Historia al azar: Mi sangre
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Destino 03. Marte » Indigestión
Destino 03. Marte (R15)
Por Kajiura
Escrita el Jueves 30 de Abril de 2020, 00:39
Actualizada el Viernes 31 de Julio de 2020, 23:23
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Indigestión

VII

Indigestión

 

Pese a que las aguas habían dejado de ser turbias, todavía faltaba atar cabos sueltos. Una vez Kya se encontrase dispuesta, la reunión pudo desarrollarse según lo planeado. Su fin, era notificar a Tercera y Cuarto  lo acontecido esa mañana y lo mucho que era codiciado Yerik para Ferzeo, además de la posibilidad de que el pequeño fuese el príncipe de Marte.

Tal y como Gaby anticipó, Kya y Andrads juraron no decir nada al respecto y apoyar a Astucieus en todo lo que estuviese a su alcance. Asimismo, hablaron sobre el don natal de Andrads, que todos, sin excepción, debían sujetarse a las medidas de seguridad. De igual forma, acordaron que por lo mismo, el hombre no cuidaría a Túux.

Gabriella sintió el transcurrir de la noche demasiado lento. Mil cosas se arremolinaban en su cabeza, los hematomas palpitaban. Al final, el cansancio la derrotó y le dio cavidad a un montón de sueños extraños. Despertó alrededor de las siete de la mañana, se preparó y bajó no a desayunar, sino a su siguiente junta, la cual se llevaría a cabo en el salón del té. Ahí la esperaba Kaled Mavra, a quien por supuesto, no diría toda la verdad. En realidad, iba a pedirle que mintiera.

Abrió la puerta y descubrió que en efecto, Kaled ya la esperaba. Le daba la espalda, sobre la mesita descansaba la venda que por lo común cubría sus ojos. Gabriella cerró la puerta y ocupó uno de los almohadones forrados con plumas, frente a la Corman.

— ¿Encontraron al niño? —fue lo primero que preguntó.

—Sí —respondió la Segunda, a su derecha las cortinas se corrieron y una camarera le sirvió una taza de té—. Imagino que varios han intentado sacarle lo ocurrido.

—Así es, pero no he dicho nada.

—Y se lo agradezco —la pelirroja sorbió líquido—. De hecho, quisiera pedirle otro favor.

— ¿De qué se trata?

—Necesito que mienta.

— ¿Disculpe?

—Nadie puede saber la verdad —dijo Gabriella muy seria—. Ni siquiera su novio, el señor Ramses. No le ha dicho nada, ¿verdad?

—No —Kaled se movió incómoda. No le agradaba mentir. Y menos a aquel al que amaba—. ¿Por qué debo hacerlo?

—Creo que sobra decir el poder que Yerik posee. El caso es que debemos mantenerlo en secreto, o los demonios serán su menor problema. Usted sabe lo que es ser codiciado —Kaled hizo una mueca—. Se lo suplico señorita Mavra, mantenga el secreto.

—De acuerdo. ¿Pero que historia debo contar? El señor Zephyr y otros eruditos escucharon llantos de un bebé.

—Eso déjenoslo a nosotros. Usted encárguese de decir que el Spyda iba a por sus ojos. Tengo entendido que quien beba una infusión de ojos de Corman…

—Desarrollará nuestro mismo instinto. Sí. Siempre y cuando sea chica.

— ¿El Spyda que la atacó era una fémina, no?

—Sí.

—Entonces no habrá problema.

—Insisto, ¿qué pasará con el señor Zephyr y los otros eruditos?

—Nosotros hablaremos con e…

Llamaron a la puerta.

— ¿Señorita Altus?

— ¿Si?

—El Saigrés solicita verla. Están en la entrada de la Morada.

—Enseguida voy. Diles que me den dos minutos.

—Como usted diga, señorita.

Gabriella miró a Kaled. La Corman volvía a cubrirse los ojos.

— ¿Nos ayudará?

—Sí —suspiró ella—. Ese pequeño… es lo menos que puedo hacer por él. Cumplió uno de mis más grandes deseos.

— ¿Ver a un hombre sin desquiciarse?

