Historia al azar: Una nueva guerra en Hogwarts
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Donde gustes y cuando quieras » Capítulo siete
Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Jueves 9 de Julio de 2020, 19:38
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Capítulo siete

Capítulo siete

Lily cerró los ojos, olvidando del todo dónde y con quién estaba. Lorcan iba a besarla y su cerebro parecía haberse complotado con su cuerpo para que no fuera capaz de mover un músculo ni armar una idea coherente. Sus narices se rozaron y el rubio se inclinó un poco más. Y entonces, un ruido los sacó abruptamente de su realidad. 
Lily abrió los ojos y Lorcan se incorporó, dando un paso hacia atrás. Ambos giraron el rostro y vieron a Rose, mirándolos con sorpresa. A su lado, Scorpius observaba la escena desconcertado, y en el pasto, dos tarros de café estaban tirados, desparramando el líquido oscuro. 
Lily miró a su prima con asombro, y luego su rostro se transformó en un gesto de angustia al darse cuenta de la situación. Lorcan había estado a punto de besarla, y Rose había visto todo. 
-Rosie…- habló, sintiendo que le costaba encontrar la voz.
Lorcan, frente a ella, bajó la vista sin saber qué decir. El alcohol seguía presente, pero aún así era consiente de lo que estaba sucediendo. Miró a Rose con angustia, mientras Lily daba un par de pasos hacia ella.
-Rose, escucha, es un malentendido…
-Creo que es hora de volver al castillo- la interrumpió su prima, con un tono calmo.
Se agachó y sacó la varita para limpiar el café derramado. Sentía algo extraño y pesado apretándole el pecho. No era tristeza, tampoco enojo. No podía describirlo con exactitud. Solo sabía que quería salir corriendo de ahí. 
-Rose…- habló Lorcan, estirando una mano hacia ella.
La chica lo miró y sintió un deja vu. El Gryffindor había tenido el mismo gesto el día que habían peleado. Como si quisiera agarrarla pero no fuera capaz. 
-Sólo está borracho, Rosie, no sabe lo que…- dijo Lily.
-Creo que lo mejor será que lo lleves adentro. Nosotros juntamos esto- la interrumpió Scorpius, mirándola con seriedad.
Lily lo observó unos segundos, nuevamente sin palabras.
 -¿ Podrás sola con él?- le preguntó el Slytherin.
La chica soltó aire, entendiendo que de momento no podría solucionar nada ahí. Rose parecía sumergida en su mundo interno y ella tenía el corazón latiendo desaforado, y la cabeza hecha un desastre. Lo mejor sería irse e intentar calmarse antes de hablar con ella. Miró a Scorpius y asintió.
-Yo me ocupo, descuida- respondió, tomando a Lorcan del brazo-. Vámonos.
-Pero…Rose- protestó el Gryffindor, señalando a su amiga.
-Ahora no- dijo Lily, comenzando a caminar, intentando que no se cayera.
Lorcan no dijo más nada y la siguió, con la cabeza dando vueltas. Scorpius los observó hasta perderlos de vista, dispuesto a correr a ayudar si veía que Lily no podía, pero la pelirroja parecía estar arreglándose bien. 
El chico giró entonces para ver a Rose. La pelirroja había empezado a juntar las botellas en silencio. Tenía una expresión serena. Scorpius suspiró y se puso a ayudarla.
-Anda, será mejor que entremos rápido. Está anocheciendo- le dijo.
La pelirroja asintió pero no dijo nada, y entre los dos terminaron de ordenar y emprendieron el camino hacia la sala común. La chica tenía la mente llena de pensamientos que se enredaban unos con otros. ¿Lorcan estaba enamorado de Lily? ¿Lily de él? ¿Estaban saliendo y se lo habían ocultado?
Todas esas preguntas la mareaban, pero en realidad solo había una que prevalecía sobre el resto, haciendo ruido en sus oídos. 
¿Por qué no dolía tanto? 
Se suponía que estaba enamorada de Lorcan. Había llorado por él infinitas veces en los últimos tres años, y se molestaba muchísimo cada vez que lo veía tontear con la chica de turno. Entonces, ahora que todo era incluso peor porque el chico estaba al tanto de sus sentimientos, ¿cómo era posible que no sintiera dolor? ¿Era por Lily? 
Rose estaba acostumbrada a analizar siempre sus sentimientos, prestar atención a lo que sentía y por qué. Su madre le había enseñado que para sanar hay que primero identificar lo que duele, y cuál es la razón de ese dolor. Así había entendido que se había enamorado de su mejor amigo. 
Y ahora, que lo había visto a punto de besar a su prima, no podía decir con seguridad que ese peso en el pecho fuera dolor. Tal vez era molestia, o desconcierto. Tal vez era cansancio, porque desde su pelea con Lorcan había entendido que estaba agotada de pelear por su amor, de gastar toda su energía en él. Tal vez era resignación, cómo si hubiese entendido y aceptado cómo eran las cosas. Pero no era ese dolor agudo que parecía quebrarle el corazón en pedacitos antes.
Rose se cruzó de brazos, con los ojos miel fijos en sus zapatos, mientras seguía caminando. Y finalmente lo comprendió.
Entendió que cuando algo se rompe, es difícil volver a repararlo. Si rompes un vaso, puedes pegarlo, pero nunca va a lucir igual que al principio. Y eso era lo que sucedía con ella y Lorcan. Sus sentimientos la habían agotado tanto, que sin darse cuenta había dejado de quererlo tanto. Porque uno podía dar amor de forma incondicional, pero cuando los límites eran sobrepasados, no quedaba fuerza alguna para continuar. 
Por eso al verlos allí, a punto de besarse y sumidos en un aura de intimidad que pocas veces había visto, Rose no había sentido dolor. 
Soltó aire, cansada. Scorpius, a su lado, la miró con su habitual calma.
 -¿ Estás bien?- preguntó.
Rose alzó la vista y miró al frente.
-Lo estoy. No entiendo bien cómo, pero lo estoy- respondió con suavidad.
Scorpius la miró como si intentara descifrarla, pero no dijo más nada, y continuaron el resto del camino en silencio.



