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Alice Longbottom: Un remedio arriesgado » Un problema inesperado
Alice Longbottom: Un remedio arriesgado (ATP)
Por MariaAl0402
Escrita el Miércoles 27 de Mayo de 2020, 12:57
Actualizada el Martes 7 de Julio de 2020, 09:13
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Un problema inesperado

Solo habían pasado dos días cuando Augusta había tenido que volver a acudir al Hospital San Mungo de Enfermedades Mágicas y se encontraba de nuevo sentada delante de la mesa del doctor Murray.

—Señora Longbottom, está aquí para informarle de los resultados de las pruebas sobre el remedio del que le hable —dijo el doctor Murray

—Y dígame, doctor, ¿dio resultado? —pregunto Augusta con cierta impaciencia

—La poción tuvo más éxito del que esperábamos y funciono perfectamente, los pacientes se recuperaron del todo —dijo el doctor Murray

La cara de la mujer se iluminó de alegría, pero antes de que pudiera decir nada, el doctor volvió a hablar

—Sin embargo, los pacientes experimentaron un inesperado efecto secundario —prosiguió el doctor—. Una amnesia retrógrada

—¿Amnesia? —dijo Augusta

—Si, vera, le explicaré —dijo el doctor—. La memoria se puede dividir en episódica, semántica y procedimental. La semántica y la procedimental, es decir, cosas tan básicas como hablar o andar, están intactas. El problema está en la memoria episódica, todas las cosas que nos han sucedido en nuestra vida. No recuerdan nada.

—Entiendo, ¿puedo hacer algo, doctor? —dijo Augusta. No sabía cómo reaccionar ante aquello. Si Alice no tenía memoria… Empezaba a dudar de si debía haber dado su permiso. No sabía ni cómo iba a explicárselo a Neville.

—Por el momento, nada —dijo el doctor—. Los mantendremos vigilados durante un tiempo, viendo cómo progresan. Le mantendré informada.

—Muchas gracias, doctor.


—Alice progresa muy bien, señora Longbottom —informaba el doctor dos semanas después—. Si no fuera porque no recuerda nada de su vida, podría parecer una persona sana completamente. No hay problemas en su memoria después del medicamento, lo cual es bueno. Tenemos pacientes aquí cuya memoria ha sido afectada para siempre y nunca vuelven a ser los mismos. Pero Alice se muestra perfectamente madura y capaz, salvo por las noches.

—¿Que ocurre por las noches? —pregunto Augusta preocupada

—Son solo pesadillas, pero grita mucho y despierta a los pacientes de las habitaciones contiguas —dijo el doctor Murray—. Pero no parece recordar nada cuando despierta.

—Bien, bien, mejor que no las recuerde, debe ser horrible si grita tanto —dijo Augusta

—Tengo que decirle también que vamos a permitir muy pronto las visitas a los pacientes —dijo el doctor Murray

—Pero si Alice no sabe quién soy…

—Lo se, pero podría ser bueno para ella, incluso podría ayudarle a recordar —dijo el doctor—. Y si su progreso sigue así de bien, en unas semanas podríamos darle el alta

—¿En unas semanas podría recordar? —pregunto Augusta

—No exactamente, pero como le he dicho, a pesar de ello, Alice se muestra perfectamente madura y capaz —dijo el doctor—. Nosotros no podemos hacer mucho más. Pero usted y su nieto si que podrían ayudarle a recordar quien era hablándole de ella, recuperando la rutina…

—Entiendo, doctor —dijo Augusta—. Y respecto al remedio, esa poción…

—Me temo que su hijo tendrá que esperar un poco más —informó el doctor—. Debido a este efecto secundario, están estudiando de nuevo todo el proceso de creación de la poción desde el principio, intentando averiguar qué ocurrió y cómo eliminar el efecto secundario sin que la poción pierda efectividad. No podemos saber cuánto tardará.


Era ya finales de noviembre. Cuando Augusta entró en la habitación, ella se encontraba mirando por la ventana de espaldas a la mujer. Esta vez, la habitación era individual. Una cama, un armario, una puerta que daba a un baño e incluso un escritorio. En lugar de la típica bata de hospital abierta por detrás, Alice llevaba puestos una camiseta y unos pantalones de un blanco inmaculado. Augusta no sabía ni qué decir.

Alice debió de percibir que la observaban, porque en aquel preciso momento se dio la vuelta y observó a la mujer. Era alta y delgada, con un abrigo largo y un bolso rojo colgado del brazo. Un sentimiento de familiaridad asalto a Alice, aunque no conocía a esa mujer, o eso creía. Augusta también pudo observarla bien. Su aspecto físico también parecía haber mejorado mucho gracias al tratamiento. Casi volvía a ser aquella bonita joven rubia de la que su hijo se había enamorado, solo que claro, el tiempo había pasado y aquella joven ya era una adulta hecha y derecha.

—Hola, Alice… —consiguió decir Augusta con una leve sonrisa

—¿Nos conocemos? —pregunto Alice ladeando ligeramente la cabeza con expresión de cierta confusión

—No lo recuerdas, pero sí —dijo Augusta—. Me llamo Augusta

Alice frunció levemente los labios pensativa durante varios segundos antes de volver a hablar.

—No me suenas, lo siento.

—Tranquila —dijo Augusta—.  He traído algunas fotos, el doctor me dijo que podría ser bueno para ayudarte

Augusta abrió su bolso y saco algunas fotos que había cogido de algunas cajas que tenía en su sótano, donde guardaba las pertenencias de Frank y Alice que tantos años atrás había ido a recoger a su casa antes de que fuera embargada por el banco, ya que ni Alice ni Frank podía pagarla, y ella tampoco tenía suficiente dinero para pagar otra casa.

—Estas son algunas —dijo Augusta tendiéndoselas

Alice extendió la mano despacio para coger las fotos, y fue observándolas pasándolas lentamente. Ella aparecía en todas, solo que bastante más joven. En algunas salía sola, en otras con un grupo de chicas de su edad, en otras con un chico rubio, probablemente también de su edad, muy juntos… Pero se detuvo más tiempo en una en concreto. En ella, estaba ella, también aquel chico. El la abrazaba. Ambos parecían muy felices, con grandes sonrisas. Y en los brazos de ella, se encontraba un pequeño bebé de pelo claro que no tendría más de unos meses. Inconscientemente, Alice acarició con un dedo el rostro el bebé en la fotografía. 

—¿Quienes son? —preguntó Alice

Augusta se acercó a mirar la fotografía que sostenía y no pudo evitar sonreír al verla.

—Ellos son mi hijo y mi nieto —respondió—. Tu familia.


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