pongas celosa. Sólo que ahora necesito charlar con mi persona favorita.
Miró a Rose, que sonreía apoyada en la pared. 
-¿Lo ves? No niegas que Rose es tu persona favorita. Está bien, lo tendré en cuenta- respondió Anne de forma teatral-. Me retiro.
Dicho eso les sonrió a ambos y se fue, dejándolos solos. Lorcan posó sus ojos claros en ella y Rose se puso nerviosa. Si bien había logrado al fin aclarar sus sentimientos y ordenar su cabeza, la situación con su mejor amigo era tensa aún. No habían vuelto a hablar realmente de lo sucedido, y seguía sintiendo que no tenía energías. Pero si no lo hacían jamás podrían seguir adelante y volver a ser lo que siempre habían sido: dos mejores amigos.
El chico suspiró y se apoyó en la pared a su lado.
-Te extraño, Rosie Pooh- dijo, mirando al frente.
La pelirroja sonrió al oír ese apodo. Lorcan era el único en todo el mundo que tenía permiso de llamarla de esa forma tan ridícula.
-Tal vez es hora de hablar. Yo…
Pero no pudo seguir, porque una lechuza parda apareció volando frente a ellos, para finalmente posarse sobre el hombro del chico, dejando caer un sobre. Lorcan lo tomo con curiosidad.
-Debe ser de mis padres. Aunque ésta no es la lechuza de casa- murmuró, extrañado.
-Ábrelo- le dijo Rose.
El chico le hizo caso y abrió el sobre, sacando un pergamino escrito en tinta negra.
"Mis gotitas de agua:
          No quiero que se alarmen, pero el abuelo no se encuentra muy bien. Hemos tenido que internarlo en San Mungo, le están haciendo estudios para ver qué sucede. Solo les aviso porque deben estar al tanto. Los tendré al tanto ante cualquier novedad.
                                             Mamá. "
Lorcan sintió cómo un nudo se le formaba en medio del estómago cuando terminó de leer. ¿Su abuelo estaba enfermo? Si estaba en San Mungo debía ser grave. Tenía que encontrar a Lysander para avisarle.
-Rose, lo siento, tengo que irme. Te buscaré luego- dijo rápidamente.
Luego empezó a caminar con velocidad en busca de su hermano.
 -Pero… ¡Lorcan! ¿Qué ha pasado?- le gritó, preocupada.
Había visto como la cara de su amigo se transformaba, pero no tenía idea qué podía haber pasado. Sin embargo, el rubio no respondió y desapareció por el pasillo, dejándola con una sensación extraña.



Scorpius suspiró, mirando el desastre frente a él. Nick Garret, Gryffindor de quinto año y cazador del equipo de Quidditch, lo miraba con cara de dolor, recostado en la camilla. Tenía el brazo derecho en una posición anormal y varios raspones en la cara y parte del cuerpo, además del uniforme lleno de pasto. ¿Que qué había pasado? Se había caído de la escoba durante el entrenamiento. Por suerte no había sido desde mucha altura o no estaría tan despierto. Rose y Samuel, los otros cazadores del equipo, lo habían traído a la enfermería y lo habían dejado allí para que fuera atendido, justamente en su horario de prácticas. Por lo que Madame Pomfrey había decidido aprovechar la oportunidad para que aplicaran los conceptos aprendidos la última semana, que iban de fracturas y lesiones no graves. 
Así que allí estaban, Scorpius en medio con Claire y Dan a cada lado, observando el cuadro frente a ellos sin saber bien por dónde empezar. Bueno, el rubio sabía lo que había que hacer, pero de saberlo a hacerlo había un pequeño paso, y además esa era la primera vez que ponían las manos sobre un paciente. Hasta ahora solo habían manejado teoría.
Volvió a suspirar, recordando las últimas palabras de la anciana enfermera. "No teman, cualquier error tiene solución. A menos claro que le arranquen el brazo o generen una herida mayor, cómo alguna quemadura. En ese caso tendríamos que mandarlo a San Mungo y ya es mucho trabajo", había dicho la mujer con su sonrisa más inocente, cómo quien habla del clima. 