—No, ver la pureza de un hombre. Cuando las Corman vemos a un hombre, sólo distinguimos lo malo en ellos. Por eso nos desquiciamos. Incluso en los bebés, vemos la rabia que sienten hacia sus padres por no cumplirles un capricho o cambiarles el pañal en cuanto lo exigen. Pero Yerik tiene tal inocencia que opacó su propio miedo y tristeza.

—Es un niño muy especial —asintió la pelirroja—. Si necesita algo, señorita, no dude en pedírmelo. Quedo a su entera disposición.

Kaled pareció meditar sus palabras.

—Bueno, yo…

Repentinamente, la puerta de entrada se abrió, los ojos de Gabriella se encontraron con los quisquillosos de Megan Dadle.

—… ¡La señorita Altus dijo…!

El guardia ahogó un grito al toparse con la escena. Gabriella le dedicó una mirada tranquilizadora, Kaled soltó un sutil «con permiso» y abandonó el lugar. Detrás del guardia, llegó el resto del Saigrés.

—Lo lamento, señorita —se disculpó el guardia—. Quise detenerla pero…

—No pasa nada, Nero. Puede retirarse.

El hombre chocó talones y se perdió por el pasillo, Gabriella dio una palmada al aire con lo que las patas de la mesita al ras del suelo se alargaron, a los almohadones les nacieron respaldar y patas de madera. Una vez renovada la estancia, cada miembro del Concejo ocupó un puesto. Gabriella se sentó en la cabecera, de cara a Megan.

— ¿Y bien? ¿En que puedo ayudar…?

—Exijo —le cortó Megan despectiva—, saber quien penetró la pirámide y atacó a la señorita Mavra.

—Un demonio Spyda. Ellos pueden aparecerse…

—Ya sé que pueden tele transportarse. ¿Pero por qué si fue un demonio Spyda, ha prohibido a la señorita Mavra contar lo ocurrido? ¿Y qué diablos quería uno de esos con una erudita?

—Escuchamos llantos de un bebé —intervino Duncan—. Nos pareció que la señorita Mavra le hablaba a uno.

—Mi teoría —siguió Megan—, es que a la pirámide no sólo entró un demonio Spyda, sino un niño, el cual ya había sido adentrado por la señorita Mavra. Eso explica por qué no sonaron antes las alarmas. Toda presencia que entre en compañía de un erudito o Garque no será más rechazada por la Pirámide.

—Está en lo correcto, señora Dadle —dijo la pelirroja—. A la pirámide entró un niño, pero la señorita Mavra no lo adentró antes. Lo hice yo.

Thanos y Folie jadearon. Vlad y Duncan la miraron impactados. Los ojos de Megan parecían demostrar… ¿decepción?

—Pero señorita —dijo Folie apesadumbrada, como si Gabriella hubiese notificado que tenía una enfermedad terminal—, los Garque no pueden tener hijos.

—Ya lo sé.

— ¡Y encima de todo cínica! —Megan dio un manotazo sobre la mesa—. Admito que cuando te vi en la prueba de mando te creí incompetente para el puesto de Segunda Altus, ¡pero luego te aprobé! ¿Y se te ha de ocurrir procrear con el idiota de Astucieus?

—Esto será un escándalo —apuntó Thanos—. Nunca antes una pareja de Garque había sido degradada por tener un hijo…

— ¿Un escándalo? ¿Un escándalo? —Megan necesitó ser agarrada por Duncan para no caerle a golpes a la pelirroja—.  ¡Es una deshonra! Se aceptaría de cualquiera de otro de los guardianes, ¡pero es la Segunda, por Zehel! ¿Qué clase de ejemplo le dará a los otros Mantum y Stiling?

—No puede ser —dijo de repente Vlad—. Nunca se le vio… bueno, con síntomas de un embarazo.

Gabriella se echó a reír.

— ¿Me permitirán explicarles? —dijo divertida.

— ¿O sea que —aventuró Duncan—…usted y el Ministro no…?

— ¡No, Dios! Me sorprende que piensen eso, sobre todo usted, señor Zephyr. Astucieus y yo sólo somos compañeros de trabajo. Y el niño no es mío, es el nieto de la señora Txaran.

