Historia al azar: Luna en cuarto creciente
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Donde gustes y cuando quieras » Capítulo dos
Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Jueves 9 de Julio de 2020, 19:38
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Capítulo dos

Capítulo dos

-Y así fue como casi muero.
Rose pestañeo un par de veces, observando a su público con una sonrisa. Frente a ella, Anne, Lysander y Albus la observaban con las cejas alzadas. 
-Pues…tienes suerte de que no haya sido más grave- soltó Anne.
-Estúpido Pevees- refunfuño Albus.
-¡Oh, amiga mía! ¿Qué hubiésemos hecho si morías? ¡No podría vivir sin tu presencia!- concluyó Lysander, mientras la apretujaba en un abrazo teatral.
Rose rodó los ojos y se soltó, pegándole en la cabeza a su amigo.
-Si serás bobo, ya déjame.
Pero no pudo evitar sonreír divertida. Lysander era el ser más gracioso del mundo, y siempre tenía esas salidas extrañas que les sacaban risas y a la vez provocaban ganas de golpearlo.  
 -No exagero- se ofendió el rubio, cruzándose de brazos-. En verdad, podrías haber muerto.
Anne le tiró un puñado de pasto.
-Ya deja de decir eso. Solo fue una caída y ya se recuperó.
-Pero podría haber muerto.
-Lysander …
-Piénsalo. Si caía mal, se rompía la cabeza esa roja que tiene. ¡Una tragedia!
Rose soltó una carcajada y se apoyó en el hombro de Albus, que miraba a Lysander con diversión. El moreno suspiró y le pellizco una mejilla a su prima con cariño.
-Pues menos mal que apareció Scorpius. Mira tu qué caballero resultó… deberías agradecerle.
Rose lo miró con el ceño fruncido.
-Ya lo hice, no soy ninguna maleducada.
Anne miró al frente y vio a Lorcan caminando hacia ellos con su habitual soltura.
-Allá viene el que faltaba - dijo, mirando a Rose instintivamente.
La pelirroja se incorporó al ver al rubio sonriéndoles mientras llegaba hasta ellos. La molestia la invadió al recordar que por su culpa había sufrido ese accidente. Si él hubiese estado con ella como habían quedado, tal vez no hubiese pasado nada.
-¿Cómo está mi grupo favorito?- saludo el chico, mientras se sentaba al lado de su gemelo.
Rose los observó y tuvo la misma sensación de siempre al verlos juntos. Lorcan y Lysander eran dos gotas de agua, pero si los conocías bien era fácil distinguirlos. Mientras Lorcan era un mujeriego empedernido y vivía con una sonrisa sensual pegada en la cara, Lysander era un bromista incorregible y tenía un brillo de picardía constante en los ojos, y aunque su belleza atraía chicas por todos lados, no solía aprovecharse mucho de eso. Rose siempre se preguntaba por qué no había podido enamorarse de él y no de Lorcan, pero suponía que era porque la personalidad avasallante de este último era lo que atraía sin remedio. 
-Aquí estamos. Rosie estaba contándonos como casi muere ayer- respondió Albus.
Lorcan se puso serio y la observó.
-¿A qué se refiere?
Rose rodó los ojos, no tenía ganas de hablar con él. Por suerte, Anne se encargó de responderle.
-Anoche Pevees la asustó con una de sus estúpidas bromas mientras hacía la ronda, y se cayó de una de las escaleras.
 -¿¡Qué?!
Lorcan se puso de pie de un salto y en menos de un segundo estaba a su lado, abrazándola y revisándola toda para ver si tenía heridas.
 -¿ Qué te pasó? ¿Estás bien? ¿Qué te duele?
Rose resopló y le pegó un empujón, apartándolo. Se acomodó el cabello y lo miró con el ceño fruncido.
-Ya basta. Estoy bien, solo me torcí un pie y me lastime las manos, pero Pomfrey se ocupó. Descuida.
Lorcan la miró, no muy convencido.
-Debiste llamarme, ¿por qué no enviaste un Patronus? Habría ido a ayudarte.
