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Donde gustes y cuando quieras » Capítulo once
Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Jueves 9 de Julio de 2020, 19:38
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Capítulo once

Capítulo once
"Mira las estrellas, mira como brillan por ti. Y por todo lo que eres.
          Yellow- Coldplay"


-¿Cómo que no funcionó?- preguntó Albus, frunciendo el ceño.
Scorpius suspiró y apoyó la cabeza en su mano, mirando a su amigo. Acababan de sentarse a almorzar, y le había contado sus intentos con Rose.
 -¿ Pero hiciste lo que te dijimos?
 - Pues si… la halague por algo que hizo bien, y hablé de sexo libremente. Hasta me corté el pelo- respondió, algo frustrado.
El moreno lo observó, pensativo. Ciertamente su amigo se había hecho un corte. No era muy llamativo, solo tenía los laterales más rapados y un leve cambio en la parte superior.
-Espera- dijo Hugo, frente a ellos-. ¿Qué dijiste sobre sexo?
Scorpius tomó jugo antes de responder.
-Le hablé sobre la reproducción del dragón rojo de Alaska.
Albus y su primo se miraron, confundidos, y luego clavaron los ojos en el rubio, que masticaba pollo con tranquilidad.
-Con razón- concluyó el moreno, negando con la cabeza.
Scorpius los miró interrogante, sin entender. 
-Definitivamente tienes menos de seductor que una planta, rubito- acotó Hugo, mirándolo con resignación.
Lena, que acababa de llegar a la mesa de Gryffindor, deposito un beso en la cabeza de su novio y se sentó a su lado. Varios Gryffindors habían mirando mal a Scorpius cuando se había sentado allí junto a Albus, pero Hugo los había mandado a callar con una mirada amenazante.
 -¿ De qué hablan?- preguntó la rubia, sirviéndose pastel de carne.
Hugo resopló, mirando a Scorpius.
-Aquí observando un espécimen nunca visto.
El rubio bufó, Albus soltó una sonrisa divertida y Lena alzó una ceja.
-¿Qué quiere decir eso?- pregunto la chica.
Albus suspiró y señaló a su amigo.
-Estamos intentando que Scorpius conquiste a…
-La chica que me gusta- lo interrumpió el rubio, pegándole una patadita bajo la mesa.
Tampoco quería que todo Hogwarts se enterará de sus desgracias. El moreno volvió a suspirar y asintió.
-Eso, eso.
-Pero está difícil la cosa- comentó Hugo, sirviéndole tomates a su novia.
-Oigan, ya- se quejó Scorpius-. Es la primera vez que me gusta alguien, no tienen paciencia.
Lena le sonrió con amabilidad.
-No sé si es eso o es que no te han dado los mejores consejos.
Se inclinó un poco, acercándose a él, y lo miró con complicidad.
-En estos casos, el consejo de una mujer es lo mejor- susurró.
Scorpius le sonrió un poco, escuchándola con atención.
-Oye, ¿cómo te conquisté si mis consejos son tontos?- resopló Hugo.
-Eso, además yo también tengo novia, mi palabra vale mucho.
Lena hizo un gesto con el brazo, como restándole importancia.
-Da igual. Aunque ahora que lo pienso…
Miró a su novio, que a su vez masticaba con cara de enojo, y sonrió con dulzura.
-¿Sabes cómo Hugo logro enamorarme definitivamente?- preguntó.
Scorpius negó, y Hugo la miró interrogante. Lena volvió a inclinarse, cómo si fuera a decirle un secreto.
-Me escribió un poema- susurró.
El rubio pestañeó un par de veces, Albus soltó una risa y el castaño abrió los ojos como platos.
-Amor, esas cosas no se cuentan- reprochó, mirando a su novia.
-¿Por qué no? Tal vez le sirva- dijo la rubia, enderezándose.
Albus miró a su primo de forma burlona.
-Vaya, Huguin, no te tenía tan romántico.
El chico lo fulminó con la mirada, pero Scorpius habló antes de que pudiera responderle.
-¿Un poema?- preguntó, mirando a Lena con interés.
La rubia asintió, sonriente.
-A las chicas nos gusta que nos digan cosas lindas, y si es en poema o canción aún mejor. Es súper romántico.
El slytherin asintió, procesando esa nueva información. Nunca había escrito un poema, pero podría intentar. Albus miró a la chica, aún con una sonrisa divertida.
-Lena, no es mal consejo. Pero hay que tener en cuenta que no a todas las chicas les gusta lo mismo. Tal vez Ro… digo, la chica en cuestión, no es tan romántica como tú.
-Albus, todas las chicas somos románticas en el fondo, aunque no lo admitamos. Adoramos esas cosas- miró a Scorpius, que aún observaba pensativo la comida-. Puedes tomarlo o dejarlo, Scorpius. Pero yo que tú intento. Tal vez te estoy dando la clave del éxito.
Le guiñó un ojo y se metió un tomate en la boca. Hugo suspiró y se rasco la cabeza.
