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Donde gustes y cuando quieras » Capítulo diez
Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Jueves 9 de Julio de 2020, 19:38
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Capítulo diez

Capítulo diez

Scorpius se puso de pie, tomando la cámara que descansaba sobre la mesita, y ante las caras atentas de todos, se sacó una foto él mismo. Albus sonrió, negando con la cabeza. 
-Mira tú el egocéntrico- dijo, divertido.
El rubio se encogió de hombros, volviendo a sentarse.
-¿No puedo gustarme a mi mismo?
Todos los miraron con burla y finalmente rieron, olvidando el asunto. Rose suspiró y bebió un trago de cerveza, más tranquila. No sabía por qué se había puesto tan nerviosa, pero mejor no pensar.
La celebración terminó cuando el sol ya había caído hacia rato. Habían jugado otros juegos y comido y bebido hasta hartarse, sobre todo lo último. Cuando se fueron, Hugo caminaba de forma tambaleante, ayudado por Lena y Lysander. Lorcan, para asombro general, estaba sobrio, y ayudaba a Albus que iba hablando incoherencias, mientras Lily hacia lo propio con Anne, que parecía más dormida que despierta.
Rose los miró desde la puerta, preocupada. Ella no había bebido demasiado, por lo que se encontraba bien.
-¿Están seguros de que pueden? Tal vez deba acompañarlos- dijo, viendo cómo su prima resoplaba por el esfuerzo de mantener derecha a Anne y Hugo gritaba no se qué tontería.
Lorcan se giró y le guiñó un ojo, acomodando a Albus contra su cuerpo, que había empezado a señalar cosas inexistentes en el aire.
-Descuida, Rosie Pooh- respondió con esfuerzo-. Estaremos bien. 
La pelirroja asintió, no muy convencida, y se quedó viendo hasta que el grupo desapareció por el pasillo. Suspiró y sonrió. La había pasado genial, no podía estar más agradecida de los amigos que tenía. 
Entró en la sala, cerrando la puerta, y allí la recibió un panorama algo desalentador. Había comida y bebida repartida por todos lados, incluyendo el suelo. Los almohadones de los sofás adornaban la alfombra, los globos habían empezado a caerse del techo y tenía otras mil cosas que ordenar. En el sofá más grande, Scorpius dormía medio sentado. Rose se puso las manos en las caderas y lo miró con reproche. El muy descarado estaba como si nada allí, soñando quién sabe qué, mientras ella tendría que ordenar todo ese caos sola. Suspiró y se resignó. No iba a despertarlo, además había sido su festejo.
Con calma empezó a ordenar todo, yendo y viniendo por la sala mientras el rubio seguía durmiendo, sin mover ni un músculo. Bien podría desatarse un terremoto que parecía no iba a enterarse. 
Cuando terminó, el lugar brillaba y ella estaba agotada. Miró a Scorpius, que seguía en la misma posición, y decidió que lo dejaría dormir. Así que subió las escaleras hasta su habitación, se puso el pijama y se acostó.
Sin embargo, media hora después seguía despierta, dando vueltas en la cama. Resopló y se levantó, mirando el reloj. Eran apenas las diez, lógico que no tuviera sueño aún. 
Bajó a la sala común, donde había dejado su novela nueva. Tal vez leyendo le darían ganas de dormir. 
Una vez allí, se sorprendió al ver que Scorpius seguía en el sofá, aunque esa vez algo llamó su atención. Se acercó lentamente hasta poder verlo de frente, y abrió los ojos con asombro. El rubio estaba sentado con la espalda derecha, cómo si estuviera despierto, pero tenía los ojos cerrados y respiraba profundo. 
 -¿ Está dormido?- susurró Rose, confundida.
Dio un par de pasos, titubeando.
 -¿ Scorpius?- llamó con suavidad.
El chico no dio señales de nada, seguía en la misma posición. La pelirroja frunció el ceño. ¿Cómo alguien podía dormir de esa forma? 
Se sentó en la mesita del centro, quedando frente a él, y le tocó el hombro con un dedo. Scorpius cayó hacia adelante como si su cuerpo fuera un tabla de madera. Por suerte Rose era rápida de reflejos, por lo que lo atajó agarrándolo de los brazos antes.
 -¿ Pero qué…?
Lo miró, enderezándolo. Scorpius volvió a tambalearse hacia adelante y ella lo atajó de nuevo, logrando finalmente que quedara quieto en una posición. Lo soltó con cuidado y el rubio quedó sentado igual que antes, con la espalda recta y las manos en el regazo, pero los ojos cerrados.
-Oye, ¿estás jugando conmigo?- preguntó, señalándolo con un dedo acusador.
Por supuesto no recibió respuesta. Suspiró, desconcertada. Estaba realmente dormido. Tal vez tenía algo de sonámbulo, pensó, bajando la vista. 
Cuando la volvió a alzar, descubrió con algo de sorpresa que Scorpius había abierto sus ojos azules y la miraba fijo. Rose pestañeó y sonrió apenas.
-Al fin despiertas- le dijo con suavidad.
Sin embargo, el chico no respondió. Su mirada era cristalina y la veía con algo que Rose no supo identificar, pero que le produjo una sensación de cosquilleo. Era como si al despertarse, verla ahí fuera lo mejor que le había pasado. Sonreía de forma dulce, sin quitar sus ojos de ella. 
La pelirroja abrió la boca para decir algo más, pero entonces el rubio se inclinó hacia ella, sin cambiar su expresión. Rose supo en ese momento que había olvidado como se respiraba. Scorpius estaba tan cerca que podía contarle las pestañas. Antes de que pudiera reaccionar, el chico se inclinó un poco más, cerrando los ojos, y apoyó sus labios sobre los de ella. La chica, sorprendida, abrió los ojos como platos pero no hizo ni un movimiento. 
Era un beso suave, solo apoyaba los labios con dulzura. Rose terminó por cerrar los ojos, envuelta en esa sensación agradable que le hacía latir el corazón de forma desaforada, sintiendo como todo alrededor desaparecía. 
Scorpius se separó a los pocos segundos, con lentitud, y la chica abrió los ojos, volviendo a la realidad. Y entonces, vio como el rubio caía sobre el sofá, con los ojos cerrados y la misma respiración profunda. Rose lo miró confundida, aún con la sensación de sus labios en ella. Y entonces comprendió. Scorpius estaba total y absolutamente dormido. 
Se puso de pie de un salto, señalándolo con un dedo y abriendo la boca para decir algo, aunque no encontraba las palabras. 
-Tú… Tú me besaste sonámbulo- susurró, atando cabos.
Frunció el ceño y se llevó una mano a los labios, indignada. 
 -¡ Eres un aprovechado!- chilló, aunque la voz le salió apenas. 
Alzó una mano, dispuesta a pegarle al rubio, pero se contuvo. Por Merlín, ni siquiera estaba escuchándola porque dormía a pata suelta. Bajó la mano, avergonzada, y dio una patadita de enojo en el suelo.
-Grandísimo descarado- dijo, mirándolo mal-. Debería dejar que te congeles aquí y mueras de tortícolis por dormir como marmota en el sofá.
Entre palabras de reproche que susurraba para ella misma, tomó la manta que descansaba en el sofá y cubrió a Scorpius, abrigándolo. El chico, por supuesto, ni se movió. Rose resopló y subió las escaleras pisando fuerte, enfadada, avergonzada y confundida. 
¿Scorpius era sonámbulo? En un mes viviendo juntos era la primera vez que lo veía en ese cuadro. Y justamente se le daba por besarla. Se acostó y se tapó hasta la cabeza. Por los calzones de Merlín, ¿qué acababa de pasar?



