Historia al azar: The Fate of Remus Lupin
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Donde gustes y cuando quieras » Capítulo catorce
Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Miércoles 29 de Julio de 2020, 20:40
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Capítulo catorce

Capítulo catorce
Se rascó la oreja, como hacía siempre que necesitaba pensar o analizar algo. Hacía pocos minutos que Rose había huido arriba, y él se encontraba apoyado en el ventanal, con la vista perdida en el paisaje, intentando recordar.
¿La había besado? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo podía no acordarse de eso? ¡Por Merlín, era irónico! Suspiró, apoyando la frente en el cristal, y cerró los ojos. Intuía lo que podría haber sucedido. No sabía cuando había sido, pero seguramente le había dado uno de sus ataques de sonambulismo. De otra forma se acordaría de ese beso, y la pelirroja había dicho algo de que estaba dormido. 
"¿De verdad, Scorpius? Con las ganas que tienes de besarla, vas y lo haces dormido", reprochó una voz muy parecida a la de Hugo Weasley en su mente. Es que enserio, ¿cómo podía haber pasado eso? 
El chico soltó aire, y se enderezó, mirando hacia arriba con cara de circunstancia. ¿Debía ir a hablar con ella? Eso, la obligaría a contarle todo. Dio un par de pasos, decidido, pero luego se frenó. No era buena idea. Rose era capaz de tirarle algo por la cabeza. Y además, estaba avergonzado. La besó y no lo recordaba, ni siquiera un poco. La chica debió sentirse mal luego de eso, aunque no se lo hubiese reclamado. 
Scorpius suspiró y se sentó en el sofá, sintiéndose agotado de pronto. 
A la mañana siguiente, se despertó a las siete, y no pudo volver a dormir pese a que era domingo. Seguía dándole vueltas al tema, y había soñado cosas extrañas, cómo que corría tras Rose intentando besarla pero ella se alejaba burlándose de él. Se levantó dos horas después, harto de dar vueltas en la cama.
Mientras se cepillaba los dientes mirándose en el espejo del lavabo, volvió a intentar recordar el beso, aunque sabía que era casi imposible. Entonces, Rose apareció en la puerta del baño, que él había dejado abierta, y Scorpius se quedó quieto, mirándola con cara de idiota, el cepillo en la boca lleno de pasta dental. La pelirroja se cruzó de brazos, aún en pijama, y lo miró con una ceja alzada, sin decir nada, cosa que le dio la pauta al rubio de que estaba de muy mal humor. 
Eso pareció hacerlo reaccionar, porque salió del baño con rapidez, sin enjuagarse la boca y aún con el cepillo.Rose se metió dentro y cerró de un portazo que lo hizo saltar en su lugar. 
Scorpius se sacó el cepillo de la boca y suspiró, escupiendo pasta. Encima estaba enfadada. Y con toda la razón del mundo.
Un rato después, él se encontraba sentado en el sofá, en pijama aún y mirando la nada, con Chocolate dormitando en su regazo. Había visto a la Gryffindor salir del baño y subir en silencio,  seria y con pasos fuertes, golpeando puertas en el proceso. Y ahora la chica acababa de bajar de nuevo, ya vestida y peinada, y caminaba hacia la salida con decisión. Entonces el rubio decidió dejar de ser idiota y decir algo, por lo que se puso de pie y carraspeó, sosteniendo al cachorro. 
 -¿ Vas a desayunar?- soltó lo primero que se le vino.
Rose se frenó con la mano en el picaporte, y se giró, mirándolo de arriba abajo con los brazos cruzados. 
-Sí, es lo que hace la gente a éstas horas- respondió con tono neutro. 
Scorpius estaba seguro que prefería el tono enfadado a ese, daba menos miedo. Sonrió apenas con inocencia. 
-Cierto- respondió. 
Luego no tuvo mejor idea que alzar al cachorro en el aire, mostrándoselo a la chica, y soltar otra idiotez.
-No olvides que en la tarde tengo prácticas en la enfermería, para que te quedes con Chocolate. Aún es pronto para dejarlo solo.
Nada más ver la cara de Rose, supo que acababa de meter la pata. La pelirroja frunció tanto el ceño que podría haber quedado con esa mueca de por vida, resopló y lo señaló con un dedo. 
 -¿ Olvidar?- dijo, pronunciando la palabra con furia contenida.
Scorpius parpadeó, mientras ella se acercaba un par de pasos sin dejar de señalarlo. Chocolate había abierto sus ojitos miel y miraba la escena confundido. 
-No eres la persona más indicada para hablarme a mi de olvidar algo. ¡Caradura!- chilló.
Tanto Scorpius como el cachorro pegaron un salto ante el último grito, mientras ella se paraba frente al rubio con las manos en las caderas. Scorpius abrió la boca, sin saber qué responder. 
-Bueno, yo… sólo decía que…
- Ah, no no, descuida- interrumpió Rose-. Yo no olvido cosas importantes. 
El slytherin suspiró, abrazando al cachorro en un intento de defenderse de las chispas que parecían lanzar los ojos de la chica. 
-Está bien, es cierto, tú eres responsable y…
-¿Sabes qué?- volvió a interrumpir Rose-. Vamos a hacer que recuerdes. 
Dicho eso dio media vuelta y subió las escaleras, dejando a Scorpius con cara de no entender nada. El rubio miró al cachorro.
 -¿ Debería asustarme?- le preguntó. 
Chocolate soltó un ladrido a modo de respuesta, y entonces se oyeron pasos en las escaleras y la pelirroja volvió a aparecer, llevando en las manos una botella de Whisky de fuego y un vaso. Se sentó en la mesita del centro y lo miró.
-Siéntate ahí- ordenó. 
