Historia al azar: A quien tu decidiste amar
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Donde gustes y cuando quieras » Capítulo trece
Historia terminada Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Viernes 21 de Agosto de 2020, 19:10
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Capítulo trece

Capitulo trece
Rose parpadeó un par de veces mientras Claire le sonreía suavemente, esperando su respuesta. 
-Claro, dime- terminó respondiendo, algo dubitativa.
Anne, que observaba la escena con curiosidad, se puso de pie.
-Iré a buscar un libro que me falta, siéntate tranquila- le dijo a la Slytherin con una sonrisa amable. 
Rose la vio perderse en un pasillo mientras Claire ocupaba su lugar, cruzando sus manos pequeñas sobre la mesa. La pelirroja esbozó la sonrisa más sincera que encontró y la miró interrogante. 
 -¿ Crees en la amistad entre el hombre y la mujer?- preguntó la chica, viéndola fijo.
Rose volvió a parpadear, algo confundida. ¿Por qué le preguntaba eso? Ni siquiera eran amigas para tener ese debate. Claire suspiró.
-Verás, la pregunta en realidad es si tú y Scorpius son amigos. Ya sabes, viven juntos y eso… Tal vez pasa algo más o… 
-Somos amigos, sólo eso- se apresuró a contestar Rose, abriendo un poco los ojos. 
La Slytherin sonrió y asintió. De pronto parecía más animada.
 -¿ Por qué preguntas? ¿Te gusta Scorpius?- continuó la pelirroja. 
 - Sí, me gusta- respondió Claire sin dudar. 
Rose sintió como su nivel de molestia subía dentro suyo. Ya se lo imaginaba, pero confirmarlo era otra cosa. Pero como siempre, sonrió un poco y asintió, apoyándose en el respaldo de la silla. La castaña amplió un poco su sonrisa.
-Quería asegurarme de que no tenían nada, no me gustaría meterme en el medio y eli no habla mucho de cosas personales, así que mejor preguntarte a ti. 

La pelirroja asintió.
-Descuida, no pasa nada entre ambos- repitió, aunque sabía que en el fondo su cabeza quería decir otra cosa.
-Genial- respondió Claire-. Oh, mira, ahí está Scorpius. Le diré que venga, podríamos estudiar todos juntos.
Rose miró hacia la entrada de la biblioteca, dónde efectivamente estaba el rubio cerrando la puerta. Claire se puso de pie para ir a buscarlo y Rose se levantó de un salto, comenzando a juntar sus útiles con rapidez. Huiría de ahí enseguida. Anne, que caminaba hacia la mesa, la miró confundida.
-¿Qué haces? Acabamos de llegar.
La pelirroja miró a su amiga unos segundos, y luego juntó sus útiles también.
-Nos vamos a estudiar a otro lado- respondió, colgándole la mochila a una desconcertada Anne. 
-Pero, ¿por qué?
-Porque éste lugar me ahoga. Fin.
Dicho eso la tomó de la mano y la arrastró a la salida, desviándose un poco para no cruzarse a Scorpius, que saludaba a Claire mientras caminaban por los pasillos. 
Claire miró la mesa vacía con desconcierto cuando llegaron.
 -¿ Se han ido? Estaba aquí hace un momento- murmuró confundida. 
Scorpius la miró interrogante mientras apoyaba la mochila. 
 -¿ Quién?
 - Rose, estaba estudiando aquí. Que extraño- dijo la castaña, mirando alrededor. 
Scorpius la imitó, buscando una cabellera rojo oscuro, pero no encontró nada. ¿Se había ido para evitarlo? 
Afuera de la biblioteca, Anne se dejó llevar unos cuantos pasillos hasta que frenó, deteniendo a Rose. Se cruzó de brazos y la miró con una ceja alzada .
-Rose…
-No preguntes. Te lo prohíbo- la interrumpió la pelirroja, señalándola con un dedo.
Luego sonrió inocente mientras su mejor amiga resoplaba.
-Anda, busquemos algo rico en las cocinas y estudiemos en mi sala común. Es más tranquilo ahí- la soborno.
Luego la tomó de la mano y reemprendió la caminata. Anne se dejó llevar de nuevo, aunque entendía poco. Pero Rose estaba algo loca, así que terminó restándole importancia al asunto. 



Un rato después, Scorpius caminaba bajo el sol del mediodía, con las manos en los bolsillos de la túnica. Se dirigía a la cabaña de Hagrid, luego de haber recibido un Patronus de Albus diciéndole que necesitaba ayuda y que lo buscara ahí. A su lado iba Claire, que estaba con él terminando almorzar cuando llegó el mensaje, y había terminado acompañándolo. Iban en silencio, ella mirándolo de reojo y él sumido en sus pensamientos, todos con nombre de rosa, claramente. 
Suspiró, con la vista en el suelo. Tenía que lograr reconciliarse con Rose, ya estaba harto de pelear y de que la chica lo ignorase. Quería volver a la normalidad. Bueno, a la normalidad no, quería decirle lo que sentía por ella. Pero primero lo primero. 
Rose, por otra parte, había recibido el mismo Patronus de su primo, así que caminaba por los jardines hacia la cabaña de Hagrid. ¿Qué querría Albus? 
Bajó una colina pequeña cubierta de hojas secas, y entonces se detuvo. A unos metros estaba la cabaña del Guardabosques, pero en la entrada se encontraba Scorpius junto a Claire. Rose frunció el ceño, ¿qué hacían ahí? La puerta se abrió y alguien los dejó pasar, cerrando detrás. Rose avanzó unos pasos hasta llegar y se apoyó en la pared de la cabaña, junto a la ventana, cuidando que no la vieran e intentando escuchar qué hablaban dentro. ¿Albus había llamado también al rubio? ¿Y Claire? ¿Es que estaba en todas partes o qué? 