Se miró en el espejo, corroborando que todo estuviera en su lugar. Había optado por ponerse un jean celeste claro y un suéter blanco no muy abrigado, adornado con unos sutiles volados. Miró sus Converse blancas, indecisa. ¿Debería ponerse unos zapatos? Al instante desechó la idea. Estaría más cómoda en zapatillas, y tampoco necesitaba arreglarse tanto. Tomo un listón negro y se hizo una media cola, dejando caer sus ondas rojo oscuro hasta la cintura. Mientras se ponía perfume, recordó la cena del día anterior. 
Luego del incidente con Lily y Lorcan, se había bañado y había puesto toda su concentración en terminar el artículo, cosa que había logrado distraerla bastante. Luego había bajado a cenar, un poco intranquila ante la perspectiva de cruzárselos. No tenía ganas de hablar con su prima en ese momento, menos con Lorcan. Sólo quería comer en paz y subir a dormir. Cualquiera podría decir que Rose escapaba de los problemas en vez de enfrentarlos, y tal vez era cierto, pero nadie podía juzgarla. Mientras no tuviera energía, prefería enfocarse en su tranquilidad mental y los demás tendrían que esperar.
Para su alivio, ni Lily ni Lorcan habían aparecido por el Gran Comedor. Sin embargo, la cena había estado bastante extraña. Anne masticaba la comida en silencio, y aunque Rose había intentado sacarle conversación, la castaña solo sonreía levemente y respondía con monosílabos. Albus sólo había pasado por allí para dejarle a Hugo una revista y se había ido a la mesa de Slytherin, dónde Scorpius ya estaba comiendo. Pero eso no era lo extraño, sino que estaba más serio de lo normal y no había soltado ninguno de sus habituales chistes. Rose había observado todo con extrañeza, sintiendo como su nivel interno de preocupación aumentaba. No sólo seguía sin saber qué le pasaba a su mejor amiga, sino que ahora su primo también se comportaba raro. Suspiró, agotada, y optó por no decir nada más y concentrarse en comer y en lo que charlaban los demás. 
A mitad de la cena, para completar el extraño cuadro, Samuel Finnigan, compañero de casa, se había acercado con una sonrisa confiada, parándose al lado de Rose, que comía ensalada con cara de desconcierto.
-Oye, Rose. ¿Irás mañana a Hogsmeade?
Rose lo había mirado con su habitual sonrisa amable y le había sonreído. 
-Tal vez, no sé si haya planes- respondió, mirando al grupo de amigos y primos que la acompañaban.
Samuel había sonreído aún más y luego, para su asombro, se había inclinado un poco y le había susurrando al oído:
-Pues si tienes ganas podemos tomar una cerveza de mantequilla. 
Y Rose había aceptado casi sin problema, aunque algo extrañada por el tono íntimo del chico. Conocía a Samuel y habían hablado varias veces, siempre de forma agradable. El chico era alto y con un rostro dulce que invitaba a sonreír, y varias veces habían compartido un rato en Las Tres Escobas. Hugo decía siempre que ese chico sólo quería conquistarla, a lo que Rose resoplaba, negando. Eran buenos amigos y compañeros, y nada más. ¿O no? Samuel nunca daba señales de nada más, aunque siempre la invitaba a Hogsmeade y solía buscar momentos para hablar con ella. Y ciertamente, la manera en que la había invitado la noche anterior era más propia de alguien que intenta conquistar. 
Rose suspiró y se sentó en la cama, pensando. Se había quedado algo incómoda ante esa invitación, así que antes de irse le había dicho a Samuel que iría a Hogsmeade y si se encontraban podrían tomar algo. De esa forma no era una cita obligada, solo iría si tenía ganas y se daba la situación. 
Sonrió levemente, más animada, y se colgó una cartera pequeña color negro. Luego salió de su habitación y bajo las escaleras. No había hecho planes con sus amigos, porque Anne había dicho que no iría, aunque Rose había insistido. Hugo iría con Lena, así que de momento no era una opción, y Lysander le había dicho que tal vez iba pero aún tenía que terminar deberes. A Albus directamente no había podido encontrarlo. Suspiró mientras bajaba los escalones. Le hubiera gustado que todo fuera como siempre, y pudieran ir todos juntos a Hogsmeade como solían hacer. Pero las cosas estaban extrañas.
Rose había decidido ir de todas formas, para aprovechar y comprar algunas cosas. Luego si se encontraba con Sam tal vez aceptaba esa cerveza. No le vendría mal un poco de compañía.

Scorpius golpeaba los dedos contra la mesa con suavidad, sentado en una de las sillas. Con la otra mano se rascaba la oreja, cómo hacía cada vez que pensaba algo. Tenía los ojos azules perdidos en algún punto de la pared, recordando lo sucedido hacia un rato en el desayuno.
Estaba tomando su café con tranquilidad, cuando Hugo Weasley se había sentado a su lado, provocando miradas de sorpresa en todos los Slytherins presentes. 

" -Tenemos un problema.
Scorpius alzó una ceja, interrogante.
 -¿ Qué?- le preguntó, untando mermelada en una tostada.
Hugo lo miró mientras pelaba una banana.
-Rose tiene una cita- le dijo, dando un mordisco a la fruta.
Scorpius se quedó con la tostada a mitad de camino, y lo miró con desconcierto.
 -¿Cita?- repitió, sorprendido.
¿Qué cita? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Quién? Si la había visto el día anterior y no le había dicho nada. Claro que Rose no tenía por qué contarle todo, pero aún así era extraño. Hugo tragó la banana y suspiró.
-El idiota de Finnigan, que por cierto me cae pésimo, la invitó anoche a tomar una cerveza hoy en Hogsmeade. Rose dijo que tal vez iría. Es decir- dio otro mordisco-. No es una cita propiamente dicha, pero aún así.
Scorpius frunció el ceño, y se quedó unos segundos en silencio. Luego miró a Hugo con serenidad.
 -¿ Y cuál es el problema?
El Gryffindor resopló.
-Que no me cae bien, no quiero que Rose salga con él. Se hace el santo pero sólo quiere conquistarla, le vengo siguiendo los pasos. 
El rubio dio un sorbo al café, aparentemente calmo.
 -¿ Y yo que tengo que ver?
Hugo rodó los ojos, tragando otro pedazo de banana.
-Tienes que impedir que vaya.
Scorpius alzó una ceja.
 -¿ Por qué yo?
 - Porque también es asunto tuyo.
 -No lo es - contradijo el rubio.
 - Sí lo es.
 - Que no.
Hugo bufó.
-Oye, solo impide que vaya. Hazme ese favor".

