Historia al azar: Quiero olvidarte!
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Destino 03. Marte » El monstruo. (Parte II)
Destino 03. Marte (R15)
Por Kajiura
Escrita el Jueves 30 de Abril de 2020, 00:39
Actualizada el Viernes 16 de Octubre de 2020, 21:15
[ Más información ]

El monstruo. (Parte II)

V

El Monstruo. (parte II)

 

 

Kaled Mavra suspiró y pasó la siguiente hoja de pergamino. Estaba dentro de un cubículo privado, en la biblioteca del Templus. Desprovista de la venda en sus ojos, realizaba una investigación acerca de los distintos faraones en el Antiguo Egipto, a fin de enriquecer el ensayo que su hüteur le había mandado hacer. Soltó aire y clavó su mirada envinada en un punto del espacio, mientras su mente rememoraba lo ocurrido en el Oráculo de Delfos. Sintió lástima por la pequeñita Pythia, y rabia contra la pitonisa ante la que se había presentado para manifestarle su solicitud de empleo, la cual, por cierto, había sido rechazada.

Bufó y apretó las manos en puños. De repente, un «pin» la sacó de su ensimismamiento. Se enderezó, en busca de la procedencia de aquel sonido. No encontró nada, al menos sus ojos no lo hicieron.

Un sollozo. Kaled se levantó con lo que consiguió ver al bebé acurrucado en una esquina de su cubículo. Contuvo el aliento, en espera de que sus instintos asesinos se dispararan, en cualquier momento saltaría sobre aquella indefensa criatura, y le atravesaría el pecho sin realizar mayor esfuerzo, su mano ensangrentada se haría con un delicioso bocadillo.

No obstante, su cuerpo continuó inmóvil, los músculos de sus brazos y piernas relajados. Parpadeó, quizás la criatura frente a ella no era un niño sino una niña. Estudió sus ropas, celestes. No, debía tratarse de un varón.

Rodeó la mesa y se arrodilló al lado del pequeño, rubio y de ojos azabaches, inundados en lágrimas. Extendió una mano, el bebé se encogió más. Acarició la suave cabellera, hechizada y enternecida por el terror navegante en los ojillos negros.

—Tranquilo —dijo, y al momento el pequeño dejó de llorar—, todo está bien. ¿Cómo te llamas?

—Yedik…

—Mmm, Yerik…mi mejor amigo se llama así… ¿cuántos años tienes, Yerik?

—Teshentos.…

— ¡Trescientos! ¡Pero si ya eres un niño grande! ¿Y dónde están tus padres, Yerik?

—No sé —hipó y nuevas lágrimas rodaron por sus mejillas—. Quiedo a mi papi, tengo miedo, el monstuo…

— ¿Monstruo? ¿Cuál mons…?

Hubo un "crack" que hizo a Yerik gritar. . Kaled miró hacia atrás, mas la bestia ya había saltado  y encajado sus uñas en sus costados, los dientes reventaron la piel del hombro derecho. Su alarido resonó, se dejó caer sobre su espalda a fin de aplastar al ente agresor: un demonio Spyda, cuya altura no sobrepasaba los cincuenta centímetros, orejas puntiagudas y pelo desaliñado y largo, al ser este una fémina. A los segundos siguientes, la alarma de la pirámide informaba de la presencia de alguien no deseado. Las uñas penetraron más sus costados. Rodó y se llevó a su paso la mesa y silla de trabajo, Yerik no dejaba de gritar. De un salto, el demonio se desprendió de ella y fue a por el niño, Kaled lo imitó y logró sujetarlo por una pierna. El Spyda no perdió tiempo, se volvió hacia ella y mordió una de sus mejillas, Kaled retrocedió con la faz ensangrentada. Hizo el ademán de lanzar un hechizo contra su atacante, mas al enfocar ni ella ni el pequeño estaban ahí.

 

—No sé, cuando entré a su cubículo estaba inconsciente.

Gabriella reprimió una exclamación. La ex novia de Ian, Kaled Mavra, yacía postrada en una cama,  sus ojos vendados y la mejilla izquierda desgarrada en lo que parecía ser una salvaje mordida. Las mantas la cubrían hasta los hombros, aunque eso no impidió que el vendaje en su hombro derecho sobresaliera.