Desde adentro le llegó clara la voz de Scorpius, y Rose puso atención. 
-Estás loco, no haré eso.
-¿Por qué no?- sonó la voz de Albus-. Nadie va a encontrarlo ahí, eres el único que puede ayudarnos.
Luego Rose oyó unos pasos y la voz de Claire se alzó con su dulzura habitual que empezaba a malhumorarla.
-Anda, Scorpius. ¿No soy una preciosura?- dijo la chica.
Rose alzó una ceja. 
-Oye, está bien, ya. Sí eres una preciosura, estate quieta- respondió la voz del rubio.
La pelirroja, afuera, sintió como algo le apretaba la garganta, y dejó de escuchar lo que hablaban dentro. Bajó la vista al pasto, y soltó aire. Bueno, al menos Claire podía estar tranquila que el Slytherin la correspondía. 
Alzó la vista y suspiró, dispuesta a dejarse de pensar tonterías, y decidió irse. A fin de cuentas Albus ya tenía dos personas que lo ayudaran, y no tenía ganas de estar ahí. Si era urgente su primo la buscaría.
Así que metió las manos en los bolsillos y empezó a caminar para alejarse cuanto antes de ahí. 
-Oh, Rosie, ¿qué haces por aquí?- habló una voz frente a ella.
Rose miró al frente y se encontró con Hagrid, que le sonreía con su habitual amabilidad. 
-Hola, Hagrid- le sonrió, acercándose.
-¿Venías por algo en especial? Albus vino más temprano y…
-No, sólo paseaba por aquí. Tengo clase así que debo irme ahora, si Albus pregunta dile que me busque luego en el comedor- respondió.
Hagrid la miró con curiosidad pero terminó asintiendo. 
-Está bien, le diré que estabas apurada. ¿Todo está bien?
El semi gigante la observó con atención y Rose se apresuró a poner su mejor cara para disimular. Hagrid la conocía de bebé y era como un tío más, así que se preocuparía fácil si la veia seria.
-Todo en orden, sólo estoy algo cansada. Pero ya es viernes- respondió, alzando un brazo en señal de victoria. 
Hagrid soltó una risita.
-Es cierto, tengo que preparar las calabazas para Halloween. ¿Quieres ayudarme el fin de semana?
Rose sonrió y asintió. 
-Claro, vendré a ayudarte con eso. 
Se despidió con la mano y siguió caminando, mientras el Guardabosques le dedicaba una sonrisa dulce y se encaminaba a su casa. 
Ahí adentro encontró a Albus con cara de súplica, a Scorpius con cara de cansancio y a Claire Nott con una sonrisa divertida y un cachorro color chocolate en los brazos. Suspiró, mirando a la criatura, que olfateaba el aire mientras la castaña le acariciaba el lomo. 
-Hola, Scorpius. Señorita Nott- saludó.
-No quiere ayudarnos- soltó Albus señalando a Scorpius.
Hagrid los miró con desilusión mientras el rubio bufaba.
-Lo siento Hagrid, si descubren que tengo eso en la sala común me meteré en problemas, sabes que no permiten perros.
-¿Dónde lo encontró, profesor?- preguntó Claire, mirando al animal con dulzura.
Hagrid suspiró y se sentó en una silla que crujió bajo su peso. 
-En Hogsmeade. Estaba solito, temblando de frío y de hambre. No podía dejarlo allí- explicó, desanimado-. Pero no puedo quedármelo, McGonagall me prohibió tener perros luego de que Fang muriera. 
-¿Pero por qué?- preguntó Scorpius, apoyado en la pared-. Sólo es otro perro.
Hagrid bajo la vista y llorisqueo un poco.
-Es que luego de Fang estaba deprimido y traje otro perro, pero era desastroso. Se metió al colegio y se robó la comida del gran comedor, mordió a Filch y provocó un ataque de alergia en Madame Pince. Así que tuve que regalarlo y desde ahí no he vuelto a tener.
Miró al cachorro con ojos mojados.
-Pero éste pobre bebé, no tiene adónde ir… Albus me dio la idea de que tú, cómo tienes sala común propia, podrías tenerlo sin que nadie lo encuentre. Al menos hasta que le encuentre dueños- dijo, mirando a Scorpius.
El rubio se removió incómodo ante esa mirada lastimosa. 
-Déjalo, es un desalmado- murmuró Albus, de brazos cruzados.
-Oye, zopenco. Rose también vive ahí, ni siquiera le preguntaste- respondió.
 -¡ Pues le pedí que venga, pero no sé dónde está! Seguro ella aceptará.
Hagrid suspiró y se limpió un poco las lágrimas, poniéndose de pie y tomando al cachorro de brazos de Claire. El perrito, de orejas caídas y ojos miel, pareció desaparecer en medio de esos brazos gigantes. 
-Me cruce afuera a Rosie, pero dijo que tenía clases y que la busques en el comedor luego- dijo, mirando a Albus. 
Scorpius frunció el ceño. Rose no tenía clases esa tarde. ¿Había ido hasta allí y no había entrado? ¿Estaba evitándolo de nuevo? Resopló, harto. Iba a solucionar ese problema pelirrojo como que se llamaba Scorpius Hyperion Malfoy. 
-Pues hablaré con ella- refunfuñó Albus.
-Pues debemos estar los dos de acuerdo- se quejó Scorpius, mirando a su amigo.
Claire suspiró y miró al rubio.
-Asumiste que el perrito es una preciosidad recién- le dijo.
