Historia al azar: La siguiente generación
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Donde gustes y cuando quieras » Capítulo cinco
Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Jueves 9 de Julio de 2020, 19:38
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Capítulo cinco

Capítulo cinco

Rose suspiró, mirando la lista que tenía frente a ella. Había anotado todas las ideas que tenía para escribir el artículo del concurso, y eran nada más y nada menos que siete. No sabía bien por cual decidirse, así que estaba intentando pensar.
Eran las dos de la tarde del lunes, y por suerte no tenía clases hasta las seis, lo que le daba un buen margen de tiempo para descansar y dedicarse a eso. Se había levantado cansada, como si el llanto del día anterior la hubiese dejado exhausta. No se había cruzado a Lorcan en toda la mañana, y lo agradecía, porque realmente no tenía ganas de enfrentarlo. No podía definir en que punto estaban, pero sabía que no era bueno. Y le dolía, porque el rubio formaba parte de su vida desde bebés, y ahora no sabía cómo arreglar ese embrollo. Pero tampoco tenía ganas de intentarlo. Sentía que los últimos años había perdido todas las fuerzas en su amor por Lorcan, y ahora sólo quería respirar y concentrarse en ella y en lo que le hacía bien.
De pronto, una luz plateada se materializó frente a ella, formando un Patronus con forma de gato. 
"Rosie, estoy afuera", hablo la voz de su hermano. 
La pelirroja soltó la pluma y fue a abrir la puerta de la sala común, dejando pasar a Hugo, que entró con una sonrisa y una caja blanca entre las manos. 
-Qué sorpresa- dijo Rose, cerrando y acercándose a él.
Hugo dejó la caja sobre la mesa y le revolvió el cabello a su hermana.
-Te dije que vendría a conocer tu nueva sala.
-Oye, mocoso- refunfuñó Rose, acomodándose las ondas que ese día llevaba sueltas.
Hugo se tiró en uno de los sillones, mirando todo a su alrededor.
-Es bastante acogedor.
Rose suspiró y se sentó a su lado.
-No está mal.
-¿Malfoy no está?
La chica negó con la cabeza, abrazando un almohadón.
-No lo he visto en todo el día.
Su hermano asintió y Rose posó sus ojos sobre la cajita blanca con curiosidad. Hugo sonrió al verla.
-He traído algo para sobornarte y que no me regañes por invadir tu espacio- dijo, tomando la caja y abriéndola.
Rose pudo ver dentro unos muffins de chocolate oscuro con chispas blancas, y la boca se le hizo agua. 
-Huguito, eres mi hermano favorito- dijo, sonriendo mientras estiraba la mano para agarrar uno.
Hugo rodó los ojos y alejó la caja.
-Soy el único hermano que tienes.
Rose sonrió cara de inocente.
-Lo que sea. Y no iba a regañarte, ¿por qué dices eso?- respondió, apoyándose en el respaldo del sofá.
-Pues me dijiste que no podía venir- señaló su hermano de manera acusadora.
Rose frunció el ceño.
-Claro que no, sólo dije que no podías avergonzarme frente a Scorpius.
-¿Scorpius? Veo que se llevan bien si lo llamas por el nombre.
La pelirroja alzó una ceja.
-Sabes que eso de los apellidos me parece una tontería. Y ya te dije que es amable, no puedo decir mucho.
Su hermano asintió, sonriendo de medio lado. En sus mejillas se formaron dos hoyuelos, y Rose sonrió. Era una característica que ambos compartían. Hugo, a diferencia suya, era castaño y tenía un poco más de pecas, y todo el mundo decía que era una versión de Hermione en masculino. Compartía con Rose los ojos miel y la sonrisa, y tenía el cuerpo alto y delgado más propio de su madre. Rose y él se llevaban como se llevan todos los hermanos, peleando todo el tiempo por tonterías, pero eran muy unidos debido a que sólo se llevaban un año. 
 -Anda, déjame probar uno- pidió, haciendo un puchero.
Hugo resopló pero le alcanzó la caja de muffins.
-Ese puchero funciona con papá, no conmigo.
Rose le sonrió contenta y tomó un muffin. El olor a chocolate le invadió la nariz y se sintió inmediatamente feliz. Dio un mordisco, manchandose la punta de la nariz, y Hugo sonrió burlonamente.
 -Torpe.
Pero Rose lo ignoró, concentrada en comer. Su hermano la observó unos segundos sin decir nada, y luego se apoyó en el sofá.
-¿Qué ha pasado?- preguntó, mirándola con intensidad. 
La pelirroja lo miró interrogante mientras masticaba.
 -¿ A qué te refieres?
Hugo suspiró.
-Te conozco bien, algo te pasa. Estás…rara. No sé cómo explicarlo.
Rose tragó y dejó el muffin en la mesita. Ciertamente, su hermano la conocía demasiado y era inútil disimular. Se limpió la cara y le sonrió con suavidad.
-No es nada, sólo que ayer tuve un mal día. No te preocupes.
-Define mal día.
La chica suspiró. No quería hablar del tema, y menos con Hugo, que era capaz de ir a buscar a Lorcan para romperle su bonita cara.
-Sólo un mal día, Hugo. Pero ya estoy bien, de verdad.
El castaño resopló.
-No estás bien, solo intentas estarlo, que es diferente. ¿Sabes cómo lo sé?
La chica negó con la cabeza.
-¿Recuerdas cuando murió la abuela Jane? Mamá estaba muy triste, lloraba todo el rato, y papá no sabía que hacer. Yo también estaba demasiado triste. Hasta Lila andaba moqueando por los rincones. Pero tú…tú no soltaste lágrima durante toda esa semana. 