El rubio se rascó la oreja y tomó fuerzas, apretando la varita entre sus dedos mientras apuntaba al pobre Nick, que no los miraba con demasiada confianza.
-¡Espera, Scorpy!- chilló Daniel, agarrándole el brazo.
-Oye, no grites- lo regaño Claire, sin dejar de mirar el brazo maltrecho.
-No me llames así- se quejó Scorpius, fulminándolo con la mirada.
Dan se cruzó de brazos con una mirada de disculpas.
 -¿ Estás seguro de como se hace?- preguntó con suavidad, ganándose otra mirada de reproche, esta vez de sus dos compañeros.
 - Déjalo. Al menos tiene agallas, no como nosotros- volvió a retarlo Claire.
Scorpius suspiró por tercera vez y volvió a apuntar al brazo, concentrándose. Debía confiar en sus habilidades, sino jamás sería un sanador bueno. La confianza era todo, y Madame Pomfrey aseguraba que en la escuela de medimagia no tendrían tanta paciencia con ellos. Así que el rubio enderezó la espalda y se dispuso a arreglar el bendito brazo de una buena vez.
-Tornus. Epoximise- pronunció al hilo, con voz calma y segura.
Un ruido seco se oyó y Nick soltó un gemido de dolor.
 -¡ Lo has matado! ¡Por los bigotes de Merlín!- chilló Dan, agarrándose los pelos.
Claire cerró los ojos con fuerza para no ver, y Scorpius observó con atención el brazo. 
-Oigan, bobos. Lo arreglé- les dijo, señalando su obra maestra.
Sus dos compañeros abrieron los ojos y observaron, comprobando que efectivamente el brazo había vuelto a la normalidad. Nick se lo frotaba con el ceño fruncido pero más aliviado.
-Eso dolió, pero creo que todo está en su lugar- dijo.
Dan sonrió y abrazó a Scorpius con fuerza, provocando los quejidos del Slytherin.
 -¡ Eres lo máximo! 
 -¡ Daniel!- refunfuñó el rubio, soltándose.
Luego volvió a apuntar al brazo.
-Férula- pronunció, y en un instante estaba entablillado y vendado. Scorpius sonrió satisfecho-. Tendrás que tenerlo así dos semanas, luego veremos cómo sigue. De momento no puedes entrenar, lo siento.
El Gryffindor suspiró, pero asintió con resignación.
Claire aplaudió contenta. 
-Mi turno. Voy a curarle las heridas superficiales, eso es más fácil- dijo, sacando la varita.
-Está bien, solo ten cuidado con…
-¡Episkey!- pronunció la chica antes de que Scorpius pudiera terminar de hablar.
Frente a ellos, los raspones de Nick se convirtieron en ampollas rojas que resaltaban sobre la piel blanca del chico, que chilló asustado y dolorido.
-…con no pronunciarlo con mucho énfasis porque se sobrepasan los efectos- terminó el rubio.
-Oh, Merlín, lo siento mucho, ¡lo siento!- chilló Claire, moviendo las manos en un intento de hacer algo para ayudar.
Dan miraba la escena con los ojos abiertos como platos, y Scorpius, aún manteniendo su calma habitual, observaba la situación intentando pensar. Nick gemía por el dolor.
-Calma, lo solucionare - intentó tranquilizarlo el chico.
Madame Pomfrey, atraída por los gritos, salió de su despacho y caminó hacia ellos todo lo rápido que le permitían sus ancianos pies. Cuando vio el desastre frunció el ceño.
 -¡ Pero qué ha pasado!- dijo.
En un par de movimientos de varita hizo desaparecer las ampollas y los raspones, y corrió a darle al pobre cazador una poción para el dolor. Scorpius, Claire y Dan se hicieron a un lado, dejándola trabajar. Cuando terminó, la enfermera dejo al chico descansando en la camilla y caminó hacia ellos con cara de reproche.
-Conmigo- les dijo, caminando hacia su despacho.
Los tres la siguieron en silencio y una vez allí, la mujer se sentó, agotada.
 -¿ Quién fue?