Ciertamente, hacía unos minutos la castaña lo había perseguido por la cabaña con los brazos extendidos, acercándole el cachorro para que viera lo tierno que era y obligándolo a asumir que era precioso. "Anda, Scorpius. ¿no soy una preciosura?", le había dicho, molestándolo. Scorpius suspiró y se rasco la cabeza cuando Hagrid soltó un sollozo más fuerte, meciendo al pobre perro en sus brazos. 
-Pobrecito, pequeñín, no tienes a nadie- moqueo.
El rubio rodó los ojos y finalmente se enderezó, fulminando a Claire y a Albus con la mirada para que dejaran de verlo como si fuera una mala persona. Luego miró al Guardabosques con calma y resignación. 
-Está bien, hagamos algo. Hablaré con Rose, si está de acuerdo, lo tendremos en la sala común. Pero…
-¡Oh, Scorpius, gracias! ¡Eres el mejor! ¡Por eso Albus te eligió de mejor amigo!- chilló el Guardabosques, mirándolo con agradecimiento. 
Scorpius soltó aire.
-Pero…- continuó, señalandolo con un dedo-. Si alguien lo descubre, te harás responsable. Promete que no dejarás que nos metamos en problemas. 
Hagrid asintió contento.
-No te preocupes, será mi responsabilidad. Y apenas encuentre alguien que lo adopte me lo llevaré. Tú solo debes cuidarlo bien.
El chico asintió.
-Pero espera que hable con Rose. No creo que tenga problema pero aun así.
-Claro que no tendrá problema, mi prima es genial y además adora a Hagrid y a los perros- dijo Albus, más sonriente.
Luego se acercó a su amigo y le palmeo la espalda. 
-Ya sabía yo que no eras un ser despiadado- dijo, guiñándole un ojo.
Claire acarició la cabecita del cachorro, que había empezado a dormirse en los brazos del Guardabosques, y sonrió con dulzura.
-Realmente es una preciosidad- murmuró. 



Scorpius bebió un sorbo de jugo y dejó a un lado el plato de pasta que acababa de terminar. Esa noche había cenado solo porque Albus estaba en la mesa de Gryffindor, y Claire se encontraba más allá con sus amigas. 
Volvió a pasar la mirada por todo el gran comedor, cómo había hecho las últimas diez veces. En Gryffindor, todo el grupo de amigos, primos y hermano de Rose cenaban entre risas, pero ella no estaba allí. De hecho, el rubio no se había cruzado con ella en toda la tarde. 
Se levantó y salió del comedor, emprendiendo el camino hacia su sala común. De seguro estaba allí, tampoco podía haber ido muy lejos. Dobló una esquina y entonces casi choca con Lorcan y Lily, que venían riéndose y lo miraron con algo de sorpresa. 
-Hola, Scorpius- saludó la chica, sonriéndole un poco.
Lorcan también le sonrió apenas, pero no dijo nada.
-Hola- les devolvió el saludo con su habitual serenidad.
Estaba a punto de seguir caminando cuando se le ocurrió algo, y miró a los Gryffindors con interés. 
-Oigan, ¿han visto a Rose?- preguntó.
Lily y Lorcan se miraron para ver si alguno respondía, pero finalmente negaron con la cabeza. 
-No la veo desde el desayuno- respondió la pelirroja.
-Pues yo la vi en clases, pero es cierto que no la cruce en toda la tarde- comento Lorcan, pensativo.
Scorpius asintió, y entonces sintió la mirada algo analítica del gryffindor sobre él.
-Oye, ¿crees que podamos hablar un segundo?- le preguntó.
Scorpius lo miró algo desconcertado. ¿Qué tendría él para hablar con Lorcan Scamander? Lily observaba al chico con curiosidad, pero el rubio mantenía una expresión tranquila. 
-Será rápido, lo prometo.
Scorpius suspiró. Quería ir a la sala común para ver a Rose. Sin embargo asintió, y Lorcan sonrió un poco, mirando a la pelirroja a su lado. 
-Ve yendo a cenar, te veo después- le susurró.
A Scorpius no le pasó desapercibido que la miraba como si fuera algo especial, ni tampoco que le acarició la mano antes de alejarse un poco. Lily sonrió y asintió, despidiéndose con la mano y continuando el camino. Lorcan se sentó en el alféizar del enorme ventanal que cubría una de las paredes, y el slytherin lo imitó, sentándose a su lado y mirándolo interrogante. 
 -¿ Te has hecho muy cercano a Rosie Pooh, verdad?- le preguntó el chico, mirando al frente. 
 - Sí… en poco tiempo hemos congeniado bien pese a no conocernos más que de vista. ¿Por qué? 
Lorcan lo miró como si intentara leer a través de su rostro, pero el slytherin tenía una expresión neutral que dejaba ver poco.
-Y te gusta- afirmó más que preguntar. 
Scorpius alzó una ceja. 
 -¿ Tengo que responderte eso? Lo siento, pero no hemos hablado mucho, no entiendo por qué el interés. 
El Gryffindor sonrió de medio lado.
-Porque Rose es mi mejor amiga, y mi deber es cuidarla- respondió, como si fuera obvio.
-¿Y crees que no soy bueno para ella? 
-No es eso, sólo quiero asegurarme de tus intenciones. 
Si Scorpius no fuese alguien tranquilo, hubiese tenido ganas de golpearlo. Por Merlín, hasta hacía poco él era el causante de que la pelirroja sufriera. No tenía mucho derecho a venirle con planteos. 
-Hey- llamó Lorcan, sin borrar su sonrisa-. No te tomes esto a mal. No es por ti, ni siquiera te conozco. Sólo quiero cuidar a Rosie, supongo que lo entiendes. 
