Historia al azar: Vida y Obra de Harry Potter
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Donde gustes y cuando quieras » Capítulo uno
Donde gustes y cuando quieras (R15)
Por ivii
Escrita el Viernes 5 de Junio de 2020, 17:38
Actualizada el Jueves 9 de Julio de 2020, 19:38
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Capítulo uno

Capítulo uno 

 -Rose, despierta, es tarde.
Un bulto al que no se le veían ni los ojos se removió en la cama, soltando un gruñido. Anne suspiró y rodó los ojos, al tiempo que sacudía las mantas con fuerza, dejando al descubierto una cabellera rojo oscuro con leves ondas. Siempre le había gustado el pelo de su amiga, aunque en ese instante fuera una maraña desordenada que le tapaba la mitad del rostro.
 -Si no te levantas ahora me veré obligada a usar el aguamenti, y sabes que soy capaz… ¡Es tarde, ya te has perdido el desayuno!
La pelirroja gruño de nuevo algo inentendible, pero no se movió. 
 -Intentare con esto último antes de mojarla- murmuró Anne para ella misma. Miró a su amiga divertida y carraspeo-. Rosie, Lorcan lleva esperándote media hora abajo, se irá sin ti si no te mueves ahora.
Y eso fue suficiente. Rose Weasley se sentó en la cama como un resorte, los ojos miel abiertos de par en par y baba en el mentón. 
 -Lorcan…- murmuro, intentando formar una frase coherente.
Miró a su amiga, que la observaba con cansancio.
 -Faltan quince minutos para el comienzo de la primer clase. Y no creo que quieras llegar tarde, menos que Lorcan llegue tarde también por tu culpa. Así que… ¡Muévete!
Anne le pegó con un almohadón y se puso de pie, mochila al hombro y lista para irse.
 -Maldita sea, ¡Anne! ¡Debiste despertarme antes!
Al fin parecía haber reaccionado, y se puso de pie de un salto, rebuscando en el placard el uniforme.
 -Te dije que lo dejaras preparado anoche, si sabes que cuesta un mundo despertarte. ¡Y llevo llamándote veinte minutos, Weasley! 
Dicho eso Anne salió de la habitación dando un portazo que terminó de despertar a Rose, quien iba a gritarle un par de cosas pero se tropezó con las sábanas y acabó en el suelo.
 -Auch.
Ahora le dolía el trasero. Se levantó lo más rápido que pudo y se vistió a la velocidad de la luz. Se ató el pelo en una cola alta para que no se notara la falta de peine y se lavó apenas la cara, metiéndose un caramelo de menta en la boca para reemplazar el cepillado de dientes matutino que no tenía tiempo de hacer. Así, con un zapato sólo y la mochila apenas colgada, bajó corriendo las escaleras hasta la sala común.
Una vez allí se frenó de golpe, al ver a su mejor amigo esperándola apoyado en uno de los sofás, con cara de impaciencia. Al verla, Lorcan Scamander resopló y se incorporó.
 -Necesitas otro despertador, Rosie Pooh. ¡Corre!
La tomó de la mano sin darle tiempo a nada, y ambos salieron corriendo hacia el aula de Pociones, primera clase de ese día.
Rose corría lo más rápido que podían sus piernas, que eran largas pero no para tanto, mientras se ponía el otro zapato de forma torpe e intentaba no perder nada por el camino. Al menos su mochila estaba cerrada. 
Era dos de septiembre, primer día de clases de su último año en Hogwarts. Vaya manera de empezarlo. Aunque no era para sorprenderse. Rose tenía el maldito problema desde pequeña de dormir como marmota, y siempre llegaba tarde a todos lados, pues al parecer su cerebro rechazaba automáticamente el sonido del despertador. Anne y los gemelos Scamanders, amigos suyos desde que usaban pañales, la conocían lo suficiente ya como para estar acostumbrados, pero aún así no podían evitar enfurruñarse cuando llegaban tarde por su culpa. Claro que Lysander no sufría tanto porque iba a Revenclaw, y se veían en el salón de clase. Anne, por su parte, había adoptado hacía rato la costumbre de irse sin ella, y que la parta un rayo. Lorcan, en cambio, siempre la esperaba. 
Mientras corrían, Rose fijo su vista en las manos entrelazadas. Lorcan tenía una mano grande y algo áspera de tanto jugar Quidditch, pero parecía encajar perfecto con su mano más pequeña. Sonrió atontada, aún en el apuro.
Es que ese chico alto, de pelo dorado y ojos gigantes y anormalmente celestes, de sonrisa divertida y cuerpo bien formado, era su mejor amigo en el mundo entero. Y su amor platónico desde que tenía doce. Platónico porque ni se enteraba de sus sentimientos, y la trataba como una hermana no biológica; y Rose, cobarde como era, no se había animado jamás a decirle nada. "Mira tu nomás, la Gryffindor", le habló esa vocecita en su cabeza que se parecía mucho a la de Anne. Bueno, sí, era cobarde, ¿y qué? Prefería no arriesgarse a perderlo como amigo. Se le pasaría con el tiempo, seguro. Aunque ya llevaba cinco años suspirando por el y la cosa no tenía pinta de cambiar.