Anne cerró los ojos, sabiendo que su amiga podía estar a punto de explotar. Albus se hizo el bobo y Lysander los observó con diversión. Rose alzó una ceja.
-Considerando que se suponía que íbamos a hacer la ronda juntos y no apareciste, supuse que estarías muy ocupado- respondió-. Oh, espera. También habíamos quedado en que me ibas a ayudar con Transformaciones, y tampoco apareciste. 
Lorcan abrió los ojos, recordando de pronto.
-Demonios, lo siento Rosie Pooh, lo olvidé por completo.
Anne resopló y Albus lo miró como si fuera suicida. Rose por su parte se limitó a suspirar, cansada 
-Me di cuenta que lo olvidaste. No es la primera vez, así que no te preocupes, ya debería estar acostumbrada.
Se puso de pie, sacudiéndose el pasto de la falda, y tomó su mochila. 
-Además Malfoy la ayudó y la llevo a la enfermería, tuvo suerte- acotó Lysander, arrancando pasto con cara de póquer.
Lorcan frunció el ceño.
-¿ Malfoy? ¿Scorpius Malfoy?
Rose rodó los ojos de nuevo.
-¿Cuántos Malfoy conoces?
Dicho eso comenzó a caminar hacia la sala común. Lorcan, más rápido que ella, la alcanzó en dos zancadas y la detuvo tomándola de un brazo con suavidad. La pelirroja suspiró y se giró para verlo.
-Rose, en verdad lo siento mucho. Te compensare - le dijo con seriedad.
Rose no pudo evitar pensar que se veía demasiado lindo con esa cara de arrepentimiento, pero no cambió ni un poco su expresión. 
-Olvídalo. No fue nada- respondió al tiempo que se soltaba-. Tengo deberes, nos vemos luego.
Se giró y siguió camino, y esa vez Lorcan no la detuvo. 
 -El mejor amigo del año- murmuró Anne.
Lorcan la observó con molestia pero no dijo nada. A fin de cuentas tenía razón.

***

Resopló, aburrida. Estaba sentada en las gradas del campo de Quidditch, viendo al equipo de Gryffindor realizar su primer entrenamiento del año. Y ella no podía participar. Miró su tobillo con enojo, cómo si este tuviera la culpa. Bueno, en cierto punto así era, porque Madame Pomfrey había sido muy clara: tenía que descansar el pie hasta terminar el tratamiento, o podía volver a lesionarse. Así que no podría empezar a entrenar hasta el fin de semana. 
Rose, fanática del Quidditch gracias a su padre, odiaba quedarse atrás porque sentía que perdía rendimiento. Pero no tenía demasiadas opciones.
-¡Muy bien, descansamos cinco minutos!- gritó Lorcan, capitán del equipo.
Rose lo vio levantarse la remera del uniforme para secarse el sudor de la cara, dejando al descubierto un abdomen bien formado, y se le secó la garganta. Se tocó las mejillas, ruborizada. Estúpido Lorcan. Y estúpidas hormonas. Sobre todo, estúpida ella. Cuando alzó los ojos de nuevo vio a su amigo que caminaba hacia ella con una sonrisa. El rubio apoyó ambas manos en la grada dónde estaba sentada, rodeándola.
-No refunfuñes, Rosie Pooh. En un par de días podrás unirte- le dijo, pellizcándole la mejilla.
Rose le apartó la mano de un golpecito.
-No me toques con esa mano sudada, Scamander. 
Lorcan alzó una ceja.
-Ni que tú no sudaras- la miró con inocencia y Rose quiso pegarle-. ¿Sigues enfadada?
La pelirroja suspiró y terminó esbozando media sonrisa.
-Sabes que no me duran demasiado los enojos. Defecto que tengo.
Lorcan alzó las manos haciendo un gesto de victoria.
-Genial. Esta tarde te veo en la biblioteca. A las cinco.
Rose frunció el ceño mientras lo veía girar para regresar al campo.
-Ey, ey…- lo tomó de la túnica, frenándolo-. ¿Para qué?