Scorpius miró al frente, un poco más tranquilo. 
-Lo sé, está bien. No te preocupes, no soy ningún mounstro. Cuidare de ella- respondió. 
-O sea que si te gusta. 
El slytherin lo miró con una expresión algo burlona. 
-Eso es asunto mío. Sólo te diré que no te preocupes porque cuidare de ella, es todo.
Lorcan alzó una ceja.
-Mira que eres altanero- murmuró-. Está bien, pero te estaré observando.
Se bajó del alféizar y lo miró una última vez, con expresión relajada. 
-Rose es especial, ¿sabes? Es amable hasta con las plantas, si se enfada no le dura mucho y tienes que haber colmado su paciencia para que suceda- comentó -. Yo la he hecho enfadar muchas veces, así que no me enorgullezco. Pero ella siempre lo olvida, porque tiene la capacidad de ver lo bueno en todo y en todos. Es fuerte y pocas veces deja ver lo que siente, no sé por qué. Así que tal vez te cueste un poco… pero vale la pena. 
Scorpius lo miró algo desconcertado, pero puso atención a cada palabra, guardando esa información muy dentro suyo. Lorcan sonrió y metió las manos en los bolsillos.
-Eso sí. Si la lastimas, acabaré contigo. 
Dicho eso se dio media vuelta y empezó a caminar hacia el Gran comedor antes de que Scorpius pudiese responder. Sin embargo, antes de doblar la esquina se giró y volvió a mirarlo.
-Y ten cuidado. Las Weasley son preciosas pero también tienen la capacidad de dejarte idiota, en el buen y en el mal sentido.
Le sonrió divertido y finalmente se fue. 
Media hora después, Scorpius caminaba finalmente hacia la sala común, aún dándole vueltas a esas últimas palabras. Sonrió un poco al darse cuenta que Lorcan Scamander tenía razón. Rose Weasley lo había convertido en un idiota que no sabía ni lo que hacía. 
Miró la bolsa gris en su mano derecha, y sonrió un poco más. Acababa de llegarle con su lechuza, por eso se había retrasado un poco. Eso lo ayudaría a terminar de amigarse con la pelirroja, estaba seguro. 
Cuando llegó a la puerta de madera que daba entrada a su sala, apoyó los dedos y la luz blanca brilló, dándole paso. Adentro, para su alegría, encontró a Rose. La chica estaba sentada sobre un almohadón en el suelo, y escribía en un pergamino sobre la mesita del centro. Alzó la vista al verlo entrar pero no dijo nada, y continuó su tarea con expresión seria. Scorpius suspiro. No iba a ser tarea fácil. 
 Sin embargo sonrió y caminó hasta sentarse en el sofá dónde la chica se apoyaba. 
-Transformaciones, ¿verdad?- preguntó.
Rose dejo de escribir un momento, pero no lo miró. 
-¿Eres adivino ahora?
El rubio sonrió divertido. Definitivamente no iba a ser fácil. 
-Pues no, pero tu cara me lo dice. Cada vez que te toca esa asignatura te pones tan seria que se te frunce toda la frente. 
La pelirroja giró el rostro y lo miró al fin, sin sonreír ni un poco. Scorpius amplió su sonrisa y extendió la mano, apoyando un par de dedos con suavidad en el entrecejo de la chica.
 -¿ Lo ves? Lo estás haciendo ahora. Te vas a arrugar- le dijo.
Rose se quedó muda ante ese gesto tan suave y cercano, y por unos segundos olvidó dónde estaba, pero reaccionó enseguida y se apartó, volviendo a mirar los pergaminos. 
-¿Necesitas ayuda?- le preguntó el chico, husmeando sobre su hombro los ejercicios de la pelirroja a medio hacer. 
-No, descuida, es teoría- respondió en tono neutral-. Sólo debo practicar un par de movimientos porque el lunes Lewis va a tomarme lección, ya sabes que me odia infinitamente. Debo haberle hecho daño en otra vida o algo…
De pronto se detuvo, dándose cuenta que estaba hablando mucho, como siempre que le contaba algo a Scorpius cuando se encontraban en la sala común luego de terminar el día. El rubio sonrió.
-Pues por eso, te ayudaré. Siempre que te explico te salen bien los movimientos, y no tengo nada para hacer. 
Rose lo miró aún sería.
 -¿ No tienes que dormir? ¿Ducharte? ¿Algo?
Scorpius resoplo, pero seguía con su expresión divertida.
-Rose, es viernes, no dormiré tan temprano. Ya me duche esta mañana y quiero ayudarte. Deja de dar vueltas y acepta, así podrás olvidarte del tema.
Se miraron, y la chica supo que ya no estaba enojado y que estaba intentando alzar la bandera de paz. Posó la vista en los pergaminos, y unas palabras vinieron a su mente.
 "Anda, Scorpius, ¿no soy una preciosura?". "Si, eres una preciosura…". 
La molestia que la había acompañado toda la tarde volvió a agujerearle el estómago, y resopló. Scorpius rodó los ojos y se puso de pie, mirándola con firmeza.
-Ven acá. Practicaremos ahora- le dijo.
Rose alzó una ceja y se cruzó de brazos cuan nena caprichosa.
-¿Quién dice?
-Rose…
-Eres un mandón.
-Te ayudaré con eso así puedes terminar la teoría y te dejo tranquila. Mejor ahora. Anda.
Le extendió la mano, y la pelirroja suspiró. Ya estaba cansada de pelear, aunque siguiera molesta. Se puso de pie sin aceptar la mano del chico y tomó la varita. Scorpius sonrió y se cruzó de brazos.
