Historia al azar: El Regreso de Lord Voldemort
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Donde gustes y cuando quieras » Capítulo diecisiete
Historia terminada Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Viernes 21 de Agosto de 2020, 19:10
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Capítulo diecisiete

Capítulo diecisiete



Rose levantó la varita, parada frente a la puerta que daba acceso a la sala común de los gemelos, y se concentró en pensar un recuerdo feliz para poder conjurar su Patronus. Tenía muchos momentos agradables, no era tan fácil decidir, pero al final terminó quedándose con la tarde en que su padre le había enseñado a andar en bicicleta. Tenía seis años y se había caído incontables veces, pero Ron la había levantado y apapachado cada una de esas veces, y al final del día se había ganado una paleta de chocolate por haber aprendido bien. Sonrió al evocar esa tarde soleada hacía tantos años.
-Expecto Patronum- pronuncio con decisión. 
Una luz plateada emergió de la varita y un colibrí se formó, iluminando su rostro. 
-Lorcan, estoy afuera- habló la chica.
El Patronum se metió dentro de la sala, atravesando la puerta, y Rose guardo la varita y se apoyó en la pared, esperando. El pasillo estaba solitario y afuera ya había oscurecido, por lo que se encendieron las antorchas. Su amigo no tardó mucho en salir, y la chica sonrió al verlo abrirle la puerta con cara de sueño. 
-No me digas que estabas durmiendo. Son las siete y media de la tarde- le dijo burlona, acercándose. 
Lorcan se corrió para dejarla pasar y cerró la puerta tras ellos. 
-No estaba durmiendo, tengo fiebre- respondió con voz ronca, tirándose en uno de los sofás. 
Rose se sentó a su lado y lo miró preocupada, apoyando una mano en su frente. Efectivamente el rubio estaba ardiendo, lo que justificaba su mala cara. 
-¿Fuiste a la enfermería? Seguro tomaste frío, te he dicho que no te quedes practicando afuera cuando oscurece, estamos en otoño. 
Lorcan sonrió un poco y apoyó la cabeza en el hombro de su amiga, cerrando los ojos. 
-Deja de regañarme y cuídame. Estoy moribundo- respondió-. Y no iré a la enfermería, sólo es un resfrío. 
La pelirroja resopló, cruzada de brazos. 
-Pues debes tomar algo. ¿Por eso suspendiste el entrenamiento?- preguntó con curiosidad. 
Lorcan asintió, sin moverse y sin abrir los ojos. 
-Iba a entrenar igual pero no tengo fuerzas. Ni ánimo. Recuperaremos mañana y el jueves.
-Está bien… Debiste decirle eso a Hugo, estaba que echaba humo- respondió, divertida. 
El Gryffindor se encogió de hombros.
-Me gusta molestarlo así que me hice el interesante.
Rose sonrió y luego carraspeó, mirando al frente. La sala común de los gemelos era idéntica a la suya, solo que había decoraciones en rojo y azul, aludiendo a sus respectivas casas, y bastante más desorden. 
-¿Vas a contarme por qué estás desanimado?- preguntó con suavidad.
Lorcan soltó aire y abrió sus ojos celestes, incorporándose en el sofá. Miró a su amiga, que a su vez lo observaba con esa mirada que ponía cuando ya sabía lo que pasaba. 
 -¿ No lo sabes?- preguntó, tanteando el terreno.
La chica rodó los ojos y le sonrió. 
-Si lo sé. Me falta tu versión de los hechos.
El rubio bajó la vista y jugueteó con el borde de su remera.
-Siento no habértelo contado. Lily y yo quisimos…
-Ahórrate las disculpas y el discurso, ya lo sabía de antes y mi prima se ha disculpado por ambos. Todo está bien, estoy feliz por ustedes. Aunque no han durado ni una semana que ya están peleando.
Lo miró divertida, y el sonrió un poco y se recostó, apoyando la cabeza en las piernas de su amiga y mirando al techo. Sus ojos brillaban un poco por la fiebre y Rose se preocupo, pero él empezó a hablar y decidió dejar la regañina para después. Luego lo iba a arrastrar a la enfermería.
-No confía en mí- murmuró él chico.
La pelirroja suspiró.
-¿Y por qué crees que sea?- preguntó, manteniendo un tono suave.
No pensaba ponerse del lado de ninguno. 
-Por mi mala fama con las mujeres, supongo. Pero… le he dicho lo que sentía, ella no entiende lo que significa. Me he enamorado de ella cuando era un niño, y pese a que pensé haberla olvidado estos dos años que pasaron, he descuenfermeríe no. Estoy…idiotizado por ella, y parece que no alcanza.
Se cruzó de brazos, serio. Rose sonrió comprensiva y le acarició el pelo dorado.
-Lorcan. Tú lo has dicho… estos dos años hiciste estragos con cuánta chica se te cruzó, no sólo aquí sino en el verano también. Y Lily jamás se ha enamorado, es la primera vez, está aprendiendo lo que eso significa. Es muy madura para su edad, pero teme salir lastimada, no es tan ilógico. 
-¡Pero he sido sincero! ¿Qué se supone que tenga que hacer? Se enfadó porque hice un chiste tonto con la palabra amar, ¿quién se enfada por eso?- respondió Lorcan, estirando los brazos.
La garganta le dolió a causa de haber elevado la voz, pero no le importó. 
-Ese es el problema aquí.- dijo Rose- Que no están haciendo el ejercicio de entenderse. Lo mismo le he dicho a ella. 
El rubio la miró desde abajo, interrogante. 
-Yo sí la entiendo, solo no sé qué quiere. 
-No, bobo, no la entiendes, de lo contrario no te enojarias con ella. 
-Pero…
-Escucha- lo interrumpió Rose, mirándolo con seriedad-. No tengo ni puta idea de lo que es estar de novia, apenas estoy descubriendolo y…
-Stop, ¿qué quieres decir con eso?- la frenó Lorcan, mirándola con el ceño fruncido. 
La pelirroja se quedó unos segundos con la boca abierta, notando su metida de pata.
-Hablaremos de eso después. Ahora céntrate- dijo, intentando disimular su sonrojó con una mirada severa estilo " abuela Molly".
El rubio la miró unos segundos más, analizándola, pero finalmente desistió, agotado por la fiebre y la conversación. 
-En fin- siguió Rose-. Lo que digo es que, como le dije a ella, la confianza es la base en cualquier relación. 
-Pues ella debe aplicar ese punto- se quejó Lorcan.
-No me interrumpas- lo reto la chica, frunciéndole el ceño.
El chico le sonrió inocente y ella suspiró. Eso de ser psicóloga empezaba a marearla. 
-Es entendible que Lily no confíe, pero debe hacer el esfuerzo porque así no podrán construir nada. Y es entendible también que tú te enfades por eso, tal vez yo también lo haría, pero aún así debes comprenderla y demostrarle que la quieres. Las palabras son sólo eso, pero si actúas no le quedarán dudas. 
Lo miró sonriendo, conforme con su propio discurso, y Lorcan suspiró.
-O sea que soy idiota por enfadarme. Y tú has decidido ser Suiza.
-¿Suiza?- preguntó al chica, confundida. 
Su amigo sonrió y le pellizco la mejilla. 
-Necesitas leer historia muggle. Suiza fue un país neutral en la Guerra mundial que hubo hace años. Tú eres neutral en este conflicto. 
