Historia al azar: El Libro Negro
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Donde gustes y cuando quieras » Capítulo cuatro
Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Jueves 9 de Julio de 2020, 19:38
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Capítulo cuatro

Capítulo cuatro

Rose pestañeo, algo aturdida. Podía sentir la respiración cálida y calma de Scorpius, a pocos centímetros de su rostro. Estaban tan cerca que podía ver las pequeñas motas gris oscuro que se mezclaban con el azul profundo de sus ojos, que la miraban igual de sorprendido. Rose no pudo evitar pensar que el chico tenía los ojos del mismo color exacto del mar cuando estaba nublado, un azul oscuro que transmitía paz.
-Mm… ¿Buenos días?- murmuró, sin saber bien qué hacer.
Scorpius pareció reaccionar ante esas palabras, y se separó de ella, incorporándose en el sofá. Rose lo imitó y la manta cayó al suelo. Se miró algo confundida, y recordó la noche anterior. Al menos había tenido la buena idea de ponerse un pijama más normal, de pantalón largo color verde oscuro y una remera enorme blanca. 
-¿Te sientes mejor?
Miró a Scorpius y le sonrió levemente.
-Sí, ya no me duele nada y creo que bajo la fiebre, porque me siento transpirada- se rascó la cabeza, algo incomoda-. Gracias por tu ayuda de anoche, siento haberte molestado. No sé qué me pasó.
El rubio se estiró en el sofá.
-Descuida, no fue nada. Y yo creo saber qué te pasó- respondió, mirándola con algo de burla.
La pelirroja lo miró interrogante, mientras intentaba peinar sus ondas algo enmarañadas. Necesitaba una ducha urgente.
-La sopa esa que comiste. Con ese olor nada puede ser sano.
Rose recordó entonces la sopa de verduras de Hagrid, y frunció el ceño.
-Pero siempre la como y jamás me cayó mal- se defendió, cruzándose de brazos.
Scorpius se puso de pie alzando una ceja.
-Pues debes ser marciana, porque no tiene buena pinta.
-Oye- Rose lo señaló con un dedo-. Ya te dije que no te metas con Hagrid.
Dicho eso se puso de pie y estiró los músculos, algo agarrotados por haber dormido sentada. Su estómago soltó un gruñido, y ella se lo cubrió con las manos, algo avergonzada.
-Creo que no me quedó nada adentro de tanto vomitar- dijo con una sonrisa inocente-. Voy a darme una ducha.
Dicho eso corrió arriba a buscar ropa, dejando a Scorpius con la palabra en la boca.
Media hora después salió del baño, ya bañada, peinada y vestida como una persona decente. En la sala común no había rastro de Scorpius, así que supuso que había subido a seguir durmiendo. A fin de cuentas era domingo y no pasaba de las seis y media de la mañana. Sin embargo, cuando estaba por subir hacia su habitación, la puerta de la sala se abrió y el rubio apareció con una bandeja con alimentos, que apoyó con cuidado sobre la mesa. Se había vestido y parecía más despierto. El estómago de Rose volvió a quejarse al ver sobre la bandeja un plato de bollos con crema y otro con galletas de agua, y dos tazas, una con café y otra con un te oscuro. Scorpius se sentó y bebió un sorbo de café, sin mirarla.
-Ven a desayunar. Aún no abre el comedor así que fui a las cocinas y Lila me preparó algo.
La pelirroja sonrió contenta y se sentó a su lado. El olor de los bollos y el café le hizo agua la boca, y estiro una mano para tomar uno, pero entonces la voz de Scorpius la detuvo.
-¿Qué crees que estás haciendo?
La chica alzó la vista y lo vio mirándola con su habitual serenidad.
-¿Comer?- dijo, aún con la mano levantada.
El rubio alzó una ceja y alejó el plato de bollos.
-Te estás recuperando de un ataque al hígado, no puedes comer esto. Ese es tu desayuno.
Señaló el plato de galletas y el té. Rose bajó la mano, desilusionada.
-Pero…muero de hambre. Y ya estoy bien- protestó.
Scorpius sólo la miró fijo, y Rose se sintió un perro regañado, cómo siempre que el ponía esa cara.
-Soy futuro sanador, y sé de esto. Si comes algo tan pesado con el estómago vacío y sensible te vas a volver a enfermar. Tienes que comer liviano hoy y mañana podrás volver a la normalidad.