-Está bien, rubito, no es tan mala idea. Puedes intentar. Aquí mi novia es muy inteligente, tal vez te ayude- concluyó.
Luego le dio un beso en la mejilla a la rubia, que le sonrió con dulzura. 
-Oigan, no empiecen que me azucaro- se quejó Albus.
Hugo lo miró mal.
-Ve a buscar a tu novia y deja de molestar.
Así se enfrascaron en una discusión sin sentido, mientras Lena rodaba los ojos. Scorpius, ajeno a todo, seguía analizando la idea del poema. Definitivamente, no perdería nada con intentar.
Claro que de intentar a hacerlo podía haber un abismo. Esa noche, sentado en su cama, observó los pergaminos arrugados que se esparcían por el suelo, todos intentos de poemas que no le habían convencido. Suspiró, frustrado, sosteniendo la pluma frente a un nuevo espacio en blanco.
Jamás había escrito algo como eso, y tampoco era para cualquiera. Se rascó la oreja, pensando. Tal vez debería encarar el asunto desde lo que le resultaba más fácil o más conocido, así saldría más natural. 
Media hora después, observaba su nueva creación con orgullo. Le releyó una vez más y sonrio, conforme. No era un poema propiamente dicho, pero se entendía el mensaje. 
Miró el reloj en la mesa de luz y vio que eran apenas las ocho de la noche. Se puso de pie y se acercó a la ventana de su habitación, observando el panorama afuera. Era una noche fría y algo ventosa, pero el cielo estaba despejado, dejando ver las estrellas y una luna creciente. De pronto, algo en el paisaje llamó su atención, y sonrió. Tomó una campera abrigada y salió de su habitación.
La puerta de enfrente se encontraba cerrada, pero sabía que Rose estaba ahí porque se habían cruzado más temprano abajo. Dio un paso y golpeó con suavidad.
-Pasa…- murmuró una voz desde adentro.
Scorpius abrió la puerta y se asomó, encontrándose a la pelirroja tapada hasta la nariz y acurrucada en la cama.
 -¿ Qué haces acostada tan temprano?-le preguntó, abriendo más.
Rose lo miró, pero no movió un músculo.
-Tengo frío y estoy cansada. El entrenamiento fue duro hoy- respondió, con la voz amortiguada por la manta.
Scorpius se apoyó en el marco, cruzado de brazos.
-Ven, quiero mostrarte algo- le dijo, con su media sonrisa.
-Ni lo sueñes, estoy muy cómoda aquí.
El rubio rodó los ojos.
-Te va a gustar. Anda, solo será un momento- insistió.
Rose bufó y se destapó, levantándose con esfuerzo. Le dolían los músculos y solo quería dormir hasta el día siguiente. Se puso un buzo y miró al rubio con cansancio mientras caminaba hacia él.
-Más te vale que sea bueno para haberme sacado de mi sagrada cama. 
 El rubio empezó a caminar y bajó las escaleras, seguido de la chica. Una vez abajo caminó hacia la puerta, y Rose se frenó, mirándolo con interrogación.
-¿Vamos a salir?- preguntó, cruzándose de brazos.
Scorpius asintió.
-Sí, vamos a los jardines- respondió.
-¿A los jardines? ¡Estás demente! Hace frío- se quejó la pelirroja, cruzándose más de brazos.
El slytherin bufó y caminó hacia ella. Sin decir nada, tomó la campera negra que había agarrado antes y se la puso, obligándola a estirar los brazos para pasarlos por las mangas. La cerró y le puso la capucha, y luego la observó. Le quedaba enorme, llegándole a medio muslo.  Sonrió divertido y dobló las mangas con suavidad, dejando libres las manos de una Rose muda que observaba la escena algo anonadada.
-Listo, con esto no tendrás frío. Vamos- dijo, tomándola de la mano mientras salían.
Rose observó sus manos juntas, aún en silencio y con el corazón algo agitado. Caminaron sin hablar, Scorpius con una sonrisa suave y la chica mirándolo de reojo, cada vez más curiosa. El chico la soltó al llegar a la puerta de entrada, que aún estaba abierta porque faltaba un rato para el toque de queda. La mayoría estaba cenando o ultimando tareas en la biblioteca antes de que cerrara, por lo que se cruzaron con poca gente. 
Una vez afuera, el viento les pegó en la cara, y Scorpius se arrepintió de no haber agarrado otra campera para él. Rose casi no lo sintió gracias a lo abrigada que estaba. El olor suave y masculino del rubio la rodeaba, impregnando en la tela. 
 -¿ A dónde vamos?- preguntó, metiendo las manos en los bolsillos.
 - Ya veras- respondió el chico, caminando.
 - Empiezas a darme miedo. ¿Planeas dejarme en el bosque prohibido con las acromantulas para librarte de mi y tener la sala común para ti solo?
Scorpius sonrió y la miró burlón. 
-Deja de decir tonterías y camina, ya llegamos.