Rose asintió, comprendiendo. 
-Pues sí, es mi prima y tú mi mejor amigo. Y además realmente ambos tienen algo de razón, no puedo ponerme de un solo lado.
Lorcan soltó aire, cansado. 
-Hablaré con ella. Tienes razón, debo de demostrarselo más. ¿Pero cómo?- preguntó.
Rose rodó los ojos.
-Piensa un poco, no voy a ayudarte. Sólo no seas bruto y cuídala bien, ¿me oyes? Debes llegar puntual a las citas, acompañarla y cumplir tus promesas- dijo, señalándolo con un dedo.
-¿Por qué siento que es un reclamo encubierto?- murmuró él chico, mirándola. 
-No lo es, pero si conmigo que soy tu amiga no pudiste ser cuidadoso, con ella que es tu novia debes serlo. O te las verás conmigo- lo amenazó. 
Lorcan resopló. 
-Está bien… ahora, confiesa tú. No me olvido lo que dijiste hace un rato- dijo.
Se incorporó en el sofá pero entonces, un mareo le nublo la vista y se quedó quieto, cerrando los ojos. Rose se incorporó y lo tomó de un brazo, preocupada. 
-Por Merlín, ¿estás bien? 
-Sí, sólo me maree, descuida- respondió el chico, intentando estabilizarse. 
La pelirroja bufó y se puso de pie. 
-Lorcan, tienes fiebre, debes ir a que te vean- protestó, parada frente a él.
-No, sabes que odio la enfermería. Estaré bien, sólo debo dormir.
-De ninguna manera. Espera aquí- dijo su amiga.
Luego lo tapó con la manta del sofá y caminó hacia la salida. 
 -¿ A dónde vas?- preguntó Lorcan, acurrucándose en su lugar y cerrando los ojos cuando una punzada le hizo doler la cabeza. 
Rose no respondió y sólo salió de la sala, entrando en la suya. Adentro, Scorpius leía en el sofá con Chocolate al lado, masticando su pelota. 
-Hey- la saludó el rubio, dedicándole esa sonrisa dulce que provocaba mariposas en su estómago. 
Rose le devolvió el gesto mientras se acercaba. 
-Necesito tu ayuda- pidió con suavidad.
-¿Qué ha pasado?- preguntó Scorpius dejando el libro a un lado y mirándola con curiosidad.
-Lorcan está con mucha fiebre y no quiere ir a la enfermería. ¿Puedes venir a verlo y darle algo para bajarla?- le preguntó con preocupación. 
Scorpius asintió y se puso de pie.
-Buscaré la poción arriba y vamos- respondió.
Rose sonrió un poco y lo esperó, mientras Chocolate se bajaba del sofá y corría hacia ella, ladrando. Scorpius bajó enseguida y la tomó de la mano, guiándola a la salida.
-Quédate aquí, ya volvemos- le dijo el rubio a Chocolate, que los seguía ladrando.
El perro llorisqueo un poco, como reclamando algo, pero la puerta se cerró tras ellos y tuvo que resignarse. 
Cuando entraron en la sala común, Lorcan dormitaba en el sofá, aún envuelto en la manta, y tenía peor pinta que antes. Scorpius se acercó y le puso la mano en la frente, comprobando la temperatura. 
 -¿ Qué te duele?- le preguntó.
Lorcan abrió un poco los ojos y lo miró algo confundido de verlo ahí.
 -¿ Qué haces tú aquí?- preguntó.
Rose rodó los ojos, apoyada en el respaldo del sofá, mientras Scorpius abría el pequeño frasco azul de poción que había tomado de su habitación antes de salir y se la extendía. 
-Bebe esto y dime qué te duele- le dijo.
-¿Eres sanador?- preguntó el chico, ignorando el frasco.
Rose, cansada, se sentó a su lado y tomó el frasco de poción, poniéndoselo cerca de los labios.
-Por favor, si no vas a dejar que te lleve a la enfermería al menos toma la poción. Scorpius está haciendo prácticas para sanador, sabrá ayudarte- le dijo.
Lorcan suspiró pero se bebió la poción, frunciendo el ceño ante el gusto algo amargo. Le devolvió el frasco a Scorpius y sonrió un poco.
-Me duele la garganta, debe ser gripe. Siempre me enfermo en ésta epoca- explicó con su voz ronca. 
El chico asintió.
-Está bien, esa poción bajará la fiebre. Debes descansar y no tomar frío, te pondrás bien en un par de días. 
-Oye, no, necesito recuperar el entrenamiento que perdimos hoy- se quejó el Gryffindor.
Rose bufó. 
-Le diré a Hugo que se ocupe. Tú descansas y punto, deja de ser bebé. ¿A qué hora vuelve Lysander?- pregunto.
Su amigo se encogió de hombros, cerrando los ojos. 
-Creo que tiene clase hasta las ocho. 
Rose asintió y miró a Scorpius, poniéndose de pie.
-Me quedaré con él hasta que venga Lys- le dijo con suavidad, sonriéndole.
Scorpius asintió y Lorcan los observó con los ojos medio cerrados. 
-Gracias, Malfoy- murmuró.
-No hay de qué. Pero cuídate o no te repondrás bien- respondió el slytherin, cruzado de brazos. 
Rose lo acompaño a la salida de la sala y una vez afuera, le sonrió con agradecimiento. 
-Gracias por venir a verlo, es un terco cuando quiere- le dijo, apoyada en la puerta cerrada.
Scorpius sonrió y se apoyó a su lado de costado, mirándola.
-Se me ocurre un buen agradecimiento de tu parte- susurró.
Rose sonrió al ver sus intenciones, mientras él posaba sus ojos en sus labios. Se acercó un poco y le dio un beso rápido en la boca, para luego guiñarle un ojo y girarse para entrar, antes de que el rubio pudiera reaccionar. 
-Oye, eso no es un beso propiamente dicho- se quejó él.
-Es lo que hay de momento. Adiosito- lo saludó ella, moviendo la mano y metiéndose dentro antes de que pudiera detenerla.
Una vez adentro sonrió divertida, apoyada en la puerta. Lorcan la miró desde el sofá y alzó una ceja, algo adormilado. 
-¿Por qué sospecho que me he perdido algo?- preguntó.
Rose le sonrió y se acercó hasta sentarse a su lado, suspirando. 
-Te lo contaré cuando te mejores. Duerme un rato- le dijo, arropándolo con la manta. 



A la mañana siguiente el despertador sonó puntual a las ocho, y Rose lo apagó con desgana. Se refregó los ojos y se sentó enseguida en la cama, sabiendo que si no lo hacía iba a volver a dormirse, cómo de costumbre. Estiró la espalda y suspiró. La noche anterior había vuelto a las diez de la noche a la sala común, porque Lysander se había tomado su tiempo para aparecer. Al menos la fiebre de Lorcan había bajado con el paso de las horas y el chico se había dormido, por lo que ella había aprovechado a buscar sus deberes y adelantar algo. 
Se levantó y se puso el uniforme medio dormida, tomó el neceser y abrió la puerta para bajar al baño. Al mismo tiempo que ella salía, Scorpius abría la puerta de su propia habitación. Se miraron, él impecable y bien despierto, y ella todavía despeinada y bostezando. 
 -¿ Dormiste mal?- le preguntó el rubio con diversión.
