Historia al azar: Dónde quiera que estés
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Donde gustes y cuando quieras » Capítulo diecinueve
Historia terminada Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Viernes 21 de Agosto de 2020, 19:10
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Capítulo diecinueve

Capítulo diecinueve



Los rayos de sol entraban suavemente por la ventana, y el viento seguía presente, golpeando los vidrios. 
Scorpius se removió apenas en la cama, frunciendo el ceño por la luz y porque un peso en sus piernas le impedía moverse del todo. Cuando logró abrir los ojos enfoco el techo de su habitación, y trato de recordar quién era, dónde estaba y qué año corría; lo normal cuando uno recién despierta. Cuando logró centrar su mente, miró a su izquierda, pero no vio a Rose a su lado. La almohada seguía en su lugar y las sábanas estaban arrugadas, pero la chica no estaba. Se incorporó un poco, apoyando los antebrazos en el colchón, y entonces la vio. La pelirroja dormía acurrucada en horizontal, con la cabeza apoyada en sus piernas y los pies casi fuera de la cama. El rubio sonrió apenas, aún adormilado. ¿Quién dormía en semejante posición? Rose era la persona más enroscada y extraña para dormir, sin dudas. Debía haber terminado así en algún momento de la noche. Scorpius movió los dedos de un pie, sintiendo las piernas acalambradas debido a que estaban siendo usadas de almohada, y suspiró. 
Estaba a punto de tocar la cabeza roja de su novia para despertarla, cuando unas voces provenientes de abajo lo frenaron. 
-Pase, tal vez aún duermen, pero he revisado sus horarios y no tienen clases de mañana así que no será problema. 
Esa era la voz de McGonagall, no le quedaban dudas. ¿Qué hacía en la sala común? Rose se removió un poco y abrió los ojos, confundida. Se incorporó en la cama y miró alrededor hasta enfocar al rubio, que a su vez la miraba con cara de circunstancias. 
 -¿ Qué…?- comenzó la chica, empezando a notar donde había dormido. 
 - Shh- le chisto Scorpius despacio, alzando un mano mientras se sentaba-. Creo que la directora está abajo.
La pelirroja abrió los ojos como platos al oírlo.
 -¿ McGonagall? ¿Qué hace aquí? ¿Crees que haya pasado algo? ¿Y Chocolate?- preguntó, mirando hacia todos lados. 
Scorpius abrió los ojos como platos al darse cuenta de ese detalle. El cachorro estaba en la sala común, y si McGonagall lo veía estarían en serios problemas. Se puso a buscar con la mirada, rogando que no estuviera abajo, hasta que una cola marrón que sobresalía bajo la cama detuvo su búsqueda. Se agachó y levantó el acolchado, verificando que Chocolate dormía como si nada bajo la cama. Suspiró aliviado y miró a Rose. 
-Hay que cerrar y silenciar la habitación por su ladra- susurró. 
Sin embargo, la chica no llegó a responderle, porque una voz que ella conocía muy bien se dejó oír desde abajo.
-Subiré a despertarla. No tengo mucho rato.
Rose abrió más los ojos y saltó de la cama, abriendo la boca de la impresión. 
 -¿ Quién…?- preguntó Scorpius, viendo alarmado como el rostro de la Gryffindor se ponía blanco como un papel. 
 - Mi padre. Es mi padre, está abajo- susurró la chica, congelada en su sitio. 
El rubio frunció el ceño, abrió la boca y cuando logro procesar la información, saltó de la cama igual que había hecho ella hacía segundos, alzando los brazos como si quisiera frenar la situación y ese simple gesto fuera a salvarlos. Ron Weasley estaba abajo, a punto de subir a buscar a su hijita, y como los viera recién despertados en la misma habitación, podían darse por muertos. 
-Suba, las habitaciones están enfrentadas, no sé cuál es la de Rose- respondió McGonagall. 
La pelirroja oyó alarmada como los pasos pesados de su padre empezaban a subir las escaleras, y miró desesperada a Scorpius, que seguía quieto sin saber qué hacer. 
-Viene hacia aquí, eres hombre muerto. Tú… yo… ¿Qué hacemos? Mi padre…- susurró, sin poder formar una frase coherente. 
Scorpius logró reaccionar al fin, bajó los brazos y enderezó la espalda, analizando todo lo rápido que podía la situación. Y luego decidió que mejor usaba su parte de astucia slytherin y solucionaba ese desastre ya. Rose vio alucinada cómo el chico, con una velocidad propia de un corredor de maratón profesional, salía corriendo hacia la puerta abierta y en dos segundos cruzaba a la otra habitación, cerrando la puerta tras él. Justo en el mismo instante en que Ron hacia aparición en el pasillo. 
Rose, aún asombrada, trato de cerrar la boca y caminó hacia la puerta, componiendo su mejor cara de inocencia y parándose en la entrada. Ron, que se había frenado dos segundos para analizar cuál de las dos sería la habitación de su hija, la miró algo sorprendido al verla aparecer con los pelos despeinados, el pijama y una cara extrañamente despierta. 
-Papi, qué sorpresa- dijo la chica, rogando que hubiese sonado creíble-. ¿Qué haces aquí?
Ron sonrió al verla y caminó hacia ella. 
-Hola, pequeñita- la saludó, depositando un beso en su cabeza-. Te extrañaba así que pasé un rato antes de entrar al ministerio. 
Rose alzó una ceja y lo miró. 
 -¿ Me extrañabas? Pero si me viste hace dos días- replicó, cruzada de brazos.
Ron se rasco la cabeza, sonriendo, y ella suspiró. Era evidente que su lindo padre estaba allí para verificar si su inocente hija estaba bien bajo las garras de Malfoy, y sobre todo…
 -¿ Esa es tu habitación?- preguntó el pelirrojo, mirando hacia adentro. 
…Si seguía pura y casta.
-Si, ésta es. Vamos abajo, recién me despierto- respondió, empujándolo un poco para que caminara. 
-¿Por qué tú acolchado es verde? ¿No debería ser rojo como los colores de tu casa?- preguntó si padre, frenándose mientras seguía mirando el interior de la habitación con el ceño fruncido. 
Rose se quedó quieta, dándose cuenta de ese pequeño detalle. Porque sí, Scorpius había huido muy rápido, pero lo cierto era que esa no era su habitación su no la de él.  
-Oh, bueno, es que me cansé del rojo y lo cambie con la varita. Ya sabes, de paso practico transformaciones que me cuesta bastante. ¿Te he contado que mis notas mejoraron? Vamos abajo y hablamos bien- dijo rápido, volviendo a empujarlo. 
Cerró la puerta tras ella y maldijo internamente por no tener la varita a mano para enviar el hechizo silenciador. Sólo quedaba rogar que Chocolate no ladrara antes de que pudiera sacar a la directora de ahí. 