Rose resopló pero no dijo más nada. A los pocos minutos llegaron a un pequeño claro que se abría al lado del bosque, casi llegando al lago. Desde ahí aún podía verse el colegio con sus luces encendidas. Scorpius frenó y se giró, mirándola con una sonrisa suave.
-Mira eso- señaló, dando un paso al costado.
Rose siguió la dirección que señalaba, y sus ojos se abrieron como platos ante el espectáculo que aparecía frente a ella. Allí, en medio del claro, miles de pequeñas luciérnagas se arremolinaban, iluminando la oscuridad y generando un paisaje bellísimo que parecía sacado de un cuadro. 
-Que hermoso…- susurró, acercándose un poco.
Scorpius sonreía, con las manos en los bolsillos del buzo.
-Lo ví desde mi ventana. Jamás había visto tantas luciérnagas juntas aquí- explico, acercándose-. Te dije que valía la pena. 
Rose, feliz de la vida, caminó hasta quedar en medio del claro, y las luciérnagas se arremolinaron a su alrededor. Elevó los brazos y empezó a girar sobre sí misma, sonriendo como una niña, disfrutando del espectáculo en el que estaba sumergida. Scorpius se apoyó en un árbol, mirándola, mientras algo suave le calentaba el pecho. Rose era la cosa más sencilla y más hermosa a la vez que se había cruzado en su vida. 
La chica lo miró, sonriendo, y se acercó unos pasos.
-Gracias por mostrarme, es precioso- dijo, parándose a su lado mientras observaba el espectáculo-. Ojalá se pudiera guardar algunas en un frasco de cristal y que sean eternas. Sería una cosa bellísima.
El rubio la miró, y soltó aire. Sacó del bolsillo el poema que había escrito, y antes de arrepentirse de lo extendió. 
-Toma- le dijo con suavidad.
Rose miró el papel con curiosidad y lo tomó, abriéndolo. 

" ¿Sabes a qué le llaman el coktail del amor?
   Dopamina, adrenalina y norepinefrina".

Debajo de las letras, había dibujado un pequeño muñeco bastante horrible con ojos de corazón. Rose alzó una ceja, intentando comprender, y luego miró al rubio frente a ella, que a su vez la observaba expectante.
-¿Por qué me das esto? ¿Es algún trabajo para las prácticas de sanador?
El chico frunció el ceño.
 -¿ Ah? ¿Por qué seria eso?- pregunto.
Rose le devolvió el pergamino y el rubio lo tomo confundido.
 -Pues no se, tal vez tiene algo que ver con la poción de amor o algo de eso.
Scorpius alzó una ceja. No había entendido. ¿Cómo era eso posible? ¡Si estaba clarísimo!
-Pero… no has entendido. 
Rose se encogió de hombros, volviendo a mirar el espectáculo de luciérnagas.
-No lo sé, Scorpius, es un pergamino con datos científicos y palabras que no entiendo. Tú eres el nerd aquí.
Scorpius se pasó una mano por la cara, frustrado. Definitivamente, no lo había entendido.
-Me quedaría aquí toda la noche- suspiró Rose, mirando el claro-. Pero debemos volver o nos meteremos en problemas.
Le sonrió al rubio y empezó a caminar. Scorpius la siguió, sin saber que hacer. Creyó que se había hecho entender. Para eil era muy simple. Esos datos los sabía todo el mundo, y cuando Rose lo leyera entendería enseguida que él estaba diciéndole que sentía amor por ella. ¿O no? Se rascó la cabeza, pensando, mientras volvían a entrar al castillo. Tal vez debía explicárselo.
-Rose- llamó.
La chica lo miró, aún sonriendo un poco.
-El amor es… es decir, no sé cuál sea la definición, solo sé que cuando te enamoras, el cerebro libera esas tres sustancias. La dopamina provoca que estés eufórico, y las otras dos generan reacciones físicas, como el acelere del corazón o la falta de sueño.
La chica suspiró, y estaba a punto de responderle cuando se dio cuenta que había algo de todo eso que a ella le pasaba seguido últimamente. Más específicamente cuando estaba Scorpius cerca, su corazón parecía querer salir corriendo de su pecho. Se frenó, a pocos pasos de la entrada a la sala común, con los ojos como platos y repentinamente nerviosa.
-Pues… No lo sé, no me interesa nada de eso, ya déjalo- dijo, enfadada, y lo miró con el ceño fruncido.
Scorpius alzó una ceja ante el repentino cambio de humor de la pelirroja, cada vez más confundido. 
-Está bien, lo que quiero decir es que…
-Olvídalo, iré a dormir- lo interrumpió, entrando en la sala.
El chico la siguió, y una vez adentro, Rose se giró al pie de las escaleras y sonrió un poco.
-Gracias de nuevo por llevarme a ver las luciérnagas. Fue lindo. 
El rubio frunció el ceño y de pronto, la frustración y el enojo se mezclaron en su pecho. Bufó y paso de largo a Rose, subiendo las escaleras, sin responderle nada.
La chica lo miró anonadada.
 -¿ Está enojado?- murmuró, confundida.
Bufó, indignada.
