Historia al azar: Incendio
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Destino 03. Marte » Reunión en el gran salón
Destino 03. Marte (R15)
Por Kajiura
Escrita el Jueves 30 de Abril de 2020, 00:39
Actualizada el Viernes 16 de Octubre de 2020, 21:15
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Reunión en el gran salón

II

Reunión en el Gran Salón

 

Pasó los pliegos de pergamino uno tras otro. Nada. En blanco. Murmuró insistidas veces el hechizo desvelador, pero el material continuó impecable. Arrojó contra la pared los escritos, mientras una mezcla de rabia e impotencia se reflejaban en su rostro. Debió suponerlo,  la información no se mostraría a quien no fuese el propio extractor. No por nada el Quinto al mando había acudido en persona a descifrarlos.

—Tendré que buscar otra fuente.

 

Astucieus rastreó el lugar con la mirada. En sus ojos se reflejaba la irritación y preocupación, a pesar de no ser la primera vez que se enfrentaba a tal acontecimiento. Y es que los señores Offen le llamaron para pedir su ayuda; el «pequeño» problema era más fuerte que ellos.

Estaba en la habitación de Yerik, decorada con dibujos infantiles, una cama individual que él mismo usaba al pasar la noche en vela con cada crisis del niño, una cómoda, juguetes y peluches acomodados en un gran estante. Y desde luego, la cuna pegada a la ventana, en esos momentos vacía y con las mantas revueltas. ¿Dónde estaba el niño? Era la pregunta que Astucieus debía responder. En realidad, era la pregunta que se hacía siempre que ocurría aquello.

Para infortunio suyo, los siglos transcurridos dotaron a Yerik de su primera habilidad: la tele transportación. Lo peor era que el niño controlaba bastante bien su don, y le provocaba dolores de cabeza a Astucieus si éste dejaba de visitarlo por periodos de tiempo largos. Yerik estaba en una edad difícil, y al no recibir la atención paterna exigida, buscaba la forma de obligar a Astucieus a visitarlo.

—Yerik…—dijo el Garque, cruzado de brazos y con un tic nervioso en la comisura de los labios—, haz el favor de aparecerte porque no estoy de humor.

No pasó ni se escuchó nada. Astucieus gruñó. Respiró hondo e inició la búsqueda, debajo de las camas, dentro del armario, los Offen registraban las otras habitaciones.

—Yerik —llamó—, sal antes de que papá se enoje contigo. Vamos, sal, prometo no regañarte…

Salió del dormitorio e intentó conservar los estribos. Registraría el piso de abajo, Yerik solía esconderse en la alacena.

— ¡Papi!

Se quedó con una mano sobre el barandal y un pie en el aire, a punto de bajar. Yerik estaba al final del pasillo, con ojos brillantes y las manitas extendidas, deseoso de un abrazo. La sonrisa de Astucieus se volvió peligrosa, mas eso no pareció intimidar al pequeño.

—Ya verás tú niño travieso…

Giró y se encaminó hacia Yerik, sin detectar un brillo maligno en su inocente faz. Entonces, su pie se atascó en algo y lo hizo patinar unos metros, antes de soltarlo y hacer que cayera de trasero en el suelo. Yerik estalló en risas. Astucieus casi estalla en llanto, producto del endemoniado dolor en la región lumbar. A unos metros, el carruaje de juguete con el que había resbalado yacía de lado y sin una rueda.

—Niño malcriado —Astucieus se tragó con gran esfuerzo el dolor palpitante, los padres de Bryant llegaron a socorrerle—. ¡Eso no se hace! ¡Pudiste lastimarme! —Yerik le sacó la lengua—. Mira tú… ¡si vuelves a hacer eso te vas a convertir en serpiente!

— ¿Como tú?

Astucieus crispó los dedos y la Sra. Offen fue a por Yerik que no podía ocultar su cara burlona.

—Es la última que te paso, Yerik Thrampe. Te advertí que si repetías la escenita dejaría de venir a verte —le dio la media espalda—, así me hicieras un berrinche.

Comenzó a bajar las escaleras…

— ¡Papi! —lo llamó Yerik asustado—. ¡Papi no, ven, ven!

—No, es hora que aprendas a obedecerme.

Yerik se puso a llorar.

— ¡Papito! ¡ven, ven, papito!

Astucieus sintió que algo dentro de él hacía «crack». Sin embargo, continuó con su camino. Los gritos y sollozos de Yerik aumentaron. Tomó el pomo de la puerta…

Algo se materializó de la nada y aferró a él como si de ello dependiese su vida. Astucieus sostuvo al niño, todavía con semblante severo.