Scorpius suspiró, confundido. Luego de eso, Hugo se había ido, sonriéndole con cierta burla. 
Y ahora allí estaba, como un potus, analizando la situación. Sentía una molestia interna desde su conversación con el Gryffindor. ¿Cómo pasaba Rose de llorar por Scamander a salir con un idiota? Bueno, él no lo conocía, pero si Hugo decía que le caía mal pues debía ser un bobo. Si bien había dicho que no era su asunto, una vocecita le susurraba en el oído que no era cierto. Extrañamente se parecía mucho a la voz de Albus. Suspiró, pensando. ¿Acaso estaba molesto porque Rose tenía una cita? La chica y él solo eran compañeros y tal vez amigos, nada más. ¿Desde cuándo era sobreprotector? "Admítelo, no es sobreprotección, son celos", volvió a susurrar la voz, provocando que el rubio frunciera el ceño. ¿Celos? Era la primera vez que esa palabra aparecía en su cabeza. 
Unos pasos en las escaleras lo sacaron de su reflexión, y Scorpius clavó sus ojos en Rose, que acababa de hacer aparición. La pelirroja no pareció verlo, y caminó hacia la salida.
-¿Adónde vas?- habló el Slytherin.
A la mierda. No importaba qué le pasaba, no pensaba dejar que Rose fuera. Luego tendría tiempo de pensar. La chica se giró algo sorprendida y sonrió al verlo.
-Hola, no te vi- saludó, acercándose un par de pasos-. Voy a Hogsmeade.
Scorpius asintió.
-No puedes- dijo, mirándola con calma y cara de póquer.
Rose frunció el ceño.
 -¿ Y por qué no?- pregunto, cruzándose de brazos.
El rubio levanto una mano y señaló la mesita que se ubicaba en el centro, rodeada por los sofás.
-Ese desorden está ahí hace dos días. Dijimos que mantendríamos el orden.
Rose frunció más el ceño, observando el lío de pergaminos, plumas y libros que ciertamente había dejado ella la última vez. 
-Oh, bueno, eso se ordena rápido. No se preocupe, su señoría, lo ordeno y me voy- dijo, mirándolo con burla.
Scorpius frunció el ceño, dándose cuenta que esa estrategia en verdad era tonta porque no iba a retenerla mucho tiempo. Rose caminó hacia la mesita y se puso a acomodar las cosas, mientras el rubio se enderezaba en la silla, pensando. Sonrió levemente cuando una idea nueva se prendió en su cabeza. Aprovechando que la chica estaba de espaldas, sacó la varita y en silencio, apuntó a la puerta del baño, agradeciendo que sabía hacer hechizos no verbales. Rose, ajena a todo, terminó de ordenar y sonrió satisfecha. Se giró y realizó una pequeña reverencia mirando a Scorpius.
-Listo, amo. Ahora sí, adiós.
Camino hacia la puerta, pero la voz del rubio la detuvo otra vez.
-Rose.
-¿ Sí?- preguntó, algo molesta.
Scorpius se puso de pie y le señaló el baño.
-Creo que tenemos un problema.
La pelirroja lo miró molesta, y se acercó.
 -¿Qué problema?- dijo, pero entonces miró hacia el baño y algo llamó su atención.
Por debajo de la puerta cerrada, un charco enorme de agua se extendía hacia afuera. Rose frunció el ceño.
 -¿Pero qué…?
 - Iré a ver- la interrumpió el Slytherin, caminando hacia ahí.
Suspiró, sabiendo que estaba por empaparse, pero no le importó. Abrió la puerta y entonces, una torrente de agua salió del baño, mojándolo hasta las rodillas y empapando la mitad de la sala. Rose chilló sorprendida y corrió hacia allí.
-Demonios- murmuró Scorpius, poniendo cara de sorpresa.
-¿Qué ha pasado?- pregunto la chica, mirando el baño inundado y el agua que le tapaba los tobillos.
-No tengo idea- mintió el rubio-. Ha debido romperse un caño. 
Rose se llevó una mano a la frente.
-Es un desastre… ¡Se ha mojado toda la sala!
Levanto un almohadón chorreando agua del suelo con consternación.
-Descuida, para algo tenemos la magia. Ayúdame- le dijo, sacando la varita.
Entre los dos conjuraron un par de hechizos, haciendo desaparecer el agua y secando todo. Rose entró al baño, buscando el origen de la inundación, pero no encontró nada.
 -¿ De dónde vino?- murmuró, extrañada.
 - ¿Sabes qué pienso?
La pelirroja se giró y miró a Scorpius, que observaba todo apoyado en el marco de la puerta.
-Debe ser alguna broma de Pevees. Ya sabes que te tiene manía.
Rose resopló.
-No me tiene manía, molesta a todos por igual- miró alrededor-. ¿En verdad crees que fue él? ¿Cómo hizo para meterse aquí?
-Es un Polgerstein, no le resulta difícil.
La chica suspiró y se secó las zapatillas, que aún tenía empapadas.
-Pues ya está. Espero que haya sido la única bromita- refunfuñó, acomodándose el pelo. 
Luego caminó fuera del baño, pasando de largo a Scorpius.
-Ahora sí me voy.
El rubio resopló y corrió hacia ella, tomándola del suéter con suavidad para detenerla.
-Espera.
-¿Ahora qué?- dijo Rose, molesta.
Scorpius sonrió con inocencia.
-Voy contigo.
-¿Ah?- dijo la chica, extrañada. 
Scorpius estaba actuando muy raro ese día.
-Que voy contigo. Tengo que comprar plumas y un par de cosas. Le iba a pedir a Albus que me acompañe pero no lo pude hallar. 
Rose lo miró con desconcierto.
 -¿ Tú tampoco lo encontraste? Está raro desde ayer, no sé qué le pasa.
El chico asintió, cruzándose de brazos. 
-Lo sé, intentaré hablar con él luego. 
Se miraron unos segundos, hasta que Rose asintió.
-Está bien, vamos. 
Scorpius esbozo una sonrisa de victoria cuando ella se giró, y ambos salieron de la sala común. Rose lo miraba con curiosidad, aún pensando que estaba actuando de forma extraña. ¿Es que todo el mundo había enloquecido o qué? Suspiró. Al menos tendría algo de compañía después de todo. 
Afuera, el clima era bastante agradable aunque fresco. Hogsmeade estaba repleto de alumnos que paseaban alegres, llenando las calles y las tiendas. 
Rose y Scorpius caminaban en silencio. La chica le lanzaba miradas al rubio cada cinco minutos, aún un poco extrañada por su comportamiento. Además sentía los cuchicheos de los estudiantes que pasaban a su lado, asombrados de ver a una Weasley y un Malfoy paseando juntos por la aldea. Si bien con los años los prejuicios derivados de la guerra se habían disuelto bastante, aún quedaba gente que cargaba a la nueva generación con un peso del pasado. Además, Rose y Scorpius no habían sido nunca cercanos, por lo que resultaba aún más extraño. Suspiró. Lo mejor sería ignorar todo. Ella jamás se había dejado influenciar por las habladurías, y a fin de cuentas la compañía del rubio era agradable, así que decidió no hacerse más problema y disfrutar la tarde.