 -Ya casi llegamos, ¡apura esas patitas!
Sacudió la cabeza al oír esa voz grave que tanto adoraba, y se concentró en correr más rápido. Mierda, primer día y ya les iban a restar puntos culpa suya. Tonta, Rosie, tonta. Si eres mandada a hacer.
Y entonces su regañina interna se vio interrumpida abruptamente cuando se dio de bruces contra la espalda de Lorcan, quien parecía haber frenado de golpe, y terminó en el suelo (otra vez), con el trasero nuevamente abollado. 
 -Maldita sea, ¿qué pasó?- preguntó, frunciendo el ceño por el dolor mientras miraba a su amigo, quien también había acabado en el suelo. 
Frente a él, también en posición de haberse caído, un chico rubio se frotaba el brazo con cara de molestia.
 -Lo siento, lo siento, ¿estás bien? No te vi- se apresuró Lorcan, poniéndose de pie mientras le extendía una mano para ayudarlo a levantarse.
El chico la tomó y se puso de pie. Se sacudió la camisa y negó con la cabeza.
 -Estoy bien, descuida. Deberías ayudarla a ella.
Rose parpadeó al verse señalada, y se dio cuenta que todavía seguía en el suelo con cara de póquer. Lorcan la miró y pareció reparar en ella, y enseguida la ayudó a levantarse.
 -Rose, ¿estás bien? Lo siento, choque con él sin querer. Olvidé que estabas ahí.
Rose alzó una ceja. Lorcan solía olvidarse de su presencia con facilidad. Se soltó y le sonrió levemente, acomodándose el uniforme.
 -Estoy bien, descuida.
Juntó su mochila del suelo y el libro de Pociones que se había caído en el proceso, y miró al otro involucrado. Ahí se dio cuenta quién era. Scorpius Malfoy, Slytherin con el que jamás había cruzado una palabra. Bueno, tal vez en alguna clase, pero nada muy elaborado.
 -Lo sentimos, íbamos apurados. 
El rubio asintió y se colgó la mochila al hombro.
-Debo irme, llego tarde y ustedes asumo que también.
Lorcan y Rose se miraron y entonces parecieron recordar su situación.
 -¡Mierda!- gritaron al mismo tiempo, y sin más vueltas retomaron la corrida hacía el aula.
Scorpius alzó una ceja mientras retomaba el paso apresurado hacia el aula de Encantamientos.
 -Vaya par de mal hablados- murmuró.

***

Scorpius tomó asiento en su pupitre habitual, exactamente en la fila del centro. Ni en el fondo ni al frente, en el medio del aula. Acomodó la mochila en el suelo y sacó el libro de Encantamientos.
-Creí que lo traía en la mano, que extraño- murmuró al darse cuenta que lo tenía guardado junto a los demás.
Se encogió de hombros y supuso que lo había hecho sin pensar; se había quedado hasta tarde leyendo y eso le había pasado factura esa mañana, quedándose dormido. Así que era probable que hubiese hecho cosas de forma inconsciente. Aún sentía los párpados algo pesados por el sueño. 
Miró a su alrededor brevemente y vio a la mayoría de sus compañeros ya ubicados, hablando y acomodándose. Por suerte la profesora aún no había llegado, se había salvado de una amonestación por llegar tarde. Sintió un toque en el hombro y se giró. Albus Potter le sonreía desde el pupitre de atrás, con ese tinte burlón que solía caracterizarlo.
-¿Estudiaste? La profesora dijo que iba a tomar lección hoy para ver cómo estaba nuestro nivel este año. Vieja arpía- murmuró, apoyando un pie sobre la silla.
Scorpius alzó una ceja.
-¿Con quién estás hablando, Potter? No me hace falta estudiar y lo sabes.
Albus soltó una carcajada bastante efusiva que atrajo varias miradas, mayormente femeninas. El rubio rodó los ojos.
-Sí, sí, se que eres anormal. Tienes el cerebro más grande que los demás.
Lo miró divertido, sus ojos verdes brillando con malicia. Scorpius lo miró de arriba abajo, cómo si fuese un insecto molesto, y luego se giró de nuevo mirando al frente.
Cualquiera que los viera diría que se odiaban, o que directamente esa era una situación surrealista. Pero no. Aquellas dos copias de Harry Potter y Draco Malfoy eran amigos. Se habían acercado irremediablemente cuando ambos fueron sorteados en Slytherin, y tuvieron que enfrentar las miradas y comentarios de todo el colegio. Albus por ser un Potter en casa de serpientes, el único en su numerosa familia. Scorpius por ser hijo de un ex mortífago. Así, defendiendose mutuamente, habían terminado siendo inseparables. Al menos en palabras de Albus. Scorpius solía decir que el mediano de los Potter se le había pegado como estampa y el solo se había resignado. Pero al moreno no le importaba demasiado. Ese chico de pelo rubio y ojos como el acero se caracterizaba por ser el ser humano más tranquilo, callado e inteligente de todos. Raro era verlo enfadado por algo, no sé relacionaba con casi nadie más que lo necesario y solía parecer un cubito de hielo a la vista de cualquiera. Sin embargo, Albus podía asegurar que si bien sí era callado y sereno, y muy inteligente (gracias a él había aprobado parte de las materias), Scorpius Malfoy no era frío. Bueno, puede que le costase mostrar cariño, pero era un buen amigo. Insoportable, pero buen amigo al fin.