— ¿Yerik? —repitieron Duncan y Megan, quienes conocían de la existencia del niño debido a su estrecha amistad con la ex presidenta.

—El mismo. Desde hace meses —dijo, antes de que Megan la interrumpiera—, los padres adoptivos de Yerik me informaron de que el pequeño era acosado por demonios Spyda.

— ¿Qué? —Duncan palideció—. ¿Dice que Ferzeo anda tras el pequeño?

—Claro —asintió Folie—, un Magyasu entre las filas demoníacas sería algo espléndido y muy útil para Ferzeo.

—Exacto —dijo Gabriella—. Por eso hemos estado protegiendo a Yerik. Hasta ahora, sólo lo hacíamos Bryant y yo, pero ayer en la mañana estuvimos ocupados y pues el Spyda aprovechó la oportunidad. Logramos rescatarlo, y he pedido apoyo a los otros guardianes. Además, hemos contactado con nuestro señor Zehel y éste le ha dado a Yerik un amuleto contra los seres oscuros.

— ¿Y que hay del otro menor?

Gabriella dio un respingo. No esperaba la pregunta.

— ¿Cuál otro menor?

—El niño mestizo —dijo Folie—. Lo vi en compañía del señor Dikoudis y el señor Thrampe.

—Ah… esto… es hermano mío. Medio hermano, en realidad. Estamos  emparentados por parte de mi padre. Él acaba de fallecer y Túux no tiene a nadie. Había vivido con una amiga mía, ella fue quien le dio el broche para entrar.

— ¿Y qué hace una amiga suya con los broches? —contraatacó Megan—.  ¿Por qué no los tenía su padre?

—No era un hombre de fiar. Era alcohólico.

—Oh por Zehel —exclamó Folie—. ¿No era acaso el hombre que encontraron con los intestinos de fuera?

—Sí —la mujer se removió, incómoda—. Yo misma he entrado en las investigaciones, por eso el señor Dikoudis y Thrampe cuidaban de Túux.

—Eso es lo de menos —Megan realizó un ademán—. Sabe que no puede quedarse con ese niño. Ningún Garque…

—Conozco las reglas, señora Dadle —la cortó Gabriella autoritaria—. Descuide, el pequeño sólo se quedará hasta mañana.

—Bien —la presidenta frunció los labios—. Ahora, ¿qué piensa hacer con los otros testigos?

—Les modificaremos las memorias. Ya hemos mandado a pedir una ayatguis para ello.

—Y supongo que Astucieus cooperará.

—Sí.

Gabriella sostuvo la mirada de la anciana. En sus ojos vio duda, perspicacia. No terminaba de tragarse el cuento.

—Le he pedido a la señorita Mavra que filtre un rumor falso —habló al fin—. No quiero que la existencia de ese bebé llegue a oídos de alguien ambicioso.

—Ya —Megan estrechó los ojos—.  Supongo que no habrá problema si visito al niño, ¿verdad?

—Claro que no.

Cinco minutos después, Gabriella tocaba al despacho de Elizabeth. Con todo lo ocurrido la noche anterior, ambas habían olvidado el actualizarse con respecto al caso de su padre.

—Adelante.

Gabriella atravesó el humbral al la puerta abrirse. Elizabeth estaba casi sepultada entre dos columnas de papeles que reclamaban su atención, así como media docena de colibríes que sostenían entre sus picos mensajes a ser respondidos.

— Hola, Gabs —la saludó la gobernadora sin apartar la vista de los documentos que firmaba—. ¿Te fue bien con Kaled?

—Sí, también me reuní con el Saigrés.

Elizabeth la miró, alerta.

— ¿Qué te dijeron?

—Se olían que algo andaba mal. Les dije que yo había entrado a Yerik antes, ya que desde que los Spyda lo rondaban Bryant y yo montábamos guardia. No mencioné a Astucieus, aunque la señora Dadle sospecha. Ah, y otra cosa: la señora Folie vio a Túux desayunar con Astucieus y Bryant —Elizabeth arqueó ambas cejas—. Les dije que Túux era mi medio hermano, y debido a la muerte de mi padre había venido en mi busca. Aún así, lo quieren fuera del Templus.