Rose bajó la vista, recordando aquel momento horrible hacia ya tres años. Había sido un golpe bastante duro para todos.
-Cuando te pregunté por qué no llorabas, dijiste que era porque todos estaban tristes y alguien debía mantenerse fuerte, así que asumiste el mando. Recuerdo que no parabas de hacer cosas de aquí para allá- sonrió levemente y la miró-. Pero una noche baje a tomar agua y te encontré en el living, a oscuras, llorando. Ese día entendí qué es lo que haces.
Rose no dijo nada, solo lo escuchó, volviendo a abrazar el almohadón. 
-Cuando estás triste, no lo demuestras. Solo te escondes y luego haces de cuenta que no pasa nada, sonríes cómo si estuvieras bien. Realmente admiro esa capacidad que tienes.
Hugo le tiró del pelo con suavidad.
-Está bien si no quieres decirme. Pero si alguien te hizo algo sabes que puedo hacerlo sufrir.
La pelirroja rodó los ojos, pero le sonrió a su hermano con dulzura.
-Lo sé.
El chico alzó una ceja.
-Oye, ¿fue Malfoy?
Rose le pegó con el almohadón.
-Ya te dije que Scorpius es agradable, no tengo ningún problema con él. Compórtate.
Hugo iba a decir algo pero entonces la puerta se abrió, y Scorpius entro en la sala.
El rubio los miró algo sorprendido por la visita, pero no dijo nada. Hugo se puso de pie y sonriendo con su habitual encantó le extendió la caja.
-¿Un muffin?

Lorcan bebió por décima vez de la botella, y el sabor del whisky de fuego le quemó la garganta. Ya iba por la bebida número tres, y el alcohol empezaba a hacer efecto, pero no le importaba. También le daba igual estar en medio de los jardines, dónde cualquier profesor podía verlo. Solo quería beber y olvidarse por un rato de todo. 
Desde su discusión con Rose la cabeza no lo dejaba tranquilo. Se sentía el peor sujeto sobre la tierra, y el peor amigo. ¿Cómo no se había dado cuenta de los sentimientos de la pelirroja? ¿Por qué no había sabido encontrar las palabras correctas para responderle? La había lastimado y se odiaba por eso, porque él había pasado los últimos diecisiete años protegiéndola. Y ahora no sabía que hacer. 
Apoyó la cabeza en el tronco del árbol bajo el que se había sentado, y cerró los ojos con cansancio. Era un idiota. 
Le había dado vueltas al asunto toda la noche. Rose era su mejor amiga, y aunque era preciosa, Lorcan no lograba verla de otra forma. Siempre la había considerado su hermana, y no entendía como la chica había desarrollado esos sentimientos por él, cuando creyó que esa sensación de hermandad era mutua. Pero no podía culparla, y tampoco culparse por no sentir lo mismo. Y sin embargo allí estaba, culpándose. 
No tenía ni idea de cómo hablar con ella, cómo solucionar el embrollo en el que estaban metidos. Sentía que si hablaba iba a volver a hacerle daño. Así que ese lunes había faltado a clases y llevaba escondido en los jardines desde el mediodía, como un cobarde. 
Volvió a beber de la botella, sintiendo como la impotencia le recorría las venas. ¿Cuál era el paso siguiente, qué era lo correcto? 
Unas risas se oyeron cerca, y Lorcan alzó la vista. James Dolohov y Anthony Green caminaban por los terrenos riendo como los idiotas que eran. Al verlo se frenaron y esbozaron dos sonrisas burlonas. 
-Vaya, vaya…miren quien anda haciendo cosas indebidas por aquí- dijo Dolohov, cruzándose de brazos.
-Scamander, que raro tú… ¿No se supone que un Premio Anual debe comportarse?
-Y no olvides que también juega Quidditch- Dolohov pateó una de las botellas vacías y negó con la cabeza-. Que estilo de vida tan poco sano.
Lorcan miró hacia otro lado, decidido a ignorarlos. Esos dos habían sido enemigos suyos y de su familia desde que entraron a Hogwarts. Hacían alarde constante por sus apellidos y solían meterse con todo el mundo, incluidos niños de primero que apenas podían defenderse. Lorcan había protagonizado varias peleas con ellos por defender a Albus, a quien molestaban desde siempre, y aunque el moreno se defendía perfectamente, el Gryffindor no sabía dejar solos a sus amigos. 
-¿Acaso vas a ignorarnos?- preguntó Green, acercándose a él-. Oye, James, creo que podríamos divertirnos un rato con esto, ¿no? 
El otro Slytherin asintió, sonriendo con malicia.
-Luego lo llevaremos con McGonagall, así aprende a no romper las reglas.
Lorcan sonrió con ironía y soltó la botella, derramando el whisky en el pasto. Se puso de pie y aunque se tambaleó un poco por el alcohol, los miró amenazante. 
 -¿Saben?- dijo, dando un paso hacia ellos-. No han venido en un buen momento. Yo que ustedes corro, antes de que descargue toda mi furia en sus cuerpitos ridículos.
Los slytherins soltaron una risa sarcástica, y Lorcan apretó los puños con odio. Se le nublaba la vista y sabía que enfrentarlos en ese estado era un suicidio, pero no le importaba. La ira se le escapaban del cuerpo sin control.
-Creo que te estás equivocando, Scamander- dijo Green.
Sacó la varita y lo apuntó, ya sin sonreír. Pero antes de que pudiera lanzar un hechizo, una luz blanca le dio de lleno en el cuerpo, y cayó petrificado al suelo. Dolohov se giró con la varita alzada, mirando hacia todos lados para ver de dónde había salido el hechizo, pero no veía a nadie. Lorcan, mareado, sólo había atinado a apoyarse en el árbol.
