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Donde gustes y cuando quieras » Capítulo seis
Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Jueves 9 de Julio de 2020, 19:38
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Capítulo seis

Capítulo seis

Rose abrió un ojo y se tapó con las sábanas hasta la cabeza al sentir los rayos tenues del sol encandilándola. Suspiró. Aún tenía sueño. Se estiró en la cama y se acurrucó, dispuesta a seguir durmiendo, cuando algo se encendió en su adormilado cerebro. ¿Por qué había tanto sol? Se destapó y tomó su despertador, tirando varias cosas de la mesita en el proceso, y miró la hora. Las diez de la mañana.
 -¡Mierda!- chilló, saltando de la cama e intentando desenredarse las sábanas.
Otra vez se había quedado dormida. Si volvía a llegar tarde a Pociones el profesor la iba a castigar por el resto del año. 
 -Eres tonta, Rose, siempre lo mismo- se regaño, mientras buscaba su uniforme y el neceser.
Miró el despertador con furia, maldiciéndolo por dentro, y salió corriendo de la habitación derecho al baño. Intentaría arreglarse un poco y llegar al menos justa de tiempo.
Con la respiración agitada y cara de loca, bajó las escaleras y corrió hacia el baño, intentando no tropezar con nada en el camino. Abrió la puerta de un sopetón y entonces se quedó congelada.
Scorpius, en calzoncillos, se secaba el pelo frente al lavabo. 
 -¡Ahhhhhh!- chillaron ambos a la vez.
Rose se tapó los ojos, soltando sus cosas, y el rubio tomó la toalla y se cubrió. 
 -¡¿Qué no sabes golpear?!- le gritó, avergonzado. 
 -¡Lo siento, lo siento, en verdad! ¡No sabía que estabas ahí!- se disculpó la pelirroja, sin atreverse a sacar las manos de sus ojos, dando saltitos en el lugar.
Scorpius bufó.
 -¡Pues ya me di cuenta, por eso se golpea antes de entrar!
 -¡Es que estaba apurada, yo…
Y entonces de pronto recordó por qué había entrado corriendo al baño. 
 -¡Mierda!- exclamó por segunda vez en el día, destapándose la cara.
 - ¡Oye, sal del baño ahora!- la acusó Scorpius, señalandola con un dedo mientras sostenía la toalla con la otra mano.
Rose lo miró y volvió a taparse lo ojos, avergonzada.
 -¡Lo siento! Necesito el baño, llego tarde, me quedé dormida, la clase de Pociones…- habló atropelladamente, volviendo a dar saltitos.
El rubio alzó una ceja.
 -Rose…
 - En verdad lo siento, no soy ninguna pervertida, lo juro. Es que solo hay un baño, no sé qué se le cruzó a McGonagall cuando armó la sala, y tengo prisa. ¡Van a expulsarme de Pociones! ¡Es el fin! ¡Estoy acab…
 - ¡Rose!- gritó Scorpius, logrando al fin que se callara.
 -¿Sí?- pregunto la pelirroja, aún tapándose los ojos.
Scorpius suspiró.
-Es domingo.
La chica se destapó la cara otra vez, y lo miró con cara de potus.
 -¿ Ah?
El rubio, harto, la giró y empezó a empujarla fuera del baño.
-Dije que hoy es domingo. No hay clases- repitió.
Rose, ya afuera, se giró y sonrió con alivio.
-¡Por los calzones de Merlín, menos mal! ¡Pensé que era lunes!- exclamó, contenta-. Con razón no sonó el despertador.
-No sé si calzones sea la palabra más adecuada en este momento- murmuró Scorpius, cubriéndose más con la toalla.
Rose pareció volver a reparar en la situación vergonzosa en la que se encontraba, y se tapó los ojos otra vez.
-Lo siento, lo siento, ya me voy. Tú termina tranquilo, yo iré arriba- dijo, comenzando a caminar.
Claro que en el proceso de llevó por delante el sofá y uno de los muebles, porque no veía nada. Scorpius rodó lo ojos.
-Mejor será que te destapes los ojos, no pienso llevarte otra vez a la enfermería. Y además ya viste todo- dijo, metiéndose de nuevo al baño y cerrando de un portazo.
La pelirroja sacó las manos, y se rasco la cabeza, avergonzada. Luego subió corriendo hacia su habitación, dispuesta a encerrarse y esconderse bajo las sábanas por el resto de su vida. No sabía cómo iba a volver a mirar a Scorpius.



 -Mermelada de tomate.
El retrato de la Señora Gorda se abrió, y Rose entró en la sala común de Gryffindor. Adentro casi no había nadie, sólo un par de alumnos esparcidos en los sillones. El clima afuera era fresco pero agradable, así que la mayoría había preferido aprovechar la tarde de domingo afuera.
La pelirroja, después se haber pasado el resto de la mañana y el mediodía encerrada en su habitación, había decidido salir muy valientemente y huir en busca de sus amigos y primos. Por suerte no se había cruzado a Scorpius en la sala. Aún estaba avergonzada por lo sucedido. Por Merlín, había visto al rubio en paños muy menores. Cada vez que lo pensaba, quería enterrar la cabeza en la tierra como un avestruz. Pero no podía, así que de momento se había escapado. 