-Muéstrame. ¿Qué te pidió que practiques?
-Debo saber transformar un objeto inanimado en algún ser vivo. Dijo que si a esta altura no sabía hacer eso, que mejor me olvidara de los Éxtasis. Viejo maldito- refunfuñó-. No es que sea burra, ¡sólo me cuesta esta estúpida materia! ¡No sé por qué! Debo tener la muñeca atrofiada…
-Okey, ya basta- la frenó Scorpius-. No te tires abajo. Lewis es insoportable y no eres la única a la que maltrata. Creo que sólo te falta práctica y que gran parte de tus fallos se deben a qué él te intimida. Pero vamos a cerrarle esa boca arrugada que tiene. 
Le sonrió con suavidad y Rose, enojada y confundida como estaba, no pudo evitar sentirse mejor. No sabía si era por las palabras de ánimo en sí o porque era Scorpius quien las pronunciaba. 
-Muéstrame y veremos qué hay que corregir.
La pelirroja suspiró y se enderezó, alzando la varita y apuntando a un almohadón. 
-Vita- pronunció, intentando concentrarse. 
Frente a ella, el almohadón vibró un poco, pero nada más pasó. Rose dio una patadita en el suelo, frustrada. Scorpius suspiró.
-Oye, no te enojes. Estás haciendo mal el movimiento y además, no pronuncias el hechizo con confianza. Dudas antes- explicó, caminando hasta posicionarse detrás suyo.
Tomó el brazo de Rose con suavidad y apuntó al almohadón, enseñándole cómo debía mover la muñeca. 
-Pronuncia con decisión- dijo, y la pelirroja sintió su voz profunda y calma en el oído, mientras su aliento cálido le pegaba en el cuello.
Cerró los ojos unos segundos, intentando serenar su corazón que latía desbocado. "Concéntrate, Rose". Abrió los ojos y miró el almohadón con decisión, sintiendo el tacto del rubio en su muñeca. 
-Vita- pronunció.
Esa vez, varias plumas y un pico naranja aparecieron en el objeto. Bueno, no era un animal pero casi. 
-No está mal, el próximo intento saldrá perfecto- la felicitó el rubio, sin soltarla. 
Rose giró un poco el rostro para hablarle, cosa que no fue buena idea porque estaban excesivamente cerca, por lo que enseguida volvió a mirar al frente y se soltó de él con suavidad, alejándose un poco. Sentía las mejillas hirviendo y debía verse como tomate con insolación. 
-Está bien, ya entendí el movimiento. Intentaré de nuevo. Pero mañana, ahora… debo terminar eso y estoy cansada - dijo, intentando disimular. 
Scorpius sonrió un poco y decidió no insistir, aunque su cuerpo le reclamaba que se hubiese alejado. Suspiró y metió las manos en los bolsillos, mientras Rose volvía a sentarse en el suelo y escribía frenéticamente. El rubio la rodeó y tomó la bolsa que había apoyado en el sofá, poniéndola en la mesita frente a ella. 
-Eso es para ti. Buenas noches- le dijo.
Luego subió las escaleras antes de que la chica pudiera reaccionar. Rose miró la bolsa con curiosidad, y la abrió, sacando su contenido. 
Sonrió feliz al ver un juego de plumas y tintas de colores variados, algunos brillantes y otros opacos, en tonalidades vivas como a ella le gustaban. También había un cuaderno de tamaño mediano con tapas duras de color rojo y hojas lisas. Una pequeña tarjetita reposaba adentro, y la chica reconoció la letra estilizada y prolija de Scorpius. 
" Te debía el regalo de cumpleaños. Sé que adoras hacer esos dibujitos extraños por todos lados, así que pensé que sería una buena opción. S."
Rose suspiró y acarició una de las plumas, de un violeta brillante, mientras la calidez la invadía. Ya tenía sus plumas de colores, pero no unas tan bellas y variadas. Y además, lo importante en todo eso era que el rubio le prestaba la suficiente atención como para saber qué regalarle. Pero no era sólo eso. La realidad era que Scorpius siempre tenía la capacidad de pronunciar una palabra y levantarle el ánimo, o de transmitirle calma sólo con estar sentado a su lado leyendo. Rose se había acostumbrado tanto a él en tan poco tiempo que le resultaba casi irreal. 
Se apoyó en el sofá, sin dejar de sonreír, sabiendo que ya no había pelea alguna, aunque ella siguiera algo molesta por lo que había oído esa mañana. Su cabeza era un lío, no iba a decir que no. Pero esa noche terminó los deberes y se puso a dibujar, probando los colores nuevos con esa felicidad que sólo le producía el arte, y se olvidó por un buen rato de todo lo demás. 



Ese sábado por la mañana, Lily bajo temprano de su habitación, pese a que la mayoría seguía durmiendo. Pero ella tenía una pila enorme de deberes, así que mejor empezar cuanto antes. 
Salió de la sala común bostezando, dispuesta a desayunar algo que le diera energía. Mientras caminaba hacia allí, sonrió un poco al pensar en lo extraños que habían sido los dos últimos días. 
Desde que Lorcan se había sincerado con ella y habían acordado darse una oportunidad, la pelirroja sentía que estaba viviendo algo casi irreal. Nunca había estado en una relación, y aunque ambos habían decidido no ponerle un título e ir de a poco, las cosas eran distintas entre ambos. 
