Historia al azar: We never change
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Donde gustes y cuando quieras » Capítulo doce
Historia terminada Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Viernes 21 de Agosto de 2020, 19:10
[ Más información ]

Capítulo doce

Capítulo doce
Scorpius miró el reloj sobre la mesa de luz y vio que eran las siete de la tarde. La fiebre parecía haber bajado, pero aún le dolía todo y le molestaba la garganta. Rose había pasado por la habitación hacía un rato para ver cómo se encontraba, y el rubio, que había estado leyendo, se había metido entre las sábanas con cara de sufrimiento. ¿Que era un bobo? Bueno, sí, lo era, ¿y qué? Dicen que el amor te hace hacer idioteces, así que nadie podía culparlo por querer que la pelirroja se preocupara un poco por él. Rose, efectivamente con el ceño fruncido de preocupación, le había tomado la fiebre con un termómetro y había sonreído un poco más aliviada al ver que había bajado un poco, aunque aún persistía. Luego se había ido para dejarlo descansar.
Y allí estaba Scorpius. Cerró la revista que estaba hojeando, aburrido. Odiaba estar enfermo porque eso lo obligaba a estar en cama, y él no solía disfrutar estar tanto rato sin hacer nada. Se destapó y apoyó los pies en el suelo, dispuesto a levantarse un rato. Total, la cama y el sillón eran lo mismo, y al menos cambiaría de lugar y de paso estaría con Rose.
Se abrigó con un suéter sobre el pijama, y bajó las escaleras. En la sala común, se quedó quieto antes de seguir avanzando cuando vio que allí había alguien, pero no era Rose. Una chica más menuda y con el pelo de un pelirrojo más claro se encontraba de espaldas, apoyando algo sobre la mesita del centro. La chica se enderezó y se giró, posando sus ojos en él con algo de sorpresa. Lily Potter esbozo una sonrisa incómoda al verlo, y Scorpius la miró algo desconcertado. ¿Qué hacía ahí?
-Hola, Scorpius- saludó la chica, cruzándose de brazos-. Siento la invasión del espacio. Rose me pidió que te dejará aquí una sopa que hizo para la gripe. 
Señaló la mesita, dónde descansaba un cuenco de barro del que salía un vapor caliente y un olor agradable.
-La abuela Molly nos la hace siempre que enfermamos, y es casi milagrosa. Te hará bien- continuó la pelirroja.
Scorpius asintió, sintiendo algo cálido dentro al saber que Rose se preocupaba tanto por él que había cocinado una sopa. Sin embargo, sonrió poco y miró a la chica con curiosidad.
 -¿ Y Rose dónde está?- preguntó.
 - Oh, tenía que hacer algo así que me abrió la puerta y se fue. Pero dijo que vendría enseguida. Es que un compañero de Gryffindor le pidió ayuda con una tarea- explico Lily.
El rubio asintió, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón pijama.
 -¿ Qué compañero?- preguntó, sospechando la respuesta.
Lily lo miró con suspicacia, preguntándose por qué el chico preguntaba tanto, pero sonrió como si nada.
-Samuel Finnigan. Él y Rose se llevan bien- respondió.
Scorpius sintió enseguida cómo la molestia reemplazaba la calidez que había sentido antes al confirmar sus sospechas. Finnigan, otra vez. Apretó los puños en los bolsillos, bajando la vista al suelo con seriedad, cosa que a Lily no le pasó desapercibida. 
-Bueno, ya me voy- dijo, caminando hacia la salida-. Bebe la sopa antes que se enfríe, te hará bien. Que te mejores.
Le sonrió una última vez y salió, analizando la situación. Más le valía a Rose asumir pronto lo que sentía, porque evidentemente era correspondido.
Adentro, Scorpius suspiró, enfadado. Con Rose por haberse ido con ese, con Lily Potter por habérselo dicho y con él mismo, por ser tan idiota que no podía ni controlar los celos. 
Cuando Rose regresó a la sala común habían pasado solo veinte minutos. Se había apurado en explicarle a Samuel los ejercicios de Aritmacia para poder volver con Scorpius. El rubio estaba sentado en el sofá, de brazos cruzados y con expresión seria. 
-Hola, ¿qué haces ahí? Tienes que estar en la cama- lo regaño con suavidad, acercándose. 
Vio que en la mesita descansaba la sopa, intacta. La pelirroja frunció el ceño.
-¿No la tomaste? 
Miró a Scorpius, que seguía con los ojos puestos al frente y no había emitido sonido. Rose se cruzó de brazos.
-Scorpius- llamó-. ¿Te sientes mal?
Estiró la mano para tomarle la fiebre, pero el chico fue más rápido y se puso de pie, esquivándola. 
-Estoy bien, ya comprobaste la fiebre hace un rato- dijo con un tono neutral.
Pero Rose había aprendido a conocerlo un poco en ese tiempo, por lo que supo que estaba enojado. La pregunta era por qué. Últimamente el chico tenía cambios de humor repentinos que la desconcertaban.
-Pues toma la sopa, es buena para la gripe. La hace mi…
-Tú abuela, ya lo sé, me dijo Lily- la interrumpió, posando sus ojos azules en ella-. No tengo hambre. 
Dicho eso se giró y caminó hacia las escaleras. La pelirroja frunció más el ceño, empezando a enojarse, y caminó hacia él. 
-Oye, ¿qué te pasa? Modera ese tono conmigo- le dijo, agarrándolo del brazo para frenarlo.
Scorpius se giró y se soltó con suavidad, volviendo a mirarla con esos ojos profundos, que en ese momentos estaban más oscuros que nunca. Rose retrocedió un paso, algo desconcertada. El rubio suspiró y se cruzó de brazos, sin dejar de mirarla.
-No hace falta que te comportes como enfermera conmigo. Tienes cosas que hacer, así que descuida. Se cuidarme solo- dijo con un tono bajo.
La chica lo miró sin saber qué responder, anonadada ante ese tono. Scorpius nunca le había hablado así, con tanta seriedad. El chico no dijo más nada, y subió las escaleras, metiéndose en su habitación. 
Rose se cruzó de brazos, sintiendo como el enojo era reemplazado por una leve angustia. ¿Por qué la trataba así? ¿Qué había hecho más que cuidarlo? Suspiró, confundida y desanimada, y caminó hasta sentarse en el sofá. Revolvió la sopa, ya tibia, y luego se apoyó en el respaldo, abrazando un almohadón. Era la primera vez que se sentía mal a causa de Scorpius. Y no le gustaba nada.



Lily dio un último sorbo a su café con leche y se puso de pie, colgándose la mochila.
-Me retiro. Suerte en las clases- se despidió de Hugo, que desayunaba con cara de dormido.
El castaño la saludó con la mano, masticando su tostada. Era jueves, y esa mañana no compartía clase con el ni con Lena, porque le tocaba Runas, y era la única que había optado por esa materia. Técnicamente no necesitaba esa asignatura para ser Auror, pero la había elegido porque le encantaba. 