Scorpius parpadeó un par de veces pero sabía que mejor era no discutir, por lo que se sentó frente a ella en el sofá, mirando el whisky con desconcierto. Rose agarro a Chocolate y lo puso en su regazo, dándole al chico el vaso y la botella.
-Dicen que el sonambulismo se parece a veces a cuando uno está borracho, por eso se hacen cosas sin sentido o no se recuerda al día siguiente nada de lo sucedido- explicó.
Luego señaló la botella.
-Así que empieza a beber- concluyó, rascando las orejas del perro. 
Scorpius miró de ella a la botella, aún desconcertado. 
 -¿ De dónde sacaste whisky?- preguntó.
 - Hugo me hizo esconderlo en mi habitación por su algún día nos reuníamos aquí y no teníamos alcohol. Dijo que era una reserva. Ahora bebe- dijo con seriedad.
 - Pero, Rose, son las nueve y media de la mañana…
 -¡ Que bebas!- chilló la pelirroja.
Chocolate ladró, apoyándola, y Scorpius se apresuró a abrir la botella y llenar el vaso, que por suerte era pequeño. Luego se bebió el contenido de un trago, sintiendo que le quemaba la garganta. 
-Otro- dijo Rose, señalando el vaso con la cabeza. 
El rubio suspiró, mirando el líquido, y se bebió otro vaso, componiendo una mueca. 
-Tengo el estómago vacío y…
-Otro.
Miró a Rose, que observaba todo impaciente. Chocolate se había bajado y le mordisqueaba los cordones de la zapatilla. El rubio entendió entonces que Rose se estaba vengando, no podía haber otra explicación. "Bueno, Scor, te lo mereces por menso", se dijo a si mismo. Y bebió otro vaso. 
Tres vasos después, ya veía lucecitas de colores alrededor y no estaba seguro de poder ponerse de pie. Siempre resistía bien el alcohol, pero seis vasos de whisky de fuego mataban a cualquiera.
Rose suspiró y le quitó el vaso, apoyándolo en la mesita. Luego se cruzó de brazos y se inclinó un poco, acercándose al rubio y mirándolo fijo a los ojos, exactamente como estaban la noche que la había besado. Scorpius sintió su perfume floral y sonrió un poco, y entonces, ese par de ojos miel que tanto le gustaban lo dejaron congelado, llevándolo a un recuerdo que le lleno la mente de la nada. Estaban en la misma posición y lugar, sentía el mismo perfume y tenía a Rose igual de cerca. Entonces se había inclinado y… 
Scorpius se enderezó de golpe en el sofá, y abrió los ojos como platos. Lo había recordado. ¡Recordaba el bendito beso! Y había sido perfecto aunque sólo fuera un roce de labios. Miró a Rose, que seguía quieta en la misma posición y lo miraba agotada. 
-Lo recuerdo- susurró-. Ha funcionado. 
Se miraron, y como siempre, ambos parecieron anclarse en los ojos del otro, deteniendo el tiempo a su alrededor. Scorpius se acercó más, sin pensar mucho lo que hacía, y posó su mirada en los labios carnosos de Rose, que parecían invitarlo. Ahora que lo recordaba sólo quería hacerlo de nuevo. Se inclinó un poco más, obnubilado por el perfume de la chica.
 -¿ Qué crees que estás haciendo?- murmuró Rose, seria. 
El chico se detuvo, quedándose muy quieto, y entonces la chica le pegó un empujón y se puso de pie.
-Ni sueñes que vas a besarme en ese estado de alcoholismo. La próxima intenta estar normalito- dijo.
Luego salió casi corriendo de la sala, dejando a Scorpius apoyado en el respaldo del sofá, mirando la puerta con cara de póquer. 
Afuera, la pelirroja se apoyó en la pared de piedra y llevo una mano a su corazón, que parecía querer salirse de su pecho. 
-Por los bigotes de Merlín- murmuró, cerrando los ojos.
Luego de su metida de pata la noche anterior, había pasado un rato en su habitación maldiciéndose por bocazas, hasta que se había dado cuenta que ella debería estar enfada y no tenía que importarle que Scorpius lo supiera. Mejor, que se avergonzara el idiota. Por eso lo había hecho beber, para que pudiera recordarlo. Y luego había intentado besarla de nuevo, el muy cretino. 
Rose sabía, dentro suyo, que su corazón latía fuerte porque había tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano para apartarse de él. Pero no pensaba dejarlo que volviera a besarla en un estado de semi inconciencia. Rose quería algo real.
Abrió los ojos, apoyando la cabeza en la pared y mirando el techo. ¿Quería algo real? Sí, lo quería. Ya estaba harta de negárselo. Sentía cosas por ese chico que la tenían descolocada y con ganas de correr bien lejos. Mejor asumirlo. Claro que aún no estaba lista para hacerlo en voz alta. 



-Mmm… ¿Scorpius?- murmuró Claire, mirando al chico con desconcierto.
El rubio ni la miró, y siguió acomodando los frascos de poción en los estantes, perdido en sus pensamientos. La castaña suspiró, confundida. Hacía una hora que habían empezado las prácticas de ese día, y en ese rato Scorpius había hecho varias cosas extrañas. Primero no parecía escuchar del todo las explicaciones de Pomfrey, sólo asentía con la mirada perdida. Luego había tirado sin querer las cosas de uno de los cajones, y ahora acomodaba las pociones curativas en el estante equivocado. Claire estaba desconcertada porque el slytherin no solía comportarse así, siempre estaba atento, sobre todo en las prácticas de sanador. 
-Scorpius- llamó de nuevo, ésta vez tocándole el hombro.
El chico pareció reaccionar ante eso, y la miró algo perdido. La castaña sonrió un poco y señaló los frascos. 
-Esas pociones son para enfermedades, estás mezclándolas con las de maldiciones.
