Historia al azar: el pais de aslan
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Donde gustes y cuando quieras » Capítulo dieciséis
Historia terminada Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Viernes 21 de Agosto de 2020, 19:10
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Capítulo dieciséis

Capítulo dieciséis


Rose reviso si tenía todo lo necesario en la mochila y la cerró, colgándola de su hombro. Eran las diez menos cuarto de la mañana del martes, y para variar se había despertado tarde, sólo que en ese momento era peor porque tenía la tutoría de Transformaciones y Lewis había sido muy claro en su carta: me enteraré si llegas tarde o faltas. Al menos había tenido tiempo de peinarse y acomodar las cosas, aunque no hacía tiempo a desayunar. Su estómago rugió, quejándose, y ella suspiró resignada. Se miró en el espejo para asegurarse de estar más o menos decente y finalmente salió de su habitación. 
La puerta de enfrente estaba abierta y dentro no se veía nadie, por lo que supuso que Scorpius ya se había ido, cosa normal porque era tarde. Mientras bajaba las escaleras sonrió suavemente, recordando la noche anterior. Cuando había regresado a la sala común Scorpius estaba dormido en el sofá con Chocolate en su regazo. Rose, enternecida, lo había despertado para que subiera y se habían despedido en el pasillo con un beso suave que él le dio en la frente, aunque estaba más dormido que despierto. Las mariposas parecían haberse quedado de forma permanente revoloteando en su estómago, y sentía una felicidad distinta, algo cálido que la hacía sonreír y que no había sentido antes. 
Apenas puso un pie en la sala común, sus ojos miel se toparon con el objeto de sus pensamientos, que la miraba apoyado en la mesa grande y esbozó su media sonrisa característica al verla. 
-Buenos días, te estaba esperando para ir a desayunar- la saludó con suavidad, acercándose a ella. 
La pelirroja sonrió y caminó hacia él, acomodando la mochila en su hombro. 
-¿No tienes clases en la mañana?- le preguntó. 
Scorpius negó con la cabeza, con las manos en los bolsillos. 
-Sólo tengo Encantamientos en la tarde.
Rose suspiró y lo miró resignada.
-Pues yo no hago tiempo a desayunar. Lewis me obliga a tener una tutoría con uno de mis compañeros para mejorar mis notas, y me he despertado tarde.
Miró su reloj de pulsera y vio que le quedaban diez minutos. 
-Debería irme ya. Si llego tarde me va a sacrificar en medio de los jardines- murmuró.
-Vaya- respondió el rubio-. Bueno, tal vez te ayude. Aunque yo también podría ayudarte. ¿Quieres que hable con él?
La chica sonrió y negó con la cabeza. 
-No creo que ceda, sabes cómo es. Ha asignado a Samuel como tutor, supongo que es positivo porque al menos lo conozco. 
Scorpius analizó unos segundos esas palabras, y luego frunció el ceño.
 -¿ Samuel Finnigan?- preguntó con seriedad.
Rose asintió.
-Vamos juntos igual, el despacho del profesor queda de pasada hacia el comedor.
Lo miró con calidez y tomó su mano, entrelazando los dedos y caminando hacia la salida de la sala. Scorpius se dejó llevar, procesando la información. Así que el idiota de Finnigan, que para colmo rondaba a Rose como mosca, era su tutor. Debía estar feliz, el muy vivo. La molestia le formó un nudo en el estómago mientras caminaban por los pasillos, pero sintió el contacto de las manos unidas y decidió tranquilizarse. Los celos ya le habían jugado una mala pasada la otra vez, y de todas formas no podía hacer nada, Rose tendría que ir a esas tutorías de todas formas. 
 -¿ Qué piensas?- le preguntó la chica, mirando con curiosidad su expresión concentrada. 
El rubio esbozó un intento de sonrisa, disimulando. 
-Nada. Aquí nos separamos- dijo, y Rose vio que efectivamente estaban frente al pasillo donde se ubicaba el despacho del profesor. 
Volvió a suspirar resignada y le sonrió al chico, soltando su mano.
-Te veré en el almuerzo, que tengas buena mañana- se despidió. 
Luego, sin analizarlo mucho, se alzó un poco y le dio un beso suave en la mejilla, que dejó a Scorpius atontado durante unos segundos. La pelirroja se giró y dio un par de pasos, alejándose, pero entonces sintió la mano del rubio cerrándose en torno a la suya de nuevo, deteniéndola. Lo miró interrogante y el sonrió un poco.
-Suerte con eso. Si Finnigan hace el idiota lo mataré, puedes decirle eso de mi parte. 
Rose alzó las cejas, algo confundida y asombrada, pero antes de que pudiera decir algo Scorpius la soltó y se giró, comenzando a alejarse por el pasillo. 
La pelirroja titubeó unos segundos parada en su lugar, y luego agitó la cabeza, continuando su camino al despacho. 
Cuando entró, Samuel ya la esperaba sentado en el escritorio del profesor. El Gryffindor sonrió al verla y se bajó, haciendo un gesto teatral de bienvenida. 
-Buenos días, señorita Weasley. Tome asiento por favor- saludó, imitando la voz algo chillona del profesor Lewis.
Rose sonrió divertida y caminó hacia el.
-Creo que nunca ha sido tan amable conmigo. Debes perfeccionar el personaje- le dijo, dejando la mochila en la silla y sentándose. 
Sam se encogió de hombros y se sentó en la otra silla frente a ella, mientras la pelirroja sacaba los útiles.
-Intentaré que esto sea ameno, lo prometo- respondió, volviendo a su voz normal.
-Descuida, me alegro que me haya tocado contigo- suspiró Rose.
El chico sonrió y sus ojos se achinaron, dándole esa imagen de niño que siempre tenía. 
-Pues yo me alegro de ser tu tutor.