Subió las escaleras hacia las habitaciones femeninas para ver si encontraba a Anne o a Lily. Abrió la puerta de su antigua habitación y efectivamente, encontró a su mejor amiga de espaldas, ordenando ropa en el armario. En el suelo y también de espaldas, Lily y Lena ordenaban otras cajas, muy concentradas. 
Rose sonrió divertida y cerró la puerta con cuidado, sin hacer ruido. Avanzó un par de pasos en puntas de pie y luego alzó los brazos.
 -¡Sorpresa!- gritó.
Anne pegó un grito y soltó la remera que estaba doblando, la cual voló por los aires hasta terminar en la cabeza de Lena, quien se había puesto de pie sobresaltada. Lily por su parte también había chillado del susto, y miraba a su prima con los ojos sumamente abiertos y una mano en el pecho. Rose soltó una carcajada, y las tres la fulminaron con la mirada.
-¡Rose!- se quejó Anne, tirándole un pantalón a la cabeza.
La pelirroja, que no en vano era Cazadora, lo esquivó con facilidad.
-Hubieran visto sus caras- se rió -. Lo siento, estaban tan concentradas que no me pude resistir.
Las miró con una sonrisa inocente. Anne resopló y siguió ordenando, mientras Lena se quitaba la remera de la cabeza y sonreía divertida. Lily por su parte se había acercado a su prima y le apretaba los inexistentes cachetes.
-Si serás- la regañó, aunque también parecía divertida.
Rose se soltó y se tiró en el suelo, al lado de Lena.
 -¿Qué hacen aquí encerradas con la tarde que hace afuera?- preguntó, husmeando dentro de las cajas.
Lily se acomodó a su lado y siguió ordenando.
-Estos dos angelitos se ofrecieron a ayudarme porque aún no había desempacando todo del baúl- explicó Anne, colgando un vestido-. Recuerdo que alguien había prometido hacerlo pero desde que tiene sala común propia ni asoma la nariz por aquí.
Miró a Rose con burla y la chica bufó.
-Oye, no es cierto. He estado ocupada. Además, ahora estoy aquí, ¿no?
Anne rodó los ojos.
-Ocupada esquivando a cierto rubio- murmuró.
Lily la miró unos segundos con algo de reproche. No era conveniente sacar ese tema con Rose con tanta liviandad, pero la castaña seguía ordenando como si nada. Lena alzó una ceja sin entender, y Rose frunció el ceño.
 -¿Cómo sabes que estoy escapando de Scorpius?- preguntó.
Tres pares de ojos la observaron con desconcierto.
 -¿Scorpius? Estoy hablando de Lorcan- dijo Anne, extrañada.
Rose sintió una punzada en el estómago al oír ese nombre, y se le borró la sonrisa casi al instante. Bajó la vista, sin saber bien qué decir. 
Anne suspiró y se sentó en la cama, dedicándole a su amiga una sonrisa cariñosa.
-Lo siento, no debo meterme- se disculpó-. Es que hace una semana que no hablan y empieza a ser extraño. Es decir…no es mi tema, pero eres mi mejor amiga y no me has contado que pudo pasar para que estén así.
Rose la miró y vio cierto desconcierto en los ojos oscuros de su mejor amiga, y se sintió mal. Anne tenía razón. Siempre se habían contado absolutamente todo, pero esa vez la pelirroja no se había sentido capaz de hablar de lo sucedido con Lorcan con nadie. Solo Scorpius lo sabía y era porque lo había presenciado, y ni siquiera habían vuelto a tocar ese tema. Rose se sentía demasiado mal y había hecho todo lo posible esos últimos días para evitar el tema.
Se puso de pie y se sentó en la cama junto a su amiga, abrazándola con suavidad.
-Lo sé, y lo siento. No fue adrede. Sólo…no quiero hablar de eso ahora, pero prometo contarte. Y a tí- dijo, mirando a Lily.
La pelirroja abrió la boca pero no le salieron las palabras, y decidió guardar silencio. Quiso decirle a su prima que ya sabía lo sucedido porque Lorcan se lo había contado, pero no le pareció el mejor momento y tampoco quería meterse demasiado. 
-Oigan, puedo dejarlas solas si quieren- dijo Lena, sonriendo con dulzura.
Rose negó con la cabeza, devolviéndole la sonrisa.
-Eres mi cuñada y tenemos confianza, no digas tonterías. Solo no quiero hablar de eso ahora.
Anne suspiró y le dio un beso en la mejilla, sonriéndole cómplice.
-Descuida, boba, te conozco bien y se que vas a contarlo cuando quieras. No debí decir nada- le dijo.
Rose le revolvió el pelo castaño, pero su amiga lo tenía tan lacio que no fue difícil acomodárselo. 
-Lo que sí puedes contarnos es por qué te estás escapando de Malfoy- comento Lena, divertida.
Lily asintió a las palabras de su mejor amiga, observando a su prima con curiosidad. Rose se puso colorada al recordar el incidente de esa mañana.
-Te has puesto como un tomate. Eso solo significa que has metido la pata…- dijo Anne, mirándola con atención.
La chica carraspeo, abrazando un almohadón.
-Claro que no - mintió-. Sólo…es muy molesto.
Las tres chicas alzaron una ceja.
 -Pero si el otro día dijiste que era amable contigo. Y además Hugo ha hablado muy bien de él- respondió Lena, frunciendo el ceño.