Su padre se dejó llevar, algo confundido, pero no dijo más nada y ambos bajaron las escaleras. Una vez en la sala, Ron se sentó en uno de los sofás mientras ella examinaba el lugar con la mirada. 
 -¿ Y la directora? Me pareció oír su voz- preguntó.
 - Descuida, le dije que podía ir tranquila. No recordaba que tenías a la bola de pelos esa aquí, por suerte no estaba cuando entramos- respondió su padre.
Rose suspiró, más aliviada, y caminó hasta sentarse en el otro sofá. 
-Menos mal, está arriba.
Miró a su padre, que observaba el lugar con cierta curiosidad.
-Papá, dime la verdad. ¿Has venido a verme o a amenazar a Scorpius?
Ron la miró con cara de no romper un plato y se enderezó en el sofá. 
-¿Amenazar? Claro que no… sólo vengo a verificar qué tal es tu sala común. Y además te extrañaba, sabes que me agarra nostalgia cada vez que tienen que regresar al colegio. Y de paso me gustaría intercambiar unas palabras con el mocoso Malfoy. Por cierto, ¿dónde está?
La chica se apoyó en el respaldo y miró a su padre con reproche. 
-Se llama Scorpius, no es tan difícil. Y ahora está…
-Aquí estoy- la interrumpió una voz serena. 
Ambos, padre e hija, giraron el rostro para encontrarse a un Scorpius ya vestido, parado al pie de las escaleras con su expresión de aquí no pasa nada. Rose tragó saliva y se puso de pie, mirándolo como si estuviera loco. ¿Qué hacía ahí? ¿Qué clase de masoquista era? Ron, cuya cara se había transformado en la de un perro pelirrojo, se puso de pie y se cruzó de brazos, mirando de arriba abajo al slytherin. 
-Buenos días, señor Weasley- saludó Scorpius, caminando hacia él con las manos en los bolsillos.
Ron alzó una ceja.
-Buenos días, moc… digo, Malfoy. 
Rose rodó los ojos, y Scorpius esbozó media sonrisa educada.
-La directora me dijo que no tienen clases hasta la tarde, así que… siéntate. Me gustaría hablar contigo- dijo el hombre, señalando el sofá con la cabeza. 
-Papá, yo creo que mejor…
-Rose, tú puedes irte si quieres, sólo necesito hablar con él- la interrumpió su padre, más serio que nunca. 
Claro que la chica ni muerta dejaba a Scorpius solo con el, por lo que enseguida se sentó en el sofá y tiró de la mano del rubio, obligándolo a sentarse a su lado. Ron frunció el ceño al verlos tan pegados, pero tomó asiento de nuevo en el sillón de enfrente y se cruzó de brazos. 
-Así que… Malfoy. Debo decir que tu apellido no me agrada, pero he decidido respetarlo por mi hija. Lo cual no quita que desconfíe de ti.
-Papá…
Ron le lanzó una mirada y ella se calló, resignada a que el chico a su lado tendría que pasar un momento incómodo y desagradable. Scorpius, que intentaba mantener la mirada al frente y no demostrar molestia, sonrió apenas. 
-No sé de qué te ríes- murmuró el hombre frente a él. 
-Señor Weasley, no me río, sólo soy educado y amable. Sé que historia tienen mi padre y usted. Pero mi apellido ya no es lo que era y yo soy una persona distinta en todo caso. Le aseguro que no hay nada que temer- respondió con calma. 
Rose lo miró y agradeció esa serenidad que manejaba el chico. 
 -¿ Temer? Si crees que le temo a tu familia estás equivocado, sólo cuido a mi hija. 
Scorpius asintió.
-Lo sé, y lo entiendo. Yo también cuido de ella, no se preocupe. 
Ron pestañeó un par de veces, algo asombrado ante la tranquilidad que mostraba el chico. Luego carraspeo y volvió a su expresión seria.
-Y bien, dime. ¿Qué piensas hacer al salir de aquí? ¿Tienes aspiraciones a futuro? ¿Por qué te gusta mi niña, precisamente?- preguntó, sin despegar sus ojos de él. 
-Papá, esas son un montón de preguntas- habló Rose, hastiada. 
La voz calma de Scorpius volvió a alzarse, callando sus quejas y el próximo reproche de Ron. 
-Seré Medimago, de hecho ya estoy realizando prácticas en la enfermería. En cuanto al futuro…no lo planeo demasiado porque uno nunca sabe. Sólo sé que quiero estudiar eso de momento. En cuanto a su hija… valoro muchas cosas suyas. Es inteligente y agradable, me gusta estar con ella y … no lo sé, si usted quiere a su mujer debe saber de qué hablo.
Rose y su padre abrieron la boca a la par, incrédulos ante esa última frase que Scorpius soltó con toda tranquilidad. 
-¿No eres demasiado confianzudo para ser que no me conoces y soy el padre de Rosie?- preguntó el hombre, indignado. 
-Lo siento, sólo intento ser sincero. Es difícil explicar los sentimientos- se disculpó él.
Rose sonrió levemente. Scorpius era sincero, no importaba frente a quien estaba. Ron soltó aire, algo asombrado ante tal grado de madurez. Miró al chico, sabiendo que no había mucho más que pudiera decir, excepto…
-Pues más te vale cuidar a mi bebé o te perseguiré hasta que mueras, ¿me oyes?
El rubio asintió, sin perder su sonrisa leve mientras Rose resoplaba, abrazando un almohadón. Su padre era un exagerado. 
-Una cosa mas- siguió el hombre, apoyando los brazos en las rodillas e inclinándose hacia adelante sin dejar de mirar al rubio-. ¿Tienes planes a futuro con ella? Porque aunque digas que no planeas el mañana asumo que has decidido si es algo de ahora o seguirán luego del colegio. 
-Papá, eso es tema nuestro- respondió Rose.
Ron la ignoró y siguió mirando a Scorpius a la espera de una respuesta. 
-Quiero a su hija, señor Weasley. Y como dije, no planeo el futuro. De momento estamos juntos y quiero que siga siendo así, pero no estoy pensando si seguiremos juntos al graduarnos o tendremos hijos o esas cosas. Prefiero vivir el ahora y prometo cuidarla bien- respondió el chico. 
Rose, que hasta ese momento resoplaba contra su padre, se quedó quieta y muda al oír esas palabras. Scorpius parecía tener todo muy claro en cuanto a ellos. ¿En verdad no pensaba a futuro sobre su relación? Estaba bien todo eso de vivir el presente, pero de ahí a ni siquiera plantearse si quería seguir con ella cuando egresaran había una diferencia. Algo en su estómago se apretujo, y una sensación incómoda le provocó un nudo en la garganta, desconcentrando su mente de lo que sucedía alrededor. 
Ron por su parte asintió, aunque miraba al chico con suspicacia. 