Le guiñó un ojo y Rose abrió el libro, recordando de pronto que ese chico había intentado tener una cita con ella en Hogsmeade. Si bien no había pasado nada, ese año tenía la sensación de que Hugo tenía razón y Samuel buscaba algo más con ella que amistad. Negó con la cabeza, intentando sacarse los pensamientos sin sentido.
-Oye, mirando fijo el libro no aprenderás nada. Comencemos por lo que más te cuesta, ¿está bien?
La miró con amabilidad y Rose sonrió, más tranquila. Sam era su amigo y compañero de siempre, y jamás se había sentido incómoda con él, así que no tenía por qué preocuparse. 
Comenzaron la clase con calma, revisando algunos conceptos y corrigiendo movimientos. 
-Tienes clara la teoría- comentó Sam-. Debes reforzar la manera en que mueves la varita o pronuncias. Es como si te faltara…
-Decisión- completó Rose. 
Sonrió un poco y se encogió de hombros.
-Scorpius dijo lo mismo la otra vez. Creo que es porque Lewis me intimida. La ha tomado conmigo desde primero, no sé por qué.
Samuel asintió, comprendiendo. 
-Pues haremos que pierdas ese miedo. Lewis va a tener que lavarse la boca con jabón cuando te gradúes con honores de su materia- dijo con firmeza.
La chica sonrió y asintió, divertida. 
-Confío en usted, mi salvador- respondió, haciendo un gesto de saludo militar.
En ese momento, unos golpes en la puerta interrumpieron la animada charla, y ambos miraron hacia allí con curiosidad. Para asombro de Rose, la puerta se abrió y por ella entró Scorpius, llevando su habitual mueca de serenidad. 
-Siento interrumpir- saludó, caminando hacia ellos-. Pero no podrás concentrarte si no comes algo.
Le sonrió suavemente a la chica y apoyo sobre el escritorio un sandwich mediano y un jugo de naranja. Rose sintió que su estómago volvía a quejarse al ver la comida, y le sonrió agradecida.
-Eres mi héroe- dijo.
-Lo sé. 
Samuel observó la escena con una ceja alzada y se cruzó de brazos, mirando al rubio.
-Tienes razón, debe comer. No sabía que no había desayunado- dijo, viendo a Rose-. Gracias, Malfoy, ya puedes irte. Tenemos bastante que hacer. 
Se miraron, Sam con expresión indiferente y Scorpius sin borrar su mirada serena, aunque Rose pudo notar cierta molestia en esos ojos azules. 
-Descuida, no interrumpiré más. ¿A qué hora terminas?- preguntó, volviendo a ver a Rose. 
-Oh, a las doce.
El chico asintió y le sonrió una vez más, metiendo las manos en los bolsillos. 
-Te esperaré afuera entonces a esa hora para ir a almorzar. Adiós.
Rose lo saludó con la mano y el se giró para irse, no sin antes lanzarle una mirada seria a Finnigan. Cuando la puerta se cerró tras el, la pelirroja soltó aire y abrió el juego, dándole un sorbo. ¿Era ella o se respiraba cierta tensión? Samuel jugueteo con una pluma, observándola. 
-Parecen llevarse bastante bien- comentó.
Rose abrió el sandwich y sonrió un poco. 
-Así es. Sigamos, comeré mientras repasamos así no perdemos tiempo- dijo.
Sam asintió y no dijo nada más, cosa que ella agradeció internamente. 



A las doce en punto, Scorpius estaba apoyado en la pared que enfrentaba la puerta del despacho, cruzado de brazos y con la vista fija en el suelo. Había almorzado y aprovechado a adelantar deberes antes de ir allí, dispuesto a alejar a Rose del idiota de Finnigan apenas pusiera un pie afuera. Sí, estaba celoso, ¿y qué? Al menos se había comportado a la altura. Suspiró con cansancio al pensar que esa solo era la primera clase de tutoría que la chica tenía, por lo que debería armarse de paciencia y manejar sus celos un buen tiempo más. 
La puerta se abrió y Rose salió al fin, sola para su alegría. Scorpius se enderezó y le sonrió, y ella le respondió el gesto mientras se acercaba un poco.
 -¿ Y Finnigan?- preguntó él.
 - Debe quedarse a darle un informe a Lewis. Yo soy libre al fin- respondió contenta.
El rubio sonrió aún más y la tomó de la mano mientras empezaban a caminar. Rose sintió la calidez de sus manos unidas y pensó que de pronto ese gesto tan simple parecía haberse instalado con naturalidad entre ambos. 
-Vamos a almorzar- dijo-. Seguro haya pescado hoy.
Scorpius sonrió.
-No lo sé, pero tú y yo no vamos a almorzar aquí hoy- respondió, sin mirarla.
La pelirroja frunció el ceño, confundida.
 -¿ A qué te refieres?
Scorpius suspiró y se detuvo, colocándose frente a ella sin soltarle la mano.
-Tú y yo nos vamos a escapar a Hogsmeade- dijo como si nada. 
Rose abrió la boca, algo sorprendida.
 -¿ Ah? Es martes, Scor, tenemos clases y yo debo entrenar a las seis.
 - Ya se que día es. Pero faltaremos a clase. Y en cuanto al entrenamiento, Hugo me comentó en el almuerzo que Lorcan lo suspendió no sé por qué cosa. 
La chica frunció el ceño. ¿Lorcan suspendiendo un entrenamiento? Eso sí que era extraño. Se cruzó de brazos y miró al rubio frente a ella con la misma cara que les ponía a los alumnos cuando hacían de las suyas y ella debía hacer valer su insignia de Premio Anual.
-Scorpius Malfoy, eres un irresponsable. Tenemos Herbologia y tú tienes Encantamientos, ¿cómo se supone que…
-Rose- la interrumpió el chico-. Herbologia no es tan importante, Neville no va a regañarnos. En cuanto a Encantamientos, la profesora me ama, me perdonará la única falta en siete años. 
La chica alzó una ceja, pero lo miró con diversión.
-No te tenía tan irresponsable. Siempre eres tan correcto… - se burló. 