-No tiene vergüenza, yo debería estar enfadada después de que me besara dormido. Descarado- refunfuñó, subiendo las escaleras con enfado.
A la una de la mañana, Scorpius seguía dando vueltas en la cama, frustrado. O Rose era lenta para entender indirectas o él no sabía mandarlas. Se pasó la mano por la cara, cansado. Tal vez estaba complicando demasiado todo. Rose era simple, no le gustaban las cosas de nerds como a él y por ende no iba a entender. 
 -¿ Qué le gusta a ella?- susurró, pensando.
Bueno, a la pelirroja le gustaba el Periodismo. Tal vez si buscaba algún artículo que hablara sobre el amor podría dárselo y encarar el tema desde otro lado. Pero pronto descarto la idea. Sería más de lo mismo, indirectas sin sentido.
"Deberías dejarte de dar vueltas y decirle las cosas como son", hablo una voz en su cabeza. 
Pero Scorpius no estaba seguro de cómo hacer eso. Suspiró, sentándose en la cama. Tal vez solo debía hacer cosas por ella, algo que quisiera o que le gustará, intentar acercarse fresa forma hasta poder encontrar las palabras para decirle lo que sentía. Entonces, la voz de la chica resonó en su mente.
"Sería lindo poder meterlas en un frasco de cristal y que fueran eternas. Sería una cosa bellísima". 
Scorpius se enderezó, sonriendo. Eso era. El era excelente con las transformaciones y los encantamientos, por lo que no resultaba tan complicado si lo pensaba. 
Se levantó, se abrigó con la campera que Rose le había devuelto con malas pulgas antes de meterse en su habitación, y salió de la sala común. Camino iluminándose con la varita, rogando no encontrarse con ningún profesor o prefecto. Salió afuera, y el frío le pegó en la cara, pero no le importó. Se cerró la campera y caminó hacia el claro, dónde las luciérnagas continuaban revoloteando. Ignorando el viento helado, Scorpius agitó la varita y transformó una roca del suelo en un frasco de cristal con tapa de madera. Ayudándose de un par de hechizos más, logró meter dentro algunas luciérnagas. Sonrió satisfecho ante su obra, y volvió al castillo a paso rápido.
Tal vez no vivirían mucho, tendría que liberarlas en un par de días. Pero Rose lo vería antes. Era un buen gesto, y estaba seguro que la chica iba a valorar que él recordara sus palabras.
Una vez en la sala común, miró alrededor, pensando dónde podía dejar el frasco para que Rose lo encontrara. Finalmente decidió ponerlo en el armario de dulces, escondido entre los paquetes. Así, cuando la chica sacara algo, lo vería. 
Scorpius volvió a sonreír, y finalmente subió a su habitación, dispuesto a dormir. Funcionaría, estaba seguro. 



Ese miércoles amaneció soleado, para alegría de todos, aunque el frío otoñal persistía. En la enfermería, Daniel y Claire realizaban anotaciones sobre unas pociones que tenían frente a ellos, mientras Scorpius, un poco más allá, le vendaba la cabeza a un niño de primero que se había caído de las escaleras.
-Estarás bien, bebe esto y ven enseguida si te sientes mal o algo- le dijo.
El pequeño sonrió y se bajó de la camilla.
-Gracias. Eres un sanador muy joven- comento, mirándolo desde abajo.
El slytherin le devolvió la sonrisa mientras guardaba los elementos que había usado.
-No soy sanador aún, sólo me preparo para eso.
El niño se despidió con la mano y salió de la enfermería. Scorpius suspiró y se apoyó en la camilla, cerrando los ojos. No sé sentía para nada bien. Le dolía el cuerpo y la cabeza, y sentía escalofríos. Tenía fiebre, sin dudas. Debía haber tomado frío anoche en su salida nocturna al claro. 
Claire, que se había distraído mirándolo, se puso de pie y se acercó a él con preocupación.
 -¿ Te encuentras bien? No tienes buena pinta- preguntó con suavidad.
Scorpius abrió los ojos y le sonrió apenas.
-Gracias por el cumplido- respondió con ironía.
-Oh, lo siento, solo digo que tienes cara de sentirte mal- se apresuró a aclarar la chica, avergonzada.
Dan levantó la vista del pergamino y los miró con curiosidad. Se puso de pie y caminó hasta pararse frente al rubio. 
 -Mmm… algo aquí no está bien- murmuró.
Le apoyó la mano en la frente y enseguida la retiró, sorprendido.
-Scorpy, estás volando de fiebre.
-Lo sabía - acotó Claire, apoyando su mano.
Scorpius resopló y se alejó un poco. 
-Estoy bien, solo es una leve gripe. Vuelvan a lo suyo- les dijo, enderezándose.
Dan bufó y se cruzó de brazos.
-Pues esa fiebre dice que no tiene nada de leve. Deberías ir a descansar. Voy a avisarle a Pomfrey.
El rubio iba a detenerlo, pero la anciana enfermera eligió ese preciso momento para salir del despacho y caminar hacia ellos.