-Está bien, creo que voy a liberarlos de momento, deben tener cosas que hacer. Pero te estaré vigilando- dijo, señalando a Scorpius. 
El slytherin asintió, sonriendo apenas, mientras se ponían de pie. Rose, cuya cabeza seguía dándole vueltas a las últimas palabras del chico, se despidió de su padre casi en modo ausente y luego se metió en el baño, antes de que Scorpius pudiera comentarle nada. Mientras dejaba que el agua caliente de la ducha le corriera por la espalda, perdió la mirada en los azulejos color beige y una vez más formuló en su mente la pregunta que se repetía desde hacía unos minutos. ¿En verdad ni siquiera estaba en los planes de Scorpius? 
Un rato después se encontraban yendo al gran comedor, tomados de la mano como siempre, aunque la chica tenía la mirada perdida en el suelo y sólo caminaba porque Scorpius la llevaba. El rubio la miró de reojo una vez más. Estaba extrañamente callada y no entendía bien qué podía pasarle. ¿Sería por la visita de su padre? Tal vez estaba avergonzada. Cuando la entrada al comedor se hizo visible a unos pasos, Scorpius se frenó y la obligó a hacer lo mismo, parándose frente a ella y mirándola con suavidad.
 -¿ Qué tienes?- preguntó, buscando sus ojos. 
Rose alzó la vista, saliendo del trance, y lo observó unos segundos. 
-Nada, sólo estaba pensando- respondió.
El slytherin suspiró y le dio unos golpecitos suaves con el dedo en la frente, sonriendo.
-No pienses tanto, no es saludable. Vamos a desayunar algo rico- le dijo, volviendo a tomar su mano.
La pelirroja observó sus dedos entrelazados y soltó aire, y finalmente sonrió un poco. Tal vez Scorpius tenía razón y no era lógico atormentar su mente por unas simples palabras. Dejaría de pensar tanto a futuro. Sin embargo, aunque intentó engañarse a si misma y a los demás, su cabeza no dejo de darle vueltas al asunto casi de forma inconsciente durante todo el día. 



El sábado el clima pareció querer darles una tregua, y Hogwarts amaneció soleado y sin viento, por lo que la mayoría de alumnos decidieron olvidar por un rato los deberes y pasar la tarde en Hogsmeade. 
Lily y Lorcan caminaban de la mano, guantes puestos y bien abrigados, pero disfrutando el calor leve del sol en el rostro. 
 -¿ A dónde quieres ir primero?- preguntó el rubio, mirando a la chica.
Lily alzó la mano para saludar a algunos compañeros que se cruzó y luego miró a Lorcan, sonriendo levemente.  
-Tengo que buscar un regalo para James, cumple años la semana próxima y Albus me cargó la responsabilidad a mi- respondió, resoplando.
Su hermano era experto en escaparse cuando de comprar regalos familiares se trataba, y siempre terminaba ocupándose ella. 
-¿Tienes algo en mente?- preguntó Lorcan.
-No, ese es el problema. Nunca sé que comprarle, James es muy particular- se quejó la pelirroja.
El Gryffindor sonrió y le pellizco una mejilla, aunque con los guantes casi no se sintió. 
-No desesperes, te ayudare- respondió divertido. 
Lily sonrió y se abrazó a él mientras volvían a caminar. 
-Eres lo máximo- murmuró.
Lorcan asintió, pasándole un brazo por los hombros. 
-Lo sé, el mejor novio de la historia. Te sacaste la lotería- se jacto. 
La chica se frenó, se alejó de él un paso y se cruzó de brazos, mirándolo con una ceja alzada.
 -¿ Novio? ¿Qué novio? No veo ninguno- comentó, haciendo como que buscaba algo alrededor.
 - ¿Disculpa? ¿Soy un potus o qué?- respondió el chico, mirándola ofendido. 
Lily suspiró y sonrió divertida. 
-Claro que no. Eres Lorcan, mi amigo con beneficios- dijo.
Luego retomó la caminata muy tranquila, y sonrió divertida al oír los pasos apurados del rubio tras ella. Lorcan la alcanzó y tiró de la capucha de su abrigo, deteniéndola. 
-Mocosa- murmuró, dando la vuelta hasta posarse frente a ella-. Te voy a enseñar. 
Luego la atrapó de la cintura y posó sus labios en ella, mientras Lily reía divertida. 
-Suelta, hay gente- se quejó, mientras el repartía besos por toda su cara.
-Amigo con beneficios dice, mira que eres irrespetuosa- se quejó él, aunque también sonreía. 
Se miraron, cómplices como siempre. Ese último tiempo juntos había sido maravilloso. Luego de haber hablado y aclarado como se sentía cada uno, las cosas habían comenzado a fluir con facilidad entre ambos. Lily había dejado a un lado la desconfianza y los miedos, y él había hecho el trabajo de demostrarle que quería estar con ella. Pasaban todo el tiempo libre que tenían juntos, y se habían acostumbrado pronto a la presencia del otro en el día a día. Ciertamente, esas conversaciones en tono de broma sobre el título de su relación eran moneda frecuente, y ambos sabían que no significaban un problema. En parte era porque los dos compartían ese aura relajada ante las cosas, y aunque todo el resto los gastaba por "hacerse los liberales", en palabras de Hugo, ellos seguían en su propio mundo, ignorando todo lo demás. 
-Anda, sé de un lugar donde puedes llegar a encontrar algo interesante para tu hermano- dijo Lorcan, volviendo a tomar su mano. 
Caminaron un poco más por las calles empedradas de la aldea, salpicadas por la nieve y repletas de chicos que paseaban con chocolate caliente en la mano. Pronto llegaron a una tienda de dos pisos, con aspecto algo antiguo pero bien cuidado. 
 -¿ La tienda de música?- preguntó Lily, observando el lugar. 
 - Ajá. A James le encanta la música, no en vano tiene una banda. Tal vez puedas encontrar algún disco que no tenga, venden música muggle antigua- respondió el chico mientras entraban. 
Una campanilla sonó al abrir la puerta, anunciando su llegada, y un hombre de aspecto muy anciano apareció tras el mostrador. 
-Bienvenidos- saludó con una sonrisa al verlos, y Lily comprobó que le faltaban un par de dientes. 
Ambos inclinaron la cabeza a modo de saludo y Lorcan se adelantó un paso. 
-Vamos a mirar de momento, ¿está bien?- le dijo al dependiente. 
-Oh, claro. Estaré aquí por cualquier consulta. 
El rubio le dedicó una sonrisa encantadora marca Scamander y se internaron en los pasillos repletos de discos de vinilo y libros sobre música. El lugar era enorme y olía a nuevo, pese a que casi todo allí era antiguo. Lily tomó un disco de vinilo de Los Beatles y sonrió. James cantaba canciones de ese milenario grupo desde que eran pequeños, los adoraba.