Se encaminó hacia el aula con una sonrisa suave y a paso tranquilo, ya que aún tenía tiempo. Dobló en una esquina y entonces, se detuvo de pronto. A unos metros, una chica rubia bastante bonita se apoyaba en la pared de piedra, y sonreía suavemente. Frente a ella, Lorcan también sonreía, y parecían estar hablando de algo, aunque la pelirroja no llegaba a escuchar. Se quedó quieta, observando la situación. Ni el rubio ni su compañía parecían haberla visto, porque seguían hablando, y de pronto Lorcan soltó una carcajada que hizo que el corazón de Lily se estrujara un poco. Pocas veces lo había oído reírse así con alguien que no fuera su hermano o alguno de ellos. Y ahora que la miraba bien, había visto varias veces a esa chica rubia con el Gryffindor. Nunca se los había cruzado en una situación comprometedora como las que solía exhibir Lorcan por los pasillos con sus conquistas, pero aún así en ese momento parecían muy cercanos.
Lily soltó aire, sintiendo algo pesado en el pecho. La realidad era que sólo estaban hablando, pero lo que le hacía ruido era ese nivel de complicidad que se veía a simple vista. Y por otro lado, ella no tenía por qué molestarse. Lorcan y ella no eran nada. Absolutamente nada. Algo le agujereó un poquito el estómago al llegar a esa conclusión, aunque ya lo supiera. 
¿Cómo podía ser que en tan poco tiempo hubiera empezado a sentir tantas cosas por el chico? Siempre habían sido amigos aunque no los más cercanos, pero compartían todo desde bebés. Lily siempre había notado lo guapo que era, pero pensaba lo mismo de Lysander. ¿Cuál era la diferencia? Que Lorcan se había vuelto muy cercano a ella ese último mes y medio, de hecho, era la persona con la que más tiempo pasaba. Y además el chico tenía ese no se qué que atraía a cualquiera, una personalidad firme y segura pero a la vez podía ser dulce y muy gracioso. Claro que también era un mujeriego y algo descuidado, lo había visto varias veces en los enojos de Rose cuando la dejaba plantada o se olvidaba de algo importante. Lorcan era todo eso que Lily no quería en un novio, sin dudas. Además, aunque el rubio se preocupaba por ella y demás, Lily era consiente de que no se fijaría en ella. No porque se considerara fea, estaba conforme con su físico. Pero lo cierto era que Lorcan buscaba siempre chicas de cuerpo escultural, rubias y de porte femenino. 
El agujero en el estómago se amplió un poco, y Lily entendió en ese momento que estaba jodida. Muy jodida. Porque no sólo le gustaba Lorcan, sentía algo por el más profundo que eso. Y no estaba segura de que se le pasara tan fácil como intentaba convencerse. 
Agitó la cabeza, intentando serenarse, y caminó a paso tranquilo. Lorcan la vio a los pocos segundos, y una sonrisa suave se formó en sus labios.
-Hey, Lily- saludó.
La pelirroja sonrió apenas y siguió caminando, sin emitir sonido. Sólo quería alejarse de ahí lo antes posible. El rubio frunció el ceño, extrañado, y corrió detrás suyo, tomándola con suavidad de la mano para detenerla. Lily se soltó enseguida, sintiendo cómo se había estremecido con el contacto, y se sintió idiota. Lorcan la miró confundido.
 -¿ Estás bien?- le preguntó, observándola con atención.
La chica suspiró y alzó la vista del suelo, dónde la había clavado en un intento por serenarse. Le sonrió un poco y asintió.
-Sí, es que llego tarde a Runas. Nos vemos- respondió.
Antes de que el chico pudiera decir algo más, se giró y caminó rápido hasta perderse de vista. Lorcan se quedó ahí, quieto, sintiendo muy adentro que algo definitivamente no estaba bien. Porque esa sonrisa no había sido sincera.
-Vaya, ¿están saliendo?- preguntó la chica rubia detrás suyo.
Lorcan se giró y la miró como si hubiera olvidado que estaba allí. Samantha Thompson, Hufflepuff de séptimo año, era compañera y amiga suya desde el verano, cuando se habían cruzado de casualidad en un club de piscina. 
 -¿ Qué se les dio a todos por preguntar eso?- respondió, apoyándose en el muro.
¿Qué podía pasarle a Lily? Estaba preocupado. La chica nunca lo había ignorado así. Samantha suspiró y se acercó, poniéndose a su lado.
-Disculpa, pero es que tienen una conexión evidente. Además, parecía celosa.
Lorcan la miró, confundido.
 -¿ Celosa?
La rubia sonrió burlona y asintió.
-La vi hace un rato, se quedó parada en el pasillo al vernos juntos, y se le transformó la cara. Luego te ignoró. Dos más dos, bobo.
Algo se encendió dentro del gryffindor, que miró al suelo, pensando. ¿Lily celosa? ¿Podría ser? Pero si sólo eran amigos. El único que tenía otros sentimientos era él, la chica jamás había dado señales de nada. Samantha suspiró y le pegó en el hombro.
-Eres tonto. ¿Te tengo que enseñar cómo es que una chica guste de ti? Deberías dejar de darle vueltas y hablar con ella. Que sepa que yo no te toco ni con una rama- le dijo, divertida.
Lorcan frunció el ceño, con la cabeza hecha un lío.
-Pero…
-Déjame adivinar- lo interrumpió su amiga-. Es ella, ¿verdad?
El Gryffindor la miró interrogante y ella suspiró de nuevo, cómo si la agotara hablar con un tonto que no entendía nada.
-Es ella la chica por la que no te enamoras de nadie, o esa bobería que me contaste en el verano.
Lorcan bajó la vista enseguida. Samantha lo conocía hace poco, pero parecía tener la capacidad de ver dentro suyo cómo si el fuera transparente. Suspiró, sintiendo adentro una sensación pesada que no le era desconocida. Sam apoyo una mano en su hombro y lo miró con más suavidad.
-Déjate de tonterías y habla con ella de una vez. Porque evidentemente no le eres indiferente, y sabes bien que jamás me equivoco. Soy pura intuición- le dijo, guiñándole un ojo.
El rubio soltó aire, apoyando la cabeza en el muro al tiempo que cerraba los ojos. ¿Era hora de hablar con ella? La realidad era que desde que había empezado el año, todo se había intensificado adentro suyo, y cada vez le era más difícil ignorarlo. La mirada algo cristalina de Lily y su sonrisa fingida volvieron a su mente, y quiso salir corriendo a buscarla. Miró a Sam, que le sonreía con paciencia, y suspiró.
-Tal vez tengas razón, no lo se- susurró.
Es que como siempre que se trataba de Lily, Lorcan no sabía nada. 



Miró la puerta de madera de forma titubeante. Hacía cinco minutos que estaba parada ahí, pensando si golpear o no. Suspiró y alzó la mano, dispuesta a dejarse de tonterías. Golpeó suavemente con los nudillos y esperó.
-¿Qué?- respondió una voz neutra desde adentro.
Rose soltó aire. Seguía igual que la noche anterior. Abrió la puerta despacio y se asomó, temiendo que Scorpius le lanzara bolas de fuego o algo parecido. Pero el rubio solo leía en la cama, y no levantó la vista.