Primero fueron a comprar las plumas de Scorpius, y Rose lo gasto por media hora al salir del local porque el chico había comprado tres plumas idénticas en azul.
-¿Para qué quieres tres plumas del mismo color?- se rió la pelirroja.
-Es mi color favorito- respondió el rubio, fulminándola con la mirada.
Luego habían ido a Honeydukes, dónde se habían atiborrado de dulces variados para llenar el armario de la sala común, que ya estaba escaseando.
-Culpa tuya que tienes problemas con el azúcar- la acusó Scorpius, aprovechando para vengarse.
Rose le pegó con la bolsa mientras el rubio reía divertido. La pelirroja volvió a tener esa sensación agradable que le venía cuando lo veía reírse así, tan suelto. Scorpius era siempre tan sereno que hasta sonreía con gestos de medio lado y sin mucho escándalo. Por lo que verlo en una pose más natural era algo cálido y Rose siempre se terminaba contagiando la risa. 
Finalmente terminaron en la librería, a pedido de la pelirroja, que quería comprar alguna novela nueva. Para variar, eligió una de terror. De solo ver la tapa ya tenía miedo, pero sonrió contenta mientras pagaba. Scorpius se acercó a la caja y apoyo sobre el mostrador dos revistas que la chica reconoció enseguida.  
-¿Te gustan los cómics de Pipito?- preguntó, sorprendida. 
Scorpius asintió, pagándole a la empleada.
-Los leo desde que era pequeño. ¿Tú también?
Rose sonrió y asintió.
-Es mi favorito, mi padre me los leía siempre antes de dormir y ahora de grande sigo manteniendo esa costumbre. Me ayuda a dormirme de buen humor.
Pipito era un personaje creado por un autor mago, un hombrecito que vivía metiéndose en problemas y sacaba carcajadas hasta al más serio. Era el primer relato mágico que se contaba en forma de comic y tenía fans en todo el mundo y de todas las edades. 
Rose sonrió mientras salían de la librería. Parecía que tenía más cosas en común con Scorpius de lo que creía, y por un momento pensó que si hubiesen empezado a hablar en primer año tal vez serían mejores amigos.
 El rubio miró su reloj de pulsera y vio que ya eran las cinco de la tarde. Se había pasado rápido el tiempo. Miró a Rose y sonrió levemente.
 -Vamos a tomar algo- le dijo, empezando a caminar hacia Las Tres Escobas.
Rose lo siguió, aún sonriendo. Cuando entraron al lugar, casi todas las mesas estaban ocupadas, pero pudieron encontrar una libre contra la ventana. Se sentaron rápido y dejaron las bolsas a un costado.
Julie, la joven hija de Madame Rosmerta, se acercó a ellos con un delantal violeta y su sonrisa amable. 
-Hola, bonitos. ¿Qué les sirvo?- saludó.
-Una cerveza de mantequilla- pidió Rose.
-Lo mismo- dijo Scorpius, sonriéndole a la moza.
La chica se sonrojó un poco y asintió, retirándose. Rose alzó una ceja divertida.
-Deja de avergonzar a la pobre Julie. Además es mayor que tú- se burló.
Scorpius la miró confundido.
-¿Avergonzar?
La pelirroja asintió.
-Le sonreíste con esa cara que tienes y casi se le prenden fuego las mejillas.
El rubio pestañeo un par de veces y finalmente sonrió, mirando a la pelirroja.
-¿Estás diciendo que soy guapo?- preguntó, apoyándose en el respaldo de la silla.
Rose se sonrojó levemente, pero lo disimuló muy bien con una sonrisa burlona.
-Lo eres, no es una novedad. Pero tampoco te lo creas- respondió, encogiéndose de hombros.
Scorpius ensanchó su sonrisa, algo sorprendido de que la chica admitiera que le parecía guapo con tanta liviandad.
La joven volvió y apoyó las cervezas en la mesa, mirando al rubio de reojo.
-Gracias, Julie- agradeció Rose, sonriéndole con amabilidad.
La morena sonrió y se retiró. Rose abrió la cerveza mientras Scorpius aún la observaba divertido.
-Ya déjalo- resopló la chica, bebiendo un trago-. Eres insoportable. Sí, eres guapo, no significa que vaya a casarme contigo.
El rubio abrió la cerveza, sin cambiar su expresión. Rose rodó los ojos y paseo la mirada por el local, ignorándolo. Fue ahí cuando vio a Samuel Finnigan entrar al bar con un par de amigos, y de pronto recordó la invitación del chico. Se había olvidado por completo. Bueno, técnicamente habían quedado en juntarse si se cruzaban, así que no tenía obligación de acordarse. 
El Gryffindor la vio nada mas entrar, y la saludó con la mano y una sonrisa. Rose le devolvió el saludo, y Samuel camino hacia ella. Pero a mitad de camino se detuvo, notando que la pelirroja no estaba sola.
Scorpius, que había visto todo, miró al chico con una seriedad apabullante. Samuel titubeó un segundo y luego siguió caminando hasta estar al lado de Rose.
-Hey, viniste- saludó.
La chica asintió.
-Tenía que comprar algunas cosas- miró a Scorpius y le sorprendió verlo tan serio-. Mm… No sé si se conocen. Scorpius, él es Samuel. 
 El Gryffindor sonrió apenas, mirando al rubio con algo de altanería. Scorpius sólo hizo un movimiento con la cabeza a modo de saludo.
-Bueno, si te aburres o tienes tiempo la invitación sigue en pie. Estaré por allí- le dijo a Rose.
El Slytherin alzó una ceja. Hugo tenía razón, ese chico era un idiota. Rose solo sonrió, incómoda.
-Tal vez otro día, Sam. Tenemos que volver temprano porque hay reunión de prefectos y premios anuales. 
Bueno, en realidad la reunión era bastante tarde, por lo que si quisiera podría quedarse. Pero no tenía ganas. Sam le caía bien, pero sentía que estaba coqueteando con ella y en ese momento no tenía cabeza para fijarse en otro chico. 
El Gryffindor asintió, algo desilusionado, pero le sonrió.
-Descuida, aún quedan muchos sábados en Hogsmeade. Hasta luego.
Le dedicó una última mirada a Scorpius y se fue. Rose soltó aire y bebió otro trago de cerveza. 
 -¿De qué te ríes?- pregunto al ver que el rubio jugueteaba con la botella con una media sonrisa.
El rubio dio un trago y se encogió de hombros.
-De nada.