-Debe tener todos de ese- señaló Lorcan, sonriendo.
La pelirroja asintió y dejó el vinilo en su lugar para seguir buscando. Un rato después ambos salieron de la tienda con el regalo envuelto y una Lily contenta por haber cumplido su misión. Había terminado eligiendo un vinilo de Bob Dylan que recopilaba sus mejores temas y un libro sobre la historia de la música muggle con fotografías a color.
-¿Quieres un chocolate caliente?- preguntó Lorcan, frenando frente a una confitería.
La pelirroja dejo que su nariz se llenara del aroma dulce que provenía del lugar y sonrió, asintiendo. El rubio entró a comprar y ella se quedó sentada en un banco de madera de la entrada, esperando. Habían decidido tomarlo mientras seguían paseando, para aprovechar la tarde antes que bajara más la temperatura. 
Un rato después Lorcan salió del local y puso frente a sus ojos el vaso térmico con chocolate humeante. Lily sonrió y lo agarró mientras se ponía de pie.
-Que rico- murmuró, oliendo el líquido oscuro-. Anda, sigamos.
Lo tomó de la mano y dio un par de pasos, pero Lorcan la frenó suavemente y ella lo miró con curiosidad. 
 -¿ Qué sucede?- le preguntó. 
Lorcan sonreía suavemente y la observaba de esa manera que la hacía sentir cosquillas y ponerse colorada. 
-¿Sabías que te dejan escribir mensajes en los vasos?- preguntó, señalando el vaso térmico que sostenía. 
Lily miró el suyo brevemente y asintió. 
-Sí, por lo general ponen el nombre del cliente ahí- respondió.
El rubio sonrió y tomó el vaso de sus manos, girándolo y alzándolo frente a ella para que pudiera leer la etiqueta. 
-En este caso pedí que escriban otra cosa.
La pelirroja miró el recipiente térmico frente a ella con curiosidad, y lo que vio escrito allí con tiza blanca la dejo sin palabras. 
"Pecosa, pongámosle título".
Lily soltó aire despacio y miró a Lorcan, que le sonreía. 
 -¿ Tú…?- comenzó, sin saber bien qué decir-. ¿Es tu manera de asegurarte que sí eres mi novio?
Lo miró divertida y el bajó el vaso, volviendo a ponerlo en su mano. 
-No, es mi manera de pedirte que seas mi novia. No es que cambie nada, seguimos siendo nosotros. Pero un título es un título, ¿no?- respondió, encogiéndose de hombros. De paso le cerramos la boca al resto. 
Lily suspiró y sonrió. Sabía que Lorcan, a su manera simple y dulce, estaba diciéndole que quería todo con ella. Dio un sorbo al chocolate, tomándose unos segundos para responder, y luego se puso en puntas de pie y lo besó con suavidad. Lorcan sonrió al sentir el sabor intenso del chocolate en sus labios y cuando se separaron, apoyo su frente en la de ella. 
-¿Y entonces?- preguntó con suavidad. 
Lily sonrió suavemente y posó sus ojos marrones en él. 
-Está bien, pongámosle título, Scamander- respondió. 



Scorpius se puso la bufanda y metió las manos en los bolsillos de la campera mientras bajaba las escaleras que daban a los jardines. Eran las cuatro y media y recién había logrado terminar la pila de deberes pendientes. Le había dicho a Rose que se adelantara a Hogsmeade, por lo que la chica, que no pensaba terminar sus tareas hasta el día siguiente, se había ido a la aldea con sus amigos, y habían quedado en encontrarse más tarde allí. Por lo que ahí se dirigía el rubio.
Los jardines, cubiertos por un manto blanco de nieve, estaban casi desiertos. Scorpius caminó con tranquilidad hacia la salida para poder tomar alguno de los carruajes. Sin embargo, antes de llegar, algo lo obligó a frenar de golpe su caminata. Unos metros más allá, cerca del lago y medio cubiertos por los árboles, había un pequeño grupo de chicos. Todo sería normal si no fuera por dos cosas: una era que uno de esos chicos estaba en el suelo, aprisionado por el pie de otro de ellos sobre su pecho. La otra era que el dueño de ese pie era James Dolohov. Detrás de él, Green y un chico más de Slytherin sonreían con su habitual desprecio.
 Suspiró y enderezó la espalda, maldiciendo internamente, y avanzó a paso firme hacia donde ellos se encontraban, hundiendo los pies en la nieve. A medida que se acercaba pudo oír lo que hablaban, y la voz del idiota de Dolohov se alzó en el silencio de los terrenos. 
-Deberías aprender cuál es tu lugar- decía, mirando al chico que mantenía contra el suelo-. La gente anormal como tú no debería ni pisar el colegio. 
-Deberían recluirlos cómo a los squib- acotó Green.
Entonces, el chico en el suelo alzó la voz para responder, y Scorpius se quedó quieto de pronto al darse cuenta quién era. 
-¿Qué pasa Green? ¿Tanto te gusto que no puedes dejarme en paz? ¿Quieren hacer un trío o algo así?
Scorpius pudo ver cómo Green borraba su sonrisa estúpida y pegaba una patada en el estómago del chico, arrancándole un gemido leve. 
-Mierda- murmuró él rubio, apretando el paso. 
Daniel. El chico en las garras de los slytherins era Daniel. Cuando llegó, ninguno de los slytherins parecía haber reparado en él, y Dolohov apretaba su zapatilla contra el cuello del chico, casi asfixiándolo.
-Tú vas a aprender lo que vales, pedazo de escoria- murmuró, con tanto odio que Scorpius se preguntó qué pasaba por esa mente retorcida. 
Dolohov quitó el pie y levantó a Dan bruscamente del suelo, agarrándolo de la campera y elevando el puño para pegarle. 
-Vaya, Dolohov, no sabía que te gustaba la pelea muggle.
Los tres slytherins alzaron la vista y Scorpius dio un paso hacia ellos, con su serenidad habitual, aunque la furia le recorría el cuerpo. 
-Lo que faltaba, un engendro de Malfoy- hablo Green.
-Lamento interrumpir su fiesta, pero es mi deber. Y además ese que estás sosteniendo es conocido, lo que empeora tu situación. Así que quita tus manos de él ahora mismo. 
Dolohov y los otros dos soltaron una carcajada cargada de ironía, y luego Green dio un paso al frente, acercándose a Daniel y mirando a Scorpius con burla. 
-Oh, ¿te refieres a la mariposa esta?- preguntó. 
Luego soltó un escupitajo en la cara del chico, que bajó la cabeza mientras los otros reían. Scorpius apretó los puños y avanzó un par de pasos más. 
-Que asco, Green. No es bueno tener tu saliva contaminada en la cara- murmuró Dan. 
-Te he dicho que lo sueltes, Dolohov. No me obligues- habló el rubio.