Scorpius miró el frasco con líquido azul en sus manos, y frunció el ceño al darse cuenta de que Claire tenía razón.  
-Vaya, lo siento- se disculpó, y se puso a acomodar bien las pociones.
La chica continuó su tarea de guardar las vendas, mirándolo de reojo.
 -¿ Te pasa algo?- preguntó con curiosidad.
El chico negó y sonrió un poco. 
-No es nada, sólo tengo algo que me ronda la mente.
-¡Hagamos terapia!- soltó Dan, que curaba la rodilla herida de una chica un poco más allá. 
La paciente lo miró extrañada, mientras Scorpius resoplaba y Claire sonreía divertida. 
-Es enserio, te hará bien. Soy un buen psicólogo- continuó el chico-. Ya estás lista, belleza.
Le sonrió a la chica que atendía, que se sonrojó un poco.
-Gracias- respondió, mirándolo coqueta- . Eres muy bueno en esto. 
Dan sonrió como siempre, mostrando todos los dientes, y se apoyó en la camilla. 
-Lo sé. Seré un buen sanador- dijo, guiñándole un ojo-. Pero no te ilusiones, me gusta la zanahoria más que la manzana. 
Claire soltó una carcajada y Scorpius se giró, mirando a Dan con una ceja alzada, aunque no pudo evitar media sonrisa de diversión. La paciente miró a Daniel con confusión, y el chico soltó un suspiro.
-Soy gay- le susurró. 
La chica abrió grandes los ojos y se sonrojó aún más.
-Vaya, ya veo- respondió, bajando de la camilla con rapidez-. Bueno, será mejor que me vaya. ¡Gracias por todo!
Se despidió con la mano y salió casi corriendo de la enfermería, mientras Daniel soltaba otro suspiró exagerado y miraba a sus compañeros.
-Ya ven, soy tan guapo que nadie se resiste. Sólo tú, Scorpy- dijo, señalando al rubio.
El chico se encogió de hombros, volviendo a su tarea, y Dan siguió diciendo cosas desde la otra punta, pero dejó de escucharlo. La escena de esa mañana se había repetido todo el día en su cabeza. Recordaba la sensación agradable de haber besado a Rose, y se alegraba de eso. Pero lo sucedido hacía un rato lo tenía con la mente enroscada. Había intentado besarla y la chica lo había rechazado. "Y tiene razón", susurró la ya conocida voz de su consciencia. Ciertamente, besarla con el alcohol en el cuerpo no era lo más correcto. 
Suspiró, acomodando los frascos. Había tenido  que tomarse una poción Anti resaca con el almuerzo para sentirse bien, y otra para eliminar los efectos del whisky. Pero al menos no había olvidado esa vez. Todavía sentía el perfume de la chica dando vueltas, y no había tenido la oportunidad de volver a cruzarla en el resto del día. Incluso había tenido que dejar a Albus con Chocolate en la sala común por si Rose no aparecía. 
Las palabras de la chica resonaron en su mente. "Ni sueñes que vas a besarme en ese estado de alcoholismo. La próxima intenta estar normalito". 
¿La próxima? Eso significaba que podría haber otra oportunidad. Sonrió un poco. ¿Le gustaba a Rose? Las cosas no estaban del todo claras entre ambos, lo sabía, y su mente intentaba a toda costa encontrar la solución a eso. ¿Hablaba con ella? ¿La arrinconaba y la besaba sin más? ¿Se tiraba por la ventana? 
Suspiró, agotado. Vaya domingo estaba teniendo. 



-Contraseña- pidió la dama gorda, ataviada en su vestido rosa.
-Bertie Boots- respondió Rose.
El cuadro se abrió, dándole paso a la sala común de Gryffindor, que la recibió casi desierta. Adentro el ambiente era cálido gracias al fuego de la chimenea, y al igual que el resto del colegio, habían decorado con algunos motivos de Halloween. La pelirroja sonrió al ver las guirnaldas de calaveras colgando de las ventanas, y pensó que deberían adornar también su sala común. Tal vez le diría a Scorpius. 
Suspiró al recordar lo sucedido esa mañana, y agitó la cabeza, de mal humor. Miró alrededor y vio que en una de las mesas se agrupaba un grupito de niños de primero que jugaban un juego de mesa; en los sillones había un par de chicas más grandes leyendo, y no mucho más que eso. 
Rose miró hacia arriba, preguntándose dónde estaban Anne y el resto. Luego del "incidente" con Scorpius, había almorzado en las cocinas con Lila y luego había pasado parte de la tarde con Hagrid, ayudándolo con las calabazas cómo había prometido, hasta que fueron las cuatro y volvió a su sala común para cuidar a Chocolate, suponiendo que el rubio ya se había marchado a las prácticas. Efectivamente no estaba, pero se encontró a Albus jugando con el cachorro, por lo que se había quedado con él hasta recién, cuando había decidido buscar a su mejor amiga para distraerse un poco. ¿Debía contarle a Anne lo sucedido? Tal vez podría ayudarla. 
Volvió a suspirar y decidió subir a la habitación de séptimo a ver si la hallaba. Cuando entró, adentro no había nadie, y la chica resopló. ¿Dónde se había metido? Estaba a punto de cerrar la puerta y bajar cuando algo sobre la cómoda del cuarto llamó su atención. 
Sobre el mueble descansaba la revista Corazón de bruja, un ejemplar que Rose detestaba y que jamás en su corta vida había leído. Sin embargo, el título en fucsia que resaltaba en la tapa fue lo que la hizo detenerse. 
"Como saber si le gustas a un chico".
Rose se quedó quieta unos segundos con la mano en el picaporte, analizando la situación. "Vamos, Rosie, tú no eres tan superficial", susurro una voz en su oído. Luego sonó otra, más aguda. "En esta vida pueden hacerse excepciones. Necesitas eso urgente". 