Scorpius bufó y rodó los ojos. 
-Tú también eres correcta. Pero hoy seremos rebeldes, un estudio dice que todos los adolescentes deben serlo al menos una vez en su vida para ser sanos.
-Te acabas de inventar eso, ¿verdad?- preguntó Rose. 
-Claro que no, lo he leído- se defendió el chico. 
La pelirroja sonrió y le pegó un empujoncito.
-Está bien, romperé las reglas contigo. Pero… dos cosas. Uno- dijo, alzando un dedo- ¿cómo saldremos de aquí? Dos, ¿a qué se debe la escapada?
Scorpius sonrió y la tomó de la mano, retomando la caminata.
-Nos vamos a aparecer desde los limites del bosque. Y se debe a que aún no hemos tenido una cita propiamente dicha.
Rose sonrió con suavidad al escuchar eso último. La idea de una primera cita sonaba muy bien.
 -¿ Y no podíamos esperar al sábado? Además, ¿sabes aparecerte?
 - Claro que sé, ¿tú no? Y no esperaremos hasta el sábado, porque conociendo nuestro historial puede venir la tercera guerra antes y frustrarnos los planes. Cuánto antes mejor.
La pelirroja lo miró burlona, aunque ciertamente tenía razón. 
-Tienes razón. Y sí se aparecerme, pero lo he practicado poco- respondió mientras bajaban las escaleras hacia el exterior. 
Los pasillos estaban repletos de alumnos que salían de las clases y se dirigían al gran comedor, y se cruzaron con algún que otro profesor, pero de momento su actitud no era sospechosa. Sólo estaban saliendo a los jardines para cualquiera que los viera. 
-Tengo otra pregunta- dijo Rose mientras sentía el viento frío pegarle en la cara.
Era un día despejado pero la temperatura era baja. Scorpius se detuvo y le pasó por los hombros un abrigo que la chica reconoció como suyo.
  -¿ Dónde tenías eso?- preguntó mientras se lo ponía. 
El chico le guiñó un ojo y se cerró su propia campera. 
-Encantamiento encogedor. ¿Esa es tu pregunta?- respondió, volviendo a tomarla de la mano para avanzar. 
-No, mi pregunta es cómo es eso de que la profesora Méndez te ama.
El rubio sonrió divertido.
-Me ama, soy su alumno favorito, ¿no lo sabías? A Albus por el contrario no lo aguanta, siempre pregunta cómo es que somos amigos- la miró burlón-. Pero no te pongas celosa. Es muy mayor para mí. Y he descubierto qué mi tipo son las pelirrojas. 
Rose le pegó en el brazo, aunque sonreía. 
-Idiota- murmuró.
Bajaron una de las colinas y pudieron ver la entrada al bosque prohibido, enmarcada por árboles enormes, pero antes de que pudieran llegar, una sombra enorme les tapó el sol, y ambos alzaron la vista para encontrarse a Hagrid, que caminaba hacia ellos y esbozó una sonrisa amable al verlos. 
 -¡ Niños! ¿Qué hacen por aquí? ¿No almuerzan?- saludó, acercándose. 
Ambos se miraron, intentando pensar algúna excusa rápida. 
-Hola Hagrid- saludó Rose, poniendo su mejor cara de inocente-. Ya almorzamos, estamos… 
-Dando una vuelta- completó Scorpius-. Ya sabes, para aprovechar el sol del mediodía. 
El semi gigante asintió, mirando al cielo azul. 
-Estos días hay que disfrutarlos, pronto vendrá el invierno. ¿Qué tal está Chocolate?
-Oh, está muy bien. Haciendo desastres- respondió el rubio. 
Rose abrió los ojos de pronto, dándose cuenta de algo, y miró al chico. 
-Oye, hablando de eso, ¿con quién se quedó? No puede estar solo toda la tarde.
-Descuida, Hugo y Lena están ahí. Lo cuidarán hasta que volvamos.
Rose suspiró, aliviada, y Hagrid los miró interrogante. 
-Pero si sólo están dando un paseo no es tanto rato. Debería aprender a estar solo sin hacer desastres- comentó. 
Ambos chicos volvieron a mirarse, y esta vez fue el turno de Scorpius de esbozar una sonrisa inocente.
-Sí, claro. Es que tenemos clase después y eso… el fin de semana vamos a aprovechar a entrenarlo bien. 
La pelirroja asintió, sonriente.
-Ya veo… bueno, aún busco quién lo adopte. Intentaré que no sea mucho rato, no quiero causarles problemas- murmuró, y sus ojos se aguaron-. ¡Es que no entiendo cómo nadie puede querer una cosita así de linda!
Rose se apresuró a soltar a Scorpius y rodear uno de los brazotes de Hagrid, consolándolo.
-Ya, ya, aparecerá alguien…además, está bien con nosotros. De momento no es un problema- le dijo con suavidad. 
El Guardabosques asintió, sonándose la nariz con un pañuelo enorme. 
-Está bien, en verdad no sé qué haría sin ustedes. ¡Los compensare! Puedo hacerles mi famosa sopa, o una galletas…
-No es nada, Hagrid, en verdad- lo interrumpió Scorpius, asustado ante la posibilidad de tener que comer algo preparado por el semi gigante. 
Rose lo fulminó con la mirada y él se encogió de hombros.
-Son buenos muchachos. En fin, los dejaré pasear tranquilos. Por cierto…- los miró a ambos con curiosidad-. ¿Se han hecho muy amigos, verdad? 
Otra vez se miraron, y sonrieron un poco.
-Podría decirse que sí - respondió Rose, soltando su brazo y acercándose a Scorpius. 
Hagrid sonrió.
-Pues que bien, aunque no creo que tu padre se alegré mucho… pero ya es hora de dejar los prejuicios de lado. 