— ¿Y qué vamos a hacer?

—Podríamos volver a Túux invisible —sugirió Gabriella—. Hay que crear un conjuro que sólo nosotros sepamos, y que desde luego, nos sirva para que nadie más que nosotros veamos a Túux.

— ¿Quién lo cuida ahora?

—Kya. Ella lo tendrá hasta las doce, luego le toca a Bryant hasta las cuatro. Después  lo dejará contigo y por último lo cuidaré yo. Astucieus me suple mañana. Todos descansamos un día, excepto Kya, que descansa dos. Si el niño pasa mucho tiempo con ella terminará loco por culpa de su bipolaridad. Y Astucieus…bueno, debe atender a su hijo. Lo cual me recuerda —Gabriella suspiró—, que Astucieus deberá disminuir sus visitas. Megan está empecinada en visitar a Yerik, según ella, para «cuidarlo» en nombre de Itzal —gruñó—. Estoy segura de que quiere atrapar a Astucieus con las manos en la masa.

—Bueno, esperemos que se aburra pronto del niño. ¿Cómo van tus heridas?

—Me recupero rápido. El ungüento que me ha dado Astucieus funciona muy bien.

Elizabeth curvó los labios en una sonrisa pícara.

—¿Y desde cuando lo llamas tanto por su nombre?

Gabriella se ruborizó.

—Esto…yo…nos hemos dado permiso de tutearnos y  em…¡Ya Liz, no me mires así!

La aludida se echó a reír.

—Es que me encanta…como te pones…toda colorada…Yo creo que Kya no es la única con mal de amores…

—¡Yo no tengo ningún mal de amores! —protestó la pelirroja—. Astucieus y yo solo tenemos una cosa en común, y  es Yerik.

—Claro, y lo único que Bryant y yo tenemos en común es el trabajo —con un ademán, los papeles que Elizabeth revisaba se alinearon y volaron a una de las montañas—. Pero cambiando de tema, ¿Qué tal va el caso de tu padre?

—Me gustaría responder a esa pregunta —Gabriella se hundió en su silla—. Pero no puedo. Le he dado vueltas al asunto y no logro que las piezas encajen.

— ¿Qué hay?

—El mismo día en que murió mi padre, él fue a hacer un retiro al banco. Ahí le dijeron que todo su dinero había sido retirado el día anterior, o eso marcaba las notas de la cajera que lo atendía siempre. Tanto mi padre como ella estaban desconcertados y aterrados, ya que él no se había presentado un día antes, y sin embargo su firma estaba ahí. En un inicio, al igual que mi padre y la gente del banco, creí que habían falsificado su firma y vaciado la cámara, así él no podría huir si es que en verdad estaba metido en las drogas. Pero ahora…—sacudió la cabeza—. El dinero de mi padre ha vuelto a aparecer, las notas que indicaban su anterior retiro desaparecieron.

— ¿Qué? Eso es absurdo, ¿Por qué regresar el dinero?

—No tengo idea. ¡Se supone que eso es lo que querían, que mi padre les pagara! Si no, ¿por qué diablos lo mataron entonces? No logro imaginarme… el comportamiento que describió Amie es el propio de un narcotraficante…

—Repíteme el comportamiento, por favor.

—Andaba paranoico, salía tarde y regresaba temprano, no hablaba con nadie, leía periódicos atrasados y vigentes.

—Gaby…quizás después de todo, tu padre no era narcotraficante.

— ¿Ah no? ¿Entonces por qué lo mataron?

— ¿De que puede servirle a un narcotraficante leer periódicos atrasados? Además, él dijo que ebrio era peligroso… ¿y si intentaba protegerte a ti?

— ¿A mí? P-Pero… ¿quién iba a saber que él era mi padre?

—No lo sé, pero deberíamos hacer una lista. Piénsalo, Gaby. Eres la Jueza de todo Cultre. Estás a cargo de la seguridad del globo, sin ti los criminales harían fiesta.

—Eso no es cierto, sin mí el resto de los jueces…

—Perderían el control. Cantharis gritaría órdenes, Gina se negaría a acatarlas. Tiene sentido, Gaby, tu padre seguro leía los periódicos para tener noticias sobre ti. Quizás habrá pasado sólo ocho siglos a tu lado, pero eso lo dotó de mucha información, tal como tu don de nacimiento.