Rose resopló y cerró la puerta, agarrando la revista antes de arrepentirse. Buscó la página del artículo con rapidez, temiendo que Anne o Lily (que también odiaban esa revista) la engancharán con las manos en la masa, y finalmente lo encontró. 

"Como saber si le gustas a ESE chico".
Hay un grupo de signos MUY SUTILES que ese bombón que adoras demuestra cuando le interesas. ¡Corre a leer, brujita!
1.Te mira de otra manera
2.Sonríe frecuentemente
3.Busca pasar tiempo contigo
4.Te presta atención
5.Te trata diferente
6.Se inclina hacia ti cuando te habla
7.Te dice cumplidos

Cada tip venía con una breve explicación, y al final te invitaban a marcar todos aquellos que coincidieran con tu situación.
 Rose resoplo. ¿ Eso era todo? No era tan fácil. Sin embargo podría hacer el ejercicio, tal vez la ayudaría. Sin pensarlo mucho más, tomó la varita y sacó una copia del artículo, volviendo a dejar la revista en su lugar. Justo cuando estaba por guardar las copias en el bolsillo del jean, la puerta se abrió y Anne apareció, mirando a su amiga con algo de sorpresa.
-Rosie, no sabía que estabas aquí- la saludó, sonriendo.
La pelirroja puso su mejor sonrisa inocente mientras escondía el artículo tras su espalda.
-Hola, Anne linda, te estaba buscando. ¿Vamos a caminar?- preguntó como si nada.
Anne entrecerró los ojos y la miró con suspicacia. 
 -¿ Qué escondes?- preguntó.
Rose amplió su sonrisa, cosa que terminó de confirmarle a su amiga que algo ocultaba. 
-Nada, yo…
-Y un pomelo- exclamó Anne, y en dos movimientos le quitó las hojas de las manos.
-¡ Oye!- reclamó la pelirroja-. ¡No es lo que parece!
Anne, que ya le había dado una leída rápida al artículo, la miró y alzó una ceja.
-Rose… ¡Has pecado!- chilló, señalándola con un dedo-. ¡Corazón de bruja! ¡Que te han hecho!
Se acercó y la sacudió de los hombros, tirando las hojas al suelo y mirándola con espanto fingido. Rose resopló y se soltó, cruzándose de brazos. 
-Ya basta, tonta. Sólo… me llamo la atención- respondió, mirando a todos lados menos a su amiga.
La castaña también se cruzó de brazos y la miró con burla. 
-O sea que te gusta alguien. 
-Yo no dije eso.
-Si estas intentando averiguar si alguien gusta de ti, es que esa persona te gusta.
-Claro que no.
-Rose…
La pelirroja suspiró, resignada. Sabía que Anne no la dejaría escapar hasta haber hablado, y a fin de cuentas había pensado en hablar con ella. Estaba harta de darle vueltas al tema, y tal vez una palabra ajena la ayudaría. Miró a la castaña y se encogió de hombros. 
-Creo que estoy en problemas. 
Anne suspiró y le sonrió.
-Siéntate ahí- le dijo, señalando la cama-. Buscaré chocolate y vamos a tener una buena charla tu y yo.

 

El sol pegaba ese domingo, aunque calentaba poco y no le quedaba mucho rato, puesto que eran casi las seis. Lily se cerró la campera y metió las manos en los bolsillos mientras caminaba hacia el campo de Quidditch. Había estado hasta recién con Lena y Hugo, terminando deberes, y ahora sólo quería pasar un rato con Lorcan, al que no había visto más que en el desayuno. Claro que el día anterior lo habían pasado juntos casi hasta la noche, ella intentando hacer la tarea sin distraerse por las cosas que hacía el rubio. Finalmente había desistido a media tarde y se habían escapado a Hogsmeade, por eso ese domingo había tenido que terminarlas. Pero ya estaba libre. 
Sonrió un poco, dejando que los últimos rayos de sol le calentarán la cara, y pronto llegó a la cancha, dónde Lorcan, para variar, practicaba movimientos con algunos miembros del equipo. 
 -¿ Es que nunca se cansa?- susurró la pelirroja divertida, apoyándose en las gradas.
Lorcan no parecía haberla visto, y Lily sonrió más al verlo, soltando alguna carcajada que le achinaba los ojos claros o persiguiendo a alguno de los chicos con el bate a modo de juego. Las mariposas se hicieron presentes en su estómago, como siempre que lo veía, y la chica pensó que era un término muy adecuado para esos revoloteos que sentía. 
Unas risitas a su derecha la sacaron de su estado de enamoramiento, y Lily giró el rostro para ver quiénes eran. A pocos metros, sentadas en las gradas más bajas, un grupo de cuatro chicas miraban embobadas la cancha, riendo como bobas y señalando algo. 
-Es tan guapo. 
-Lástima que su gemelo no haya venido, sería doble premio a la vista.
-Mira esos hoyuelos.
Lily siguió la dirección que señalaban con la mirada, aunque no le hizo falta para saber de quién hablaban. Lorcan se estiró, sonriendo, y más risitas se oyeron de fondo. 
La pelirroja resopló, cruzándose de brazos. De pronto estaba de mal humor, las mariposas olvidadas. ¿Qué no tenían nada mejor que hacer que estar babeando por un chico? Las miró mal, pero ninguna pareció darse cuenta, embobadas como estaban. A Lily le pareció extraño no ver allí a la loca de Milena Rossi, pero mejor que así fuera, solo faltaba tener que aguantar eso. 
Fue entonces cuando Lorcan la vio, y una sonrisa dulce se formó en su rostro, haciendo que las mariposas de Lily volvieran. La chica lo vio caminar hacia ella, girándose a mitad de camino para mirar a sus compañeros.