—No te vayas, papi —hipó—, yo te Quiedo, te Quiedo mucho…

Astucieus suspiró y cargó mejor a su hijo, que recargó la cabeza sobre su hombro sin dejar de llorar.

—Eres un chantajista, ¿sabes? —le besó la frente y secó sus lágrimas—. Ya, no llores, me quedaré. Pero no vuelvas a desaparecer así, preocupas a tus abuelos.

Yerik asintió y le besó una mejilla.

— ¿Jugamos?

—De acuerdo, ¿a qué quieres jugar?

—«Astucieus, responde, es urgente».

El aludido gruñó para sus adentros.

— ¡Caballito!

—«Astucieus, Bryant ha convocado una reunión en el Gran Salón, ¿dónde estás? »

— ¡Caballito papi, caballito!

—Espera un momento, Yerik —el Garque dejó al niño en el suelo, que lo miró con reproche. Si bien no escuchaba la voz de Elizabeth dentro de la cabeza de su padre, sabía que aquella actitud en él significaba un nuevo abandono—. « ¿Qué pasa, Elizabeth? Estoy ocupado».

—«Ya te lo he dicho, Bryant convocó a una junta. No sé cuál sea el motivo pero dijo que era importante».

—« ¿Y no pueden prescindir de mí? »

— ¿« ¿Dónde estás? »

—«En casa de los Offen. Yerik montó otro teatro, Lizz, he estado lejos de él por casi dos semanas, si me voy ahora sería capaz de escaparse y adoptar a Ferzeo como su padre».

—«Está bien, nos reuniremos sin ti. Después te digo de que fue la reunión».

—«Gracias».

Rompió comunicación y miró a su hijo, el niño tenía los labios fruncidos idénticos a como él los fruncía al enojarse. Rió divertido ante el parentesco, y cargó a Yerik que le miraba fulminante.

—Quita esa cara que no me voy a ir.

El rostro del pequeño se iluminó.

 

Bryant se paseó nervioso por el Gran Salón. Elizabeth y el resto no deberían tardar en llegar. Hacía una hora que se encontraba en el Templus, y en cuanto lo hizo recostó a Túux en su cama y entró a darse un baño, con la mente tan revuelta como la tenía en esos momentos.  ¿Un príncipe marciano en Cultre? Encontrarlo sería una proeza, ¿su madre estaría todavía con vida? Sus conocimientos sobre dicho planeta eran escasos, aunque sí estaba enterado de la guerra desatada hacía tiempo. Se horrorizó al analizar mejor las palabras del infante extranjero: «yo no quería venir, pero era el Ek Baal más grande de todos…». Si eso era cierto, la masacre contra el resto de Ek Paals debía haber sido espantosa.

El primer grupo de puntos luminosos apareció y tuvo que cubrirse los ojos hasta que la claridad se hubiese desvanecido. Al enfocar de nuevo, localizó a Kya y Andrads, la primera esbozaba una amplia sonrisa.

— ¡Es el destino! —dijo en tono melodramático—. ¿No lo ves, Andrads? ¡Si hasta aparecemos al mismo tiempo!

—Me espiabas detrás de un estante, Kalonice —refutó Andrads a secas—. Es obvio que desaparecieras tras de mí casi al mismo tiempo. Y te suplico me llames por mi apellido, si no es mucha molestia.

—Yo no te espiaba —dijo Kya arrogante—, buscaba un libro y de pronto te vi, ¡luego nuestras ondas amorosas se intercomunicaron y nos hicieron desaparecer!

Bryant se cubrió la boca con una mano para no reírse. Andrads rodó los ojos y se cruzó de brazos. A la habitación llegó Elizabeth, todavía vestida con sus ropas casuales.

— ¡Ely! —saltó Kya al verla—. ¿Dónde compraste esa chaqueta? ¡Está genial!

—Después te digo, Kya. ¿Alguien ha podido contactar con Gabriella? No me contesta —todos negaron—. Bueno, seguro está ocupada. Astucieus no vendrá, tiene asuntos que atender. Así que puedes empezar, Bryant. ¿A qué se debe este llamado? Es más, ¿no se supone deberías estar dormido? En Cultre del Este deben ser las dos de la mañana.

—Ha ocurrido algo increíble…

El muchacho relató todo lo acontecido, incluidas las revelaciones hechas por el Ek Paal.