-Pero…
El rubio alejó más el plato de bollos y luego siguió tomando su café, ignorándola. Rose resopló, frustrada, y tomó una galleta mirándola con pocas ganas. La mastico resignada, mientras murmuraba cosas por lo bajo.
-Tienes complejo de padre. Ya estoy grandecita…
Sin embargo se calló cuando el rubio vio que el rubio la estaba ignorando completamente, comiendo su estúpido bollo con tranquilidad.

***

-¿Con Scorpius Malfoy?
Rose suspiró, cansada, y miró a su hermano, que se había quedado con el tenedor a medio camino y la observaba fijo. 
-Sí- respondió simplemente, mientras cortaba un pedazo de pollo.
Si por ella fuera estaría comiendo otra cosa más que pollo y puré de calabaza, pero aunque no le gustará las palabras de Scorpius resonaban en su cabeza: debes comer liviano hoy. La verdad no quería hacerle caso, pero menos quería volver a vomitar, la había pasado fatal, así que aunque las papas fritas y otros manajares parecieran guiñarle un ojo, mejor prevenir que curar.
 -Pues vga compgna- acotó Lysandef, con la boca llena de pastel de choclo.
Rose le tiró la servilleta y Anne le pegó una palmada de reprimenda en la cabeza.
-Come bien- dijeron ambas a la par.
Lysander sintió un escalofrío, juntas esas dos daban miedo. Bebió jugo y siguió comiendo, enfurruñado.
-¿Te ha tratado bien?- preguntó Hugo, cortando su bife.
Rose asintió.
-No es ningún monstro. Solo es algo callado y serio, pero me ha ayudado un par de veces. Además- continuó, revolviendo el puré con resignación- no tenemos por qué compartir espacio todo el tiempo. 
Anne sonrió divertida mientras le robaba un tomate a Lysander del plato. El rubio la miró con enojo, nadie tocaba su comida, podía morir. Aunque Anne le daba miedo así que se había ganado el permiso, lo que no quitaba que la mirara feo. 
-Pues tienes suerte de que no te haya tocado con el otro Premio Anual de Slytherin. Green es un pervertido y un creído inaguantable- dijo la castaña, saboreando el tomate robado.
-Aún así iré a visitarte, para ver el panorama y darle un par de advertencias a Malfoy- sentenció Hugo.
Rose lo miró con el ceño fruncido.
-Huguito, aquí la mayor soy yo, no necesito que me cuides. Y además ya dije que Malfoy es decente. No se te ocurra avergonzarme.
Lo señaló acusadora con el tenedor y Hugo rodó los ojos, pero asintió.
-Está bien, pero aún así quiero visitarte. Soy tu hermano, no puedes prohibirmelo.
Anne miró a Albus, que comía en silencio y una expresión divertida.
-¿Tú qué tramas tan callado?
El moreno tomó agua y le sonrió a su amiga. 
-Sólo estaba escuchando- miró a Rose-. Scorpius es agradable cuando lo conoces bien, solo es un poco serio. Pero también puede ser muy divertido, créeme.
Rose asintió, tragando un pedazo de pollo. En realidad dudaba que el rubio fuese muy divertido, al menos de momento no lo había visto, pero si daba fe de qué podía ser agradable, de hecho le debía varias. 
Anne miró a Albus con suspicacia.
-Algo estás maquinado- le susurró-. Te conozco bien.
El Slytherin sonrió aún más y le guiñó un ojo. 
 -¿Yo? Nada. Solo observo.

***

Scorpius cerró la puerta de la enfermería y recorrió el lugar con la mirada, buscando a la enfermera. Habían decidido empezar las prácticas los domingos, porque no tenían clases, y los miércoles, porque de tarde tenían dos horas libres en medio de las materias. 
Avanzó unos pasos y vio el despacho de la señora Pomfrey abierto, pero ni señales de la anciana. 
-Si buscas a Pomfrey dijo que ya volvía- hablo una voz suave detrás suyo.
Scorpius se giró y vio a su compañera, Claire Nott, sentada en una de las camillas. La chica le sonrió con amabilidad, y el rubio se acercó a ella, sentándose en la camilla de enfrente.
-¿Tú también vienes por las prácticas?- preguntó la chica.
Scorpius asintió.
-Veo que tú también. ¿Somos los únicos?
Claire se encogió de hombros. 
-Creo que sí, al menos de momento no llegó nadie más.