-Buenos días- saludó Rose con cierta timidez, apoyándose en el marco-. Deberías tomarte la fiebre otra vez a ver cómo amaneciste.
Scorpius cerró el libro con tranquilidad y finalmente posó sus ojos azules en ella.
-Ya me la tomé, no tengo.
La pelirroja sonrió, aliviada, y entró en la habitación con pasos tranquilos hasta pararse al lado de la cama. 
-Genial. Aún así será mejor que te cuides hoy por las dudas, aún no estás curado- dijo, observando su nariz algo roja debido al resfrió-. Puedo calentarte la sopa si quieres. Te hará bien.
El rubio suspiró, y estaba a punto de negarse cuando su estómago rugió, frustrando su plan.
-Está bien- respondió, levantándose de la cama.
Rose sonrió un poco más y bajó, seguida del chico. En la mesa grande de la sala reposaba el cuenco de barro, y el olor agradable de la sopa penetró en las fosas nasales de Scorpius, abriéndole aún más el apetito. Se sentó y comenzó a comer con su habitual calma, en silencio y sin mirar a la pelirroja para nada. 
Rose, sentada en el sofá, suspiró. Realmente no entendía qué había hecho para que el rubio estuviera tan enojado con ella. Por Merlín, ni siquiera se atrevía a hablarle más de lo necesario por miedo a que le contestara alguna cosa agresiva, al igual que había hecho anoche. 
Se puso de pie y lo miró, titubeante y sintiéndose una boba. 
-Hoy estoy bastante libre porque el profesor de Pociones suspendió la clase y no tengo otras. Sólo debo entrenar a las cinco, pero puedo quedarme aquí… podemos jugar a algo así no te aburres- le dijo, intentando ser amable. 
Scorpius tomó la última cucharada de sopa, se limpió la boca con toda la tranquilidad y se puso de pie. Pasó caminando a su lado y antes de subir le soltó:
-No tengo ganas de jugar. Voy a la cama.
Rose lo vio subir y se cruzó de brazos, molesta. 
-Pues que te parta un rayo- susurró, caminando hacia la puerta a paso firme.
Ya que no la necesitaba iba a aprovechar la mañana libre para hacer sus cosas, por ejemplo, buscar en la biblioteca algunos libros para las tareas que debía hacer, que no eran pocas. 
Abrió la puerta con brusquedad, y entonces se frenó. Frente a ella se encontraba Claire Nott, con una pequeña pila de libros en las manos y mirándola sorprendida. 
-Oh, hola Rose, estaba por enviar un Patronus para que me abrieran- saludó, sonriendo-. He venido a traerle a Scorpius las tareas de Encantamientos. Ayer tuvo que faltar. 
Rose sintió la punzada de molestia a la que ya se había acostumbrado, pero sonrió apenas, haciéndose a un lado.
-Claro, pasa.
La castaña entró y Rose la siguió, cerrando la puerta.
-Le avisaré que estás aquí- le dijo con suavidad, subiendo las escaleras.
-Gracias.
Subió las escaleras y se paró frente a la puerta de la rubio.
-Claire está aquí- dijo en un tono seco, sin golpear ni abrir. 
Luego bajó y salió de la sala sin decir más nada, dejando a la chica con una mirada algo anonadada mientras Scorpius bajaba las escaleras. 
-Hey, ¿qué tal estás?- le preguntó Claire, sonriéndole-. Te he traído la tarea.
El chico se acercó y le devolvió una media sonrisa mientras tomaba los libros.
-Gracias, estoy mejor- dijo, dejando el material en la mesita del centro y sentándose en el sofá- Toma asiento.
La chica sonrió y se sentó a su lado. Le contó más o menos de que había tratado la clase y le pasó qué temas les había dado Madame Pomfrey al terminar las prácticas para que repasaran antes del domingo. 
Cuando Rose regresó, media hora después, Claire seguía allí y ambos hablaban con calma, Scorpius con una sonrisa suave en los labios. La misma sonrisa que la pelirroja no veía desde hacía rato. Entró sin decir nada y apoyó sobre la mesa grande los libros que había sacado de la biblioteca, sintiendo cómo un nudo extraño le apretaba la garganta. No era molestia como cuando antes, creyendo que estaba enamorada de Lorcan, se sentía furiosa al verlo con otras chicas. No, eso era distinto. Era una angustia que la desconcertaba y la ponía de mal humor. Si bien Scorpius y Claire no estaban haciendo nada más que charlar, la realidad era que con la castaña el slytherin se comportaba con amabilidad, mientras que a ella la trataba como si fuera invisible desde ayer, y Rose ni siquiera sabía por qué. 
Claire la miró con cierta curiosidad de verla tan seria y luego miró a Scorpius, que miraba el suelo con los brazos cruzados y absolutamente serio. De pronto el chico se incorporó y se puso de pie, posando sus ojos azules en ella.
-Vamos a almorzar al comedor, estoy harto de estar aquí encerrado- le dijo.
Claire asintió y se paró.
-Si te sientes mejor no veo el problema. 
Scorpius asintió y la castaña miró a Rose, que tenía la vista fija en un libro.
-¿Quieres venir?- le preguntó.
La pelirroja alzó la vista y la miró algo sorprendida, mientras Claire le devolvía una sonrisa amable. Luego miró al rubio, que observaba el suelo mortalmente serio.
-Estoy bien, iré más tarde- respondió, intentando esbozar una sonrisa.
Claire asintió y se encaminó a la puerta. Cuando se fueron, Rose soltó aire y se apoyó en el respaldo de la silla, sintiendo cómo se le habían tensionado los hombros. Miró la mesa, desanimada. 
En el gran comedor, Scorpius miraba el plato de fideos que tenía enfrente. No tenía hambre, a fin de cuentas había tomado la sopa hacía un rato. Recordó el sabor agradable y el calor reconfortante de la comida que había preparado la pelirroja, y lo bien que se había sentido luego de tomarla. Su garganta se había suavizado y el malestar general había disminuido un poco. 
A su cabeza vinieron las palabras de Lily Potter esa misma mañana. " Rose me pidió que te dejara una sopa que preparó para la gripe". 
La misma sensación cálida que había sentido al saberlo le invadió el pecho, y de pronto se sintió mal. La había tratado pésimo desde la noche anterior. Y ciertamente la pelirroja no se lo merecía. Lo había cuidado todo el tiempo, pendiente de cómo se sentía, de la fiebre, y se había tomado el trabajo de cocinar esa sopa para que mejorara. Y él sólo le había contestado cosas que no sentía y la había ignorado. 
Se levantó de golpe, olvidando la comida y a Claire, que lo observó confundida. 
 -¿ Dónde vas? No has comido.
Scorpius la miró y le sonrió con disculpa.
-No tengo hambre. Siento dejarte aquí sola, tengo algo importante que hacer- respondió.
Dicho eso se fue antes de que la castaña pudiera decir nada más. Caminaba todo lo rápido que le permitían sus piernas aún doloridas por la gripe, sintiéndose un idiota. ¿Qué le pasaba, por Merlín? Él no era así, jamás trataba mal a nadie cercano, menos a una chica. 
-Esto es estar enamorado- susurro para sí mismo mientras caminaba.