—Santo Zehel —jadeó Kya—, si ese niñito es el mayor de los Ek Paal, el Rey de Marte debió armar una masacre con el resto.

—Lo mismo pensé yo —dijo Bryant—. La cuestión es, ¿cómo ayudarlo? No tenemos ninguna referencia del príncipe.

—Quizás —Andrads frunció el ceño—…si exista una pista. El niño dijo que la Reina salió de Marte, lo que me lleva a pensar que la abuela de Túux, quien fue su ayuda, era una Ek. Si no, ¿cómo transportarla hasta aquí?

— Disculpen pero, ¿cuál es la diferencia entre un Ek Paal y un Ek? -preguntó Elizabeth.

—El rango de edades -explicó Bryant—. Me parece que se es un Ek Paal hasta los doce siglos…además, la tele transportación de estos no puede ser rastreada.

—Oh, ya entiendo -Elizabeth se acarició el mentón—. Pero entonces, la teoría de Andrads no puede ser porque de haber sido una Ek la abuela de Túux, las habrían rastreado a ella y la reina hasta aquí.

— ¿Bryant Dikoudis?

Todos giraron las cabezas. Túux estaba de pie, sus ojos llenos de temor y curiosidad.

— ¿Cómo me encontraste?

—Ella está enamorada —el niño señaló a Kya sin disimulo—, las ondas que emana son muy fuertes.

— ¿Ves? —espetó la susodicha a Andrads—. ¡Lo de las ondas no era invento!

— ¿Hablan maya? —Túux lució intimidado—. Bryant Dikoudis, ¿ellos son los otros guardianes?

—Si Túux, ellos son. Ven, no te harán daño.

El niño se acercó cauteloso y terminó por correr el último tramo hacia Bryant. Lo rodeó  por la cintura, mientras escudriñaba en silencio a los demás.

—Ella es Elizabeth Monanti —presentó Bryant—, primera al mando y soberana de todo Cultre. Kya Kalonice es la Tercera, y Andrads non Ludere es el Cuarto.

—Bryant nos contó tu situación —habló Elizabeth con tacto, en un fluido maya—, y estamos dispuestos a ayudarte.

—Sí…gracias —Túux sacudió la cabeza, molesto por algo—. ¿Por qué no la quieres? —preguntó y miró ceñudo a Andrads.

— ¿Eh?

—Ella te quiere mucho, ¿por qué tú no?

—Ah…eh… —el cultroriano carraspeó—. Bueno, no es que no la quiera, es que…sólo la aprecio como mi compañera de trabajo.

— ¿Me…me aprecias? —los ojos de Kya brillaron—. ¡Oh, Andrads, dame un beso!

— ¡Kya no! —Elizabeth casi le cae encima a su amiga—. Qui-Quiero decir, eso no es correcto, él… él debe besarte primero, ¿recuerdas? Regla de chicas.

—Oh, cierto —se lamentó la cobriza.

— ¡Basta! —exclamó Túux y se cubrió los oídos con las manos, su cara contraída de dolor—. ¡No tengo tapones!

—Kya, sal de la habitación —dijo Bryant alarmado, al ver a Túux doblarse del dolor.

— ¿Pero por qué…?

— ¡Sal!

Kya corrió fuera del salón y Bryant se agachó sobre el niño, que jadeaba y temblaba arrodillado en el suelo.

— ¿Estás bien?

— ¿Qué…que le pasó? —preguntó Elizabeth preocupada.

—Los Ek Paal son extrasensoriales —explicó Bryant, y ayudó a Túux a enderezarse—, es lo que nosotros conocemos como empatía, las emociones negativas les afectan.

— ¿Y Kya…emanaba emociones negativas?

—No —Bryant arqueó una ceja contra Andrads—, era la causa de estas.

El Garque desvió la mirada.

—Bueno, ¿ya te sientes mejor, Túux?

—Sí, estoy mejor. Lo siento, mis tapones debieron perderse en el viaje. ¿Me prestas los tuyos?

— ¿Los…los míos?

—Sí, ¿me prestas tus tapones?

Elizabeth, desconcertada, miró a Bryant en busca de respuesta.

—Ni idea a que se refiera —dijo él y se encogió de hombros.

—Bueno…sí te los presto, lo que ¿cómo me los quito?

—No creo que sepas hacerlo, es mejor que yo lo haga.

—Ah, bueno, pues…entonces puedes tomarlos.