La pelirroja sonrió un poco y se encogió de hombros. 
-Sabes que me cuesta. Buenos días- dijo, revolviéndole el peinado pelo rubio.
Scorpius alzó una ceja y se acercó un poco, acomodándose los pocos mechones que se habían despeinado. 
-¿Así saludas tú a la mañana? 
La miró de cerca, inclinándose un poco, y Rose, viendo sus intenciones, se corrió y caminó hacia las escaleras, sonriendo.
-Aún no me lavo los dientes, no es hora de besos- se burló, comenzando a bajar. 
Scorpius bufó pero sonreía, y bajó tras ella, con las manos en los bolsillos y la mochila al hombro. 
Cuando la chica estuvo lista salieron de la sala, caminando con calma hacia el Gran comedor para desayunar. Por los ventanales podía verse una mañana de sol, aunque los vidrios estaban empañados debido al frío. 
 -¿ Lista para enfrentar a Lewis hoy?- le preguntó el chico mientras bajaban las escaleras móviles. 
Rose suspiró, resignada. Transformaciones era la primera clase del día, y al menos la aliviaba compartirla con Scorpius. 
-No queda otra- respondió.
-No te preocupes, te defenderé como caballero andante que soy- le susurró el rubio.
La Gryffindor rio divertida y le pegó un golpecito en el brazo, mientras delante ya podía verse la entrada al comedor. Por uno de los pasillos laterales vieron aparecer a Albus, que llevaba a Anne a caballito. Rose negó con la cabeza, sonriendo al ver la escena. 
-Buen día, mis amores- los saludó.
Los dos chicos se giraron y sonrieron al verlos, Albus con malicia, cosa que a Scorpius no le pasó desapercibida. Lo conocía muy bien. 
-Vaya, hola bellezas. ¿Qué tal los trata el amor?- preguntó burlón. 
Anne le tiró del pelo.
-No los molestes, madura- lo regaño. Luego sonrió inocente y los miró-. Por cierto, ¿Qué tal sus días de noviazgo? Toda una aventura, ¿eh?
Rose rodó los ojos. Eran tal para cual. 
-Cállense los dos, es temprano para molestar- respondió.
-Lo que dijo ella- se sumó Scorpius, señalándola. 
-Ay, ya, no sean aguafiestas. Por cierto,Scor debería desayunar con nosotros hoy, en Gryffindor- dijo Albus, mirando a su amigo. 
Rose y el rubio se miraron, y Anne aprovecho para meter bocado de nuevo. 
-Es una buena idea. Así te presentas oficialmente al grupo.
-No estás obligado, Scor, ignóralos- se metió Rose, incómoda. 
Temía seriamente que volvieran loco al pobre chico apenas dos días después de haber empezado a salir. Scorpius, sin embargo, enderezó la espalda y sonrió confiado.
-Claro que desayunare con ustedes. Eres mi novia- respondió, mirando a la pelirroja. 
Rose sonrió al oír ese término al que aún no se acostumbraba. Albus sonrió conforme y acomodó a Anne en su espalda, que a su vez aplaudió contenta. 
-Andando, entonces- dijo el moreno, entrando en el comedor. 
Rose suspiró y los siguió, mirando al rubio de reojo. Esperaba que no saliera espantado. Aunque lo cierto era que la mitad ya lo conocían e incluso les caía bien, por lo que no debería ser un problema. ¿No?
El comedor estaba bastante lleno, y todos desayunaban entre bostezos y charlas. Los cuatro se acercaron a la mesa de Gryffindor, donde Lily, Hugo y Lena ya desayunaban. 
-Buen día, buen día- saludó Albus, bajando a Anne. 
Los tres alzaron la vista y les sonrieron a modo de saludo. Hugo miró con suspicacia a Scorpius, que acababa de sentarse frente a él, al lado de Rose. Albus y Anne se ubicaron en los asientos de al lado. 
-Vaya, tenemos doble Slytherin hoy- comentó el castaño.
Scorpius le sonrió burlón y se encogió de hombros. 
-Bienvenido, Scorpius- lo recibió Lena.
Lily, divertida, le guiñó un ojo a Rose. 
-Gracias- respondió el slytherin, sirviéndose jugo.
Comenzaron a desayunar con tranquilidad, hablando sobre las clases de ese día, la fiesta de Halloween y el próximo partido de Gryffindor contra Revenclaw, que sería el domingo. 
-Pues menos mal que es a las cinco de la tarde, porque si el sábado es la fiesta de Halloween no tendran energía- comentó Lily, masticando una tostada. 
Hugo hizo un ruidito con la boca y miró a su prima. 
-Claro que tendremos energía. El Quidditch es lo primero, así que estaré vigilando que estos bobos no se alcoholicen demasiado- dijo, enviando una mirada de advertencia a Nick y compañía, que desayunaban un poco más allá. 
-Ay, por Merlín, no seas fanático- murmuró la pelirroja.
-No soy fanático, soy responsable- se defendió el castaño, cruzado de brazos-. Más le vale a Lorcan recuperar el entrenamiento de ayer esta tarde. 
Rose recordó entonces lo que debía avisarle a su hermano, y tragó con dificultad el pedazo de pan que estaba masticando. 
-Casi lo olvido. Tienes que reemplazarlo hoy como capitán en el entrenamiento, está con fiebre desde ayer- le dijo.
Hugo alzó una ceja y los demás la observaron con curiosidad, menos Scorpius que ya estaba al tanto y Lily, que abrió grandes los ojos y se enderezó en la silla. 
-Haberme avisado antes- respondió el castaño.
-¿Fiebre?- soltó la menor de los Potter, mirando a Rose. 
La chica le sonrió apenas y asintió.
-Descuida, Scorpius lo vio y le dio una poción así que está mejor, pero debe hacer reposo al menos hoy.
-Ideal si es mañana también- comentó el rubio.
Lily bajó la vista a la mesa, pensativa, mientras Hugo resoplaba. 
-Pues más me vale avisar ya entonces.
Carraspeó y juntó aire, mirando al resto de la mesa.
 -¡Equipo de Gryffindor, hoy se entrena de cuatro a ocho! ¡El capitán está de baja así que yo me ocupo, y oigan bien: pobre del que se le ocurra faltar!- gritó, ganándose varias miradas de enfado por andar elevando la voz tan temprano. 
 Nick alzó una ceja.
 -¿ Cuatro horas? ¿Has enloquecido?- le preguntó al castaño.
Hugo se encogió de hombros.
-Hay que recuperar lo de ayer. 
-¡Pero tenemos clases!- se quejaron algunos.
El castaño los fulminó a todos con la mirada.
 -¡ Pues no me importa! 
Lena y Rose rodaron los ojos, Scorpius lo miró como si estuviera chiflado y el resto siguió desayunando, acostumbrados a los arrebatos marca Weasley. Rose posó su mirada en Lily, que revolvía los cereales ajena a todo. 
 -¿ Por qué no vas a verlo y de paso le llevas algo de desayunar?- le preguntó con suavidad, de modo que solo Scorpius y Albus, que estaban a su lado, la oyeron. 
El moreno sonrió y miró a su hermana, asintiendo. 
 -Eso, enana, ve. Con amor se cura todo- dijo burlón. 
Lily suspiró y se puso de pie, sonriendo un poco. 