Pues si el amor hacía esas cosas mejor no sentirlo. Scorpius estaba descubriendo que podía sentir celos, y el problema no estaba ahí, sino en que los sentimientos se le salían de control. Le costaba decirle a Rose lo que sentía de forma clara, y en vez de eso se enojaba con ella cuando se acercaba a otro chico. 
-Eres idiota- susurró de nuevo.
Abrió la puerta de la sala común y vio que Rose ya no estaba sentada en la mesa. Subió las escaleras y encontró la puerta de la habitación de la chica cerrada. Suspiró y golpeó suavemente, creyendo que no obtendría respuesta. Tal vez se había ido.
Sin embargo, unos pasos del otro lado le dijeron que no era así. La puerta se abrió y Rose asomó la cabeza, mirándolo con algo de curiosidad, aunque su expresión era seria. 
 -¿ Quieres leer Pipito? Hoy me enviaron el número de este mes- habló el rubio, soltando lo primero que se le ocurrió. 
La pelirroja lo observó unos segundos, quedándose algo perdida en ese mar oscuro que eran sus ojos y sin entender nada. ¿Ahora venía a tratarla bien como si nada? ¿Era bipolar o qué?
-A mí también me llegó ayer. Y ya lo leí- mintió-. Tengo deberes, lo siento.
Dicho eso cerró la puerta, dejando a Scorpius del otro lado sintiéndose cada vez más tonto. Suspiró, frustrado, y se metió en su habitación.
Rose, apoyada en la puerta, soltó aire mientras miraba al techo. No había leído aún el cómic, pero sinceramente no tenía ganas de estar con el slytherin en ese momento. Estaba enojada y se sentía mal por su destrato, y odiaba que ahora viniera de pronto a hacer de cuenta que no pasaba nada. Sobre todo quería que le explicara qué pasaba. Pero también estaba agotada y confundida, y sólo quería un rato de soledad para ella misma. Para intentar aclarar que era todo eso que se le arremolinaba en el pecho.



Lily guardó sus cosas en la mochila y se la colgó al hombro con cansancio. No había podido prestar mucha atención en la clase de Runas, porque su cabeza se encontraba repleta de pensamientos que empezaban a enloquecerla. Y todos tenían ojos celestes y un olor masculino y conocido. Suspiró, caminando hacia la salida del aula, casi sin oír el bullicio de sus compañeros que charlaban mientras iban saliendo. Quería su vida de antes, esa donde sólo se preocupaba por los estudios y por su familia, y nada fuera de eso la perturbaba. ¿Qué no podía habérsele ocurrido enamorarse más adelante? Aún no estaba lista. 
 Alzó la vista del suelo mientras salía al pasillo, y entonces vio a Lorcan apoyado en el muro de piedra  sonriéndole apenas. La pelirroja se quedó quieta, sin saber bien qué hacer. ¿Es que encima iba a encontrárselo en todas partes?
-Necesito hablar contigo- le dijo el rubio con suavidad, enderezándose.
Lily sintió un leve estremecimiento ante esos ojos claros que la miraban con profundidad, y que parecían brillar un poco más ese día. 
-¿Ha pasado algo?- preguntó, acomodándose la mochila mientras intentaba ganar tiempo.
No estaba segura de querer estar con el chico, aunque todo su cuerpo se lo reclamara. Necesitaba tranquilizarse antes, pensar a solas. Lorcan se acercó un poco, aún sonriendo.
-Si no tienes nada más importante, prefiero que sea ahora. Solo será un rato, lo prometo- le dijo.
Lily soltó aire y terminó asintiendo. Mejor terminar eso rápido para poder ir a desahogarse con la almohada. Tal vez debía hablar con Lena, era su mejor amiga y siempre solía tener una palabra de ayuda. 
El chico sonrió un poco y ambos comenzaron a caminar, la pelirroja sin saber a dónde iban, sólo lo seguía. Ninguno habló mucho durante el camino, cada uno metido en su propio lío mental. Pronto llegaron a la entrada del castillo, y Lorcan se sacó la bufanda, envolviendo el cuello de Lily con ella. La chica se quedó petrificada ante el gesto, mientras el aroma del chico la envolvía, y lo miró interrogante.
-Vamos al puente colgante, el sol está agradable hoy, pero hace algo de frío- le dijo, encogiéndose de hombros.
Luego salió y siguió caminando, y la pelirroja no tuvo más remedio que seguirlo, aún preguntándose qué pasaba. Sin embargo, no lograba ordenar una frase en su mente para decirle. Ni siquiera estaban comportándose con la misma soltura de los últimos días, parecía como si ambos se encontrarán sumidos en un aura de nervios camuflada de tranquilidad. 
Cuando llegaron al puente, Lorcan se sentó, dejando colgar las piernas por la baranda. Lily se sentó a su lado de igual forma, y frente a ella la recibió el paisaje escocés bañado por el sol del mediodía y un cielo azul que se extendía sin nubes. La chica soltó aire y miró al gryffindor, que a su vez tenía los ojos puestos en el paisaje.
 -¿ Está bien tu abuelo?- le preguntó, dubitativa.
No había pensado que podría tratarse de eso, Lorcan estaba actuando bastante raro. El chico la miró y asintió, sonriendo.
-Le darán el alta mañana si todo va bien. Debe seguir tratamiento en casa pero al menos pasó lo peor.
Lily sonrió genuinamente.
-Que buena noticia, Lorcan, en verdad me alegro- le dijo contenta. 
Por un momento olvidó su confusión con el rubio y volvió a ser su amiga, la que lo había consolado un poco cuando él sufría por su abuelo y la que se reía de sus chistes tontos y le ayudaba con las tareas. Lorcan le devolvió la sonrisa, y algo en sus ojos brilló, pero la pelirroja no supo identificar qué era. 
-Gracias- le respondió.
Se miraron unos segundos, tan quietos que sólo el viento leve movía el pelo suelto de Lily. La chica se sintió perdida, como cada vez que se enganchaba a esos ojos color cielo. Lorcan tuvo ganas de besarla y ahorrarse todas las palabras, pero las manos no le respondían. La chica fue la primera en apartar la vista, posándola en el frente. 
 -¿ Qué querías hablar conmigo?- preguntó con suavidad.
Lorcan dejó de mirarla y soltó aire, mirando el cielo. 
-La chica con la que estaba esta mañana es Sam, va a séptimo de Hufflepuff. Nos cruzamos en el verano de casualidad y nos hicimos amigos- dijo-. Pero sólo eso. No ha pasado ni pasará nada con ella. 
Lily lo miro, curiosa.
 -¿ Y por qué me explicas eso?
Lorcan sonrió un poco pero no la miró.
-Jamás podría pasar nada con ella. Le gustan las chicas- dijo con cierta diversión.
La pelirroja frunció el ceño. Vaya, y ella pensando que era el rollo de turno del chico. Abrió la boca para volver a preguntar, pero Lorcan la miró y se quedó sin palabras.
-Te lo explico porque no quiero que pienses que es algo más que mi amiga. 
Lily lo miró aún confundida.
 -¿ Y por qué te importa si pienso eso?