—Dices…que escucharon golpes en su cubículo —la muchacha miró a Duncan—, ¿por qué no fueron a socorrerla entonces?

—Bueno…—el erudito lució avergonzado—, la mayoría de nosotros éramos hombres, y la bibliotecaria no se atrevió…no sabíamos si tenía la venda puesta…

—Déjenos solas, señor Zephyr —pidió Gabriella con mirada y voz heladas. Jamás habría creído a Duncan tan cobarde. El erudito abandonó la enfermería, la chica alcanzó una silla y se sentó, en espera de que la Corman se moviera. Estaba claro que algo oscuro la había atacado. «Oscuro y femenino»; pensó, al recordar la naturaleza de la mujer. Dio un respingo, Kaled se removía bajo las mantas.

— ¿Señorita Mavra?

— ¿Quién…quién es? ¿Dónde estoy?

—Soy Gabriella Altus, y está en la enfermería. ¿Cómo se siente?

—Mal, ¿por qué estoy aquí? Me…me arde la cara…

— ¿No lo recuerda?

— ¿Recordar…? ¡Oh por Zehel! —se incorporó de golpe—. ¡El demonio Spyda! Señorita Altus, ¡un demonio Spyda se llevó a un bebé! Quise detenerlo, creo que el niño huía del demonio…yo…tenía mucha fuerza, el pequeño…

—Cálmese, señorita Mavra. Será mejor que se recueste, todavía no está bien.

—Yerik —soltó la mujer sin importarle las indicaciones de la Segunda o las punzadas de dolor que le acosaban—. Se llamaba Yerik, él me lo dijo. Tiene tres siglos, era rubio y de ojos negros…

— ¿Yerik? —la pelirroja sintió un vacío en el estómago—. ¿Rubio y de ojos negros? Espere… ¿cómo es que pudo verle? Creí que…

—No lo sé, incluso yo misma me quedé asombrada. Tienen que encontrarlo, el demonio…no sé qué quiera con el pequeño, pero sin duda ese niño es excepcional porque nunca antes había visto a un varón sin asesinarle.

—Lo haremos, delo por hecho —Gabriella se levantó—. Sólo le suplico que no le diga a nadie más lo que pasó. Al menos hasta que todo se solucione. En verdad, le agradezco mucho su ayuda, señorita Mavra. ¿Hay algo que pueda hacer por usted?

Kaled volvió a acostarse, preocupada.

—Sí. En cuanto encuentre al niño, ¿podría avisarme?

—Claro.

—Gracias. Y descuide, de mí no saldrá ni una palabra hasta que usted me lo indique.

Gabriella salió de la enfermería con el corazón acelerado. Debía avisar a Astucieus. En el pasillo, Duncan discutía con otro erudito, Stiling, alto, de pelo blanco y lacio, ojos malvas que chispeaban furia.

—Es una orden, Ramses. Vuelve a tus actividades.

—No hasta que vea a Kaled.

—Kaled tiene heridas abiertas, ¡la matarás si entras! Vuelve a tus asuntos. En cuanto esté disponible, te avisaremos.

—La sangre no es problema para mí. Déjeme pasar, señor Zephyr.

—No.

—Pues si no se aparta —Ramses mostró los colmillos—, lo haré a un lado yo mismo…

—Hem, hem.

Vampiro y erudito miraron atrás.

—Caballeros, les suplico se comporten —pidió la guardiana con la severidad y autoridad propias de su rango—.  Están frente a una enfermería, no en la calle. Joven Ramses —el vampiro le sostuvo la mirada, rebelde—, haga el favor de obedecer al señor Zephyr.

— ¡Pero quiero ver a Kaled! —rugió el muchacho, Duncan se interpuso entre él y la Segunda—. ¡Es mi novia, tengo derecho!

—La señorita Mavra tiene heridas expuestas, dejarlo pasar sería una imprudencia, debido a su condición.

