Historia al azar: Lagrimas de Sangre
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Donde gustes y cuando quieras » Capítulo quince
Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Miércoles 29 de Julio de 2020, 20:40
[ Más información ]

Capítulo quince

Capítulo quince



No estoy realmente segura de cómo sentirme,
hay algo en la forma en que te mueves,
 me hace sentir como que no puedo vivir sin ti,
y me lleva hasta el final,
quiero que te quedes.
          Stay-Rihanna ft. Mikky Ekko


Scorpius parpadeó un par de veces y abrió la boca, sorprendido por la pregunta. Rose, quieta en su lugar, lo observaba algo impaciente a la espera de una respuesta. Por fuera parecía tranquila, pero lo cierto es que tenía un nudo de nervios en medio del estómago. Menos mal que aún no había desayunado.
El rubio cerró y abrió la boca otra vez, sin lograr hilar una frase coherente. Y entonces, estornudo. No una vez, tres veces seguidas. Siempre que se ponía nervioso en extremo le pasaba eso. Rose alzó una ceja y suspiró. ¿Quién la había mandado a preguntar? Que tontería. Carraspeo y se enderezó, sin mirarlo, con las mejillas sonrojadas.
-Olvídalo. No debí preguntar eso- dijo-. Iré a desayunar.
Por fin logró mover los pies y empezó a caminar hacia la salida de la sala común, queriendo que la tierra la tragara. Scorpius, que al fin había logrado recomponerse un poco, dio un paso hacia ella y al fin logro hablar.
-Sí- soltó, con un tono casi desesperado.
La pelirroja se quedó quieta a mitad de camino, y abrió los ojos como platos. Se giró y lo miro, y vio que el chico le devolvía una sonrisa leve.
-¿Sí qué?- preguntó.
No fuera a ser que hubiera escuchado mal o algo. Scorpius dio un par de pasos más, apretando los puños dentro de los bolsillos del pantalón.
-Sí me gustas- respondió, sintiendo que de pronto las palabras salían solas. 
Al fin su cerebro y su corazón habían dejado de dar vueltas. Su mirada azul se ancló en los ojos miel de Rose, que sonrió un poco, sin moverse. Algo dentro suyo se removió, llenándole de ganas de gritar de felicidad. Al fin tenía la respuesta. 
 -¿ Y tú?- preguntó el chico.
Rose bajó la vista unos segundos al suelo, sin perder la sonrisa y sintiendo que cada vez estaba más colorada, y finalmente volvió a mirarlo.
-Tú también me gustas- respondió en tono bajo.
Pero Scorpius la escucho perfectamente, y su sonrisa se amplió. Ninguno se movió, mirándose a unos metros de distancia, y el rubio se preguntó si esos revoloteos que sentía dentro eran las conocidas mariposas que nombraba la gente cursi. Se sonrieron, y todo en ese momento pareció encajar a la perfección. Se conocían poco, se habían notado tarde, y todo era bastante repentino. Pero parecía ser perfecto así como era, como si el destino de ambos hubiera sido siempre encontrarse en ese instante de sus vidas.
Rose soltó aire, y carraspeó. Scorpius dio otro paso.
-Deberíamos ir a desayunar.
-Se hace tarde.
Ambos habían hablado a la vez, nerviosos. Porque sí, las cartas ya estaban sobre la mesa, pero ellos seguían siendo dos adolescentes inexpertos que no sabían bien qué hacer a continuación. Volvieron a sonreírse, divertidos.
-Vamos- dijo Scorpius, avanzando hacia ella. 
Rose asintió y salió de la sala, seguida del chico. Cualquier persona normal diría que ese era el momento ideal para faltar a clases y quedarse encerrados en la sala común solos, besándose como correspondía. Pero nuevamente, Rose y Scorpius caminaban casi a ciegas en ese nuevo escenario, por lo que sólo caminaron juntos, casi pegados pero sin hablar, sonriendo y disfrutando de esa calma que venía después de sacarse una confesión de encima. Ya habría tiempo de actuar, en ese momento sólo querían vivir ese pequeño instante.
Se separaron en el Gran comedor, yendo cada uno a su mesa para desayunar. 
-Que tengas un buen dio- se despidió Scorpius, sonriéndole. 
Rose pensó que esa era la sonrisa más bonita del mundo. 
-Tú también, te veo en Defensa- respondió, devolviéndole el gesto.
Scorpius pensó que esos ojos miel brillaban más que otros días, y se alegro de que fuera por él. 
El resto de la mañana fue bastante extraña para ambos. Rose desayunó casi sin ver lo que comía, y Hugo, que la conocía más que ella misma, la miró con suspicacia, pero Anne, que parecía haber entendido todo nada más ver el sonrojo leve en las mejillas de su amiga, le prohibió decirle nada. El resto estaban más dormidos que despiertos, cosa normal del lunes, por lo que ni lo notaron. En Pociones, a Scorpius le costó concentrarse, cosa rara en él que era muy aplicado, y Albus tuvo que pegarle varias paraditas bajo la mesa para que respondiera alguna pregunta del profesor que parecía no haber escuchado.
 -¿ Qué te sucede?- le susurró en un momento.
Scorpius sólo sonrió y se encogió de hombros, cosa que descolocó aún más al moreno. 
En el almuerzo, el slytherin se la pasó mirando a Rose desde su mesa, y la chica pareció no notarlo, porque comía entre risas con sus amigos, aunque parecía más feliz que otros días. Scorpius volvió a sonreír. 
En la tarde, antes de la clase de Defensa, Rose se encerró en su habitación y se apoyó en la puerta, sonriendo. Era el primer rato que tenía sola desde la mañana. Estaba contenta, ¿para qué negarlo? Ya había asumido que le gustaba Scorpius, y era correspondida. ¡Era correspondida! 
Durante los tres años que creyó sentir algo por Lorcan, había sufrido por no poder decírselo y porque el chico no parecía sentir lo mismo. Pero ahora era diferente, y ella lo sabía. No sólo porque Scorpius correspondiera sus sentimientos, sino porque todo era más real. Rose era consiente de que el Slytherin le gustaba mucho más de lo que lo había hecho Lorcan en su momento, y además todo entre ellos parecía haber fluido de forma mucho más natural, como si tuviera que ser así de un principio. Rose sabía que era distinto lo que sentía por él, y aunque aún no podía asegurar estar enamorada, lo cierto era que todo la empujaba a Scorpius, como si su mundo se hubiese llenado de él. 
Suspiró y sonrió más. Le quedaba media hora para la clase que compartía con Slytherin, y por ende con el rubio. 