Lorcan le sonrió.
-Pues para ayudarte con Transformaciones, boba. Te lo debo. ¡Me voy!
Le tiró un beso volador y salió corriendo de vuelta al campo. Rose no pudo evitar suspirar y soltar una sonrisa leve. Al menos iba a compensarla.
Claro que cualquier persona que hubiese presenciado eso le hubiese dicho: Rose, eres tonta.
Es que el reloj marcaba las cinco y media de la tarde, y allí estaba ella, sentada en una mesa de la biblioteca que daba contra la ventana, y sintiéndose una idiota. No iba a llegar, eso estaba claro. La había dejado plantada, otra vez.
Se tocó el puente de la nariz, intentando serenarse. Definitivamente, Lorcan estaba perdiendo un papel en su vida, ya ni siquiera podía comportarse como un amigo. Rose apoyó la cabeza contra el vidrio, sintiendo los rayos del sol que venían de afuera. Tal vez no era eso, sino que Lorcan siempre había sido así. Era un sol de persona, pero también era descuidado, no solo con ella sino con todo el mundo en general. Tal vez la culpa era suya, por esperar algo que sabía no pasaría. 
Un golpe leve sobre la mesa la sacó de sus pensamientos, y alzó la vista para encontrarse a un chico rubio que acababa de apoyar una pila de libros y se había sentado frente a ella. Pero ese chico no era Lorcan. Era Scorpius Malfoy.
Rose alzó una ceja. ¿Es que se lo iba a encontrar hasta en la sopa? 
-Mmm… ¿Hola?- saludó, al ver que el Slytherin acomodaba las cosas sin decir nada.
-Hola- respondió, y finalmente posó sus ojos azules en ella.
Tenía una expresión algo molesta, y Rose se sintió incómoda. Scorpius arrastró un libro enorme de tapa verde por la mesa hasta acercárselo.
-Lee la página cinco, hay un buen resumen de lo más importante que debes aprender. Luego vamos a practicar los movimientos básicos, hay que empezar con lo simple primero.
Rose lo miró con curiosidad, sin entender nada.
-Disculpa, no entiendo.
El rubio la miró como si hubiese hecho una pregunta idiota 
-¿No necesitas ayuda en Transformaciones? Pues a eso vine.
La pelirroja alzó ahora las dos cejas.
-Pero… Lorcan iba a ayudarme. ¿Qué haces tú aquí?
Scorpius suspiró y se acomodó en el asiento.
-Me manda Albus.
Ahora sí que no entendía nada. Lo miró fijo, esperando la explicación.
-Lorcan Scamander le aviso a Albus que no podría asistir a ayudarte porque quedó en practicar unas jugadas con los nuevos del equipo, y le pidió que viniera a ayudarte o buscara a alguien que pudiera. Albus me mandó a mí porque él no podía y yo estaba allí.
Rose sintió una punzada horrible en el estómago. Otra vez, Lorcan había encontrado algo más importante para hacer. Bajó la vista unos segundos, pero se recuperó enseguida.
-¿Y tú accediste a ayudarme así sin más?
Scorpius suspiró.
-Albus me chantajeó. No preguntes con qué- la miró con tanta seriedad que Rose no se atrevió a refutarle-. Ahora, ponte con eso.
La pelirroja abrió el libro inmediatamente, algo cohibida por ese tono autoritario, intentando concentrarse e ignorar el malestar que sentía. 
Tres horas después, le dolía la muñeca de tanto practicar los movimientos y la cabeza de tanto repasar teoría. Pero sentía que había avanzado varios pasos. Scorpius, frente a ella, descansaba la cabeza en una pila de libros. 
-Es suficiente por hoy- murmuró él rubio, incorporándose.
Se miraron, agotados. Afuera ya había caído el sol y la biblioteca empezaba a vaciarse.  El estómago de Rose soltó un quejido y la chica se ruborizó.
-Definitivamente, es hora de irnos- respondió, sonriendo con inocencia.