Les dedicó una mirada amable y ambos le sonrieron apenas, analizando sus palabras interiormente. Ninguno se había parado a pensar en sus familias y como tomarían la noticia de que estaban juntos. Rose sabía que su padre odiaba a  Draco Malfoy y sólo hablaba pestes de él. Scorpius no tenía el mismo problema, pero sabía que no sería tan fácil caerle bien a Ron Weasley. 
-Bueno, ahora sí me voy, muero de hambre. Disfruten la tarde- dijo el hombre.
-Adiós, Hagrid- se despidió la chica, saludándola con la mano. 
Scorpius sólo le sonrió y el semi gigante se marchó, dejándolos solos. Una vez que lo perdieron de vista, el slytherin carraspeó y volvió a tomar su mano, intentando no pensar en el futuro.
-Vamos, antes que nos crucemos a alguien más - le dijo con suavidad.
Rose asintió y retomaron el camino hasta llegar a las lindes del bosque. Se ocultaron tras un roble enorme por si alguien los veía, y Scorpius apretó el agarre en su mano. 
-¿Seguro sabes hacerlo bien?- preguntó la chica. 
El bufó y le sonrió burlón.
-Confía en mí. Y sé una Gryffindor, por Merlín.
Rose le frunció el ceño y abrió la boca para protestar, pero antes de que pudiera hacerlo sintió como un gancho invisible tiraba de su ombligo, y de pronto todo a su alrededor fue un remolino de colores. Se aferró a Scorpius, algo aturdida, y a los pocos segundos sus pies tocaron suelo firme. Se tambaleó, y se hubiera caído de no ser que el rubio la atajó antes, pasando un brazo por su cintura.
-Torpe- le susurró con una sonrisa, bastante cerca de su rostro. 
Rose se quedó unos segundos hipnotizada por esos ojos azules, y luego le pegó un golpecito en el pecho, soltándose.
-Cállate- respondió, acomodándose la ropa. 
Miró alrededor y se encontró un Hogsmeade soleado y bastante lleno de gente, algunos paseando y otros más apurados, caminando hacia sus trabajos. Los locales estaban abiertos y Honeydukes bañaba todo de un olor dulce.
-Muy bien, señorita. ¿Qué quiere comer?- preguntó el rubio.
Rose sonrió y lo tomó de la mano, obligándolo a caminar. 
-Ha abierto un restaurante nuevo hace poco, casi en las afueras. Vamos ahí- respondió. 
Scorpius se dejó llevar, y así se adentraron en la aldea, caminando con tranquilidad y dejando que el sol les calentara el rostro. El restaurante era un edificio no muy grande pintado de rojo, decorado con diversas plantas y flores y con detalles de madera que lo volvían muy cálido y agradable. La dueña, una mujer de unos cincuenta ataviada con un delantal floreado, los recibió contenta en la entrada.
-¿Mesa para dos?- les preguntó con amabilidad.
Ambos asintieron y ella los guío hacía una mesa ubicada contra los ventanales. 
-Les dejo la carta para que elijan. El menú de hoy es pastas, pero todo es delicioso- les dijo sonriente, entregándoles dos pergaminos con el menú, enmarcados en un cuaderno rojo. 
Rose miró alrededor y comprobó que el lugar estaba bastante lleno para ser día de semana, y había gente de todas las edades. En la mesa de al lado, dos ancianos comían y charlaban con suavidad, y la chica pudo ver cómo el hombre tomaba la mano de su esposa mientras bebía agua. Sonrió, pensando lo lindo que debía ser llegar a envejecer con alguien al lado, y seguir mirándose con ese amor que emanaba de sus ojos. 
 -¿ Qué quieres comer?- preguntó Scorpius, sacándola de sus pensamientos. 
Rose le sonrió y miró la carta, analizando los platos. Finalmente se decidió por pescado, ya que tenía antojo, y el rubio eligió las pastas del menú. Comieron con calma, hablando tonterías como siempre. Rose le contó sobre la clase de tutoría, y Scorpius la escuchó con atención, intentando no hacer comentarios sobre Finnigan y disimulando sus ridículos celos con una sonrisa neutral. 
-Por cierto, dijiste que Hugo y Lena se quedarían con Chocolate. ¿Les dijiste adónde íbamos?- preguntó la chica, probando el pescado. 
-Les dije la verdad, que vendríamos aquí.
Rose lo miró unos segundos, masticando. 
-Pero… ¿mencionaste la palabra "cita"?
Scorpius sonrió al darse cuenta por dónde iba la pregunta. Tomó agua, haciendo tiempo a propósito, y finalmente suspiró. 
-Claro que sí les dije. ¿Si no cuál sería la excusa?
Rose tragó, analizando sus palabras. O sea que su hermano estaba al tanto de su… situación con Scorpius. Y no se había enterado por ella. Iba a matarla. 
-Oye, bobo- se quejó, tirándole una miga de pan-. No me diste tiempo a contarle. Me va a desheredar cuando me vea. No sabes lo pesado que es. 
El chico sonrió divertido y se encogió de hombros.
-Es que me atacó a preguntas. Además… el estaba al tanto de que me gustabas. No me iba a dejar irme sin confesar. Y se puso muy contento, descuida. 
Rose alzó una ceja. 
-¿Estaba al tanto? 
El rubio asintió.
-Él y Albus…bueno, y Lena. 
-¿Es decir que la mitad de mis amigos sabían menos yo?- preguntó la pelirroja, cruzándose de brazos. 
-Oye- se defendió Scorpius-. Me estuvieron aconsejando…o lo intentaron, mejor dicho. Y tú podrías haberlo sabido antes si no fueras tan lenta. Te envié varias indirectas.
Rose frunció el ceño.
-Pues disculpa, pero podrías haber sido claro desde el principio. ¿No era más fácil así?
Se miraron, analizándose mutuamente y notando que esa era la primera vez que hablaban propiamente de lo que pasaba entre ellos. Scorpius se encogió de hombros de nuevo.
-He hecho lo que he podido. Hasta que entendí que si no te lo decía claro no resultaría. 