Caminó hacia la cómoda y abrió uno de los cajones, sacando un neceser rosa donde guardaba los pocos maquillajes que tenia. Nunca le había gustado maquillarse, pero su madre se los había comprado para alguna ocasión en especial. Se miró al espejo y decidió que un poco no le vendría mal ese día. 
Se puso algo de base, un poco de rímel negro y un labial rosado que casi no se notaba, pero volvía sus labios carnosos más suaves. El rubor lo evito, porque desde la mañana sus mejillas tenían color natural, y dudaba que se fuera. Sonrió, conforme, y se soltó el pelo, que cayó largo hasta su cintura. Se echó perfume, cosa que no hacía nunca para ir a clases, y con la mochila al hombro salió de la sala común.
Cuando entró en la clase, ya estaban casi todos los alumnos acomodándose en sus lugares. Scorpius, sentado en la fila del medio, sonrió al verla y le señaló el asiento a su lado. Rose miró alrededor y vio que Albus se había sentado con Anne, y ambos cuchicheaban con las cabezas juntas en el pupitre de atrás. Lorcan, una mesa más allá, dormitaba sobre los libros. La pelirroja sonrió y caminó hacia el lugar de Scorpius, sentándose a su lado. 
-Hola- murmuró el chico, mirando al frente. 
-Hey- respondió Rose, sonriendo.
El profesor aún no había llegado, por lo que se giró un poco para mirar al rubio. 
 -¿ Qué tal la mañana?- pregunto.
Scorpius la miró y ella pestañeó un poco, intentando hacer notar sus pestañas maquilladas. El rubio sonrió, algo atontado por su perfume.
-Pues bien, igual que siempre. ¿Y tú?
-Bien, nada del otro mundo- respondió.
El chico asintió y volvió a mirar al frente, sin decir nada más. Rose borró la sonrisa, algo frustrada. ¿Es que no notaba que estaba diferente? Está bien que no era gran cosa, pero se le notaba el leve cambio. Miró al frente, cruzándose de brazos. Hombre tenía que ser. 
-Oye- llamó Scorpius, volviendo a mirarla.
La chica sonrió y se giró, asintiendo. Al fin lo había notado. 
-¿Hiciste la tarea? Dijo que era para hoy- continuó el rubio.
Rose frunció el ceño y otra vez borro la sonrisa, desilusionada. 
-Creo que iré a sentarme con Lorcan- murmuró, malhumorada, y se colgó la mochila, abandonando el pupitre.
Scorpius la miró algo descolocado y se rasco la oreja. ¿Qué había pasado? ¿Estaba enfadada? ¿Por qué de pronto? 
 -¿ Qué hice?- susurró para sí mismo, mirando el pupitre.
Rose soltó la mochila con brusquedad y se sentó al lado de Lorcan, que abrió los ojos sobresaltado por el ruido.
-Oye, más despacio, Rosie Pooh, estoy descansando los parpados- se quejó.
Rose lo fulminó con la mirada y se cruzó de brazos, mirando al frente con el ceño fruncido. Lorcan alzó una ceja. ¿Y ahora que le pasaba a su mejor amiga? 
-Estás demente, ¿sabías?- le susurró, ganándose un golpe en la cabeza como respuesta. 
-Auch, ¿qué haces?- se quejó el rubio, sobándose la parte golpeada con el ceño fruncido.
La pelirroja suspiró y miró a su amigo.
-Se sincero conmigo. ¿Me ves diferente?- preguntó. 
Lorcan torció la cabeza, analizándola, y sonrió.
-Linda como siempre. Pero… - olfateo el aire-. Te has puesto perfume. 
Rose sonrió, conforme. 
 -¿ Lo ves? Hasta tu que eres un bruto te das cuenta- respondió.
Su amigo frunció el ceño y le pellizco una mejilla.
-Oye- la regañó. 
En el medio del aula, Scorpius seguía con el ceño fruncido, mirando el lugar vacío a su lado con desilusión. ¿Qué había pasado? ¿Era porque no le había dicho nada sobre su maquillaje? Es decir, claramente lo había notado. Pero cuando había querido decirle algo no le había salido, para variar. Suspiró y apoyó la frente en la mesa. 
Claire, sentada en el pupitre de adelante, se giró y lo miró extrañada. 
 -¿ Qué tienes?- preguntó con suavidad.
Scorpius alzó la cabeza y la miró, apoyando el mentón en una mano.
-Tú eres mujer- señaló.
La castaña alzó una ceja y sonrió divertida.
-Eso parece- respondió.
El rubio suspiró.
-¿Qué se hace luego de confesarle a una chica que te gusta y que ella te corresponda?
-Oh, bueno, por lo general la besas y…Un momento- se frenó, abriendo los ojos al entender el contenido de esas palabras.
Scorpius la miraba a la espera de una respuesta, y Claire parpadeó, enderezándose un poco en el asiento.
 -¿ Por qué me preguntas eso? ¿Te gusta alguien? Es decir… 
 - Sí, me gusta alguien y ella siente lo mismo, pero creo que no somos muy expertos en esto y temo meter la pata- la interrumpió.
Claire soltó aire, sintiendo como la desilusión se apoderaba de todo su ser. 
 -¿ Quién es?- preguntó.
Scorpius sonrió un poco y miró a su derecha, dónde Rose le tiraba bollitos de pergamino a Lorcan. 
-Rose- respondió con suavidad.
La castaña abrió más los ojos y miró a la pelirroja. ¿Rose? Pero si le había dicho que no pasaba nada entre ellos. Bajó la vista, enmudecida. Scorpius frunció un poco el ceño al ver que no respondía y la miró con curiosidad.
 -¿ Entonces? ¿Qué debería hacer?- preguntó de nuevo.
Sin embargo, la voz femenina que respondió no fue la de Claire, sino que vino de atrás. 
-Deberías encerrarla en una habitación y besarla.
-Oye, que es mi prima- se quejó otra voz masculina.
Scorpius se giró para encontrarse dos pares de ojos, unos verdes y otros negros, mirándolo con diversión. 
-¿Desde cuándo están escuchando?- preguntó.
Albus sonrió y Anne rodó los ojos.
-Por favor, no eres muy discreto- le dijo.
-¿Hablé muy fuerte? ¿Creen que ella escucho?- preguntó el rubio alarmado, mirando hacia Rose.
La pelirroja, sin embargo, seguía peleando con Lorcan y parecía ajena a todo. Albus y Anne soltaron un suspiro a la vez, y Scorpius los miró alzando una ceja. 
-Parecen gemelos- murmuró. 
Esta vez ambos alzaron la ceja derecha, y la chica lo miró con burla. 