Scorpius soltó media sonrisa y comenzó a recoger sus cosas. Cinco minutos después, ambos estaban caminando por los pasillos, libres al fin. Rose lo observó de reojo y carraspeo.
-Oye.
Scorpius la miró con interrogación.
-Se que te obligaron, pero aún así gracias por ayudarme. Entendí varias cosas- le sonrió-. Hablaré con Albus para que deje de molestarte.
El rubio se encogió de hombros.
-No te preocupes, yo me arreglo con él, sé manejarlo.
Rose alzó una ceja.
-Pues no se nota, mira dónde estás.
Lo miró divertida y el rubio resopló.
-Ya.
El estómago de Rose volvió a quejarse, y se frenó de pronto, con una idea en la mente.
-Oye, acompáñame a las cocinas.
Scorpius se giró y la miró con las cejas alzadas.
-Pero es hora de la cena, vamos a al Gran comedor. ¿Para que quieres ir a las cocinas?
Rose sonrió con algo que el rubio identifico como picardía.
-Lo se. Pero resulta que tengo amigos elfos y me malcrían un poco. Por ejemplo, suelen darme pastel de chocolate y fresa, que no siempre lo sirven. Puedes pedirles lo que quieras.
Scorpius abrió la boca para replicar, pero Rose lo tomó de la manga y lo arrastró con suavidad hacía las cocinas. 
-Déjame compensarte por la ayuda obligada de hoy.
El rubio quiso decirle que con comida no iba a compensarlo, pero guardó silencio y se dejó llevar.
Una vez allí, un grupo de elfos con ojos brillantes y excesivamente serviciales los rodearon. Rose sonrió con dulzura.
-Ya, ya… no hace falta tanto protocolo. ¿Dónde está Lila?
El grupo de elfos señaló hacía un mismo lugar con sus manos pequeñitas, y Scorpius pudo ver una elfina vestida con un delantal rosa, picando unos vegetales. Al ver a Rose, la criatura sonrió feliz y corrió hacia ella, colgándose de su cintura. Scorpius la observó sorprendido. Lo elfos solían ser muy respetuosos con los humanos, y no mostraban afecto de manera muy efusiva, pero esa elfina parecía todo lo contrario. 
-Hola, Lila- la saludó Rose, dándole unas palmaditas en la cabeza.
La elfina se apartó y dio un par de saltitos en el lugar 
-Señorita Rose, ¡ha venido a visitarme! ¿Qué quiere comer? ¿Y el señorito Hugo?
Miró hacia todos lados, buscando algo, y entonces reparó en Scorpius. Sus ojos gigantes lo observaron con curiosidad.
-Oh, ha traído un amigo. 
Rose asintió.
-Sí, no te preocupes. Sólo vengo por un buen trozo de pastel, y Scorpius comerá algo también.
La elfina hizo una exagerada reverencia y asintió, contenta. 
-¿Qué quiere el señorito amigo de la señorita Rose?
Scorpius se rascó la cabeza, y Rose le sonrió.
-Puedes pedir lo que quieras, tal vez algo que no sirvan siempre en el Gran comedor. Lila tiene de todo.
La elfina asintió en acuerdo.
Media hora después, Rose y Scorpius habían terminado de comer. La pelirroja saboreaba la última fresa del pastel y Scorpius dejaba el plato de tiramisú a un costado. Lila había vuelto a sus tareas, feliz. El rubio miró a Rose.
-¿Sabes que esto no se puede hacer, verdad? Eres Premio Anual.
La pelirroja sonrió con inocencia.
-Sí, lo se, pero vengo aquí desde primer año. Y no pienso cambiar esa costumbre. Además los elfos no dicen nada, Lila se ocupa de eso.
Scorpius se apoyó en un brazo y la miró con curiosidad.
-Parece que te adora.
Rose asintió mientras miraba a la elfina, que en ese momento peleaba unas frutas.