 -¿ Decirme qué?- preguntó con una sonrisa, acercándose.
Dan sonrió y señaló a Scorpius, que a su vez rodó los ojos. 
-Scorpius tiene fiebre y se siente mal, enfermera.
-Oye, no es para tanto, yo…
-Señor Malfoy, ¿por qué no lo dijo antes?- interrumpió la mujer, acercándose a él.
Al igual que sus compañeros, le tocó la frente y frunció el ceño con preocupación.
-¿Qué le duele?- preguntó, poniendo las manos en las caderas y mirándolo con firmeza.
Scorpius suspiró. Odiaba enfermarse, pero sobre todo odiaba que la gente enloqueciera por eso.
-Me duele el cuerpo y la cabeza, y un poco la garganta. Pero en verdad no es…
-Gripe, sin dudas- dictaminó la mujer-. Vaya ahora mismo a descansar. Y llévese una poción para la fiebre, se pondrá bien en un par de días.
-Pero…
-Señor Malfoy- la enfermera lo fulminó con la mirada, y el rubio supo que no había lugar a discusión.
Asintió y se incorporó para irse.
-Alguno de ustedes dos acompañelo a su sala común, por las dudas. De todas formas ya solo queda media hora para cumplir el horario de hoy- dijo Pomfrey, mirando su reloj.
Claire alzó la mano enseguida.
-Yo iré con él- dijo.
Pomfrey asintió, conforme, y ambos se encaminaron a la salida, mientras Daniel le dedicaba a su amiga una sonrisa pícara. Claire lo ignoró y tomó de pasada el frasco de poción, guardándolo en la túnica. 
Caminaron en silencio, ella mirándolo de reojo. Scorpius sentía que le pesaba el cuerpo y sólo quería sentarse. Pronto llegaron, y los recibió el calor de la sala común, dónde sólo se oía el crepitar del fuego en la chimenea. 
El rubio se sentó en el sofá y cerró los ojos, agotado. Claire se había quedado de pie en la entrada, mirando todo con timidez. Finalmente se acercó y se sentó a su lado.
-Oye, tienes que beber la poción y deberías acostarte- le dijo con suavidad.
Scorpius abrió los ojos y la miró.
-Estoy bien, si duermo un poco será suficiente.
-Pero…- comenzó la castaña, preocupada.
Sin embargo se vio interrumpida por el ruido de la puerta. Rose entró en la sala común cargando una caja mediana, y se quedó quieta al verlos. 
Automáticamente una sensación de molestia le apretó la garganta. ¿Qué hacía Nott ahí? Sin embargo, si había algo que Rose tenía era educación, por lo que sonrió levemente.
-Hola… no sabía que estaban aquí.
Scorpius se enderezó un poco, mirándola, mientras Claire se ponía de pie.
-Lo siento, es que Scorpius está enfermo y lo acompañé hasta aquí- explico con su sonrisa tímida.
Rose miró al rubio, alarmada.
 -¿ Enfermo? ¿Qué tienes?- preguntó, dejando la caja en el suelo.
Se acercó un poco y lo observó, dándose cuenta enseguida que el chico estaba afiebrado, porque sus ojos azules brillaban y tenía las mejillas algo sonrojadas.
-No es nada, sólo gripe. Pero Pomfrey me mandó a descansar- respondió, sintiendo la voz un poco más ronca.
Rose asintió, mirándolo con preocupación.
-Debes haber tomado frío ayer- murmuró, recordando que el chico había salido sin campera.
El slytherin le resto importancia con la mano y sonrió un poco.
-Estaré bien, siempre me enfermo en ésta época.
Claire se sentó de nuevo y sacó el frasco de poción del bolsillo.
-Deberías tomarla, si no no va a bajar la fiebre.
Scorpius negó, apoyándose en el respaldo.
-No me gusta tomar pociones. Ya te dije que solo tengo que descansar un poco.
Claire abrió la boca para replicar, pero Rose se le adelantó. La pelirroja se sentó en la mesita del centro, tomó la poción y se la extendió al rubio después de abrirla, con mirada firme.
-No pareces futuro sanador, Malfoy.
Scorpius abrió los ojos y la miró algo sorprendido.
-Sabes bien que sin el medicamento va a costar recuperarte. Así que déjate de niñerias y bebe. Ahora. 
Claire, asombrada, observó como el rubio se enderezaba con cara de resignación y tomaba el frasco de poción, bebiéndolo de un trago. Frunció el ceño ante el gusto amargo, y le dio a Rose el pote vacío. 
-Vaya, menos mal que a tí te hace caso- murmuró Claire.
Rose sonrió un poco y se encogió de hombros, poniéndose de pie.
-Tengo una mirada amenazante, es todo- dijo.
Scorpius la miró y quiso decirle que en realidad se había tomado el remedio sólo porque se lo había ordenado ella, pero se calló. Claire se puso de pie y les sonrió a ambosnlevemente.
-Bueno, me voy. Ahora que estás aquí no hace falta que me quedé a cuidarlo- dijo, mirando a Rose.