Bajó a la sala común, bostezando y aún en pijama. Quería darse un ducha antes de ir a desayunar, ya que había despertado a tiempo. 
Cuando llegó abajo, vio a Scorpius salir del baño con el uniforme ya puesto y el pelo húmedo. El rubio sonrió suavemente al verla, y Rose se cruzó de brazos, quieta en su lugar, mirándolo con atención. ¿Se acordaría de lo sucedido anoche? 
El chico se acercó hacia ella con las manos en los bolsillos y su actitud serena.
-Buenos días, ¿dormiste bien?- le preguntó.
Rose asintió, sonriendo un poco.
 -¿ Y tú?
Scorpius suspiró y la miró con algo que la pelirroja identifico como culpa. 
-Oye, siento lo de anoche.
Rose sintió como se le estancaba la respiración y lo miró con cara de póquer.
 -¿ Qué cosa?- pregunto, haciéndose la tonta.
El slytherin se rascó el cuello, buscando las palabras.
-No debí hacer eso sin tu permiso. Me sobrepasé, lo siento.
Clavó sus ojos azules en ella, y Rose se sintió paralizada, cómo siempre. Scorpius dio un paso hacia ella y la miró con calma, aunque algo más brillaba en su mirada.
-Es que tú… 
Rose asintió, animándolo a continuar. El rubio suspiró y dio un paso más.
-Tú me gustas, Rose.
La pelirroja sonrió, sintiendo una calidez recorrerla entera.
-Tú también me gustas- respondió en un susurro.
Se miraron, azul oscuro contra miel… Y entonces Rose despertó.
Se sentó en la cama de golpe, los pelos revueltos y cara de confusión. Había sido un sueño. Un estúpido sueño. Se rascó la cabeza, confundida y algo desilusionada.
-"¿Tú también me gustas"?- repitió en un susurro.
Resopló, sacudiendo la cabeza para despejarse, y pateó las sábanas. Solo había sido un sueño.
Bajó a la sala aún en pijama, dispuesta a ducharse ya que era temprano. Eso la ayudaría a dejar de pensar tonterías. Apenas puso un pie en la sala, vio a Scorpius salir del baño, con el uniforme ya puesto y el pelo húmedo. Rose se frenó y se cruzó de brazos, sintiendo un deja vu. Todo parecía desarrollarse igual que en el sueño. 
El chico sonrió suavemente al verla y se acercó a ella con las manos en los bolsillos. 
-Aquí viene- susurró Rose, mirándolo con atención-. Ahora es cuando debería decir…
-Buenos días, ¿dormiste bien?- preguntó el rubio, parándose frente a ella.
La pelirroja sonrió levemente y asintió. 
-Si, ¿y tú?
Scorpius se rascó el cuello y la miró con disculpa. "Todo igual…", pensó Rose, mirándolo fijo.
-Oye, siento lo de anoche- le dijo con suavidad.
La pelirroja se removió en su lugar, mirándolo con cara de póquer.
-¿Qué cosa?
El rubio suspiró.
-No debí…
Rose se inclinó un poco, escuchando con atención.
 -… dejarte ordenando sola todo el lío que quedó. No sé en qué momento me dormí.
Rose suspiró y bajó la vista. Ahí estaba, no era el estúpido sueño. Era la pura realidad. 
-Oh, eso. Descuida, no fue difícil- lo miró interrogante-. ¿Sólo eso recuerdas?
Scorpius la miró con cierta confusión.
-Pues sí… ¿pasó algo más? 
La pelirroja volvió a bajar la vista, sintiendo un enojo abismal. Carraspeó y volvió a mirarlo, componiendo una sonrisa muy fingida.
-Nada, nada. Me voy a bañar- dijo con brusquedad.
Lo pasó de largo y se metió en el baño a paso firme, pegando un portazo. Scorpius la miró anonadado, sin entender nada. Se rascó la oreja, pensando.
 -¿ Y ahora por qué se enojo?- se preguntó, confundido.