Tomó el bate y lanzó la bludguer con fuerza, mandándola lejos. Le dolía el brazo de tanto batear, pero no le importaba. Había pasado toda la tarde de sábado en el campo de Quidditch, solo. Siempre que necesitaba descargar energías iba allí, porque sentía que en cada golpe liberaba el malestar que tenía dentro.
Soltó el bate y se tiró en el pasto, mirando al cielo, agotado. Los recuerdos de la tarde anterior le daban vuelta en la cabeza. ¿Había estado a punto de besar a Lily?
Lorcan entendía poco en esos momentos de su vida. Podría echarle la culpa al alcohol, y a su estupidez, porque en vez de mantenerse sereno e intentar arreglar su amistad con Rose, se había emborrachado. "Ni siquiera pareces un Gryffindor", le susurró una voz en su cabeza.
No sabía por qué lo había hecho, tal vez porque el alcohol solía aligerar cualquier ambiente, y quería poder sentirse como antes, cuando él y su mejor amiga compartían tiempo sin tensión ni preocupaciones. Ahora entendía que no había sido la decisión más inteligente, porque solo había generado más incomodidad. 
Y para colmo, había intentado besar a Lily. 
Pese a que estaba bajo los efectos del alcohol, Lorcan recordaba perfectamente ese momento. Sabía que detrás de los chistes idiotas que estaba contando, estaba angustiado y sólo quería que aquello terminara. Por eso cuando Rose se había ido con Scorpius a las cocinas había sentido cierto alivio mezclado con la decepción de saber que no había podido avanzar nada con ella. Y luego había visto a Lily a su lado, con esa belleza aniñada que tenía, mirándolo como si quisiera ayudarlo pero no supiera cómo, y a la vez reprochandole su actitud infantil.
No sabía bien que había pasado por su cabeza en ese momento. Solo sabía que la había visto allí, frente a él, y se le había nublado la mente. No quería recibir de ella esa mirada, solo quería hacer desaparecer esa expresión. Se había acercado sin titubear ni un poco, hasta sentir su cercanía y ese aroma dulce que Lily desprendía desde que era pequeña. Gran parte de los recuerdos de Lorcan tenían ese aroma dando vueltas.
Tal vez si hubiese estado sobrio no habría hecho semejante cosa. Estaba seguro que no. Pero en ese momento sólo quería tenerla cerca, besarla hasta olvidarse de todo y sentir que nada pasaba y que solo estaban los dos ahí, cómo cuando eran pequeños y le robaba los muñecos.
Ahora, acostado en medio del campo de Quidditch, se arrepentía de lo sucedido. Había vuelto a lastimar a Rose sin quererlo, y las cosas con Lily ahora eran complicadas. No había vuelto a hablar con ella, de hecho no la había visto en todo el día. Sabía que tenía solución, podía adjudicar todo al alcohol y disculparse. No quería perderla a ella también. En cuanto a Rose, sentía que cada vez se alejaba más en vez de acercarse. Con ella sí que no sabía cómo actuar. 
Tuvo ganas de gritar, pero se contuvo. Lorcan siempre se contenía. Detrás de esa imagen alegre y despreocupada que tenía siempre, escondía cualquier sentimiento negativo que pudiera tener. Odiaba pararse en el lugar de víctima, era algo que él y Rose compartían. Por eso estaba harto de estar en esa situación, sintiéndose mal y sin saber cómo resolverlo.
 -¿Ya terminaste de descargar tu furia?
El rubio se incorporó y giró la cabeza, encontrándose a Lysander parado detrás suyo, mirándolo con una sonrisa burlona. 
-Eso creo- respondió, devolviéndole el gesto.
Su gemelo se sentó a su lado, mirando al frente. 
-Mañana es el cumpleaños de Albus. Creo que va a hacer algo en la sala de los menesteres.
Lorcan frunció levemente el ceño.
-¿No va a festejar con Rose como todos los años?
Los dos primos cumplían años con una semana de diferencia, por lo que solían hacer una reunión conjunta. Lysander negó con la cabeza.
-Este año decidieron hacerlo por separado ya que cumplen la mayoría de edad. Albus dice que es un número importante y no quiere que Rosie le quite protagonismo- respondió, divertido.
Lorcan sonrió. Eso era bastante propio de su amigo. 
-Está bien, luego le preguntaré a qué hora hay que ir y en qué puedo ayudar.
Lysander lo miró y sonrió.
-Ese es mi gemelo. Por un momento creí que no irías.
El Gryffindor alzó una ceja.
-¿Por qué no?
Su hermano se encogió de hombros.
-No lo sé, por Rose tal vez…está todo raro en el grupo desde que se pelearon.
Lorcan bajó la vista. Su hermano tenía razón, desde que él y la pelirroja estaban distanciados, el grupo de amigos no era el mismo. Siempre habían sido muy unidos todos, pero esa vez era como si el hueco que ocupaban él y su mejor amiga hubiese generado que cada uno estuviera en puntos diferentes. Se sintió mal.
-Tengo que arreglar esto - murmuró.
Lysander le pegó en la cabeza.
-Ya era hora. 
Lorcan lo fulminó con la mirada por el golpe, pero después sonrió levemente. 
Había tomado la decisión. Tenía que encontrar la manera de recuperar a su mejor amiga de una vez por todas, y dejarse de estupideces. Ni Lily ni nadie podían solucionarlo por él. En cuanto a ésta última, hablaría con ella lo antes posible. Tenía que aclarar lo sucedido. Le echaría la culpa a la cerveza y ya está, de esa forma no habría incomodidad entre ambos.
La voz en su cabeza volvió a susurrarle. "Bien sabes tú qué la cerveza no tiene toda la culpa". Pero Lorcan la ignoró. 