La profesora de Encantamientos hizo su aparición en el aula, haciendo sonar los tacones sobre el suelo de madera y callando las voces a su alrededor. Emma Mendez era una mujer morena de origen latino, que tenía unos bien entrados 50 años pero aparentaba menos. Para Scorpius, su profesora favorita. Para Albus que no pegaba una en Encantamientos, "la vieja arpía". 
 --Buenos días, y bienvenidos al último año de sus estudios- les sonrió levemente, mirándolos uno por uno-. Será mejor que lo aprovechen. El próximo paso es ser adultos y ya no habrá tiempo de tonterías.
Albus resopló detrás suyo.
 -Exagerada- susurró.
Dos ojos oscuros se clavaron en él.
-Señor Potter, ¿algo para compartir?
Scorpius soltó media sonrisa casi imperceptible. No habían pasado ni cinco minutos y el chico ya se estaba metiendo en apuros con su profesora.
-Nada, profesora.
Albus sonrió con toda la inocencia que pudo juntar, y se oyeron un par de suspiros femeninos en el aire. La profesora Mendez asintió y se cruzó de brazos.
-Muy bien. Siéntese bien así podemos comenzar.
Albus bajó el pie de la silla y se enderezó, no sin antes refunfuñar un poco por lo bajo.
-Abran el libro en la página siete. Vamos a hacer un repaso breve de lo que veremos este año y luego darán lección oral de lo visto los últimos años.
Scorpius abrió el libro, buscando la página correcta, pero se detuvo enseguida. 
 -¿Pero qué…- susurró, mirando las páginas con cierta sorpresa.
Allí, adornando las hojas y rodeando las letras, había miles de dibujitos de diferentes colores. Corazones pequeños, caritas felices, flores, firuletes. Todo un enjambre colorido que le quitaba seriedad al libro y distraía totalmente la atención de lo escrito. El rubio paso más páginas, extrañado, y descubrió que en todas ellas había algo, algunas menos llenas que otras, pero todas contenían algún dibujo. 
Ese definitivamente no era su libro, porque el no hacía esos dibujitos tan infantiles, menos en un material de estudio. Uno de los títulos llamó su atención, y leyó asombrado "Poción para forúnculos". Frunció más el ceño y volvió al inicio del libro, dónde se ubicaba el título y el índice. Allí, en letras negras y rodeado de dibujitos, rezaba "Pociones avanzadas, último año". Alzó una ceja. Ese no sólo no era su libro si no que no era de Encantamientos.
Como cada vez que necesitaba pensar algo, Scorpius se tocó la oreja derecha y perdió la mirada en un punto. ¿Cómo había pasado eso?
Entonces, recordó el pequeño incidente de hacía un rato, cuando había chocado con Lorcan Scamander y Rose Weasley de camino al aula. Sus cosas se habían caído en el impacto, y ahora entendía que probablemente había guardado el libro de uno de ellos dos en su mochila al levantarse en el apuro. Y alguno de ellos dos debía tener su libro de Encantamientos. Suspiró, hastiado. 
 -Comencemos. El primer tema que veremos este año será Encantamientos de materialidad.
La profesora comenzó un breve resumen del tema, y Scorpius se rascó la cabeza, pensando que hacer. Se giró levemente y le habló a Albus, intentando no alzar la voz.
-Préstame tu libro.
Albus frunció el ceño.
-¿Y el tuyo? 
Scorpius suspiró. No podía seguir perdiendo el tiempo con explicaciones, se perdería la explicación y además la profesora los regañaría. Así que tomo el libro de Albus y lo puso en su pupitre.
-Oye…- se quejó el moreno.
-Toma nota. Tú nunca prestas atención al libro.
Y con esa frase cortante dio por terminado el tema y se concentró en la clase. Una hora después, la profesora Méndez dio por terminado todo y fueron libres. Mientras Scorpius guardaba todo en su mochila, Albus le tiró de la camisa. 
 -Oye, tu, mafioso. ¿No sabes pedir las cosas?
El rubio se incorporó y le dedicó media sonrisa burlona.
-Te lo pedí. No podía seguir perdiendo tiempo, Potter.
El moreno alzó una ceja mientras ambos salían del aula.
-¿Acaso te olvidaste tu libro? Tu nunca olvidas ni una pluma.
Scorpius saco de su mochila el libro de Pociones y se lo extendió.
-¿Sabes de quién es este?
Albus abrió el libro con curiosidad y al segundo sonrió divertido. 
-¿Qué haces tú con el libro de Rose?
Scorpius asintió. Ya sabía de quién era.
-Esta mañana chocamos en un pasillo y se cayeron las cosas. Evidentemente yo tome su libro por error y ella se llevó el mío de Encantamientos. Devuélveselo y pídele el mío.
Albus alzó las cejas mientras hojeaba las paginas.