La semana pasó bastante rápido, para alivio de todos. Octubre había dado comienzo con temperaturas más bajas y poco sol, haciendo honor al otoño, por lo que todo el mundo se refugiaba frente a las chimeneas ya encendidas.
Ese sábado por la mañana, Lorcan se encontraba en la biblioteca, terminando los deberes de Aritmacia. Por suerte sólo le quedaba esa tarea y sería libre. Para su felicidad, esos últimos días su abuelo había mejorado de a poco pero en forma constante, y aunque seguía internado en San Mungo, los sanadores habían dicho que el panorama pintaba mejor. El rubio había agradecido a todos los Dioses habidos y por haber la noticia, y tanto él como su hermano habían logrado recuperar en gran parte el ánimo y la concentración en clases.
Soltó la pluma y se estiró en la silla, sintiendo los músculos agarrotados. Miró alrededor, intentando despejarse un poco, y entonces la vio. Lily hojeaba un libro enorme en el pasillo de al lado, con gesto de concentración. No parecía haberlo visto. Lorcan se apoyó en una mano, observándola. No habían vuelto a tener ningún acercamiento desde aquella noche en su sala común, sólo hablaban y se veían cuando el grupo se juntaba en las comidas o si se cruzaban en algún pasillo. La pelirroja siempre le sonreía con dulzura y él correspondía, con una sensación cálida que le hacía cosquillas en las manos. Pero nada fuera de eso.
De pronto, un perfume fuerte le hizo fruncir la nariz, y se giró para encontrarse con una chica morena de labios rojos y sonrisa astuta, que lo miraba parada al lado de su silla. Demonios. 
Milena Rossi, séptimo año de Revenclaw, italiana nacionalizada en Inglaterra. Una de las chicas más lindas del colegio, en palabras ajenas. Obsesionada con Lorcan desde primer año. Lysander solía llamarla "la loca del pintalabios". Lorcan suspiró, sabiendo lo que se venía.
-Hola, Lorqui Lu. Que bueno que te encuentro- habló la chica con una voz suave y con acento.
Lily, que había levantado la vista al oír el ridículo apodo, reparó en que Lorcan se encontraba ahí, y acompañado de la chica esa que siempre andaba con los labios pintados. No recordaba su nombre.
Lorcan, en su lugar, sonrió a la fuerza.
-Hola, Milena. ¿Necesitas algo?- preguntó.
La chica sonrió aún más, dejando a la vista unos dientes tan blancos que Lily se preguntó si se había hecho algo, y se inclinó un poco, apoyando una mano de uñas rojas en la silla del gryffindor. 
-Pues, verás… es sábado, y me preguntaba si querías acompañarme a Hogsmeade. Ya sabes, a divertirnos un poco- dijo, guiñándole un ojo.
Lorcan se alejó un poco, ahogado por ese perfume que había aprendido a odiar con el paso de los años, y suspiró. ¿Es que esa chica no se cansaba? Nunca, de todas las veces que lo había invitado a salir, le había dicho que sí. Y no es que él fuera un chico que ignoraba a las mujeres, más bien su fama decía todo lo contrario. Pero nunca se metería con una como Milena Rossi. No sólo porque era demasiado exuberante y tanto maquillaje opacaba su belleza natural, sino porque estaba loca. Lorcan lo había entendido en primer año, cuando declaró amarlo a sus pobres once años. Luego en tercero, cuando lo había seguido por todo Hogsmeade sin que él se diera cuenta, y luego el año anterior cuando le había arrancado los pelos a la pobre chica de turno que estaba reposando con él en los jardines. En fin, que no era el mejor prospecto de novia ni de nada.
-Creo que sabes la respuesta a eso- le dijo, intentando no ser grosero.
La morena hizo un puchero bastante exagerado y se acercó un poco más, casi acorralándolo contra la mesa. Lily, oculta tras el libro, frunció el ceño. 
-Creí que tal vez este año habrías cambiado de opinión. Ya sabes, estamos más grandes y dentro de poco nos graduaremos. Tal vez podríamos…
-La respuesta sigue siendo no- la interrumpió el rubio, poniéndose de pie y obligándola a retroceder un par de pasos.
Sentía como el mal humor empezaba a hacer acto de presencia. 
-Oh, vamos, tu…- comenzó la chica.
-Además iré con otra persona- volvió a interrumpirlo, poniéndose firme y cruzando los brazos.
Milena frunció sus cejas perfectas y puso las manos en las caderas.
-¿Y quién es la zorra? Si se puede saber- exclamó.
Lorcan resopló y la miró mal.
-Cuida ese vocabulario. No es ninguna zorra. Y es…- miró hacia todos lados, buscando algún nombre en su mente para que lo dejara en paz.
La morena bufó.
-Oh, vamos, es mentira, no irás con nadie.
Y entonces el rubio vio a Lily, que seguía en el mismo lugar, solo que no se le veía el rostro porque la tapaba el libro que tenía en las manos. 
-Es ella- dijo, señalándola-. Lily, ven acá.
La pelirroja bajó el libro y lo miró con los ojos como platos. ¿La había señalado a ella? Lorcan, al ver que no se movía, caminó hacia ella y la tomó de la mano. 
-Salvame- le susurró, antes de llevarla hacia la mesa.