La pelirroja asintió, cruzada de brazos.
-No tengo más clases hoy así que me quedaré con él. No te preocupes- respondió, sonriéndole.
La castaña asintió y miró a Scorpius, que le sonrió apenas.
-Gracias por acompañarme- le dijo, sintiendo como la garganta le raspaba con cada palabra.
-No fue nada. Mejórate- le respondió la chica, sonriéndole.
A Rose no le pasó desapercibido el sonrojo leve de sus mejillas, y por un momento quiso echarla a patadas, pero enseguida se arrepintió. Ella no era así, por Merlín, ¿qué estaba pasando? Ademas la chica parecía amable.
-Adiós- se despidió Claire, saludándola con la mano.
Y para alivio de la Gryffindor, se fue al fin. Rose suspiró y miró a Scorpius, que a su vez la observaba a ella.
 -¿ Qué traes en esa caja?- le preguntó con voz apagada, señalando lo que Rose había dejado en el suelo.
La chica sonrió y se acercó a la caja, levantándola.
-Dulces que me dio Lila. Los pondré en el armario- dijo.
Scorpius se enderezó y se puso de pie, yendo hacia ella y tomando la caja.
-Deja, yo lo hago.
-Oye, yo puedo. Y tú tienes que meterte en la cama a descansar- replicó Rose. 
Scorpius iba a decirle que no pasaba nada por acomodar unos paquetes, cuando recordó algo. El frasco de luciérnagas. Sonrió de pronto, y le devolvió la caja a Rose, que la recibió algo sorprendida.
-Tienes razón, mejor hazlo tu.
La pelirroja alzó una ceja.
-Mira que eres raro- murmuró, yendo hacia el armario.
Apoyó la caja en la mesa y lo abrió, mirando en qué parte había más lugar.
-En el segundo estante- ordenó Scorpius, que se había sentado en una de las sillas.
Rose lo miró con curiosidad pero no replicó, y corrió algunos paquetes para hacer espacio. Y entonces, Scorpius vio el fracaso de su plan frente a sus narices. Porque allí, escondido, estaba el frasco. Pero estaba vacío. Frunció el ceño, confundido, mientras Rose tomaba el frasco con curiosidad.
 -¿ Y ésto? No recordaba que tuviéramos de éstos - dijo, girandolo en sus manos-. Podría ser útil para los caramelos.
Scorpius resopló, frustrado, y se puso de pie con mal humor.
-Me voy a la cama- dijo, dando media vuelta.
¿Qué corno había pasado? Si había hecho un encantamiento para mantenerlas ahí. Entonces recordó. Hagrid les había hablado de esas luciérnagas mágicas el año anterior. Eran insectos poderosos en muchos sentidos pese a su tamaño pequeño e inofensivo. Por lo que él rubio entendió enseguida que probablemente las muy condenadas habían logrado escapar del frasco y se habían mandado a mudar, arruinando su plan. ¿Cómo no había notado que no eran de las luciérnagas comunes? Resopló frustrado, subiendo las escaleras.
Rose lo miró confundida, aún con el frasco en la mano.
-Cada día está más demente- susurró, rascándose la cabeza.



En el campo de Quidditch soplaba apenas el viento frío, y el sol ayudaba a calentarse un poco. Lily se encontraba sentada en las gradas, leyendo un libro. De vez en cuando levantaba la vista para mirar hacia la cancha, dónde Lorcan practicaba pases con los dos miembros nuevos del equipo. Si había algo que el rubio tenía, eso era ser un capitán exigente y comprometido con su equipo, por lo que alegaba que al haber entrado hace poco a jugar con ellos, los dos chicos nuevos, uno guardián y el otro cazador, debían tener algo de práctica extra para agarrarle el ritmo al resto. Así que allí estaban hacía media hora. 
La pelirroja suspiró, apoyando el mentón en una mano y observando el panorama con sus ojos almendrados. Lorcan, vestido con el uniforme de Quidditch, despeinado y algo sudoroso, era cosa de otro planeta. Lily le hubiera pegado por ser tan lindo, debería estar prohibido. Suspiró de nuevo. Últimamente esa clase de pensamientos se le venían a la cabeza sin que pudiera controlarlos, y se sentía una tonta. Para colmo, el chico y ella pasaban bastante tiempo juntos desde la salida a Hogsmeade, por lo que la cosa se complicaba más para su cerebro hormonado. 
Bueno, técnicamente era normal. Tenía dieciséis años, y Lorcan era realmente guapo, nadie podía culparla. Pero era la primera vez que le gustaba alguien, así que no sabía bien cómo comportarse. Sí, ya lo había asumido en su charla con la almohada hacia un par de noches. Le gustaba el Gryffindor, no tenía sentido negarlo. Pero de ahí a hacer algo al respecto había un abismo. Lorcan tenía toda la fama de mujeriego eterno, y Lily no pensaba exponer su corazón a eso. Se le pasaría, estaba segura. 
En el campo, el rubio sonrió y sus ojos celestes brillaron con el sol. Y Lily resopló. Bueno, tal vez tardaría un poco, pero se le pasaría. 