El rubio no había quitado sus ojos de ella, y empezaba a ponerse nerviosa.
-Porque tú me importas. Y creo que yo te importo a ti- respondió con calma. 
Tanta calma que parecía estar diciéndole cualquier tontería en vez de lo que realmente era. Lily abrió un poco sus ojos marrones, asimilando esas palabras. ¿Qué le estaba diciendo? ¿Era lo que ella creía o su cerebro le estaba jugando una mala pasada? 
-Yo… somos amigos, no puedo meterme en tu vida amorosa o sexual, como quieras llamarla. ¿De qué hablas?- respondió, mirando al frente-. Estás raro hoy.
Eso, Lily, hazte la tonta, siempre funciona. De pronto quería salir corriendo. Los nervios le apretaban el estómago y sentía el corazón latiendo fuerte en su pecho. 
-No estoy raro, tú estás haciendo de cuenta que no pasa nada. Y sí pasa- dijo Lorcan, sin dejar de mirarla. 
-¿Qué pasa?- lo miró-. ¿Estás diciendo que me gustas? ¿Cómo asumes algo así con tanta facilidad?
De pronto, estaba enfadada. Siempre que se ponía nerviosa le pasaba eso, era como un mecanismo de defensa. 
-Eres un egocéntrico, siempre creyendo que todas morimos a tus pies. Yo no soy ninguna de esas tontas, Scamander, deja de adjudicarme cosas porque sí.
Se puso de pie, sabiendo que tal vez estaba exagerando, pero sólo quería huir de ahí. Rápido. Pero Lorcan fue más veloz y se paró, deteniéndola de la mano antes de que diera más de dos pasos. 
-Lily, por favor- le dijo, en un tono firme pero suave.
La chica se quedó petrificada, por el contacto de sus manos que aún seguían juntas, y por esos ojos que la miraban con seriedad. Lorcan la obligó a sentarse de nuevo y se acomodó a su lado, y Lily supo que no tenía sentido escapar ni seguir haciendo como si nada. Había pasado días negándoselo a ella misma, luego intentando olvidarlo, y ya estaba agotada. 
-Yo…- comenzó Lorcan.
-No quiero que me gustes- habló la pelirroja, interrumpiéndolo.
Lo dijo en un tono bajo, mirando su regazo. Pero Lorcan la escucho perfectamente. Algo se removió en su pecho, por confirmar que Lily sentía algo por él y por sus palabras. La miró unos segundos y soltó aire, intentando elegir bien las palabras. Miró al frente y apretó las manos sobre la baranda.
-Siempre te considere especial- comenzó-. Desde que puedo recordar adoraba jugar contigo, porque siempre olías rico y tenías peinados divertidos. Me gustaba ver qué te había hecho tu madre ese día en el pelo, se convirtió en un entretenimiento. Además… era divertido molestarte. Siempre que te robaba algún juguete o te atrapaba en la escondida, fruncías la nariz esa pecosa que tienes y era muy gracioso. Luego no me hablabas por un rato, pero valía la pena.
Sonrió un poco, recordando. Lily lo miró sorprendida, sintiendo como algo cálido le recorría el cuerpo. Pero no dijo nada, porque no le salía y porque el chico siguió hablando.
-Luego crecimos, y un día te vi y ya no eras la misma, al menos para mí. Fue cuando yo tenía trece y tú doce. Estábamos pasando parte del verano en El Refugio, y un día hacía tanto calor que nos quedamos en la playa hasta que anocheció, ¿recuerdas?
Lily tardó unos segundos en asentir, sumida en cada palabra que él pronunciaba. 
-Estábamos todos, hasta Ted y Vic, aunque ya eran más grandes. En un momento te separaste del grupo, lo noté porque siempre estaba pendiente de ti, aunque no me diera cuenta ni tú tampoco. Te seguí y te encontré sentada en la arena, mirando el mar. Te daba la luz anaranjada del atardecer y fue la primera vez que pensé que una chica era preciosa.
La pelirroja ya no podía quitar sus ojos de él, como hipnotizada. Lorcan sonreía, como si añorara esos momentos. 
-Ese día no lo tomé muy en cuenta, creí que era normal porque ya estaba en edad de mirar chicas. Pero luego… empecé a notar cada detalle de ti. Si estábamos cerca me distraía preguntándome cuántas pecas tienes en la cara, o tenía ganas de tocarte el pelo, o quería acercarme más para sentir tu perfume. Siempre me gustó ese olor, por eso te regalé un frasco hace un par de navidades, porque dijiste que se te había acabado.
Lily recordó ese año, cuando ciertamente había recibido del chico un frasco de su perfume preferido, el que usaba desde niña. 
-Antes de empezar las clases tuve que asumirme a mi mismo que me gustabas. 
La chica sintió que se le estancaba la respiración, totalmente sorprendida. ¿Le gustaba a Lorcan? ¿De qué hablaba? Recordó que para esa época, el chico no era el mujeriego que sí era ahora, y además se habían distanciado un poco. Siempre se habían llevado bien, pero ya no pasaban tanto tiempo juntos como de pequeños.
-Creí que se me pasaría, claro, tenía apenas trece. Pero dos años después seguía igual, cada día más atraído hacia ti. Hasta que tuve que volver a sincerarme conmigo, y asumí que estaba enamorado. Era inútil negarlo porque estabas todo el tiempo en mi cabeza. Así que pasé a pensar si tenía que decírtelo o no.
Soltó aire, cómo si empezara a costarle seguir hablando. 
-Hasta que decidí que sería un buen Gryffindor, y te lo diría.
Su sonrisa se atenuó un poco.
-Así que al día siguiente te busqué por todo el colegio, hasta que Hugo me dijo que habías ido a la torre de astronomía con Lena. Fui allí, pero antes de entrar escuché como ambas hablaban. Lena te preguntaba si te gustaba alguien, y tú dijiste que… no te habías fijado en nadie, pero que tampoco querías que sucediera porque estabas enfocada en los estudios y no tenías ganas de tener novio a esa edad. Eso no hubiera sido nada… pero luego Lena te hablo de Hugo, de lo extraño que era haberse enamorado de su amigo, y tú dijiste que la admirabas porque no podrías hacer algo así. Dijiste que cuando te enamoraras no sería de nadie conocido, porque sentías que podrías confundirte y que si la cosa terminaba mal podría arruinarse una linda relación. 
Sonrió un poco más, mientras Lily recordaba ese momento. Ciertamente había tenido esa conversación con su mejor amiga. 
-Así que… desistí. Es decir, era un niño aún y al oír eso de tu boca sentí que no tenía sentido confesarte lo que me pasaba. Porque ibas a rechazarme, y no podía enfrentar eso- continuó, aún sin mirarla-. Así que ese día me propuse olvidarte. Sería mejor así, somos casi familia. Empecé a salir con cuánta chica se me cruzaba para poder quitarte de mi cabeza, y poco a poco logré que esos sentimientos se calmaran. O al menos eso creía.
-Lorcan, qué…- habló Lily, que al fin había encontrado su voz.
El chico no la miró y siguió hablando.