-Mamá trabaja en el Departamento de regulación de criaturas mágicas, y la rescató de un infierno. Lila vivió con nosotros desde que nací, pero es como un miembro más de la familia, aunque siempre se desvivió por atendernos. Cuando empecé Hogwarts quiso venir a trabajar aquí para no extrañarme a mi y a Hugo, que empezó un año después que yo, y McGonagall accedió sin problemas. Por eso me conoce y me consiente.
Scorpius asintió, comprendiendo. 
-Vaya Premio Anual resultaste.
Rose lo observó y vio un leve dejo de burla en su sonrisa. Se encogió de hombros.
-A veces pienso que no debieron darme la insignia. Pero en realidad es la única cosa ilegal que hago, en general soy una santa.
Scorpius bostezó y estiró la espalda.
 -Permíteme dudarlo- concluyó, mirándola de arriba abajo.
Rose le tiró una miga y sonrió divertida.
-Anda, vámonos, antes que sea el toque de queda- dijo el rubio, poniéndose de pie.
Se despidieron de los elfos, y Lila le pidió a Rose que trajera de vuelta a su amigo rubio. En el camino hacia la sala común, ya sola, Rose pensó en Lorcan y otra vez volvió el nudo en el estómago. Suspiró. Al menos por unas horas se había olvidado de su amigo.

***

Scorpius soltó la mochila y se tiró en la cama. La habitación estaba vacía, por suerte. Supuso que sus compañeros aún estaban cenando. Se incorporó y clavó sus ojos azules en el techo. Estaba aburrido. Podría decirse que sólo quería que ese año pasará rápido para graduarse y poder ponerse a estudiar lo que le gustaba. 
Sentía que su vida estaba en un estado de monotonía del que le costaba sacudirse. Todo era igual. Las clases, sacar buenas notas, responsabilidades. Scorpius se aburría, pero tampoco encontraba la forma de sacudirse esa rutina que ya lo tenía harto. 
La puerta del baño se abrió y Albus apareció con el pelo mojado. Scorpius alzó una ceja.
-¿No bajaste a cenar?
Albus tiro la ropa de cualquier manera en el suelo y se acostó en su cama, sonriendo con su habitual cara de despreocupado.
-No tengo hambre, comí demasiados dulces- lo miró con curiosidad-. ¿Cómo te fue con Rose?
Scorpius recordó entonces el chantaje de su amigo y lo miró con cara de enojo.
-Oh, vamos, quita esa cara de perro rabioso. De seguro no te costó nada.
El rubio volvió los ojos al techo.
-Me costó tres horas de mi tiempo, Potter. Último favor que te hago. Aunque en realidad me obligaste, ni siquiera cuenta como favor.
Albus le tiró un almohadón.
-Ya, no seas exagerado. Era sólo hoy, Rose necesitaba la ayuda y no podía abandonarla a su suerte, es mi prima.
-Pues hubieras ido tu.
-No soy tan bueno en Transformaciones como tú. 
-No, solo eres bueno chantajeando amigos- respondió Scorpius, devolviéndole el almohadazo.
Albus lo atrapó en el aire y rodó los ojos.
-Oh, por favor. Sabes que no iba a mostrarla. Esa foto es nuestro secreto más sagrado.
El rubio le tiró ahora otro almohadón de su propia cama, y el moreno no logró esquivarlo.
-Pues amenazaste con dársela a Mina Lewis, alias "cuanto todas las cosas vergonzosas de los demás y no me importa".
Albus sonrió con falsa inocencia.
-Sabes que no iba a hacerlo. Solo quería que me hagas el favor.
-Descuida, ya encontraré la manera de devolverte el golpe.
El moreno resopló.
 -Exagerado. Además yo soy perfecto, no tienes mucho con lo que amenazarme.
Scorpius se levantó y empezó a buscar sus cosas para meterse a la ducha.
 -Eso te crees tú, Potter.
Albus sonrió pero no dijo nada, en cambio miró a su amigo con malicia.
 -Oye, Rose es bonita, ¿no crees?- soltó, posando sus ojos en el techo con cara de poquer.
Scorpius se quedó con la mano a medio camino de agarrar la toalla, y se enderezó. De pronto se sentía incómodo.
