Historia al azar: Un nuevo mundo, una nueva vida
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Donde gustes y cuando quieras » Capitulo dieciocho
Historia terminada Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Viernes 21 de Agosto de 2020, 19:10
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Capitulo dieciocho

Capítulo dieciocho
Se miraron, azul contra marrón. Rose tragó saliva y apoyo una mano sobre el brazo de Scorpius, intentando calmarlo. 
-Te he preguntado algo, Finnigan. ¿Quieres decir algo más?- volvió a preguntar el rubio.
Todo en su aspecto denotaba una calma absoluta, pero sus ojos dejaban ver el enfado que intentaba contener. Samuel no bajo la mirada, cruzado de brazos. 
-Ya he dicho todo lo que pensaba- respondió con tranquilidad.
-Vamos a almorzar- murmuró la pelirroja, intentando detener la guerra de miradas.
Scorpius la ignoró y dio un paso adelante, sin dejar de mirar al Gryffindor, que no retrocedió.
-Que bueno. Porque realmente dudo que a alguien aquí le importe tu opinión.
Samuel lo miró con el enfado en cada facción, y apretó las manos a sus costados. 
-Estaba hablando con Rose, no contigo…
-¿Sabes que creo?- interrumpió el Slytherin, dando otro paso-. Ya que hablamos de apellidos… Creo que tú no eres más que uno de esos idiotas engreídos que van por la vida jactándose de que sus padres hayan peleado en la guerra, en el bando de los buenos. Como si el mérito fuera tuyo aunque no estabas ni en sus planes aún. Eso es algo que hacen los hipócritas.
Rose soltó aire despacio, y pensó que ese tono calmo y bajo que Scorpius estaba utilizando daba más miedo que una reacción violenta. Era como si de pronto pudiera aplastarte cómo a un bicho sin demasiada vuelta. Jamás lo había visto en esa pose tan seria y fría. Samuel apretó más los puños, y lo miró furioso. 
-Tú…- comenzó, apretando los dientes.
Sin embargo, el rubio no lo dejo continuar y volvió a alzar su voz serena.
-También creo que deberías comprarte una vida propia, para no entretenerte hablando sobre la de los demás. 
-Okey, fue suficiente- habló Rose, viendo que el Gryffindor daba otro paso, probablemente dispuesto a golpear a Scorpius-. Scor, vamos, no tiene sentido gastar energía en esto. 
Lo tomó de la mano y lo miró con firmeza, aunque el chico tardó unos segundos en despegar sus ojos de Finnigan y posarlos en ella. Nada más hacerlo su expresión se suavizó un poco, y dio un paso hacia atrás. La pelirroja miró a Samuel con calma.
-Hasta luego- murmuró.
Dicho eso empezó a caminar, llevando a Scorpius con ella. Sólo respiro tranquila cuando estuvieron dos pasillos lejos del gryffindor. Se frenó y soltó aire, sintiendo los hombros tensionados. Miró al chico a su lado, que a su vez observaba el suelo, como si varias cosas le pasaran por la mente.
-Ignora todo eso. Es un bobo, no entiendo qué le pasa- le dijo con suavidad, acariciando el dorso de su mano con el pulgar. 
Scorpius alzó la vista y le sonrió con suavidad.
-Descuida, no es que me afecte. Estoy acostumbrado. Sólo me preocupa que tú lo tomes en cuenta- respondió.
La chica alzó la otra mano y la posó en su mejilla, sonriendo apenas.
-Por si no lo oíste te defendí muy bien. No he escuchado jamás los prejuicios de la gente, aún siendo hija de héroes, no voy a comenzar ahora.
Se acercó un paso y lo miró a los ojos.
-Sé quién eres, y por eso me gustas. Con eso es suficiente.
El rubio sonrió y asintió, sintiendo como su corazón empezaba a calmarse y el enojo se esfumaba de a poco. 
-Vamos a comer, anda- le dijo.
Rose asintió y retomaron la caminata. Lo miró de reojo, preocupada.
 -¿ Escuchaste toda la conversación?- le preguntó.
El slytherin la miró y negó con la cabeza. 
-Llegue justo cuando el idiota hablaba muy bien de mi apellido y demás. ¿Por qué?- preguntó, frunciendo un poco el ceño.
-No, por nada, solo pregunté - respondió Rose.
El alivio la recorrió entera. Scorpius no había escuchado sobre su futuro en Suecia. Sabía que no podría postergar esa conversación mucho tipo, pero aún tenía que juntar fuerzas para afrontarla. 
-¿Qué pasó con tu clase? Dijiste que no vendrías hoy a buscarme- le dijo más relajada.
-El profesor se sentía mal así que la suspendieron- respondió el chico, mirando al frente. 
Rose sonrió un poco y le apretó la mano en un gesto de cariño, ganándose una sonrisa suave de parte del rubio mientras entraban al gran comedor. 
El resto del día pasó con tranquilidad, y cuando el reloj marcaba las diez de la noche, Rose cerró el último libro, dando por terminadas las benditas tareas que llevaba haciendo hacía dos horas. Con la cercanía de las vacaciones de navidad los profesores parecían haber decidido llenarlos de deberes y lecciones orales, no fuera a ser que se olvidaran que los Éxtasis estaban a la vuelta de la esquina. 
 Scorpius salió del baño, en pijama y recién bañado, y se sentó a su lado en el sofá. 
-¡Libre soy!- festejo la chica, alzando un puño victorioso.
El rubio sonrió divertido y se acostó, apoyando la cabeza en sus piernas. Rose le acarició el pelo húmedo mientras Chocolate se subía y se acurrucaba a su costado, bostezando. 
-Ya tienes a tus dos hombres- bromeó Scorpius, con los ojos cerrados. 
La chica sonrió mientras acariciaba el lomo marrón brillante del perro.
-¿Hombre? ¿Dónde? Sólo veo un perro y un adolescente- respondió burlona. 