Otra luz blanca salió de la nada y le dio a Dolohov, que cayó al suelo igual que su amigo, ambos con cara de sorpresa. Lorcan intento enfocar algo con la mirada, y entonces vio como una mano pequeña salía de la nada y quitaba una tela suave, dejando al descubierto a una chica pelirroja con una expresión divertida.  Abrió los ojos algo sorprendido al ver a Lily. 
 -¿Eres tú?- pregunto, achinando la mirada.
Lily suspiró y caminó hasta situarse a su lado. Los dos Slytherins, petrificados en el suelo, la miraban con furia. 
-¿No saben que atacar gente alcoholizada es de cobardes?- les dijo, apuntandolos con la varita.
Lorcan, a su lado, frunció el ceño.
-Oye, que puedo defenderme perfectamente- protestó, e intentó dar un paso, pero se tambaleó.
Lily lo sostuvo por la manga de la camisa y lo ayudó a apoyarse de nuevo en el árbol, ignorando sus palabras.  Luego se giró hacia los Slytherins y sonrió con tanta calma que cualquiera hubiera salido corriendo del miedo. Lily era famosa por su don para Defensa. La pelirroja se llevó una mano a la barbilla, haciendo que pensaba
-¿Qué debería hacer con ustedes?- preguntó.
Luego los miró como si hubiese tenido una idea, y volvió a apuntarlos.
-Creo que lo dejaré a la suerte- concluyó, y lanzó un hechizo que los colgó boca debajo de un árbol, aún petrificados. 
Dolohov y Green la miraban con odio pero no podían mover ni un músculo. 
-Ojalá los encuentren rápido. Está por llover- dijo, señalando el cielo que había empezado a nublarse.
Dicho eso guardo la varita y tomó a Lorcan de la mano, llevándolo con ella. El rubio se dejó llevar, sin decir nada. Caminaron por los terrenos y Lily lo llevo hasta el puente colgante, intentando que nadie notara la borrachera del chico. Si algún profesor o prefecto los pescaba estarían en problemas. Cuando llegaron, obligó al chico a sentarse en el suelo, cosa que le costó bastante porque Lorcan no era precisamente liviano y se había encaprichado con que quería volver y darles su merecido a las serpientes. 
-Puedo cuidarme solo, déjame ir- murmuraba, intentando caminar.
Lily logró sentarlo finalmente, y resopló, cansada. Luego puso las manos en sus caderas y lo miró con reproche.
 -¿Qué se supone que estás haciendo?
Lorcan sonrió un poco al verla en esa pose.
-Te pareces a tu abuela Molly cuando se enfada. Eres graciosa- dijo.
La pelirroja sonrió levemente pese a que quiso evitarlo, y se sentó frente a él. La tarde estaba cayendo, y una brisa algo fresca se había levantado, por lo que se cruzó de brazos para darse calor. Había salido sólo con la camisa del uniforme. 
Lorcan , al verla, abrió un poco los ojos, su voz de caballero andante susurrándole en la cabeza.
-Tienes frío. Te daré mi suéter- dijo, intentando quitarse la camisa.
Lily alzó una ceja y lo detuvo.
-Lorcan, no tienes suéter, sólo la camisa- le dijo, divertida.
El chico se miró y resopló. Luego se dejó caer hacia atrás, recostándose en la madera del puente. 
 -Soy un idiota.
Lily lo miró con curiosidad.
 -¿Qué ha pasado, Lorcan? Tú no eres de hacer éstas cosas- preguntó.
El rubio se encogió de hombros, cerrando los ojos con cansancio.
-He arruinado todo. Rose me odia.
La pelirroja se sintió mal al verlo hablar con ese tono de tristeza, y se preguntó qué podía haber pasado para que se hubieran peleado. Rose y Lorcan eran carne y uña, desde pequeños, y su prima no era alguien que se enojase con facilidad. Pero prefirió no preguntar nada. 
Sacó la varita y con un movimiento transformó una pequeña piedra en un vaso de agua, que le extendió al rubio.
-Bebe, te hará bien. No creo que estés tan borracho, con un poco de aire se te pasará.
Lorcan negó con la cabeza sin abrir los ojos.
-Déjame. Merezco sufrir.
Lily resopló y le pegó un golpecito en la rodilla. Lorcan abrió los ojos y la miró algo sorprendido.
-Te lo bebés y te sientas. Déjate de tonterías- dijo la chica, ayudándolo a incorporarse.
-¿Desde cuándo eres tan autoritaria?- refunfuñó el rubio, bebiendo un trago de agua a regañadientes.
La pelirroja sonrió divertida mientras se apoyaba en la baranda.
-No lo soy. Pero tengo los genes de mi abuela y de mi madre, cuando quiero puedo ser alguien difícil de desobedecer- respondió con orgullo.
Lorcan no dijo nada, sólo miró el paisaje que se desarrollaba frente a él mientras bebía el agua. Desde allí podían verse las montañas de Escocia a lo lejos, algo oscuras por la caída de la tarde, y Hogwarts se alzaba imponente a unos metros, con las luces ya encendidas. 
 -Lorcan- llamó Lily.
El chico la miró sin decir nada. Lily suspiró y lo miró con una sonrisa suave.
-No sé qué ha pasado con Rose, pero estoy segura de que tiene arreglo. Nada es tan grave, sabrás cómo solucionarlo. 
Lorcan la miró fijamente, cómo si intentara descifrarla. Lily se removió en su lugar algo incómoda.