El aludido sonrió y tiró a Daniel contra el suelo, que soltó un gemido con la caída. Scorpius supuso que ya debían haberlo golpeado antes de que él llegara, y volvió a apretar los puños. Dolohov se acercó hasta quedar a pocos centímetros, y lo miró de arriba abajo .
 -¿ Qué pasa, Malfoy? ¿Le metes los cuernos a la idiota de tu novia con el marica?- susurró.
Scorpius lo miró unos segundos sin inmutarse, y luego esbozo una media sonrisa tan leve que no pareció existir. 
-Verás, Dolohov. No sólo soy Premio Anual, cosa por la que estás castigado y tendrán varios puntos menos. También soy amigo de Dan, como te dije… Y sobretodo- dijo, acercándose otro paso-. Que sea la última vez que nombras a mi novia con esa boca asquerosa que tienes. 
Luego, antes de que nadie pudiera reaccionar, sacó la varita y la clavó en el pecho del chico, obligándolo a retroceder. 
-Te has metido con la gente equivocada- murmuró, mirándolo con desprecio. 
-No, Malfoy- se alzó la voz de Green tras ellos-. El que todavía no sabe con quién se mete eres tú. 
Al segundo, un rayo rojo salió de su varita, y Scorpius lo esquivó de milagro, al mismo tiempo que Dolohov y el otro Slytherin lanzaban hechizos de ataque. Scorpius se puso en guardia y lanzó varios defensivos, maldiciendo internamente. Odiaba verse envuelto en esos conflictos, pese a que sus siete años en Hogwarts había tenido que enfrentarlos seguido.
 Daniel, que había logrado levantarse, busco con la vista su varita, que le habían quitado antes, y al no hallarla tomó una piedra mediana y golpeó a Green en la cabeza con ella, deteniendo el hechizo que estaba por mandar a Scorpius, que peleaba de espaldas con los otros dos. El slytherin cayó desmayado al suelo y Dan soltó la piedra, respirando agitadamente. 
-¿Lo habré matado?- soltó en voz alta. 
Scorpius, que acababa de derrotar a Dolohov con un Desmaius bien acertado, se giró y miró al otro chico en el suelo. 
 -¿ Que hiciste?- preguntó. 
Dan, que acaban de recuperar su varita, lanzó un hechizo que dio de lleno en el último rival de pie, el otro Slytherin, dejándolo petrificado al instante. El castaño resopló, apoyándose en un árbol. 
-No te distraigas, casi te achuran. Te salve justito- dijo, poniéndose una mano en el estómago dolorido. 
Scorpius alzó una ceja, intentando recuperar el aliento.
-Querrás decir que yo te salve a ti. Mínimo estamos a mano, idiota- respondió. 
Daniel sonrió, encogiéndose de hombros, y Scorpius lo observó, notando que tenía el labio partido, un raspón en la mejilla izquierda y el pelo cubierto de nieve. 
-Vámonos de aquí antes que algún profesor salga. ¿Puedes caminar?- dijo, saltando el cuerpo de Green mientras se acercaba-. ¿Con qué lo atacaste?
Daniel señaló la piedra a sus pies y el rubio alzó las cejas. 
-Asesino- susurró-. Vamos.
El Revenclaw se enderezó y esbozó una mueca de dolor, dando un par de pasos. Scorpius suspiró y le pasó un brazo por la espalda para ayudarlo a caminar. 
-Sé que me quieres, no me tienes que abrazar- bromeó el castaño, dejándose ayudar. 
Comenzaron a caminar hacia el castillo, y el rubio rodó los ojos. 
-No me hagas dejarte aquí. ¿Qué no sabes defenderte? ¿Cómo dejas que tres idiotas te ataquen?- murmuró.
Dan sonrió divertido pese al dolor.
-Eran tres y me tomaron por sorpresa. Gracias por ayudarme- respondió. 
Scorpius lo miró de reojo. 
 -¿ Cuántas veces te paso ésto?- preguntó. 
 - No quieres saber. 
El rubio suspiro. ¿Es que esos imbéciles no sé cansaban de joderle la vida a la gente?
-Vamos a la enfermería y luego a hablar con McGonagall. Ella sabrá que hacer, mi rol de Premio Anual les importa poco. Necesitan un castigo más grande- dijo.
Daniel sonrió con ironía mientras llegaban a las escalinatas de la entrada. 
-Scorpius, no creo que haya castigo capaz de cambiarles la mente. La tienen podrida- murmuró. 
Y Scorpius no tuvo más remedio que darle la razón, aunque no lo expresó en voz alta. 



Rose apoyó sobre el mostrador los dulces que había elegido y le devolvió la sonrisa leve a la dependienta de Honeydukes, mientras esta le cobraba. 
Miró hacia la puerta vidriada para ver si había señales de Scorpius, pero nada. Podían verse las calles de Hogsmeade llenas de alumnos y gente que paseaba, pero ningún rubio alto. Rose suspiró. ¿Dónde se había metido? Eran casi las cinco y no había aparecido, pese a que le había enviado un Patronus hacia un rato para avisarle que estaba en camino. ¿Se habría parado a comprar algo? Frunció levemente el ceño mientras miraba sus manos apoyadas en el mostrador. Scorpius jamás llegaba tarde, era raro. 
-Aquí está lo tuyo- hablo la vendedora, sacándola de su ensimismamiento. 
Rose le sonrió de vuelta y tomó las bolsas.
-Gracias, hasta luego- se despidió, saliendo del local. 
Una vez afuera miró alrededor par ver si veía a su novio, pero de nuevo no halló nada más que algún que otro rostro conocido. Chasqueo la lengua y decidió que lo esperaría en Las Tres Escobas. Así al menos podría tomar algo mientras y tal vez se cruzaba a alguno de sus amigos. Se acomodó la bufanda alrededor del cuello y emprendió camino hacia el bar.
Una vez allí saludó a Julie, la hija de Madame Rosmerta, con una sonrisa y se sentó en una mesa contra la ventana. Mientras se desabrigaba dio una mirada al lugar, pero no vio a nadie de su grupo.
 -¿ Es que todos se han puesto de acuerdo para desaparecer?- susurró, mirando hacia afuera.
Había empezado a nevar y el sol se había escondido, por lo que muchos empezaban a emprender el regreso pese a que aún era temprano. Rose miró su reloj de pulsera y volvió a preguntarse dónde corno estaba Scorpius. 
Estaba mirando la carta para ver qué podía tomar, cuando unos golpecitos suaves en su hombro izquierdo la hicieron levantar la vista. Giró la cabeza y para su asombro, Samuel la miraba parado detrás suyo con gesto algo incómodo. 
-Siento molestarte- la saludó con suavidad. 
Rose parpadeó un par de veces, incómoda. No había vuelto a hablar con Sam fuera de las clases de tutoría, por lo que no entendía qué hacía ahí. 