El chico abrió sus ojos azules y la fulminó con la mirada. 
-No me hagas demostrarte que sí soy un hombre hecho y derecho- murmuró. 
Claramente, el sonrojo en las mejillas de Rose fue casi automático. La chica miró hacia otro lado, intentando recordar cómo se respiraba y disimulando su vergüenza. 
Lo cierto era que no era la primera vez que Scorpius soltaba algún comentario de esos, cómo quien habla del clima, y ella se preguntaba si realmente no se daba cuenta o le estaba tomando el pelo. Bueno, también podía ser que sus hormonas le estuvieran jugando una mala pasada y ella le encontrara doble sentido a todo. Sí, tal vez era una depravada y Scorpius un angelito. La cosa es que siempre que surgían esas situaciones ella salía corriendo como la experta que era, poniendo alguna excusa tonta. Pero en ese momento tenía dos cabezas, la de Scorpius y la de Chocolate, apoyadas en su regazo, por lo que la cosa se complicaba. Carraspeó, insultandose mentalmente por ser tan vergonzosa a veces, y luego sonrió un poco e intentó centrarse en algo coherente. Miró al rubio, que seguía con los ojos cerrados, adormilado por sus caricias. 
-Cuéntame de tu familia- dijo Rose con suavidad.
El chico abrió los ojos y la miró imperturbable unos segundos, analizando la situación. 
-Creo que ya sabes todo- respondió con voz calma. 
Rose sonrió y le acarició la frente con tranquilidad. 
-Sé lo que cuentan los libros y lo que habla la gente. Te pido que me cuentes cómo son, qué relación tienes con tu padre… si tienen alguna tradición familiar, esas cosas. Tu madre es genial, eso ya lo sé. Pero no sé … puedes contarme sobre tu infancia o algo de eso. Si quieres, claro. 
Scorpius la observó, pensativo, y Rose temió haber metido la pata. Estaba por volver a hablar cuando él se le adelantó. 
-Pues … mi madre es así como la conociste. Alegre, entrometida… cocina muy bien, de hecho aunque tenemos elfos en casa ella se ocupa de las comidas. Le gustan las plantas y… Creo que soy lo que soy en gran parte gracias a ella.
Bajó la vista y jugueteó con un almohadón, mientras Rose lo miraba con curiosidad. 
-Verás, ambos me han criado bien, jamás me faltó nada. Pero mi padre es bastante frío y callado. En estos diecisiete años debo haber tenido… cinco charlas profundas con él. El resto son monosílabos o conversaciones más cotidianas. Si bien me inculcó buenos valores y se preocupa por mi, es como si tuviese un muro de cemento que pone entre ambos. O entre él y la gente en general. 
Soltó aire, buscando las palabras.
-Mi madre es todo lo contrario. Es dulce y me criado a base de mimos, abrazos y juegos. Así que lo que quiero decir es que si fuera igual que mi padre tal vez yo sería más cerrado o serio. 
-¿Más?- preguntó Rose, divertida. 
Scorpius sonrió y la miró.
-Sí, más. En realidad soy así porque es mi personalidad, tal vez me forme así por reflejarme en él. Pero no me cierro a la gente, sólo no me esfuerzo en conocerlos. Albus se ha ganado su lugar luego de perseguirme casi un año, pero en realidad lo considero mi mejor amigo desde que ambos tuvimos que enfrentar miles de prejuicios nada más entrar aquí. Pero no se lo voy diciendo, él lo sabe y ya. Es por eso que tú fuiste todo un desafío…
Le sonrió y ella lo miró interrogante. 
-Más allá de que jamás me gustó una chica antes de ti, eres la segunda persona fuera de mis padres que se ha vuelto importante. La diferencia con Albus es que tú me gustas. Pero aun así sabes que no fue difícil hacernos amigos en un principio.
-No lo fue- respondió la chica, sonriendo-. De hecho para no haber hablado nunca nos acercamos enseguida. Me llamó la atención descubrir lo cálido y agradable que eres tras esa fachada de "No me importa nada ni nadie". 
Scorpius alzó una ceja.
 -¿ Esa es mi cara?
Rose asintió, divertida. 
-Albus siempre dijo que era solo en apariencia, pero no lo entendí hasta que me tocó conocerte. 
Se miraron y sonrieron a la par, cómo solía sucederles. 
-¿Y tú? Cuéntame de tu familia.
-Bah, ya debes saber todo siendo amigo de Al- respondió ella. 
-Sé lo general y lo de Albus, pero no lo tuyo. 
Rose suspiró y miró al frente, con su sonrisa leve. 
-Somos muy unidos, los cuatro. Hugo y yo podríamos ser gemelos de no ser que le llevo un año. Creo que esa poca diferencia ayudó a hacernos unidos, porque crecimos a la par, yo cubriendo sus trastadas y él las mías. Y es gracioso porque ambos somos una mezcla de mis dos padres. Tenemos la inteligencia de mi mamá, pero somos relajados y algo torpes, algo que caracteriza a mi padre. Mamá es… genial. Algo estricta, no voy a negarlo, pero siempre está ahí para nosotros. Papá es un niño en cuerpo de adulto, pero también somos muy unidos. Sobre todo conmigo.
-Eres su niñita. Va a matarme- murmuró Scorpius, divertido. 
Rose rio y le pellizco la nariz. 
-Mejor no nos adelantemos a los hechos. 
-¿Vas a contarles en navidad que estás saliendo con el hijo de Draco Malfoy?
La chica suspiró y asintió.
-Sí, no saben nada. Pero todo irá bien, ya estoy preparada mentalmente para el escándalo que va a montar papá. Y Hugo prometió ayudarme- respondió. 
Scorpius asintió, pensativo, y luego volvió sus ojos a ella, que había perdido la mirada en el fuego de la chimenea. 