-Rosie siempre dibuja todos los libros. Es una manía que tiene- lo miró con diversión al tiempo que se lo devolvía-. Vamos a buscarla y se lo damos. A fin de cuentas tú chocaste con ella, no yo. Pero como soy un buen amigo te acompañaré.
Le pasó un brazo por los hombros, y Scorpius resopló. Ese día pintaba largo.
Mientras tanto, la clase de Pociones daba por finalizada en un aula no muy lejana. Rose Weasley cerró la mochila y suspiró. Recién empezaba el día y ya estaba agotada. No sólo había tenido que correr para llegar y se había perdido el desayuno, con las consecuente queja de su estómago que no dejaba de hacer ruidos, si no que se había confundido de libro y el profesor le había restado cinco puntos por despistada. Miró su mochila con el ceño fruncido, cómo si esta tuviera la culpa. Claramente ya sabía lo que había sucedido; se había traído por error el libro de Malfoy en vez del suyo de Pociones. Porque ese libro aburrido sin dibujos de colores no era suyo, y además en la primera página estaba escrito el nombre del Slytherin con tinta verde y en una letra excesivamente prolija. En fin, no había lugar a dudas.
-Menos mal que tenemos dos horas libres antes de la siguiente clase. Vamos a las cocinas antes de que muera- dijo, colgándose la mochila.
Pero no recibió respuesta. Alzó la vista buscando a Lorcan, pero no estaba a su lado. ¿En qué momento se había movido? Miró alrededor y entonces lo vio, en la entrada del aula, apoyado contra el marco de la puerta como todo un galán y coqueteando casi descaradamente con dos compañeras de Hufflepuff.  La molestia se le clavó en el pecho pero no se sintió capaz ni de resoplar. Una mano se posó con suavidad en su hombro y se giró para encontrarse con Anne, que la miraba con ese cansancio que adoptaba cada vez que el tema "me enamore de mi mejor amigo y este es un idiota mujeriego" salía a la luz. 
-Anda, vamos a las cocinas. Me aparece una fruta.
Le sonrió con esa calidez que la caracterizaba y Rose le devolvió el gesto con suavidad. La tomó del brazo y así salieron del aula, pasando de largo a Lorcan y compañía, aunque el rubio no pareció notar que sus amigas se habían ido. 
-Necesito chocolate- murmuró Rose.
Anne la miró de reojo y vio una sonrisa leve pintada en sus labios. Rose solía caracterizarse por un optimismo que rara vez podía opacarse, aunque estuviese triste o tuviese un día horrible. Anne la admiraba porque siempre sonreía, hacía chistes y ponía cara de aquí no ha pasado nada. Varias veces le había dicho que eso no era sano y que debía expresar lo que sentía, pero la pelirroja seguía adelante, porque según ella, "la vida es corta para estar llorisqueando". 
-Ven aquí, voy a acomodarte ese pelo- le dijo, deteniéndola.
Rose se dejó hacer, y en menos de dos minutos la castaña había logrado deshacer la cola despeinada, había acomodado las ondas y había hecho una media cola prolija. Sonrió satisfecha al ver el largo pelo de su amiga en estado decente. 
Una luz plateada apareció frente a ellas, y ambas pegaron un pequeño salto en el lugar debido al susto. Poco a poco, un Patronus con forma de cocodrilo se materializó, y entonces la voz de Albus se coló en el pasillo.
"Rosie, ven al lago. Estoy con Scorpius, que al parecer tiene algo tuyo y tú algo de él. Te esperamos.
Rose suspiró y miró a Anne. 
-Creo que voy a dejar el chocolate para otro momento. Necesito recuperar ese libro y Malfoy seguro necesite el suyo.
Anne asintió.
-Pues ve, iré a buscarte algo y te espero en la sala común. Debes comer.
Rose le sonrió con agradecimiento, le pellizco una mejilla con cariño y se encaminó hacia el lago.
En las afueras, la recibió un sol radiante de fines de verano, y sonrió más animada. Adoraba esos días cálidos dónde no soplaba viento y se podía estar afuera. Caminó por los terrenos con calma, buscando a su primo. Finalmente lo vio sentado a orillas del lago, bajo un roble enorme. A su lado, Scorpius Malfoy jugaba con la hierba, con cara de aburrimiento. Rose se encaminó hacia ellos. 
Miró a Scorpius en el proceso, aprovechando que aún no la habían visto. Lo cierto era que, más allá de compartir colegio y que el rubio era muy amigo de su primo, no habían hablado más que tres o cuatro palabras en todos esos años. Rose no sabía bien a qué se debía, solo no habían tenido oportunidad. El chico se caracterizaba por ser bastante anti social y jamás había pasado un verano o una navidad con ellos en La Madriguera, por lo que la mayor interacción había sido en clases o en algún saludo por los pasillos cuando iba con Albus. Lo observó con detenimiento y no pudo evitar pensar que era guapo, casi a un punto inhumano. Tenía el pelo rubio claro y unos ojos azul oscuro que encajaban perfecto con una nariz recta y unos labios suaves y algo carnosos. Tenía la piel perfecta y Rose se preguntó si sabía lo que era un poro abierto. Se tocó las mejillas. Bueno, ella también tenía una piel bonita, aunque si que sabía lo que era un punto negro o un grano, sobre todo los días antes del "momento odioso del mes femenino". 