-Pero este año…parece el destino, ¿sabes? De pronto nos acercamos, y me encontré de nuevo pensando en ti todo el tiempo, buscando estar contigo. Creo que nunca dejaste de gustarme, solo logré enterrar esos sentimientos en el fondo de mí. Y ahora…han salido sin permiso. Sólo que está vez creo que sientes lo mismo.
Al fin posó sus ojos en ella, y Lily pudo ver una tormenta en ellos. 
-No sé si es así, sé qué no te soy indiferente. No es que sea egocéntrico, es que lo noto… he pasado por muchas chicas. 
La pelirroja lo observó en silencio, otra vez sin encontrar qué decirle. Estaba demasiado sorprendida ante esa confesión. Quería abrazarlo, y a la vez quería pegarle y gritarle por no haberle dicho nada, y a la vez quería salir corriendo. Lorcan bajó la vista y su sonrisa se convirtió en una mueca.
-La realidad, Lily, es que no soy el mejor partido. Tú eres especial, ya te lo he dicho. Eres dulce, buena persona, preciosa en todos los sentidos. 
Lily se estremeció, y decidió que las ganas e abrazarlo habían ganado, pero aún así no se movió.
-Y yo… somos amigos, y siempre te voy a cuidar porque somos familia además. Pero sabes que soy un desastre. 
-¿Por qué dices eso?- preguntó la chica en voz baja.
-Porque… soy descuidado. Pregúntale a Rose si no. Olvido cosas, le he fallado como amigo un par de veces… me volqué a estar con las chicas sin compromiso, por lo que no se qué es tener una relación seria. Es decir… estoy enamorado de ti cómo un idiota hace años, y no sé qué hubiera pasado si no hubiese oído esa conversación o hubiese tenido el valor de intentar conquistarte. Pero sé que hoy, temo lastimarte. Jamás podría perdonarme hacerte daño, no a ti. Tú eres… lo más lindo que me ha sucedido, por eso intenté preservarte y aún lo intento- volvió a mirarla-. Por eso sentí que era hora de sincerarme y aclarar todo esto. 
Lily sentía como si flotara, cómo si estuviese viendo la situación desde afuera. Las palabras del rubio se arremolinaban en su mente y en su corazón, que latía cada vez más rápido. La quería, Lorcan la quería. Sentía tantas cosas a la vez que no podía separar una de otra. Alegría, miedo, desconcierto. Finalmente lo miró, y soltó lo único que su cerebro y su corazón le marcaron.
-¿Por qué no me dejas a mi decidir esta vez? 
Lorcan la miró interrogante, y Lily le sonrió un poco.
-Me gustas, siento algo por ti, es inútil negarlo- le dijo con suavidad-. Así que creo que esta vez la historia es diferente. Tú me quieres y yo te quiero… y no creo que seas un mal partido, es decir, solo quiero estar contigo. Pero eso no significa que no tenga miedo.
Apoyo su mano sobre la de él, y Lorcan observó el gesto, entrelazando sus dedos.
-Tengo miedo pero es lógico porque estos últimos años te vi desfilar con miles de chicas y porque sé que eres un despiste. Pero también sé que das la vida por la gente que amas, que eres valiente y que Rose te escogió como mejor amigo porque eres de las mejores personas que existen. Aunque seas bruto a veces, también eres amable con todo el mundo y puedo afirmar que tienes más cosas buenas que malas. 
Lorcan le acarició los dedos, sonriendo un poco ante ese lío de palabras. Lily suspiró y miró al frente.
-En resumen… me das miedo pero a la vez no hay lugar donde me sienta mejor que contigo. Así que… deja que esta vez yo decida. 
El rubio la miró, y sus ojos se encontraron, hablando más que ellos mismos. Algo fuerte y cálido les revoloteaba adentro, y Lorcan supo que estaba perdido. Ya no había vuelta atrás. Lily era todo su mundo, siempre lo había sido. Y ya no quería seguir escapándose de eso. 
-Entonces… te propongo algo- le dijo, apretándole la mano.
La pelirroja rodó los ojos.
-Te dije que me dejes decidir a…
-Vamos de a poco- la interrumpió el chico.
Lily se calló y lo miró para que siguiera. 
-No te pediré que seas mi novia ya, porque siento que debo demostrarte que valgo la pena, y eso te dará tiempo a perder el miedo. Empecemos paso a paso, déjame hacer que te enamores de mí y que yo me acostumbré a que me correspondas luego de años pensando en ti. No forcemos nada y dejemos que todo fluya solo. ¿Qué opinas?
Le sonrió con tanta dulzura que Lily se quedó idiotizada unos segundos, procesando sus palabras. Finalmente también sonrió.
-Está bien, Scamander. Iremos despacio. Dejaré que me conquistes- respondió, mirándolo con burla. 
Lorcan alzó una ceja.
-Que termine de conquistarte, querrás decir. Mi belleza ya hizo gran parte. 
-Menos mal que no eres egocéntrico- se burló la chica.
El rubio se encogió de hombros con una sonrisa divertida. 
-Todo no se puede.
Se miraron y soltaron una carcajada corta, sintiendo esa complicidad que siempre habían tenido pero que se había afianzado ese último tiempo. Lorcan miró las manos aún entrelazadas y sonrió.
-Oye, pecosa.
Lily sonrió ante el apodo.
 -¿ Qué?
El rubio no la miró, pero seguía sonriendo.
-Aunque vayamos despacio, creo que una buena historia empieza con un beso. A ver si todavía besas como trol y tengo que salir corriendo más adelante. 
Lily le pegó un golpe en el hombro, aunque se había puesto nerviosa y lo disimulaba con una sonrisa divertida. Se puso de pie, cruzándose de brazos, y lo miró desde arriba.
-Sólo por eso no pienso darte un beso hasta que tengas arrugas- soltó.
Luego empezó a caminar para irse, pero una vez más, el chico fue más rápido. Se levantó y corrió unos pasos, agarrándola con suavidad del brazo. La giró y Lily le sonrió aún divertida. 
-¿Qué voy a hacer contigo?- susurró Lorcan.
El tono era de broma, pero la mirada era pura y llena de anhelo. La miraba como si Lily fuera algo hermoso y delicado. De tal manera que la pelirroja borro de a poco su sonrisa, nerviosa pero a su vez sintiendo que le picaban las manos por tocarlo. 
Se miraron unos segundos, perdidos como las últimas veces, solo que esa vez ambos sabían lo que pasaba y ya no tenían ganas de huir de eso. Lorcan levantó la mano y la apoyó en su mejilla, tocándola con tanta suavidad que la chica se sintió de cristal. Se acercó un paso, y de pronto entre ambos sólo quedaban centímetros, igual que aquella vez en el lago. Pero esa vez Lorcan sabía lo que hacía, y Lily sentía que todo era correcto. 
El chico terminó de acortar la distancia, y sus labios se apoyaron sobre los de la pelirroja con suavidad. Ambos cerraron los ojos, abrumados con esa sensación agradable que los envolvía, sintiendo el tacto del otro. 