Gabriella se quedó helada. Las teorías de Elizabeth no eran tan erróneas. No obstante, el que las conjeturas fuesen ciertas le producía horror y culpa. Pensó en su padre, en los momentos maravillosos pasados con él, sin dejar de lado los conflictos y ocasiones dolorosas. También lo vio  hacerse de toda su fuerza de voluntad para dejar el alcohol, y finalmente enfrentarse en una batalla cuyo fin conllevaba la muerte. Apretó las manos, la sed de venganza se abría camino a través del shock y de la rabia, cegaba su cordura.

—Hay que hacer esa lista —dijo Elizabeth, lo bastante alto como para sacar a la cultroriana de sus negativos pensamientos—. Será mejor que te andes con cuidado, amiga.

La Segunda soltó aire y meneó la cabeza. Colérica no lograría nada.

—Claro —se levantó—. Debo irme, si quiero cuidar como se debe a Túux tengo que terminar mis deberes primero.

Y tras envolverse de puntos de luz, desapareció.

Explicarle a Astucieus que debería reducir sus visitas a Yerik no resultó nada sencillo. El enfado del Garque fue evidente y comprensible. De por sí, las montañas de trabajo le impedían ver a su hijo, como para que encima esa vieja odiosa le pusiese más barreras. También estaba el miedo a que Yerik llamase a su «papá» en presencia de Dadle, y entonces si se las verían negras.

—Oh vamos Astucieus, tú mismo le has dicho a Yerik que no te mencione en presencia de extraños. Él es muy listo y, dudo que simpatice con Dadle. Apuesto a que en cuanto se percate de que es por culpa suya que has dejado de verlo, intentará deshacerse de ella.

—Eso espero —el hombre sonrió ante el pensamiento de Yerik arrojando cereales a la cara de Megan—. Porque a mí también me va a hacer falta ese enano.

 

Elizabeth envidió la habilidad de Vlad. La mañana estuvo cargadísima de trabajo, tanto que al Astucieus llegar a buscarla para que fueran a almorzar, dio un respingo y gimió al continuar sepultada entre documentos y colibríes, que aguardaban a que respondieran los mensajes sujetos entre sus picos.

—Esto es interminable —se quejó al salir de la oficina—. ¡Siento que el trabajo en vez de disminuir aumenta! Y mañana tengo reunión con los tasukerusu de Japón, ¡me muero!

—No seas exagerada. Además, estamos en esto juntos, porque yo también tendré una reunión mañana —se masajeó la sien—. No sé que será peor, si soportar la voz chillona del alcalde de Vitre o los parloteos de Kalonice —puso los ojos en blanco—.  Quieren exportar «duende artesanías» a Venus.

—Bueno, no veo ningún inconveniente con eso.

—Yo tampoco, pero hay que escuchar la misión y visión de la empresa, leer los acuerdos, bla, bla, bla.

— ¿Dónde almorzaremos hoy?

— ¿Te parece en el Templus? No me apetece ir fuera hoy.

—De acuerdo, a mí tampoco me dan ganas otro lugar.

Relumbraron y aparecieron de nuevo afuera del comedor de los Garque, el cual, ya estaba ocupado por el resto de los guardianes. A Elizabeth le dio gusto encontrar allí a Gaby, más serena y enfrascada en una charla con Kya.

— ¿Mañana pesada? —preguntó Andrads al verlos entrar.

—Espantosa —Elizabeth se dejó caer en su respectivo almohadón—. Creí que no sobreviviría. ¿Qué tal su día?

—Rutinario —comentó Andrads.

— ¡Productivo! —Kya sonrió y sacudió su larga cabellera—. ¡Me compré un nuevo estuche de maquillaje!

—Eso es genial, Kya —la gobernadora se volvió a Gabriella—. ¿Hiciste la lista?

—Sí. Y sin contarlos a ustedes y los miembros del Saigrés, la única persona que sabe es Amie.