-Pues si avanzas un poquito te pasará lo mismo con Rosie dentro de poco- le dijo.
-Además, no hacemos cosas de gemelos, sería incesto en grado cien- acotó Albus como si nada.
Anne le pegó en el hombro y Scorpius puso cara de asco.
-Ya basta. Céntrate- dijo la chica, señalando al rubio-. Te diré lo que tienes que hacer. Rose es mi mejor amiga así que estás hablando con la persona indicada. 
El slytherin suspiró, agotado. 
-Pues está familia no me ha dado grandes consejos, no sé qué decirte- respondió.
-Si serás… - comenzó Albus, pero Anne lo interrumpió alzando una mano.
Miró a Scorpius y se cruzó de brazos, altanera. 
-Pues que sepas que si Rose se confesó contigo es porque ayer por la tarde tuvimos una charla esclarecedora. Y te repito que es mi mejor amiga, no hay nadie mejor que yo. Y soy mujer- concluyó. 
El chico suspiró de nuevo.
-Está bien, te escucho. 
Sin embargo, en ese momento entró el profesor de Defensa y tuvieron que callarse, por lo que Anne le escribió todo en un pergamino y se lo pasó disimuladamente. 



Eran las tres de la tarde, y el sol calentaba el ambiente con suavidad, logrando que el clima fuera bastante agradable para estar en otoño. En los jardines, Lily y Lorcan se encontraban sentados a orillas del lago, alejados de la sombra que proporcionaban los árboles para poder disfrutar lo más posible del sol. La clase de Defensa había acabado hacía media hora, y el rubio no tenía más clases, por lo que había ido a buscar a Lily para pasar la tarde juntos. 
Tirado en el pasto y con la cabeza apoyada en el regazo de la chica, mantenía los ojos cerrados y una sonrisa suave en los labios. En esos pocos días que llevaban juntos, Lorcan había descubierto qué cuando estaba con ella sentía una sensación de paz en el pecho, y disfrutaba cada minuto a su lado, aunque estuvieran haciendo tarea o con otra gente. La noche anterior habían tenido que enfrentar un mega interrogatorio durante la cena por parte del grupo, que como Lily había supuesto, habían oído los rumores de su "relación" que habían empezado a correr. Las reacciones fueron diversas. Albus lo había mirado de forma amenazante unos segundos, analizando por qué había decidido meterse con su hermanita, y luego había sonreído, diciendo que mejor él que cualquier otro idiota. Hugo había puesto el grito en el cielo porque su prima y mejor amiga no había sido capaz de contarle nada, y Lena, que ya estaba al tanto de los sentimientos de Lily por el rubio, lo había tenido que calmar, y luego le había sonreído a su amiga con alegría. Lysander los había felicitado a su modo teatral, pidiendo ser padrino del primer hijo. Anne les había dado bendiciones cuan cura, y finalmente, los habían dejado en paz. La única que no había estado presente era Rose, que no había aparecido por el gran comedor hasta esa mañana. Lorcan había intentado contárselo  en la clase de Defensa, pero no habían tenido tiempo, y luego su amiga había salido casi corriendo del aula. 
Lily, que leía un libro, le acarició el pelo en un gesto casi inconsciente, concentrada en las páginas del ejemplar. Lorcan abrió los ojos y sonrió un poco más. Si alguien le hubiera dicho dos años atrás que lograría que Lily le correspondiera , lo habría dudado. Pero allí estaban, conociéndose y disfrutando de estar juntos, aunque aún no fuera nada oficial. 
-Me vas a hacer mal de ojo de tanto mirarme- dijo la pelirroja, divertida y sin despegar la vista del libro. 
-¿Cómo sabes que te estoy mirando? Lo ves, no puedes concentrarte cuando estoy contigo. Mi belleza te distrae-  respondió, guiñándole un ojo.
Lily suspiró y cerró el libro, mirándolo con una ceja alzada.
-No me hagas tirarte al lago.
Lorcan bufó, divertido.
-No serías capaz.
-Ponme a prueba.
-Te gusto demasiado.
-Nadie dijo que iba a matarte, sólo te tirare para que se te bajen los humos.
El rubio sonrió más y le pellizco la mano con suavidad.
-Admítelo, me amas- le dijo.
Lily borró un poco la sonrisa, y miró el suelo unos segundos.
-No digas esa palabra con tanta liviandad- murmuró, arrancando pasto.
El rubio frunció el ceño y la miró confundido.
 -¿ Qué palabra?
Lily lo miró y suspiró.
-La palabra amar. ¿Sabes lo delicado que es eso? No deberías tomarlo a broma- respondió.
Seguía sonriendo un poco, pero Lorcan supo que no estaba tan relajada como antes. Se incorporó hasta sentarse y la miró, enredando sus dedos con los de ella.
-No creo que sea para tanto- dijo, mirando sus manos unidas-. Sólo era broma, sabes cómo soy. 
-Exacto. Te tomas todo a broma, Lorcan.
La pelirroja soltó aire, buscando las palabras adecuadas. No sabía que le pasaba exactamente, pero oír cómo el chico hablaba de amarlo con la misma liviandad con la que bromeaba sobre todo la había molestado.
-Quiero decir … lo siento, no quiero sonar brusca. Es que para mí es una palabra importante.
-Lo sé, pero no entiendo el problema. Lo siento si te molesto… solo quería hacerte reír-. Le apretó la mano y buscó su mirada-. No lo haré más. 
La pelirroja sonrió un poco y lo miró.
-¿Qué crees que es el amor?- preguntó.
Lorcan la miró algo desconcertado y ella continuó.
-Es decir, ¿crees que sientes amor por mi? ¿O solo te gusto? Sé que quedamos en no hacer tantas preguntas, pero tampoco tenemos una relación desinteresada, es decir… estamos juntos en cierto modo.
-¿En cierto modo?- la interrumpió el chico-. Estamos juntos, Lily. Dije de no ponerle título para tomarlo con calma, pero si eso es lo que quieres …
-Yo no dije eso. No necesito un título, así estoy bien, eso no cambia las cosas. Sólo digo que no bromees con el amor. 
-Ya me dijiste eso y me disculpé.
Lorcan la soltó y se rasco la cabeza, confundido. De pronto habían pasado de un momento agradable a uno extraño, y no sabía bien que quería decirle la chica.
-¿Seguro que ese es el problema?- preguntó, volviendo a mirarla.
-¿A qué te refieres?
-No lo sé, tal vez no confías en mí. ¿Crees que todo lo que te conté en el puente es mentira? ¿Qué solo quiero acostarme contigo? 