-Pues que conste que yo fui quien te preguntó, tú sólo respondiste- se burló Rose, tomando una porción de puré. 
El rubio bufó.
-Da igual, sólo te me adelantaste. 
-Sí, claro.
Por suerte la mesera interrumpió la discusión cuando llegó a ofrecerles más bebida, y el asunto quedó olvidado. 
Cuando terminaron de almorzar había pasado un rato y Hogsmeade estaba menos repleto de gente, por lo que aprovecharon a caminar un poco por las calles empedradas. 
-El sábado hay una súper fiesta de Halloween en la sala de los menesteres. La organizan los Huffies de séptimo- comento Rose.
Scorpius asintió.
-Lo sé, Dan me comentó. 
-¿Dan?- preguntó Rose con curiosidad. 
-Daniel Roth, es compañero mío y de Claire en las prácticas de sanador- respondió -. Todo un personaje. 
La chica asintió, recordando a ese chico de pelo rizado que siempre andaba sonriendo y que le caía bien a casi todo el mundo. 
-Iremos, ¿verdad? Será divertido.
-Si quieres ir iremos. Albus dijo que el iría.
Rose le sonrió y asintió.
-Todos irán. Así que…- comentó, mirando las tiendas que los rodeaban-. ¿Qué tal si vamos a de compras?
Scorpius se frenó y la miró interrogante. La pelirroja sonrió, divertida.
-Es que no tengo mucha ropa de noche, y tú seguro que tampoco. Vamos por unos atuendos para vernos más atractivos de lo que ha somos. ¡Será divertido!
-Rosie, las compras son…
-Como te atrevas a decir "para chicas" te quedas sin descendencia- lo atajó la chica, señalándolo con un dedo acusador. 
Scorpius cerró la boca enseguida y sonrió.
-No iba a decir eso, ¿cómo se te ocurre? Soy un chico moderno y evolucionado. Andando.
Dicho eso la tomó de la mano y retomó la caminata, guardándose sus quejas. Rose sonrió conforme y buscaron la primera tienda de ropa para jóvenes al alcance. 
Primero fue el turno de Scorpius de probar distintos atuendos, y Rose, sentada en un banquito que había frente a los probadores, iba aprobando o desaprobando los looks.  
-¿Es que todo le queda ridículamente bien?- murmuró para sí misma luego de que el rubio le mostrará un conjunto de jeans oscuros (que resaltaban sus piernas largas), camisa blanca y suéter azul marino (que acentuaba su torso medianamente formado y sus ojos a juego). 
- - Te he oído- dijo Scorpius desde adentro.
Luego fue turno de la pelirroja, y ahí sí que la cosa se puso divertida. Scorpius, sentado ahora en el banquito, esperaba paciente a que la chica saliera del probador con el primer look. Cuando finalmente lo hizo, el rubio la miró de arriba abajo y abrió la boca, que de pronto se le había secado. Rose vestía unos pantalones negros ajustados y una blusa color crema en una tela algo brillante y de mangas largas, pero con un escote en V bastante pronunciado que dejaba mucha de su piel blanca al aire. 
-¿Y bien? - preguntó la chica, dando una vuelta. 
Scorpius carraspeó y bajó la vista, seguro de que se había sonrojado. 
-¿No es muy… revelador?- preguntó.
Rose se miró en el espejo y pensó que tal vez si era mucho escote, pero seguía siendo sutil y no se le veía nada indecente. 
-Puede ser …
-Prueba otro- concluyó el rubio, aún sin mirarla. 
Al segundo intento, Rose salió del probador vestida con una blusa sin mangas blanca, esta vez sin escote pronunciado, y una falda de brillos plateados algo ajustada y corta, aunque no mostraba nada de más. Una chaqueta de cuero negro completaba el conjunto. Giró de nuevo sobre si misma, sonriendo, y Scorpius quiso tirarse por una ventana. ¿Es que no podía tener piernas menos largas? ¿Y ese pelo rojo que giraba con ella, como en las películas? 
-Tendrás frío con falda- comentó, intentando poner cara de póquer. 
Rose bufó.
-Pero estaremos adentro y…
-Prueba otro. 
La pelirroja rodó los ojos pero volvió a meterse en el probador, cerrando la cortina. Scorpius soltó aire y se rasco la cabeza. Si podía evitar que medio mundo viera esas piernas lo haría. 
Finalmente, el tercer conjunto fue el ganador. Pantalón blanco ajustado, blusa sin mangas de brillos en tonos plateados y azules que resaltaban su piel, con un escote intermedio. Y Rose, preciosa, sonriéndole mientras hacía poses de modelo. Scorpius sonrió conforme.
-Perfecto.
La chica suspiró y se cruzó de brazos. 
-Al fin.
Al poco rato salieron de la tienda con sus bolsas correspondientes en mano y riéndose de una señora que estaba enloqueciendo al pobre vendedor porque quería un tono específico de violeta en una camisa. 
 -¿ Vamos a la plaza? Aún queda un buen rato de sol antes de que refresque- sugirió el rubio mientras caminaban.
 - Me parece un buen plan- respondió Rose, sonriendo. 
De pasada pararon en Las Tres Escobas y compraron dos batidos para llevar, de chocolate para ella y de fresa para él. 
-Es delicioso, prueba- dijo Rose, estirando el vaso hacia él. 
Scorpius probó de la bombilla y el sabor intenso le lleno la boca, haciéndolo sonreír. 
-Ahora yo- pidió la pelirroja, y él le extendió su vaso para que probara-. Mmm, el de fresa no está mal. 
Luego, ante la mirada divertida del chico, le arrebató el vaso y bebió de las dos bombillas, mezclando los sabores de ambos batidos. Sonrió como una niña al descubrir el resultado.
-Debes probarlas juntas, ¡es genial! ¿Cómo nadie lo invento aún?- exclamó, volviendo a beber.
Scorpius sonrió y se resignó a qué probablemente había perdido su batido, pero no le importó. Rose reía contenta y caminaba dando saltitos, y eso era más que suficiente para él. 