Se miraron, sin saber qué decir.
-Fui yo- respondió Claire, mirándola con timidez-. Lo siento mucho, me apuré. Scorpius intentó advertirme pero estaba entusiasmada y…
-En la sanación el entusiasmo no es bueno, señorita Nott. Puede hacer estragos. Agradezca que fue algo menor- la regañó.
La castaña bajo la vista, avergonzada.
 -¿ Quién arregló el brazo?- pregunto la mujer.
Dan señaló a Scorpius en silencio. La enfermera sonrió suavemente.
-Excelente trabajo, señor Malfoy- lo felicitó.
El rubio asintió apenas, sin decir nada. 
-En cuanto a usted, Nott…un error lo tiene cualquiera, pero aquí puede ser fatal. Así que no quiero que se sienta mal, ocupe el tiempo practicando. Y tendrá trabajo extra para el domingo- le dijo, sacando un pergamino extenso de un cajón.
Claire lo tomo, aún avergonzada.
-Quiero ese cuestionario respondido a la perfección, pero deberá tráemelo mañana aunque no haya prácticas.
 -¿ Mañana?- preguntó la chica, asombrada.
Tenía mil tareas para hacer, iba a tener que quedarse toda la noche. 
-Sí, mañana- afirmó la enfermera, mirándola con severidad-. Créame que eso no es nada en comparación a lo que tendrá que enfrentar cuando estudie. Eso fue todo por hoy, nos vemos.
Los tres se retiraron de la enfermería, un poco acongojados. Scorpius miró a Claire, que caminaba cabizbaja.
-Oye, no te preocupes. Te ayudaré- le dijo.
La chica lo miró algo asombrada.
-¿De verdad? Pero…son muchas preguntas. Debes estar ocupado- respondió.
Scorpius se encogió de hombros.
-Tengo adelantadas todas las tareas menos la de Transformaciones. Puedo hacerla mientras respondes eso y te ayudaré con las dudas. Además necesitas practicar.
-Acepta, Claire linda, Scorpius puede ser un excelente profesor- acotó Dan, con una sonrisa picara.
La chica, algo sonrojada, le sonrió al rubio con suavidad.
-Está bien, muchas gracias Scorpius. ¿Quieres que nos veamos en la sala común de Slytherin? 
El chico asintió.
-Está bien, te veo ahí luego de la cena.
La castaña asintió, sonriendo, mientras lo miraba de reojo. 



Rose entró en la sala común con una sonrisa. Se tiró en el sofá y miró la revista en sus manos. Era un ejemplar de los cómics de Pipito que estaba entre las primeras publicaciones y no se conseguía con facilidad, porque tenía una dedicatoria del autor en la primer página. Su tía Audrey se la había conseguido después de mucho tiempo, gracias a que conocía a un amigo del creador. Pocas personas habían conseguido ese ejemplar, y ella era una. Inflo el pecho con orgullo. Quería mostrársela a Scorpius. Miró hacia arriba y junto aire.
 -¡Scorpius!- llamó.
Nadie respondió y la chica supuso que no estaba. Miró el reloj y vio que eran las nueve y media de la noche.
-Que extraño- murmuró.
Miró de nuevo la revista en sus manos, componiendo una mueca. Se moría por leerlo, pero quería esperarlo. En su familia casi nadie compartía su fanatismo por esos cómics tan divertidos, sólo su padre, así que encontrar alguien en Hogwarts que leía lo mismo era agradable. Suspiró y dejó el ejemplar sobre la mesita del centro. Esperaría. Siendo la hora que era el rubio debía estar por volver.
Sin embargo, cuatro horas después Rose cabeceaba en el sofá y Scorpius no había hecho aparición. Se refregó los ojos y miró la puerta con enfado. ¿Dónde se había metido? ¿No pensaba volver a dormir? 
"Pareces una esposa celosa", susurró una vocecita molesta en su oído.
-Cállate- murmuró Rose, cruzada de brazos.