Ese domingo, Rose bajó las escaleras desde su habitación bostezando. Eran las nueve y media de la mañana, y no podía decir que había dormido mal, pero le hubiese gustado quedarse un rato más en la cama. Sin embargo, ese día su primo cumplía años, así que habían quedado en desayunar todos juntos para terminar de organizar el festejo que harían por la tarde. Lo había notado muy serio y raro esos últimos dos días, pero no había podido hablar con él, así que esperaba que estuviera bien y pudiera festejar con su alegría habitual.
-Te va a entrar una mosca si bostezas así.
La chica miró a Scorpius, que estaba parado en medio de la sala.
-Buen día para tí también. ¿Qué haces ahí?- saludó, estirándose.
El rubio pareció recordar lo que estaba haciendo, y se puso a levantar los almohadones del sofá.
-No encuentro el regalo de Albus. ¿De casualidad no lo viste? Es un paquete azul.
Rose se acercó y lo miró burlona.
-No lo ví, pero espero que no esté bajo los almohadones o no habrá sobrevivido. Siempre estamos ahí sentados.
Scorpius la miró con seriedad y Rose rodó los ojos.
-¿Te levantaste chistosa?
-Oh, vamos, no seas gruñón. Es domingo- miró alrededor a ver si veía el paquete-. ¿No recuerdas dónde lo pusiste?
El rubio negó con la cabeza, mirando bajo el sofá.
-Lo compré hace dos semanas, y lo tenía en el baúl, pero cuando me mudé aquí puede haberse perdido en el montón de cosas que traje.
 Rose bostezó de nuevo, sentándose en el sofá.
 -¿ Y tú habitación?
 - Ya lo busque ahí. No puede haberse perdido, es un paquete grande- dijo, poniéndose de pie.
Se rascó la oreja, pensando. Rose suspiró.
-Te ayudaré a buscarlo, aunque me ruge el estómago de hambre y tengo que ir a organizar lo que falta para esta tarde. Que buena persona soy- dijo, poniéndose a buscar el dichoso paquete.
Scorpius alzó una ceja. 
 -¿ Gracias?- respondió, irónico.
Rose recorrió la sala, abriendo puertas y cajones, mientras Scorpius subía de nuevo a su habitación para buscar otra vez. La pelirroja se metió en el baño, aunque era poco probable que el paquete estuviera ahí, pero quién sabía. 
-¡¿Seguro no lo dejaste en tu antigua habitación?!- le gritó a Scorpius, mientras buscaba entre las toallas del armario.
-¡No!-respondió el chico desde arriba.
Rose resopló. ¿No estaba seguro o no estaba allí? Se giró con las manos en la cintura, pensando. Ciertamente era una estupidez pensar que el regalo podía estar entre los objetos del baño, pero ella solía dejar las cosas en lados insólitos, así que Scorpius bien podía ser igual. 
Se agachó y abrió uno de los cajones del mueble. Allí, una espuma de afeitar junto a un frasco de perfume y un peine llenaban parte del espacio. Rose titubeó. Ese era el cajón de Scorpius, no se sentía muy cómoda metiendo la mano. Pero finalmente se encogió de hombros. Tenía un hermano y no iba a encontrar nada que no hubiese visto ya, sólo eran objetos de baño. Levantó una pila pequeña de toallas de mano, buscando el paquete, y entonces su mano dio con algo duro y pequeño. Rose lo sacó, pensando que tal vez lo había encontrado, y entonces se topó con una cajita negra adornada con algunas letras en dorado. La miró unos segundos, curiosa, hasta que leyó la inscripción en la parte inferior.
"Preservativos ultra lubricados".
Rose pestañeó un par de veces, procesando la información, hasta que reaccionó.
 -¡Ahhhhhhh!- chilló, soltando la cajita.
Scorpius bajó corriendo al escuchar el grito, alarmado. Se metió en el baño y miró a Rose, que estaba agachada frente al mueble del lavabo con cara de susto.
 -¿Qué pasó?- preguntó, mirando hacia todos lados.
La pelirroja lo observó y el rubio se dio cuenta que estaba colorada como un tomate. Frunció el ceño, extrañado.
-Rose, ¿qué…
-Lo siento, lo siento. No quise. No es que sea una pervertida, no quería invadir tu intimidad, sólo buscaba el estúpido paquete y sin querer agarré eso, yo…
-Cálmate- la frenó el rubio.
Rose cerró los ojos y se puso de pie, avergonzada. ¿Cómo era posible que siempre terminara en situaciones incómodas con ese chico? 
 -¿ De qué hablas?- pregunto Scorpius, acercándose.
La chica suspiró y señaló el cajón abierto, dónde la cajita de preservativos reposaba tirada sobre las toallas. Scorpius abrió los ojos con sorpresa al verla, y muy a su pesar sintió cómo se sonrojaba levemente. 
 -¿Tú…?- la miró-. Tú… ¡No se revisan los cajones ajenos, Weasley! 
Rose resopló.
-¡Lo siento! Ya te dije, sólo buscaba el regalo, no creí que tuvieras eso ahí- le dijo, enfadada-. ¿No tienes otro sitio para guardarlos? ¡El cajón de la mesa de luz, tal vez! ¡Es más práctico!
Scorpius abrió la boca, buscando que responder. 
-Pues dónde los guardo no es asunto tuyo- le dijo entre dientes.
Cerró el cajón de un golpe, avergonzado. Su padre había aparecido ese verano con la dichosa cajita, diciéndole que ya estaba en edad de divertirse pero que no quería nietos tan pronto, así que se la había dado a un colorado Scorpius, que lo había echado de su habitación enfadado. Ciertamente no iba a llevarlos a Hogwarts, pero había terminado guardándolos. Y los tenía en el baño porque de momento no los usaba y le ponía incómodo tenerlos a la vista. Suspiró, cansado.
-No toques mis cosas.
Rose bufó de nuevo. 
-Ya, lo siento.
Luego carraspeó y fiel a su costumbre, decidió cortar la incomodidad haciéndose la tonta.
 -Oye- dijo, saliendo del baño.
Scorpius la siguió en silencio.
 -Si tienes planes en algún momento avísame. No quiero dormir aquí si estás haciendo cosas raras- continuó, sonriendo con diversión.
Al menos no iba a ser la única incómoda. Scorpius se detuvo y la fulminó con la mirada.
-Oh, descuida, te avisaré antes. Incluso puedes unirte algún día si estás aburrida- retruco.
Rose se giró y le lanzó un almohadón, colorada.
-Mejor vamos a desayunar. Ya aparecerá el bendito regalo- murmuró, encaminándose a la salida.
Scorpius sonrió divertido y victorioso, y ambos salieron de la sala en silencio. 
Caminaron sin mirarse, aún avergonzados. Cuando estaban cerca de la entrada al comedor, Albus hizo aparición desde uno de los pasillos. Rose sonrió con cariño, y estaba a punto de gritarle un feliz cumpleaños, cuando algo llamó su atención. Su primo iba de la mano con una chica. Pero no era cualquier chica. Era Anne.
Rose se frenó, mirando la escena con sorpresa. Scorpius, a su lado, los miraba con una ceja alzada.
 -¿ Desde cuándo esos dos…?- preguntó.
La pelirroja abrió la boca, anonadada. ¿Albus y Anne? 
 -¡Oye, tú, el moreno!- llamó Scorpius, sacándola del estupor.
Albus se giró al oír la voz de su amigo, y sonrió ampliamente al verlos. Se acercó a ellos aún con Anne de la mano. La castaña miraba a su amiga, algo avergonzada. Rose iba a matarla. La chica seguía abriendo y cerrando la boca, sin saber qué decir.
-Hola, bellezas- saludo el Gryffindor, cómo si nada.
Scorpius lo miró burlón.
-Feliz cumpleaños. Veo que ya recibiste regalos- se burló, señalando las manos entrelazadas.
El moreno miró a Anne, sonriente.
-Es una pequeña novedad que iba a contarles ahora.
Rose, que por fin parecía reaccionar, frunció el ceño.
 -¿Pequeña?
Anne suspiró.
-Rosie, lo siento, se qué no te conté nada. Es que es complicado, yo…
-¿Complicado? Solo era contarme que te gustaba mi primo y que están saliendo- reprochó, cruzándose de brazos.
Anne le sonrió con cara de inocente.
-Lo sé, lo sé…es una historia larga. Y sólo estamos juntos desde ayer, por eso no dije nada. 
-No te enfades, Rosie- acotó Albus.
La pelirroja resopló.
-Par de malos amigos. Ya verán- refunfuñó.
Scorpius rodó los ojos.
-Ya déjalos. Deberías estar feliz por ellos- dijo, palmeando la espalda de Albus.
El chico asintió, sonriente, mientras Anne se soltaba de su mano y abrazaba a su amiga por los hombros.
-Prometo contarte todo luego. ¿Me perdonas?
Rose suspiró, pero finalmente sonrió divertida. No estaba enfadada, sólo sorprendida. Ahora entendía por qué Anne y Albus habían estado extraños esos últimos días. ¿Sería por eso que lloraba su amiga la otra vez? Ya hablaría con ambos.
-Vaya con ustedes dos, se lo tenían guardadito- dijo.
Luego se acercó a su primo y le pellizco la mejilla con maldad.
-Feliz cumpleaños, tonto- le dijo, sonriendo.
Albus se soltó y se escondió atrás de Scorpius.
-Gracias, gracias. Ahora vamos a comer que muero de hambre. ¡Es mi cumpleaños, no me hagan esperar!- dijo.
Los tres chicos rodaron los ojos, acostumbrados a esas salidas teatrales, y se encaminaron al comedor. 
-Scorpius, hoy desayunas con nosotros- lo obligó Albus, pasándole un brazo por los hombros.
-Abraza a tu novia- se burló el rubio, soltándose.
El moreno le revolvió el pelo, divertido, mientras Anne miraba a Rose con curiosidad.
 -¿ Por qué estás tan roja?
Scorpius sonrió dedicándole una mirada de burla, y Rose lo fulminó con la mirada.
-No es nada. Caminen- respondió, pasando de largo al rubio.
En la mesa de Gryffindor, Hugo y Lena desayunaban junto a Lily, que sonrió al ver a su hermano. Sin embargo, su sonrisa se atenuó un poco cuando vio que Rose venía detrás.
-¡Albusin! ¡Feliz cumpleaños!- gritó Hugo, tirándose encima del moreno.
Rose se sentó junto a Anne, dedicándole a Lily una sonrisa leve, aunque no dijo nada. Scorpius, algo reticente, tomó asiento a su lado. Si bien era amigo de Albus desde siempre y solía estar en los festejos de cumpleaños, no interactuaba tanto con su familia y amigos. Sin embargo ese año era diferente, porque Rose y Hugo se habían sumado, así que no resultaba tan incómodo. 
-Ya déjalo desayunar- regaño Lena a Hugo, obligándolo a sentarse.
Albus le sonrió agradecido y se sentó junto a Anne. Lorcan y Lysander aún no habían aparecido, y Rose se preguntó si el rubio se sentaría con ellos. Aunque siendo el cumpleaños de su amigo probablemente lo haría. 
-Bueno, ¿cómo van los preparativos para mi celebración? - preguntó Albus, masticando una manzana.
Lily le dio un beso en la mejilla de feliz cumpleaños y siguió desayunando, mientras Hugo comenzaba a nombrar la lista de cosas que faltaban hacer. La menor de los Potter miró a Rose de reojo. Se había sorprendido al ver su sonrisa, que aunque había sido muy leve seguía siendo un gesto amigable. ¿No estaba enojada con ella? Cierto alivio le recorrió el pecho, y decidió que hablaría con su prima apenas tuvieran un tiempo solas.