Cuando llegaron a la plaza central había bastantes personas disfrutando el clima en el pasto y en los banquitos, y alguien tocaba la guitarra un poco más allá. 
-Ven, vamos a las colinas que es más tranquilo- dijo Scorpius, guiándola.
Rose se dejó llevar, terminando el batido de chocolate (le había devuelto el suyo al chico en el camino), y sonrió feliz. Estaban pasando una tarde preciosa, y una vez más se preguntó cómo la vida no los había acercado antes. "Cada cosa tiene su momento y su lugar adecuados", resonó la voz de su abuela Jane en su cabeza. Rose soltó aire, sintiendo esa nostalgia que la acompañaba hacia cuatro años, cuando los había dejado. Su abuela siempre había tenido palabras correctas y esclarecedoras, y la pelirroja agradecía poder recordarla. 
Pronto llegaron a la salida de la plaza, que indicaba el fin de la aldea y la separaba de otro barrio con una enorme arboleda bajo la cual se extendían pequeñas colinas de pasto verde y hojas secas. Se sentaron en el suelo, dejando las bolsas a un lado, y Rose se tiró en el pasto, observando el cielo azul. Scorpius se acostó a su lado y sonrió con esa serenidad que lo caracterizaba. 
 -¿ Qué pensabas tanto recién?- le preguntó con suavidad. 
La Gryffindor sonrió.
-En mi abuela Jane. ¿Cómo sabes que estaba pensando algo?- preguntó, mirándolo. 
El rubio se encogió de hombros, aún viendo el cielo. 
-No lo sé, eres muy transparente. O he aprendido a leerte. Estabas muy concentrada mirando el suelo y sonreías un poco menos. 
Rose sonrió de nuevo y apoyó la cabeza en el brazo del chico.
-Vaya que me has observado. O tal vez sí soy transparente. 
-Te he observado. Demasiado- respondió él con suavidad. 
Rose se incorporó un poco y apoyó la cabeza en una mano, poniéndose de costado para verlo bien. 
-Tengo preguntas- le dijo.
Scorpius sonrió y se acomodó igual que ella, quedando enfrentados. 
-Pregunta, responderé todo- dijo, acomodándole un mechón de pelo rojo tras la oreja. 
Rose suspiró levemente.
 -¿ Cuándo supiste que te gustaba?
El rubio bajó la vista, pensando la respuesta. 
-No me he preguntado eso, la verdad. Pues… no lo sé. Desde el día que confundimos los libros algo en tí me llamo la atención, pero al principio no le di importancia. Luego empezamos a coincidir demasiado hasta que terminamos en la misma sala común y bueno… de pronto sólo pensaba en ti y quería estar contigo. Fue parte de conocerte. Eres… la primera chica con la que me pasa algo así.
Rose lo miró, sorprendida ante tanta sinceridad. Scorpius hablaba de sus sentimientos con calma y transparencia, cómo si no le costara. 
-Hey, no creas que fue fácil decirlo. Pase varias etapas antes. Al principio lo negué, porque no quería meterme con una chica en este momento. Pero luego entendí que esas cosas no las maneja uno. Y luego, como sabrás, no encontraba la forma de decírtelo…
Se miraron divertidos al pensar la cantidad de líos mentales que ambos habían pasado antes de asumirlo. 
-En fin, ahora que lo sabes y estamos juntos, es mucho más fácil hablar claro sobre eso. O tal vez me cansé de tonterías, no lo sé- concluyó el chico.
Rose asintió, aún sonriendo, y arrancó unas briznas de pasto. 
-¿Qué quieres conmigo exactamente?- preguntó. 
Scorpius frunció un poco el ceño, confundido. 
 -¿ Cómo que quiero?
 - ¿Quieres algo serio o sólo te gusto?- preguntó la chica, posando sus ojos miel en él.
El rubio frunció más el ceño y soltó aire.
-Rose, me gustas y me importas. Claro que quiero algo serio. Ni siquiera planeaba tener novia de momento, sólo pensaba en los estudios. Pero apareciste tú y bueno… eres parte de mi vida. Quiero algo serio- repitió, mirándola, intentando transmitirle firmeza. 
La chica sonrió suavemente y bajo la vista de nuevo. 
-Pues no he escuchado que me pidas ser tu novia o algo- comento, molestándolo-. Sólo nos dijimos "si me gustas" y aquí estamos. Ni creas que voy a casarme contigo o algo de eso sí comenzamos así. 
Le sonrió burlona, y Scorpius le tiró un puñadito de pasto, aunque también sonreía.
-Eres mi novia- afirmó.
-No, no lo soy- bufó Rose.
-Claro que sí.
-Que no. 
-Rose…
-No me consta en ningún lado- siguió molestándolo ella.
Se recostó de nuevo, mirando al cielo. Scorpius resopló y puso una mano a cada lado de su cabeza, acorralándola contra el suelo. Rose tragó saliva, sorprendida.
 -¿ Por qué siempre me acorralas?- preguntó, intentando mantener el tono de broma. 
Scorpius sonrió con un gesto altanero, mirándola de cerca .
-Porque siempre te me escapas. Ahora, escucha bien- dijo, carraspeando-. ¿Quieres ser mi novia?
La pelirroja sonrió y sus ojos brillaron, y suspiró teatralmente.
-Si me lo pides así… ¿Lo ves? Con eso era suficiente. No puedes pretender que demos todo por sentado y…
Pero no pudo continuar, porque los labios del chico se posaron con suavidad sobre los suyos, callándola y provocándole un terremoto de emociones en el interior. Rose cerró los ojos y lo besó con la misma suavidad, segura de que no podría haber momento más especial y agradable que ese instante allí, pegados y ajenos al resto del mundo, sumidos en el sabor y la compañía del otro. Cuando se separaron se sonrieron con diversión, y Scorpius volvió a su lugar, liberandola. 