-Hola, Lily Lu- saludó una voz conocida
La pelirroja giró el rostro y vio a Rose sentándose a su lado. Le sonrió a su prima, y mentalmente agradeció su llegada porque podría distraerse un poco.
-Hey, Rosie. ¿Todo bien?
La chica le devolvió el gesto, asintiendo mientras miraba hacia el campo. Lorcan la vio y levantó la mano para saludarla, y Rose lo imitó. Luego miró a Lily.
-Oye, ¿recuerdas cuál es la receta de la sopa esa que nos hace la abuela Molly cuando tenemos gripe?- le preguntó.
Su prima la miró pensativa, y luego asintió.
-Sí. Es un caldo de pollo y verduras con perejil, huevo y jengibre- enumeró con los dedos.
Rose frunció el ceño, intentando recordar todo, y Lily la miró con curiosidad. 
 -¿ Te sientes mal?
 - Yo no, Scorpius se enfermó y quería hacérsela. Sabes que cada vez que tomamos esa sopa mágica nos recuperamos casi enseguida- explicó.
La menor asintió, una sonrisa pícara formándose en su rostro pecoso.
-Ya veo… te preocupas por él- comento con cara de póquer, mirando al frente.
Rose la miró sin saber qué responder, y luego chasqueo la lengua y negó con la cabeza.
-Somos amigos, me preocupo por él como podría hacerlo por cualquiera de ustedes- respondió, restándole importancia.
Lily sonrió un poco más, pero decidió que no iba a seguir molestándolo de momento. 
 -¿ Quieres que te ayude a prepararla? Podemos ir a las cocinas - le dijo, cambiando de tema.
Su prima la miró agradecida y asintió.
-Sería genial, a ti te sale igual que a la abuela. Iba a pedírselo a Lila pero debe tener trabajo que hacer, y además si le digo que Scorpius tiene gripe es capaz de instalarse en la sala común para cuidarlo. Creo que lo quiere más que a mi- dijo, sonriendo un poco.
Ciertamente, la elfina se había encariñado mucho con el Slytherin, y siempre que Rose aparecía sola en las cocinas le reclamaba no haberlo llevado con ella. Lily sonrió.
-Está bien, te ayudaré. ¿Quieres ir ahora?- le preguntó, cerrando el libro.
Rose negó, poniéndose de pie.
-Tengo que escribirles a mis padres, y además Scorpius estaba durmiendo cuando salí. Nos encontramos en las cocinas en…- miró su reloj- ¿media hora?
Su prima asintió conforme. Rose le pellizco la mejilla con cariño y se fue. Lily sonrió y volvió la vista al campo. ¿Cuánto tardaría su prima en asumir que le gustaba Scorpius Malfoy? Bueno, ella no era la más indicada para hablar. 
Lorcan, parado en medio de la cancha, le daba indicaciones a Nick Garret, ya recuperado, para que realizara bien un pase. El chico no sólo era nuevo sino que había perdido una semana de entrenamiento por su accidente, así que necesitaba más que nunca reforzar. 
Lily abrió el libro, dispuesta a leer un poco más antes de irse, cuando algo llamó su atención. En la entrada a la cancha aparecieron Dolohov, Green y algunos compañeros más del equipo de Slytherin, con escobas en la mano y sus muecas prepotentes. La pelirroja los vio caminar hacia el campo a paso seguro, y supo enseguida que habría problemas. 
Efectivamente, Lorcan tuvo que interrumpir sus indicaciones cuando Dolohov y Green se pararon frente a el. El rubio alzó una ceja y se cruzó de brazos.
 -¿ Son invisibles o qué? Estamos practicando, muévanse- les dijo con seriedad.
Green esbozo una sonrisa maligna y dio un paso al frente, mirándolo de forma amenazante.
-Resulta que nosotros también tenemos que practicar. Ya sabes, para quedarnos con la copa. Así que… fuera.
Lily, que se había acercado unos pasos para escuchar, frunció el ceño. ¿Pero qué se creían? Lorcan soltó una carcajada de ironía y dio un paso, mirando al slytherin con seriedad.
 -¿ Quién eres tú para venir aquí con tu veneno a echarnos? Espera a que terminemos- respondió.
Dolohov soltó un suspiro teatral y se acercó, con la misma mirada amenazante. Detrás, los otros Slytherins se mantenía en silencio y con expresiones neutras, como si supieran que no debían meterse.
-Scamander, no me hagas lanzarte una maldición. Aún no olvidó lo de la última vez- susurró.
El rubio esbozo una media sonrisa, sin amedrentarse.
-Vaya, al fin sacas tu lado oscuro. Está bien hacerle honor al apellido- respondió.
Dolohov saco la varita y lo apuntó, furioso, mientras Green lo imitaba. Lily sacó la suya y se acercó, apretándola en su mano y parándose al lado de Lorcan. El rubio apretaba los puños, maldiciendo porque había dejado su varita en la habitación. Detrás de ellos, Garret y el otro chico miraban la escena preocupados y también desarmados.