El rubio no dijo nada y se puso a observar alrededor. Los armarios cerrados parecían llamarlo para que se acercará a investigar su contenido, pero se quedó en su lugar. Desde pequeño le apasionaba todo lo que implicaba sanar y salvar vidas, parecía ser algo innato en él, y reconocía que aunque al principio no le había convencido la idea de las prácticas por todas las responsabilidades que ya tenía, la realidad era que estaba contento, porque podría empezar desde antes a meterse en ese mundo. 
Miró a la chica sentada frente a él, que no había vuelto a hablar, aunque Scorpius podía sentir sus miradas de reojo. Claire era menuda y tenía el pelo corto, casi como un varón, pero acompañaba bien su rostro de rasgos dulces. Parecía un hada de cuento. Aunque eran compañeros de casa, para variar el rubio no había intercambiado muchas palabras con ella, aunque habían hecho trabajos en pareja para algunas materias y Albus, que sí se trataba con ella, aseguraba que era agradable. 
La puerta se abrió, sacándolo de sus pensamientos, y por ella entró un chico alto y delgado, de pelo oscuro y ojos enormes. Al verlos, sonrió mostrando todos los dientes y se acercó.
-Hola, bellezas, soy Daniel- se presentó.
Scorpius alzó una ceja ante la presentación casi teatral, y pensó que le sonaba su cara pero no recordaba haber hablado con él. Claire, en cambio, resopló divertida.
-Dan, ya te conocemos, deja las boberías y ponte serio por una vez.
El chico se apoyó en la camilla de Scorpius y sin permiso le pasó un brazo por los hombros.
-Tú si, pero estoy seguro de que este bombón ni sabe quién soy.
Le guiñó un ojo y el rubio se quitó el brazo de encima, incómodo. 
-Pues no lo asustes. Seremos compañeros de prácticas- lo reprendió la castaña.
Daniel rodó los ojos.
-No seas aguafiestas. Si vamos a ser compañeros de prácticas mejor que haya buena onda- se acercó un poco a Scorpius, sin dejar de sonreír-. Daniel Roth, séptimo año de Hufflepuff, futuro sanador.
El rubio se alejó un poco y asintió.
-Un gusto. 
-El gusto es mío, bombón.
-Mi nombre es Scorpius- sentenció el rubio, empezando a hartarse.
No tenía nada contra los homosexuales, pero prefería que no lo acosen. Daniel hizo un gesto con la mano, cómo restando importancia.
 -Lo que sea. Eres un bombón de todas formas.
 - Dan…- advirtió Claire, pero no pudo seguir regañándolo porque la enfermera entró al fin.
Scorpius suspiró, aliviado, mientras la sonriente anciana se reunía con ellos.
-Bienvenidos, que suerte que estén aquí. Creí que no vendría nadie.
Los tres le devolvieron la sonrisa levemente, y la mujer continuó.
-Muy bien, he inaugurado estás prácticas para que puedan aprender algo de Sanación antes de graduarse y empezar a estudiar la carrera propiamente dicha, y también porque ya estoy muy mayor y necesito un par de manos ayudantes.
Scorpius la observó con detenimiento y notó que era cierto, la mujer tenía más arrugas que cara y parecía costarle caminar muy rápido.
 -Bien- dijo la mujer, dando un par de palmadas alegres-. Comencemos. Cuéntenme qué conocimientos tienen de medimagia.
Daniel aplaudió y sonrió con entusiasmo, guiñándoles un ojo.
-Yo comienzo.


***

Lorcan caminaba por los pasillos, con las manos en los bolsillos y sus ojos claros en el suelo. No había coincidido con Rose en todo el día y empezaba a sentir que estaban distanciados, como si ya no fueran los mismos de siempre. Extrañaba hablar con ella, molestarla. Rose era su mejor amiga, podría decirse la única chica a la que le contaba casi todo y que lo había acompañado en muchos momentos. Si bien Anne  también era amiga suya, no era la misma relación.
Rose era especial. Y temía haber metido la pata, esta vez de forma más grave. Lo más complicado era que no sabía bien a qué se debía su indiferencia de los últimos días, y mucho menos cómo solucionarlo. Rose le hablaba con amabilidad, pero no había logrado sentarse a pasar un rato con ella y la conocía lo suficiente como para saber que atrás de su sonrisa había algo que no cuadraba. 