Elizabeth frunció el ceño

—Tenemos la sospecha…

Los cuatro guardianes restantes escucharon a la gobernadora con atención. Al final, todos coincidieron con ella: alguien andaba tras la jueza del planeta.

— ¿Y no sería mejor asignarle una escolta?

—No —dijo Astucieus—, si hacemos eso el responsable de todo sabrá que estamos enterados, y tomará precauciones. Lo mejor es que las cosas sigan su curso.

—Estoy de acuerdo con Thrampe —asintió Andrads—. Si el enemigo no sospecha que le seguimos la pista, llegará un punto en el que se descuidará y lograremos atraparlo.

—Debes tener mucho cuidado, Gaby —advirtió Bryant—. En apariencia, ninguno de los sospechosos tiene motivos para hacerte daño pero, aún así, es mejor prevenir.

— ¡Ay! —protestó Túux de repente—. ¿Podrían hablar en maya, por favor? No entendí nada.

Elizabeth rió.

—Claro. ¿Qué tal tu día, Túux?

— ¡Divertido! —sonrió el niño—. Bryant Dikoudis me llevó a un lugar donde había lagartijas e iguanas corriendo por todas partes. ¡Y nos encontramos a una de sus ex novias!

Bryant se atragantó.

— ¿Ah, si? —Astucieus esbozó una sonrisa maliciosa—. ¿Y cómo era?

—Era ciega —relató Túux,  Bryant estaba entre el rojo y el morado, debido a la vergüenza y el trozo de carne que no conseguía pasar—, bonita y dulce.

—Con razón fue novia de Dikoudis—le interrumpió Astucieus, Bryant ya había tragado aunque continuaba rojo de la pena—, no podía ver lo feo que estaba…

— ¡Astucieus! —regañó Elizabeth—. Eso no tiene nada que ver.

El aludido casi se esconde debajo de la mesa.

—Bryant Dikoudis también me dijo —siguió Túux—, que tuvo otra novia, pero como el aspiraba a ser Garque y ella quería tener hijos, no pudieron consumar su amor.

—Yo más bien creo que estar con él resultó una misión imposible. Bueno, supongo que debo alegrarme, llegué a pensar que era gay.

— ¡Astucieus!

— ¡Oye! —saltó el castaño—. ¡Yo no soy gay!

— ¿Ah no? ¿Entonces eres bisexual?

— ¡Tampoco!

— ¿Qué es bisexual? —preguntó Túux.

— ¡Astucieus! —se escandalizó Elizabeth—. ¡No digas esas palabras que el niño las escucha!

—Oh, a mi me encantaría tener hijos —Kya le pestañeó a Andrads, quien aparentó estar interesado en su comida.

—Los Garque no pueden tener hijos, Kalonice —le recordó él como quien no quiere la cosa.

—Anjá —los labios de Gabriella se torcieron en una malévola sonrisa—, Thrampe, hablas como si hubieses tenido a todas las eruditas a tus pies.

—Para tu información, Altus, yo…

— ¿Pero qué es bisexual? —insistió Túux.

—Es una persona a quien le gustan los hombres y las mujeres.

— ¡Astucieus!

— ¿Qué? —dijo el hombre como si tal cosa—. Sólo aclaré la duda del niño.

Túux abrió mucho los ojos.

— ¿A Bryant Dikoudis le gustan los niños y las niñas?

— ¡No! —la cara del chico brillaba escarlata—. A mí…a mí me gustan las chicas…

Todos rieron, menos Elizabeth, quien fulminó a su mano derecha con la mirada.

Al dar las cuatro de la tarde, la gobernadora había logrado reducir las columnas de papeles y deshacerse de varios colibríes, los demás ya la miraban molestos, incluso uno de ellos la agarró a punta de picotazos, hasta que se rodeó de descargas y le chamuscó algunas plumas.

Una vez Túux con ella, le fue más difícil concentrarse en su trabajo. Para que el niño estuviese entretenido, le entregó un par de hojas y lapiceros, a fin de que dibujara. De hito en hito volteaba a verlo, mas sin detectar nada extraño en él, excepto su mirada fija en el papel, producto de la concentración. Desde que el infante hubiese sido poseído por Wáay, la vigilancia del comportamiento de Túux era extrema, en espera de que el niño lanzase alguna pista.