 -¿A qué viene eso? 
Albus se encogió de hombros.
-Nada, sólo digo. 
El rubio soltó aire y continuó juntando sus cosas.
-No lo sé, no la he estado mirando con tanto detalle.

***


-Muy bien, todo en orden. Puedes volver a hacer todo con normalidad- concluyó Madame Pomfrey, sonriéndole.
Rose le devolvió el gesto con alegría. Al fin podría volver a entrenar. 
 -Muchas gracias, señora Pomfrey. 
La anciana asintió y Rose se puso de pie , colgándose la mochila. Entonces, un pergamino pegado en la pared llamó su atención. Se acercó y observó las letras oscuras escritas allí.
Prácticas para futuros sanadores. 
 -Madame Pomfrey, ¿qué es esto?
La enfermera se acercó y sonrió al ver el pergamino. 
-Es una convocatoria para alumnos de séptimo año que quieran dedicarse a la medimagia luego de graduarse. Solo tienen que anotarse y podrán realizar algunas prácticas conmigo dos veces por semana, para aprender. Y de paso me ayudan un poco, que ya estoy demasiado mayor y me canso fácil.
Rose asintió.
-¿Ya se ha presentado alguien?
-No aún, acabo de colgarlo. ¿Te interesa?
La pelirroja sonrió y negó.
 -No, yo quiero ser periodista. Pero conozco a alguien que tal vez si… me llevaré una copia.
La señora Pomfrey asintió, contenta. Rose sacó una copia del pergamino con ayuda de la varita y se despidió de la mujer. 
Una vez afuera, se topo con Albus, que la esperaba apoyado en la pared de piedra con cara de sueño. 
-Oye, dale esto a Scorpius cuando lo veas- le dijo, alcanzándole el anuncio.
Su primo lo leyó con curiosidad y finalmente esbozó una sonrisa.
-¿ Cómo sabes que quiere ser sanador?
Rose se encogió de hombros.
-Me lo comentó el día que tuve el accidente. Tal vez le sirva, y se lo debo. Me ha ayudado un par de veces.
Comenzó a caminar y Albus se le unió, abrazándola por los hombros.
-Pues vamos a buscarlo, seguro ya está en el comedor.
Rose asintió y se dejó llevar. 
-Oye, Rosie.
-Dime- murmuró la pelirroja, cansada.
Eran las ocho de la noche y ya tenía sueño. Pero esa semana había sido muy agotadora, nadie podía culparla. 
-¿Crees que Scorpius es guapo?
Rose se frenó y abrió los ojos con sorpresa.
-¿Qué?
Albus sonrió divertido.
-Nada, olvídalo. Vamos.
La arrastró hacia el comedor y Rose decidió no preguntar más nada por las dudas. 
Cuando llegaron, comenzó a caminar hacia la mesa de Gryffindor, pero no había dado ni tres pasos cuando su primo la tomó de la mano y la empezó a arrastrar hacía otra dirección.
-Albus, ¿adónde vamos?- preguntó, desconcertada.
-A mí mesa, allí está Scorpius- señaló, y Rose vio efectivamente la cabeza rubia del chico-. Nunca cenas conmigo en mi mesa, hoy te toca.
-Pero…
-Ya casi llegamos.
Albus no la dejó replicar, y finalmente se sentaron frente a Scorpius, que los miró sorprendido.
-Hola, Escorpión. Pásame la carne- saludó Albus, cómo si nada.
Rose le sonrió, algo incómoda por las miradas que recibía de los demás alumnos. Era raro ver algún Weasley en una mesa de serpientes. Scorpius le pasó la bandeja a Albus y siguió comiendo.
 -Come, Rosie. Y tú, agarra esto.
Albus le extendió a su amigo el pergamino y el chico lo tomó con curiosidad. 
-¿Prácticas?
Albus miró a Rose mientras masticaba, invitándola a explicarle. La pelirroja sonrió levemente y le contó al rubio de qué se trataba.