El rubio solía lanzarle miradas durante las comidas, que Lily le devolvía algo sonrojada. El resto del grupo no estaba al tanto de lo que tenían, no por algo en especial, sólo no lo habían contado. Y también era cierto que tener algo sólo de ellos le daba un poco más de emoción al asunto. Pasaban casi todos los ratos libres que tenían juntos, y varias veces Lorcan la había sorprendido acariciándole el cabello o apoyando la cabeza en sus piernas, con tanta naturalidad que parecían ser pareja hace años. Lily se sentía cómoda cuando estaba con él, y aunque no habían vuelto a besarse, varias veces la pelirroja se había encontrado queriendo hacerlo. 
 -¿ Esa sonrisa es mía?- habló una voz conocida a su derecha. 
Lily se frenó en mitad del pasillo, y vio a Lorcan, que le sonreía apoyado en la entrada al Gran Comedor. Como cada vez que veía esa sonrisa, la pelirroja se sintió como si algo la abrigara, y caminó hacia el con tranquilidad. 
 -¿ Qué haces aquí? No son ni las diez- preguntó con suavidad, apoyándose a su lado. 
 - Dijiste que ibas a levantarte temprano para aprovechar el día, y yo no tenía más sueño, así que te acompaño- respondió el chico, encogiéndose de hombros.
Lily le revolvió el pelo con cariño, mirándolo divertida. 
-Pero tengo deberes, te dije ayer. ¿Qué clase de compañía soy? Es sábado- le dijo.
Lorcan le apretó una mejilla, molestándola.
-No tengo nada mejor que hacer. A menos que no quieras mi perfecta compañía, en ese caso me iré- respondió, haciendo amague se largarse con rostro ofendido.
Lily resopló y lo agarró de la manga, deteniéndolo. Miró alrededor, y habiendo verificado que no había más nadie allí, se puso de puntas de pie y le dio un beso en la mejilla. 
-Anda, desayunemos. Tenemos un día largo por delante, prepárate- le dijo.
Luego dio media vuelta y entró en el comedor, dejando a Lorcan atontado por el beso. 
-Oye, espérame, Pecosa- hablo el rubio cuando logro reaccionar. 
El comedor estaba apenas concurrido por algunos alumnos y profesores. Lorcan se sentó frente a Lily, que lo miró aún divertida mientras untaba queso en la tostada. 
-Por cierto, ayer olvidé preguntarte. ¿Qué hablaste con Scorpius?- preguntó con curiosidad.
El rubio la miró mientras se servía té.
-Sólo le pregunté qué intenciones tiene con Rosie Pooh. 
Lily alzó una ceja. 
 -¿ De qué siglo eres? ¿Intenciones? Por Merlín- se burló, tirándole una miga.
Lorcan sonrió y se encogió de hombros mientras elegía algo de comer.
-Pues es mi amiga, debo asegurarme- respondió.
Finalmente optó por un par de galletas que miró con cariño, y la pelirroja lo miró a él, resignada. 
-Rose es grande, sabe cuidarse- lo señaló con el dedo-. No te atrevas a meterte. Hacen buena pareja. 
-Oye, te repito que es mi mejor amiga así que me meto todo lo que quiero. No dejaré que se quede con cualquier idiota. 
Lily suspiro. Hombre tenía que ser.
-Está bien, pero no te pases. Sé que no debo meterme en la relación que tienes con Rose, pero aún así es mi prima y la defenderé de tu sobreprotección.
Lorcan resopló.
-No es sobreprotección, sólo la cuido. Además, he hablado con él y parece decente. No pienso meterme más que eso- respondió, guiñándole un ojo.
La chica asintió, masticando la tostada. 
 -¿ No deberíamos contarle lo nuestro?- preguntó luego de unos minutos, algo más seria.
El rubio la miró sin entender, hasta que comprendió a qué se refería.
-Ya hemos aclarado eso, no está enamorada de mi. No veo el problema.
-Lo sé, pero aún así me da cosa… además tal vez se ofenda porque ninguno de los dos fue capaz de contarle nada. Somos muy cercanos. 
Lorcan asintió.
-Puede ser… si te preocupa hablaremos con ella, descuida. 
La chica sonrió un poco y asintió. El chico, viendo que ya había pasado el momento semi- serio, sonrió y la miró con diversión. 
-Por cierto, suena bien.
Lily lo miró confundida. 
 -¿ Qué cosa suena bien?- preguntó. 
El chico se acercó un poco.
-Eso que dijiste antes. "Lo nuestro"- explicó, susurrando la última frase-. Suena bien. 
Le guiñó un ojo y Lily sonrió.
-Dilo de nuevo- le pidió el rubio.
-No haré eso. Desayuna- respondió la pelirroja, dando otro mordisco a la tostada.
-Pero…
Sin embargo no pudo seguir quejándose, porque Lily tomo una galleta y se la puso en la boca, divertida.



Scorpius suspiró, sentado en uno de los sofás de la sala común. El sol había empezado a caer, y Rose aún no había vuelto. 
-Vaya que está tardando, ¿no crees?- susurró, mirando hacia abajo.
Entre sus brazos, el cachorrito que Hagrid había rescatado se removió un poco y bostezó, adormilado. El rubio sonrió un poco y le acarició la cabeza. No era muy grande, pero sí gordito, y su pelaje suave y brillante le transmitía un calor agradable. Había decidido sorprender a la pelirroja en vez de consultarle antes, por lo que había ido a buscar al perro a la cabaña del Guardabosques nada más terminar los deberes, hacía un rato. Rose no iba a negarse, estaba seguro. 
-Más te vale no meternos en problemas- volvió a susurrar, acariciando al cachorro.
El animal abrió los ojitos, como si hubiera entendido, y le lamió la mano. En ese momento, la puerta se abrió y Rose entró en la sala. Nada más ver a Scorpius se quedó quieta. Pese a que ya no estaba enojada, aún se sentía incómoda y las palabras que le había dicho el slytherin a Claire aún resonaban en su cabeza, molestándola. Sin embargo, se olvidó de todo cuando vio la pequeña bola de pelos que dormitaba en brazos del chico, que se puso de pie al verla, con una media sonrisa. 