De pronto estaba enfadado. Sabía que tenía mala fama, no iba a negarlo. Pero había sido sincero con ella, le había abierto su corazón, y no le gustaba nada el rumbo que estaba tomando la conversación. Lily lo miró algo sorprendida por sus palabras, aunque algo en su pecho le decía que tal vez el rubio tenía razón. ¿No confiaba en él?
-Yo… creo en lo que me dijiste, sé que no me mentirías. Pero…
-Pero no puedo bromear sobre algo porque enseguida crees que no te tomo enserio- la interrumpió Lorcan.
Se miraron, serios. Lily suspiró y terminó bajando la vista.
-No entiendes.
-Sí entiendo. Tengo todo bastante claro, descuida- respondió él, poniéndose de pie.
Juntó la bufanda que había dejado en el pasto y se fue, sintiendo como la molestia lo invadía. ¿Para qué le había dicho lo que sentía si igualmente no hacía el esfuerzo de confiar en el? Ni siquiera estaba dándole la oportunidad. 
¿No podía bromear sobre algo que enseguida sería señalado?
Lily, aún sentada en el pasto, clavó la vista en el lago. Tenía un nudo en la garganta mezcla de angustia y enojo. Angustia porque sabía que había hecho enfadar al rubio, pero simplemente no podía evitarlo. Si bien era cierto que creía en sus palabras, no podía dejar de temer el terminar con el corazón roto. Era lo único que le hacía ruido en el pecho. La realidad era que había visto a Lorcan desfilar con cuánta chica linda se cruzaba los últimos años. Lily, que siempre había sido madura para su edad, sentía por primera vez que la desconfianza la estaba perjudicando y que no podía controlar sus sentimientos; pero de momento no iría tras él. Necesitaba respirar y aclarar su mente antes de avanzar. 



Rose cerró el libro de Encantamientos y lo guardó en la mochila al igual que el resto de los útiles. Eran las siete de la tarde y por fin había acabado el día en cuanto a clases. Los lunes tenía mucha carga horaria y terminaba agotada. Se puso de pie y salió del aula junto a Anne, que bostezaba, y Lysander, que iba estirando los músculos de la espalda. Era la única clase que compartían con Revenclaw ese año.
-Quiero dormir hasta el fin de semana- se quejó la castaña, arrastrando los pies.
-Yo quiero un buen sandwich de albóndigas para recuperar energía- comentó Lysander, sonriente. 
Rose sonrió y abrió la boca para soltar alguna tontería ella también, pero entonces se quedó quieta a mitad de camino, parada en la puerta del aula. Frente a ella, apoyado en el muro de piedra, Scorpius le sonreía con las manos en los bolsillos. La luz anaranjada del atardecer que entraba por los ventanales le bañaba el rostro, creando una imagen casi irreal. 
-Hey, te estaba esperando- dijo el rubio, sin moverse.
La chica parpadeó un par de veces, sintiendo el ya conocido revoloteo en su estómago. Lysander le tocó el hombro con un dedo.
-Oye, tú, estorbas mi camino hacia el sandwich- le dijo.
Rose se corrió, reaccionando al fin, y entonces él y Anne pudieron salir. La castaña pareció despertarse un poco al ver a Scorpius, y enseguida sonrió con complicidad. 
-Vamos, Lys, dejemos a este par hacer de las suyas- le dijo a su amigo.
El Revenclaw frunció el ceño, mirando a Rose, que sonreía apenas y tenía los ojos puestos en el slytherin. 
 -¿ Qué significa …
 - Camina.
Anne lo tomo del brazo y se lo llevó, mientras el rubio protestaba. Cuando se perdieron por el pasillo, Scorpius se enderezó y se acercó un par de pasos a Rose.
-¿Vamos a la sala común?- preguntó, sin dejar de sonreír. 
La pelirroja asintió, y comenzaron a caminar casi pegados.
 -¿ Qué tal la clase?- preguntó el rubio.
Rose lo miró con curiosidad.
 -¿ Viniste a buscarme?
Scorpius asintió.
-Sí, para ir juntos. No tengo más clases hoy y termine las tareas. ¿Hice mal?- preguntó, confundido.
Anne había sido clara en el primer punto anotado en el pergamino. 
1.Claramente, si te gusta querrás pasar tiempo con ella. Así que busca esos espacios, cuídala, pregúntale por sus cosas, acompáñala. Rose valora las pequeñas cosas cotidianas y te servirá para romper el hielo ya que son dos mensos. 
Rose sonrió y miró al frente. 
-Claro que no, sólo que nunca me esperas para ir a la sala común. Supongo que me sorprendió. 
Scorpius se acercó un poco y antes de arrepentirse, la tomó de la mano y entrelazó sus dedos sin dejar de caminar. Rose miró el gesto algo desconcertada, y finalmente sonrió, con las mejillas rojas, pero no dijo nada.
-Las cosas han cambiado un poco entre tú y yo. No te sorprendas, te estaré esperando siempre que pueda- respondió el chico sin mirarla.
La Gryffindor sonrió más, mirando al frente mientras sentía la calidez de esa mano grande rodeando la suya. El camino hacia la sala común continuó en silencio, y al igual que esa mañana, se dedicaron a disfrutar esa calma que parecía rodearlos. Se cruzaron varios alumnos que miraron algo sorprendidos sus manos juntas, y enseguida se pusieron a cuchichear, pero a ninguno le importó demasiado. No tenían intención de ocultar nada.
Cuando llegaron, Chocolate los recibió moviendo la cola con felicidad y ladrando mientras pedía upa. Scorpius lo alzó y miró alrededor. Esa vez solo había un almohadón destrozado en el suelo.
-Creo que está aprendiendo- dijo, resignado. 
-Y ha hecho pis en los diarios- señaló Rose, rascándole las orejas al cachorro-. Bien hecho.
Chocolate ladró de nuevo y peleó por bajarse, por lo que Scorpius lo soltó y el fue en busca de su pelota para jugar. Rose sonrió con ternura y se la tiró. Luego miró al rubio, que juntaba pedazos de vellón del suelo.
-Iré a ducharme y bajo- le dijo.
Scorpius le sonrió y asintió. 
Mientras se bañaba, no podía dejar de sonreír. La cosa estaba extraña, no iba a mentirse. Se habían dicho la verdad pero aún no habían hablado propiamente de nada, y tampoco se habían acercado mucho. Rose recordó su enfado de esa tarde, cuando el rubio ni siquiera había notado su maquillaje, y sonrió más. Sabía que era una tontería, de hecho se le había pasado al rato. Y luego, al verlo ahí esperándola, y cuando la había tomado de la mano, la calidez dentro suyo se había expandido aún más. Eran gestos simples y pequeños, pero para ella eran importantes. 