 -¡ Hasta aquí llego hoy! ¡Sigan ustedes si quieren!- les dijo.
 - ¿Te vas? ¡Estás viejo, capitán!- se burló Nick, divertido.
Los otros dos chicos que estaban con ellos se rieron y corearon las burlas, pero Lorcan los ignoró olímpicamente y siguió caminando. Lily vio como el grupito entero de chicas se ponían de pie con botellas de agua en la mano, y se encaminaban hacia donde estaba el rubio, pero se detuvieron de pronto al ver que el chico se detenía frente a Lily con su sonrisa de otro mundo. 
-No sabes lo feliz que soy de verte- le dijo.
La pelirroja se sonrojó un poco pero como siempre lo disimuló alzando una ceja. 
-No puedes vivir sin mi, Scamander- se burló. 
Lorcan se encogió de hombros, acercándose un poco.
-Tú tampoco, a fin de cuentas estás aquí- respondió divertido.
Luego, ante la mirada atónita y desilusionada de su mini club de fans, se acercó un poco más y la besó con suavidad en los labios. La chica no logro reaccionar, sorprendida. No habían vuelto a besarse aún, y ahora Lorcan lo hacía delante de otra gente. Sin embargo, pronto se vio perdida en esa sensación suave y dulce, que para su desgracia no duró mucho. El rubio se separó y le guiñó un ojo.
-Vámonos de aquí- susurró, pasándole un brazo por la cintura. 
Lily se dejó llevar, apoyándose un poco en el, feliz de la vida. Detrás de ellos, las chicas habían empezado a murmurar todas a la vez.
-Están saliendo.
-¿Con esa pelirroja llena de pecas?
-¿Qué le vio?
Lily escucho todo eso, claro, pero lo ignoró. Sinceramente le importaba poco. Lorcan era su… chico, y a esas descerebradas acababa de quedarles bien claro. 
 -¿ Te das cuenta que ahora todo el mundo va a saber que tenemos algo?- preguntó, mirando hacia arriba.
Lorcan le devolvió la mirada, y le besó la frente. 
 -¿ Y?- preguntó-. ¿Me quieres mantener en secreto?
Lily sonrió divertida. 
-No, pero no le hemos contado al grupo. Se enteraran por boca ajena y nos van a matar.
El rubio sonrió más y la apretó un poco contra él.
-Pues enfrentaremos las consecuencias. 
-Mira que eres despreocupado- murmuró la chica, sin dejar de sonreír. 
Lorcan se detuvo, y antes de que la pelirroja pudiera hacer algo, la había acorralado suavemente contra un árbol, aprisionandola entre sus brazos. Sus ojos celestes la observaban bien de cerca, y Lily tragó saliva, nerviosa de pronto. 
-Ahora sólo quiero pasar todo el rato que pueda contigo. Hoy casi no te vi- susurró, y esbozó un puchero bastante gracioso.
Lily sonrió y le pasó los brazos por la espalda, acercándolo un poco más. 
-Pues que suerte que tengo un buen rato libre. Aunque por un momento creí que te irías con tu club de fans- comentó. 
Lorcan, que estaba a punto de besarla, se detuvo y frunció el ceño.
 -¿ Club de fans?
 -No me vas a decir que no las viste. Ahí, en las gradas, creando charcos de baba por ti.
El chico sonrió entonces, comprendiendo.
-¿Oigo celos?- preguntó. 
-Para nada, no eres mi novio. 
Lorcan abrió la boca, ofendido.
-¿Y eso qué? Estamos juntos. ¿Te da igual si me voy con otra? 
Se separó un poco y la señaló con un dedo, frunciendo el ceño.
-Tú no puedes irte con otro. A mí no me da igual- le dijo.
Lily sonrió más, divertida, y se acercó hasta poder darle un beso suave en los labios.
-No me interesa por ahora- murmuró.
El rubio sonrió y volvió a acorralarla, y entonces la besó, está vez con más intensidad. Ambos se perdieron en el sabor y el calor del otro, olvidándose que estaban en los jardines y cualquiera podía verlos. Ya tendrían tiempo luego de enfrentar el interrogatorio familiar que les esperaba, porque Lily estaba segura que esas bobas no tardarían en esparcir la noticia por todos lados. Pero en ese momento le daba igual. 



Scorpius soltó la mochila y se tiró en el sofá, agotado. Acababa de salir de la enfermería, y pese a que sólo habían sido dos horas, se le había hecho demasiado lento. Albus, sentado en el suelo con Chocolate, lo miró alzando una ceja. 
 -¿ Te han hecho correr las camillas o algo así?- preguntó.
El rubio abrió los ojos y lo miró. Rose no estaba por ningún lado, y se preguntó si habría vuelto en algún momento. 
-¿Tu prima no vino?- respondió, ignorando la pregunta del moreno. 
Albus, que se había puesto a jugar con el cachorro tirándole una pequeña pelota, asintió con la cabeza. 
-Vino cinco minutos después de que te fueras y estuvo con nosotros. Se fue hace un rato a buscar a Anne.
Scorpius suspiró y volvió a mirar al techo. ¿Lo estaba haciendo a propósito? No sería la primera vez que lo esquivaba. Albus le tiró la pelota, que le pegó en un brazo, y Chocolate soltó un ladrido agudo, corriendo hacia él para atraparla. Movía tanto la cola que parecía querer salir volando. El rubio se puso a juguetear con él, incorporándose un poco en el sillón. 
-¿Se han reconciliado?- preguntó el moreno al ver que su amigo no decía nada. 
Scorpius se rascó la cabeza y se apoyó en el respaldo. 
-Sí y no. Ha habido un pequeño… incidente- murmuró. 