-Va a ser raro no verte por dos semanas- le dijo con suavidad.
Rose bajó la vista y lo miró.
-Lo sé… pero tal vez podamos vernos en alguno de esos días. Y hace bien extrañarse un poco- respondió divertida, volviendo a acariciarle el pelo. 
-¿Cómo es que extrañar a alguien hace bien?- preguntó el chico, frunciendo el ceño. 
Chocolate, entre sueños, soltó unos quejidos leves, como si le diera la razón. 
-Pues … fortalece la relación, supongo. Y deja de exagerar, ya te dije que nos veremos alguno de esos días, descuida- le dijo, pellizcándole una mejilla con suavidad-. Por cierto, ¿quién se lleva a Chocolate?
Se miraron, analizando la situación, y pasaron la siguiente media hora discutiendo quien cuidaría al perro, que dormía ajeno a todo. Esa noche, cuando se acostó, Rose sonrió levemente y pensó que ciertamente iba a ser raro no ver a Scorpius todos los días, y por primera vez sintió un pequeño deseo de quedarse en el colegio. 



-Entonces, ¿tienes todo claro?- habló Rose.
Hugo rodó los ojos y se cruzó de brazos. 
-Sí, maniaca. Está dormido por la poción, lo cubrimos bien con la capa de invisibilidad y lo llevo sobre el baúl hasta que salgamos de la estación. Deja de repetirlo. 
La pelirroja asintió, mirando a un dormido Chocolate, que reposaba sobre el regazo de Lily. Habían decidido turnarse y quedarse con el cachorro una semana cada uno, y para poder sacarlo del colegio sin problemas habían recurrido a una poción sedante para perros que habían conseguido en la veterinaria de Hogsmeade, para que viajara tranquilo y no se escapara. Rose se sentía mal por haberlo tenido que dormir, pero el veterinario les había explicado que esa poción era inofensiva y el perro no se daría ni cuenta. Lily le acarició las orejas al cachorro y le sonrió a su prima mientras Hugo volvía a sentarse en su asiento. 
-Ve a despedirte de Scorpius, estamos por llegar a la estación- le dijo. 
Rose asintió y  abrió la puerta, saliendo del compartimiento. Mientras recorría los pasillos del tren se cruzó varios compañeros de distintas casas, que ya se alistaban para bajar o empezaban a despedirse. En uno de esos pasillos divisó a Samuel, que charlaba con algunos compañeros y bajo la vista al verla. Esas dos semanas que habían pasado tras el encontronazo con Scorpius, las cosas entre ella y el fryffindor habían sido bastante tensas. Sam no había hecho el intento de disculparse, y Rose se limitaba a acudir a las clases de tutoría sin hablarle más que lo necesario, por lo que las dos horas se hacían casi interminables. 
Tuvo que cruzar dos pasillos más hasta dar con el chico rubio que estaba buscando. Scorpius había tenido que hacer la última ronda del viaje por el tren, y en ese momento terminaba de confiscar unos artículos de broma a unos niños de segundo. 
-Pero si ya nos bajamos- se quejó una niñita rubia, con el ceño fruncido. 
Rose sonrió divertida y se apoyó en la pared, observando la escena. Scorpius, armándose de su habitual paciencia, se cruzó de brazos y miró al grupo de bromistas. 
-Pues cuando bajes puedes gastar todas las bromas que quieras. De momento sigues en el tren. ¿O me van a decir que no iban a utilizarlos ahora?- les dijo, mostrándoles los artículos confiscados. 
Los tres niños esbozaron una sonrisa inocente y el rubio rodó los ojos. 
-Vayan a alistarse, llegamos en diez minutos- les dijo con suavidad. 
Los niños resoplaron pero obedecieron, y salieron corriendo hacia su compartimiento. 
-Te queda bien el papel de autoritario- dijo Rose, aún sonriendo. 
Scorpius se giró y sonrió con suavidad al verla, extendiéndole una mano luego de hacer desaparecer los artículos de broma. 
-Ven aquí.
La pelirroja se acercó y tomó su mano, dejándose llevar. Scorpius la guío hacia el último compartimiento, verificó que no hubiera nadie y se metió dentro, cerrando la puerta tras ellos. 
 -¿ Muchos problemas?- preguntó la chica con diversión. 
Scorpius se acercó y le pasó los brazos por la cintura, pegando su frente con la de ella. 
-Lo de siempre. ¿Todo en orden con Chocolate?- le respondió en voz baja. 
Rose asintió, apoyando sus manos en su pecho. 
-Sigue dormido. 
Se miraron, perdidos en los ojos y el aroma del otro, y el rubio sonrió con suavidad. 
-Más te vale extrañarme- murmuró.
-Más te vale a ti extrañarme- respondió ella, divertida. 
-Te escribiré todos los días. 
-Yo también. Y antes de año nuevo haremos algo en Londres. 
El slytherin asintió, aún pegado a ella. 
-Si tú padre quiere asesinarte debes avisarme enseguida y te rescatare. Podemos huir a otro país, mi madre nos apoyara- le dijo divertido. 
Rose rodó los ojos.
-Es más probable que quiera asesinarte a ti que a mí, así que en todo caso te rescatare yo. 
Volvieron a mirarse, divertidos. Finalmente Scorpius suspiró despacio y apoyó sus labios en los de Rose con suavidad, cerrando los ojos. La chica no tardó en responderle el beso, con la misma dulzura y tranquilidad. Se separaron poco después y sonrieron a la par. 
-Cuídate, ¿me oyes?- dijo ella.
-Lo haré, te veré en unos días- respondió él, depositando un último beso en sus labios. 
Afuera ya podía divisarse la estación de King Cross, y había empezado a nevar. Scorpius se despidió de Chocolate y del resto en el compartimiento, y con una última mirada a Rose, bajó primero en busca de sus padres. Rose suspiró y se abrigó con la bufanda. No podían bajar juntos porque nadie de su familia sabía aún que salían, y quería evitar escándalos en medio de la estación. Miró por la ventana y sonrió un poco al divisar la cabellera roja de su padre entre la multitud. 