Alzó los ojos al sentir unos pasos, y se encontró con una chica a la que no se le veía el rostro porque lo tapaba la alta pila de libros que llevaba en brazos. Lorcan, caballero de nacimiento, se acercó a ella.
-Deja que te ayude, vas a terminar en el suelo- dijo, quitando varios libros de la pila.
Entonces, el rostro pecoso de Lily Potter apareció frente a él. Lorcan la miró algo sorprendido.
-Lily, no sabía que eras tú.
La pelirroja sonrió.
-Gracias por la ayuda, no sé cómo no se me cayeron por el camino.
Lorcan sonrió divertido, mirando los libros. 
-¿Para qué necesitas todo esto?- preguntó, mientras ambos seguían caminando.
-Tengo un trabajo de investigación para Encantamientos, así que busque todo el material posible.
El chico asintió.
-Vaya tú haciendo tarea un domingo.
La chica soltó otra risa divertida.
-No tengo nada mejor que hacer, y prefiero adelantar- lo miró con curiosidad-. ¿Y tú? ¿Qué haces paseando solo?
El rubio soltó un suspiro suave mientras miraba al frente, con la sonrisa algo más apagada.
-Buscando a Rose. Últimamente no puedo dar con ella.
Lily asintió.
-Ha estado ocupada con la mudanza y las tareas, seguro te buscará en cualquier momento.
Lorcan frunció el ceño y miró a la chica a su lado.
-¿Mudanza?
Lily lo observó algo desconcertada.
-Oh, pensé que sabías. Claro que tú no almorzaste con nosotros hoy- recordó-. ¿Tú no eres Premio Anual? Se mudó a la sala común nueva.
Lorcan entendió enseguida y asintió, volviendo a mirar al frente.
-Cierto. Aún no mudé mis cosas. Me ha tocado con Lysander- sonrió divertido-. De seguro ha convencido a la directora para que nos ubique juntos. Siempre logra persuadirla.
Lily soltó una risa.
-Cierto, tiene debilidad por Lys. No puede decirse lo mismo de ti.
Lo miró con burla y Lorcan le sacó la lengua.
-Yo prefiero mi mala fama.
Pronto llegaron a la sala común de Gryffindor, y el rubio ayudó a Lily a apoyar los libros sobre una de las mesas. 
-Uf, gracias, en verdad- dijo la pelirroja, acomodándose unos mechones que se habían soltado de su cola.
Lorcan sonrió.
-No es nada. Iré a ver si encuentro a Rose en el séptimo piso, tal vez su sala esté cerca de la mía. Nos vemos.
-Adiós, Lorcan.
El chico sonrió una vez más y se marchó en busca de su amiga. Esa vez no iba a escaparse, tenían que hablar de una vez por todas.

***

Rose caminaba hacia su nueva sala común, leyendo por tercera vez la carta que había recibido desde el concurso para la beca de periodismo. Le habían confirmado que ya estaba anotada y que a partir de mañana tenía un mes para enviar su artículo. Sonrió, algo nerviosa pero animada. Tenía varias ideas en la cabeza, solo debía ordenarlas.
Eran las siete de la tarde, y el sol había empezado a esconderse, tiñendo los pasillos de una luz anaranjada. Scorpius también caminaba hacia su sala común, con las manos en los bolsillos del pantalón y mirando al suelo, metido en sus pensamientos. Acababa de salir de la enfermería, y estaba bastante contento con el comienzo de las prácticas. Habían estado dos horas revisando conceptos y Madame Pomfrey les había mostrado distintas pociones y ungüentos. Scorpius sentía el entusiasmo recorrerle las venas al tener tantos nuevos conceptos para aprender. 
Sonrió de medio lado, y entonces algo chocó contra él, deteniéndolo de golpe. Scorpius se tambaleó un poco pero logró mantenerse derecho, y por puro instinto alzó los brazos y atajó aquello que había chocado con él antes de que cayera al suelo. Sin embargo, enseguida se dio cuenta que no era algo, sino alguien. 
Rose, que había soltado un pequeño grito de sorpresa al chocar con el rubio, solo atinó a agitar los brazos, lista para dar su trasero con el suelo, pero dos brazos fuertes se cerraron en torno a su cintura, impidiendo la caída. Abrió los ojos, y entonces se encontró el rostro de Scorpius a pocos centímetros. Se había aferrado a su remera con ambas manos, y el chico la mantenía agarrada, observándola con sorpresa. 