-Al fin llegas- saludó.
La Gryffindor abrió la boca con sorpresa y caminó hacia él, mirando al cachorro con ternura. 
 -¿ De dónde has sacado esa preciosidad?- preguntó con una sonrisa, acariciando las orejitas del perro. 
El rubio se lo dio para que lo alzara, y Rose lo acurrucó entre sus brazos, feliz de la vida. El cachorro se removió y la miró con dos ojos miel brillantes.
-Hagrid lo encontró abandonado en Hogsmeade, pero no puede quedárselo. Me ha pedido que lo escondamos aquí hasta que encuentre alguien que lo adopte- le explicó Scorpius, cruzándose de brazos. 
Rose alzó más cejas con sorpresa, sin dejar de acariciar al perrito, que parecía haberse acomodado enseguida a sus brazos y le olfateaba la blusa.
-Vaya… ¿Quién puede haber abandonado algo tan chiquito y bonito?
Se sentó en el sofá, acomodando al perro en su regazo. Scorpius se sentó a su lado y le acarició una patita.
-No lo sé. Al principio dije que no, podemos meternos en problemas si lo descubren. Pero Hagrid terminó convenciéndome con sus lágrimas- dijo, rodando los ojos-. Iba a consultarte antes, pero lo traje así lo ves. 
Rose sonrió.
-Hagrid puede convencer a cualquiera cuando se pone a llorar-. Suspiró, mirando al cachorro-. Es cierto que nos meteremos en un lío, pero… no podemos dejarlo a su suerte. Además nadie entra aquí, y nuestros amigos no dirán nada. Si somos cuidadosos no pasará nada.
Scorpius asintió, apoyándose en el respaldo.
-Sabía que dirías que sí. Hagrid prometió hacerse responsable en caso de que lo descubran. 
-¿Lo ha visto algún veterinario?- preguntó la chica.
El rubio asintió.
-Si, está bien. Hagrid me dio la comida de cachorro que le compró y transforme un cuenco para que tome agua. Podemos improvisar alguna cucha para que duerma y comprarle algún juguete. Muerde todo- dijo.
Efectivamente, el perro, más despierto, se había bajado al sofá y mordisqueaba contento una punta del almohadón. Rose se lo quitó, divertida, y miró al chico.
-Vaya, tienes todo listo. 
Scorpius sonrió y se encogió de hombros.
-Sólo hay que cuidarlo. Debemos quitar todo lo que pueda comerse, si no será un desastre cuando no estemos. Y será mejor poner un hechizo silenciador en la puerta por las dudas que se oigan los ladridos. 
Rose asintió, mientras el perro le mordisqueaba la mano a falta de almohadón. 
 -¿ Para eso nos citó Albus en la cabaña ayer? No me dijo nada al final.
Scorpius asintió y la miró suspicaz.
-Le dije que yo hablaría contigo. 
La chica asintió, acariciando el lomo del cachorro.
-Así que por eso decías que no lo ibas a hacer. Te referías a adoptarlo- murmuró, más para ella misma que para el. 
El rubio alzó una ceja.
-Así que te quedaste afuera escuchando. ¿Por qué no entraste?- preguntó, enderezándose en el sofá.
Rose se encogió de hombros, concentrada en juguetear con el perro.
-No quise interrumpir tu momento cursi con Claire.
-¿Ah? ¿Qué momento cursi?- preguntó Scorpius con confusión. 
Rose volvió a encogerse de hombros.
-Ya sabes, "soy una preciosura". "Oh, si, lo eres"- respondió, imitando las voces. 
Enseguida se dio cuenta de lo que acababa de decir, y alzó la cabeza con rapidez, mirando al slytherin, que a su vez miraba la nada, intentando comprender. "Eres boba, Rose, cierra esa bocota", se regañó internamente. Entonces, el rubio la miró, entendiendo al fin, y una sonrisa divertida se formó en sus labios.
-No hablaba de Claire. Hablaba de la bola de pelos- explicó, señalando al cachorro.
El perro soltó un ladrido agudo, como si se hubiese ofendido ante el apodo, y Rose frunció el ceño. Scorpius suspiró.
-Claire estaba persiguiéndome con el perro para que aceptara quedármelo, y me hizo asumir que era una preciosidad. No hablaba de ella- repitió con paciencia. 
¿Así que otra vez estaba celosa? Por eso no había entrado. Rose, sintiéndose idiota, bajó la vista intentando ocultar su sonrojó. 
 -¡ Hay que ponerle un nombre!- soltó, haciéndose la boba.
El rubio alzó una ceja. Sí que era buena para cambiar de tema. 
-Pues no sé, habría que pensar alguno y …
-Chocolate. 
El rubio la miró, algo desconcertado.
 -¿ Quieres ponerle Chocolate?
Rose asintió, sonriente.
-Tiene el pelo color chocolate. Le queda perfecto y es tierno, como él- dijo, alzando al perrito.
Lo puso frente a su cara y rozo su nariz con la del animal, contenta. 
 -¿ Dónde viste un perro que se llame así?- preguntó Scorpius, molestándola.
 - Tú porque eres un amargado. Se llamará así y punto. 
 - Oye, yo también tengo voto.
Rose lo fulminó con la mirada, y el chico suspiró, sabiendo que era una batalla perdida. 