Rose caminaba hacia la sala de los menesteres con un pastel de chocolate y frutas en las manos, intentando no caerse. Lila se había pasado esa vez. Más le valía hacerle una torta de cumpleaños igual de rica a ella la semana siguiente.
Se habían dividido las tareas, y a ella le había tocado la parte de la comida junto a Anne. 
Fue ahí en las cocinas cuando Rose la obligó a contarle con lujo de detalle lo sucedido con Albus. 

"-Siento mucho no habértelo dicho- repitió la castaña, poniendo crema en unos muffins.
Rose sonrió levemente mientras acomodaba unos snaks salados en la bandeja.
-Cuéntame todo ahora y estarás perdonada.
Anne suspiró y le contó todo.
-No sé cuándo me empezó a gustar. Creo que fue el año pasado. ¿Recuerdas cuando tuvo ese accidente con la escoba y termino en la enfermería?
Rose sintió un escalofrío al recordar ese momento. Su primo se había lastimado bastante y estuvo a punto de ser trasladado a San Mungo, pero finalmente se había recuperado.
-Ese día me puse muy mal. Es decir, siempre hemos Sido amigos, era lógico en parte. Pero había algo más, no sé cómo explicarlo. Dormí a su lado en la enfermería todas las noches que estuvo allí.
Rose la miró con ternura.
-Lo sé, una vez me desperté y no estabas. Supuse al otro día por tus ojeras dónde habías estado- sonrió levemente-. Creo que en ese momento se me cruzó la idea de que sintieras algo más por él, pero no me dijiste nada así que lo deje pasar.
La castaña asintió.
-Fue ahí cuando lo supe. No sólo me resultaba atractivo físicamente, sabes que es el único capaz de molestarme cuando estoy de malas aún sabiendo mi carácter endemoniado- sonrió divertida-. Siempre me logra poner de mejor humor.
Acomodó los muffins que Hugo había cocinado en la bandeja. El chico había hecho todo, pero como se encargaba de la decoración de la sala las había dejado encargadas a ellas de terminar los últimos detalles, bajo amenaza de torturarlas si algo se estropeaba. 
-La cosa es que el primer tiempo no dije nada, ni a él ni a nadie. Sinceramente no sé por qué, sabes que siempre te cuento todo.
Miró a su amiga con disculpa, pero Rose solo se encogió de hombros, restándole importancia. 
-Supongo que esperaba que se me pase. Es mi amigo y tú sabes lo complicado que puede ser eso.
Rose rodó los ojos, divertida.
-Ni me lo digas.
Anne sonrió y continuó.
-Luego decidí no decírselo, y hacer de cuenta que no pasaba nada. Pensé que sería mejor así. Y luego…
Se quedó unos segundos en silencio, acomodando más muffins.
 -¿ Luego?- pregunto Rose, animándola a seguir.
Su amiga la miró con una sonrisa más leve.
-Luego me pidió ayuda con una tarea, así que nos juntamos en la biblioteca. Eso fue hace tres días. Lo ayude, todo como siempre…pero ese día estaba extraño, como más pensativo. Y cuando volvíamos a la sala común…de pronto sólo me arrastró de la mano hacia un aula vacía y antes de que pudiera decir algo me besó.
Rose abrió los ojos como platos.
 -¿ Así sin más?
Anne asintió.
-Creí que me iba a morir ahí. No pude evitar corresponderle…pero luego todo se volvió raro. No sabíamos cómo enfrentar eso. Cuando le pregunté por qué había hecho eso me confesó que le gusto desde cuarto.
-¿Desde cuarto?- repitió Rose, con los ojos cada vez más abiertos.
¿Cómo no se había dado cuenta de eso? O Albus era muy bueno disimulando o ella no era tan observadora como creía. 
-Así es, yo tampoco lo podía creer. Dijo que este año había decidido dejar de negarlo y arriesgarse, porque estábamos por graduarnos y además estaba harto. Oh, y que no pensaba dejar que cualquier idiota se quedara conmigo.
Sonrió divertida al recordar esas palabras.
-Pero yo…no sé, solo me asusté, Rosie. Le dije que no era lo mejor, que éramos amigos y que si fallaba nos íbamos a terminar distanciando.
Bajó la vista, algo angustiada al recordar aquella secuencia. 
-Se enojó mucho conmigo. Me dijo que era una cobarde y qué ojalá no se hubiera enamorado de mi. Fue una discusión bastante fea. Además jamás habíamos peleado más que por tonterías.
Rose asintió, comprendiendo. 
 -¿ Por eso llorabas la otra noche cuando te encontré? Y Albus estaba raro- dijo.
 - Si. Cuando me encontraste acababa de discutir con el. Fui una tonta.
La pelirroja rodeó la mesada y la abrazó con suavidad.
-Claro que no, yo puedo entender tu miedo. No es fácil enamorarte de tu amigo. Aunque el corresponda esos sentimientos, sentir miedo es lógico. 
Anne se aferró a ella, suspirando.
-Lo sé… En fin, la cosa es que ayer por la mañana me desperté y solo quise ir a buscarlo. No sé cómo explicarte, fue una revelación. Así que fui corriendo hasta la sala común de Slytherin, y me lo choque justo cuando salía. 
La chica sonrió divertida al recordar ese momento .
-Me miró como si estuviera loca cuando me pare frente a él y le pregunté si quería salir conmigo. No entendía nada.
Rose soltó una risa al imaginar la escena.
-Pero bueno, lo importante es que me perdono por ser tan boba y bueno…estamos juntos desde ayer. Pasamos toda la tarde en los jardines- dijo, algo sonrojada.
La pelirroja aplaudió un par de veces, contenta.
-La verdad, estoy sorprendida, no voy a negarlo. Jamás me di cuenta de nada. Pero entiendo perfectamente por qué no me contaste, y me alegro mucho de que estén juntos y felices. Son una pareja adorable ahora que lo pienso.
Anne la apretujo entre sus brazos, feliz.
-Gracias, Rosie. Eres la mejor.
-Bueno, bueno, ya suelta que tenemos trabajo para hacer aun- se rió la chica".

Rose sonrió al recordar la charla que había mantenido con su mejor amiga. Estaba realmente feliz por ambos. 
Pronto llegó al muro que escondía la sala de los menesteres, y se paseo frente a él visualizando el lugar donde celebrarían el cumpleaños de su primo. 
Cuando entró, vio que ya habían colgado varios globos y puesto manteles sobre un par de mesas donde irían la comida y los regalos. Allí no había nadie salvó Lily, que estaba de espaldas a ella y subida en un banquito, colgando una guirnalda.
-Menos mal que volviste, Hugo. Ayúdame con esto- dijo la chica.
Rose la observó unos segundos. Lily creía que era Hugo quien había entrado. Sin decir nada, dejo el pastel sobre la mesa y tomó otro banquito, que puso al lado de su prima para luego subirse.
Lily la miró sorprendida.
-Rosie, pensé que era Hugo. 
-Lo sé, no pasa nada. Yo lo hago- dijo, tomando la guirnalda-. Por algo soy alta.
Lily soltó el extremo de hilo que intentaba colgar y se bajó del banco. En un minuto, Rose había logrado colgar la guirnalda sin problemas.
-Envidio tu altura, ¿sabes?- dijo Lily, sonriendo levemente.
Rose le devolvió el gesto mientras se bajaba. Ciertamente, era alta para ser una chica. Cosas que había heredado de su padre.
-Lo sé. ¿Y Hugo?- preguntó, mirando alrededor.
-Fue a ayudar a los gemelos. Tenían muchas bebidas para traer.
Bajó la vista, incomoda al haber nombrado indirectamente a Lorcan. Rose solo asintió.
-Rose… 
-Todo está bien, Lily. No te preocupes.
La menor de las primas suspiró, sentándose a su lado.
-Siento que debo explicarte. No he hablado con él, pero estoy segura que sólo lo hizo porque estaba borracho. Él y yo no tenemos nada- dijo, mirándola a los ojos.
Rose se apoyó en la pared con calma.
-Está bien. En verdad.
-No, no lo esta. Se lo que sientes por él. 
La pelirroja sonrió suavemente.
-¿Sabes?- dijo, mirando al frente-. Es raro, pero cuando los vi tan cerca…fue una revelación para mí en definitiva. 
Lily la miró, sin entender. Rose suspiró, intentando poner en palabras aquello que hasta ahora solo había guardado en su cabeza.
-Creo que me sirvió para entender qué siento exactamente. Es decir…llevo queriendolo años, porque es mi mejor amigo. Me gusta desde tercero. Pero…ahora que lo pienso, no sé si es amor. Porque…cuando lo vi contigo no dolió, Lils. ¿Entiendes? No sentí dolor, sólo me sentí extraña. Y cuando lo analicé… no lo sé, tal vez sea el cansancio. He agotado todas mis energías en lo que sea que sentía por él. Y a fin de cuentas no son sentimientos correspondidos. Supongo que habérselo dicho implicó quitarme un peso de encima, y fue una manera de darle un cierre a todo esto. Quiero recuperar a mi mejor amigo y volver a la normalidad.
-Pero…sufriste mucho por él, ¿no?- pregunto Lily, confundida. 
Rose suspiró, intentando hacerse entender.
-Sí, lloraba o me enojaba cada vez que lo veía con otra chica. Pero…no lo sé, hoy creo que tal vez se me mezclo la relación tan cercana que tenemos con su atractivo. Lorcan es el chico más cercano a mí fuera de mis primos y de Hugo. Lysander no cuenta porque si bien somos amigos, no es la misma relación. Tal vez eso fue lo que me confundió.
Miró a su prima, sonriendo levemente.
-O tal vez mi amor por él terminó. Llegué a mi límite. ¿Entiendes?
La chica asintió, pensativa.
-O sea que ya no te gusta.
Rose volvió a mirar al frente.
-Creo que sí, pero no con la misma intensidad de antes. He aceptado cómo son las cosas… y si verlo contigo no dolió eso tal vez significa que no era tan intenso como yo creía, o al menos ya no lo es. Y debo confesar que me alivia.
Lily la observó, analizando la situación. Su prima, más tranquila al haber podido expresarse, le sonrió.
-Así que si te gusta y ambos sienten algo, puedes hacerlo, Lily. No soy ningún obstáculo. Quiero que ambos estén bien.
-Oye, no… no pasa nada entre él y yo. Sólo fue una confusión- replicó la chica, nerviosa.
Rose sonrió divertida.
-Está bien, cómo sea. De todas formas, yo que tú me aseguro de que fue realmente una confusión. 
Lily iba a replicar, pero la puerta se abrió y Hugo entro junto a los gemelos, cargando varias botellas. Lorcan se quedó quieto al verlas, y Lily clavó la mirada en el suelo. Rose sonrió y se puso de pie, acercándose.
-Voy a ayudarlos antes de que rompan algo- dijo, tomando una caja de manos de Lysander.
-Oh, gracias amiga mía. Estaba muriendo- respondió el Revenclaw teatralmente. 
Rose rodó los ojos mientras iba hacia la mesa para apoyar las botellas. Al pasar por al lado de Lorcan le sonrió levemente . El rubio la miró sorprendido ante ese gesto, pero no pudo decirle nada porque el resto del grupo entró en la sala trayendo más cosas. Sin embargo, una pequeña gota de esperanza de había encendido en su pecho.