 -¿Qué?-pregunto, rascándose la cabeza.
El chico soltó aire.
-Tú…- murmuró, pero no logró terminar la frase-. Nada, olvídalo.
Lily frunció el ceño pero no dijo nada. El rubio apartó la vista y siguió tomando agua, sintiendo como el aire fresco empezaba a aclararle la mente.
Se quedaron allí un rato más, sin hablar de nada, sólo observando el paisaje. Cuando Lorcan pudo ponerse en pie sin marearse ya casi era de noche, y ambos volvieron al castillo. 
-Gracias, Lily. Te debo una- le dijo el rubio antes de que ella subiera a su habitación.
La pelirroja le sonrió despreocupadamente, y Lorcan pensó que era un gesto que compartía con su hermano Albus. Siempre iban por la vida con expresión divertida y relajada, cómo si nada pudiera afectarles demasiado.
-Ya me la cobraré, no te preocupes. Ve a ducharte antes de que alguien sienta tu olor a whisky.
Luego subió las escaleras, dejándolo solo en medio de la sala común. Lorcan sonrió levemente. Definitivamente necesitaba una ducha.

Scorpius pestañeo un par de veces, mirando la caja de muffins que Hugo Weasley le tendía. Luego alzó la vista y negó con la cabeza.
-No, gracias.
El castaño frunció el ceño.
-Oh, vamos, no vas a decirme que no te tientan- dijo, dejando la caja en la mesita del centro.
-Hugo…- advirtió Rose.
Su hermano podía llegar a ser un pesado si se lo proponía, y no quería que Scorpius presenciará eso. El rubio alzó una ceja, acomodándose la mochila al hombro.
-Nadie se resiste a mis pasteles- dijo Hugo, acercándose y pasándole un brazo por los hombros-. Además eres el compañero de sala de mi hermana, debemos conocernos.
Lo llevo hasta el sofá y Scorpius se dejó hacer, demasiado sorprendido para decir nada. 
-Hugo, ya déjalo- refunfuñó Rose.
Su hermano la miró con seriedad al tiempo que se sentaba a su lado.
-Rosie, déjame charlar un poco con Scorpius. No tiene nada de malo, solo quiero conocer a la persona que vive contigo.
Rose lo fulminó con la mirada, pero el chico la ignoró y se dirigió a Scorpius, que observaba la escena con algo de desconcierto.
-Así que…espero que estés tratando bien a Rose. Ella dice que eres amable, pero aún así debo cerciorarme, ya sabes, soy su her…
-¡Hugo!
Rose le pegó con el almohadón, avergonzada. Scorpius sonrió de medio lado.
-¿En caso de que no la tratara bien que harías tú?- le pregunto a Hugo.
El castaño se cruzó de brazos muy relajado.
-Te rompería toda la cara esa de angelito que tienes.
-Okey, ya fue suficiente- dijo Rose, poniéndose de pie y empujando a su hermano para que se levantará del sillón- Hora de irte.
-Me parece un castigo justo- respondió Scorpius con tranquilidad.
Ambos hermanos dejaron de forcejear y lo observaron fijo.
-Scorpius, no le hagas caso, es un pesado.
-Oye- Hugo se soltó por fin de su hermana y le sonrió al rubio, quien parecía bastante divertido-. ¿Ves? Él y yo nos entendemos. Ya me caes mejor.
Le guiñó un ojo y Rose resopló, sentándose de nuevo con los brazos cruzados. Hugo señaló de nuevo los muffins.
-Sólo te falta probar uno.
Scorpius suspiró y tomó un muffin. Le dio un mordisco y sonrió un poco al sentir el sabor del chocolate.
 -¿Y bien?- pregunto Hugo.
El slytherin tragó y lo miró, aún divertido. Extrañamente ese chico le caía bastante bien.
-¿Si digo que está feo también me romperás la cara?
Rose resopló de nuevo y Hugo sonrió ampliamente.
-Claro que no, no soy ningún simio.
-No, sólo eres una bestia- murmuró Rose con cara de pocos amigos.
Hugo la ignoró de nuevo, aún mirando a Scorpius. El rubio tragó el segundo bocado y suspiró.
-Pues está delicioso.
-¡Ja! Lo sabía, muchas gracias- se jacto el Gryffindor, sacando pecho-. Cuando me gradúe quiero ser Pastelero, así que siempre estoy practicando. Tenemos una elfina amiga que trabaja en las cocinas y…
-Ya conoce a Lila- lo interrumpió Rose.
Hugo alzó una ceja.
-Vaya, son más amigos de lo que creía.
Rose se puso colorada involuntariamente y Scorpius sonrió divertido al verla.
-No sé si amigos, pero he tenido que sacar a tu hermana de varios apuros- dijo, dando otro mordisco al muffin.
-Oye tú- protestó Rose, tirándole ahora el almohadón a el.
Hugo los observó divertido y con algo de asombro.
-Pues mejor que se lleven bien.
Scorpius, que acababa de terminar el muffin, se limpió las manos y observó al castaño con serenidad, aunque Rose creyó captar cierto brillo de diversión en sus ojos azules. ¿Desde cuándo notaba esas cosas? Vaya uno a saber. Tal vez era que Scorpius era muy transparente y ella muy observadora.
-De todas formas, creo que estás subestimándome- le dijo el rubio a Hugo, cruzándose de brazos-. ¿Quién dijo que no me podría defender de ti? Tal vez sea tu cara de angelito la que termine rota.
Rose abrió los ojos con sorpresa y Hugo se puso serio. Durante unos segundos reinó el silencio, y la pelirroja ya se temía un escándalo, cuando su hermano largó una carcajada.