 -¿ Vamos, mocosa?- habló Hugo, poniéndole una mano en el hombro. 
Asintió y le sonrió a su hermano, tomando el baúl y comenzando a caminar para salir del tren. 



Unos golpes sonaron contra la puerta, y Rose abrió sus ojos miel y se incorporó en la cama donde estaba tirada, mirando hacia allí. 
-Adelan…- comenzó, pero antes de poder terminar de hablar la puerta se abrió y Hugo asomó su cabeza castaña.
-Mamá dice que bajes a cenar- le dijo.
La pelirroja rodó los ojos y se sentó en la cama, quitándose los auriculares dónde escuchaba una música en volumen bajo. 
-¿Para qué golpeas si vas a entrar antes de que te dé permiso?- se quejó, poniéndose las zapatillas-. Mira si estaba cambiándome o algo. 
Su hermano se encogió de hombros. 
-Eres mi hermana, no voy a espantarme. Además no sería la primera vez que veo el cuerpo femenino, ya soy un niño grande- respondió burlón, apoyándose en el marco. 
Rose abrió la boca, indignada, y le tiró la zapatilla a la cabeza, aunque por suerte Hugo tenía reflejos por lo que logró cerrar la puerta antes de ser golpeado.
 -¡ Ja! Tantos años con Lena me han entrenado bien- se jacto, su voz amortiguada del otro lado de la puerta. 
 -¡ Mocoso indecente! ¡Ven acá!- chilló la chica, abriendo la puerta y corriendo tras él con un pie descalzo y el otro no. 
Hermione se cruzó de brazos y alzó una ceja al ver cómo su hijo menor aparecía corriendo en el comedor y se escondía con su metro ochenta tras ella, mientras la mayor también aparecía corriendo y riendo. Chocolate, que jugueteaba en la alfombra de la entrada, corrió hacia ellos mientras ladraba, buscando unirse al juego. 
-¡Mamita, Rosie Fea quiere pegarme! ¡Haz algo!- dijo el chico teatralmente, apoyando las manos en los hombros de Hermione. 
-No es cierto, sólo jugaba- se defendió Rose, frenándose al ver a su madre y poniendo su mejor cara de angelito y las manos tras la espalda. 
Su madre suspiró, puso las manos en las caderas y sonrió levemente. 
-No los regaño porque acaban de llegar y realmente se extrañan sus tonterías cuando no están- murmuró.
Rose le sonrió y Hugo le dio un beso en la mejilla.
-Ya, ya, siéntense de una vez que se enfría. ¡Ronald!- llamó, ubicándose en su lugar de la mesa. 
El aludido entró desde el jardín, cubierto de nieve.
 -¿ Que hacías ahí fuera?- preguntó Rose a su padre mientras servía el puré. 
 - Estaba verificando que la canaleta funcione. No vaya a ser como el año anterior, ¿recuerdan lo que pasó con las nevadas?- preguntó divertido, sacándose el abrigo y sentándose con ellos. 
 - Mejor no recordemos esa anécdota tan divertida- respondió Hermione con tono irónico, pasándole a Hugo la ensaladera.
Ron miró con complicidad a sus hijos y Rose pensó que sí era mejor no recordar esa navidad. Su madre había estado pidiéndole a su padre toda una semana que revisara las canaletas por si estaban tapadas, pero Ron lo había olvidado y a mitad de la cena de año nuevo, con una tormenta intensa de nieve afuera, los techos habían empezado a lloverse y habían tardado dos horas en solucionarlo y secar toda la casa al volver de La Madriguera. 
-¿Y bien? Cuéntenos qué tal van las clases- les dijo Hermione sonriendo. 
-Eso, seguro que Rosie no da abasto con tantas actividades- comentó Ron, masticando un trozo de pescado. 
La pelirroja se encogió de hombros y sonrió. 
-Es un año cargado entre el Quidditch, las tareas de premio Anual y las clases, pero lo llevo bastante bien. 
-No olvides los asuntos personales- acotó su hermano, comiendo puré con cara de póquer. 
Rose lo fulminó con la mirada y lo pateó bajo la mesa, provocando que el chico escupiera algo de comida debido al dolor. 
-¿A qué te refieres? Y come bien, ya te he dicho- lo regaño su madre.
Luego miró a Rose esperando la respuesta. La pelirroja bebió agua, intentando ganar tiempo. 
-No es nada importante- murmuró, sonriendo con inocencia. 
-Cobarde- susurró su hermano.
-Cierra al boca, se supone que me ayudarías- respondió ella entre dientes, fulminándolo con la mirada.
-Eso estoy haciendo. Cuánto más tardes peor.
Ron y Hermione pasaban la mirada de un hijo a otro como si fuera un partido de ping pong, cada vez más confundidos.
-¿A eso le llamas ayudar?- se quejó Rose, aún sin elevar la voz. 
-Oigan- habló al fin su madre, alzando ambas manos para detener la discusión-. ¿De qué están hablando?
Los miró con su mejor cara de "Soy su madre, más les vale empezar a hablar", mientras Ron masticaba con cara de circunstancia. Hugo miró a Rose, Rose miró a la mesa, Hermione miró a su hija, asumiendo que ella debía hablar y Ron miró a los tres, sin entender nada. 
 Rose suspiró y observó la mesa unos segundos, juntando coraje, y luego la posó en sus padres. 
-Estoy… saliendo con alguien.
Listo. Lo había dicho. Al menos la primera parte. Hermione y Ron pestañearon un par de veces, procesando la información. Hugo observó divertido como las mejillas de su padre se ponían coloradas y su ceño empezaba a fruncirse. 
-¿Mi niñita está… saliendo con alguien?- murmuró, cómo asimilando la situación. 