Cinco minutos después, Albus tenía los ojos verdes abiertos con asombro, Chocolate le mordisqueaba la manga del suéter y Scorpius lo miraba sereno, esperando su reacción. 
-A ver si entendí… la besaste sonámbulo, te obligó a recordarlo e intentaste besarla otra vez pero te rechazó.
El rubio asintió y Albus se cruzó de brazos, frunciendo un poco el ceño.
-Es decir que sabe que te gusta. Porque intentaste besarla.
-Pues no lo sé… ¡Jamás enfrente algo tan complicado! He intentado hacérselo ver con indirectas, he seguido tus estúpidos consejos…
-¡Oye! Mis consejos son útiles, tú eres el inútil- se defendió el chico.
-La he besado dormido y he intentado hacerlo despierto, ¡y creo que aún no sabe que me gusta! ¡Tengo que ponerle un cartel con luces de neón o qué!- concluyó Scorpius, resoplando. 
Albus rodó los ojos y le tiró un almohadón.
-¿Sabes cuál es el problema aquí? ¡Que no hablan claro!
Lo miró enfadado y se puso de pie, tomando un pergamino y una pluma de la mochila de su amigo y sentándose a su lado. Chocolate, cansado, se acurrucó en el regazo de Scorpius. 
-Presta atención, esto es muy simple- dijo el moreno, señalándole el pergamino-. Aquí tenemos dos posibles opciones.
Con la pluma, dibujó en el pergamino un círculo.
-Le gustas a Rose- dijo, señalando el dibujo.
Luego trazó una línea que salía del mismo y la conectó con otro círculo, señalándoselo.
-Rose te odia. La línea es el punto intermedio. 
-¿Por qué me odia?- preguntó el rubio, frunciendo el ceño.
Albus suspiró, agotado.
-No digo que te odie, es una opción. Porque te rechazó el beso.
-Pero dijo que era porque estaba alcoholizado. 
-Bien, pero aún así es una opción. 
-Pero…
-¡Escucha, menso! Lo que tienes que hacer tu es averiguar si es alguna de las dos- dijo, señalando los círculos-. O Rose está parada en un punto intermedio. Es decir, le gustas pero te odia por bobo. 
Scorpius parpadeó.
 -¿ Y cómo lo averiguo?- preguntó.
Albus sonrió y le guiñó un ojo.
-Eso es muy simple, hermano. Tienes que decirle claramente: "Rose, me gustas". Y listo. 
El rubio abrió la boca pero no salió ninguna palabra. ¿Decírselo? ¿Así, tan claro? 
-Y para eso- continuó Albus, levantando un dedo-. Tienes que llevarla a un lugar de donde no pueda escaparse, pero que a la vez sea de naturaleza… romántica. ¿Comprendes?
Scorpius suspiró, pero terminó asintiendo. Un lugar del que no pudiera escaparse… cierto, Rose siempre salía corriendo en momentos clave. De naturaleza romántica… ¿dónde podría ser? Y decírselo claro… Bueno, eso era cierto. Rose no captaba indirectas y él era malo dándolas, así que tal vez ya era hora de dejarse de dar vueltas. 
Media hora después, había echado a Albus de la sala común y se había sentado en el sofá a esperar que Rose volviera, mientras Chocolate dormía en la alfombra. Si no llegaba en cinco minutos iría a buscarla, de lo contrario su recién ideado plan no sería tan efectivo. 
Para su alivio, la puerta de abrió en ese momento, y la pelirroja entró en la sala. 
-Hola- saludó, casi sin mirarlo, y empezó a caminar hacia las escaleras.
Había estado hablando con Anne y su cabeza estaba más clara, pero en ese momento sólo quería dormir un poco, aunque fueran las siete de la tarde. Sin embargo, Scorpius se puso de pie y la tomó de la manga del suéter con suavidad, frenándola. Rose se giró y lo miró con la ceja alzada. 
-Ven conmigo. Quiero mostrarte algo- le dijo, sonriendo un poco.
-¿ A dónde quieres ir?
-Tú sólo sígueme. Busca un abrigo, te espero aquí- respondió.
Rose vio que tenía la campera puesta, así que efectivamente debía estar esperándola, y suspiró. Iba a discutir, pero no tenía ganas.
-Recuerda las luciérnagas. Valió la pena, ¿no?- comentó el chico, sonriendo.
Rose se rascó la cabeza. Tenía razón. Sonrió un poco y asintió.
-Está bien, ya bajo.
Scorpius sonrió, contento, y la chica subió las escaleras hacia su habitación. Sin embargo, algo cayó de su bolsillo en el camino sin que se diera cuenta. El slytherin se agachó y recogió un papel que parecía la copia de algún artículo de revista. Lo leyó con curiosidad, y abrió un poco los ojos al descubrir el contenido. "Como saber si le gustas a ESE chico", rezaba un título en letras rosadas. Debajo, había una serie de tips con explicaciones, algunos marcados con tilde. Scorpius leyó todo con atención, comprendiendo entonces que Rose había marcado esos ítems. Se apoyó en el sofá, intentando leer con rapidez por si volvía a bajar. ¿Qué hacía la pelirroja leyendo algo como eso? ¿Era por él? Sonrió un poco, y entonces unos pasos en las escaleras lo alertaron y guardó el papel con rapidez en su bolsillo, poniendo su mejor cara de póquer. Rose le sonrió con el abrigo puesto y las manos en los bolsillos.
-Andando- le dijo.
Scorpius asintió y ambos salieron de la sala. Caminaban en silencio al principio, el rubio analizando lo que había leído. Rose había marcado algunos tips como "Te presta atención" y "Busca pasar tiempo contigo", pero no muchos más. Es decir que estaba fallando en su demostración de amor. ¿Verdad? Bueno, daba igual. Esa tarde iba a decirle todo de forma clara, pensó decidido. Ya no harían falta las indirectas. 