-Definitivamente me caes bien, Malfoy.
Scorpius sonrió levemente y Rose resopló por décima vez en la tarde. Para su alivio, su hermano se puso de pie, estiró la espalda y los miró con una sonrisa.
-Bueno, hora de irse. Rose, te veo en la cena. Scorpius, un placer.
Hizo una reverencia y el rubio lo saludó con la mano, a la vez que Rose se paraba y rodando los ojos empujaba a Hugo hacia la salida.
-Adiós, hermanito, gracias por tu visita. Te quiero mucho, no vuelvas.
Hugo se dejó empujar, divertido, y antes de salir le revolvió el pelo a su hermana.
-No me extrañes. Adiosito.
Y dicho eso salió de la sala. Rose soltó aire, agotada. Se giró y vio a Scorpius revisando unos libros, cómo si nada hubiese pasado.
-Siento mucho eso. Mi hermano es algo especial- se disculpó, tirándose en el sofá.
Scorpius soltó su media sonrisa característica mientras seguía mirando el libro.
-Pues es bastante divertido- respondió sin mirarla.
Rose resopló, otra vez, pero no dijo nada. Ya se vengaría de Hugo por ponerla tan incómoda.

-Buenas tardes, amores- saludo Daniel, entrando en la enfermería con su habitual caminar exagerado.
Dio un salto y se sentó en la camilla junto a Claire, que en ese momento hojeaba una revista de medimagia. La castaña le sonrió y siguió con lo suyo. El chico posó su mirada en Scorpius, que estaba sentado enfrente, anotando algo en un pergamino.
Dan codeo a su amiga.
-A qué es guapo cuando se concentra- susurró.
Claire miró a Scorpius y se sonrojó. Ciertamente, el rubio se veía muy agradable allí sentado, con los ojos fijos en el pergamino. Pero eso para la Slytherin no era novedad. Le gustaba desde hacía varios meses, solo que jamás lo había admitido. Daniel la observó divertido.
-Deberías aprovechar tú que puedes. Yo sí que no tengo chances- le dijo, mirando al rubio.
Claire le pegó con la revista, avergonzada, e intentó concentrarse en lo que estaba leyendo. Faltaban cinco minutos para las cinco de la tarde de ese miércoles, por lo que aún no llegaba la enfermera. Dan, aburrido, saltó de la camilla y se sentó al lado de Scorpius.
-¿Qué escribes tan concentrado?- le pregunto, asomándose sobre su hombro para ver.
Scorpius alzó la cabeza.
-Algunas preguntas que quiero hacerle a Pomfrey- respondió, volviendo a anotar.
-Vaya qué eres aplicado- se rio Dan.
Claire, que había perdido toda la concentración, dejó la revista a un lado y miró al rubio, intentando comportarse con normalidad.
-¿Tienes decidido a qué rama de la medimagia te quieres dedicar?- le preguntó.
Scorpius la miró, pensativo, y luego asintió.
-Probablemente a la cirugía general. Me gusta de todo un poco así que puede ser una buena opción. ¿Ustedes?
Claire sonrió.
-Me encanta todo lo que tiene que ver con el cerebro, así que de seguro haga especialización en neurología.
Dan sonrió.
-A mí me dejan el corazón.
-Vaya, las heridas mágicas relacionadas a lo cardíaco y a lo neurológico son complicadas. Los felicito- dijo Scorpius, dejando a un lado el pergamino y la pluma.
Ambos sonrieron a la par y lo miraron con diversión.
-Hablo el que quiere ser cirujano general. Eso sí que es difícil- se rio Dan.
Scorpius solo sonrió de medio lado mientras abría la mochila para guardar sus cosas. Entonces la vio. Una pequeña bolsita de almendras bañadas en chocolate descansaba entre los libros. El rubio sonrió levemente al recordar de dónde las había sacado. 
El día anterior, Rose había aparecido en la sala común con la bolsita, y se la había dado con una sonrisa. " Albus me dijo que te gustan mucho. Y lo que le dijiste a Hugo es cierto, me has sacado de varios apuros. Es mi manera de agradecerte", le había dicho. 
Scorpius sacó la bolsita y la abrió, metiéndose una almendra en la boca. Extrañamente, siempre que se relacionaba con Rose solía haber comida de por medio. Recordó la sensación agradable que había sentido al recibir ese pequeño regalo de parte de la chica. No sabía bien cómo habían pasado de no conocerse más que de vista a ser casi amigos, pero no le desagradaba. Rose era alguien cálido y fácil de tratar, y había logrado entablar relación con él con la misma facilidad con que lo había hecho Albus hacía años. Claro que esa primer semana de clases habían sucedido varias cosas que habían terminado acercándolos irremediablemente.
-Oye, que rico, dame una- pidió Dan, robándole una almendra y sacándolo de sus pensamientos.
Scorpius le tendió la bolsita a Claire.
 -¿Quieres?
La chica asintió, sintiendo como se ponía colorada, y tomó una almendra. Justo cuando se la metió a la boca, Pomfrey salió de su despacho y se acercó a ellos. Frunció un poco el ceño al verlos comiendo.
-Se acabó el pic nic. Hora de trabajar- les dijo.
Scorpius guardó la bolsita en la mochila y le sonrió con disculpas. Madame Pomfrey negó con la cabeza y luego los miró con una sonrisa amable.
-Muy bien. Hoy empezaremos con un caso bastante particular. Síganme- les dijo, comenzando a caminar hasta una de las camas, que permanecía con las cortinas cerradas.
Scorpius había sentido la tentación de ir a ver quién estaba detrás cuando llegó, pero se había contenido. Ahora por fin lo sabría. 