-¿Alguna otra pregunta?- dijo, pasando sus brazos tras su nuca. 
-Sí, ¿por qué te gusto?- preguntó Rose.
El rubio la miró y alzó una ceja. 
-Pues… porque eres preciosa. En todo sentido.
Otra vez la chica se sorprendió ante la naturalidad con la que respondía, pero sonrió, conforme. 
 -¿ Y tú?- preguntó el rubio. 
 -¿ Yo? Pues me gusta tu belleza, ¿qué más va a ser?- respondió burlona.
Scorpius bufó sin dejar de sonreír.
-Ya verás. 
Estuvieron un rato en silencio, mirando el cielo y respirando el aire puro que los rodeaba. Rose había vuelto a apoyar su cabeza en el hombro de Scorpius, y el dejaba que su mano recorriera sola las ondas suaves de su pelo. Muchas veces en ese tiempo había querido hacer eso, enterrar sus manos en el largo pelo rojo de Rose. 
 -¿ Crees que nuestras familias serán un problema?- murmuró la pelirroja luego de un rato.
Su tono era más calmo, como si analizara la situación y esa pregunta hubiera sido algo difícil de formular. Scorpius suspiró y siguió acariciándola con la misma tranquilidad. 
-Mamá ha quedado encantada contigo, ya lo sabes. Papá… no creo que sea un problema. Da algo de miedo porque es muy serio, pero te acostumbrarás.
Hizo una pausa en la que Rose procesó sus palabras, y continuó hablando.
-La pregunta es si tu familia va a aceptarlo. 
Ahí estaba, la preocupación que rondaba en ella desde que Hagrid lo había comentado hacia un rato. Suspiró y jugueteó con los botones del abrigo del chico, pensando.
-Mamá no será problema. Mi padre… 
-Me odiara - completo Scorpiusal ver que ella se quedaba en silencio. 
Rose sonrió un poco.
-No, no lo hará. Es decir… no quiere mucho a tu padre, lo asumo. Pero detrás de esa fachada de enojo es una dulzura, seguro lo entenderá. Va a costar, pero mamá va a ayudarme, estoy segura. 
Scorpius soltó aire.
-No importa, haré que me acepte. Aunque lleve años. 
La pelirroja se quedó quieta unos segundos y luego se incorporó para poder mirarlo. Le sonrió con tanta suavidad que Scorpius se quedó prendado a sus rasgos suaves.
-Me alegra que la vida haya decidido acercarnos. Aunque haya sido algo tarde, vale la pena- dijo, acariciándole la nariz con un dedo.
El rubio sonrió y algo cálido e intenso le recorrió el cuerpo. Sin dudas, valía la pena. 
Cuando volvieron a Hogwarts el sol había empezado a caer, y por suerte no se cruzaron a nadie en su camino a la sala común. 
Nada mas entrar, el panorama frente a ellos los hizo sonreír. Hugo dormía a pata suelta sobre unos de los sofás, y Chocolate hacía lo mismo, sólo que se había acomodado en su pecho y una de sus patitas reposaba en la boca abierta del chico. Lena, en el otro sofá, dormitaba sobre un libro. 
-Dime que tienes la cámara a mano- susurró Scorpius, divertido. 
Rose caminó en puntas de pie hacia la mesita del centro, dónde reposaba la cámara Polaroid, y tratando de no hacer ruido, se acercó más a su hermano y le sacó una foto. Sonrió triunfante y la elevó en el aire, mostrándosela al rubio.
-Guardaremos eso para futuras ocasiones- dijo Scorpius.
-Los he visto, malas personas- murmuró Lena desde el sofá.
Ambos se giraron y vieron a la rubia estirándose y bostezando. El libro cayó al suelo y el ruido despertó a Hugo, que abrió los ojos confundido. 
 -¿ Qué…?- balbuceo, y se llevó la mano a la boca, quitando la pata del cachorro que aún dormía. 
Se incorporó un poco y miró alrededor, bostezando. 
-Buenas tardes, hermanito- lo saludó Rose, burlona. 
Hugo abrió un poco más los ojos al verla, y de pronto se sentó, despertando a Chocolate, que se bajó de un salto. El castaño sonrió y su hermana pudo ver con claridad lo que se venía. 
-Con que ya han vuelto- dijo el chico, poniéndose de pie. 
-Así es, ya pueden ir tranquilos- respondió Rose, intentando hacerse la tonta. 
Pero Hugo no en vano era su hermano. Caminó hacia ella, le pasó un brazo por los hombros y antes de que la chica pudiera defenderse, le frotó la cabeza con la otra mano.
-¡Oye, mocoso!- se quejó Rose, intentando soltarse. 
-Así que te pones de novia y no me cuentas. ¡O peor! ¡Descubres al fin el milagro del amor y no me dices nada! ¡A mí, tu persona favorita en este mundo!- dijo Hugo de forma teatral, aún abrazándola.
Lena sonrió divertida, Scorpius rodó los ojos y Rose resopló cuan caballo. 
 -¡ Ya suéltame! Y deja de decir tonterías. Además, ¿quién te dijo que eres mi persona favorita?
Se soltó al fin y se acomodó la ropa, sonriéndole con malicia. Hugo se llevó una mano al pecho, fingiendo dolor. 
 -¡ Grandísima descarada! ¡No tienes perdón de Merlín! - gritó, señalándola.
 - Ay, por favor- murmuró Rose, acercándose a Scorpius y cruzándose de brazos. 
 - Hugo… ¿Qué hablamos sobre molestar a tu hermana?- habló Lena, adoptando un tono maternal mientras se levantaba y caminaba hacia él. 
Le pasó los brazos por la cintura y Hugo se abrazó a ella, mirando a Rose con fingida ofensa. 
-No me diste tiempo a nada. Iba a contártelo- se excuso la pelirroja-. Pero alguien se me adelantó. 
Le mando a Scorpius una mirada de ceño fruncido, y el chico se encogió de hombros. 