Lily volvió a asentir a sus palabras, mirando a Rose para que respondiera. La pelirroja bufó.
-Pues…no es nada, olvídenlo. Voy a ayudarte con esto- dijo, poniéndose de pie y tomando una remera azul del montón.
-Pero…- comenzó Anne, dispuesta a sonsacarle lo que había sucedido con Scorpius.
-Oye, ¿está remera no es mía?- pregunto Rose, observando la prenda.
La castaña soltó una risita inocente y se la quitó, escondiéndola detrás suyo.
-Era tuya- dijo, con su mejor cara de angelito.
Lily y Lena sonrieron divertidas mientras continuaban ordenando las cajas, dónde miles de accesorios y zapatos se amontonaban desordenados. Rose suspiró, resignada. Anne siempre le pedía ropa prestada y jamás volvía. 
-Ya verás- murmuró, poniéndose a doblar pantalones.
Así pasaron el resto de la tarde, ordenando y riéndose por tonterías, por ejemplo cuando Lena les contó cómo Hugo la había perseguido por todos los jardines con un ramo de flores para que lo perdónase, y había terminado cayendo al lago por no mirar dónde caminaba, más ocupado en gritarle boberías. A Rose le dolía el estómago de tanto reír, y agradecía ese rato que habían pasado juntas. Hacia mucho que no hacían tarde de chicas, y era muy necesaria. Pese a que Lily y Lena eran un año más chicas, las cuatro se llevaban de maravilla, unidas por el nexo que eran Rose y Lily. 
Cuando se hizo de noche, bajaron las cuatro hacia el Gran comedor para cenar. Rose caminaba con una sonrisa, agarrada al brazo de Anne, mientras Lily y Lena caminaban un par de pasos adelante. 
-¡Amor de mi vida!- se oyó una voz masculina detrás.
Las cuatro giraron y vieron a Hugo caminando hacia ellas con una sonrisa y las manos en los bolsillos, derechito hacia Lena, que lo miraba divertida. Anne rodó los ojos y miró a Rose para reírse de Hugo, pero la pelirroja miraba al frente con seriedad. La castaña frunció el ceño y siguió la dirección de su mirada. 
Lorcan, parado en mitad del pasillo, miraba el suelo con clara incomodidad. Al parecer venía con Hugo, y se había quedado a mitad de camino al verlas. Lily, detrás de ellas, observaba la escena en silencio, mirando de un lado a otro entre Rose y Lorcan. 
Anne le apretó el brazo a su amiga con suavidad. La pelirroja la miró y le dedicó una sonrisa leve.
-Voy a adelantarme, te veo en la mesa- le dijo.
Pero Anne no la soltó.
-Voy contigo.
Ambas giraron y siguieron caminando hacia el comedor, mientras Hugo y Lena se besaban ajenos a todo, y Lily miraba hacia todos lados sin saber que hacer. 
Rose se sentó en la mesa de Gryffindor en silencio, intentando mantenerse serena. Anne optó por no decir nada, y Rose se lo agradeció internamente. Alzó sus ojos miel, recorriendo el Gran comedor, y vio a Lorcan sentarse en la mesa de Revenclaw, junto a Lysander que ya estaba cenando. Bajó la vista y soltó aire. No sabía cuánto más podría sostener esa situación, pero tampoco tenía idea aún de cómo solucionarlo, así que optó por dejar de pensar, algo que venía haciendo esos últimos días. Hugo y Lena se sentaron frente a ellas, junto a Lily. Su hermano la observó fijo unos segundos, notando enseguida que algo sucedía. 
 -¿Qué pasa?- preguntó.
Rose lo miró y sonrió con calma.
-Nada. ¿Quieres jugo?



La semana pasó volando, al menos para Scorpius. Entre los deberes, las prácticas en la enfermería y las responsabilidades como Premio Anual, casi no tenía tiempo ni de mirar la hora. 
Ese miércoles entro en la sala común cuando ya era de noche. Había cenado algo rápido y ahora se disponía a terminar la pila de tareas que tenía para hacer, esperándolo en la mesa. Soltó la mochila, acomodándola en una silla, y se sentó mirando los pergaminos. Estaba cansado, no iba a negarlo. Si bien le gustaba estudiar y no solía quejarse, ese día hubiese dejado todo así y se hubiese ido a dormir derechito. Pero su yo responsable era más fuerte, así que suspiró y comenzó a acomodar los tinteros con su habitual perfección, por color y de forma milimétrica. Empezaría con Transformaciones, que era más fácil.
Media hora después ya había escrito más de dos pergaminos y estaba totalmente concentrado en la tarea. Soltó la pluma y se estiró en la silla, sintiendo como los músculos le reclamaban descanso. Miró la hora y vio que el reloj marcaba las diez de la noche. En ese momento fue que se percató de que aún no había visto a Rose. Extrañado, miró hacia las escaleras. ¿Estaría en su habitación? Tal vez había llegado antes que él y ya estaba acostada.
Sin poder evitarlo, sonrió con cierta diversión. Desde el incidente en el baño, la chica había estado huyendo de el de forma muy poco disimulada. Si se cruzaban en la sala, se escondía tras algún libro o subía corriendo a su habitación. Hasta que un día lo atropelló en su intento de huida cuando Scorpius acababa de entrar, y el chico, harto, la había tomado de la manga y la había sentado en el sofá con suavidad. Luego, mirándola con cansancio, se había cruzado de brazos y le había dicho un par de palabras. 