-Está bien, ¿sucede algo?- le preguntó, intentando mantener el tono amable. 
El Gryffindor se removió en su lugar, como si no supiera bien qué decir, y le sonrió levemente. 
-Verás… te he visto sola y he decidido acercarme. Sé que tal vez no quieras hablar conmigo, pero siento que te debo una disculpa. Lo he estado posponiendo porque soy bastante orgulloso, pero no me gusta estar así contigo- murmuró.
La pelirroja volvió a parpadear, analizando sus palabras. Parecía ser que después de casi un mes había decidido que se había comportado como un idiota y era hora de bajar la cabeza. Rose suspiró despacio y asintió. 
-Está bien, disculpa aceptada. No te atormentes más con eso- le dijo, componiendo una mueca a modo de sonrisa. 
Sam sonrió un poco más y metió las manos en los bolsillos. 
-Gracias, sabía que lo entenderías. 
-No te equivoques, no lo entiendo. Sólo te disculpó y ya- dijo ella.
El castaño borró un poco su sonrisa y suspiró, bajando la vista. 
-Sé que me comporté como todos esos idiotas prejuiciosos. Sólo quería cuidarte porque te aprecio, nada más. No volveré a meterme en tu relación con Malfoy. Me gustaría que podamos retomar la confianza que teníamos, siempre nos hemos llevado bien- respondió, mirándola de a ratos. 
Rose bajó la vista, volviendo a procesar esas palabras. Lo cierto era que siempre habían tenido buena relación, era de la poca gente fuera de su familia y de Anne con la que interactuaba. Samuel siempre le había caído bien, por eso le había chocado tanto su actitud. Pero su madre le había enseñado que errar era de humanos, y el castaño estaba disculpándose y reconociendo su error. No tenía sentido seguir castigándolo. "Mira que eres buena", habló la vocecita de Anne en su oído. Rose sonrió y alzó la vista, mirando al chico. 
-Todo está bien, Sam. Olvidemos este asunto.
Finnigan sonrió más animado.
-Gracias, Rose-. Miró el lugar vacío frente a ella-. ¿Estás sola?
La chica volvió a mirar por la ventana, recordando la ausencia de Scorpius, y suspiró. 
-Sí, de momento. 
Sam asintió y señalo hacia adelante, más precisamente una mesa donde tres chicos tomaban algo. Rose los reconoció enseguida, eran compañeros de Gryffindor. 
-Estamos allí con los chicos, ¿quieres tomar algo con nosotros? Así no estás sola y puedo compensarte un poco lo sucedido. 
La pelirroja lo miró y se rasco la nuca, algo incómoda. 
-No hace falta, Sam…
-Te invitaré a un batido de fresa, se que te gustan. Anda, deja que me sienta un poco mejor. Los chicos te conocen y les caes bien- suplico el castaño.
Rose observó sus ojos de perro abandonado y soltó aire. 
-Está bien, aún no llega Scorpius así que me quedaré mientras tanto. Hace rato que no hablo con ustedes- respondió, sonriendo un poco. 
Samuel le guiñó un ojo, conforme, y la ayudó con las bolsas mientras ella tomaba su abrigo y caminaban hacia la mesa. 
-Traigo compañía- dijo a sus amigos, dejando las bolsas a un costado y corriendo una silla para que Rose pudiera sentarse. 
Los tres chicos presentes la observaron con cierta curiosidad, pero terminaron sonriéndole. Al menos dos de ellos. Nick Garret, con quién compartía equipo, y Lucas Thompson, un moreno bastante simpático. La tercera integrante del grupo era Cinthia Bennet, mejor amiga de Sam y ex compañera de cuarto de Rose en la sala común. La chica, menuda y de pelo oscuro, la miró de arriba abajo y esbozó una sonrisa que Rose sabía era falsa. Jamás se habían llevado del todo bien, cosa que la pelirroja no entendía. Nunca había tenido un problema con ella, al menos no directamente. Pero la morena siempre le había hablado poco y de manera algo desagradable, sobre todo las veces en que se cruzaban y ella estaba con Sam. Anne le había hecho ver hacía unos años que probablemente esa "tonta con nariz de aguilucho" estaba enamorada de su mejor amigo, y por eso odiaba verlo con ella, aunque no pasará nada entre ambos. Rose jamás le había hecho mucho caso, pero en ese momento se sintió algo incómoda ante su mirada escrutadora. 
-Hola, Rose. ¿Qué tal?- saludó Nick, corriendo sus cosas de la mesa para dejarle lugar. 
-Siéntate- le dijo Sam, ubicándose en la silla de al lado. 
La pelirroja sonrió un poco y se sentó, quedando frente a Cinthia. 
-Todo bien, ¿ustedes?- respondió.
-Oh, todo bien, disfrutando el día- habló Lucas, sonriendo tanto que sus dientes blancos iluminaron su rostro oscuro.
-¿Te pido un batido?- preguntó Samuel, alzando la mano para llamar a Julie.
Rose estaba a punto de asentir cuando Cinthia decidió abrir la boca, sin dejar de mirarla con esa sonrisa petulante. 
-No seas aburrido, Sam. ¿Por qué no pedimos algo de alcohol? Ya somos grandecitos- comentó. 
Lucas soltó una carcajada, pasando un brazo por los hombros de su amiga. 
-Por eso te queremos y eres la única chica del grupo, porque tienes buenas ideas- le dijo divertido-. Pidamos.
Luego llamo a la mesera, que se acercó con su sonrisa amable. Sam miró a Rose con cierta disculpa. 
-Lo siento, tú toma lo que quieras, no estás obligada- le dijo. 
-Ay, por favor, cómo si nunca bebiera. ¿No tomas alcohol?- preguntó Cinthia, observándola. 
Rose parpadeó y sonrió levemente. 
-Sí tomo, aunque no mucho porque me emborracho fácil- dijo, intentando mantener un tono amable. 
Se notaba a leguas que esa Gryffindor estaba burlándose de ella, y no pensaba bajar la cabeza, pero tampoco pensaba seguirle el juego. 
-Eres de las mías- festejo Nick, aplaudiendo.
-Un vaso de whisky de fuego no te hará daño- comentó Cinthia, sin dejar de sonreírle. 
-Déjala que tome lo que quiere- se metió Sam, fulminandola con la mirada. 
La chica borró su sonrisa, pero antes de que pudiera responderle Rose decidió terminar con el asunto. 
-Está bien, un whisky de fuego no hará nada- dijo, mirando a Julie para que tomara el pedido. 
Lucas aplaudió y miró a la mesera.
-Que sean cuatro entonces, bombón- le dijo, guiñándole un ojo. 
La joven mesera rodó los ojos y tomó el pedido. 
-Ya te dije que no me llames así- dijo, mirando mal al chico-. Enseguida vuelvo. 
Lucas la vio irse y soltó un suspiro exagerado.