Ciertamente no tenía por qué enojarse. Scorpius podía hacer lo que quisiera con su tiempo, y si no volvía era su problema. Sin embargo, la pelirroja no podía deshacerse de la sensación de molestia que tenía en el cuerpo y no dejaba de preguntarse dónde estaba el Slytherin a semejante hora de la noche. ¿Se habría quedado en su antigua sala común?
De pronto, una idea cruzó su cabeza y recordó el incidente del fin de semana con los preservativos. 
"Oye, si tienes planes avísame, no quiero dormir aquí si estás haciendo cosas raras", resonaron sus palabras. 
Rose se removió en el sofá, incómoda. ¿Scorpius estaría haciendo cosas raras en otra parte? La sensación de molestia incrementó. Rose, enfadada, tomó la revista con brusquedad y la abrió, dispuesta a leerla. Si no pensaba llegar ella no iba a esperarlo más. 
-Estúpido irresponsable. Ya pasó el toque de queda- refunfuñó por lo bajo, pasando las hojas. 
Sin embargo no pudo concentrarse en la lectura, y terminó tirando la revista otra vez sobre la mesa. Se recostó en el sofá, enojada con Scorpius y con ella, por no saber qué le pasaba.
No supo en qué momento se durmió, pero la despertaron los rayos del sol que entraban por los ventanales a las siete de la mañana. Rose frunció el ceño y se incorporó en el sofá, intentando despertarse. Se estiró y miró alrededor, y entonces recordó por qué se había dormido ahí. Se puso de pie y subió las escaleras, refregándose los ojos. 
La puerta de la habitación de Scorpius estaba entreabierta. La empujó con suavidad y vio al chico durmiendo en su cama, tapado hasta la cintura y respirando profundamente. Sonrió levemente, aliviada. Debía haber regresado en algún momento sin que ella lo escuchara. 
Cerró la puerta intentando no hacer ruido, y se dispuso a vestirse y arreglarse. Aún era temprani, pero ya no tenía sueño y aprovecharía a hacer las cosas tranquila, una vez que no se levantaba a las apuradas.
Se estaba terminando de peinar cuando oyó el sonido de un despertador. Supuso que era el de Scorpius, pero luego de unos minutos el ruido continuaba. Miró hacia arriba, extrañada, y subió las escaleras. 
En la habitación del rubio el despertador sonaba incansablemente, pero el chico seguía profundamente dormido. Rose caminó hacia la allí y apagó el reloj. Se agachó al lado de la cama y observó con atención al rubio. Puso una mano bajo su nariz y sintió la respiración cálida. 
-Ya casi parecía muerto- murmuró para ella misma. 
Apoyó ambos brazos cruzados en el colchón, y por unos minutos sólo lo observó. Scorpius respiraba profundo, con una expresión serena en el rostro. Debía estar agotado para no haber escuchado el despertador. Por un minuto, la chica tuvo la tentación de alzar la mano y acariciar el cabello rubio oscuro del chico, pero se contuvo. Parecía suave y lo tenía excesivamente lacio. Al igual que aquella vez que lo había observado con detalle, cuando iba a encontrarse con él para devolverse los libros, Rose no pudo evitar pensar que tenía un rostro bellisimo. Scorpius no era de esos chicos con cara de modelo de revista, tenía más bien una belleza de rasgos suaves, como un angelito, al igual que había dicho Hugo una vez. Rose sonrió con suavidad, sin dejar de mirarlo. Se había quedado como hipnotizada en ese rostro calmo. Alzó la mano y la llevo hasta su pelo, dispuesta a dejar de contenerse y tocarlo. Pero entonces, dos ojos azules se abrieron y la chica pegó un saltito, haciéndose para atrás.
-Buenos días- saludó, haciéndose la tonta.
Scorpius frunció el ceño, aún adormilado.
 -¿ Qué haces aquí?- preguntó, mirándola.
Rose se puso de pie, sacudiéndole el uniforme con cara de póquer.
-Sonó el despertador y no lo escuchaste. Vine a despertarte. Llegarás tarde.
El rubio se sentó en la cama, estirando los músculos.
-Vaya milagro tú despierta a tiempo- dijo, apoyándose en el respaldo.
Rose bufó, cruzada de brazos.