Lily carraspeó y esbozo una sonrisa, mientras Milena los miraba con enojo.
-Así es, tenemos una cita- afirmó, agarrándose al brazo del rubio.
Lorcan asintió, sonriendo. 
-Vaya, creo que tenías mejor gusto, Lorqui Lu- dijo la morena, mirándola de arriba abajo.
Lily borro la sonrisa y dio un paso adelante, dispuesta a gritarle un par de verdades, pero el gryffindor la detuvo. 
-Al menos no me pone apodos ridículos- dijo de forma calma-. Ahora si nos disculpas, tenemos cosas que hacer. Que tengas buen día.
Sin mucha más vuelta juntó sus cosas con velocidad y salió de la biblioteca, arrastrando a Lily con él y dejando a Milena con el ceño aún más fruncido. Una vez afuera y lejos, soltó aire y se acomodó la mochila.
-Cada año está más demente.
Lily, frente a el, se cruzó de brazos y lo miró con una ceja alzada. Lorcan sonrió de forma inocente.
-Lo siento, necesitaba que me deje en paz- se disculpó.
-¿Esa es la loca que siempre te acosa, verdad?- le pregunto, recordando.
El chico asintió, apoyándose en la pared.
-No se cansa.
Lily resopló, aún cruzada de brazos.
-Aún tenía que buscar un libro. 
El gryffindor le dedicó otra sonrisa.
-Lo siento, te lo buscaré luego. Hazme este favor, juro que te compensare- pidió, juntando las manos.
Lily alzó una ceja ante su cara de ángel.
-Espera, ¿tengo que acompañarte enserio a Hogsmeade?
-Oye, tampoco es tan mala idea. A menos que tengas planes.
Se enderezó, mirándola con seriedad repentina. ¿Lily tendría un cita? Para su alivio, la chica negó con la cabeza.
-No iba a ir… ¿Por qué necesitas demostrarle algo a esa loca?
Lorcan se encogió de hombros.
-Es que seguro me va a estar siguiendo todo el día. Si voy a Hogsmeade contigo al menos no se va a acercar- explicó.
Lily se apoyó en la pared, pensando.
-Ahora que me acuerdo, ¿esa no es la misma loca que le arrancó los pelos a una amiguita tuya una vez?
El rubio sonrió más ampliamente.
-Sí, pero luego de que la chica se vengara tiñéndole el pelo de verde no lo ha vuelto a hacer. Además, en todo caso te protegeré- concluyó, guiñándole un ojo.
Lily tuvo ganas de pegarle, por bobo y por guapo. Suspiró y finalmente asintió.
-Está bien, te acompañaré. Pero- dijo, señalándolo con un dedo- quiero una salida divertida en compensación.
Lorcan asintió, contento, y realizó una leve reverencia.
-Juro que tendrás la mejor tarde de tu corta vida.
La gryffindor sonrió con burla.
-Lo que tú digas. Te veo en la entrada luego del almuerzo.
Dicho eso emprendió el camino hacia su sala común, sin poder evitar soltar una sonrisa. Técnicamente y aunque no fuera una cita, pasaría la tarde con Lorcan, cosa que no le resultaba para nada desagradable. 
Cuando entró en su habitación, Lena estaba tirada en la cama hojeando revistas. Lily se sentó a su lado y la miró fijo, hasta que la rubia le devolvió la mirada como si estuviera loca.
 -¿ Se puede saber por qué me acosas?
La pelirroja suspiró.
 -¿ Me prestas tu tapado nuevo?- preguntó con inocencia.
A las dos de la tarde, Lorcan la esperaba apoyado en una columna de piedra. Sonreía suavemente, con las manos en los bolsillos de la campera. Hacia frío y estaba nublado, pero al menos el viento había amainado, por lo que era soportable.
Vio venir a Lily a los pocos minutos, y su sonrisa se amplió un poco. La chica tenía el pelo suelto y un tapado gris oscuro la abrigaba, enmarcando su figura pequeña, junto a unos jeans y unas botitas. Estaba preciosa a su manera simple, fue algo que el rubio no pudo evitar pensar. La chica sonrió al verlo, acercándose.
 -¿ Lista?- le preguntó el.
 - Por supuesto. Te sigo.
Ambos sonrieron y emprendieron el camino a los carruajes que los llevarían a Hogsmeade. Había varios alumnos yendo, aprovechando que el clima había dado una pequeña tregua. 
Fueron hablando tonterías durante el camino, y cuando llegaron, los recibió el olor a dulces que desprendía Honeydukes, rodeando el resto de los negocios. 
-Muy bien, ¿tienes algo que comprar?- preguntó Lorcan.
Lily alzó una ceja.
-No. ¿Ese es tu plan de tarde divertida?- lo molestó.
El chico bufó.
-Por supuesto que no. Mi plan ya está armado. Pero si tienes algo que hacer mejor que sea antes, así después no hay interrupciones- explico.
La chica asintió, comprendiendo.
-Está bien, no tengo nada para hacer. ¿Y tú?
Lorcan negó y sonrió divertido.
-Andando, entonces, pecosa- dijo, comenzando a caminar.
Lily lo siguió con el ceño fruncido.
 -¿ Pecosa? ¿Desde cuándo me pones apodos?- preguntó, caminando a su lado.
El chico se encogió de hombros, mirando al frente.
-No lo sé, sólo me salió.