Túux sonrió, se aproximó a la chica y le hizo señas para que se agachara a su nivel. Luego, atravesó con sus dedos la zona del corazón, Elizabeth abrió en exceso los ojos. Bryant y Andrads estaban horrorizados.

— ¡No!

El castaño hizo el ademán de abalanzarse sobre el niño, mas éste lo superó en velocidad y antes de que siquiera se aproximara, ya había sacado los dedos del pecho y sostenía entre ellos dos diamantes azules, Elizabeth dio un jadeo una vez libre. Al mismo tiempo, la intensidad del color de sus ojos disminuyó.

— ¿Qué…que me pasó? —dijo y se palpó el pecho—. Creí que iba a ahogarme.

—Tienes unos  tapones resistentes —comentó Túux—, ¡nunca había visto cosa igual!

Y sin más, introdujo los diamantes dentro de sus oídos.

—Eh… ¿Túux?

El niño se volvió hacia Bryant.

— ¿Si, Bryant Dikoudis?

— ¿No le pasará nada a Elizabeth sin sus tapones?

—Oh, descuida, mientras no se enfrente a una guerra todo estará bien.

— ¿Y qué si me enfrento a una?

—Te volverás loca.

Elizabeth puso cara de espanto.

—Er…—dijo Bryant—, ¿podrías explicarnos el funcionamiento de esos tapones?

— ¡Claro! Los tapones…

— ¡Yo lo explico! —dijo la voz de Kya del otro lado de las puertas, todos dieron un brinco al escucharla—. Oigan, ¿ya puedo entrar?

—Su-Supongo que sí —accedió Bryant.

La cobriza abrió y entró  con saltitos animados, Túux rio ante el gesto.

—Los tapones —explicó ella—, son la capacidad que cada persona  tiene de controlar sus emociones, y enfocarse en otros asuntos. Lo que se conoce como: mantener la cabeza fría. Los Ek Paal carecen de estos tapones, debido a su don, así que Cultre y otros planetas exportamos los tapones de personas que ya murieron a Marte. Aunque —frunció el ceño—… hace tiempo que se dejaron de exportar, según, porque los marcianos habían desarrollado una tecnología para obtenerlos.

Túux negó con la cabeza.

—El Rey prohibió su uso, así exterminar a los de nuestra especie sería más fácil. Los que yo tenía, eran de mi abuelo.

—Entonces—dijo Elizabeth—, ¿heredaste la sangre de Ek Paal por tu abuelo?

—Sí.

— ¿Y no sabes si él transportó a la Reina a Cultre?

—Mi mamá sólo reveló que mi abuela ayudó a la Reina, no mencionó a mi abuelo. Él y la abuela no estaban consumados, concibieron a mi mamá por una explosión de amor.

—«Una aventura» —aclaró Bryant al notar las caras confusas de sus compañeros.

—Una cosa es segura —intervino Andrads—: la Reina tuvo que ser transportada por un Ek Paal, no hay otra forma. Lo que… ¿sigue ella y ese Ek Paal con vida? Quizás sólo la dejase y volviese a su planeta.

—No lo creo —analizó Elizabeth—, si la Reina estaba embarazada del príncipe, no podían dejarla sola.

—Túux, ¿sabes si a la reina la transportó un Ek Paal?

—No, el brujo Wáay no me dijo nada.

— ¿Dijiste que el brujo Wáay volvería a comunicarse contigo, no? —Túux asintió—. ¿Tienes idea de cómo lo hará?

—No, él dijo que fuese paciente.

—Creo que nosotros también deberemos serlo —suspiró Elizabeth—. en cuanto el señor Wáay se comunique podremos preguntarle los datos que necesitamos para buscar al príncipe. Mientras tanto, nos mantendremos alerta. Bryant, lo mejor es que Túux se quede contigo, te tiene más confianza.

—Claro, podría acompañarme a descifrar…

De pronto, Bryant se puso lívido.

— ¿Qué pasa? —preguntó Elizabeth—. ¿Bryant?

— ¡Los manuscritos! —gimió el castaño al borde del colapso—. ¡Olvidé los manuscritos en las grutas!

— ¿Qué? —rugieron los otros tres.

— ¡Vamos a morir! —gritó de repente Elizabeth con las manos crispadas contra el techo—. ¡Es el fin, moriremos todos!

—N-No creo que sea para tanto —dijo Andrads dudoso de la salud mental de su gobernadora.

—Le faltan sus tapones —Túux rio divertidísimo de la expresión histérica de Elizabeth—, conservar la calma le cuesta.