En algún lugar de su cerebro, una vocecita le susurraba cosas como "Otra vez sopa", "Parece que se ha vuelto deporte terminar pegada a Malfoy", " Deberías soltarte". Sin embargo, Rose ignoraba todo eso, porque otra vez, al igual que esa mañana, se había quedado aturdida por la sorpresa y por los ojos azules del chico que parecían tener la capacidad de paralizarla. Sentía la respiración del chico algo agitada, y su corazón le martillaba en el pecho con fuerza. 
Scorpius, por su parte, no atinaba a nada. Se había quedado paralizado al descubrirse otra vez excesivamente cerca de Rose. Mantenía los brazos firmes alrededor de su cintura, y el perfume floral de la chica lo envolvía. Algo dentro suyo se preguntaba por qué se quedaba como idiota cada vez que pasaba eso, y le decía que mejor la soltaba, pero el rubio no lograba hilar dos ideas coherentes. 
Se miraron casi sin pestañear, ambos demasiado sorprendidos como para hacer algo más. Y entonces una voz grave los sacó del aturdimiento.
-¿Rose?
La pelirroja pestañeo, volviendo a la realidad, y se soltó enseguida del rubio, alejándose un paso. Se giró y entonces vio a Lorcan, que los observaba con cara de desconcierto a unos pasos. Scorpius carraspeo y volvió a meter las manos en los bolsillos, incómodo. 
-Ey, ¿qué haces por aquí?- preguntó la chica, acercándose a su amigo, sonriendo con inocencia.
El rubio abrió la boca, pero no salió ningún sonido. Luego sonrió levemente y se cruzó de brazos.
-Pues mi sala común está en este piso también. Pero te estaba buscando. Que suerte que te encontré afuera.
Mando una mirada algo seria a Scorpius, que se había agachado para recoger la carta de Rose, que había terminado en el suelo. 
-Pues…
-Tenemos que hablar. Ahora- la interrumpió Lorcan, ya sin sonreír.
Rose frunció el ceño ante ese tono autoritario, y se cruzó de brazos. 
-Modera cómo me hablas, Scamander. No tengo mucha paciencia contigo últimamente- le dijo.
Scorpius se removió en su lugar, incómodo, y dio un paso para entrar en la sala común, pero entonces Lorcan elevó la voz y él se detuvo enseguida. 
-¡Exacto! ¡Estás enfadada conmigo y ni siquiera sé por qué! ¡Merezco una explicación!
El Slytherin miró a Rose, pero no vio pizca de sumisión ante los gritos de su amigo, más bien parecía estar a punto de explotar de enojo. Sin embargo, algo lo obligó a quedarse ahí con ella.
Rose por su parte se había acercado un paso a Lorcan y lo miraba con tanto enojo que el chico no la reconocía. La pelirroja soltó un golpe en el pecho de su amigo, sintiendo cómo la ira se apoderaba de su cuerpo.
-¿Así que no sabes por qué estoy enfadada? ¡Pues bien, te lo diré! ¡Últimamente lo único que haces es defraudarme, Scamander! ¡Ni siquiera puedo contar contigo para las cosas más simples!
Descargó otro golpe, y Lorcan retrocedió un poco, no por dolor sino por desconcierto.
-¿De qué estás hablando? ¡Sé que soy despistado y olvido cosas, pero aún así sabes que me importas! ¡El otro día no pude ir a ayudarte con Transformaciones, pero le pedí a Albus que se ocupe! ¡No quise dejarte sola con eso!
Rose soltó un resoplido de indignación.
-¡Oh, claro, porque el señorito soluciona todo mandando a los demás! ¡Ni siquiera entiendes de qué se trata esto!
-¡Pues habla, de qué se trata, Rose!- respondió Lorcan, enfadado.
La pelirroja se acercó otro paso. Sentía que las palabras se le escapaban de la boca sin control alguno, como si al fin hubiese explotado.
-Ni siquiera creo que tenga sentido explicártelo- le dijo, bajando la voz-. Estás ciego y eres idiota.
-Rose… estoy empezando a cansarme- Lorcan la tomó de los hombros con firmeza pero sin dañarla-. ¡Sé clara! 
Scorpius dio un paso al ver cómo el chico agarraba a Rose, pero no intervino. No podía meterse, pero tampoco se iría dejando a la chica en esa situación.