Pasaron el resto de la tarde jugando con él, peleándose por dónde ponían los platitos de comida y agua, decidiendo cómo armarle una cucha y escondiendo todo lo que pudiera morder o comerse. No bajaron a cenar, temiendo dejarlo solo tan pronto, por lo que Scorpius fue a las cocinas a buscar comida para cenar en la sala. 
Cuando volvió, Rose estaba parada en medio de la sala, con Chocolate en brazos, y miraba algo en el suelo. 
 -¿ Te has quedado petrificada?- preguntó el rubio, mientras apoyaba en la mesa grande la bandeja con comida. 
Rose suspiró y lo miró.
-Ha marcado territorio- dijo, señalando el suelo.
El slytherin frunció el ceño y comenzó a caminar hacia ella, pero la chica alzó un brazo y lo frenó.
-Ten cuidado o lo pisaras -le advirtió.
El chico miró hacia abajo, quedándose quieto, y entonces lo vio. Allí, sobre el brillante piso de madera clara, un montoncito marrón con olor desagradable adornaba la escena. Scorpius frunció la nariz y se alejó un paso.
 -¿ Eso es caca?- preguntó.
Rose rodó lo ojos y lo miró burlona. 
-No, es un nuevo adorno que compré para la sala. Le faltaba vida- respondió divertida. 
Scorpius la miró mal y se cruzó de brazos.
-Muy graciosa.
Suspiró, sacando la varita del bolsillo mientras se acercaba al montón de popó. 
- Tenemos que enseñarle a hacer sobre diario o algo de eso.
Rose lo vio levantar la varita, dispuesto a limpiar, y una sonrisa maligna se formó en su rostro. Sacó su propia varita, dejando a Chocolate sobre el sofá, y antes de que Scorpius pudiera reaccionar, lo apuntó. 
-Expelliarmus- exclamó, desarmándolo al instante.
El rubio vio con sorpresa como su varita volaba a manos de Rose, que lo miró divertida.
 -¿ Qué haces?- le preguntó, alzando una ceja.
 - No es bueno usar la varita para todo- respondió la chica, soltando un suspiro-. Límpialo al modo muggle. 
 -¿ Disculpa? No voy a hacer eso, para algo somos magos, para ahorrarnos éstas cosas- dijo el chico, cruzándose de brazos. 
Rose miró la varita entre sus dedos, sin borrar la sonrisa. 
-Sí lo harás porque no tienes varita. 
-¿Pero por qué? 
La chica se encogió de hombros. 
-Es mi venganza por comportarte como un neandertal conmigo el otro día. ¿ O crees que por sonreír, hacer de cuenta que no pasó nada y regalarme unas plumas ya está?- respondió, alzando una ceja. 
Scorpius alzó las cejas. 
-Pero, Rose…
-Puedes usar papel higiénico del baño. Lo tiras al inodoro y luego te dejo usar la varita para desinfectar el suelo y terminar de limpiarlo- lo interrumpió la pelirroja, cruzada de brazos.
Scorpius suspiró, armándose de paciencia, y esbozó una sonrisa falsa, acercándose a Rose despacio.
-Déjate de tonterías y devuélveme la varita. Te compensare de otra manera- le dijo.
Rose se movió, alejándose un poco.
-No, esa es mi venganza. No es negociable. Neandertal- le dijo, frunciendo el ceño.
Scorpius avanzó unos pasos, componiendo su mejor mirada de súplica, mientras Rose retrocedía, escondiendo la varita tras su espalda. Chocolate, acurrucado en el sofá, los miraba fijamente, moviendo apenas la cola. 
-Rose, no seas así… es muy asqueroso juntar eso con la mano.
La pelirroja negó, retrocediendo, hasta que se chocó con el ventanal y se quedó sin escape posible. Scorpius sonrió triunfante y terminó de acercarse, pero la chica intentó escabullirse por un costado, aunque él fue más rápido y apoyó un brazo en el vidrio, impidiéndoselo. 
-Ya basta, devuélveme mi varita, Weasley- le dijo, frunciendo el ceño.
Rose lo miró con el mentón alzado, desafiante. 
-Que no.
-Devuélvemela o…
-Ay, por favor, ahora me vas a amenazar- resopló la chica-. ¿Qué me puedes llegar a hacer tú?
Scorpius la miró, buscando ideas en su cabeza, y luego sonrió un poco, dándose cuenta que la chica tenía las mejillas sonrojadas, tal vez debido a su cercanía. 
-No me subestimes. 
-No me harás nada.
-Claro que sí.
-Que no.
-Devuélvela o te besare- amenazó el rubio.
-¡Ja! Eso ya lo hiciste la otra noche, sólo que estabas dormido como marmota y no…
Rose se calló al instante, abriendo los ojos como platos al darse cuenta lo que acababa de soltar. Scorpius bajó el brazo, y la miró confundido. 
 -¿ Qué has dicho?- preguntó.
La pelirroja abrió la boca un par de veces, buscando qué decir y reprendiéndose mentalmente por bocazas. Otra vez. Finalmente sonrió inocente y aprovecho el desconcierto del chico para escabullirse, corriendo hasta alejarse un poco.
-Nada, no he dicho nada. Me voy arriba- dijo rápido. 
Scorpius vio desconcertado como la chica agarraba a chocolate con un mano, un sándwich de la bandeja con la otra, y sin más subía las escaleras casi corriendo.


Hola! Bueno, espero les haya gustado :)
Recuerden que sus opiniones son muy importantes, cuéntenme si les gusta como va desarrollándose la historia y si tienen cualquier crítica constructiva, es bienvenida!
Que les parece la incorporación de Chocolate? Parece que tienen un hijo perruno ahora jaja, vamos a ver qué sale XD
Abrazos!! Nos leemos



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