"Deja de comportarte como una niña. Somos grandes", había comenzado. "¿Nunca viste un chico en calzoncillos? Tienes hermano y miles de primos varones". Rose había abierto la boca para replicar pero el no la había dejado. " Tampoco es la gran cosa. No puedes huir de mi cada vez que nos cruzamos, me pones más incómodo. Ya déjalo". Finalmente, la pelirroja había asentido, muda, y desde entonces habían logrado recobrar la normalidad, en un acuerdo mutuo de olvidar lo sucedido. Y de golpear la puerta del baño antes de entrar, claro. 
Suspiró y subió las escaleras, dispuesto a sacarse el uniforme y ponerse el pijama, para al menos poder terminar los deberes más cómodo. Sin embargo, antes de entrar en su habitación, algo llamó su atención. La puerta del cuarto de Rose estaba abierta, y adentro no había nadie. La cama estaba perfectamente hecha y no había ni señales de que la chica hubiera pasado por ahí en todo el día. Scorpius frunció el ceño. 
¿Adónde se había metido a esa hora? 
Se rascó la oreja, pensando. Técnicamente no era su problema. Sacudió la cabeza y entro en su habitación para cambiarse y seguir con los deberes.
Sin embargo, ya no pudo volver a concentrarse bien. Levantaba la cabeza para mirar la entrada a la sala cada diez minutos, cada vez más extrañado. Era raro que Rose no volviera, el toque de queda había pasado hacía rato. Ese día no había ronda nocturna tampoco. ¿Estaría con alguien? Negó con la cabeza. Eso sería raro, Rose estaba enamorada del idiota de su amigo, ¿no? No podía estar con otro chico. ¿O si?



Rose entró en la sala común, cansada. Eran las tres de la mañana, y había logrado a duras penas llegar sin que nadie la interceptara. Si la descubrían afuera a esa hora estaría en serios problemas.
¿Qué qué había pasado? Bueno, eso era algo que aún estaba intentando entender.
 Estaba yendo a cenar luego de pasar toda la tarde en la biblioteca cuando se había encontrado a Anne sentada en uno de los pasillos, escondida tras una armadura. Rose se había acercado, extrañada, y había visto con congoja como su mejor amiga lloraba con la cabeza escondida entre las rodillas. La pelirroja había intentado por media hora que le contara qué pasaba, pero la castaña no había soltado palabra, solo se había abrazado a ella llorando. Luego de un rato, Rose y ella se habían escapado a las cocinas, dónde Lila las había llenado de dulces y por fin Anne había dejado de llorar. Finalmente, Rose se había quedado con ella en su habitación hasta que se durmió. Se habría quedado a dormir allí si no fuera porque su antigua cama había sido ocupada por otra chica de sexto, y no había lugar. 
Así que allí estaba, muerta de sueño y de preocupación. Anne había dejado de llorar, pero Rose estaba preocupada.  Su mejor amiga era la persona más fuerte que conocía, estaba segura de que muy pocas veces la había visto llorar. Era sumamente extraño. Intentaría hablar con ella más tarde.
Cerró la puerta, cansada, y se frotó los ojos. Estaba a punto de subir las escaleras cuando algo llamó su atención. En la mesa grande, Scorpius dormía con la cabeza apoyada en una pila de libros. Rose frunció el ceño. ¿Qué hacía durmiendo ahí? 
Se acercó con suavidad y se quedó parada frente a él, pensando qué hacer. ¿Debía despertarlo? Ciertamente el rubio no parecía estar muy cómodo en esa posición. Iba a dolerle el cuello al día siguiente. 
 -Scorpius- murmuró Rose, tocándole el hombro con suavidad.
El chico no movió ni un músculo. La pelirroja suspiró y se sentó en la otra silla. 
-Scorpius- volvió a llamar, esta vez más fuerte.
El rubio murmuró algo por lo bajo, pero no despertó. 
 -Oye, Scorpius, despierta- siguió Rose, sacudiéndole el hombro.
Finalmente, dos ojos azules se abrieron y el chico la observó con algo de desconcierto. De pronto pareció despertarse del todo y se incorporó, sintiendo al instante un tirón en el cuello.
-Auch…
Rose sonrió levemente y se apoyó en una mano.
 -¿Qué haces durmiendo ahí? Son las tres de la mañana.
Scorpius miró el reloj, comprobando la hora, y luego la observó con cierto reproche.
-La pregunta es que haces tú volviendo a estas horas.
La chica alzó una ceja.
-¿Estabas esperándome?- preguntó, extrañada.
El rubio bufó y se cruzó de brazos.
-Claro que no - mintió-. Estaba haciendo deberes y me dormí.
La verdad era que había terminado todas las tareas cerca de la una de la mañana, pero no había subido porque cada vez estaba más extrañado ante la ausencia de Rose. No sabía por qué se había quedado allí, simplemente no podía subir a dormir.
-Pues sube, vas a terminar con tortícolis- dijo la chica ,poniéndose de pie.
Bostezó, cansada, y se giró para subir las escaleras, pero la voz de Scorpius la detuvo.
 -¿Dónde estabas?