Cuando se dio cuenta, estaba frente a ambos, y Albus la miraba con su habitual sonrisa divertida. Scorpius la observaba con algo de curiosidad. 
-Hola, Rosie. Siéntate- le dijo su primo, dando palmadas en el suelo a su lado. 
Rose sonrió y dejo la mochila en el suelo, sentándose y quedando frente a Scorpius. Se miraron unos segundos, cómo evaluándose, y Albus pestañeo un par de veces, confundido. Luego pareció entender y sonrió, mirándolos a ambos.
-Pues creo que nunca habían estado tan cerca- carraspeó y puso una voz similar a la de un presentador de tv-. Scorpius, te presento a mi prima preferida, Rose. Rose, te presento a mi mejor amigo, Scorpius. Es un poco raro pero buena gente.
Le guiñó un ojo a la pelirroja y ella sonrió divertida. Scorpius por su parte miró a Albus con cansancio, y luego le dedicó a Rose una media sonrisa. La chica se sorprendió un poco ante ese gesto pero no dijo nada.
-Ya nos conocemos, Al. Sólo es la primera vez que hablamos realmente.
Abrió la mochila y sacó el libro de Encantamientos, extendiéndoselo al rubio. Scorpius lo tomó y le devolvió el suyo. Albus aplaudió un par de veces.
-Muy bien, misión cumplida.
Rose le pegó una palmada en la rodilla.
-Ya déjate de teatro. ¿Es que nunca puedes ponerte serio?
Para su sorpresa, no fue Albus quien respondió, sino Scorpius.
-No, no puede. Es un defecto innato.
Ambos primos lo observaron, Rose con más curiosidad y Albus con burla. 
-Definitivamente, eso te lo aseguro yo que lo conozco desde que me robaba el chupete- respondió la pelirroja, divertida.
Albus frunció el ceño y le tiró suavemente del pelo.
-No me quites reputación.
Rose le sacó la lengua y guardó su libro en la mochila. Entonces sus ojos repararon en unos pastelitos de calabaza que reposaban en el pasto y que no había visto. Se le hizo agua la boca y su estómago escogió ese momento para volver a quejarse de manera ruidosa. Rose sintió como se le ponían las mejillas coloradas mientras Albus soltaba una carcajada.
-¿Tienes hambre o me parece a mí, primita?
Rose lo fulminó con la mirada, e iba a responderle cuando una mano grande y pálida apareció en su campo visual, extendiéndole un pastelito. Alzó sus ojos miel y vio a Scorpius mirándola con serenidad.
-Tómalo, tenemos varios- le dijo, moviendo el pastelito frente a ella.
-Eso, Rosie, tómalo antes de que tu estómago haga huelga- aportó Albus, divertido.
Para él esos gestos de Scorpius no eran tan llamativos, porque conocía la faceta más cálida del rubio, pero era comprensible que asombrará a aquellos que sólo veían su fama de chico frío. Finalmente Rose sonrió y tomó el pastelito.
-Gracias- respondió, mirando el bocadito con felicidad pura.
El pastelito, dorado y crujiente, parecía llamarla con urgencia. Scorpius se puso de pie, se sacudió el pasto del pantalón y se colgó la mochila al hombro. 
 -¿Ya te vas?- preguntó Albus, acostándose en el pasto-. Aún tenemos una hora libre.
 -Lo se, pero tengo cosas que hacer. Hasta luego- respondió, y se dio vuelta para irse. 
Sin embargo, dio unos pasos y volvió a girarse, posando sus ojos en Rose.
 - Por cierto, bonitos dibujos. Un poco extravagantes pero no están mal.
Dicho eso se giró y siguió caminando, alejándose de ellos. Rose abrió la boca un par de veces, intentando decir algo, desconcertada y algo avergonzada. Malfoy había visto sus dibujitos infantiles. 
-¿Extravagantes?- murmuró, frunciendo el ceño mientras le daba un mordisco al pastel.
Albus soltó otra risa. 
-Es todo un cumplido, no lo dudes.

***

Rose entró en la sala común bostezando. El reloj marcaba las siete de la tarde, y al fin habían terminado las clases. En uno de los sofás rojos vio a su prima Lily, que hojeaba una revista de Quidditch con tranquilidad. Caminó hacia allí y se dejó caer en el sofá, tirando la mochila al suelo y apoyando la cabeza en las rodillas de su prima. Lily sonrió y le acarició el cabello.
-¿Y esa cara de agotamiento?
Rose bostezo de nuevo.
-Día largo. Creo que este año van a matarnos con las clases. No sabes el esfuerzo sobrehumano que tuve que hacer para no dormirme en Historia de la magia.
Lily dejó la revista a un lado y la miró con comprensión.
-Pues yo agradezco no haber seguido esa materia. 
-Es que sabes que la necesito, si quiero ser periodista en uno de los Extasis obligatorios.
La menor de los Potter asintió.
-En verdad me compadezco de ti. Encima te sumas el hecho de ser Premio Anual. Tu sí que tienes un año movido.