— ¡Es el fin el Apocalipsis…!

—Nosotros la calmamos —se apresuró en decir Kya—. Bryant, tú ve y busca los manuscritos, llévate a Túux contigo. Andrads —agregó con cara tonta y un suspiro—, pídele a la camarera que suba un té relajante a la habitación de Ely, yo la llevaré allí.

Andrads ignoró la cara de Kya y salió del recinto, Bryant tomó la mano de Túux y juntos desaparecieron de vuelta a Cultre del Este.

 

Andrads clavó su mirada en un punto indefinido de la habitación, en espera del té para Elizabeth. Ausente, tamborileaba la mesa con los dedos, su mente perdida en las palabras del niño marciano: «¿por qué no la quieres? Ella te quiere mucho». No, Kya Kalonice no le profesaba cariño, le profesaba obsesión. Y él… ¿cómo iba a quererla? ¡Estaba loca! ¡Nunca lo dejaba en paz! Recordó el día en que ingresó al Templus, horas antes del baile de presentación.

Contemplaba su reflejo en el espejo, pálido y sin vida, igual que siempre. Intentó animarse con lo bien que le sentaba el kimono, mas eso trajo consigo el recordatorio de que, a la vista de muchas mujeres, era un hombre deseable. Con semejante don natal…el atractivo físico resultaba una maldición. Suspiró y abandonó el dormitorio encaminado al Comedor General. Ni bien había dado dos pasos cuando tuvo que frenarse, Kya Kalonice era la culpable del retraso.

—Hola —saludó ella—, quería hablar contigo en el Sainte Rituell pero me entretuve con mis amigas. Seguro no me recuerdas, soy Kya Kalonice, nos conocimos hace tres siglos.

—Sí, te recuerdo.

— ¿En serio? ¡Genial! Bueno, sólo vine a saludarte y… ¿sigues soltero, verdad?

—Sí…

—Ah, estupendo, es que a mi amiga Gaby le gustas.

Andrads enarcó ambas cejas. Quizás no conocía a la señorita Gabriella Altus, pero dudaba que fuese de esas chicas que envían a sus amigas a sacarle información al chico que les gusta.

—Ah.

—Bueno, ¿y qué te gusta de una chica? Digo, para decirle a mi amiga.

—Pues…—iba a quitársela de encima a como diera lugar—, sobre todo que no me persigan. Creo que las chicas no deben perseguir a los hombres, sino esperar a que ellos las cortejen.

—Ah…—Kya lució desanimada—. Está bien, yo…yo le digo a mi amiga. Te veo en la cena, ¿sí?

—Claro.

 

Rio entre dientes. Después de eso, Gabriella no se atrevía a mirarlo a la cara. Seguro Kalonice le contó lo ocurrido. Felicitaba la paciencia que le tenía, la cobriza llegaba a ser un verdadero fastidio a veces. La cocinera trajo dos tazas de té, y él desapareció con ellas en las manos, Kya lo esperaba en la sala de estar de la habitación de Elizabeth.

— ¡Oh Andrads, te acordaste de mí! —dijo y le arrebató una de las tazas, cuyo contenido bebió a sorbos—. Gracias, eres un cielo.

El hombre elevó los ojos al techo.

—No, lo hice porque si no, eras capaz de tomarte el té de la señorita Monanti y hacerme ir a por otro.

—Ya —Kya le regresó la taza y tomó la de Elizabeth—. espérame aquí,  casi tuve que amarrar a Elizabeth para que no se arrancara los pelos.

Una vez Kya entró en la habitación de al lado, Andrads no pudo reprimir una risita. Desapareció la taza con un chasquido de dedos, la puerta a su espalda se abrió y reveló a Astucieus.

— ¿Non Ludere? ¿Qué haces aquí?

Andrads procedió a informarlo de todo. Astucieus se crispó al enterarse de la pérdida de los manuscritos y, aún más, al saber sobre la alteración de la gobernadora.

—Enano idiota —masculló—, si esa información cae en manos equivocadas… ¡argh! Pobre de él si no los encuentra —bufó—. Y Elizabeth no puede quedarse sin sus tapones, maneja demasiada presión y si no se controla el gobierno será un caos.

—Habrá que buscar algún cuerpo disponible.

Astucieus cabeceó.

 

Abrió la puerta y disimuló desconcierto ante la presencia de nadie. Sintió a alguien pasarle de lado, cosa que estuvo a punto de arrancarle una sonrisa. Cerró y se volvió, la luz de las flamitas se derramaba sutil sobre la estancia. Sin previo aviso, una mujer conocida se hizo visible, el gozo reflejado en su rostro era semejante al suyo.