Eran las ocho de la noche, y en la sala de los menesteres el ambiente era de fiesta. Habían hechizado una vieja radio muggle (regalo del abuelo Arthur a sus adorados nietos) para que sonara música de todo tipo, llenando todo el lugar y retumbando en las paredes. Por suerte de afuera no podía escucharse nada debido a otro efectivo hechizo silenciador. 
McGonagall les había dado permiso para celebrar el cumpleaños de Albus hasta la hora de la cena, y por supuesto sin bebidas alcohólicas de por medio. Neville, jefe de la casa Gryffindor y profesor de Herbologia, se había pasado por allí a mitad de la celebración para verificar que no estuvieran destruyendo el lugar o haciendo cosas indebidas. Por favor, cómo si los Weasley-Potters y compañía fueran tan desastrosos. 
Bueno, nadie podía culpar a la pobre directora, ya que la mitad de los primos, ya graduados, habían hecho estragos en su paso por el colegio. 
Albus, contento de la vida, bailaba de forma muy graciosa una canción movida de Los Beatles, su grupo favorito, junto a Anne. La hacía girar entre risas por la sala, mientras Hugo y Lysander armaban una coreo bastante ridícula subidos a unas sillas. Lily y Lena estaban sentadas, bebiendo jugo mientras observaban todo divertidas. La menor de los Potter se había encontrado varias veces lanzando miradas a Lorcan, que comía un pedazo de pastel apoyado en una de las mesas, riéndose de su hermano y su poca capacidad para el baile. Suspiró, cansada. "¿Qué estás haciendo Lilian Luna Potter? Deja ya de mirarlo", susurraba una voz en sus oídos. Lena la miró con curiosidad.
 -¿ Por qué resoplas tanto hoy?- le preguntó, bebiendo un trago.
Su amiga sonrió con inocencia, encogiéndose de hombros.
-No es nada.
Lorcan, saboreando las frutas del pastel, había decidido disfrutar del festejo sin mirar a nadie. Quería relajarse y divertirse, para quitarse la mufa que venía arrastrando las últimas semanas. Sus ojos, sin embargo, se habían desviado un par de veces hacia Lily, pero enseguida volvía la mirada a la pista. También solían posarse en Rose, que en ese momento estaba sentada en un rincón, riéndose junto a algunos amigos de Albus, entre ellos Scorpius, que tomaba algo con su habitual expresión de serenidad. 
De pronto, una canción nueva comenzó, y Rose se puso de pie, contenta. "Uptown Funk", de Bruno Mars, sonaba alto.

This hit, that ice cold
Michelle Pfeiffer, that white gold
This one for them hood girls
Them good girls straight masterpieces 

-¡Adoro ese tema! ¡Vamos a bailar!- chilló, corriendo a pista.

I'm too hot (hot damn)
Called a police and a fireman
I'm too hot (hot damn)
Make a dragon wanna retire man
I'm too hot (hot damn)
Say my name you know who I am
I'm too hot (hot damn)
And my band 'bout that money, break it down

Allí se unió a Albus, Anne, Hugo y Lena, y empezaron a realizar la coreo que habían creado hacía unos años durante un verano en La Madriguera. 

Don't believe me just watch uh

 -¡ Lily, ven!- llamó la rubia.
La chica se puso de pie y fue hacia ellos, uniéndose junto a Lysander, que también había arrastrado a Lorcan.
 
Stop, wait a minute
Fill my cup, put some liquor in it
Take a sip, sign a check
Julio, get the stretch

Scorpius observaba la escena con diversión. Tenían una coreografía perfectamente diseñada y se movían a la par, algunos con menos gracia que otros. Rose reía feliz, y el rubio sintió algo cálido al verla.
 -¡Ven acá Scorpius!- grito Albus, yendo a buscarlo.
 - Oye, no, yo no sé bailar- se quejó el Slytherin, intentando frenarse, pero su amigo lo llevaba a rastras.
 - ¡Es fácil, solo imita los pasos!- le dijo, poniéndose en su lugar.
Scorpius quedó parado entre Rose y Lena. 
 -¡Hacia allá!- le indicó, mientras todos movían las manos yendo hacia la derecha.

Uptown (woo) funk you up (come on)
Uptown funk you up (say what?)
Uptown funk you up
Uptown funk you up (come one)

Scorpius, que por obra de un milagro era bastante bueno en lo físico, aprendió la coreo enseguida y logro agarrar el ritmo, y pronto se encontró riendo divertido mientras seguía los pasos. El resto de invitados miraban la escena entre risas, aplaudiendo y alentando.
Cuando la canción terminó, el grupo apludio también y los varones se tiraron encima de Albus, cantándole el feliz cumpleaños. 
Rose sonrió contenta de ver a su primo feliz, no le había gustado nada verlo tan raro los últimos días. Luego miró a Scorpius, que reía sin problemas mientras le revolvía el pelo a su amigo. Otra vez la invadió esa sensación cálida en el pecho, cómo si algo la abrigara y la hiciera sonreír.   


Hola mis chiquillos! :)
Uff, no saben lo que me costó este cap. Tenía todas las ideas en la cabeza pero no sabía cómo plasmarlas. Las que escriben van a saber entender de qué hablo. Finalmente quedé bastante conforme, pero la última palabra la tienen ustedes! 
Es un capítulo largo y variado, con mucho Scorose. No sé preocupen que Lily y Lorcan regresan pronto! Espero se haya entendido lo que Rose siente respecto a su "enamoramiento" por su amigo, intenté ser clara, pero si no respondo preguntas en los comentarios! 
Los adoro! Gracias como siempre por el apoyo, nos leemos :)

PD: ya vieron que el baño trae varios problemitas para Rose y Scorpius verdad? XD
PD2: para los que no conozcan el tema que suena en la última escena, les dejo el link, así pueden imaginarlo mejor :)
https://youtu.be/OPf0YbXqDm0



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