Lo miró y lo vio observándola con serenidad.
-Con Anne. No sé qué le pasó, me la encontré llorando así que estuvimos en las cocinas y me quedé con ella hasta que se durmió en su habitación.
Soltó otro bostezo, agotada. Scorpius asintió y se puso de pie.
-Vamos- dijo, empezando a subir las escaleras.
Rose lo siguió arrastrando los pies. No sabía cómo iba a hacer para levantarse a la mañana siguiente. 
-Buenas noches - saludo el rubio, con la mano en el picaporte de su habitación.
-Scorpius- lo llamo la pelirroja, apoyada en la pared.
El rubio la miró interrogante.
-¿Estabas preocupado por mí? - preguntó, algo extrañada aun.
El chico chasqueo la lengua y la miró burlón.
-Claro que no, ya te dije. Solo te pregunté porque me dio curiosidad. Hasta mañana.
Luego se metió en su habitación, cerrando la puerta antes de que Rose pudiera responder nada. La pelirroja suspiró y se encogió de hombros, entrando en su cuarto. 



 -Tengo un plan.
Lorcan alzó los ojos de la mesa y los posó en Lily, que se había sentado frente a él y le sonreía levemente. 
 -¿A qué te refieres?- preguntó, alzando una ceja rubia.
La pelirroja suspiró mientras cruzaba los brazos sobre la madera y apoyaba el mentón.
La biblioteca estaba sumida en su habitual silencio, y solo se oían plumas rasgando pergaminos y hojas de libros dadas vuelta. 
-Voy a ayudarte a arreglar tu problema con Rose- explicó.
Lorcan abrió los ojos con sorpresa y se inclino en la mesa, acercándose más a la chica.
-¿De verdad?- preguntó, animado.
Lily pestañeo un par de veces, algo desconcertada por la cercanía repentina. Los ojos celestes de Lorcan brillaban bajo unas pestañas largas y unas cejas espesas. La pelirroja notó por primera vez que tenía un pequeño lunar al lado del ojo derecho. Se alejó un poco, enderezándose en la silla y tratando de recuperar el hilo de sus pensamientos.
-Pues sí. Conozco bien a mi prima, así que puede ser una ventaja. Es decir, no sé de amor y esas cosas, jamás me enamoré, menos de mi mejor amigo- habló, sintiendo que se le trababan las palabras en la boca-. Considerando que Hugo es mi mejor amigo eso sería raro…en fin, no sé de estos problemas, pero creo poder ayudarte de todas formas.
Lorcan frunció el ceño, confundido por el monólogo de la chica. 
 -¿Estás bien?- preguntó, enderezándose.
Lily asintió y carraspeo.
-Claro. Sólo me pusiste nerviosa…no invadas así mi espacio personal- murmuró, aunque lo miraba con cara de despreocupada.
El rubio pestañeo, intentando comprender, hasta que cayó en la cuenta de lo sucedido. ¿Por qué había hecho eso? Abrió la boca un par de veces, buscando las palabras correctas.
-Yo…lo siento, fue de forma inconsciente.
-Olvídalo. Solo me distraje- respondió Lily.
Se miraron, algo confundidos por esa conversación tan extraña que estaban manteniendo. Lily agitó la cabeza y sonrió.
-En fin, creo que lo primero que debes hacer es hablar con ella de forma sincera. 
Lorcan negó, cruzándose de brazos.
-No sé qué decirle. Será peor.
-Lorcan… ¿No crees que es hora de que pienses algo para decirle? Hace dos semanas que no hablan... ¿Cuánto más vas a esperar?
El rubio suspiró.
-Es que…no quiero dañarla. 
-En algún momento debes hacerlo.
-No quiere ni verme.
-Yo puedo ayudar con eso.
Se miraron unos segundos en silencio.
 -¿Por qué me ayudas?- pregunto finalmente el rubio.
Lily se encogió de hombros.
-Rose es mi prima favorita, y tú me caes bien. Y aunque como dije, entiendo poco de estos temas, creo que la amistad que tienen es especial y no deberían tirar eso a la basura por algo que puede solucionarse. Si puedo ayudar, lo haré.
Lorcan no respondió nada. Se quedó observándola sin poder formar algo coherente en su cabeza. No era la primera vez que le pasaba eso estando con Lily, ya lo sabía. Pero siempre se sentía un idiota. Sonrió levemente al ver los ojos marrones de la chica mirándolo con algo de desconcierto ante su silencio. 
Algo muy adentro suyo se removió, y Lorcan se preguntó qué estaba pasando. ¿Podía ser acaso que…? Agitó la cabeza, cerrando los ojos.
No. Había abandonado la idea del amor hace bastante tiempo. Solo debía estar confundido por la ayuda que estaba recibiendo de Lily, de forma tan desinteresada. Y por ese rostro de rasgos aniñados y lleno de pecas que lo miraba aún esperando una respuesta. 
 -¿Estás vivo?- pregunto la chica, chasqueando los dedos frente a él.
Lorcan sonrió y asintió.
-Está bien, haré lo que digas. Si logro arreglar este embrollo, juro que haré lo que quieras. Seré tu esclavo- le dijo, divertido.
Lily rodó los ojos y le tiró un pergamino arrugado que descansaba sobre la mesa.
-Deja de decir tonterías y escucha bien- le sonrió con astucia-. Te contaré mi primer plan.