Abajo, Scorpius prendió la última vela blanca y la apoyó sobre la mesita del centro, mientras Chocolate dormitaba a sus pies. 
2.Tienes que crear un ambiente dónde ambos se sientan cómodos pero que sea especial. Rose no es excesivamente romántica y asumo que tú tampoco, pero hay cosas sutiles que ayudan. Piénsalo. Unas velas, comer juntos algo agradable, lo que sea. 
Rose bajó las escaleras, vestida con un jean y un suéter rosa y con el pelo húmedo, y se quedó quieta al ver que la sala estaba totalmente a oscuras salvó por una luz cálida que provenía del centro y acompañaba el fuego de la chimenea. Los candelabros estaban apagados, pero en la mesita que rodeaban los sofás, un pequeño grupo de velas encendidas le daba a la atmósfera un color agradable e íntimo. Miró a Scorpius, que a su vez la observaba sentado en el sofá, algo nervioso. 
-¿Y eso?- preguntó la chica, caminando hacia él.
Sonrió divertida al ver que el rubio parecía nervioso.
-Bueno… es más lindo así, ¿no crees? He pensado que podíamos cenar aquí, solos. Puedo buscar algo en las cocinas y….
-Me parece perfecto.
Rose le sonrió con dulzura, y él tuvo la leve sensación de que le picaban las manos por acercarla. La pelirroja miró las velas y se sentó en el sofá, a su lado. 
 -¿ Quieres que yo busque la comida?- le preguntó. 
Scorpius negó y la miró, anclado en las sombras tenues que creaba la luz de las velas en su rostro. 
-Yo iré. ¿Qué te traigo?- le preguntó con suavidad.
La chica se encogió de hombros.
-Lo que quieras, da igual. 
El rubio asintió y se quedó mirándola unos segundos más, hasta que logró ponerse de pie. Por Merlín, esa chica iba a acabar con su sensatez. 
Un rato después volvía a la sala común con una bandeja con comida. Lila lo había ayudado un poco, y le había preparado dos platos de bistec con puré y unos pequeños postres de chocolate, alegando que esa era una cena romántica por excelencia. Claro que antes de eso había chillado un rato de contenta al ver a Scorpius, y un poco más cuando el chico le comento la situación. 
"Lila está feliz. Lila quiere que se casen y tengan muchos bebés, Lila los cuidara muy bien", había dicho entre saltitos. 
Scorpius sonrió divertido al recordar la escena, y abrió la puerta intentando no tirar nada. 
Adentro, Rose se acurrucaba en el sofá, acariciando la cabecita de Chocolate, que aún dormía. Sonrió al verlo y se puso de pie para ayudarlo, y entre ambos acomodaron todo sobre la mesa grande. 
 -¿ Crees que deberíamos encender las luces?- preguntó el chico.
 - Oye, no, me gusta así- respondió Rose.
Luego busco algunas velas y las acomodó en la mesa, junto a la comida, iluminando más el lugar. Scorpius sonrió y se sentaron a comer.
-Vaya, que pinta tiene- comentó la pelirroja, oliendo el plato frente a ella. 
-Lila dijo que es su especialidad- respondió Scorpius mientras le servía jugo. 
Rose sonrió al pensar en la elfina, y probó un trozo de bistec que le lleno la boca de un sabor intenso. 
-Mmm, es delicioso- dijo, cerrando los ojos.
Scorpius se quedó con el tenedor a mitad de camino, mirándola fijo. La chica abrió los ojos y lo observó algo desconcertada al ver que la miraba casi sin pestañear.
 -¿ Qué sucede?- preguntó.
El slytherin parpadeó y bajó el tenedor.
-No hagas eso o no dejaré que termines de comer- murmuró, bajando la vista al plato. 
Rose frunció el ceño.
 -¿Que no haga qué?
 - Eso, no saborees así la comida, es demasiado… atractivo- respondió el rubio, intentando explicarse.
Rose sintió enseguida las mejillas calientes, y tosió un poco, bajando la vista. Scorpius había empezado a comer como si nada, y ella se preguntó si estaba disimulando o estaba igual de nervioso. Luego, para variar, decidió que hacerse la tonta era lo mejor para salir del paso. 
-Oye, con mi comida no te metas. Puedes morir si lo haces- le dijo, señalándolo con el tenedor-. La comida es lo más sagrado para mí, la necesito para crecer y además…
Scorpius suspiró y sonriendo un poco, le metió un pedazo de carne en la boca con suavidad, callándola. Rose mastico sorprendida y cada vez más colorada. 
-Come o se enfriará- dijo el chico, divertido. 
La pelirroja soltó aire, tragando la comida y preguntándose cómo Scorpius de pronto sólo decía y hacia cosas románticas que le aceleraban el corazón. Bueno, ¿era lo normal, no? Sólo estaba sorprendida. 
Para su tranquilidad, cenaron con calma y el ambiente se volvió normal enseguida. Tenían la ventaja de conocerse de antes y de haberse hecho amigos primero, por lo que no les faltaban temas de conversación y pronto estuvieron riéndose de tonterías, tirándose migas de pan y peleando por quién le daba de comer a Chocolate, que ya se había levantado y olfateaba el aire en busca de un trozo de bistec. 
Un rato después ya era noche cerrada y habían vuelto a encender los candelabros. Rose lo había convencido de leer la novela de terror que se había comprado juntos, para que así " veas lo genial que es sentir miedo". Scorpius, que sabía bien que no se asustaba con nada, había rodado los ojos pero terminó accediendo. Empezaba a descubrir que no podía decirle nunca que no a esa chica.
Así que allí estaban, acurrucados en el sofá, uno al lado del otro pero sin tocarse, con las piernas tapadas por una manta y Chocolate durmiendo a sus pies. Rose leía en voz alta, haciendo voces y exclamaciones que provocaban que el chico la mirara con burla, sobre todo cuando ella misma se asustaba al leer algúna escena y le pasaba el libro con los ojos cerrados.
-Mejor lee tú esa parte- decía, aterrada.
Scorpius tenía que reconocer que el libro era bueno, pero sobre todo, era muy divertido ver cómo la valiente gryffindor casi que se escondía bajo la manta cuando él leía. 
En un momento en que ella tenía el libro, se quedó anclado mirándola, concentrada en lo que leía. Sentía que podría estar horas mirándola sin cansarse, y todo su cuerpo reclamaba acercarla más a él. Se enderezó un poco en el sofá y estiró el brazo, intentando ser sutil, aunque Rose estaba tan concentrada en lo que leía que ni se mosqueo. El rubio estaba a punto de rodearla con su brazo, pero entonces la pelirroja cerró los ojos con miedo y volvió a extenderle el libro, asustada. 