-Hasta luego- saludó, comenzando a caminar a la salida del comedor. 
De pasada se cruzó con Lysander, que acababa de entrar y le dedicó su habitual sonrisa alegre. 
 -¿ Llegó yo y te largas, cuñada?
Lily le sacó la lengua y siguió caminando, mientras el rubio llegaba a la mesa de Gryffindor, ocupando su lugar. 
-Buenas buenas, ¿qué me perdí? Oh, otro rubio- dijo, señalando a Scorpius. 
Rose suspiró y el slytherin esbozó su media sonrisa, tomando jugo. 
-Se está incorporando a la familia, no lo espantes- susurró Albus, mirando a su amigo. 
Lysander asintió, alzando las manos en señal de inocencia. 
-Están locos pero son buena gente- murmuró Rose en el oído de Scorpius.
El rubio sonrió divertido y le dio un mordisco a una galleta. La pelirroja agradeció que fuera tan sereno la mayor parte del tiempo, iba a necesitarlo para sobrevivir a su numerosa familia de locos. Ella incluida. 
Estiró la mano para agarrar el último bollo de pan que quedaba en el plato, al tiempo que Hugo hacía lo mismo, y sus manos se encontraron. Se miraron, evaluándose, y fruncieron el ceño a la par. 
-Yo lo vi primero- murmuró Rose. 
-Es mi favorito- respondió Hugo.
-Soy la mayor. 
-Y yo el menor, debes consentirme.
-Suelta.
-Suelta tú.
Lena sonrió divertida y se dispuso a intervenir, pero Scorpius se le adelantó, y con su tranquilidad característica quitó la mano grande de Hugo y tomó el bollo dorado de pan, poniéndolo en el plato de Rose, que sonrió feliz de la vida. Hugo alzó una ceja y lo miró de arriba abajo.
-Oye, tú…
-Lo siento, búscate otra comida- lo interrumpió el Slytherin, mandándole una mirada severa. 
El castaño abrió la boca, Albus y Anne soltaron una carcajada y Lena le palmeo la espalda con comprension, mientras Rose daba un bocado al pan con cara de feliz cumpleaños.
-Bueno, iba a preguntar qué intenciones tenías con mi amiga Rosie, pero veo que no hace falta- comento Lysander, que miraba la escena con diversión-. Eres decente.
Hugo bufó y se cruzó de brazos, aunque terminó sonriendo un poco. 
-Ya verás, rubito- murmuró.
Scorpius se encogió de hombros, dándole a entender que le importaba bien poco, y siguió comiendo, mientras Rose le sonreía con dulzura y la boca llena. 


Lily junto aire y miró la puerta de madera frente a ella. Iba a avisarle a Lorcan que estaba afuera de la sala común, por supuesto. Sólo estaba haciendo tiempo. O eligiendo las palabras que diría. O armándose de valor. Daba igual. Sacó la varita y la alzó para enviar un Patronus, pero antes de que pudiera decir nada la puerta se abrió y ella bajó la varita, algo sobresaltada. Frente a ella, Lorcan la observaba sorprendido, vestido con el uniforme y con unas ojeras algo marcadas que denotaban su estado gripal. 
-Hola- la saludó, con su voz más ronca de lo normal. 
La chica lo observó unos segundos, con el cerebro embotado, y luego lo miró de arriba abajo, notando que llevaba la mochila colgada del hombro izquierdo. 
-¿A dónde vas?- le preguntó, cruzándose de brazos. 
El rubio se rascó la cabeza y sonrió un poco. 
-A clase. ¿A dónde más si no?
Lily alzó una ceja.
-Pues que yo sepa estás enfermo y tienes que hacer reposo, así que no le encuentro el sentido- respondió-. Entra. 
Fue el turno de Lorcan de alzar una ceja, y se apoyó en el marco de la puerta.
 -¿ Te vas a quedar a cuidarme?
La pelirroja suspiró y dio un paso hacia él. 
-Pues no, tengo clases. Pero te traje el desayuno y puedo hacerte compañía un rato. Si quieres, claro. 
El chico suavizó su mirada, sintiendo esa calidez agradable que lo recorría cada vez que Lily estaba cerca, más aún desde que habían empezado algo juntos. 
-No veo el desayuno- comentó.
Lily se agachó y tomó la bandeja con galletas y jugo que había dejado en el suelo, mostrándosela. Lorcan sonrió y finalmente se hizo a un lado, dejándole paso. La pelirroja entró y dejó la bandeja en la mesa pequeña, mientras el se sentaba en uno de los sofás, tirando la mochila al suelo. 
-¿Pensabas ir a clases y entrenar como si nada?- preguntó la chica, sentada en el sofá de enfrente. 
-Sobre todo lo de entrenar, el partido está muy cerca- respondió.
Lily resopló y le mando una mirada de reproche que lo hizo sonreír. 
-¿Viniste a regañarme o a cuidarme?- le preguntó, adoptando esa mueca burlona que le salía a la perfección. 
-Las dos cosas.
-Pues si me regañas es que te preocupo.
La pelirroja suspiró.
-Claro que sí, eso no es novedad. 
Se miraron, analizándose en silencio, y finalmente Lorcan se puso de pie y rodeó la mesita hasta sentarse a su lado. Lily lo observó y se dejó envolver por ese perfume masculino, y aunque no se tocaban estaban casi pegados. 
-Yo …
-Lo siento- se adelantó ella.
El rubio observó sus ojos chocolate que parecían brillar con algo indescifrable, y tuvo ganas de abrazarla y no soltarla nunca más. 
-Yo también lo siento, pecosa- respondió con suavidad, recorriendo una de sus mejillas con un dedo-. Debí intentar comprenderte. Todo ésto es nuevo para mí y supongo que es lógico que no confíes del todo…
-Si confio- dijo ella-. Es decir… tengo miedo, no voy a negarlo. Pero es un miedo lógico. Aunque tu historial pasado juegue un poco, la realidad es que si lo pienso me pasaría igual con cualquier chico.
Le sonrió con suavidad, tomando una de las manos del chico y entrelazando sus dedos. 
-Supongo que no estaba lista para enamorarme aún. Pero uno no planea éstas cosas evidentemente… Y el miedo sólo impide avanzar. Así que… confío en tus palabras y prometo no hacer más escenas inmaduras.- concluyó, mirando el suelo.
Había estado todo el día anterior y parte de la noche pensando en su situación con Lorcan y en lo hablado con Rose, hasta llegar a esa conclusión. Si bien el rubio tenía lo suyo, el problema real estaba en ella y no en él. 
Lorcan le acarició el pelo con la mano libre y le sonrió con dulzura. 
-Aún así debí ser más comprensivo.
Le levantó el mentón con suavidad para que lo mirara.
-Prometo demostrarte más lo que siento. Sé que las palabras no son suficiente.
Lily se perdió en esos ojos claros, algo afiebrados, y quiso congelar ese instante eternamente. 
-Y yo prometo soltar el resultado de todo esto y disfrutarlo. A fin de cuentas el amor debe ser algo lindo de vivir, no algo estresante. 
Se miraron, aturdidos por la ola de sentimientos que les removía el pecho siempre que estaban juntos, y sonrieron a la par. Y entonces Lorcan estornudo, cortando totalmente el momento. 
-Lo siento- se disculpó.
Lily sonrió divertida. 