—Me alegra verte, Amie.

Amie no consiguió articular palabra. Se limitó a abrazar a su amiga de la infancia, su hermana, los años transcurridos se redujeron a nada, los recuerdos flashearon en su memoria. Era cierto que ambas habían cambiado físicamente, ¡en el último encuentro tenían 8 siglos! No obstante, sus almas estaban intactas, sin resentimientos, llenas de una pureza infantil. Pureza que se desbordó en lágrimas, suplentes de las palabras faltantes.

—Sabía que vendrías —dijo Amie y se separó. No era más alta que Gabriella, delgada, de largo pelo verde pastel peinado en centenares de trencitas, ojos un tanto rasgados—. Tu padre habrá sido terrible esos dos siglos, pero aun así le estimas.

—Mañana lo cremarán —Gabriella tragó el nudo en su garganta—, he de pedirte que reclames sus cenizas.

—Por supuesto, ¿terminaron las investigaciones?

—Sí.

De nueva cuenta, las lágrimas rezumaron los ojos almendrados de Gabriella, Amie la tomó de una mano y condujo a uno de los sillones. Gabriella enterró la cara entre sus manos y lloró, consolada por el abrazo y silencio de su amiga.

—Alguien lo asesinó —sollozó la pelirroja—, tiene marcas de un enfrentamiento. Estaba ebrio.

—Estuvo extraño estos últimos días. Dejó de beber de repente, aunque le costó mucho. Ahora que lo pienso, empezó con eso después de regresar golpeado. Yo no le di importancia porque vamos, no es la primera vez que llegaba así, aunque esta vez parecía muy asustado. Quise interrogarlo, pero él se encerró en su casa. Lo siguiente a su desintoxicación fue que planeaba irse a Cultre del Este, y poner esa tienda de artesanías.

—Quería rehacer su vida, ¿qué tiene eso de extraño?

—Espera: andaba medio paranoico, salía tarde y regresaba temprano, incluso antes de que oscureciera. No hablaba con nadie, excepto conmigo; leía periódicos atrasados y vigentes. De repente rompió su rutina, salió temprano y volvió tarde, de nuevo ebrio. Luego no supe más hasta ver el periódico hoy.

— ¿No te dijo por qué dejó de beber?

—Mas o menos: dijo que ebrio era peligroso.

Gabriella suspiró y se secó los ojos.

—No tiene sentido, todo apunta a que huía de alguien —Amie enarcó una ceja—. Vaciaron su cuenta anoche, nadie del banco se explica como pasó. Seguro era con ese dinero que pensaba trasladarse, sin él estaba acorralado aquí. En tal caso, ¿de quién huía? Lo único que se me ocurre es que estuviese metido en algo referente al tráfico de drogas.

—Es posible, Gaby, tu padre se desequilibró desde…bueno, eso.

—Aun así, ¿por qué no me pidió dinero si lo necesitaba?

—No sabía como contactarte, recuerda que sólo a mí me diste los broches. Y él no sabía que yo los tenía. Y deja de reprenderte, no fue tu culpa.

—Debí darle el otro broche.

—No seas tonta, ¿te imaginas si ese broche caía en manos equivocadas? ¡Hasta podrían traficar drogas dentro del Templus! No, hiciste bien en no dárselo.

—Bueno —Gabriella sacudió la cabeza—, ya no importa. Mañana vendré por las cenizas, ¿de acuerdo? Ahora debo irme, estoy cansada y…todavía debo ver a mi jefa y ofrecerle una disculpa, teníamos una reunión e ignoré su llamado.

—Bien —se levantaron e intercambiaron besos en las mejillas—, te veo mañana. Y nada de depresiones, ¿está bien?

—Lo intentaré.

Amie abrió la puerta y fingió salir a caminar mientras una invisible Gabriella, tomaba una dirección contraria a la suya

 

***

N/A:

¡Hola, amores míos!

Y aquí, un nuevo cap de esta tercera parte. ¿Quién estará interesado en los manuscritos  de Bryant? ¿Encontrarán nuevos tapones para Túux y evitar así que Elizabeth se vuelva loca del estrés? ¿Quién será el responsable de la muerte del padre de Gabriella? ¡Vamos, quiero leer sus teorías detectivescas en los comentarios!

¡Tecleen, que yo los leo!



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