—Puedo contenerme…

—No lo dudo, pero no quiero arriesgarme. Vuelva a sus actividades, por favor. No me obligue a sacarlo por la fuerza.

Ramses sostuvo la frívola mirada de la Garque, mas al final fue derrotado. Apretó los puños, tembló impotente y regresó sobre sus pasos, Gabriella no se movió ni le quitó los ojos de encima hasta que se hubiese perdido en una bifurcación.

—Asegure la puerta —ordenó la Segunda—. Y avísele al joven en cuanto su novia esté disponible.

— ¿Qué le dijo la señorita Mavra?

—Después le explico, señor Zephyr. Si me disculpa, debo resolver este asunto primero.

Duncan asintió, Gabriella dobló en la siguiente esquina y desapareció rumbo al palacio de gobernación. Reapareció dentro de la oficina de Astucieus, el hombre no se inmutó, concentrado en comparar unos documentos. Con paso firme, la mujer se aproximó y le arrebató los manuscritos al Ministro, el Garque protestó al momento.

— ¡Hey! ¿No ves que estoy ocupado?

—Secuestraron a Yerik.

— ¿Qué? —exclamó y se levantó—. ¿Cómo lo sabes?

—Recibí un llamado del señor Zephyr. La alarma del Templus se activó, justo después de que un demonio Spyda apareciera. Al parecer, Yerik huía de él. Se materializó frente a una Corman…

— ¿Fre…Frente a una…?

—Kaled Mavra es su nombre. Lo extraordinario es que sus instintos no se dispararon, alguna influencia inconsciente debió ejercer Yerik sobre ella. La señorita Mavra intentó protegerlo del demonio, incluso luchó contra éste último. Con todo y eso…

—No debí dejarlo —Astucieus cayó de regreso en su silla—. Él intentó decírmelo, pero estaba tan asustado…y yo…me distraje con lo de Túux —golpeó la mesa con un puño, Gabriella saltó—. ¡Maldita sea! Ferzeo seguro está detrás de todo esto…

Se rodeó de puntos luminosos…

— ¡No! —Gabriella chasqueó los dedos y cuerdas incrustadas con lapritzus ataron a su superior y le impidieron desaparecer—. ¡Ferzeo es inmortal, Thrampe!

— ¡No me importa! —el hombre se retorció iracundo—. ¡Tiene a mi hijo! ¡Suéltame, Altus! —rugió, las cuerdas neutralizaban sus poderes de forma dolorosa—. ¡Debo ir a por Yerik!

—Pero Thrampe, si los Spyda pueden viajar a través del tiempo y el espacio, lo más seguro es que Yerik no esté en el inframundo.

—Tengo que buscarlo en algún lado, Gabriella —la miró atormentado—. Por culpa de alguien del infierno perdí a Beryl, no pienso dejar que la historia se repita con Yerik. No me importa si Ferzeo no lo mata, ¡convertirlo en demonio es peor que destruirlo! No entiendes…

—Entiendo que tengas miedo, Thrampe. Yo estoy tan asustada y molesta como tú. Pero si nos dejamos llevar por el pánico no llegaremos a nada —tomó aire—. Estoy pensando…necesitamos encontrar a Yerik, ir tras sus huellas de alguna forma…mmm…rastrear…¡Eso es, Thrampe! ¡Túux puede rastrear las emociones, podemos pedirle que rastree el miedo de Yerik! Yo le acompañaría, por supuesto. Una vez lo encontremos, Túux volverá a por ustedes.

—Sí, supongo… supongo que es lo mejor.

—Todo saldrá bien, Thrampe. Lo prometo.

Y sin añadir nada más, Gabriella desapareció.

 

***

N/A:

¡Hola a todos!

Primero, aclarar que  este capítulo era uno solo, pero que tuve que cortar ya que la página no me dejaba subirlo.

¿Qué pasará con Yerik? ¿Lograrán los Garque rescatarlo antes de que Ferzeo lo convierta en uno de los suyos? Dudas, comentarios o sugerencias, ya saben, ¡tecleen que yo los leo!



« El monstruo. (Parte I) Comenta este capítulo | Ir arriba Pelea y… ¿amor? »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.