-Otra parte horrible, es ahora cuando matan a la protagonista, estoy segura- dijo, sacudiendo el libro frente a él-. Tómalo, tómalo. 
El chico resopló, le sacó el libro y antes de que pudiera reaccionar, paso el brazo por sus hombros y la atrajo hacia él, abrazándola contra su pecho. Rose abrió los ojos, sorprendida, y se quedó quieta sintiendo ese aroma suave y masculino que desprendía el rubio. 
-Así te dará menos miedo. Yo leo a partir de ahora- dijo Scorpius, tomando el libro con la mano libre y acariciándole apenas la espalda con la otra.
Rose, aturdida, se dejó hacer y terminó relajándose en su regazo, sonriendo como boba y olvidando incluso el miedo. Scorpius leía pero ella ya no lograba concentrarse. 
 -¿ Te has aburrido?- preguntó el chico, mirándola-. Hace rato que no saltas de miedo. 
Rose miró hacia arriba y sonrió.
-Mejor seguimos mañana. ¿Quieres tomar algo?- le preguntó.
Scorpius dejo el libro a un lado y sonrió un poco.
-Sí, Lila me dio café. Pero tengo cerveza arriba si quieres, me da igual. 
La pelirroja se quedó unos segundos en blanco, analizando la situación, y su sonrisa se borró al instante. ¿Cerveza? ¿Es que la única manera de acercarse a ella era alcoholizado o dormido? Bueno, técnicamente la estaba abrazando, pero aún así no quería alcohol de por medio.
Scorpius la miró algo desconcertado cuando se enderezó en el sofá, alejándose un poco, totalmente seria. Y no tardó mucho en comprender lo que pasaba. Sonrió un poco y suspiró, mirando a la chica, que había cruzado los brazos y miraba al frente. 
-Oye- llamó con suavidad, acercándose un poco-. Hay algo que podemos hacer sin necesidad de alcohol.
Rose lo miró, alzando una ceja, y ese par de ojos azules que la miraban muy cerca le hicieron olvidar en enojó momentáneo. Soltó aire y algo en su estómago vibró. Scorpius alzó una mano y le acarició la mejilla con suavidad, y acercó el rostro despacio, como si temiera espantarla. Rose bajó la vista y la ancló en sus labios con anticipación, sintiendo que el corazón se le salía del pecho. El chico cerró los ojos y se inclinó, dispuesto a acortar los poco centímetros que quedaban, y entonces Chocolate soltó un ladrido agudo y ambos pegaron un salto y se separaron, sobresaltados. Rose miró al perro y vio que este ladraba a la ventana, enseñando sus pequeños dientes. 
-Es una lechuza- señaló Scorpius, mirando hacia allí.
La pelirroja vio que efectivamente una lechuza blanca golpeteaba el vidrio pidiendo entrar, y la reconoció enseguida. 
-Es de Lily- dijo confundida, mientras se ponía de pie para abrirle.
Scorpius alzó al cachorro para evitar que persiguiera al ave y le acarició las orejas, aunque el perro peleaba por bajarse. Rose tomó el pergamino de las patitas de la lechuza y le dio un par de dulces. ¿Qué querría su prima a esas horas? Abrió el papel con curiosidad.
Rosie, siento la hora. No estoy muy bien, ha pasado algo y necesito a mi prima favorita. Si puedes búscame en la torre de astronomía. Lils. 
Suspiró y miró a Scorpius. 
-No sé qué ha pasado, dice que necesita verme- explicó.
Se miraron, resignados. Rose estaba preocupada, Lily no solía escribir o pedir ayuda por cualquier cosa. Pero también quería quedarse ahí con Scorpius, más precisamente retomar lo interrumpido. Pero sus valores no iban a permitirle ignorar a su prima, por lo que sonrió y se encogió de hombros.
-Iré a verla, lo siento. Tal vez no tarde mucho- dijo con suavidad.
El chico no respondió, y ella se encaminó a la salida. Scorpius, en su interior, tenía una mezcla de enojo con la vida por no dejarlo besar a Rose en paz, resignación ante su mala suerte y ganas de patear algo. Sin embargo, el tercer punto de la lista de Anne vino a su cabeza, terminando de despertarlo.
3.Nunca, jamás de los jamases, dejes de hacer lo que sea que sientas. Tienes que besarla, abrazarla, tirarte encima, lo que sea. Si dejas pasar esos momentos será difícil retomarlos con naturalidad, y además… SÉ HOMBRE. O vendrá otro tonto y te la quitará. 
Scorpius alzó la vista y soltó al cachorro, que llorisqueo al ver que la lechuza ya se había marchado. Sintió la resolución invadirle el pecho, y enderezó la espalda.
-Rose- llamó.
La pelirroja, que ya estaba con la mano en el picaportes se giró y lo miró interrogante. El rubio caminó hacia ella, tan rápido que no pudo ni reaccionar, y cuando se quiso dar cuenta estaba apoyada en la puerta, acorralada por los brazos de Scorpius, que la miraba a pocos centímetros. El chico tragó saliva y ancló sus ojos en los de ella.
-Dejaré que seas buena prima. Pero antes… voy a besarte. Aunque se caiga el cielo ahora mismo- susurró con determinación. 
Bajó la vista a esos labios carnosos que lo habían hipnotizado desde un principio, y antes de que algo sucediera, la besó. 
Rose cerró los ojos enseguida, envuelta en esa sensación dulce y suave de sus labios unidos, al igual que aquella primera vez. Pero esa noche era distinto. Porque ambos estaban despiertos y muy consientes de lo que sentían. 
Scorpius bajó los brazos y posó sus manos a menos lados de su rostro, acercándola más mientras profundizaba el beso. Rose, que ya no estaba segura de dónde estaba el suelo, se aferró a su espalda y le respondió, sintiendo la suavidad de sus labios y como sus alientos se mezclaban, aturdiéndolos. Se besaron con calma, conociéndose de a poco, disfrutando cada centímetro del otro. Cuando sus lenguas se encontraron con la misma suavidad, Scorpius la apoyó despacio contra la puerta, tomándola de la cintura como si quisiera fundirse con ella para que no se le volviera a escapar nunca más. Rose decidió ese día que así deberían ser todos los primeros besos, y que aunque la vida los separara, nunca encontraría un beso mejor que ese. 
Se separaron cuando el aire escaseaba, y se miraron con los ojos brillantes y las frentes juntas, intentando respirar. Scorpius sonrió y la soltó de a poco, aunque le costó un mundo hacerlo, y Rose le devolvió la sonrisa, sintiendo frío al separase de el. 