-Salud. Y con esas fachas pensabas ir a hacer vida normal- le dijo, cruzada de brazos. 
El rubio sonrió inocente, encogiéndose de hombros. 
-Es que el partido…
-Es muy importante, ya lo sé- respondió la pelirroja rodando los ojos-. Hugo se está ocupando, descuida. Y tú no necesitas practicar, y lo sabes. Así que te relajas y te quedas descansando o no podrás jugar. 
Lorcan sonrió y apoyó la cabeza en una mano, descansando en el respaldo del sofá. 
-Me gusta que halagues mis dotes para el Quidditch- murmuró con diversión. 
Lily imitó su posición, quedando más cerca.
-Lo sé, pero no te acostumbres. Ya tienes mucho ego. 
El chico le sacó la lengua y se quedaron en silencio, otra vez mirándose como si fuera la primera vez que se veían. Lorcan contaba sus pecas, y Lily recorría sus rasgos marcados y sus ojos color cielo. La mirada de el acabó posándose en esos labios de muñeca que tanto le gustaban, y luego de unos segundos se enderezó y agitó la cabeza, cerrando los ojos. 
-Controlate, Lorcan. Estás enfermo, no puedes besarla y contagiarla- se dijo a si mismo. 
Lily amplió su sonrisa y antes de que él pudiera negarse, se acercó y lo besó con suavidad. Fue un simple beso, pero Lorcan sintió que volaba. Cuando se separaron, la miró con cierto reproche, aunque no podía evitar sonreír. 
-Te vas a enfermar.
La pelirroja se encogió de hombros, y le guiñó un ojo. 
-No me importa, sin beso no es reconciliación. 



A las seis de la tarde el sol había comenzado a caer lentamente, pero la ausencia de viento ayudaba a pasar el frío, al menos en tierra firme. Arriba, sobre la escoba, la temperatura bajaba un poco y lo único bueno era que el cansancio luego de dos horas de entrenamiento mantenía los músculos calientes pero entumecidos. Rose se frotó las manos, medio cubiertas por los guantes de cuero, y tomó aire para recuperar energías. Hugo daba indicaciones como poseso en medio de la cancha, y no parecía para nada cansado, a diferencia del resto. Y todavía quedaban dos benditas horas. 
Scorpius entró en el campo y subió las gradas hasta ubicarse en las más altas, abrigado con una bufanda liviana y con la mochila al hombro. Acababa de terminar las prácticas en la enfermería y pensaba acompañar a Rose desde allí hasta que terminara el entrenamiento, puesto que ya no tenía actividades ese día. Miró hacia arriba y pudo divisar el pelo rojo oscuro de la chica atado en una cola de caballo, sobrevolando la cancha con suavidad. Parecían estar descansando un poco, aunque a juzgar por lo activo que estaba Hugo no tardarían en retomar. El rubio suspiró y se apoyó en el cemento de la grada. Cuatro horas de ejercicio era inhumano, iba a tener que juntar a Rose con cucharita después. 
La chica pareció oír sus pensamientos, porque estiró el cuello, intentando relajar los músculos, y miró hacia las gradas, encontrándose con los ojos azules de Scorpius, que sonrió levemente y levantó el puñal en señal de ánimo. Rose sonrió y se alegro de verlo ahí; al menos tendría apoyo moral. Miró hacia donde estaba su hermano, y al ver que no le estaba prestando atención, aprovechó para bajar un poco y acercarse a las gradas, más precisamente a dónde estaba el Slytherin. 
-Viniste- le dijo sonriente luego de frenar la escoba frente a él.
Scorpius se inclinó hacia adelante, aunque los separaban varios centímetros, y sonrió. 
-Te dije que vendría. ¿Estás bien?- le preguntó.
-¿Tan mal me veo?
Lo miró divertida y él se encogió de hombros.
-Nunca te ves mal. Pero aún falta… Está demente- murmuró él rubio, mirando a Hugo. 
Rose suspiró.
-Es lo que hay. Al menos nos irá bien contra Revenclaw- respondió, resignada. 
 -¡Rose Weasley! ¡Vuelve al campo inmediatamente!- exclamó Hugo desde más arriba, mirándola con el ceño fruncido.
La pelirroja rodó los ojos y giró el rostro, mirándolo con burla. 
 -¡ Estoy dentro del campo, idiota!- gritó. 
El resto del equipo soltó una carcajada, mientras su hermano se cruzaba de brazos y Scorpius negaba con la cabeza, sonriendo. 
-¡Vuelve aquí o te iré a buscar!
-Mejor ve antes que te asesine y tenga que matarlo yo en consecuencia- susurró el rubio.
Rose le sonrió, le tiró un beso y volvió a elevarse, uniéndose al resto. Scorpius sacó un libro de la mochila y una rana de chocolate, y se dispuso a pasar el rato.
Una hora después la temperatura había bajado considerablemente y ya era noche cerrada. El rubio movió los dedos de las manos, entumecidos por el frío, y miró hacia arriba por décima vez, preocupado. Aún faltaba una hora y estaba seguro de que el clima se pondría más difícil. Rose, que practicaba pases con Nick y el otro cazador, temblaba sobre la escoba. 
En ese momento el Slytherin vio como una chica rubia y menuda entraba en la cancha de Quidditch y miraba hacia arriba, abrigada con una campera enorme negra que a simple vista no era suya. Lena se puso las manos en la boca, junto aire en los pulmones y su voz enfadada se dejó oír por todo el campo, haciéndo eco y callando inmediatamente las pocas voces que había. 
 -¡¡Hugo Weasley Granger, termina el bendito entrenamiento inmediatamente!! ¡¡Hacen ocho estúpido grados, se van a enfermar!!
Scorpius sonrió divertido. Esa chica era la única con el poder de detener a Hugo cuando se ponía en modo primate, y además tenía unos buenos pulmones. Desde arriba, Rose suspiró agradecida, y Hugo se rascó la cabeza, mirando a su novia. 
-Pero…- comenzó.
-Ya la oíste, bajemos o te va a dejar sin descendencia- lo interrumpió Rose, flotando a su lado-. Y además… ¡Hace un frío de los mil demonios, tonto!
El castaño abrió los ojos ante el grito, y se resignó a que lo mejor sería cortarla ahí. 
 -¡ Descansen, soldados!- gritó al resto del equipo, imitando a un militar.
Rose rodó los ojos y le pegó en la cabeza, para luego comenzar a descender. No sentía los brazos ni las piernas, tenía un hambre de no creer y solo quería dormir. Una vez en el suelo, se bajó de la escoba y se tambaleó un poco, agotada, pero unas manos fuertes la sostuvieron de la cintura. Alzó la vista y vio a Scorpius, que la miraba con una sonrisa leve.
-¿Te llevo a upa?- le preguntó divertido.
Ella le sacó la lengua y se soltó, acomodándose el uniforme. 
-Creo que estaré bien.
El rubio le pasó su bufanda por el cuello, abrigándolo, y la tomó de la mano para guiarla a la salida, mientras Rose llevaba en la otra su escoba. Todos caminaban arrastrando los pies, menos Hugo que corría para evitar que Lena le pegara. 
 -¡ Qué tienes en la cabeza! ¡Vas a matarlos de una pulmonía! ¡Y encima te vas a morir tú también y tendré que buscarte en el más allá para matarte!- chillaba la chica, tirándole puñados de pasto. 