La anciana corrió las cortinas, y en la camilla, pudieron ver a una chica rubia bastante pálida que parecía dormir profundamente. 
-Ella es Fiona Johnson, una Revenclaw de quinto año. Ha estado con dolores de cabeza intensos y algunos mareos los últimos días, y he hecho varios estudios hasta dar con el resultado. Ahora está sedada porque es parte de su tratamiento y además así no sufre el dolor.
Los miró con calma y una sonrisa leve.
-La tarea que tienen hoy es averiguar qué le sucede. La única pista que voy a darles es que se trata de una enfermedad mágica. Luego deberán decirme qué tratamiento use para ayudarla. ¿Queda claro?
Los tres asintieron, Scorpius sintiendo como se le llenaba la mente de ideas.
-A trabajar entonces, tienen una hora- concluyó la enfermera.

Lily frunció el ceño levemente, mirando el pergamino que tenía frente a sus ojos. 
-Mmm… ¿Lorcan?- llamó, componiendo una sonrisa inocente.
El rubio, sentado a su lado en el sofá, la miró interrogante. 
-Están todos mal- concluyó la pelirroja, tendiéndole el pergamino.
Lorcan alzó una ceja y tomó los ejercicios de aritmacia con desconcierto. Comprobó con algo de molestia que estaba todo lleno de correcciones en tinta roja con la letra de Lily. 
 -Pero… no suelo equivocarme con esta materia- murmuró, con el ceño cada vez más fruncido-. Mierda.
Tiró el pergamino al suelo haciéndolo un bollo y se cruzó de brazos, enfadado.
-Pero qué haces, bobo- lo regaño Lily, juntando los ejercicios.
Intentó alisar lo más que pudo el pergamino, mientras Lorcan miraba al frente, enfurruñado.
Eran las seis de la tarde del viernes, y la sala común de Gryffindor se encontraba calma, con pocos alumnos esparcidos por los rincones, hablando y riendo. Se respiraba aire de fin de semana, y todos parecían contentos y relajados, menos los dos chicos sentados en el sofá. Lily suspiró y miró a Lorcan.
-Puedes equivocarte, no eres un robot.
El rubio la miró con una ceja alzada.
-¿Un qué?- preguntó, confundido.
La pelirroja rodó los ojos.
-Necesitas más charlas con el abuelo Arthur sobre el mundo muggle. Sólo digo que eres humano, puedes errar. Te ayudaré a corregirlos, no te preocupes- le sonrió altiva-. Por algo soy la mejor en esto.
Lorcan resopló.
-Es ridículo. Eres buena en todas las materias. Y además vas un curso por debajo que yo, debería ser al revés y no que tú me estés ayudando.
Lily le pegó con el pergamino maltrecho.
-Primero, no soy buena en todo, en Herbologia las plantas parecen tener algo en contra mío.
El rubio no pudo evitar sonreír al recordar las veces que Albus le había contado entre risas como su hermanita había terminado siendo perseguida por algún espécimen o mordida por una planta carnívora en las clases del profesor Longbotton. 
-Y segundo, no deberías subestimarme. Soy un año menor pero los números son una pavada para mí, así que o dejas el orgullo de lado o repruebas la tarea- continuó la chica, cruzándose de brazos.
Lorcan la miró, resignado, y asintió. Lily sonrió y tomó un pergamino limpio y una pluma para empezar a explicarle.
El chico la observó, intentando concentrarse. Pero últimamente le costaba. Esa semana había sido de terror. No había vuelto a hablar con Rose ni dos palabras, y evitaba almorzar con sus amigos para no incomodarla. La chica por su parte tampoco había hecho el intento de acercarse a él, y el rubio suponía que lo mejor era darle espacio. Además, seguía sin saber que decirle. Sus amigos habían intentado sacarle información sobre lo que había sucedido, pero Lorcan no había abierto la boca. El único que sabía era su hermano, que primero le había pegado en la cabeza por bruto y luego lo había consolado. "Se le pasará. Pero tienes que alejarte si no sabes qué decirle, porque vas a hacerle más daño. Dale tiempo, y date tiempo a tí para pensar como arreglar esto". Las palabras de Lysander, como siempre, le habían servido de mucho, así que había decidido hacerle caso. Y ahora al fin de habían acabado las clases, y si terminaba esos últimos deberes, tendría el fin de semana libre para despreocuparse del estudio. 
Claro que también tenía entrenamiento, y eso implicaba ver a Rose. La última vez en el campo Lorcan se había dedicado a dirigir el equipo sin hablarle ni mirarla directamente, sintiéndose cada vez peor con el paso de los minutos. Luego, cuando su amiga había sido golpeada por una bludguer de Hugo sin querer, había corrido hacia ella instintivamente, pero antes de poder preguntarle cómo estaba, Rose había salido caminando hacia la otra punta del campo con su hermano. 
-Entonces, un ave azul más un rinoceronte con alas dan como resultado un potus, igualito a tu cara.
Lorcan miró a Lily, confundido. La chica suspiró y dejó la pluma a un lado.
-No estás prestando ni un poco de atención. Deja de hacerme perder el tiempo, es viernes Scamander- refunfuñó.
El rubio se sintió mal enseguida. Lily había sido su mayor compañía esos últimos días. Si bien siempre habían sido amigos y compartían familia, no eran tan cercanos. Pero su soledad repentina había hecho que buscase su compañía, aunque algo en su cabeza le susurraba que no era buena idea. Sin embargo, Lorcan estaba harto de hacerle caso a esa voz. Le sonrió con disculpa.
-Perdón, Lily. Sigue- le dijo, enderezandose y mirando el pergamino.