-Ahora sí puedes ir- dijo el chico, señalándole la puerta. 
La pelirroja sonrió aún más y le pegó en el brazo con suavidad.
-Ahora me cuesta el doble- se quejó, divertida. 
-No me hagas secuestrarte aquí. Mira que por mi Lily puede quedarse esperando- respondió el rubio.
Metió las manos en los bolsillos del jean porque de lo contrario no iba a dejarla irse, y Rose le sonrió con dulzura. 
-Volveré apenas pueda- respondió.
Luego salió de la sala antes de arrepentirse, y mientras caminaba hacia la torre de astronomía apoyo la mano en su pecho, sin dejar desonreir. Aún sentía la calidez en los labios, y tuvo ganas de ponerse a gritar, pero se contuvo. Ya era suficiente con su corazón desbocado, que seguramente podía escucharse por todo el colegio.



Cuando entró en la torre de astronomía encontró a su prima apoyada en uno de los ventanales, mirando hacia afuera. Rose se acercó aún con una sonrisa tonta en los labios y se apoyó a su lado, tirándole con suavidad de un mechón de pelo. Lily la miró algo sorprendida, como si no la hubiera escuchado entrar, y sonrió un poco al verla. 
-Gracias por venir, Rosie. Siento la hora- se disculpó con suavidad.
Rose la observó detenidamente, y se dio cuenta enseguida que su prima estaba triste. Primero porque la conocía bien, y segundo porque podía contar con los dedos de una mano las veces que la había visto así. Lily solía ir por la vida con una sonrisa y no tenía grandes problemas. 
-No pasa nada. Cuéntame- le dijo.
La menor soltó aire y miró al cielo, que esa noche estaba totalmente despejado. 
-Hay algo que no te conté. Bueno, que no te contamos- respondió.
Rose la observó unos segundos en silencio, y luego sonrió un poco, apoyando la cabeza en el vidrio. 
-Si te refieres a lo tuyo con Lorcan, ya lo sé. He oído los rumores y también tuve que amenazar a un grupito de Huffies de cuarto que te estaban defenestrando en los baños. No volverán a hacerlo, descuida- dijo divertida. 
Lily la miró sorprendida.
 -¿ Lo sabías y no nos dijiste nada? 
Su prima asintió, sin perder la sonrisa. 
-Estaba esperando que alguno de los dos se dignara a contármelo- respondió, encogiéndose de hombros.
 Lily bajó la vista, avergonzada.
-Lo siento, no encontramos el momento. En realidad no le dijimos a nadie, nos vieron en la cancha juntos y…
-Yo no soy nadie- la interrumpió Rose-. Pero descuida, asumo que tuvieron sus razones. No me ha sorprendido de todas formas.
La chica a su lado suspiró y se sentó en el suelo, abrazando sus rodillas. Rose, que ya se imaginaba lo que podía estar pasando, se sentó a su lado con una mueca de resignación. 
-¿Ya ha metido la pata? Por Merlín que dura poco- murmuró, mirando al techo.
Lily la miró y tuvo ganas de llorar, como le había sucedido desde la tarde, pero se contuvo.
-Creo que yo he metido la pata- confesó.
Rose la miró con curiosidad.
-Cuéntame desde el principio.
Y Lily le contó. Todo. Cómo se habían acercado ese año, el inicio de sus sentimientos y la confesión de Lorcan. En ese punto Rose miró al frente, con los ojos bien abiertos, y soltó aire mientras procesaba la información. ¿Su mejor amigo de toda la vida había estado enamorado de su prima por años y ella recién se enteraba? 
-¿Qué clase de amiga soy?- susurró-. Nunca me contó nada. 
Lily negó con la cabeza y la miró con comprensión.
-No le contó a nadie que yo sepa, ni siquiera a Lysander. Y no sé si estaba enamorado, solo le gustaba y no me lo dijo, fui la primera chica en la que se fijó…
-Está bien, no te preocupes. Lo hablaré con él. Ahora la charla es contigo- dijo Rose, sonriéndole-. Continúa. 
La menor miró al techo, buscando las palabras para explicarse. 
-La cosa es que ese día quedamos en dejar fluir todo y conocernos de a poco como dos chicos que sienten algo. Pero… soy idiota y no logro confiar en él- concluyó.
Las ganas de llorar volvieron, sumadas a la impotencia que sentía por no poder aclarar su cabeza. Rose la miró con comprensión, analizando las emociones que reflejaba el rostro pecoso de su prima. Lily le contó bien lo sucedido esa tarde en los jardines y ella la escucho en silencio, analizando la situación.
-Es decir… sé que lo dijo en broma. Pero algo me hizo ruido al oírlo. Ha sido un mujeriego los últimos años, tiene a todo Hogwarts detrás y… creo que tengo miedo de salir lastimada. 
Rose sonrió y le apretó una mano con suavidad.
-Entiendo perfecto lo que te sucede.
Suspiró y miró sus manos unidas, pensando una manera sutil pero clara de hablarle. 
-Lorcan es especial. Sabes que es una gran persona. ¿Recuerdas cuando murió mi abuela Jane? Durmió conmigo las siguientes noches cuando volvimos al colegio. Se quedaba conmigo en los sofás de la sala y me contaba tonterías hasta que lograba dormirme. 
Sonrió, rememorando esas épocas, y Lily compartió el gesto.
-Es un gran amigo. Pero también es despistado, olvida cosas y a veces no se sabe expresar. Y es hombre, lo cual suma un plus. Pero… no puedo hablarte respecto a cómo es enamorado, no hemos hablado nunca de eso. Cuando creía sentir algo por él… tenía el mismo miedo que tú.
Se miraron con entendimiento, aunque sabían que no era la misma situación.
-¿Y si me correspondía y terminaba lastimada porque me engañaba? ¿Y si me decía que no estaba a la altura de las chicas con las que salía habitualmente? Claro que también el miedo era doble porque podía perderlo como amigo. 
-¿Alguna vez lograste superar ese miedo? Es decir, cuando decidiste decírselo tal vez- preguntó Lily. 
La mayor sonrió y se encogió de hombros.
-Lils, lo mío no era amor, estaba confundida por esa belleza abismal que tiene y por la relación cercana que mantenemos. Así que mi miedo no era como el tuyo, era más infantil. Lo tuyo es amor.
La miró con tranquilidad y su prima bajó la vista, dándose cuenta que Rose tenía más capacidad de decirlo que ella.