La pelirroja sonrió, mirándolo de reojo, pero no dijo nada.  Caminaron en silencio, disfrutando de los sonidos que ofrecía la aldea. Pronto llegaron a la plaza principal, y Lily empezó a oír una música alegre. Vio sorprendida como en medio del espacio verde se alzaba una feria de juegos no muy grande, con atracciones coloridas y diferentes entretenimientos. El olor a pochoclos y algodón de azúcar invadía el aire, y había un par de personas disfrazadas haciendo malabares. Lily sonrió como una niña pequeña y miró a Lorcan.
 -¿ Desde cuándo está ésta feria aquí?- preguntó.
El rubio sonreía con las manos en los bolsillos.
-Supe que venía este fin de semana, suelen hacer recorridos por todos los espacios verdes del Londres mágico. Y sé que adoras las ferias así que me pareció una buena oportunidad.
Lily sintió como algo le revoloteaba en el pecho al oír sus palabras. Ciertamente, le encantaban ese tipo de ferias de juegos, y de pequeña siempre pedía ir. Que Lorcan lo recordara era algo agradable. Le sonrió con suavidad.
-Pues muy buena elección- le dijo, pegándole un empujoncito cariñoso.
-Lo sé, lo sé, soy genial- se jacto el rubio, empezando a caminar para internarse en la plaza.
Pasaron gran parte de la tarde jugando en todas las atracciones. Se complotaron en el juego de embocar pelotas para ganarle a otra pareja que competía con ellos, y luego, en un juego de tiro al banco, se pelearon entre ellos para ver quién ganaba. Lorcan terminó haciendo trampa, por lo que Lily lo corrió por media plaza para pegarle. Luego, en otro juego sobre pegarle a unos duendes que salían de diferentes agujeros, el rubio ganó y la recompensa fue un horrible muñeco, que le obsequió a Lily de forma burlona. 
Finalmente se sentaron en uno de los banquitos, cada uno con un algodón de azúcar rosado y enorme. Lily saboreo el dulzor con felicidad, recordando su infancia automáticamente. Miró a Lorcan, que comía con una sonrisa suave, mirando el espectáculo de malabares que daba un payaso a pocos metros. 
-Gracias por traerme aquí. Fue un muy buen plan- le dijo.
El chico posó sus ojos celestes en ella y la pelirroja supo que se había sonrojado un poco. Odiaba que le pasara eso cada vez que estaba con él, se sentía una de esas niñitas tontas que babeaban por el gryffindor.
-Te prometí compensarte por el favor que me hiciste- respondió Lorcan, sonriendo.
Lily esbozo una mueca burlona, intentando olvidar su sonrojó.
-Está bien, ya estamos a mano.
El rubio la observó unos segundos, sin decir nada, hasta que ella termino por apartar la vista, metiéndose un poco de dulce en la boca. 
Volvieron al castillo un poco antes que anocheciera, porque el frío se había vuelto más intenso y parecía estar a punto de llover. 
Se despidieron en la entrada a la sala común de Gryffindor, dónde se quedó Lily, mientras el rubio se encaminaba a la suya. No podía quitar esa sonrisa suave de su cara. Había sido una tarde genial, estaba seguro que nunca la había pasado tan bien en una salida con una chica. Pero Lily no era cualquier chica, era especial, y aunque intentara negárselo tenía poco sentido. 
 -¿ Qué te tiene tan feliz?- habló una voz conocida a su lado. 
Lorcan giró el rostro y vio a Rose, que caminaba junto a él mirándolo con suspicacia.
-Rosie Pooh- saludó, sonriéndole a su amiga-. No es nada, sólo pensaba.
La pelirroja, que lo conocía más que a ella misma, no quitó su mirada interrogante.
 -¿ De dónde vienes?
 - De Hogsmeade, fuimos con Lily. 
Rose lo miró sorprendida, y Lorcan se apresuró a aclarar la situación. 
-Oye, solo en plan amigos. Me hizo un favor esta mañana y quise compensárselo. Es todo- explicó, mirando al frente.
La chica alzó una ceja.
-No sé por qué me explicas tanto, no pregunté nada.
Fue el turno del rubio de mirarla con suspicacia.
-Porque conozco esa carita de "cuéntame qué ocultas" que pusiste.
-Oh, por favor- exclamó Rose, restándole importancia con la mano-. Sólo preguntaba.
Sin embargo, antes de meterse cada uno en su sala común, la pelirroja freno a su amigo y lo miró con una expresión serena pero firme.
-No voy a meterme, pero tienes que cuidarla, ¿entiendes? No puedes hacerle daño. 
Lorcan la miró confundido, hasta que comprendió de qué hablaba su mejor amiga.
-Rose…
-Lo sé, no debería meterme, y no lo haré. Pero es mi prima y mi obligación es protegerla.
Lo miró con una sonrisa suave y le apretó la mano.
-Sé que eres un sol, pero todos cometemos errores y tú… tienes que hacer lo mejor que puedas para no dañarla. 
-Pero, Rose, Lily y yo no…
La chica lo miró de tal manera que el rubio no logró seguir. Lo sabía, por algo era su mejor amiga. 
-Recuerda que nadie además de tu madre y Lysander te conocen más que yo, tonto. Los adoro a ambos, y es por eso que Lily va a escuchar éstas palabras también. Si no pasa nada, está bien, asumiré mi error. Pero si pasa ya habré cumplido mi papel de mejor amiga con ambos. 
Sonrió divertida y lo soltó, caminando hacia su sala. Lorcan suspiró y acabó devolviéndole la sonrisa, mientras ella se giraba una última vez y le guiñaba un ojo. 