— ¡Mira, Elizabeth Monanti!

Ella apartó los ojos de los documentos y contempló el dibujo que Túux le extendía.

 

 

 

 

 

—Eh… —Elizabeth parpadeó—... Esto… está muy bonito, Túux. ¿Qué es?

—No sé —el niño se encogió de hombros—, de repente se me ocurrió hacerlo. Era como si algo me dijese que lo hiciera. Me sentí…—se miró las manos—. Extraño.

Elizabeth estudió mejor la imagen. Algo no era normal en aquel dibujo. ¿Y si se trataba de una señal?

—Elizabeth Monanti, tengo hambre.

—Oh, si quieres, puedes tomar una de las estrellas. Oye Túux, ¿me regalas tu dibujo?

—Sipis.

—Bien, ahora no te muevas de aquí, enseguida vuelvo.

—Anjá.

Elizabeth no lo dudó y convocó a una reunión en la Sala de Planificación del Cuartel General. Los rostros de sus compañeros imitaron el suyo: el desconcierto los marcó.

— ¡Es el príncipe! —opinó Kya—. ¡Y dispara serpentinas!

Astucieus quiso matarla.

—No lo creo —dijo Gabriella—. Digo, sí parece una persona, lo que dudo que esas rayitas sean serpentinas.

—Parecen…—Bryant estrechó los ojos—. ¿Truenos?

— ¡Por todos los señores del cielo! —exclamó Kya—. ¿Zehel es el príncipe?

Astucieus puso los ojos en blanco.

—Kalonice, di otra barbaridad y te juro que…

—Yo también pienso que es una persona —intervino Andrads—. Pero esas rayas de sus manos…

— ¿El niño no tiene idea de lo que es? ¿Ni una pista? —preguntó Astucieus.

—Nada —dijo Elizabeth y negó con la cabeza—. Sólo mencionó que se sentía extraño.

—Guarda el dibujo —ordenó Astucieus—. Después lo estudiaremos, quizás Túux haga otros dibujos que nos ayude a aclararnos.

—Está bien —la chica se guardó la hoja dentro de su kimono—. Y lamento haberlos sacado de sus actividades.

Sus amigos realizaron ademanes displicentes.

Regresaron a sus actividades, Elizabeth estuvo a punto de sufrir un soponcio al enfrentar la pared oscura de su despacho, antes plagada con estrellas. Giró sobre su eje, sus ojos se abrieron desmesurados, al identificar a Túux en el suelo, con la boca y cara llenas de chocolate, además de una enorme barriga.

—Ay —se quejó el niño—, Elizabeth Monanti, me duele el estómago.

Cinco minutos después, todos menos Gabriella —tenía una reunión con los otros jueces—, rodeaban la cama que ocupaba Túux, Elizabeth no dejaba de reprocharse.

—Soy una tonta, no debí dejarlo solo…

—Ya Lizz, no es tan malo —intentó consolarla Bryant.

—El problema —dijo Astucieus—, es que al ser un marciano, no podemos darle nada. No sabemos si su organismo lo tolere.

—Pero ha tolerado la comida, ¿no? —dijo Andrads—. Seguro soporta las medicinas.

—Pobre —Kya cabeceó—, se ve horrible.

Elizabeth casi llora.

—Él estaba a mi cargo —se retorció las manos—, yo…Dios, ¡soy un fracaso como madre!

—Elizabeth, tú no tienes hijos.

— ¡No importa! ¿Y si algún día llego a tenerlos? ¡Los voy a matar!

—Yo creo que serías una espléndida madre.

Elizabeth miró a Bryant.

— ¿En serio?

—Sí, eres… muy cariñosa y gentil.

—Oigan, chicos —Kya pareció preocupada de la cara verde que tenía el marcianito—, algo le pasa a Tú…

Sin anticipación, el infante se incorporó y vomitó sobre Kya. El silencio que le siguió fue sepulcral, los cuatro esperaban el Apocalipsis.

—Me… me vomitó —gimió la cobriza y se desmayó.

— ¡Kya!

—Ya me siento bien —soltó Túux con cara de cumpleaños.

 



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