-Es el amor de mi vida- murmuró.
Rose sonrió divertida. Tal vez no sería tan malo estar un rato con ellos mientras Scorpius llegaba. Eran agradables y la única que no parecía quererla ahí era Cinthia, pero bien podía ignorarla. 
Claro que Rose, además de ser una persona tranquila y amable, era competitiva. Le debía ese gen a su padre. Odiaba perder o que la tildaran de cobarde. Por eso, cuando Cinthia volvió a esbozar su sonrisa desagradable y la invitó a jugar un juego de preguntas y respuestas con alcohol de por medio, no se pudo negar. Sam intentó frenarla, pero ella le aseguro que todo estaba bien y se dispuso a ganar. 
Hicieron una ronda de preguntas sobre diversos temas, desde materias del colegio hasta cosas de cultura general, y Rose, pese a tener bastante de la inteligencia Granger, erró en cuatro preguntas, lo que le valió cuatro vasos de whisky como prenda. Al segundo ya estaba mareada, al tercero se reía como tonta y al cuarto estaba totalmente ebria. 
-Canta una canción, Rosie- pidió Lucas entre risas.
El también estaba algo pasado de copas junto a Nick, y los únicos que mantenían la cordura eran Sam y Cinthia. El castaño miró a Rose preocupado, y la atajó de un brazo cuando la chica casi se cae de la silla. 
-Cantaré ésta, escucha bieeen- hablo con voz pastosa, señalando a Lucas-. "Yo tengo un caballo verdeeeee, que hace piruetaaaaas, se sabe lavar lo dienteeees, va en bicicleta aa".
Nick y Lucas rieron divertido, mientras aplaudían para seguir el ritmo, a cual más descoordinado. 
-Vaya, sí que le pega el alcohol- se burló Cinthia, mirándola de arriba abajo. 
Sam negó con la cabeza y volvió a atajarla cuando estuvo a punto de caerse otra vez. 
-Gracias, te debo la vida- murmuró Rose, sonriéndole y picándole el hombro con un dedo. 
Fue ahí cuando Sam levantó la vista y su mirada se cruzó con dos ojos azules que observaban todo desde la puerta. Scorpius Malfoy, más serio que nunca, caminó hacia ellos a paso rápido.
-Tenemos compañía- habló Samuel, bajando la vista. 
Scorpius se paró al lado de la mesa y miró a Rose, que seguía cantando en voz baja y haciendo gestos. 
-Hola, Malfoy- saludó Finnigan, mirándolo con tranquilidad. 
Los otros tres observaron la escena en silencio, aunque Lucas se reía un poco y a Nick le había dado hipo. 
-Rose, ven- habló Scorpius, ignorando el saludo. 
Tomó a su novia de la cintura con suavidad, ayudándola a levantarse, y Rose lo miró con los ojos bien abiertos, esbozando una sonrisa dulce. 
-Viniste. Mi príncipe mal humorado- murmuró, aferrándose a su abrigo. 
Scorpius suspiró al sentir su aliento a alcohol y la aferró bien para que no se cayera. 
-¿Fue divertido darle alcohol hasta emborracharla?- habló mirando a Samuel.
-Oye- respondió el castaño, poniéndose de pie-. Nadie la obligó. Estábamos jugando un juego. Iba a acompañarla al castillo ahora.
Se miraron con seriedad y Lucas soltó un silbido.
-Vaya tensión- murmuró. 
Rose, ajena a todo, sonrió y beso a Scorpius en la mejilla, mirando al grupo. 
-Les presento a mi príncipe. Es el papá de Chocolate, y yo la mamá, ¿verdad?- habló con dificultad.
 -¿ Chocolate?- preguntó Nick, confundido. 
Scorpius soltó aire y le pasó la bufanda a su novia por el cuello, para luego alzarla. 
-Adiós- saludó con tosquedad. 
Luego caminó todo lo rápido que pudo para salir de ahí, antes que la pelirroja siguiera metiendo la pata. 
Samuel los vio irse, aún de pie y cruzado de brazos. Jamás podría caerle bien Scorpius Malfoy, eso era un hecho. Sólo esperaba que Rose no se enfadara con él cuando se le pasara la borrachera. 
Una vez afuera de Las Tres Escobas, Scorpius acurrucó a Rose contra su pecho mientras comenzaba a caminar con ella en brazos, intentando resguardarla de la nieve que había empezado a caer más intensamente. Planeaba buscar algún callejón y desaparecerse en las lindes del bosque, porque era más rápido. 
-Que linda es la nieve- murmuró Rose, alzando una mano para tocar los copitos blancos que caían del cielo.
Scorpius suspiró y trató de apurar el paso. 
-¿Cómo bebiste tanto?- preguntó.
Su tono no era de reproche, no tenía sentido regañarla porque la chica estaba tan alcoholizada que no lo recordaría en un rato. Además de que no sabía bien qué había pasado. Como se enterara de que Finnigan le había hecho algo lo mataría, ya bastante se había controlado la vez anterior. Además de que aún tenía el enojo y la adrenalina por la pelea con los slytherins en las venas. Había pasado un rato curándole las heridas a Daniel y luego habían ido a hablar con la directora, y se había encargado de que la anciana mujer supiera lo que Dolohov y compañía hacían constantemente. McGonagall había prometido suspenderlos varios días y tomar cartas en el asunto. 
Luego de eso Scorpius había podido al fin salir del colegio e ir a Hogsmeade, y había buscado a Rose por varios lados hasta entrar en Las Tres Escobas, donde se había encontrado con aquel panorama. Definitivamente, ver a su novia borracha y rodeada de Gryffindors, pero sobre todo al lado de Finnigan, había terminado de completar la tarde. Merlín y Morgana deberían bendecirlo por mantener la compostura.
-Tú también eres lindo- volvió a hablar Rose, toqueteándole la cara. 
Scorpius se dejó hacer mientras llegaban a la salida del pueblo, y sonrió apenas. Al menos la pelirroja era divertida en ese estado. 
Pronto se desaparecieron y una vez en la entrada al bosque prohibido, Rose soltó un gemido, aún aferrada al cuello del chico. 
-Creo que voy a vomitar- soltó, cerrando los ojos. 
Scorpius la miró y la vio extremadamente pálida, y se maldijo por bobo. Si la aparición de por sí generaba cierto malestar, borracho era peor. La bajó con cuidado y la sostuvo cuando ella se tambaleó.
-Vomitare, es definitivo- volvió a decir la chica, girándose y agachándose.
Scorpius se apuró a agacharse tras ella para sostenerle el largo pelo suelto y despejarle la cara. Rose hizo un par de arcadas pero no logró vomitar, y se sentó en la tierra nevada con una mueca de molestia. 
-No me sale- se quejó como una niña-. Ayúdame. 
Lo señaló con un dedo acusador y Scorpius alzó una ceja. 