Rose resopló y le pellizco la pierna con suavidad.
-Gracias, no necesito más ánimos, Lily Lu.
Es que si, ese año no solo era cargado por las materias y los Extasis, sino que la habían nombrado Premio Anual. Para Rose había sido una sorpresa en un principio, porque si bien sus notas eran buenas tampoco era una maravilla. Pero al parecer estaba entre los promedios más altos de su curso, y no solía meterse en muchos problemas, pese a venir de una familia de revoltosos que habían ido dejando su marca en Hogwarts. Por eso la directora había decidido nombrarla, y ahora a su agitada vida se sumaban las reuniones y las rondas por los pasillos. 
-Descuida, cuando le agarres el ritmo será más fácil. Sólo intenta no dormirte.
Rose le sacó la lengua con diversión y Lily le devolvió el gesto arrugando su pequeña nariz pecosa. Es que su primita tenía pecas hasta en las orejas. Su pelo de un rojo más claro que el de Rose, lacio y hasta los hombros, sumando a unos ojos almendrados del color del chocolate y una estatura pequeña, la hacían parecer una eterna niña, pese a sus dieciséis años ya cumplidos. Rose la adoraba, podía decirse que era su prima preferida (y que no se enterara Albus), y pese a llevarse un año compartían gran parte del tiempo junto a Anne y los gemelos.
 -¿No has pensado en cortarte el cabello?- preguntó Lily, levantando un mechón rojo oscuro.
El cabello de Rose llegaba hasta su cintura, y era la envidia de casi todas sus primas, pero Lily le insistía en que cambiase el look ahora que era más grande, a lo que Rose se negaba rotundamente. Nadie tocaba su preciado cabello.
Refunfuño algo inentendible por respuesta, mientras mantenía los ojos cerrados y sentía el sueño acudiendo a ella. Lily le tiró del pelo y la pelirroja abrió los ojos.
-Ve a cambiarte, la cena es en un rato.
Rose refunfuño aún más pero Lily la empujó del sillón y tuvo que levantarse, antes de terminar otra vez con el trasero en el suelo. Le saco la lengua otra vez y empezó el camino hacia las habitaciones, pero recordó algo y se detuvo antes de subir el primer escalón. 
-Oye, Lils. ¿Has tratado alguna vez con Scorpius Malfoy?
Su prima alzó una ceja y la miró con curiosidad.
-Pues…es el mejor amigo de Albus, he intercambiado algunas pocas palabras. Pero nada muy elaborado- abrió de nuevo la revista y se acomodó en el sofá-. Todo lo que tiene de guapo lo tiene de serio.
Rose asintió y comenzó a subir las escaleras, pero la voz de su prima la detuvo de nuevo.
-¿Y tú por qué preguntas?
La miró con un pie a medio subir y cara de póquer.
-Por nada, solo que hoy tuve un pequeño incidente con él y me dio algo de curiosidad. Parece amable.
Dicho eso siguió camino, dejando a Lily con la palabra en la boca. Se moría por ponerse algo cómodo y bajar a cenar.

***

 -Muy bien, este año será un poco diferente.
La voz áspera del profesor de Transformaciones se alzó en el aula. Rose se acomodó en el asiento, intentando mantener los ojos abiertos. La noche anterior había terminado desvelándose con un cómic y se había dormido tarde, de modo que esa mañana había tenido que correr, otra vez sin desayunar y con los ojos pegados. 
-Es el último año, así que no hay tiempo para tonterías.
 -Nada que no nos hayan dicho ya- susurró Albus a su lado, aburrido.
Rose apoyo el mentón en una mano, intentando prestar atención, pero es que ciertamente su primo tenía razón. Ya habían oído el bendito discursos de último año varias veces para ser que llevaban día y medio de clases apenas. 
 -Bien, hablaremos de los temas enseguida, pero antes…- el viejo profesor paseó su mirada azul por todos los rostros adormilados de los alumnos-. Este año no quiero distracciones de ningún tipo, así que nada de compartir pupitre con los amigos. 
Se oyó enseguida un murmullo general de quejas. 
-¡Silencio!
Todos quedaron mudos al instante. El profesor Lerman tenía fama de autoritario y no tenía demasiados reparos en bajar puntos. Se acomodó las gafas y continuó.
-Como decía, van a compartir pupitre con alguien que no los distraiga. Por ejemplo- sus ojos se posaron en Albus-. Señor Potter, cambie asiento con Malfoy.
Albus alzó una ceja y Rose giró el rostro hacia atrás, dónde Scorpius se sentaba con Claire Nott.
 -Pero profesor…
 -Pero nada, señor Potter. Usted es una distracción para cualquiera, y la señorita Weasley debe mantener sus notas. Así que cámbiese y sin rechistar.
Albus estuvo a punto de decir algo, pero Rose le piso un pie y le mando una mirada de "mejor te callas, suicida". El moreno cerró la boca y se cambió de asiento con resignación. Scorpius se acomodó al lado de Rose sin decir nada, mientras el profesor seguía asignando parejas. 