-¿Otra vez buscando problemas, Dolohov? ¿No les basto con la última vez?- hablo la pelirroja, apuntándolos. 
Lorcan se inquieto al verla, pero no movió un músculo.
-Oh, pero miren quien está aquí. La pequeñita de los Potter- respondió Green, apuntándola-. Al fin volvemos a encontrarnos. No olvido que nos debes una.
La miró con furia y Lorcan quiso matarlo ahí mismo.
-¿Por qué no se dejan de tonterías y se van? Liberaremos la cancha en un rato- habló Nick, dando un paso adelante.
Dolohov le sonrió burlón, y lo apuntó a el.
-Lo siento, leoncito. No se me da la gana esperar- murmuro-. ¡Depulso!
Un rayo blanco salió disparado de su varita directo hacia Nick, pero Lily, que no en vano era excelente en Defensa, lo desvío con un movimiento.
-Ya estoy harto de ustedes- dijo Lorcan, sintiendo cómo la ira se apoderaba de él-. Vamos a arreglar esto como debe ser.
Luego, antes de que alguien pudiera decir nada, descargo un puñetazo en el rostro de Dolohov, que soltó la varita por el impacto. Y así comenzó una batalla campal. Los slytherins y los Gryffindors se enzarzaron en una pelea al estilo muggle, los hechizos olvidados. Lily, sorprendida, había retrocedido un par de pasos sin soltar la varita, pensando qué hacer. Vio a Lorcan retroceder por el impacto de un golpe que le había propinado Green, y cómo su labio sangraba. Y la furia se apoderó de su pequeño cuerpo. 
 -¡ Desmaius!- chilló, dándole de lleno a un desprevenido Dolohov, que acabo desmayado en el suelo.
Green, furioso, se acercó a ella dispuesto a atacarla, pero Lorcan fue más rápido y lo tomó de la túnica, golpeándolo.
-Ni se te ocurra tocarla, imbécil- murmuro.
Lily alzó la varita de nuevo, dispuesta a seguir lanzando hechizos, cuando una voz resonó en el campo.
 -¡¿Pero qué creen que están haciendo?!
Neville Longbotton, varita en mano y cara de enfado, se acercaba a ellos a paso rápido. Lily suspiró, bajando su varita. Estaban en problemas.  
Efectivamente, media hora después se encontraban todos sentados en el despacho del profesor, con la vista baja, mientras él los regañaba. Por suerte era Neville y no otro, sino la cosa hubiera sido peor. Por supuesto, salieron de ahí castigados. 
 -¿ Te encuentras bien?- preguntó Lorcan, mirándola con atención mientras salían del despacho. 
Los slytherins se fueron hacia el otro lado, sin decir nada pero dedicándoles miradas de furia. Lily suspiró y se cruzó de brazos.
-Yo salí ilesa, no puede decirse lo mismo de ti- respondió.
Ciertamente, el rubio tenía el labio partido, tierra en el pelo y algún que otro rasguño. Sonrió y se encogió de hombros.
-No es nada, tengo una pomada curativa en la habitación. 
Lily asintió y de pronto recordó que aún tenía que ir a ayudar a Rose con la sopa, de hecho ya estaba llegando tarde. 
-¿Necesitas ayuda para curarte eso?- le preguntó al chico.
Lorcan negó, mientras Nick y el otro chico se acercaban.
 -¿ Vamos?- preguntó el Cazador con una sonrisa cansada.
Tenía un ojo morado, pero por lo demás parecía intacto. 
-Está bien, vayan y cúrense eso. Debo ir a otro lado, nos vemos después- respondió Lily.
Sin embargo, no había dado dos pasos cuando una mano se aferró a la suya, deteniéndola. Se giró y vio a Lorcan mirándola con algo de preocupación.
 -¿ Estarás bien? Mejor te acompaño. Esos dos te la tienen jurada desde la otra vez- dijo, haciendo alusión a Dolohov y Green.
Lily sonrió y se soltó, cruzandose de brazos.
-No creo que quieran atacarme ahora, estaban bastante golpeados. Y además… estás hablando con la mejor en Defensa, futura Auror. Deja de preocuparte.
El chico suspiró pero terminó asintiendo, y la pelirroja se despidió con la mano, corriendo hacia las cocinas. 
 -¿ Están saliendo?- preguntó Nick, mirando al rubio con curiosidad.
Lorcan lo miró algo sorprendido.
-Claro que no, somos amigos, ¿por qué preguntas eso?- respondió, empezando a caminar.
Nick se encogió de hombros mientras lo seguían.
-Es que parecen ser muy cercanos, es todo.
El rubio siguió caminando como si no lo hubiera escuchado, pero finalmente respondió.
-Lo somos. Pero es mi amiga, nada más.
Claro que hubiera sonado más real si se hubiese creído sus propias palabras. 


 Espero que les haya gustado :)
Los leo en los comentarios!

PD: alguien que ayude al pobre Scorpius XD


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