Scorpius dejo el pergamino a un lado y bebió jugo con su habitual tranquilidad. 
-No creo que me anote - concluyó.
Albus y Rose alzaron una ceja a la par, cómo sincronizados. 
-¿Por qué no?- pregunto la chica, frunciendo el ceño.
-No lo sé, tengo demasiadas cosas que hacer este año.
Albus resopló.
-Pero Scorpius, Rose tiene razón, es una buena oportunidad. Tú quieres ser sanador, qué mejor que empezar a aprender con Madame Pomfrey, que tiene más años que un dinosaurio haciendo eso.
Rose le pegó en el brazo a modo de reprimenda.
-No seas irrespetuoso.
Finalmente, se enderezó y mientras cortaba un pedazo de pollo con calma, dejo caer:
-Cobarde.
Lo dijo casi susurrando, pero Scorpius la escuchó a la perfección. 
-¿Disculpa?
Rose siguió cortando la comida, sin mirarlo.
-Es que Madame Pomfrey me lo dijo, no es para cualquiera. Es decir, muchos dicen que quieren ser sanadores, pero luego a la hora de la verdad se retractan. Ven una gota de sangre o una herida grave y salen corriendo. Es lógico, te entiendo- respondió, llevándose un tomate a la boca.
Lo miró con tranquilidad, y el rubio alzó una ceja. 
-Yo no soy impresionable.
Albus sonrió divertido al entender las intenciones de su prima. Rose asintió, sirviéndose jugo.
-Claro, entiendo. No tienes que explicarme nada.
-Que no lo soy- dijo Scorpius, mirándola fijo-. ¿Qué tengo que hacer para anotarme?
La pelirroja sonrió triunfante y le señaló el pergamino.
-Sólo vas a la enfermería y anotas tu nombre en otro de esos que hay pegado. Por lo que vi aún no se había anotado nadie.
El rubio asintió y guardó el pergamino en la mochila. En ese momento, Rose miró hacia la entrada del comedor casi por accidente, y la sonrisa se le borró al instante. Lorcan hablaba excesivamente cerca con una chica rubia, a la que tenía casi acorralada contra la pared, al lado de las puertas de entrada. Rose estaba segura de que si daba un paso podría besarla, y parecía no importarles que los viera todo el comedor, aunque nadie parecía estar prestando atención. Sintió como se le aguaban los ojos, y se sintió idiota, cómo siempre. Pero no podía hacer nada con lo que sentía, aunque se propusiera olvidarlo, cada vez que presenciaba una de esas escenas se le formaba un agujero en medio del estómago. 
Albus seguía comiendo, ajeno a lo que ocurría, pero Scorpius había notado como la expresión de la chica cambiaba abruptamente. Ya no sonreía y parecía a punto de salir corriendo. Se giró, y entonces vio lo que ella miraba. Y comprendió a la perfección. Miró a Rose, pero la pelirroja se había levantado y sonreía forzadamente.
-Tengo cosas que hacer, nos vemos.
Empezó a caminar antes de que alguien pudiera decir nada. Albus la miró sorprendido.
-Pero Rose… ¡No comiste nada!
Entonces el moreno la vio salir del Gran comedor, y ahí reparó en Lorcan, que parecía no haberse dado cuenta de nada. Frunció el ceño, molesto. 
-Imbécil, siempre lo mismo. Si no fuera mi amigo le rompería la cara- murmuró, apretando el tenedor.
Scorpius bajó la vista pero no respondió nada. No conocía a Lorcan Scamander, pero de pronto también le pareció un idiota.


Hola a tod@s! Cómo están? 
Muchas gracias a quienes agregaron la historia a favoritos y comentaron! Se que muchas veces uno solo quiere leer, pero los comentarios animan mucho y ayudan a saber qué les gusta y que no de la historia, así que son bienvenidos! Vamos, no cuesta nada :)
Cómo verán los capítulos son bastante largos, así que me lleva un par de días escribirlos, pero de momento tengo tiempo así que las actualizaciones serán regulares ;)
Saludos a todos!!







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