Lorcan se separó un poco y se miraron, sus ojos brillando. Luego volvió a acortar la distancia y esa vez se dejó llevar, olvidándose del mundo. Le mordió apenas en el labio inferior, pidiendo permiso, y Lily abrió la boca permitiéndole entrar. Cuando sus lenguas se encontraron, la pelirroja estuvo segura que el piso había desaparecido bajo sus pies, y Lorcan supo que no podría separarse nunca más de ella. Posó la otra mano en su cintura, mientras ella entrelazaban los brazos tras su cuello, totalmente abandonada a todo lo que sentía mientras ambos se besaban, con una intensidad medida que les permitía disfrutarse lentamente, conociéndose. 
Ese día, Lily descubrió lo que era ser besada, y decidió que esa sensación tenía que estar en el podio de las mejores del mundo. Lorcan, que ya había besado a varias, entendió que cuando se quiere, un beso puede ser lo más especial que hay. 



Rose suspiró, mirando los dulces frente a ella. Se encontraba parada frente al armario, decidiendo cuál le levantaría el ánimo deprimido que llevaba a cuestas. 
Había pasado toda la tarde metida en su habitación, saliendo sólo para ir a entrenar. Lorcan los había hecho practicar duro, como siempre, pero además andaba de un humor excelente que contrastaba con el desánimo de la pelirroja. Rose quiso pegarle varias veces por su sonrisa exagerada y sus bromas estúpidas. Luego había vuelto y ahora allí estaba, recién bañada y en pijama. Eran las nueve de la noche y no había vuelto a cruzarse a Scorpius. 
-Para lo bien que me trata…- susurró, molesta.
La sonrisa suave del rubio esa mañana mientras hablaba con Claire vino a su mente, y Rose resopló. Estaba celosa, ¿verdad? Y su desánimo se debía al destrato del rubio y a su bipolaridad. 
-Estúpido año, vaya manera de empezar- refunfuñó en voz baja.
Estiró la mano para tomar varias ranas de chocolate, pero no midió su brusquedad, y el frasco de cristal que habían llenado de caramelos cayó al suelo, haciéndose añicos y produciendo un ruido sordo. 
 -¡ Mierda!- exclamó la chica, dando un saltito por el susto.
Scorpius salió alarmado de su habitación al oír el ruido y bajó casi corriendo las escaleras. Miró a Rose y el desastre del suelo, dónde los caramelos de colores se desparramaban junto a pedazos de vidrio. 
 -¿ Qué paso?- preguntó, acercándose.
Rose se agachó para juntar el estropicio, sin mirarlo.
-Se me cayó, no medí los movimientos- respondió, tomando un pedazo grande de vidrio.
-Oye, te vas a cortar- dijo Scorpius, agachándose a su lado-. Yo lo junto.
La pelirroja le dedicó una mirada sería.
-No, lo rompí yo y yo lo voy a juntar. No necesito tu ayuda.
El chico se quedó quieto unos segundos, y luego se puso de pie, enfadado. ¿Con que esas tenia, no? Pues quería estar enojada, que lo estuviera.
-Pues limpia bien. Y ten más cuidado la próxima- respondió de forma cortante.
Rose soltó el trozo de vidrio contra el suelo, furiosa, y se puso de pie para fulminarlo con sus ojos miel. 
-Oh, claro, olvidé que el señorito es perfecto. ¡Espera, ya se! ¿Por qué no llamamos a Claire? Seguro que ella limpia mejor que yo.
Lo miró apretando los puños, y al ver que el rubio la miraba algo desconcertado, se dio cuenta de lo que acababa de decir. 
 -¿ Qué…? ¿Claire?- preguntó Scorpius con confusión. 
Rose bajó la vista, sintiendo cómo se le sonrojaban las mejillas. Scorpius, recordando su enfado, se recompuso enseguida del desconcierto y se cruzó de brazos con pose altanera.
-Pues es bastante delicada, al menos mide sus movimientos para no romper todo.
Rose lo miró y olvido la vergüenza, frunciendo el ceño. Abrió la boca para decir algo, pero Scorpius dio media vuelta y subió las escaleras pisando fuerte, dejándola con la palabra en la boca. La pelirroja se tocó el puente de la nariz y respiró profundo, cerrando los ojos.
-Calma, Rose. Sólo es un idiota bipolar e insoportable- se dijo en voz baja-. Ignóralo. 
Luego miró los restos en el suelo y suspiró, agachándose para continuar la tarea, cada vez más desanimada. 
Arriba, Scorpius se había tirado en la cama y miraba el techo, enojado. Con Rose, con él mismo por haberla hecho enfadar, con todo el mundo. Se sentó y miró la puerta cerrada, cansado. ¿Qué debía hacer? 



A la mañana siguiente, el gran comedor se encontraba llenos de alumnos alegres de que al fin fuera viernes, charlando y riendo mientras desayunaban, algunos más dormidos que otros.
En la mesa de Slytherin, Scorpius revolvía los cereales con desgano, pensativo. Se había cruzado con Rose cuando ambos salieron a la vez de sus habitaciones, y mientras él se había quedado quieto sin saber qué decirle, la pelirroja lo había ignorado olímpicamente y había bajado, saliendo de la sala común como si nada. 
Suspiró, cansado. Era la primera vez que ambos se enojaban en el poco tiempo que llevaban hablando, y no le gustaba para nada. La culpa era suya, claro, él había empezado. Pero también había intentado arreglarlo, y ella no había cedido.
-Rencorosa- susurró, aplastando el cereal con la cuchara.
-¿Qué refunfuñas tan temprano?
Alzó la vista y vio a Albus, que se había sentado frente a él con su sonrisa despreocupada. 
-Me he peleado con Rose- respondió, soltando la cuchara y cruzándose de brazos. 
Su amigo alzó una ceja mientras se servía café.
-¿Por qué? 
-Déjame adivinar, intentaste escribir el poema y metiste la pata- habló una voz detrás suyo. 
Scorpius se giró y se encontró a Hugo, que se sentaba con tranquilidad a su lado, ganándose varias miradas de los demás slytherins.
 -¿ Qué no tienes comida en tu mesa?- le preguntó el rubio de mal humor.
Albus soltó una sonrisa divertida, y Hugo resopló.
-Mira que eres gruñón. Eres joven aún, qué será de ti de viejo. Compadezco a mi hermana- respondió mientras tomaba un bollo con crema.
Scorpius lo miró interrogante.
-¿Qué te asegura que tu hermana va a elegir envejecer conmigo?
-Eso, al paso que vamos se va a enamorar de otro- acotó Albus con cara de póquer. 
El rubio lo fulminó con la mirada, pero como siempre su amigo era inmune y siguió masticando la tostada como si nada. Hugo suspiró y miró Scorpius como un padre a su hijo.
 -¿ Que pasó está vez?- le pregunto.
El chico suspiró, volviendo a revolver los cereales.
-No entiende mis indirectas. Y además se va con el idiota de Finnigan.
-Ese tonto… debería hechizarlo- murmuró Hugo.
-Bueno, en realidad me ha cuidado cuando me enferme, y yo la trate mal por no saber manejar los estúpidos celos. El amor es una estupidez, todo es estúpido- refunfuñó el rubio, volviendo a machacar el desayuno-. Ahora está enfadada y no quiere ceder. 