Pestañeó un par de veces, con los ojos bien abiertos, mirando el sobre cerrado que tenía en las manos. Adentro, estaban los resultados de su participación en el concurso de Periodismo. Y no estaba segura de querer saberlos.
Estaba sentada en los jardines, disfrutando que el sol había salido en todo su esplendor ese domingo. Frente a ella, Anne resopló.
-Ay, por favor, ya basta- exclamó, quitándole el sobre-. Vamos a ver qué dice.
Rose cerró los ojos, nerviosa, mientras su mejor amiga sacaba el pergamino con decisión y lo leía. Cinco segundos después, la pelirroja abrió un ojo al ver que Anne no decía nada. La castaña la miraba con seriedad, y el estómago le dio un vuelco.
 -¿ Es malo?- preguntó, abriendo ambos ojos.
Su amiga suspiró, como si le costara decírselo, y le extendió el pergamino. Rose lo tomó con cautela y lo leyó, decidida a terminar con ese asunto de una vez.
 "Estimada Rose Weasley:
                     Nos alegra comunicarle que su artículo "Quidditch en profundidad" ha sido seleccionado en el segundo lugar del podio, siendo así usted ganadora de una de las tres becas completas para estudiar Periodismo en la Academia Mágica de Ciencias Sociales y Periodismo", de la ciudad de Estocolmo, Suecia. 
Le enviamos nuestras felicitaciones y en los próximos meses recibirá algunos formularios de pre- inscripción para comenzar el trámite. 
         Saludos cordiales
                         Nadine Andersson, secretaria general. "
Rose volvió a pestañear, procesando la información. ¿Había ganado la beca? ¿Estaba leyendo bien? 
 -¡ Reacciona!- chilló Anne, sacudiéndole el hombro con una sonrisa amplia.
La pelirroja soltó el sobre, se puso de pie de un salto y alzó los brazos al cielo, sonriendo con felicidad.
 -¡ Gané! ¡Tengo la beca, gané!- gritó.
Anne rio y se puso de pie también, abrazándola y dando saltitos de alegría. Rose sentía la felicidad recorrerle las venas, y aún no lo podía creer. Esa academia era la mejor del mundo mágico para estudiar, y ella podría ir. 
 -¡ Eres lo máximo, amiga!- la felicitó la castaña, apretujandola entre sus brazos.
 -¡ No lo puedo creer!- chilló la chica, devolviéndole el gesto.
Varios alumnos que también disfrutaban la tarde en los jardines las miraban con curiosidad, mientras ambas seguían dando saltitos. Samuel Finnigan era uno de ellos, y se separó de su grupo para acercarse a ellas.
-Oigan, ¿por qué tan contentas?- preguntó, con su sonrisa dulce de siempre y las manos en los bolsillos.
Las amigas se separaron y lo miraron, aún sonriendo.
 -¡ Rosie ha ganado una súper beca para estudiar Periodismo en una súper academia!- explicó Anne, apludiendo.
El gryffindor amplió su sonrisa, mirando a la pelirroja.
 -¡ Vaya, Rose, felicidades! ¡Que noticia genial!- exclamó.
Luego, sin previo aviso, se acercó hasta ella y la abrazó suavemente. Rose, algo desconcertada, le devolvió el gesto con una sonrisa más leve, mientras Anne los observaba alzando una ceja.
Lo que ninguno sabía es que dos ojos azules también miraban la escena, desde la entrada al castillo. Scorpius, apoyado en el muro de piedra, apretaba las manos dentro de los bolsillos de la campera. ¿Qué se creía ese idiota abrazando así a Rose? No podía escuchar de qué hablaban, pero ver ese gesto del gryffindor le había provocado unas irresistibles ganas de ir a golpearlo. Sin embargo, Scorpius era el ser con más autocontrol de la tierra, por lo que sólo dio media vuelta y entró al castillo de mal humor, aún apretando los puños. De todas formas él no tenía ningún derecho a reclamar nada. 
Cuando Rose volvió a la sala común había pasado un rato, y aún sonreía contenta por la noticia, apretando el sobre en sus manos. Miró hacia arriba y vio la puerta del cuarto de Scorpius cerrada. Sólo se oía el crepitar del fuego, y la chica se preguntó si estaría allí. Le hubiese gustado contarle que había ganado, después de todo él había sido de mucha ayuda a la hora de escribir el artículo y corregirlo. 
Sin embargo, suspiró y decidió que esperaría a cruzárselo en algún momento para contarle. 
-Después de todo el muy bobo me besó y ni siquiera se acuerda- refunfuñó en un susurro, sentándose en el sofá.