El sol pegaba suave esa tarde de septiembre. Era el primer día del otoño y se sentía en la brisa leve pero fresca que soplaba. 
Rose, abrigada con una campera liviana negra, se encontraba sentada bajo un roble. Estaba intentando corregir el borrador del artículo, agregando los últimos detalles. Le quedaba una semana para enviarlo, y aún no se decidía. Quería que quedara perfecto. Resopló, algo frustrada. No le terminaba de convencer pero tampoco sabía bien qué cambiar. 
De pronto una sombra le tapó la luz y ella alzó los ojos para ver quién era. Scorpius la miraba de pie frente a ella.
-¿Qué?- pregunto la pelirroja, un poco malhumorada.
El rubio alzó una ceja ante ese tono pero no dijo nada, solo se sentó a su lado en el pasto y le extendió una pequeña pila de libros. Rose los tomo con curiosidad y leyó los títulos.
"Quidditch: testimonios de grandes estrellas". 
"La historia del deporte mágico. Cosas que no sabias".
"Periodismo puro".
Frunció el ceño unos segundos y miró al Slytherin, que la observaba con su calma habitual.
 -¿Y ésto?
Scorpius se apoyó en el tronco del árbol.
 -¿No dijiste que estabas escribiendo el artículo para el concurso sobre Quidditch?- respondió, posando sus ojos azules en el cielo.
 - Sí, pero ya revisé todos los libros sobre el tema- dijo Rose, resignada.
Scorpius sonrió de medio lado.
 -¿ Todos?
La chica asintió.
-Pues esos no. Son de la biblioteca de mi casa- dijo el rubio, señalando los ejemplares-. Mi padre jugo Quidditch cuando estaba en Hogwarts y es fanático. Además de otro pequeño detalle.
La miró unos segundos, intentando generar suspenso, y luego volvió sus ojos al frente.
-Cuando salió de la cárcel, tuvo que cumplir una tarea cívica a elección para redimir sus actos como mortífago.
Rose lo observó en silencio, un poco sorprendida de que el chico hablara con tanta liviandad del pasado oscuro de su familia.
-Y él eligió un voluntariado en un hogar de niños abandonados- Sonrió divertido-. Si conocieras a mi padre te asombrarías. Es el tipo más serio y distante que existe.
La Gryffindor sonrió levemente.
-Tú tienes un poco de eso. Aunque no eres tan frío- murmuró, apoyando la cabeza en el tronco.
Scorpius le sonrió y continuó hablando.
-En el hogar había varios voluntarios repartiéndose las diferentes tareas. Mi padre encontró pronto la que más encajaba con él. Empezó a enseñarles a volar y a jugar Quidditch a los niños. Incluso hoy, varios años después de eso y ya libre de condena, sigue yendo dos veces por mes al hogar a enseñarles.
Rose lo miró con sorpresa. ¿Draco Malfoy, el mismo tipo frío y despiadado que su padre le había descrito, hacía semejante ayuda? Scorpius sonrió con burla y le señaló el primer libro de la pila.
-Ahí adentro está el testimonio que dio en una entrevista para el libro. Dijiste que sentías que faltaba algo en tu artículo, ¿verdad?
La pelirroja asintió.
-Creo que si hablaras en alguna parte del Quidditch desde lo recreativo, y si incluyes algo solidario, estarías haciendo la investigación desde un punto diferente, no tan tradicional, ¿entiendes? 
Rose abrió los ojos, sorprendida. Scorpius tenía razón. Ella había encarado todo el artículo desde el punto de vista del Quidditch profesional y el deporte en sí. Pero si también podía agregar a esa investigación una parte más humana y cotidiana, no sería solo un artículo más de Quidditch dentro del montón. 
-Eso sí- continuó Scorpius, mirándola-. Tienes prohibido mencionar a mi padre. Debes usar un pseudónimo. Fue la única condición que puso.
La chica frunció el ceño.
 -¿ Le pediste a tu padre que me dejara contar esto en el artículo?- le preguntó, asombrada.
Scorpius asintió.
-Hace un par de días pasaste media tarde sentada en el sofá despotricando cosas y refunfuñando como una vieja porque no se te ocurría nada. Quiero recuperar la calma de mi sala común así que te ayudo- le dijo, mirando hacia otro lado con desinterés.
Rose abrió la boca, dispuesta a replicarle por haberla llamado vieja e insoportable, hasta que cayó en la cuenta de que el chico la estaba ayudando y además fingía hacerlo sin mucho interés. Sonrió divertida.
-Gracias, Scorpius. En verdad, me ayuda mucho ésto -le dijo con suavidad.
Un sentimiento cálido se había extendido en su pecho, el mismo que había sentido cuando el rubio se había quedado con ella luego de su pelea con Lorcan. El Slytherin se encogió de hombros.
-Olvídalo. Solo envía el artículo y deja de refunfuñar- respondió, volviendo a sonreírle con burla.
-Lo haré, prometido- se rió Rose, tomando el pergamino.
Se lo extendió y sonrió con cara de inocente.
 -¿Me harías el favor de leer lo que he escrito hasta ahora? Me viene bien una mirada de afuera.
Scorpius bufó pero tomo el artículo.
-Me debes dos, Weasley-dijo, empezando a leer.