 -¿ Me dirás a dónde vamos?- preguntó la chica.
Scorpius sonrió.
-No, ya lo verás, no seas impaciente.
Rose bufó mientras salían del castillo. 
-Siempre me llevas afuera. Hace frío- se quejó, molestándolo.
-Vale la pena, recuerda las luciérnagas- le repitió el chico.
-Sólo dime adónde vamos- insistió Rose, poniendo cara de angelito.
Scorpius la miró unos segundos y tuvo ganas de besar ese rostro dulce, pero se contuvo y miró al frente. 
-Que te esperes. 
La pelirroja suspiró pero no dijo más nada. En pocos minutos llegaron al campo de Quidditch, donde una escoba bastante nueva los esperaba apoyada en las gradas. Rose miró al rubio con curiosidad mientras este tomaba la escoba con una media sonrisa.
 -¿ Vamos a volar? ¿De quién es esa escoba?
Scorpius se subió y le extendió una mano.
-Vamos a volar porque arriba está lo que quiero que veas. Y la escoba es mía.
Rose caminó hacia el, mirándolo con curiosidad.
-¿Sabes volar? Creí que no se te daba.
-Todo se me da bien- respondió el chico con pose arrogante.
"Todo menos las mujeres", susurró la voz de Hugo en su cabeza. Rose alzó una ceja y se cruzó de brazos. 
-Dudo que seas mejor que yo.
-Ya súbete- pidió Scorpius, rodando los ojos.
La chica lo miró con cierta desconfianza pero terminó montando en la escoba, adelante del rubio. Scorpius paso los brazos por delante, tomando el mango de madera, y quedando tan cerca que Rose tragó saliva. 
-Puedo manejarla yo- dijo en voz baja. 
-Yo lo haré, descuida. No nos vamos a caer.
Dicho eso pegó una patada en el suelo y se elevaron, sintiendo el viento leve pero frío del atardecer. El sol casi se había escondido, y unas nubes oscuras cubrían el cielo, anunciando lluvia a la par que oscurecía. 
Rose metió las manos en los bolsillos, relajándose un poco ya que no tenía que manejar la escoba. Scorpius dio un par de vueltas por el campo, intentando no distraerse con el perfume floral que desprendía el cabello suelto de la chica, y pronto subieron más. 
-Sé que sueles volar mucho, ¿pero has visto como atardece desde arriba?- le preguntó el chico, acercándose a su oído para que lo oyera. 
Rose negó con la cabeza, sintiendo como el calor del chico la envolvía en medio del frío. 
-La verdad lo he visto en La Madriguera y en la playa, pero no aquí. Ahora que lo pienso podría haberlo hecho- respondió.
-Pues es tu oportunidad.
La pelirroja miró entonces a su derecha, y el espectáculo la conmovió. Hogwarts se alzaba imponente abajo, con las luces ya encendidas. Tras sus torres altas se escondían los últimos rayos de sol, tapados por las nubes espesas que teñían el cielo nocturno de un rojo tormentoso. No podían verse las estrellas, pero bajo ese manto algo tenebroso, el bosque y los terrenos resaltaban bajo las luces anaranjadas del colegio, y creaban un paisaje alucinante. 
-Vaya- murmuró Rose, algo asombrada.
-Lo sé, es espectacular. Más cuando está por llover- respondió el chico, sonriendo un poco. 
La Gryffindor giró un poco el rostro para verlo.
-¿Haces ésto seguido?
Scorpius asintió, mirando al frente. 
-Sí, sobre todo si necesito despejar la mente. Me ayuda mucho.
-¿Por qué no juegas Quidditch si sabes volar y tienes escoba?- preguntó Rose con curiosidad.
El rubio se encogió de hombros.
-No me gusta el Quidditch. Sé volar porque mi padre me enseñó, y me regaló la escoba por si algún día cumplía su sueño de jugar como él- respondió divertido-. Al menos la uso para ésto. 
Rose sonrió, y Scorpius la miró, anclado en sus ojos miel que brillaban bajo la luz extraña del ambiente. Había olor a lluvia, y sabía que se largaría en cualquier momento, por lo que tomó fuerzas y carraspeó, sin dejar de mirar a la chica.
-Rose, debo decirte algo- murmuró.
La pelirroja lo miró interrogante, aunque dentro suyo algo se removió. ¿Era lo que pensaba? ¿Iba a decirle al fin si sentía algo por ella? Scorpius tragó saliva.
-Dime- respondió, mirándolo fijo. 
El chico suspiró y abrió la boca, dispuesto a decirlo de una vez. 
-Tú… me gustas- dijo.
Claro que se hubiera escuchado mejor si en ese momento no hubiera resonado un trueno enorme en el cielo, sobresaltándolos y tapando por completo sus palabras. Rose frunció el ceño y miró al cielo, dónde habían empezado a verse destellos de relámpagos mientras el viento cambiaba.
-No te escuché, lo siento- le dijo, mirándolo. 
Scorpius miró al cielo y varias gotitas le mojaron la cara. 
-Decía que…
-Espera- interrumpió la chica, mientras otro trueno sonaba-. Mejor bajamos. Nos vamos a empapar o peor, moriremos electrocutados por un rayo.
El rubio maldijo interiormente, pero Rose tenía razón, no podían quedarse allí. Así que asintió y empezó a descender, mientras la lluvia caía más fuerte y los relámpagos iluminaban el campo. Cuando pisaron el pasto ya llovía torrencialmente y tuvieron que correr adentro, tapándose cómo podían con las capuchas de la campera. Una vez adentro se secaron con un hechizo y se miraron, agitados. 