Albus y Hugo se miraron y negaron a la vez.
-¿Te ha dicho que está enfadada o sólo te ignora?- preguntó el moreno.
Scorpius alzó una ceja. 
 -¿ Cuál es la diferencia? Me ignora y además dice cosas raras, se compara con Claire y …
 -Stop- dijo Hugo, alzando una mano-. ¿Quién es Claire?
 - Claire Nott, es compañera nuestra y hace las prácticas de sanador con Scorpy- le explicó Albus.
 - Ahh ya veo- asintió el castaño-. ¿Se ha comparado con ella? 
Scorpius asintió.
-No sé, estábamos discutiendo y soltó no se qué cosa de Claire, cómo si tuviera algo que ver- exclamó, alzando las manos con confusión. 
Albus y su primo volvieron a mirarse, y volvieron a negar con la cabeza. 
-Mira que eres despistado, amigo… debí enseñarte antes sobre mujeres- dijo el moreno.
-¿Qué quieres decir?
-Ay, por las barbas largas de Merlin. ¡Está celosa!- chilló Hugo, harto. 
Scorpius pestañeó un par de veces y abrió la boca, procesando la información.
 -¿ Celosa?- repitió, confundido. 
Hugo resopló y se rasco la cabeza. ¿Cómo se podía ser tan inútil en cuestiones de chicas?
-Si, celosa. Pasas tiempo con Claire, y además esa chica te mira como si fueras de oro- explicó Albus con paciencia.
-Oye, Claire no…
-Shh- chisto Hugo-. Eso no es lo importante. El punto aquí es que mi hermanita está celosa, por eso usa a esa tal Claire para discutir contigo…está claro como el agua. 
Scorpius soltó aire, analizando la situación. ¿Celos? No había pensado que podía tratarse de eso. Pero si estaba celosa entonces eso significaba… una leve sonrisa se formó en su rostro. Albus y Hugo lo miraron con resignación.
-Mira que eres menso, hay que decirte todo- murmuró el Gryffindor, dándole un mordisco al bollo.



Rose y Anne entraron en la biblioteca intentando no hacer ruido, mientras Madame Pince las miraba tras sus lentes con severidad. 
-Vieja arpía- susurró la castaña mientras caminaban. 
Rose rodó los ojos y le pegó un codazo.
-Te estás mal influenciado de Albus- le dijo.
Anne se encogió de hombros con cara inocente. 
-Claro que no, ya era así y él sólo me potenció.
La pelirroja sonrió divertida. Ciertamente su amiga y su primo eran los más mal hablados y mete pata del grupo, y ahora juntos eran dinamita. Rose estaba feliz por ellos, porque su amistad se había convertido en un amor dulce que crecía un poco todos los días y que la hacía envidiarles un poco. ¿Conocería ella lo que era tener algo así alguna vez?
El rostro altanero de Scorpius vino a su mente, y quiso arrancarse los pelos por estar otra vez pensando en él. ¿Es que se había pegado a su cerebro como mosca o qué? Para colmo, alzó la vista y allí, en medio del pasillo que ellas transitaban, Claire Nott revisaba un libro con concentración. 
Rose se frenó de golpe y quiso salir corriendo antes que la viera. No porque la chica le hubiera hecho algo, sólo no tenía ganas de ver su cara de angelito amable e inocente. Porque para colmo de males se sentía mal de tenerle bronca, dado que esa chica menuda de pelo corto era de las personas más dulces y tranquilas que conocía. ¿Cómo enojarse con alguien así? Rose se sentía una niña tonta. 
-Oye, ¿por qué te frenas? Vamos- llamó Anne, devolviéndola a la realidad.
Claire alzó sus ojos oscuros al oír la voz de la castaña y los posó en Rose, que soltó aire despacio, maldiciendo en su interior. La Slytherin sonrió con su habitual amabilidad y la saludó con la mano sin decir nada. Rose tuvo que forzar una sonrisa y le devolvió el gesto, para luego tomar a Anne de la manga y seguir caminando lo más rápido que podía. 
Cuando encontró una mesa libre se sentó, apoyando la mochila y suspirando. Anne se sentó frente a ella, mirándola cómo si hubiese enloquecido.
 -¿ Qué te pasa? 
 - Nada- respondió la chica, sacando los pergaminos y el tintero.
Su amiga frunció el ceño y se apoyó en la mesa, mirándola fijo.
-¿Desde cuando hablas con Nott? 
Rose volvió a suspirar y miró a la castaña.
-Es amiga de Scorpius y ha estado un par de veces en la sala común, de ahí nos conocemos. Es amable- dijo, aunque su cara denotaba molestia.
Anne entrecerró los ojos, analizando a su mejor amiga. 
-Ajá, ya veo. ¿Y eso no te molesta?- preguntó, abriendo el libro de Pociones. 
Rose alzó una ceja y la miró con desconcierto.
 -¿ Debería?
 - Tal vez… es bonita. Y si es cercana a Scorpius…
 - ¿Y qué con eso?- la interrumpió la pelirroja, nerviosa. 
Anne la miró y ella quiso esconderse debajo de la mesa. Si había alguien que podía mirar a través de ella aunque disimulara, esa era Anne. 
-¿No te gusta Scorpius? Digo, es guapo y parecen haberse hecho cercanos, y ahora que has aclarado tu locura momentánea con Lorcan no sería tan raro- comentó.
Rose abrió un libro y se escondió detrás.
-Claro que no. No me gusta Malfoy- murmuró.
Anne frunció el ceño y la obligó a bajar el libro.
 -¿ Desde cuándo es Malfoy y no Scorpius? 
 - Anne, ya déjalo. 
La castaña iba a replicar cuando una figura se paró frente a la mesa, y ambas alzaron la vista para encontrarse a Claire mirándola a con algo de timidez. Rose suspiró. ¿Era enserio? 
-Siento interrumpir- se disculpó la chica. 
Luego miró a Rose y sonrió un poco.
-Tengo algo que preguntarte. 





AMENME. Les traje un capítulo larguísimo y encima metí EL momento Lily&Lorcan XD
A ver, varias cositas. 
Primero, con Rose y Scorpius van a tener que tener un poquito más de paciencia, aunque prometo que no será mucha ;) Tengan en cuenta que no sólo son la pareja principal, sino que ambos tienen poca idea del amor y se están descubriendo y enamorando, y esas cosas no suceden de un momento a otro. No siempre es fácil asumir que queremos a alguien o saber actuar frente a eso. Pero pronto se van a dejar de dar tanta vuelta :)
Segundo, se esperaban la historia de Lorcan con Lily? Cómo dije en algunos comentarios, fui dejando pistas sutiles en algunos cap. Cosas que decía o pensaba Lorcan, maneras de mirar a Lily...Espero se haya entendido lo que quise expresar en cuanto a sus sentimientos. Lo de ella es reciente y lo de el viene de años. Cualquier duda los leo. Veremos cómo les va con este "vayamos despacio" XD 
En fin, creo que eso es todo! Espero con ansias sus opiniones! Abrazos!! 


« Capítulo once Comenta este capítulo | Ir arriba Capítulo trece »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.