La pelirroja lo miró de reojo con curiosidad. El rubio acomodó los tinteros, las plumas y el pergamino con un orden milimétrico, y Rose alzó una ceja, sorprendida, pero no dijo nada.
La clase dio comienzo al fin, y ambos trabajaron en silencio, sin hablar en lo más mínimo. Rose tenía el ceño fruncido y cara de concentración, mientras intentaba transformar el pequeño cofre de madera que tenía enfrente en un bonsái. ¿A quien se le ocurría semejante transformación? Resopló, frustrada al ver que no había conseguido nada en sus últimos tres intentos. Transformaciones era, de todas, la materia que menos se le daba, por eso el profesor Lerman solía tenerla de punto, y buscaba cualquier pequeño error para regañarla. Scorpius, a su lado, hacía rato que había conseguido un bonsái de preciosas hojas verde oscuro, y miraba la mesa, aburrido. Rose quiso pegarle por fanfarrón, aunque en realidad el chico no tenía la culpa de su torpeza. 
 -Voy a pasar por las mesas, y espero ver avances- dijo el profesor, comenzando a caminar entre las filas. 
Rose tragó saliva y miró angustiada el estúpido cofre. Agitó la varita una vez mas, pronunciando las palabras, pero nada pasó. Soltó un gemido bajo. Otra vez tendría que soportar la humillación de Lerman frente a toda la clase, y seguro perdería puntos. Miró su insignia de Premio Anual con el ceño fruncido. Se la iban a terminar quitando. 
El profesor había avanzado y se encontraba a dos pupitres de ellos. Rose suspiró, resignada, y se dispuso a dejar la varita en la mesa, cuando una mano se cerró con suavidad en torno a su muñeca, deteniéndola. Alzó los ojos y vio sorprendida a Scorpius, que la miraba con serenidad.
-Intenta una vez más, o el reto será peor- le dijo en voz baja, soltándola.
Rose bajó la varita y lo miró con desconcierto.
 -No me sale, es en vano. Me va a regañar de todas formas.
Scorpius suspiró y se acercó un poco.
-El movimiento de la muñeca es lo que está mal- volvió a tomarla de la mano y le mostró como hacerlo-. Son tres círculos y un óvalo. ¿Lo ves?
Rose asintió, intentando concentrarse en el movimiento. Pronunció las palabras, y para su sorpresa, frente a ella apareció un bonsái de flores violetas.
La pelirroja abrió la boca, asombrada, y sonrió.
 -Oye, mira eso- dijo, contenta.
 -Vaya, vaya, Weasley. Al fin hizo algo de forma correcta.
Alzó los ojos y vio a Lerman mirándola con seriedad. Carraspeó y se enderezó en el asiento.
-Bueno, pues…
-No sé lo crea demasiado. Le falta bastante para tener un Aceptable. Y si mal no recuerdo este es un Éxtasis que necesita, así que no bajaría la guardia.
Dicho eso siguió caminando entre los pupitres, y Rose soltó aire, sintiendo como se le habían tensionado los hombros. Luego miró a Malfoy, quien había vuelto a poner sus ojos aburridos en la mesa. Sonrió levemente.
-Gracias, Scorpius. Te debo una- le susurró.
El chico no la miró, pero Rose pudo ver media sonrisa en sus labios.
-Descuida, Weasley. Das pena cada vez que el profesor se desquita contigo.
Okey, eso no sonaba muy alentador. Pero aún así Rose no perdió la sonrisa.
Al salir del aula, Lorcan la esperaba apoyado en la pared con su sonrisa perfecta. Rose le sonrió y sintió el habitual hueco en el estómago que le agarraba al verlo, pero como siempre, disimuló muy bien.
-Vamos a almorzar, pequeñajos- dijo el rubio, pasando un brazo por sus hombros mientras Albus y Anne se unían a ellos.
De reojo, Rose vio a Scorpius salir del aula con su andar sereno y sin mirar atrás.  

***

Rose suspiró y miró el reloj de la sala común una vez más. Las diez de la noche. Cerró el libro de Trabsformaciones con brusquedad y se puso de pie, guardando la varita en el bolsillo delantero del jean. Acomodó sus cosas y salió de la sala común, dispuesta a iniciar la ronda nocturna por los pasillos.
Había quedado con Lorcan en juntarse a estudiar luego de la cena, para que pudiera ayudarla con Encantamientos, pero el rubio no había aparecido ni a cenar, mucho menos en la sala común. Rose se había hartado de esperarlo, y ni siquiera había podido concentrarse bien en estudiar por estar pensando en qué, o mejor dicho con quién, estaría Lorcan. Cada vez que su cabeza recreaba imágenes de su amigo revolcándose con alguna chica en un aula vacía, se le formaba un nudo en la garganta. 
Se suponía que harían también la ronda juntos, ya que ambos eran Premio Anual, pero tampoco había llegado, y Rose no podía empezar tarde. Así que allí estaba, sola, caminando por los pasillos y sintiéndose idiota. Siempre lo esperaba, confiaba en que cumpliría, pero no era la primera vez que Lorcan faltaba a alguno de sus planes. "Ojalá descubran que no hiciste la ronda y te quiten puntos por idiota", pensó mientras caminaba.