-No sé cómo hacer eso. Vamos, te vas a helar- dijo, ayudándola a ponerse de pie. 
 -¿ Cómo que no? ¿Nunca ayudaste a alguien a vomitar? Albus se emborracha seguido. Le metes dos dedos y …
 - Rose, voy a vomitar yo si sigues- la interrumpió el chico. 
La pelirroja rio divertida, soltando algún que otro hipido en el medio, y así llegaron a la sala común, de milagro sin cruzarse a nadie. Como vieran a Rose en ese estado estarían en serios problemas. 
Nada más entrar Scorpius la recostó sobre el sofá, y Chocolate, que había estado masticando su pelota, la soltó y se puso en dos patitas sobre el sofá, olisqueando a la pelirroja. 
-Sí, está borracha- le susurró Scorpius. 
El cachorro soltó un ladrido alegre y Rose le intentó acariciar la cabeza, aunque no coordinaba los movimientos por lo que su mano sólo acarició el aire. El rubio suspiró y la acomodó entre los almohadones, medio sentada por si vomitaba. 
-Veré si tengo una poción para la resaca. La vas a necesitar- le dijo en tono bajo mientras le tapaba las piernas con la manta. 
Rose lo miró embobada y sonrió, y Scorpius pensó que así, con las mejillas sonrojadas y los ojos brillantes, despeinada y hablando tonterías, seguía siendo preciosa. La chica alzó una mano y tiró del suéter del chico, acercándolo a ella tan bruscamente que él apenas logró apoyar una mano en el respaldo del sofá para no aplastarla. La pelirroja rozo su nariz con la de él y suspiró. 
-Eres tan guapo. Y hueles rico- susurró.
El rubio sonrió divertido y le besó la nariz.
-Y tú estás como una cuba- respondió burlón. 
Rose volvió a suspirar y sonrió más. Antes de que Scorpius pudiera reaccionar, se incorporó apenas y depósito un beso suave en su cuello, más precisamente bajo la oreja. El slytherin se quedó quieto, asombrado y sintiendo cómo su pulso se aceleraba inevitablemente. Rose, muy tranquila, depositó otro beso más abajo. Eran besos simples y suaves, pero cualquier persona sabía que el cuello era zona de peligro. Scorpius cerró los ojos y apretó la mano que apoyaba en el sofá, intentando mantener una respiración calma. Porque podía ser muy sereno y todo, pero seguía teniendo diecisiete años. 
-Rose…- murmuró. 
-¿Qué?- respondió la chica como si nada, deteniendo los besos y mirándolo. 
Scorpius abrió los ojos y la observó, suspirando. 
-Estate quieta- le susurró. 
Luego le dio un beso rápido y se levantó. Sonrió y la miró de pie, con las manos en la caderas. 
-Pareces la abuela Molly- dijo Rose divertida, señalándolo. 
Scorpius suspiró.
-Iré a buscar la poción arriba, no te muevas- le dijo, caminando hacia las escaleras. 




-¿Deberíamos correr antes de congelarnos?- soltó Lily con diversión. 
Lorcan sonrió y la miró, pasando un brazo por su espalda y acercándola a él en un intento de calentarse un poco. Estaban regresando al colegio, al igual que la mayoría, porque el sol se había mandado a mudar y el frío era insoportable, además de la nevada. 
-Creo que si corremos podemos caernos, así que no sólo nos congelaremos sino que tal vez morimos- respondió. 
Lily sonrió y se abrazó a él mientras caminaban. Estaba feliz, ¿para qué negarlo? Habían pasado una tarde agradable y aún sonreía como boba al recordar el mensaje en el vaso de chocolate caliente. Lorcan era así, podía con gestos simples decir cosas especiales, o tal vez era que ella adoraba esa manera de ser que tenía. El rubio, por su parte, también sonreía con suavidad, con una sensación de paz interior que le calentaba el pecho. 
La salida de la aldea se hizo visible entre el manto de nieve que caía del cielo, y apuraron un poco el paso teniendo cuidado de no resbalar. 
-Mira, es Neville- señaló Lily. 
Lorcan alzó la vista y vio que efectivamente el profesor Longbotton, alias tío Neville, caminaba hacia ellos enfundado en una capa abrigada. Ambos chicos sonrieron al verlo. Ese hombre bonachón era el mejor profesor que tenían, además de ser parte de su familia, sobre todo para Lorcan que era su ahijado. Cuando estuvo frente a ellos, Neville se detuvo y Lily pudo notar que tenía las mejillas sonrojadas y respiraba agitado, como si hubiera corrido hacia allí. 
-Hola, padrino. Un poco tarde para pasear, ¿no crees?- dijo Lorcan, mirando al cielo-. Creo que viene un temporal de nieve. 
Neville bajó la vista unos segundos y luego la posó en el chico frente a él. Y Lily, que no sólo lo conocía sino que notaba todo al instante, supo enseguida que algo no estaba bien. Los ojos azules del hombre brillaban con algo extraño, y se quedaron anclados en los de Lorcan unos segundos. 
 -¿ Estás bien? - preguntó el gryffindor, notando también el estado de su padrino. 
Neville lo miró sin decir nada unos segundos más, cómo si le costara hablar, y Lily sintió algo pesado en el estómago. Algo había pasado, no hablan dudas. Lorcan borró su sonrisa y soltó a su novia, dejando que sus brazos colgarán a los costados y la preocupación le apretara la garganta. 
 -¿Qué sucedió?- preguntó, con tono calmo. 
Neville suspiró apenas y finalmente habló, con una voz quebrada. 
-Tu padre está en el colegio. Ya le he avisado a Lysander, solo me faltaba encontrarte a ti. Es…
Se frenó, como si no pudiera continuar.
-Habla. ¿Por qué vino mi padre?- murmuró Lorcan, dando un paso hacia él. 
Si alguien le preguntara a Lily que le gustaría haber hecho en ese momento, hubiese respondido sin dudar que, de haber podido, habría congelado el tiempo y se habría llevado a Lorcan bien lejos, donde el dolor no pudiera alcanzarlo. Donde nunca tuviera que escuchar las palabras que su padrino soltó a continuación. Pero en ese momento, en aquella realidad, lo único que atinó a hacer fue tomar la mano del chico y apretarla con suavidad, sabiendo de antemano lo que había pasado. Como si alguien se lo hubiera susurrado al oído antes que Neville lo verbalizara. 
-Es tu abuelo, Lorcan. Ha muerto. 



Bueno.. Y eso fue todo por hoy. No me maten, la idea del abuelo Scamander estaba desde el principio. En el siguiente cap. sabrán que sucedió. Se vienen momentos tristes, pero solo será el capítulo próximo porque esta historia sigue siendo de amor y comedia. 
Varias cositas para comentar así que espero leerlos en comentarios!! Los abrazo!! 
 








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