Rose se soltó y retrocedió, sintiendo la angustia que empezaba a mezclarse con el enojo y le apretaba la garganta.
-No estoy enfadada contigo, Lorcan- dijo al fin-. Intento no estarlo, porque no es tu culpa…todo es culpa mía.
Bajó la vista, sintiendo como se me aguaban los ojos, pero no soltó ni una lágrima. 
-Te quiero demasiado y eso hace que tus descuidos y tus idioteces me duelan más de lo normal. Así que no es enfado…sólo estoy harta de ti.
Lo miró y vio como los ojos celestes de su amigo se abrían con sorpresa, comprendiendo al fin. Lorcan sintió cómo algo adentro se agitaba, y por unos segundos sólo la observó en silencio, sin saber que decir. 
-Rose…- murmuró, alzando una mano hacia ella, cómo si intentara alcanzarla-. Yo…nunca me dijiste. Yo…
-Creí que era obvio, pero aún así tenía miedo de perderte. 
Lorcan soltó aire, abrumado ante la realidad, y bajó la mano incapaz de razonar algo.
-Rose… eres mi mejor amiga. Yo…tú…eres como mi hermana, no sé qué…
Se detuvo, bajando la vista sin saber cómo seguir. Las ideas se arremolinaban en su mente, confundiéndolo. Rose, por su parte, sintió como algo en su pecho se rompía, casi pudo oír el ruido. Sabía, era consiente de que Lorcan no sentía nada por ella, pero aún así oírlo era demasiado para ella. Bajó lo vista y apretó los puños, intentando serenarse. Luego volvió a mirarlo y sonrió levemente, aunque Lorcan supo que no era un sonrisa sincera.
-Todo está bien- susurró.
Luego dio media vuelta y se metió en la sala común sin mirar hacia atrás. Lorcan la vio irse, sin saber que hacer. Acaba de lastimar a su mejor amiga y se sentía una porquería, pero nada en ese momento le parecía lógico. 
Scorpius soltó aire, algo abrumado por la situación que acababa de presenciar. Sin decir nada, se metió en la sala común, dejando a Lorcan solo en mitad del pasillo vacío.
Adentro, sus ojos azules se posaron en Rose, que se había sentado en uno de los sofás y tenía la mirada perdida en algún lugar. Scorpius se detuvo, sin saber que hacer. No le parecía bueno meterse, no era su asunto y había presenciado una discusión ajena que no le incumbía para nada. Dejó la carta sobre un mueble y dio un paso hacia las escaleras, decidido a subir y dejarla sola, pero se detuvo. 
Algo dentro suyo se removía inquieto al ver a Rose allí, tan quieta que parecía de mentira. Suspiró y sin pensar mucho, se acercó hasta sentarse en el otro sofá.
-Rose…
La pelirroja pareció salir de su letargo al oír su voz, y lo miró algo sorprendida. Compuso un intento de sonrisa y se puso de pie, aclarandose la garganta. 
-Deberíamos ordenar un poco, ¿no crees? Bueno, en realidad yo debería, he dejado libros y tarea en la mesa, lo siento. Voy a recogerlo enseguida- dijo de forma atropellada, mientras iba hacia la mesa.
Scorpius la observó en silencio, mientras la chica empezaba a apilar libros y pergaminos. Rose tomó el tintero y se dispuso a guardarlo, pero éste se resbaló de sus manos temblorosas y acabó en el suelo, rompiéndose y formando un charco de tinta oscura sobre la madera. 
 -¡Mierda!- murmuró la chica, agachándose para recoger el desastre.
Scorpius se puso de pie y en dos segundos estaba agachado a su lado. Puso una mano sobre la de Rose, deteniéndola.
-Te vas a cortar- le dijo con calma.
Rose no respondió, solo se puso de pie. Scorpius agitó la varita y en un instante todo estaba limpio. Se paró y le sonrió levemente.
 -Iré a las cocinas a buscar algo de comer, me dio hambre. Te traeré algo.
Avanzó hacia la salida, pero antes de abrir la puerta se giró para mirarla.
 -Rose. 
La chica lo miró en silencio.
-Puedes llorar, ¿sabes? Eso no te hace débil.
Dicho eso salió, dejándola sola. Rose se sentó en el suelo, cansada. Ya no podía contener el llanto, era algo que escapaba a su control, y estaba segura de que Scorpius lo había notado, por eso la había dejado sola un rato, para que pudiera desahogarse.