La campana sonó al fin, dando por terminada la clase de Encantamientos. Albus sonrió contento, estirándose en la silla, hasta que un ruido lo sobresaltó. Giró la cabeza y vio a Scorpius a su lado, que guardaba los útiles con brusquedad en la mochila y tenía una expresión mortalmente seria. El ruido, evidentemente, había venido de la forma brusca en que había cerrado el pobre libro de la materia. El moreno alzó una ceja mientras guardaba sus cosas.
 -¿ Qué te pasa hoy?- preguntó.
El rubio lo miró, y si Albus no fuera su mejor amigo, habría salido corriendo ante esos ojos azules amenazantes. Scorpius de mal humor era algo terrorífico. 
-Nada, ¿por qué?- respondió el chico con brusquedad.
Se colgó la mochila y salió del aula sin esperar la respuesta, seguido de un Albus cada vez más confundido. Aceleró el paso hasta poder caminar a la par y lo miró.
-Te conozco bien, escorpión. Tienes más mal humor que Madame Pince, y eso es mucho decir. Así que suéltalo- le dijo.
Scorpius resopló, y el moreno contó que esa era la quinta vez en la mañana que lo hacía. Rodó los ojos y se frenó, agarrando a su amigo de la túnica para que dejara de caminar. El rubio se soltó con brusquedad, sacudiéndole el uniforme como si Albus le hubiera tirado algo encima.
-No tengo nada para decir- respondió, con un tono peligrosamente neutro.
-Scorpius…
-Déjame o terminarás en el lago con el calamar gigante.
Albus abrió la boca, algo asombrado. Scorpius nunca amenazaba a menos que la cosa fuera realmente mala. El moreno se cruzó de brazos y lo fulminó con la mirada.
-Mira, engendro. Ya te dije que te conozco, así que no me mientas- suspiró, ablandando un poco su mirada-. Si me cuentas tal vez pueda ayudarte, o al menos te sacas la porquería de adentro antes que explotes.
El rubio resopló otra vez, cansado, pero terminó clavando sus ojos en el suelo.
-Creoqueestoyenproblemasromanticos- murmuró de forma inentendible.
Albus frunció el ceño, confundido.
-Si hablas más alto y claro tal vez entienda algo- reprochó, inclinando la cabeza para escucharlo bien.
Scorpius suspiró y posó sus ojos en su amigo, resignado.
-Creo que estoy en problemas románticos- repitió.
El moreno procesó las palabras y sonrió suavemente, mirándolo con suspicacia.
-Eso significa que…
-¡Al rubito le gusta alguien!- chilló una voz masculina tras ellos.
Ambos se giraron sorprendidos, para encontrarse a Hugo, que los miraba divertido con los brazos cruzados.
-¿Y tú de dónde saliste?- pregunto Scorpius con mal humor. 
El castaño se encogió de hombros, sonriente.
-Recién salgo de Pociones y los escuché de casualidad.
-Chusma- acuso el rubio, volviendo a resoplar. 
Hugo lo miró con la ceja alzada, y Albus suspiró, haciéndole señas de que mejor no contestara nada.
-No tiene el mejor de los días- explicó.
Hugo miró al chico, que se había puesto a patear una piedrita con la vista baja.
-Ya veo… ¿Sabes qué necesitas tú?- dijo, pasándole un brazo por los hombros-. Una buena cerveza y una charla de hombres.
Scorpius se soltó, refunfuñando por lo bajo.
-Es lunes y son las once de la mañana, ¿de qué cerveza hablas?
-Tiene un buen punto- señaló Albus.
-Bueno, bueno, la reemplazaremos por algún dulce, también sirve. Tengo unos muffins levanta ánimos que te ayudaran- dijo el Gryffindor, guiñándoles un ojo.
Scorpius se encogió de hombros, y Albus sonrió.
-Está bien, vamos a buscarlos y hablaremos con este pequeñín en apuros- dijo, empezando a caminar.
El rubio bufó y le pegó en la cabeza.
-Te recuerdo que soy mayor que tú por dos meses, idiota.
-Oh, vamos, deja de enfadarte. ¡Y no me pegues!
Alzó la mano para devolverle el golpe, pero Hugo lo frenó antes, mirándolos a ambos como una madre a sus hijos revoltosos.
-Ya basta. Esta situación es de emergencia, así que caminen y déjense de tonterías- exclamó.
Media hora después, los tres se encontraban sentados en uno de los patios interiores, enfundados en bufandas con los colores de su casa, con un plato de muffins de chocolate oscuro en el medio. 
Scorpius estaba algo asustado, tenía que reconocerlo. Miraba a sus dos acompañantes sin pestañear, temiendo que en cualquier momento enloquecieran. Hugo y Albus, frente a él, lo miraban con sonrisas malignas.
-Muy bien, comenzamos- dijo el Gryffindor, con voz solemne-. Te gusta alguien, ¿estoy en lo cierto?
Scorpius asintió, mudó.
-¿La conocemos?- preguntto Albus, acercándose un poco.
El rubio asintió, retrocediendo un poco. 
-Oh, por favor, eso es obvio- soltó Hugo, cruzándose de brazos-. Es mi hermana.
Scorpius lo miró anonadado. 
 -¿ Y cómo sabes eso tú?- preguntó.
El chico se encogió de hombros, pero fue Albus quien respondió.
-Es que eres muy obvio, amigo. Lo siento- dijo de forma burlona.
El rubio lo fulminó con la mirada, pero no dijo nada.
-Ja, estoy contento- exclamó Hugo, sonriente-. Creo que eres el mejor prospecto de novio para Rosie. Eso sí…
Lo señaló con un dedo acusador.
-Más te vale tratarla bien, te recuerdo que puedo romperte tu cara de angelito.
-Y yo te recuerdo que no debes subestimarme, porque terminarás tú con la cara de angelito rota- respondió el rubio, alzando una ceja.
-Bueno, bueno, no nos vayamos de tema- frenó Albus.
Luego miró a su primo con cansancio fingido.
-Huguito, Scorpius es mi mejor amigo, y aunque tiene menos idea de chicas que un potus, es un excelente partido para Rose. Además- continuó, pasando su mirada a Scorpius- sabe que si la lastima lo tirare de la torre de astronomía. No hay de qué preocuparse.
Scorpius rodó los ojos, apoyándose en la pared.
-En fin, no debes preocuparte. Te ayudaremos- dijo Hugo, tomando un muffin-. Dime, ¿qué problema tienes?
El chico suspiró, rascándose la oreja.
-No sé cómo manejar todo esto. Es la primera vez que me gusta alguien. Y es la primera vez que siento celos. ¡Por Merlín, jamás fui celoso!- exclamó, abriendo los brazos. 
Albus y Hugo asintieron, escuchando con atención. 
-Y no sé cómo actuar con ella. Es decir, si la tengo cerca…
-Quieres besarla- completo Hugo.
El rubio asintió.
-Y si está con otro chico…
-Quieres asesinarlo- señaló Albus.
Scorpius suspiró, asintiendo de nuevo.
-Lógico, eso es que te guste alguien- concluyó el gryffindor-. La cosa aquí es conquistarla. Si te gusta, tienes que lograr que se interese en tí.
El rubio se volvió a rascar la oreja, analizando las palabras.
-Es que no sé cómo hacer eso- dijo.
-Lo sabemos, no te preocupes- dijo Albus, sonriente-. Con nosotros saldrás campeón.
Se señaló a el mismo y a su primo con expresión segura, y Scorpius alzó una ceja.
 -¿ Qué me garantiza que sus consejos son confiables?- pregunto, analizándolos.
Hugo bufó como si hubiese preguntado una idiotez.
-Pues yo estoy de novio hace tres años con una belleza. 
-Y yo conquiste a mi amiga, que también es una belleza- acotó Albus.
-Buen punto- respondió Scorpius, más tranquilo.
Hugo suspiró casi teatralmente, y le alcanzó un muffin.
-Tú come, que el chocolate da energías, y no te preocupes. Estas con dos expertos, y por suerte además son dos personas que conocen bien a tu objetivo.
Albus, sonriente, asintió y se acercó un poco, con voz susurrante, cómo quien está a punto de contar el mayor secreto de la historia.
-Tú relájate y escucha con atención.