La pelirroja suspiró. 
 -¿Por qué mejor no me cuentas qué sucede? Si sacas para afuera lo que te desconcentra te sentirás mejor, podremos terminar y seremos libres.
Lorcan titubeó unos segundos. No tenía tanta confianza con Lily, y aunque la tuviese, Rose era su prima y eran muy unidas. Temía que si se lo contaba la chica dejara de hablarle. Lily dejó el pergamino a un lado y se acurrucó en el sofá, viéndolo fijo.
-Prometo que seré neutral- dijo, alzando una mano.
El rubio se preguntó si estaba leyéndole los pensamientos. Lily pensó que era muy molesto ver a Lorcan con esa expresión de angustia constante, y que si podía ayudarlo se sentiría mejor.
Lorcan suspiró y entonces le contó todo.

Los últimos rayos de sol habían desaparecido ya, y en la sala común las antorchas se habían encendido, llenando todo el lugar de una luz cálida.
 Scorpius estaba recostado en uno de los sillones, absolutamente concentrado en el libro de sanación que había sacado de la biblioteca esa tarde. El último día en la enfermería lo había dejado con ganas de aprender más.
Rose, sentada en el suelo sobre un almohadón y apoyada en la mesita del centro, escribía sin parar el artículo para el concurso de periodismo. Bueno, en realidad era un borrador. Se había decidido por escribir sobre Quidditch, porque era algo que conocía y le gustaba mucho, y además dos de sus tías eran ex jugadoras profesionales, por lo que podría obtener información y testimonios de primera mano. 
Cualquiera que los viera se sorprendería bastante. Estaban allí, compartiendo un mismo espacio con tanta serenidad que parecían ser amigos de toda la vida. Lo cierto era que Rose y Scorpius se sentían extrañamente cómodos. Ambos podían concentrarse en lo que estaban haciendo sin desconcentrar al otro, aunque estuviesen en el mismo lugar. Rose agradecía el silencio y la tranquilidad que el rubio transmitía, y el chico a su vez había podido adaptarse con facilidad a ella. Rose no era muy ruidosa y a fin de cuentas, ambos estaban más cómodos allí que en sus habitaciones, por lo que tenía sentido.
La pelirroja movió la muñeca, que ya le dolía de tanto escribir, pero sonrió satisfecha al ver que al fin había acabado. Necesitaba retoques, claro, pero al menos ya tenía un boceto de lo que iba a escribir y eso era bastante. Alzó la vista y posó sus ojos miel en Scorpius, que seguía metido en el libro sin mover ni un músculo. Rose lo observó unos segundos. El rubio tenía el pelo algo desordenado y estaba vestido con una remera y un jean, y en medias. Todo su aspecto señalaba que era viernes y era hora de relajarse. Unas gafas negras cuadradas adornaban su rostro. Rose apoyó la cabeza en una mano sin dejar de mirarlo.
 -¿Eres miope?- le preguntó.
El rubio la miró y negó con la cabeza.
-No, solo se me cansa la vista, así que uso lentes de descanso.
La pelirroja asintió, pensando que se veía bastante guapo con ese aire intelectual y desenfadado a la vez. Pero no dijo nada, por supuesto. Agitó la cabeza dispuesta a concentrarse en corregir el borrador y dejarse de pensar tonterías, cuando un cocodrilo se materializó frente a ambos. 
"Su persona favorita está afuera. Déjenme pasar", hablo la voz de Albus.
Rose y Scorpius se miraron unos segundos, hasta que el rubio se puso de pie y abrió la puerta, dejando pasar a su amigo, que no venía solo. A su lado estaba Hugo, con cara de pocos amigos. Rose alzó una ceja. No de nuevo, por favor.
-Hola, mis muchachitos- saludó Albus, sentándose al lado de su prima- . Esperamos no interrumpir.
Scorpius cerró la puerta y volvió al sofá, quitándose las gafas. 
-Pues no parecen estar teniendo un plan súper divertido de viernes a la noche- murmuró Hugo, tirándose en el otro sofá. 
Rose y Scorpius alzaron una ceja, casi sincronizados.
 -¿Qué los trae por aquí, familia?- pregunto la chica, con un claro tono de ironía.
Albus sonrió, divertido.
-¿No puedo visitar a mi mejor amigo y a mi primita? Aún no conocía la sala común- dijo, mirando alrededor.
Hugo se mantuvo en silencio, jugueteando con las plumas de su hermana. Scorpius lo miró con curiosidad.
 -Además- continuó Albus-. Tu hermanito aquí tiene mal de amores, así que te lo traje para que hagas algo porque estaba insoportable.
Hugo le tiró un almohadón a su primo, Rose lo miró algo sorprendida y Scorpius volvió a alzar una ceja.
-Cállate, idiota- refunfuñó el castaño, cruzado de brazos.
Su hermana se levantó y se sentó a su lado.
 -¿Qué ha pasado con Lena?
Hugo resopló y miró al suelo, mudó. Lena era su novia desde tercer año, es decir, la pareja más larga y estable de Hogwarts. Era una chica rubia muy agradable que se había incorporado a la enorme familia Weasley-Potter con una facilidad absoluta, y además era la mejor amiga de Lily. Scorpius recordó entonces que Albus le había comentado que su primo y la novia eran la pareja más envidiada del colegio, porque parecían llevarse de maravilla.
-Hugo…- dijo Rose, mirándolo para que hablara.
-El muy bobo tuvo la bonita idea de decirle que pensaba estudiar Pastelería en Francia. Y claramente Lena se enfadó - explicó Albus, apoyado en el sofá.
Hugo resopló de nuevo.