Hermione sonrió y miró a su hija con dulzura.
-Vaya, Rosie, que bien… No nos dijiste nada. ¿Es de Hogwarts? ¿Lo conocemos? Tiene buenas notas, ¿verdad?
-Eso, ¿quién es el mocoso que se atrevió a tocar a mi bebé?- chilló Ron, soltando los cubiertos. 
-Ronald…- amenazó su mujer, fulminando lo con la mirada-. Rose ya es grande, déjala en paz.
Luego volvió a mirar a la chica, que tragó saliva, aturdida por las preguntas. Hugo no podía dejar de sonreír, y miró a sus padres con cara inocente. 
-Descuida, mamá, es de los mejores promedios del colegio. Incluso es Premio Anual…comparte la sala común con Rose- comentó. 
 -¡ Qué! ¿Compartes espacio con él?- exclamó su padre, cada vez más colorado-. ¡Eso no puede ser, son niños aún! ¿Quién le dio la idea a McGonagall de hacer mixtas las salas compartidas? ¿Duermen en distinta habitación, verdad?
Miró a Rose con ojos desorbitados, y Hermione le pegó con la servilleta. 
-Ronald … ya basta. Déjala hablar. Además seguro duermen en habitaciones separadas. ¿Verdad?
Miró a su hija, y Rose suspiró, agotada. Y aún no revelaba quién era. 
-Sí, dormimos en habitaciones separadas. Es un buen chico, Hugo puede dar fe.
El aludido asintió, masticando el pescado. 
-Yo lo he aprobado, papá. Confía en mi criterio- dijo con solemnidad-. Además, es rubio como Lena. Creo que inconscientemente nos pusimos de acuerdo con Rosie para descontinuar la tradición de Weasley's pelirrojos. 
Le guiñó un ojo a su hermana y ésta rodó los ojos, aunque sabía que Hugo estaba haciendo uso del humor para ablandar la situación y que fuera más fácil. Le sonrió levemente y entonces su madre hizo la pregunta clave del asunto. 
-Bueno, ¿y quién es? ¿Está en tu año?
La pelirroja soltó aire despacio, y decidió que mejor en ese momento qué nunca. Así que juntó su valor Gryffindor y miró a sus padres, intentando permanecer serena. 
-Es Scorpius Malfoy. 
Silencio. Los primeros segundos fueron de total y absoluto silencio. Su madre parpadeó de nuevo, con la boca levemente abierta. Su padre, más rojo que las borlas de navidad que decoraban el árbol, tragó la comida con dificultad. Hugo tomo agua, esperando la explosión que por supuesto no tardó en llegar. 
 -¡¿Qué?!
Rose cerró los ojos, y estuvo segura de haberse quedado sin tímpanos. Es que el grito de Ronald Weasley debía haberse escuchado en todo Inglaterra, sin dudas. 



 -¿ Quién has dicho?
Scorpius miró a su padre, que a su vez lo observaba con sus ojos grises neutrales, cómo siempre. Bien podía haber un terremoto que su mirada sería la misma. 
-Rose Weasley- repitió con tono sereno.
Observó divertido como Draco alzaba una ceja rubia y lo miraba de arriba abajo. 
-¿No podías elegir alguien con otro apellido?- preguntó finalmente, cruzándose de brazos.
Scorpius se apoyó en el respaldo del sofá donde estaban sentados y alzó una mano.
-Es preciosa, inteligente y buena persona, además de que tenemos mucho en común- respondió, enumerando con los dedos-. No veo por qué elegiría a otra. 
Su padre suspiró despacio, mirando al frente. 
-Tienes buenos argumentos- murmuro-. Además será divertido ver la cara de la comadreja.
-¿Comadre…?- comenzó el chico, confundido, hasta que cayó en la cuenta y miró a Draco con reproche-. Mira que eres infantil. 
El hombre esbozo una media sonrisa casi imperceptible y se encogió de hombros.
-Hay costumbres que no se pierden. En fin, mientras no descuides tus estudios por estar babeando por una chica está bien.
-No estoy descuidando nada, incluso me he anotado en las prácticas de la enfermería para adelantar algo de la carrera. Descuida- respondió Scorpius, tirando la cabeza para atrás y posando sus ojos en el techo alto de la sala.
Su padre lo observó unos segundos, admirando ese perfil de rasgos suaves tan parecido al de su esposa. Su hijo había crecido, y estaba algo sorprendido. El tiempo pasaba rápido y no sabía cuando había dejado de ser un enano rubio que corría para todos lados para transformarse en ese chico alto y sereno, que presentaba más madurez que cualquier muchacho de su edad. Scorpius siempre había sido seguro en sus decisiones, sabía de pequeño que quería ser Sanador y le importaba poco la opinión del resto, por lo que Draco sabía que tenía poco sentido decirle nada respecto a su novia. Haría lo que quería, como siempre. Y en el fondo de su ser, aunque no se lo dijera, Draco estaba orgulloso. Lo había criado con los valores necesarios para que fuera una buena persona, y no repitiera sus errores, y le aliviaba ver qué a sus diecisiete años era alguien muy diferente a lo que él mismo había sido a su edad, aunque no hubiese una guerra en medio. Y también agradecía haberse enamorado de alguien con Astoria, o mejor dicho que alguien como Astoria se enamorara de el, siendo tan diferentes. Esa mujer tan dulce y amable lo había sacado del pozo y le había alegrado la vida, y era la responsable de que su hijo fuera más cariñoso y amable que el, pese a haber heredado algo de su serenidad. 
-¿Tu madre sabe?- le preguntó, sin dejar de observarlo.
Scorpius asintió, y sonrió un poco. 