-Además- continuó la pelirroja- me han dicho que ya sabias de ante mano.
Lo miró acusadora y Hugo esbozo una sonrisa inocente que era un calco de la de Rose, con hoyuelos y todo. 
-Pues tenía que ayudar al amigo aquí, que para cuestiones de mujeres tiene el tacto de un potus rubio.
-Oye, engendro- se quejó Scorpius-. La he conquistado con mi esfuerzo, tus consejos no han servido para nada. 
Hugo abrió la boca, ofendido.
-¡Ja! Pues no han servido porque no los sabes aplicar. ¡De milagro que mi hermana está idiotizada por ti, si no no hubieras podido!
-Oigan, dejen de hablar de mi como si no estuviera- se quejó Rose.
Hugo resopló y luego esbozo una sonrisa amplia, mirándolos a ambos. 
-En fin. De todas formas está aprobado. ¡Has elegido bien, hermanita!- dijo, guiñándole un ojo a Scorpius. 
Rose alzó una ceja. 
 -¿ Quién dijo que necesitaba tu aprobación?- preguntó. 
 - Yo lo digo. 
 -Te recuerdo que soy la mayor. 
 - Da igual.
 - Idiota.
 - Fea.
Scorpius y Lena se miraron, y fue la chica quien, luego de rodar los ojos y juntar aire, detuvo la estúpida discusión.
 -¡ Ya basta, Weasleys!
El silencio se hizo enseguida, y los dos hermanos miraron a la rubia con ojos bien abiertos por unos segundos, hasta que sonrieron y se encogieron de hombros. 
-Vaya, enséñame a imponerme así- la felicitó Scorpius. 
-Oh, te acostumbrarás. En una familia tan numerosa estas cosas pasan seguido- respondió la chica, sonriente. 
Hugo sonrió divertido y se acercó a Scorpius, revolviéndole el pelo.
-Oye, Rosie, ¿te has fijado? Ambos hemos elegido personas rubias. Debe estar en los genes- dijo, guiñándole un ojo a Rose.
La chica sonrió divertida al percatarse de ese detalle. Ciertamente, Lena y Scorpius podrían pasar por hermanos sin ningún problema. Los dos rubios, de rasgos suaves y ojos claros, aunque los de Lena eran verdes y además tenía pecas en la nariz, cosa de la que el slytherin carecía. 
-Bueno, bueno, hora de irnos- dijo la rubia, caminando hacia su novio-. Dejemos a los recientes tortolitos disfrutar lo que queda del día. Y me alegro por ambos. 
Les sonrió con cariño, y Rose pensó como siempre que su hermano no podría haber elegido mejor novia. 
-Bienvenido a la familia, rubito- dijo Hugo, guiñándole un ojo a Scorpius. 
El rubio sonrió y le hizo un gesto con la cabeza. 
-Oh, por cierto, Rose. Lorcan pasó por aquí hoy, te estaba buscando. Dijo que si puedes lo busques en su sala común- aviso el castaño, mirando a su hermana.
Rose asintió.
-Está bien. ¿Sabes por qué suspendió el entrenamiento?
Hugo bufó, rodando los ojos.
-No lo sé, el idiota no quiso decirme. Como vuelva a hacernos perder un entrenamiento lo mató. El partido contra Revenclaw se acerca, no podemos perder tiempo. 
-Bueno, bueno, ahora sí nos vamos- dijo Lena, viéndose venir una de las charlas fanáticas sobre Quidditch de su novio. 
Lo tomó de la mano y lo arrastró a la salida.
-Adiós, guapos. Y por cierto- dijo el Gryffindor, frenándose-. Rubito, más te vale dormir en tu cama hoy y ni asomar la nariz en la habitación de mi hermana, ¿oíste? 
-¡Hugo!- exclamó Rose, avergonzada. 
-Si serás…- murmuró Lena, y antes de que su hermana lo matara lo sacó de la sala, dándoles una sonrisa de disculpa y cerrando la puerta tras ellos. 
Rose y Scorpius se miraron, algo avergonzados, mientras oían los gritos de Hugo alejándose por el pasillo. " ¡Pero sólo decía, es mi deber como hermano!". 
Luego no se oyó más nada, y Chocolate rompió el silencio con un ladrido agudo que los saco de la vergüenza. Movía la cola con su pelota en la boca, pidiendo jugar.
-Iré a buscar a Lorcan- dijo Rose, sonriendo mientras veía como Scorpius alzaba al cachorro y este le lamía la cara, la pelota olvidada. 
El rubio la miró algo decepcionado. 
-Iba a ofrecerte hacer maratón de Pipito. 
Rose sonrió y se acercó, rascando las orejas del cachorro, que movía la cola feliz de recibir mimos. 
-Lo siento, prometo volver temprano. Es que debe necesitar hablar conmigo, ha pasado algo con Lily y seguro me busca por eso. Además jamás suspende un entrenamiento, será mejor que hable con él- explicó con suavidad.
Scorpius suspiró y asintió, dedicándole media sonrisa. 
-Está bien, dejaré que te secuestre hoy. Anda, ve. Chocolate y yo haremos algo aquí- respondió, mirando al perro. 
Rose asintió y se despidió con la mano, y antes de salir sonrió con suavidad al ver que el chico se había tirado en el suelo y jugaba con el cachorro, que ladraba feliz. Suspiró y pensó que le encantaría poder quedarse ahí con ellos. Pero conocía a Lorcan y estaba segura de que su mejor amigo la necesitaba, así que apartó la vista y salió de la sala antes de arrepentirse. 


Hola hola! Cómo están? :)
Bueno, se que no es un capítulo muy largo y no pasa gran cosa, pero quería centrarme en Rose y Scorpius, que aún tenían que hablar bien sobre lo que sentían, o no? En el siguiente vuelven Lily y Lorcan. En compensación ha aparecido nuestro querido Hugo XD
Espero les guste! Nos leemos en los comentarios! Abrazotes 



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