-Es amor y por eso pelearon. Porque lo de él también es amor. De lo contrario no sé habría enojado contigo por no confiar. Es más - dijo Rose, alzando un dedo-. Jamás te habría armado un cuento de amor pasado sólo por conquistarte. Porque tú, Lily, eres su amiga aunque no hayan sido tan cercanos, y eres parte de su familia. Y sabes que Lorcan se corta una mano antes que dañar a alguien de su círculo, al menos de forma consiente. Así que….
Le apretó la mano y sonrió. 
-Tú eres especial, enana. Te quiere de verdad, al menos eso entiendo por lo que me has contado, aún debo hablar con él. Sólo creo que no se han sabido comunicar… Entiendo poco de relaciones, pero sé que la confianza es la base en todas. 
-Lo sé, es culpa mía- se lamentó Lily, bajando la vista al suelo.
-No, tu reacción es lógica- la consoló su prima, abrazándola-. Creo que cualquiera podría entenderte, no es tan extraño. Pero también lo entiendo a él. Tienen que sentarse a hablar, e intentar entenderse. Ponerse en el lugar del otro es un buen recurso. Estoy segura de que podrán solucionarlo. 
Lily se abrazó a ella, dejando que su perfume floral la consolara, como cuando eran pequeñas. Rose siempre había sido un sostén, incluso cuando había conocido a Lena, su prima no había perdido el lugar de importancia que tenía. Rose le acarició el pelo y se separaron, sonriendo.
-Hablaré con él. 
-Está bien, pero hazlo cuando estés lista. Tienes que tener claro lo que le dirás o será en vano- aconsejo Rose. 
Lily asintió y apoyó la cabeza en la pared.
-Gracias, sabía que hablar contigo me aliviaría. ¿Tú estás bien? Te noto distinta- dijo, mirándola con más atención. 
Su prima asintió y sonrió más, y Lily pudo ver cierto brillo en sus ojos miel. 
-Suéltalo- dijo, señalándola con un dedo.
Rose suspiró, carraspeó y le contó todo. Al finalizar, Lily sonreía contenta.
-Ya era hora- murmuró, guiñándole un ojo.
Rose resopló.
 -¿ Todo el mundo lo notaba?
 - Es que son muy obvios los dos. Pasan tiempo juntos, se miran, siempre que estás con él te ríes. Y noté tus celos la otra vez que estaba con Nott. Era cuestión de tiempo.
Le sonrió y le apretó la mejilla con cariño.
-Me alegro por ti. 
-Gracias, Lils. Creo que ambos debemos aprender mucho aún, todavía estoy procesando haber pasado de creer que viviría toda la vida queriendo a mi mejor amigo a darme cuenta que Scorpius se convirtió en algo especial de un momento a otro. En parte eso fue lo que me dio la pauta para entender que con Lorcan no sucedía nada.
-¿Descubriste que Scorpius es más guapo?- le preguntó Lily con diversión.
Rose le pegó un golpecito en la rodilla, igual de divertida. 
-No soy tan superficial. Pero hablando enserio…
Se quedó callada, analizando lo que su cabeza quería decir. Lily sonrió comprensiva.
-Hablando enserio, no sólo te gusta Scorpius, sientes algo más profundo por él que solo eso. ¿Acerté?
Rose se quedó unos segundos en silencio, y finalmente asintió. 
-Aún no se si llamarlo amor, pero… de pronto pasamos de no hablar jamás a estar todo el tiempo juntos, al principio me lo encontraba en todos lados. Y todas esas veces me ayudó de alguna manera. Creo que convivir en un mismo espacio terminó de acercarnos, y ahí descubrí que somos muy compatibles. Y de pronto estaba celosa, buscaba pasar todo el tiempo con él y si algo pasaba, bueno o malo, quería correr a contárselo. Claro que va más allá de lo físico.
-Aunque es un bombón, todo hay que decirlo- acotó Lily.
Rose sonrió y su prima suspiró, apoyando la cabeza en su hombro.
-Mira tú, nos hemos enamorado a la par. Aún recuerdo cuando le preguntamos a Vic qué era el amor. No sé cuántos años teníamos entonces, pero éramos chicas aún. 
-Teníamos doce- respondió Rose.
-¿Recuerdas que nos respondió?- preguntó Lily, volviendo a sonreír. 
Su prima asintió y carraspeó, intentando imitar la voz de Victoire.
-" El amor es… bonito y complicado. Sólo sé que te hace querer chillar y reír, te sientes idiota y a la vez da terror porque puedes sufrir. En definitiva…
-… No tengo ni puta idea"- completo Lily.
Se miraron y soltaron una carcajada.
-La única vez que la oí decir una mala palabra- se rió Rose.
Se quedaron un rato mas allí, recordando anécdotas y hablando de todo un poco, hasta que decidieron que era hora de volver. 
-Oh, casi lo olvido- dijo Lily de pronto, cuando estaban a punto de despedirse-. El profesor Lewis me pidió hoy que te diera esto.
Le extendió un pergamino doblado y Rose lo tomo con algo de miedo. Lewis la odiaba, no estaba segura de querer ver qué decía. 
-Está bien, gracias Lils.
-De nada, descansa. Y gracias a ti por todo- dijo la chica, abrazándola. 
-Cuando quieras.
Su prima sonrió y se fue, y ella comenzó a caminar los pocos pasos que le quedaban hasta la sala común, mientras abría el pergamino. 
Weasley:
              No sé si te has enterado porque sueles vivir en las nubes, pero Hogwarts cuenta con un programa de tutorías dadas por alumnos a otros que requieren mejorar sus notas. No hace falta decir que ese es tu caso con mi materia, claro.
Así que a partir de mañana, tendrás clases extra con uno de tus compañeros. Se trata del señor Finnigan, quien es excelente en la materia y se ha mostrado encantado de ayudarla. Debes estar a las diez en mi despacho para la clase. Y pobre de ti que llegues tarde o no asistas, estaré al tanto de todo. 
     Profesor Rogelio Lewis

Rose resopló, arrugando el pergamino. No es que le molestara la tutoría, por lo menos no le había tocado con alguien desconocido y le vendría bien para mejorar. Le molestaba que hasta por escrito ese profesor destilaba desprecio. 
 -Con ese nombre ridículo quien no estaría amargado- refunfuñó.



Ahora sí me pueden amar. SE HAN BESADO AL FIN, ALABADO SEA MERLIN
En fin, les gustó? Entienden a Lily? Quieren un Scorpius de regalo igual que yo?
Nos leemos! Abrazos y gracias como siempre por tanto apoyo!! :)
 



« Capítulo catorce Comenta este capítulo | Ir arriba Capítulo dieciséis »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.