Historia al azar: Harry Potter y las embrujadas
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La hermana de Sirius Black » Capítulo 20: Testigo en peligro
La hermana de Sirius Black (ATP)
Por Evelina
Escrita el Miércoles 1 de Abril de 2020, 18:52
Actualizada el Lunes 14 de Septiembre de 2020, 11:36
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Capítulo 20: Testigo en peligro

Escucho el sonido de pasos y alguien que susurra algo. No llego a distinguir las voces, aún estoy demasiado dormida como para reconocer de quién se trata. Decido seguir durmiendo un rato más, pero a pesar de eso, mi mente se va despertando. Recuerdo lo sucedido antes de quedar noqueada ¡Andrómeda! La preocupación termina de espabilarme y logro abrir los ojos. Kingsley está sentado a mi lado y se acerca a mí cuando ve que he despertado. Con suma delicadeza, me acaricia el rostro y el cabello.

-¿Cómo te sientes? -Me pregunta antes de que yo sea capaz de saludarlo o decir alguna palabra.

Ni siquiera tengo muy claro cómo me siento. Supongo que bien. Estoy cansada, me siento un poco débil y sin demasiadas fuerzas, pero al menos no estoy adolorida. Ahora que lo pienso, es la primera vez en no sé cuánto tiempo que no me duele todo el cuerpo.

-Estoy bien. -Le digo incorporándome y sentándome en la cama con un poco de su ayuda. -¿Qué ocurrió? ¿Qué pasó con mi prima?

-Tranquila, ella está bien. -Me asegura con voz calma.

-Se la habían llevado para interrogarla. -Remarco por mi parte.

-Sí, así es. -Responde él -Las llevaron a ella y a tu madre al Ministerio, primero las interrogaron los de Seguridad Mágica, pero al ver que tenía relación con una aurora, le pasaron el caso a Moody. Así que le tocó a él interrogarlas a las dos. Envió a tu madre a prisión y a Andrómeda a su casa a descansar.

Tardo en poder asimilar las palabras de Kingsley. A pesar de que se lo merece, jamás imaginé que mi madre fuera a terminar en Azkaban. Aunque no es la única de mi familia para la que no hubiera esperado ese destino. Pienso en cómo se detestaban mutuamente mi madre y Sirius y mi maldad aflora deseando que estén en la misma celda. Me río sola ante esa idea.

-¿Qué sucede? -Me pregunta Kingsley.

-Nada, me ha sorprendido.

-Admitió todo, sin necesidad de un suero de la verdad ni nada de eso. La declaración de Walburga encaja perfectamente con la Andrómeda, así que se quedará allí un buen tiempo.

-¿Y qué ocurrió con Bellatrix, Rodolphus y Crouch hijo? -Pregunto.

-Están desde hace dos días en Azkaban. Los han puesto en prisión preventiva hasta que se haga el juicio que decidirá si serán declarados culpables o inocentes. -Responde Kingsley -Lo del hijo de Barty Crouch ha sido un escándalo en todos lados, sobre todo porque fue su padre mismo el que ordenó la detención.

-¿Y cuándo será ese juicio? -Inquiero con curiosidad.

Antes de responder, Kingsley frunce el ceño, me observa y luego suspira con resignación. No hay fecha para un juicio aún, porque depende de cuánto tiempo tarde yo en recuperarme y poder declarar. Soy la principal testigo en la incriminación contra Bellatrix, Rodolphus y Crouch. Y ese es el motivo por el que mi madre intentó acogotarme, para evitar que declarara y de ese modo lograr liberar a Bellatrix y su marido. Lentamente, él me relata todo lo que ha sucedido la tarde anterior desde el momento en que me quedé dormida. A pesar de que yo le había dicho a Andrómeda que fuera a su casa, ella no quiso dejarme sola y decidió quedarse a mi lado. Sin embargo, en pocos minutos que me dejó durmiendo y fue al baño, mi madre se coló de alguna manera en la habitación y llegó hasta mí para tratar de asesinarme. De alguna forma, estaba vigilando cada movimiento de la sala para aprovechar el menor descuido. Luego de que, tratando de ayudar a Andrómeda, aturdí a uno de los sanadores, San Mungo pidió que no se me permita tener mi varita al alcance hasta que me den el alta. Y Moody ordenó que tenga custodia permanente de tres aurores, dos en el pasillo y uno en el dormitorio.

-¡Qué tarea más aburrida!

-Pues a mí me parece una maravilla, ya no tengo que organizar el tiempo para estar contigo o ir a trabajar, sino que puedo hacer ambas cosas a la vez. -Señala él con una sonrisa.

-Apuesto a que a los dos que están en el pasillo no les parece lo mismo.

-Son Scrimgeour y Proudfoot. Estarán charlando para pasar el tiempo.

A mí me sigue pareciendo la misión más aburrida del mundo vigilar un pasillo de un hospital, pero no comento nada al respecto, porque en ese momento veo a alguien entrar a la habitación. Andrómeda está aquí y lleva en sus brazos un bulto envuelto en mantas de lana.

-¡Lenna! -Murmuró con la voz ahogada por la emoción y extiendo los brazos para que mi prima me pase a la niña. Ya tiene cuatro meses y está del doble del tamaño de lo que la recordaba. La abrazo con cariño y la cubro de besos. Sus ojos verdes se clavan fijamente en mí y a través de las lágrimas de mis propios ojos puedo ver que la pequeña me regala una sonrisa. Es la primera vez que la veo sonreír. Su cabello negro azabache ha comenzado a crecer en todas direcciones y parece ser tan indomable como el de James o Harry. -Gracias. -Le digo a mi prima con el rostro empapado en lágrimas. Ella me responde con un beso y un abrazo. Con el dorso de su mano seca mis lágrimas y me pregunta cómo estoy. Y la verdad es que en este momento me siento mucho más feliz de lo que he estado en muchísimo tiempo.


Espero que les guste este capítulo. Para el próximo, habrá un salto temporal importante. Trataré de actualizar pronto. Gracias a quienes siguen y comentan la historia.




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