 - ¡Ámame! ¡Soy el amor de tu vida!- gritaba Hugo entre risas, corriendo adelante suyo y esquivando los proyectiles. 
Rose sonrió divertida y se acurrucó contra Scorpius, intentando entrar en calor. El chico le soltó la mano y la abrazó, y ella se sintió abrigada y feliz pese al cansancio. 
Una vez en la sala común, se tiró en el sofá, agotada.
-Deberías darte un baño caliente, te hará bien- aconsejo el chico, mientras se sacaba la campera.
Rose murmuró algo inentendible, con la cara enterrada en un almohadón, mientras Chocolate se subía en su espalda y le mordisqueaba el pelo. 
Cuando salió de bañarse ya se había puesto el pijama, porque no pensaba bajar a cenar, y mientras se secaba el pelo con la toalla vio a Scorpius acomodando dos platos de sopa humeante y unos bocaditos salados sobre la mesita pequeña. Se había puesto ropa normal y parecía haber ido a buscar la comida mientras ella se duchaba. Sonrió con dulzura y se le acercó sin que la viera, pasando sus brazos por su cintura y apoyando una mejilla en su espalda. 
-Traje la cena- dijo el chico, apoyando sus manos en las de ella.
Rose suspiró, llenándose de ese olor tan suave y masculino que desprendía Scorpius siempre, y cerró los ojos. 
-Me estás malcriando- murmuró.
El rubio sonrió y se soltó, girándose hacia ella y depositando un beso suave en su frente. 
-¿Si no te malcrío yo quién va a hacerlo? Además sólo te cuido, es lo normal- respondió, apoyando sus manos en sus mejillas sonrojadas por el baño.
La pelirroja apoyó sus manos sobre las de el y sonrió. 
-Estás calentito.
Scorpius le guiñó un ojo y luego la sentó en el sofá, ubicándose a su lado. Comieron con calma, Rose dejando que el calor y el sabor de la sopa la reconfortaran y Scorpius dándole pedacitos de pan a Chocolate, que jugueteaba a sus pies. 
Un rato después habían terminado, y en la sala solo se oía el crepitar del fuego en la chimenea. Rose, acurrucada en una manta gris, reposaba sobre el hombro del rubio, con los ojos cerrados, aunque estaba despierta. Scorpius le acariciaba el pelo húmedo y tenía la mirada perdida en el frente, con una sonrisa suave en los labios. Era de esos momentos que se guardan en la memoria como postales de algo nuevo y hermoso. 
-¿Quieres ir a dormir?- susurró, apoyando el mentón en la cabeza de Rose. 
La chica se removió un poco, pero no se levantó. Por el contrario, aferró el suéter del rubio con una mano.
-Quiero quedarme contigo- murmuró, sin abrir los ojos. 
Scorpius sonrió.
-Nos quedaremos aquí entonces.
No supieron en qué momento los venció el sueño, pero cuando Scorpius despertó, el sol del amanecer entraba por los ventanales, alumbrándolos. 
-Auch- susurró, sintiendo el cuello dolorido. 
Entonces notó dónde estaba y recordó la noche anterior. Rose, a su lado, seguía apoyada en su hombro y tenía los ojos cerrados. Scorpius recordó la primera noche que habían compartido en la sala común, cuando ella tenía fiebre y también se habían dormido en el sofá. Recordó cómo se había sorprendido de tenerla tan cerca al despertar, y como sus rasgos suaves y sus labios algo carnosos lo habían dejado hipnotizado unos segundos. Sonrió un poco y se preguntó si tal vez había sido ahí cuando había empezado a gustarle Rose. No estaba seguro, lo que sí sabía es que le había parecido lo más hermoso que había visto jamás. 
Se movió despacio, intentando no despertarla, y con una mano le sostuvo la cabeza para apoyarla en el respaldo. Sin embargo, se sorprendió al ver que Rose quedaba rígida y sin cambiar de posición. La miró con atención y descubrió que sus párpados temblaban levemente. Y entonces sonrió divertido. 
-Ya puedes dejar de fingir que estás durmiendo- le susurró, cruzándose de brazos. 
La chica abrió sus ojos miel y se enderezó, mirándolo divertida.
-Quería ver cuánto tardabas en darte cuenta- le dijo, estirando la espalda. 
Scorpius se puso de pie y la imitó, estirando los músculos entumecidos. Chocolate dormitaba aún en la alfombra.
-La próxima dormimos en una cama, ésto es insalubre- dijo.
Rose abrió los ojos y se puso de pie, sintiendo como inevitablemente se sonrojaba. 
-Iré arriba a cambiarme- dijo con rapidez, y antes de que el chico dijera algo se giró y subió las escaleras.
Scorpius la miró algo confundido y se rasco la oreja, adormilado. Luego se encogió de hombros y miró a Chocolate, que seguía durmiendo. 
-Mujeres- susurró.



Octubre llegó a su fin con el banquete de Halloween tradicional y la fiesta encubierta que fue todo un éxito, pese a que los profesores estuvieron varias veces a punto de descubrir todo. Gryffindor ganó el partido contra Revenclaw, para alegría de los leones y sobre todo de Hugo, que se jacto de haber reemplazado muy bien a Lorcan en su rol de capitán durante los dos días que duró la gripe. 
Noviembre empezó con temperaturas cada vez más frías, y para finales de mes ya habían aparecido las primeras heladas y ya era casi imposible salir afuera, aún los días de sol. 
Cuando diciembre dio comienzo, la primera nevada hizo presencia, cubriendo todo de blanco. Hogwarts se llenó de decoraciones navideñas y olor a galletitas de jengibre, y el ambiente se volvió más alegre con la cercanía de las esperadas vacaciones. 
Rose, abrigada con una campera gruesa, bufanda de Gryffindor y guantes, caminaba esa mañana hacia el despacho de Lewis, para su clase de tutoría con Sam. Mientras bajaba las escaleras metió las manos en los bolsillos y posó sus ojos miel en los terrenos, que podían verse a través de los grandes ventanales. No nevaba, pero por el aspecto del cielo no faltaba mucho, y afuera algunos niños de primero y segundo jugaban en la nieve. A lo lejos podía verse a Hagrid cortando leña, tan abrigado que apenas se veían sus ojos y su barba canosa. La chica sonrió un poco al verlo, recordando la escena de hacia dos semanas.

Scorpius y ella hacían deberes en la biblioteca, dónde sólo se oía el rasgar de las plumas y el pasar de las hojas. Estaban tan concentrados que se sobresaltaron cuando el semi gigante apareció frente a ellos, con ojos llorosos.
 -¿ Hagrid? ¿Qué sucede?- preguntó la pelirroja, soltando la pluma e intentando no hablar muy alto.
Madame Pince miraba todo con sus viejos ojos de águila, escondida tras un libro enorme. Si bien estaban alejados de su escritorio, Rose sospechaba que tenía la capacidad de oír y ver hasta lo más mínimo.
-Yo… creo que he encontrado un dueño para Chocolate- murmuró el Guardabosques.
Los dos chicos se miraron, y Rose sintió cierto malestar recorrerle el cuerpo. ¿Ya se iba? ¿Tenían que devolverlo? Scorpius carraspeó y miró a Hagrid.
-Es … una buena noticia, supongo. ¿Quiénes son?- le preguntó.