Rose sonrió mientras abría uno de los libros.
Una hora después, Scorpius le había hecho un par de correcciones y Rose escribía frenéticamente, cambiando algunos párrafos. A su lado, el rubio arrancaba pasto, disfrutando la calma que ofrecía esa tarde. 
Así los encontró Lily, que había salido del castillo en busca de su prima. La había buscado por todos lados sin encontrarla, hasta que decidió fijarse afuera. Caminando por los terrenos, la vio sentada bajo el roble, muy concentrada y con Scorpius Malfoy al lado. Camino hacia ellos, algo extrañada. Rose y ese chico parecían llevarse muy bien. No es que le pareciera mal, si eran compañeros de sala común era preferible, y ella sabía por Albus que el rubio era buena persona. Pero aún así no dejaba de sorprenderle un poco.
-Rosie- la llamo cuando estuvo cerca.
Dos pares de ojos se posaron en ella, y Lily sonrió con suavidad, sentándose junto a su prima.
-Lils, ¿qué haces por aquí?- saludó Rose, devolviéndole la sonrisa.
-Te buscaba. Hola Scorpius- saludó al rubio, que le sonrió de medio lado.
Rose dejó a un lado el pergamino.
-¿Pasó algo?
Su prima negó con la cabeza.
-Tranquila, sólo que no te veo desde ayer y quería ver qué tal estabas. ¿Puedo hacerte compañía un rato?
La pelirroja sonrió y le pellizco una mejilla.
-Claro que sí, boba.

Scorpius se estiró en su lugar y se puso de pie, dispuesto a irse, pero entonces se quedó quieto. Lorcan Scamander caminaba por los terrenos, claramente en dirección a ellos. Scorpius miró a Rose, que hablaba sonriente con su prima, ajena.
Lily, sin embargo, vio a Lorcan y bajo la vista unos segundos. Luego le sonrió a su prima con suavidad.
-Rose, no te enfades- dijo.
La chica la miró sin entender, hasta que siguió la dirección de su mirada y se encontró a Lorcan parado frente a ellos. El rubio le sonrió levemente. Rose miró a su prima con una expresión seria.
-Lily, ¿qué…?
-Es hora de que hablen. No pueden seguir así. Y si no quieres hablar, o no pueden, al menos deberían intentar estar juntos en el mismo espacio. Hasta que sean capaces de conversar como dos personas grandes.
-Esto no es asunto tuyo- murmuró la chica, sintiendo como el enojo empezaba a invadirla.
Scorpius soltó aire, mirando la escena con algo de desconcierto. Rose se puso de pie y comenzó a juntar sus cosas, muda. Lily suspiró e iba a hablar, cuando Lorcan se adelantó.
-Rose, por favor.
La chica pareció quedarse petrificada al oír esa voz que tanto conocía. Se enderezó y lo miró en silencio. Lorcan tenía una expresión tan angustiada que la Gryffindor sintió por unos segundos que tal vez estaba siendo muy dura, pero no le salió ninguna palabra.
-Sólo intenta quedarte aquí. Lily y Scorpius pueden quedarse con nosotros si quieres.
El Slytherin lo miró algo asombrado. ¿Qué tenía que ver el? Aunque ciertamente algo le impedía dejar a Rose ahí sola. 
-Podemos hablar en otro momento. Sólo te pido que intentemos hacer lo que siempre hicimos. Pasar tiempo juntos. Luego encontraremos el momento de resolver esto- le sonrió con tristeza-. Extraño a mi mejor amiga.
Un agujero se formó en el pecho de Rose ante esas últimas palabras. La realidad era que más allá de lo sucedido, de no saber bien qué hacer, ella también extrañaba a su mejor amigo. Y Lorcan seguía sin ser culpable de nada. Bajó la vista al suelo, intentando controlar la respiración. Luego alzó la vista y sonrió de medio lado.
-Está bien. 
Lily sonrió y aplaudió un par de veces, contenta, palmeando el pasto frente a ella para que Lorcan se sentará. El rubio sonrió y se sentó. 
Rose miró a Scorpius, que a su vez le devolvió la mirada con serenidad. La pelirroja intentó hablarle y decirle algo, que podía irse si quería, que no estaba obligado a quedarse en esa extraña situación, pero no le salía la voz. El rubio sonrió de medio lado y se sentó de nuevo, ahorrándole las palabras. Rose sintió alivio, no iba a negarlo. Cuánta más gente hubiera en medio de ella y Lorcan más fácil sería. Y además el Slytherin tenía la capacidad de transmitirle una calma absoluta. Respiró y se sentó, quedando frente a su amigo. 
-¿Ese es tu artículo para el concurso?- pregunto Lily, intentando romper el hielo.
La pelirroja asintió y se lo extendió para que lo leyera. Scorpius vio como Lorcan observaba la situación con curiosidad, aunque no pregunto nada. Solo abrió su mochila y sacó varias cervezas de mantequilla. El Slytherin alzó una ceja.
-¿Sabes que estamos en medio de los jardines y son las cinco de la tarde, verdad?- le dijo.
Rose y Lily observaron las botellas, mientras Lorcan sonreía con calma.
-Lo sé, pero ya no tenemos clases hoy y además estamos alejados del castillo. No seas aburrido- le respondió, algo burlón.