-Se dio cuenta nada más verme y me acorraló en mi habitación cuando estaba desempacando. Dijo algo de no se qué brillo en mis ojos, que me conocía bien por haberme parido y me amenazó para que le contara. Ya conoce a Rose, la vio cuando fue a Hogwarts hace un par de meses, y creo que la quiere más que a mí, así que se puso bastante feliz. Temo que ya esté planeando la boda.
Draco también sonrió, más recatada mente. Podía imaginarse perfectamente la escena, conocía a su mujer. 
-Bien. ¿Algo más que deba saber?- preguntó, tomando la taza de te que reposaba en la mesita y dándole un sorbo.
El chico se enderezó y se puso de costado, mirando a su padre. 
-La semana que viene verás un cachorro dando vueltas por aquí, pero se irá cuando yo regrese al colegio- soltó. 
-¿Ah?- preguntó Draco, con la taza a medio camino-. ¿Quién te dio permiso de traer un perro? Jamás te he dejado tener uno. Además, ¿de dónde salió?
Scorpius suspiró. Hasta para regañarlo su padre era aburrido, ni siquiera elevaba un poco la voz. 
-Rose y yo lo estamos cuidando porque Hagrid lo encontró abandonado y no puede hacerse cargo, McGonagall no lo deja. Así que lo tenemos oculto en la sala común, y lo hemos traído con nosotros. Rose lo tiene está semana y yo la siguiente. Y te aviso que cuando egresamos alguno de los dos va a adoptarlo, así que tal vez tengas que acostumbrarte a él- respondió con simpleza. 
Draco alzó otra vez una ceja. 
-No he dicho que si…
-En ese caso puedes comprarme un apartamento y me iré a vivir solo cuando salga del colegio, así puedo tenerlo. 
Lo miró con diversión, y su padre abrió levemente la boca, indignado. 
-Mocoso irrespetuoso- murmuró, aunque sabía que la discusión estaba perdida. 



Las vacaciones pasaron de manera bastante…movida para ambos. Rose, luego se calmar a su padre y soportar un discurso de dos horas sobre su mala elección de novio, el pasado y demás yerbas, había tenido que enfrentarse a una semana entera que pasó a denominar "La ley de hielo". Ron le había retirado absolutamente la palabra, aún con las amenazas de su madre y el resto de sus tíos, que no se habían tomado tan mal la noticia. Finalmente, la noche del veinticuatro, Hermione los había encerrado a ambos en una habitación de La Madriguera para que se amigaran de una vez antes de arruinarle la navidad al resto de la familia. Rose había resoplado, harta, y Ron había vuelto con sus palabras duras, hasta que ella había soltado las palabras definitivas:
"Soy tu hija, se supone que debes apoyar mi felicidad. Scorpius me hace feliz, así que si no lo respetas por tus estúpidos prejuicios sobre cosas que pasaron cuando ni siquiera existíamos, y que por ende no son culpa suya, lo único que haces es ir contra mi felicidad. ¿Qué clase de padre eres?". 
Luego había llorado, claramente, soltando todas las lágrimas que venía conteniendo. Y eso había sido suficiente para Ron, que había tenido que aflojar y terminó apretujándola entre sus brazos, prometiendo que intentaría aceptarlo, pero que ni se le ocurriera que sería pronto. Bueno, al menos era un avance. 
Scorpius, por su parte, lo había vivido de forma más tranquila, a excepción de los pedidos constantes de su madre porque invitara a Rose a almorzar algún día, y la preocupación por las cosas que le contaba la pelirroja por carta sobre las reacciones de su padre. Rose no se lo decía, pero él la conocía y sabía que debía estar afectada porque su padre no le hablara. Le ofreció un par de veces ir allí y hablar con él, pero la chica se negó, alegando que sería peor. Cuando le confirmó que se habían amigado, respiró un poco más tranquilo. 
Las navidades fueron distintas para ambos. Rose la pasó como siempre, con su ruidosa y extensa familia en La Madriguera, cocinando, cantando villancicos y escuchando anécdotas del abuelo Arthur. Scorpius había vivido una nochebuena típica en la mansión Malfoy, un festejo más subido de nivel con amigos de la familia y trajes de gala, aunque su madre se había ocupado de que la mañana del veinticinco fuera cálida, cómo siempre, llenándolos de regalos y un desayuno copioso. 
Un par de días antes de año nuevo, ambos coordinaron para verse en el Londres muggle y pasar el día juntos. Claro que no había sido fácil. Rose había tenido que inventarse la excusa de que saldría con sus primos para poder ir, porque su padre aún estaba sensible en cuanto al tema y ya no quería discutir más. Por lo que Hugo y Lena, que pasaba esa última semana con ellos, la habían ayudado a escapar fingiendo que iban juntos, y se habían separado al llegar al centro, dejándola sola con Scorpius. 
-Te extrañé - había susurrando el chico mientras se saludaban.
Rose, como siempre que él estaba en medio, había sonreído con calidez y la sensación de ser la persona más feliz del mundo. 
El día de año nuevo, mientras miraba los fuegos artificiales de colores que Fred y James habían conseguido, y tomaba de su copa de hidromiel, la pelirroja miró a Albus, parado a su lado, y sonrió. 
 -¿ Por qué brindas este año, primito?- le preguntó, apoyando la cabeza en su brazo.
El moreno la miró y sonrió.
-Pues … brindo por todo lo bueno que tenemos. Y porque el año próximo podamos celebrar todos juntos, con Scorpius y Anne- dijo, alzando su copa. 
Su prima sonrió, mirando al cielo, y también alzó la suya. 
-Comparto- murmuró. 



 -¿ Qué tal esas vacaciones, mis bombones?- exclamó Daniel, abriendo la puerta de la enfermería de forma teatral. 
Scorpius y Claire, que acomodaban las cosas del armario, le chistaron a la vez, frunciendo el ceño. 
 -¿ Qué? ¿No me extrañaron?- susurró el chico, caminando hacia ellos con su sonrisa amplia.