Se abrazó a ella misma, sintiendo la brisa algo fresca que entraba por algún ventanal abierto. Había salido sólo con una remera manga corta y se estaba arrepintiendo de no haber llevado un suéter liviano.
Bajó una de las escaleras, metida en sus pensamientos, y entonces un grito espeluznante y una sombra frente a ella la sobresaltaron. Rose pegó un grito y fue tal el susto, que tropezó en un escalón y acabó en el suelo tras una caída estrepitosa. 
 -Auch…- murmuró.
Un dolor agudo la recorrió desde la cadera hasta el pie derecho, y le ardían las palmas de las manos, que debía haberse raspado al detener la caída. Al menos no parecía haberse roto la cabeza. Abrió los ojos y frente a ella diviso a Pevees, que se reía con maldad, señalandola con un dedo.
-Mira que no aprendes, niña boba…¡Siempre caes en la broma!- se burló entre carcajadas.
Rose lo fulminó con la mirada, furiosa y dolorida.
 -¡Pevees! ¡Podría haberme matado! 
El fantasma aumentó su risa ante esas palabras, y se acercó a ella hasta que casi pudo tocarle la nariz, mirándola con malicia.
 -Que tú seas una tonta asustadiza y torpe no es mi problema.
Rose estiró la mano, intentando espantarlo, pero el polgerstein fue más rápido y salió corriendo. Rose golpeó.el suelo, furiosa, y el dolor la recorrió entera. 
Se incorporó cómo pudo hasta sentarse en el primer escalón, y se miró las palmas raspadas. Tocó con cuidado su pierna derecha y supo enseguida que se había torcido el tobillo, si no era algo peor. 
 -Demonios…
Miró alrededor, pensando qué hacer. Tenía que pararse para poder llegar a la sala común, pero estaba lejos y ni siquiera podía apoyar el pie sin sentir un dolor insoportable. 
 -No te muevas.
Rose alzó los ojos sorprendida, buscando el origen de esa voz grave, y finalmente se topo con Scorpius, parado al principio de la escalera. El rubio bajo los escalones con velocidad y se arrodilló a su lado, observando el panorama en silencio. Le tocó el tobillo con suavidad y Rose soltó un quejido de dolor.
 -No lo toques, duele mucho.
El rubio posó sus ojos azules en ella con interrogación, y Rose suspiró.
-Pevees me asustó y me caí. Estaba haciendo la ronda.
-Sé lo que pasó, oí el grito. Estoy viendo si tienes alguna otra herida.
La observó con detenimiento, y Rose se sonrojó un poco, aunque le dolía tanto que ni tiempo de avergonzarse tenía.
 -Estoy bien, solo necesito ir a la sala común. ¿Puedes acompañarme o buscar a alguien?- le preguntó.
Scorpius asintió y sin mucha duda pasó un brazo por su espalda y otro bajo sus rodillas, y la alzó con tanta facilidad que Rose se sintió una pluma. 
 -Auch…- murmuró, y se aferró a su cuello.
 -Vamos a la enfermería, tiene que verte la señora Pomfrey. Puede ser grave.
Dicho eso empezó a caminar con tranquilidad, intentando no moverla demasiado. Rose lo observó algo atontada.
 -No hace falta que me cargues, puedo apoyarme en ti…y no creo que sea tan grave para ir a la enfermería.
Scorpius la observó unos segundos y luego volvió la vista al frente, sin dejar de caminar.
-Una fractura mal curada puede desencadenar en una infección o en una lesión permanente, y si no me equivoco tu juegas Quidditch. No creo que quieras tener que dejar.
Rose frunció el ceño.
 -¿Infección? 
Scorpius asintió.
-Quiero ser sanador, así que se del tema. Descuida, la enfermera lo arreglará.
La pelirroja guardó silencio, más que nada porque el dolor la tenía aturdida, y se dejó llevar. 
Una vez en la enfermería, Madame Pomfrey la revisó, diagnostico una torcedura y le dio una poción calmante y una pomada que debía ponerse los siguientes tres días.
 -Estarás bien, con la pomada y el descanso mañana podrás caminar con normalidad. Pero aún así ve con cuidado- concluyó la mujer, dedicándole una sonrisa amable llena de arrugas.
Rose le sonrió con gratitud y asintió. Scorpius, quien se había apoyado en la camilla, tomó los medicamentos y los guardo en el bolsillo de la túnica, para luego alzarla con cuidado. La pelirroja se sonrojó pero no dijo nada, a fin de cuentas le dolía como para caminar. 
 -Muchas gracias, señora Pomfrey. Que tenga buenas noches- dijo el rubio, y la enfermera les sonrió con dulzura.
 -De nada, muchacho. Ese Pevees va a escucharme, no sé preocupen- le dio unas palmaditas a Scorpius en la espalda-. Cuídala bien.
Les guiñó un ojo y se encaminó hacia su despacho, aunque ambos pudieron oír como antes de entrar murmuraba divertida.
 -Estas parejas de hoy son adorables.
Scorpius y Rose se miraron, incómodos, y finalmente salieron de la enfermería intentando ignorar la vergüenza. 



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