Scorpius quiso decirle un par de cosas, pero Rose tomó una botella y la abrió, bebiendo un trago. 
-Está bien, solo es un poco de cerveza. Cuánto más relajados, mejor- dijo.
Lily sonrió divertida y tomó otra botella. Lorcan le extendió una a Scorpius, y el chico la tomó con calma. 
Al principio sólo hablaba Lily, que intentaba sacar temas todo el tiempo, mientras Rose y Lorcan respondían con monosílabos. El Gryffindor, tras dos botellas de cerveza, parecía más relajado y había empezado a hacer sus chistes habituales. Scorpius sólo observaba la escena, lanzando miradas de reojo a Rose, que había sonreído levemente un par de veces pero aún se mostraba incómoda. 
A la quinta botella, Lorcan estaba mucho más alegre y Lily lo miraba con cierto reproche. Borracho no iba a solucionar mucho que digamos. Rose lo observaba con seriedad mientras el rubio contaba un chiste sin gracia. Scorpius rodó los ojos y se puso de pie.
-Rose, vamos a buscar algo de comida y café a las cocinas. Sobre todo lo último. Lo necesitará - dijo, señalando al Gryffindor con la cabeza. 
Rose asintió, aliviada de poder irse un rato, y se puso de pie.
-Eso…vayan- hablo Lorcan con voz pastosa-. Cuídala bien, ¿eh? Mira que es muy valiosa.
Señaló a Scorpius con un dedo. El Slytherin lo ignoró y ambos comenzaron a caminar en dirección a las cocinas. 
Había pocos alumnos a esas horas esparcidos por los jardines y pasillos. La mayoría estaba ya en las salas comunes disfrutando el atardecer de viernes. Caminaron en silencio, Scorpius con las manos en los bolsillos y Rose cruzada de brazos. 
La pelirroja agradecía el silencio. Si bien había logrado adaptarse a la situación y ya no estaba tan incómoda, seguía sintiéndose extraña, aún más con Lorcan en ese estado. Antes hubiera sabido que hacer. Cada vez que su mejor amigo se emborrachaba, la chica lo arrastraba hasta la cama, lo obligaba a beberse un tarro de café gigante y lo acostaba a dormir, dejándole una poción para la resaca en la mesita de luz. Ahora, tan distanciados, no sabía cómo actuar. 
Scorpius sólo la observaba de a ratos, sin decir nada. Rose no parecía tener ganas de hablar y él no iba a forzarla. 
Lila dio saltitos de felicidad al verlos, y les lleno las manos de pastelitos y jarros de café con tapa, para que pudieran llevarlos sin problema. 
Rose salió de las cocinas más animada luego del cariño recibido de la elfina, y miró a Scorpius mientras ambos caminaban de vuelta a los jardines.
-Siento esto. No estás obligado a quedarte con nosotros- le dijo.
El Slytherin se encogió de hombros, sin mirarla.
-No tengo nada mejor que hacer. Y si hay que cargar a tu amigo hasta el castillo, tú y tu prima van a necesitar ayuda.
La pelirroja sonrió suavemente pero no dijo nada.
En los jardines, mientras tanto, Lily miraba a Lorcan con cansancio.
-¿Por qué haces esto? Se supone que debes aprovechar a hablar con ella, intentar volver a la normalidad. Y tú vas y te emborrachas.
Lorcan cerró los ojos, algo mareado, y se puso de pie. Lily lo imitó, temiendo que se cayera.
-Tienes razón- susurró el rubio-. Arruino todo. Siempre.
La pelirroja suspiró.
-Claro que no, tú…
-Es que no se cómo hacer. Estoy feliz porque al menos no salió corriendo…pero no sé cómo hablarle- dijo, angustiado.
Miró a la chica frente a él, que lo observaba sin saber que decirle. Dio un par de pasos hacia ella, y la señaló con un dedo. Sentía los efectos del alcohol en la sangre y no estaba seguro de qué cosas salían de su boca, pero no le importaba.
-No me mires así.
-¿Así como?- pregunto Lily, extrañada.
Lorcan suspiró y se acercó otro paso.
-Con lástima. No lo soporto.
Dio otro paso, y Lily retrocedió involuntariamente, apoyándose en el tronco. El rubio estaba tan cerca que podía sentir su perfume mezclado con el olor de la cerveza, y veía las pocas pecas que adornaban su nariz recta.
-Tú…tú no puedes mirarme así. No tú- susurró el chico.
Rozo su nariz con la de ella, y Lily sintió como una sensación cálida le recorría el cuerpo entero. Algo en toda esa situación no estaba bien, y lo sabía. Lorcan estaba borracho y probablemente no sabía lo que hacía, pero los músculos no parecían responderle. Estaba obnubilada con el aroma y la cercanía del chico. El rubio suspiró, clavando sus ojos celestes en los suyos.
-Tú eres especial- susurró.
Luego bajó la vista y la ancló en los labios de la chica, entreabiertos por la sorpresa. Se inclinó un poco, acortando aún más la distancia, hasta que solo quedaron un par de centímetros. Lily soltó aire, petrificada, y cerró los ojos casi involuntariamente.


Que mala soy XD
Pedazo de capitulo les traje eh! Que lo disfruten :) 
Muero por ver sus opiniones! La besa o no? Alguien imagina por qué lloraba Anne? 
Nos leemos!


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