Y Rose lo hizo. Dejo salir las lágrimas, abrazándose las rodillas. Pronto todo se convirtió en un llanto profundo que la ahogaba, cómo cuando era pequeña y lloraba angustiada por alguna pesadilla. Lloró soltando todo lo que tenía dentro, sintiendo como el dolor intenso le apretaba el pecho y la garganta. Lloró tanto que al poco rato ya no le quedaban lágrimas. 
Media hora después, Scorpius volvió a entrar y la encontró sentada en el sofá, otra vez con la mirada perdida pero mucho más serena que antes. Vio sus ojos algo rojos y las mejillas sonrojadas, pero no dijo nada. Al menos se había liberado un poco. 
Se acercó hasta sentarse en el otro sofá, dejando en la mesita un cuenco con frutas. Rose reaccionó al verlo, y sonrió, esta vez de forma sincera.
-Vaya, qué variedad- dijo, mirando las frutas de colores.
Scorpius se encogió de hombros. 
-Lila me puso de todo.
La pelirroja se apoyó en el respaldo, sonriendo.
-Ella es así.
Scorpius tomó un racimo de uvas.
-Come. No sabía cuál te gustaba así que por eso elegí varias.
Rose se incorporó un poco y tomó otro racimo de uvas.
 -¿También son tus favoritas?- le pregunto, probando una.
El sabor dulce y jugoso le lleno el paladar, levantándole un poco el ánimo. Scorpius asintió mientras masticaba.
-Veo que también te gustan.
Comieron en silencio, sintiendo la calma que reinaba en la sala. Rose le agradeció mentalmente por no preguntarle nada ni sacar el tema, y Scorpius simplemente se dedicó a saborear la fruta, aunque la miraba cada tanto, temiendo que fuese a romperse de pronto. Rose, bastante más serena, lanzó una uva al aire y la atrapó con la boca. Sonrió triunfante mientras masticaba, y el rubio alzó una ceja.
-¿Siempre comes la uva así?
La pelirroja lo miró divertida.
-Sí, es más divertido de esa forma. De seguro no te sale tan bien como a mí, tengo años de práctica.
Scorpius volvió a alzar la ceja.
-Ya quisieras- respondió, y lanzó una uva atrapándola con facilidad en la boca.
Rose aplaudió.
-Eres de los míos- dijo, lanzando otra.
El rubio sonrió mientras tragaba. Luego, sin decir nada, le lanzó a Rose una uva, que le pegó en la frente antes de caer al suelo.
-Oye…- refunfuño la chica, juntando la fruta-. No desperdicies.
Scorpius se encogió de hombros.
-Creí que la atraparías, ya que eres tan buena en eso.
Rose alzó una ceja y sonrió divertida. Tomo una uva y se la lanzó, esperando que se le cayera, pero Scorpius abrió la boca y la atrapó con facilidad.
-Mmm, deliciosa- dijo, masticando.
Rose abrió la boca, indignada.
-Vaya contigo…
El rubio sonrió y Rose pensó que hasta ahora no lo había visto en esa pose tan relajada y divertida. 
-Otra- le dijo, lanzándole una uva.
Scorpius volvió a atraparla.
-No podrás conmigo, Weasley. Son años de práctica- dijo, imitando sus palabras.
Rose rio y así estuvieron un buen rato, jugando con más uvas mientras comían.
 Esa noche, cuando se acostó, Rose sentía los músculos pesados y le ardían los ojos por el llanto, pero estaba aliviada. Las palabras de Lorcan aún rondaban y la herían, pero prefirió no pensar más en eso. Al menos el último rato con Scorpius le había servido de distracción. Sonrió al recordar cómo se había reído al ver que el rubio atrapaba las uvas con facilidad y a ella se le escapaban, terminando en el suelo. Las palabras de Albus volvieron a su mente de pronto. "Scorpius es algo serio, pero puede llegar a ser muy divertido". La chica pensó que su primo estaba en lo cierto. Esa tarde, había descubierto una faceta del rubio que no conocía, y dentro suyo agradecía haberlo hecho.

Con ustedes, el cuarto cap.! Estoy feliz y agradecida por las lindas palabras que se toman el tiempo de dejar, en verdad me alegro que les guste :) De a poquito van apareciendo nuevos personajes, y vamosd más de este serio Scorpius y de Lorcan. Abrazos gigantes y nos leemos!


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