 - Hay alumnos descansando- respondió la castaña, señalando un par de camas que permanecían con las cortinas cerradas-. La gripe está haciendo estragos. 
El Revenclaw asintió, sentándose en una camilla y revisando los frascos de pociones. 
 -¿ Y Pomfrey?- preguntó en voz baja.
Scorpius señaló la puerta del despacho cerrada con la cabeza, guardando las vendas en el cajón. 
-Dijo que empezábamos en un rato. 
Dan asintió y apoyó un brazo en el hombro del rubio. 
 -¿ Has pasado las vacaciones con tu novia?- le preguntó divertido.
Claire bajo la vista, y Scorpius le puso una caja de pociones en el regazo al chico, quitando su brazo. 
-No, y ponte a trabajar- respondió.
-Bah, eres un aburrido- se quejó Daniel, pero comenzó su tarea-. Y tú Claire linda, ¿qué tal?
La Slytherin sonrió apenas y se encogió de hombros. 
-Normal, con mis padres. Lo pasamos en París. 
-Oh, la ciudad del amor. ¿No has conseguido un novio? Los franceses son muy guapos. Te vendría bien para olvidar ciertas cosas además- le dijo con picardía, señalando sutilmente al rubio a su lado. 
Claire lo fulminó con la mirada y miró a Scorpius de reojo, aunque el chico, como siempre, parecía más concentrado en lo suyo que en el resto. La castaña soltó aire y enderezó un poco la espalda.
-Por cierto, Scorpius, no te he podido preguntar aún… Me ha sorprendido un poco tu relación con Rose. 
El chico la miró algo desconcertado.
-Hace más de un mes que salimos, ¿recién ahora te preguntas eso? Además, ¿qué tiene de raro?- le preguntó con su tono calmo.
Claire sonrió inocente y se rasco la cabeza, incómoda. 
-Oh, nada. Sólo que cuando le pregunté a ella dijo que eran amigos y de pronto estaban saliendo…
-¿Cuándo le preguntaste eso?- respondió el rubio.
-Fue antes, una vez en la biblioteca… me daba curiosidad porque eran muy cercanos, y ella dijo que sólo eran amigos. 
-Sí claro, curiosidad- susurró Daniel, acomodando las pociones en un estante. 
Claire volvió a fulminarlo con la mirada y Scorpius se encogió de hombros. 
-Pues lo éramos, pero siempre me gustó. Y luego nos dimos cuenta que era correspondido, es todo. 
La castaña asintió, sonriendo, aunque por dentro sentía una especie de agujero en el estómago. Sin embargo no dijo más nada y caminó hacia la otra punta de la enfermería, para revisar a uno de los chicos que descansaban allí. Scorpius la miró confundido y luego miró a Dan, como si buscara una explicación. El castaño suspiró y le sonrió.
-Mujeres, ya sabes lo raras que son- le dijo, quitándole importancia-. Por cierto, me gusta la pareja que haces con Rose. Son muy monos los dos, altos y guapos. Tendrán hijos preciosos.
Scorpius sonrió divertido. 
 -¿ No te estás adelantando un poco?- preguntó, volviendo a su tarea de ordenar. 
Dan chasqueo la lengua. 
-Bah, tal vez suceda a futuro, quien te dice. Por cierto…
Lo miró con picardía y el rubio supo enseguida que se venía algún comentario fuera de lugar.
-¿Ya han… concretado la cochinada?
Scorpius suspiró. Efectivamente, no se había equivocado. 
-Mira que eres entrometido y descarado- murmuró. 
-¿Qué? Ni que fuera tan raro. Son grandes y además comparten sala común, debe ser más fácil teniendo un espacio propio para ustedes solos. 
El slytherin lo miró y negó con la cabeza, más resignado que espantado por la pregunta. 
-Si crees que yo voy a contarte algo de eso puedes ir sentándose a esperar. Y ponte a trabajar- le repitió, poniéndole otra caja en los brazos.
Dicho eso dio media vuelta y se marchó hacia donde estaba Claire, dejando a Daniel con la palabra en la boca. El chico resopló. 
-Ni que fuera la virgen María. Que poco sentido de diversión tiene- murmuró, negando con la cabeza. 



Rose suspiró, y miró resignada la pila de deberes que descansaba frente a ella, sobre su escritorio. Hacía dos días que habían vuelto de las vacaciones y ya los habían cargado de cosas para hacer. Miró por la ventana de su habitación, y vio que afuera no nevaba, pero un viento fuerte movía los cristales y los árboles, dando la sensación de que si uno asomaba la nariz moriría congelado. 
Tomó aire y se dispuso a comenzar de una vez, o estaría allí toda la noche. Eran las ocho y había cenado algo rápido para poder ponerse con eso, ya que durante la tarde de ese día, entre el entrenamiento y la reunión de Prefectos no había podido ni respirar. Había visto a Scorpius un rato durante el almuerzo y nada más. 
-Quiero graduarme- murmuró, apoyando la frente en la madera del escritorio. 
-Yo también- hablo una voz conocida detrás. 
La pelirroja alzó la cabeza y se giró, encontrándose a Scorpius, que la miraba apoyado en el marco de la puerta abierta con expresión de cansancio. La chica sonrió suavemente y apoyó la cabeza en una mano, mirándolo. 
-¿Tú también has tenido un día largo?- preguntó.
El rubio asintió, acercándose a ella. Se apoyó en una esquina del escritorio y husmeo los ejercicios de Transformaciones que descansaban allí, aún sin comenzar. 
-¿Necesitas ayuda con eso?
Rose negó y se enderezó en la silla. 
-Son de práctica, no debo entregarlos. Samuel me los dio para reforzar además de las tareas que da Lewis.
Scorpius frunció un poco el ceño al oír ese nombre, pero no dijo nada. 
-Está bien, si quieres tráelos cuando termines y te los reviso. Así te ahorrarás que ese idiota, digo Finnigan, tenga algo para decir.