-Oh, es Aberforth. Me ha costado convencerlo, pero finalmente cedió…no le gustan mucho los animales, pero es la única opción.
Rose lo miró preocupada al oír ese nombre y se removió en su asiento.
 -¿ Aberforth Dumbledore? ¿El de cabeza de puerco?
Hagrid asintió, y ella bajó la vista, analizando la situación. Conocía a ese hombre, lo había visto algunas veces. No era mala persona, pero sí era muy serio y mal humorado. Scorpius la miró interrogante.
 -¿ Te preocupa?- le preguntó con suavidad.
 - No lo sé … no es mal tipo, pero no sé si tenga la paciencia necesaria. Chocolate es pequeño aún, sabes que aunque ha mejorado mucho sigue mordiendo algunas cosas, y a veces se come lo que no debe o ladra mucho.
Hagrid suspiró.
-Es que realmente no he encontrado nadie que lo adopte y … ¡No podemos dejarlo tirado! ¡Ustedes ya lo han tenido mucho tiempo!
Rose y Scorpius lo miraron alarmados ante sus gritos, que resonaron en la biblioteca y provocaron miradas curiosas, enfadas y asustadas. Los tacones de Madame Pince pudieron oírse sobre el suelo de madera, acercándose, y los dos chicos se apresuraron a callar al Guardabosques y a juntar sus cosas para huir de ahí. 
-Hablaremos afuera- susurró la pelirroja.
Hagrid asintió, sonándose los mocos de forma ruidosa, y Scorpius se preguntó si había olvidado dónde estaban. 
 -¿ Que es este escándalo?- hhablóablo la voz chillona de la bibliotecaria, provocando que ambos chicos quedarán congelados con las cosas a medio guardar, y esbozaran a la par una sonrisa inocente. Hagrid pareció reparar entonces de dónde estaban, y se enderezó en toda su altura, sonriendo y chocándose el techo.
 - Madame Pince, lo siento muchísimo, he sido yo. No se volverá a repetir. 
La mujer lo miró de arriba abajo despectivamente, y comenzó su habitual monólogo sobre las reglas de la biblioteca, lo sagrado del silencio y el respeto hacia los libros. Rose y Scorpius suspiraron, y aguantaron con toda la calma posible hasta que Hagrid logró deshacerse de la mujer y pudieron marcharse de aquel infierno, no sin antes llevarse una mirada fulminante de amenaza marca Pince, claro. 
Una vez lejos de la biblioteca, respiraron aliviados mientras Hagrid soltaba aire.
-Cada año está más arpía- murmuró, y luego abrió los ojos, dándose cuenta del exabrupto-. Olviden que dije eso. 
La chica sonrió divertida y se apoyó en la pared.
-Hagrid, no creo que el señor Dumbledore sea una buena opción. Chocolate necesita una familia cariñosa, que le tenga paciencia… 
-Alguien como nosotros- completó el rubio.
Rose y Hagrid lo miraron, algo sorprendidos, y él suspiró y se encogió de hombros. 
-¿Qué? Lo cuidamos hace un mes y medio, se ha acostumbrado a nosotros y nosotros a él. ¿O me vas a decir que quieres devolverlo?- dijo con su habitual serenidad, mirando a la chica.
-Bueno, no …
-Entonces está decidido. Nosotros cuidaremos de él hasta la graduación, y luego… alguno de los dos lo adopta y listo. Asunto solucionado.
Se cruzó de brazos, muy tranquilo, y Rose se preguntó hacía cuanto que planeaba eso. 
 -¿ De verdad? ¿Vamos a quedarnos con él?- preguntó contenta.
Scorpius se encogió de hombros.
-Si estas de acuerdo… hasta ahora no ha sido un problema así que…
-¡Me encanta la idea!- chilló Rose, y se tiró a sus brazos, descolocándolo.
Hagrid, que había empezado a llorar de nuevo, abrió sus brazotes y en un segundo los tenía rodeados, apretándolos y quitándoles el aire.
 -¡ Que gran noticia! ¡Mi bebé tiene padres! ¡Son geniales!- exclamó feliz, llorando y mojando todo con sus lagrimones. 

Rose rio divertida mientras Scorpius intentaba soltarse, cosa que lograron luego de unos minutos. 
Rose suspiró y volvió a pensar que había sido una gran decisión. Chocolate era feliz con ellos. Había crecido un poco ese último mes, pero aún era cachorro, y con constancia y algunos malos tragos habían logrado que aprendiera a hacer sus necesidades en los diarios, que no rompiera todo y que comiera todo el alimento para perros. Ahora podían dejarlo solo unas horas sin miedo a volver y quedarse sin sala común, y siempre que podían lo sacaban de la sala a escondidas y lo llevaban un rato al claro más cercano del bosque, para que corriera un poco. No habían decidido aún quien se lo llevaría en las vacaciones, mucho menos quien se haría cargo más adelante, cuando se graduaran. Pero aún había tiempo.
Rose dobló una esquina y sonrió al ver a una parejita besándose bajo un muérdago. Adoraba la navidad y todo lo que traía. Su mente, cómo era costumbre, volvió a Scorpius. Ese último mes había sido el primero de novios, y también había resultado muy agradable. Poco a poco se habían acostumbrado a estar juntos, a caminar de la mano, a interrumpir las rondas nocturnas para besarse en algún rincón, a que él la acompañara a los entrenamientos siempre que podía y ella lo ayudara a repasar conceptos de sus prácticas de sanación. Scorpius se había terminado de incorporar en los desayunos y comidas con su familia, y algunas veces habían salido con Anne y Albus en los sábados de Hogsmeade. Rose estaba feliz de la vida, y si miraba para atrás le costaba pensar que ese año iba a ser tan especial. Si alguien le hubiera dicho en el verano que ella, que hasta hacía poco se creía enamorada de su mejor amigo, iba a descubrir lo que realmente era el amor de la mano de Scorpius Malfoy, claramente se hubiera reído. 
-Pero miren quién viene ahí- habló una voz conocida, sacándola de sus pensamientos.
La pelirroja alzó la vista y se encontró a Lily y Lorcan, que caminaban de la mano hacia ella. 
-Hey, ¿qué tal mis personas favoritas?
Lily le sonrió y para no perder la costumbre le pellizco una mejilla cuando llegaron frente a ella. 
-Oye, quita tus manos heladas- se quejó Rose.
-¿ Vas a la tutoría?- preguntó Lorcan.
La chica asintió.
 -¿ Ustedes? No los vi en el desayuno.
 - Estamos yendo a eso- respondió su prima-. Por cierto, supe que sacaste una buena nota en el último trabajo de Transformaciones. Las tutorías están dando resultado, ¿verdad?
Rose sonrió y asintió. Ciertamente había mejorado bastante gracias a las clases con Samuel, y aunque el profesor Lewis seguía tratandola cómo inútil, sus notas habían mejorado un poco y eso era suficiente. Si seguía así podría aprobar la materia sin problemas. 
-Esa es mi Rosie Pooh- la felicitó Lorcan, sonriente-. Ahora si nos disculpas vamos a comer, antes que mi estómago se ponga a protestar. 
-Exagerado- murmuraron ambas primas a la vez, y se miraron divertidas. 