El reloj marcaba las nueve de la noche, y afuera soplaba un viento fuerte que producía un ruido sordo de fondo. Rose, en pijama y abrigada con un buzo beige enorme, se encontraba en el sofá leyendo. En ese caso había optado por un libro de amor, dejando de lado momentáneamente la novela de terror que aún no terminaba. 
Scorpius había llegado hacia un rato y había subido a su habitación, luego de saludarla con la mano sin emitir palabra. La pelirroja estaba algo extrañada, tenía que admitirlo. El rubio había estado todo el lunes de mal humor, al menos las pocas veces que se habían cruzado no había esbozado ni una media sonrisa. Ahora parecía normal, pero aún así estaba actuando raro. 
Arriba, el rubio se encontraba sentado en la cama, y se rascaba la oreja, pensativo. Ya se había puesto el pijama, pero no pensaba acostarse aún. Tenía cosas que hacer. 
La voz de Albus resonó en su mente, con las palabras que le había dicho esa mañana.

Una de las cosas principales que debes saber es que las chicas adoran que las halaguen. Pero no sólo en el sentido físico. También es válido alabar algo que hacen bien, por ejemplo. Tiene aún más valor.

Suspiró, y se puso de pie, enderezando los hombros con decisión. Salió de la habitación y bajo las escaleras. Una vez allí, se sentó en el otro sofá, y Rose alzó la vista del libro para mirarlo. Esbozo una sonrisa leve, sin saber bien qué decirle.
 -¿ Estás bien?- pregunto finalmente.
El slytherin sonrió, asintiendo.
-Perfecto- respondió.
Luego paseo la mirada por la sala, pensando. ¿Qué le podía alabar? "Piensa, Scorpius, piensa". Rose lo observaba de a ratitos, confundida. Finalmente, el rubio volvió a posar su mirada en ella y sonrió un poco más.
-Has ordenado muy bien el armario de los dulces. Lo vi ayer- comento.
La pelirroja pestañeó, más confundida todavía. 
-Yo… bueno, gracias. No es muy difícil, solo acomodé un poco porque se caían las cosas al abrirlo- respondió, sonriendo un poco.
Scorpius asintió, pero no dijo nada. Rose suspiró, y volvió la vista al libro. Definitivamente algo raro estaba pasando.
El rubio posó la vista en el suelo, pensando, y esta vez fue la voz de Hugo la que sonó en su cabeza.

Si hablas libremente de sexo, las chicas lo encuentran interesante. Es decir, no digas una idiotez ni nada desubicado, desde ya. Pero si puedes hablar del tema sin avergonzarte te hará ver más maduro e inteligente.

Se rascó la oreja, y volvió a mirar a Rose.
-Oye, ¿ sabes por qué el dragón rojo de Alaska está en peligro de extinción?- le pregunto, cruzándose de brazos.
Rose lo miró, alzando una ceja.
-El dragón…- repitió, pensando-. La verdad no lo sé.
-Veras- comenzó el rubio, acomodándose en su lugar-. Se dice que es porque no se puede aparear debido a su enorme peso. Es decir, su contextura impide que la reproducción sea fácil de llevar a cabo, por lo que son pocas las veces que la hembra logra poner un huevo y que nazca cría.
La pelirroja frunció el ceño, y de pronto una sonrisa burlona se formó en su rostro.
-¿Dices que se va a extinguir porque es gordo y no puede reproducirse?- preguntó.
Scorpius asintió.
-Ese es un buen resumen, sí.
Rose amplió su sonrisa, haciendo un esfuerzo por no reírse, y asintió.
-¿Y a qué viene ese dato?
El rubio se encogió de hombros.
-Sólo decía.
La chica asintió, y escondió la cara tras el libro para ocultar la risa. 
Scorpius suspiró. No estaba funcionando, ¿verdad? Rose bajó el libro un rato después, y vio que el chico seguía sentado en la misma posición, con la mirada perdida.
 -¿ Seguro que estás bien?- volvió a preguntar.
El rubio asintió, sonriendo como si nada.
-Okey… Voy a dormir. Buenas noches- dijo la chica, cerrando el libro y poniéndose de pie.
-Que descanses- la despidió Scorpius.
Rose subió las escaleras, cada vez más extrañada. Abajo, Scorpius se rascó la cabeza, y entonces en su cabeza volvió a resonar la voz de Albus.

¿Sabes que otra cosa es genial para las chicas? Tu look. Tú tienes un peinado muy aburrido, pelo lacio y corto, fin. Pero a ellas les encanta cuando te haces algo distinto. No lo sé…algo como los cortes que se hacen los cantantes, esas cosas. ¿Entiendes?

El slytherin se tocó el pelo, indeciso.
 -¿ Debería cortarlo?- murmuró. 


No saben lo que ame escribir este capitulote, de principio a fin XD
Muero por leer sus opiniones! Hay muchas cositas de las que hablar! 
Nos leemos! Muchos abrazos, y espero que en el punto del planeta donde estén, se encuentren bien ante toda esta situación de Covid que nos afecta. Luz para todos!



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