-Levanta de una vez- dijo, caminando hacia la puerta.
Antes de salir se giró y miró a Scorpius, que bostezaba agotado.
 -¿Por qué viniste tan tarde?- preguntó.
El rubio la miró, intentando levantarse.
-Estuve ayudando a Claire. Es mi compañera de prácticas y tuvo problemas ayer, así que nos quedamos toda la noche en la sala común de Slytherin practicando y haciendo un cuestionario que debía completar para hoy.
Volvió a bostezar mientras apoyaba los pies en el suelo. Rose asintió, ignorando la nueva molestia que se había instalado en su pecho.
 -¿ Esta noche vendrás luego de cenar?
El rubio la miró algo confundido.
-Claro, como todos los días. ¿Por qué?
La chica se encogió de hombros.
-Tengo algo para mostrarte. Te veo luego- dijo, saliendo al fin de la habitación.
Scorpius, agotado, se rascó la cabeza pensando. Había vuelto cerca de las cinco, y le había parecido ver la cabellera rojo oscuro de Rose en el sofá, pero tenía tanto sueño que sólo había subido a su habitación, más dormido que despierto. ¿Lo había estado esperando? 



Lorcan soltó aire, sintiendo que tenía los hombros tensionados. Lysander, a su lado, miraba el techo con la cabeza apoyada en el respaldo del sillón, ausente. Estaban en la sala común que compartían cómo Premios Anuales, esperando noticias de su abuelo. 
Desde la primera carta recibida de su madre, sólo habían tenido otra avisándoles que estaban esperando los resultados de los estudios realizados y que su abuelo permanecía internado. Aparentemente había despertado el día anterior con malestar intenso. 
Lorcan bajó la vista, preocupado. Su abuelo Xenofilius era el único que tenían, y lo adoraban. De pequeños los divertía con cuentos hilarantes e inventaba juegos alocados que solían terminar con los gemelos perdidos en alguna parte o cubiertos por alguna sustancia extraña. Pero eran los recuerdos más divertidos que tenían. Sin embargo el hombre ya era demasiado mayor, y Lorcan temía lo peor. 
 -¿ No deberíamos tener noticias ya?- dijo su hermano con voz suave.
Lo miró, sin saber bien qué responderle. Al ser gemelos estaban claramente conectados, mucho más que un par de hermanos normales, por lo que el Gryffindor sentía perfectamente el malestar de Lysander, y viceversa. 
-Al menos compartimos el peso- respondió, con una media sonrisa.
Lo mejor era intentar quitarle hierro al asunto, al menos hasta saber que pasaba. Les había costado concentrarse en las clases y no habían hablado con nadie, del aula se encerraban derecho en la sala común a esperar novedades. 
Lysander le devolvió la sonrisa e iba a responderle cuando una lechuza golpeó los ventanales, y ambos saltaron del sofá. Corrieron a abrir y el Revenclaw tomo el sobre que el ave traía. Era la misma lechuza parda de la primera vez.
Lysander leyó el pergamino en silencio, y su expresión se transformó al instante. Lorcan, impaciente, se lo quitó para leer.
" Chicos:
                No tengo buenas noticias. Han diagnosticado a su abuelo con Viruela de dragón. Si bien no es una enfermedad mortal, su avanzada edad complica el cuadro. De momento quedará internado con tratamiento. Los tendré al tanto, pero por ahora lo mejor será que no vengan a visitarlo porque podrían contagiarse. Mantengan la esperanza, mamá les manda besos y pide que confíen en que los Plinkis azules cuidarán al abuelo.
                 Cariños.
                        Papá. "

Lorcan se quedó mirando el pergamino unos segundos, procesando la información. 
-Quiero ir a verlo- dijo, mirando al frente.
Lysander suspiró y le puso una mano en el hombro.
-No es lo mejor, ya viste lo que dijo papá.
-¡No me importa contagiarme! No puedo quedarme aquí sin hacer nada.
-¿Y que podrías hacer allá?- pregunto su hermano, empezando a enfadarse.