-Se enojó porque no se lo conté antes. Pero es una exagerada… ¡Aún me falta un año para graduarme! ¡No iba a irme de Londres así sin más! 
Rose asintió, comprendiendo.
-Entiendo…pero también deberías ponerte en su lugar. Aunque aún falte, no es fácil saber que tu novio planea mudarse de país por dos años- le dijo, con suavidad.
-¡Pero quién dijo que no la llevaré conmigo!- protestó el castaño.
Rose alzó una ceja y Albus resopló.
-¿Le has preguntado si quiere mudarse de país?- pregunto la pelirroja.
Hugo se quedó quieto, reflexionando. Scorpius sonrió de medio lado al ver la expresión de desconcierto del chico.
-Bueno, no, pero… ¡Es obvio! ¿O no?
Rose suspiró y le revolvió el pelo.
-Hugo, no es una decisión tan simple. Debes hablarlo con ella. Pero realmente aún falta tiempo, creo que deberían disfrutar lo que les queda de colegio y luego ven qué sucede- le dijo, sonriéndole.
-Eso mismo dije yo- murmuró Albus, rodando los ojos.
-¿Y qué sabes tú de relaciones?- le pregunto Scorpius con una sonrisa burlona.
El moreno lo fulminó con la mirada.
-Pues más que tú seguro, escorpión.
Hugo suspiró y apoyó la cabeza en el hombro de Rose.
-Es verdad, será mejor que me disculpe con ella. Pero luego, ahora está enfadada y es capaz de tirarme algo por la cabeza. Soy muy joven para morir- concluyó.
Rose sonrió divertida y se acomodó en el sofá.
-Muy bien, a levantar esos ánimos que es viernes- exclamó Albus, sonriendo ampliamente.
Hugo, más animado, se sentó en el sofá y sonrió con algo de burla.
-Oye, Scorpius.
"Oh, no, aquí vamos de nuevo", pensó Rose, mirando mal a su hermano.
 -¿Sabes jugar ajedrez?
El rubio lo miró con serenidad y negó con la cabeza.
-No he jugado nunca.
Hugo y Rose alzaron las cejas, sorprendidos.
 -¿Nunca?- pregunto la chica.
Scorpius negó de nuevo.
-Nunca me llamo la atención- dijo, encogiéndose de hombros.
-Él es así de extraño…- acotó Albus, tirándole un almohadón a su amigo.
Hugo se puso de pie con aire solemne.
-Eso no puede ser. Te juego una partida- le dijo al rubio-. Soy el mejor, ya verás como aprendes.
-Oh, vamos, qué plan de viernes es ese…- protestó Albus, aunque nadie le prestó atención.
Scorpius se puso de pie y asintió.
-Acepto el reto- dijo.
Rose vio sorprendida como su hermano sonreía divertido y buscaba el ajedrez de la pelirroja, que descansaba sobre la mesa del fondo. 
-Oye, no tienes que jugar si no quieres- le susurró Rose a Scorpius, poniéndose a su lado.
El rubio se encogió de hombros.
-Siempre es bueno aprender cosas nuevas. No te preocupes- respondió, mientras se sentaba en el suelo frente a Hugo.
El castaño acomodó las piezas con entusiasmo, mientras Albus, resignado, se acomodaba en el sofá. Rose optó por sentarse en el suelo, al lado de Scorpius.
La partida comenzó con tranquilidad. Hugo le iba explicando los movimientos al rubio mientras jugaban, y Scorpius entendía a la perfección, concentrado. A su lado, Rose le iba diciendo estrategias para ayudarlo, hasta que el chico aseguró haber entendido todo y la chica lo dejó jugar solo. 
Un rato después, Hugo observaba sorprendido el jaque mate que Scorpius acababa de hacerle, ganando la partida. Rose y Albus sonreían divertidos, y el rubio sólo observaba a su contrincante con una media sonrisa.
-Eres la primer persona que me gana a la primera- murmuró Hugo, anonadado-. Vaya contigo.
-Es que es superdotado, tiene una inteligencia extraterrestre- acotó Albus, estirándose en el sofá.
Rose aplaudió, contenta.
-Muy bien, Scorpius. Sólo te falta ganarme a mi.
El rubio la miró burlón.
-Si pude con tu hermano podré contigo- le dijo, alzando una ceja.
Hugo soltó una risa 
-No te confíes, Rose es una genia del ajedrez- le dijo.
-Bueno, bueno, ya fue suficiente de juegos intelectuales por hoy- sentenció Albus, poniéndose de pie-. Tengo hambre.
Rose se puso de pie y caminó hacia el armario, sacando de allí varios dulces. Cuando volvió, observó sorprendida como Hugo se había acostado en uno de los sillones, mientras Albus y Scorpius estaban sentados en el otro. Pero lo que llamaba la atención era que el moreno se había puesto en una punta, dejando un hueco libre entre él y su amigo.
La pelirroja caminó y se sentó ahí, siendo el único sitio libre que había, mientras dejaba los dulces en la mesita. Albus, con una sonrisa divertida, la empujó un poco, haciendo que quedase pegada a Scorpius.
-Muévete un poco hacia allá, Rosie. Me aplastas- le dijo con aire inocente, acomodándose en su lugar.
Scorpius y Rose se miraron, algo incómodos, y se acomodaron intentando no tocarse demasiado, aunque era imposible porque estaban pegados. Hugo observó la escena divertido mientras Albus comía una rana de chocolate con cara de yo no fui, pero no dijo nada. Ya hablaría con su primo después.

Hoy solo voy a decir que...Gracias por el apoyo y ojalá les guste! XD


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