El rubio bufó y le dio un beso a Rose en la mejilla, llevándose a Lily de la mano camino al comedor. La menor se despidió con la mano y Rose le devolvió el gesto, divertida. Esos dos también venían viento en popa, y aunque aún no hablaban de títulos, la realidad era que estaban todo el tiempo juntos y no habían vuelto a discutir, al menos que ella supiera. Suspiró y siguió caminando, pensando que la alegraba que todo a su alrededor estuviera bien. 
Cuando entró en el despacho de Lewis, Sam ya estaba allí, como siempre, acomodando los útiles en el escritorio. Sonrió al verla y Rose le correspondió mientras se acercaba y colgaba la mochila de la silla. 
 -¿ Lista para otro día de aprendizaje?- le preguntó con su habitual buen humor. 
 - Listísima.
El chico sonrió y se sentó frente a ella. La pelirroja había mejorado mucho los movimientos, y poco a poco iba perdiendo la inseguridad a la hora de pronunciar los hechizos. 
A mitad de la clase una lechuza golpeteo el vidrio, y Sam se levantó para dejarla pasar, entrando con ella una ráfaga de viento helado. El ave, de un marrón oscuro, se posó sobre el escritorio y soltó un sobre en manos de Rose, que lo observó con curiosidad. Lo giró y reconoció enseguida el logo de la Escuela de periodismo estampado en tinta azul oscuro. Sam le dio unos dulces a la lechuza mientras ella abría el sobre. 

Estimada señorita Rose Weasley:
                Cómo le hemos adelantado, aquí le enviamos algunos formularios de pre-inscripción que deberá completar antes del mes de marzo, y enviarlos junto a los chequeos médicos correspondientes, que deberá realizar a último momento. 
                  Cordialmente
                                         Dirección general de la Escuela de ciencias sociales y comunicación

Se quedó observando el pergamino unos segundos, analizando lo leído, y revisó los otros dos que venían en el sobre, con varios puntos para completar y la lista de análisis médicos. 
 -¿ Todo en orden?- preguntó Samuel, mirándola con curiosidad. 
Rose lo miró y sonrió. 
-Sí, son cosas de la escuela de periodismo que debo completar- respondió, guardando todo de nuevo en el sobre.
-Cierto, que irás a convertirte en una periodista de lujo- dijo el chico, sonriendo. 
Rose se encogió de hombros y guardó el sobre en la mochila para leerlo bien más tarde. 
-Eso parece. ¿Seguimos?
Sam asintió y retomaron la clase. 
A las doce menos cinco habían terminado, y Rose sonrió aliviada. Un día menos. 
-¿Me esperas? Vamos juntos al comedor- le dijo Samuel, guardando los libros. 
La chica asintió, colgándose la mochila y poniéndose la bufanda para protegerse del frío que atacaba algunos pasillos. 
 -¿ Malfoy vendrá a buscarte hoy?- preguntó él sin mirarla, mientras terminaba de acomodar. 
 - Hoy no, tiene clases a esta hora.
Samuel se colgó la mochila y le hizo un gesto con la mano para salir del despacho. Una vez afuera, cerraron la puerta y comenzaron a caminar con tranquilidad. Sin embargo, no habían dado ni cinco pasos cuando el gryffindor la tomó de la mano con suavidad para que frenara. 
-¿Puedo decirte algo?- le preguntó, más serio de lo que Rose lo había visto nunca. 
Lo miró interrogante y asintió para que hablara. 
-Tú y Malfoy… ¿van en serio? 
La pelirroja alzó un poco las cejas, sorprendida ante esa pregunta. 
-Sí, claro. ¿Por qué?
El castaño se rascó el cuello y guardó silencio unos segundos, cómo si buscara la palabra correcta. 
-No lo sé, creí que tal vez era algo pasajero, como te irás a estudiar a otro país- comentó con suavidad.
La pelirroja soltó su mano, incómoda de pronto, y se cruzó de brazos mirando al suelo. Claro que ya había pensado en ese detalle, aunque aún no lo había hablado con Scorpius. Siendo sincera, tampoco había buscado el momento de hacerlo. Tal vez porque sabía que era un tema complicado, o tal vez porque aún faltaba tiempo y prefería disfrutar su relación con él antes de que tuvieran que enfrentar eso.
-Lo sé, llegado el momento lo hablaré con él- respondió, volviendo a mirar al chico frente a ella. 
-¿Y estás segura de que va a comprenderlo? ¿Que será capaz de acompañarte?- le preguntó Sam.
La chica titubeó unos segundos, preguntándose a cuento de qué venía esa conversación y buscando la manera correcta de hablar.
-No lo sé, pero confío en que sí. No entiendo por qué me preguntas eso. 
El chico suspiró y se removió en su lugar.
-Rose, te diré esto porque te considero una amiga y me caes bien. No creo que Malfoy sea la persona indicada para ti. No sé si es mal tipo, realmente no lo conozco, pero… lo veo demasiado cerrado y recto para ti, y para poder soportar una situación como la tuya. Además de su apellido, claro está. 
Rose alzó una mano, frenando su discurso, y lo miró con seriedad. 
-No te tenía como uno de esos prejuiciosos que juzgan a los demás por el apellido. Por una guerra que ni siquiera vivimos- le dijo. 
Samuel abrió la boca un par de veces, buscando qué responder, y finalmente soltó aire y dio un paso hacia ella. 
-No lo soy… pero bueno, no vas a negar que a simple vista es un tipo frío, no pega contigo. Y además no creo que tu familia lo acepte…lo digo por tu bien, no quiero que al final de esta historia salgas lastimada. 
La miró a los ojos, intentando transmitirle sinceridad, y Rose lo observó quieta, tan seria que al gryffindor le costó reconocerla, y finalmente suspiró despacio y habló sin despegar sus ojos miel de el. 
-Ese es un problema mío. Y no creo que tengas derecho a opinar sobre algo que desconoces. Scorpius parece frío por fuera, pero es una gran persona. El resto de cosas las solucionaremos cuando llegue el momento. 
Lo miró con dureza, sintiendo el enfado invadiéndola. Jamás había tenido problemas con Samuel, siempre se habían llevado bien. Pero ahora sólo quería hechizarlo. Sam bajo la vista unos segundos, y luego volvió a mirarla, con la misma seriedad. 
-No quise incomodarte. Sólo intento prevenirte de lo que creo que puede suceder. 
Rose abrió la boca dispuesta a responderle, pero una voz masculina y serena se le adelantó.
-Vaya, Finnigan, no sabía que tenías dotes adivinatorias.
Ambos giraron el rostro y vieron a Scorpius, que se acercaba a ellos con las manos en los bolsillos. Rose lo observó, buscando algún atisbo de enojo, y aunque a simple vista el rubio mantenía su expresión de calma, ella pudo divisar una leve tormenta en sus ojos azules. Se paró a su lado, sin dejar de mirar a Samuel, que a su vez había fruncido el ceño y se había cruzado de brazos, sin bajar la mirada. 
 -¿ Hay algo más que quieras decir sobre mi?


Bueno bueno, que tal? :)
Varias cosas para comentar en este capítulo, así que espero sus opiniones! Cómo habran visto, ha pasado un poco el tiempo, cosa necesaria porque la historia tiene que avanzar ;)
Se vienen las vacaciones de navidad XD y Sam dió su primer golpe (? Creen que Scorpius le va a pegar? Habrá escuchado toda la conversación? 
Los leo! Muchos abrazos!!!



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