-Vaya tormenton- murmuró Rose, mirando hacia afuera. 
Scorpius suspiró, resignado, y asintió. Emprendieron el regreso a la sala común, el chico con la escoba en la mano aún y pensando si era el destino o qué. ¡Se lo había dicho, por Merlín! ¿Justo tenía que sonar el estúpido trueno? Rose solo lo miraba de reojo, preguntándose qué le había dicho. 
Una vez en la sala los recibió un panorama desalentador. Había almohadones destrozados por todos lados, plumas y pergaminos tirados en el suelo, un charco de pis en medio de la sala y un zapato mordisqueado. Chocolate, desde el sillón, los miraba moviendo la cola con felicidad, cómo si nada. 
-Por los calzones agujereados de Merlín- susurró Rose, mirando el desastre.
Scorpius abría y cerraba la boca, anonadado. Chocolate ladró y salto del sofá, corriendo hacia ellos y trepándose en dos patitas a las piernas de la chica, que lo miró asombrada. 
-¿Tú has hecho todo esto, pequeño demonio?- preguntó, alzándolo.
El cachorro volvió a ladrar y le lamió la cara. Scorpius suspiró y junto un pedazo de relleno de almohadón del suelo.
-Creo que es pronto aún para dejarlo solo- murmuró.
-Coincido- respondió Rose, mirando resignada la sala.
Ambos miraron a Chocolate, que seguía feliz de la vida, y soltaron aire a la par. 
-No sé si reírme o llorar- soltó Rose. 
-Yo no sé si regañarlo o devolverlo- acotó Scorpius. 
Finalmente optaron por regañar al perro, mostrándole los desastres ocasionados y repitiendo varias veces la frase "no se hace" cómo robots. Chocolate los miraba con las orejas bajas, sabiendo que lo estaban retando. 
-Es inteligente el condenado- resopló Scorpius, juntando una pluma hecha añicos. 
-¿Ese zapato es mío?- señaló Rose.
-Ajá, te dije que no los dejes tirados aquí.
-Oye, regaña al perro, no a mi- se quejó la chica.
Juntando fuerzas se pusieron a ordenar y limpiar todo, mientras el cachorro saltaba entre ellos, el regaño olvidado. Cuando terminaron se tiraron en el sofá, agotados.
-Oye- dijo Rose, carraspeando-. ¿Qué me dijiste hoy en la escoba? Al final no te oí. 
Scorpius se enderezó de golpe, aclarándose la garganta. 
-Bueno, yo…
Rose rodó los ojos. No iba a decírselo, estaba claro. 
-Olvídalo, mejor ve a bañarte. Así luego voy yo. Estoy agotada- dijo de forma tajante. 
Scorpius parpadeó, sin saber bien qué decir. 
 -¿ No quieres ducharte tu primero?- preguntó.
La pelirroja negó, cruzada de brazos y mirando al frente. 
-Ve tu, jugaré un rato con Chocolate.
El chico suspiró, pero se puso de pie para ir a buscar sus cosas. ¿Es que se le había ido el valor con la tormenta? Sentía que no le salían las palabras. Sin embargo, mientras se duchaba, su mente pareció aclararse y mientras se ponía shampoo, se decidió. Saldría del baño y le diría todo a Rose de una bendita vez, así cayera un meteorito. 
La cosa fue que cuando volvió a la sala, la pelirroja dormía profundamente recostada en el sofá, con Chocolate a sus pies igual de dormido. Scorpius suspiró. Definitivamente no era el día. 
Sonrió un poco al ver el rostro dulce de Rose cubierto de serenidad, y al igual que otras veces, pensó que la chica era lo más bonito que había visto nunca. ¿Cómo no la había notado antes? 
Con cuidado, la alzó del sofá y la llevó en brazos hasta su habitación. La recostó sobre la cama sin que Rose se enterara de nada, y la tapó bien con la colcha roja, acomodándole el cabello que caía sobre su rostro. Le acarició la mejilla con suavidad, y tuvo ganas de quedarse ahí con ella, pero Rose lo mataría si despertaba y lo veía a su lado en la cama. Por lo que salió de la habitación contra su voluntad, cerrando la puerta sin hacer ruido.
A la mañana siguiente, el despertador sonó a las ocho, como siempre, y Rose lo apagó con desgana. Se sentó en la cama, refregándose los ojos y soltando un bostezo. Y entonces recordó. Miró alrededor y se preguntó cómo había llegado allí si ella recordaba haberse dormido en el sofá. ¿La había llevado Scorpius? 
Se vistió con el uniforme, se ató el largo pelo en media cola y bajó. 
Mientras se lavaba los dientes se miró en el espejo del lavabo, y sus ojos miel le devolvieron la mirada. Era extraño, pero parecía como si durante la noche su mente y su corazón hubieran decidido aclararse del todo, y sintió que ya no quería darle más vueltas al tema. Para algo era Gryffindor, ¿no?
Así que cuando salió del baño y se encontró a Scorpius bajando las escaleras, con ese uniforme que parecía quedarle mejor que a cualquiera, con sus ojos azules que la miraron con profundidad y con esa media sonrisa suave que solía dedicarle, Rose enderezó los hombros y soltó aire, decidida. 
-Tengo una pregunta- dijo, sin acercarse. 
El rubio la miró con curiosidad, parado al pie de las escaleras.
-Dime.
Rose dio un par de pasos y apoyó las manos en el respaldo del sofá, sin despegar su mirada del chico. 
 -¿ Te gusto?- preguntó por fin.


Podrá responder Scorpius? Le dirá la verdad o no? Caerá un meteorito y los interrumpirá (para variar)? Quieranme, que a estos dos les faltasóloo un pasito XD
Abrazos y nos leemos en los comentarios!


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