Lorcan se soltó y empezó a caminar por toda la sala, sintiendo como el enojo y la angustia se le mezclaban adentro. Su abuelo podía morir.
-Al menos quiero estar con él. Si…

 -¡ No se va a morir! ¡No lo digas!- gritó Lysander.
Lorcan lo observó, quedándose quieto. Su gemelo apretaba los puños y lo miraba con enfado. Fue ahí que el Gryffindor se calmó un poco. Lysander era una persona sumamente tranquila y alegre, era raro verlo así. Y el chico recordó entonces que no se trataba solo de él. Ambos estaban tristes y preocupados. Caminó hacia él y lo abrazó con suavidad.
-Ya, está bien, tienes razón- dijo-. Esperaremos como dijo papá. 
Lysander le devolvió el abrazo, más tranquilo.
-El abuelo estará bien. Es un viejo loco y fuerte- aseguró, intentando convencerse.
Lorcan sonrió levemente y asintió. Tenían que confiar. Todo estaría bien. Sin embargo, la pesada piedra de angustia parecía haberse incrementado en su pecho, asfixiándolo.



-No entiendo para que lees eso sí te da miedo.
Rose, acurrucada en un extremo del sofá, lo ignoró. Estaba sumida en la historia de terror que contaba su nueva novela, y se mordía las uñas mientras pasaba las páginas.
Scorpius, sentado a su lado, rodó lo ojos. ¿Quién la entendía? Sin embargo no pudo evitar sonreír un poco ante su cara de susto, que resultaba bastante graciosa.
Eran las once de la noche, y hacía rato que habían terminado de leer el ejemplar de Pepito. Scorpius había abierto los ojos como platos al verlo, asombrado de que lo tuviera. Habían pasado una hora leyéndolo, primero peleándose para ver quién lo sostenía, luego decidiendo quien leía en voz alta y finalmente discutiendo qué dulce era mejor para acompañar el momento. Al final habían optado por varios, y por leer juntos y en silencio, pegados en el sofá y sólo compartiendo comentarios y risas. 
Luego de eso ninguno tenía sueño, sobre todo Scorpius que había dormido una siesta de tres horas por la tarde luego de su noche en vela. Así que se habían quedado comentando sobre el autor, y finalmente Rose había tomado su novela y el rubio otro libro, y allí estaban, cada uno sumido en su lectura.
Sin embargo, el rubio se distraía cada tanto porque la Gryffindor pegaba saltitos de miedo en el sofá y soltaba algún gritito, sacándole la concentración. Scorpius volvió a rodar los ojos y dejó el libro a un lado, dándose por vencido.
-Rose- llamó, pero la chica seguía con los ojos pegados al libro.
El slytherin suspiró y le tocó el hombro para llamar su atención, logrando que la pelirroja gritara esta vez más fuerte y soltará el libro, asustada.
-¡Estás loco!- le dijo, al darse cuenta que sólo había sido él-. Casi me infarto.
Se llevó una mano al pecho, intentando serenarse. Scorpius alzó una ceja, cruzándose de brazos.
-No es mi culpa que seas tan asustadiza. Deja de leer eso- replicó, señalando la novela tirada a sus pies.
Rose la tomó y la dejó a un lado, más tranquila.
-Tú no entiendes. Me da miedo pero a la vez genera adrenalina, es una sensación genial- explicó, abrazando un almohadón. 
-Pues más bien pareces sufrir- respondió el rubio, sonriendo burlón.
-Cállate.
De pronto, un haz de luz plateada apareció frente a ambos, tomando la forma de un lince, aunque era débil y casi no se notaba. 
" Rosie, no sé si estés despierta, pero estoy afuera. Te necesito", hablo la voz de Lorcan. 
Rose miró el Patronus con sorpresa, y enseguida una sensación pesada se apoderó de su pecho. 


Bueno, capítulo más corto pero con un par de cosillas interesantes.. Alguien quiere ir a consolar a Lorcan? XD
Nos leemos!! Gracias como siempre por el apoyo, ésta historia no existiría sin ustedes :)


« Capítulo siete Comenta este capítulo | Ir arriba Capítulo nueve »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.