Le sonrió y deposito un beso en su cabeza.
-Estaré en mi habitación- concluyó, caminando hacia la puerta. 
Rose sonrió y asintió. 
Una hora después, los ojos le ardían y no sentía las manos, pero había terminado los benditos ejercicios. Se estiró en la silla y miró hacia afuera. Desde ahí podía verse la puerta abierta de la habitación de enfrente. Se puso de pie y tomó los ejercicios, saliendo al pasillo. Se apoyó en el marco de la puerta de enfrente y observó a Scorpius, que escribía concentrado en su escritorio, de espaldas a ella. Tenía puesto el pantalón pijama oscuro y la remera blanca de manga corta que usaba para dormir, dejando sus brazos al descubierto. Rose se preguntó cómo no tenía frío, aunque ahí adentro se mantenía cálido. Su mirada quedó anclada en esa mano grande que escribía con suavidad sobre el pergamino, y tuvo el mismo pensamiento de siempre. Scorpius era una mezcla entre lo masculino y fuerte y lo suave y delicado. Definitivamente no era raro que se hubiese enamorado de él, si lo pensaba un poco. 
El chico soltó la pluma y se estiró, moviendo el cuello, y entonces se giró y posó sus ojos en ella. 
 -¿ Cuánto llevas ahí?- preguntó divertido.
Rose tuvo que obligar a su cerebro a salir del trance, y le sonrió con suavidad, alzando la hoja de ejercicios.
-Ya termine- dijo.
Scorpius extendió la mano y ella se acercó, dándole los papeles. 
-Creo que están bien, o eso espero porque no tengo ganas de …
Sin embargo no pudo terminar de hablar, porque el rubio la tomó de la cintura y en un movimiento la sentó en sus rodillas, sosteniéndola para que no cayera. Rose se aferró a su cuello, asombrada, y lo miró con los ojos bien abiertos. 
-Oye, ¿Qué haces?- preguntó.
Scorpius le sonrió con inocencia y se encogió de hombros. 
-No te he visto en todo el día casi, y ahora estamos a una habitación de distancia pero tapados de tareas. Dame dos minutos de distracción- respondió, besándole la nariz. 
La pelirroja sonrió y le pellizco la mejilla con suavidad. 
-Mañana será más tranquilo. 
El chico asintió y observó los ejercicios. 
-Lo corregiré en un segundo, me quedan diez renglones de la redacción para Defensa. ¿Por qué no esperas aquí y de paso descansas el cerebro un poco?
Rose lo pensó unos segundos y terminó asintiendo. 
-Está bien, si no tardas mucho porque aún tengo una pila de tareas- respondió, poniéndose de pie.
-Será un ratito. Puedes sentarte en la cama si quieres mientras.
La chica, que estaba estirando los brazos, se quedó quieta y lo observó muda. Luego miró la cama de colcha verde oscuro que reposaba a unos metros. Luego volvió a mirar al rubio, sabiendo que se estaba sonrojando cómo la tonta que era.
-¿En la cama? Oh, no hace falta, esperaré en mi habitación- respondió, sonriendo con inocencia.
Scorpius sonrió divertido y se cruzó de brazos. 
 -¿ De qué tienes miedo?- le preguntó. 
 -¿ Miedo? ¿Yo? Ja, que tontería. ¿Por qué tendría miedo?- respondió ella, poniendo las manos en sus caderas. 
 - ¿Entonces? Sólo digo que te sientes ahí para no cansarte, no tardaré mucho en corregirlos y luego puedes volver a tu habitación.
 - Pues, está bien. Ni que la cama mordiera o algo de eso- concluyó la chica.
Luego caminó hasta la cama y se sentó, tomando un ejemplar de Pipito que reposaba en la mesa de luz y escondiendo su sonrojado rostro tras las páginas. Scorpius sonrió, conforme, e intentó concentrarse en terminar la redacción. 
Un rato después había terminado de corregir los ejercicios de Rose, y el silencio reinaba en la habitación, interrumpido solo por el sonido del viento afuera. 
-Esto ya está, Rose- dijo, girándose en la silla. 
En la cama, la chica dormía profundamente, con la revista caída sobre la colcha. Scorpius sonrió con suavidad al verla, y se puso de pie, intentando no hacer ruido mientras caminaba hacia ella. Se agachó a su lado y le acomodó un mechón de pelo rojizo que le cubría el rostro. 
-Debería despertarla…- susurró para si mismo-. Aún tiene deberes. 
Miró el reloj en la mesa de luz, y vio que eran las diez y media de la noche. Rose dormía con el cansancio dibujado en el rostro, y el suspiró despacio. 
-Rose- llamó, en un tono tan bajo que casi no se oyó.
Claramente, la pelirroja ni se inmutó. Scorpius sonrió de nuevo y se encogió de hombros. 
-Luego no digas que no te desperté- dijo con diversión.
Luego se puso de pie, dio la vuelta a la cama y se acostó a su lado, de costado para poder mirarla. Sabía que Rose lo mataría al día siguiente por no haberla despertado, y más cuando se diera cuenta que habían dormido juntos en la misma cama. Pero no le importaba. En ese momento se dejó envolver por su perfume y por eso que le movía el piso cada vez que la miraba.

 

Hola a todos! Cómo están?
Bueno, tarde un poquito más pero traje un capítulo larguísimo y 100 % Scorose .
Para las que extrañan a Lorcan y Lily, vuelven pronto. Quería centrar este cap. en las familias y en cómo va evolucionando la relación de los dos. Dormirán o pasará algo en medio? Scorpius quiere hacer algo con Rose? XD 
Espero sus comentarios, recuerden que sus opiniones me animan y me sirven mucho, la historia es para ustedes. Ya no queda mucho para el final :)
Gracias por el apoyo de siempre! Muchos abrazos!



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