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La hermana de Sirius Black » Capítulo 19: Knock out
La hermana de Sirius Black (ATP)
Por Evelina
Escrita el Miércoles 1 de Abril de 2020, 18:52
Actualizada el Lunes 14 de Septiembre de 2020, 11:36
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Capítulo 19: Knock out

Abro los ojos somnolienta. Estoy muy cómoda y me siento a gusto en la superficie en la que me encuentro. Además de la somnolencia, me invade un sentimiento de calidez y cobijo. Me siento bastante cansada. Me remuevo un poco entre las sábanas y veo a Kingsley que se acerca y me acaricia el cabello. Le sonrío y él me pregunta cómo me siento.

-Estoy bien, solo que un poco grogui y dormida. -Le confieso mientras miro a mi alrededor y reconozco la sala de San Mungo.

Kingsley me sonríe y me da un beso. Me refriego los ojos haciendo un esfuerzo por despertarme. Miro en la mesa de luz, son las doce del mediodía. He dormido de un tirón desde la tarde anterior. Al lado del pequeño reloj, distingo mi varita. Mi prima ha estado aquí. Le pregunto por Andrómeda a Kingsley y hace una mueca. Ella se ha enojado con él al enterarse lo sucedido ayer por la tarde. Mi prima considera que es su responsabilidad haber llamado a Moody y que no me tendría que haber hecho caso. Yo no coincido con ella. Tenía que hablar con Alastor e iba a conseguirlo con o sin ayuda de Kingsley.

Ahora, Andrómeda está en casa cuidando a las niñas hasta que Ted regrese de trabajar a las dos de la tarde. Me sorprende que Kingsley esté desocupado a esta hora, pero él me explica que ha pedido cambiar su horario por el de la tarde para poder acompañarme. Cuando intento llevar la conversación hacia el tema del trabajo, él desvía y cambia de tema inmediatamente.

Mi prima llega pasado el mediodía y Kingsley se despide de mí para ir a trabajar. Andrómeda y yo conversamos gran parte de la tarde, hasta que vuelve a vencerme el cansancio y me duermo nuevamente. Antes de que se me cierren los ojos, le digo que no es necesario que se quede a verme dormir, pero ella insiste en no dejarme sola.

Abro los ojos espantada cuando la presión en mi cuello es tan grande que me duele y no me permite respirar. Miro directamente a los ojos grises desquiciados de mi madre, que sonríe con verdadera crueldad. El dolor en la garganta es intolerable e instintivamente me llevo las manos hacia allí para tratar de zafarme del agarre de ella, pero su fuerza es mayor. Pataleo, intento moverme, pero no puedo respirar y estoy comenzando a desesperarme mientras trato de hacerle daño como pueda, rasguñándole sus manos con toda la fiereza que soy capaz. Miro de reojo hacia la mesa de luz y estiro mi mano para tratar de llegar a mi varita. La toco con la punta de los dedos, pero se desliza y se cae al suelo. La cabeza me late, me lloran los ojos, me duelen los pulmones, todo mi cuerpo suplica por oxígeno. Intento gritar, pero es imposible articular algo más que un gemido sumamente ahogado.

-Voy a deshacer con mis propias manos el mayor error que he cometido en mi vida. -Murmura con voz de hielo.

La fuerza abandona mis brazos, que caen flácidos hacia los costados y mis ojos comienzan a cerrarse. Mi madre me suelta entonces de manera repentina y comienzo a respirar nuevamente con desesperación. El aire parece dañar mi cuerpo al ingresar en mis pulmones, pero lo necesito con urgencia. Estoy profundamente mareada y comienzo a hiperventilar mientras un par de sanadores se acercan a toda prisa y comienzan a atenderme. Nuevamente el cansancio se extiende por mi cuerpo y quiero dormir, pero los sanadores no dejan que me adormezca, sino que me obligan a despertarme. Finalmente, comienzo a respirar con normalidad y a ser consciente de lo que sucede a mi alrededor. Me sobresalta el ruido de algo rompiéndose y uno de los sanadores le dice a otro.

-Ya está estable. Ve a llamar a Seguridad.

Intento incorporarme y abro los ojos sorprendida al descubrir por qué mi madre me ha soltado: está batiéndose a duelo con mi prima. Evidentemente, Andrómeda ha llegado a tiempo de quitármela de encima, aunque no sé en qué momento se ha ido. Si estaba aquí a mi lado hace solo un momento. Trato de levantarme y alcanzar mi varita, se están lanzando maleficios la una a la otra con muchísima furia. En el suelo, yacen pedazos de pociones, repisas y mobiliario que había en distintos puntos de la habitación: todo está destrozado. El sanador intenta recostarme nuevamente, pero rechazo su brazo y me pongo de pie al ver a mi prima esquivar un avada kedavra. Me duele todo el cuerpo cuando me agacho a levantar mi varita y al erguirme nuevamente me invade un fuerte mareo. El otro sanador entra seguido de un grupo de personas con uniforme negro. Inmediatamente, desarman a las dos y las reducen, tomándolas con los brazos sujetos hacia la espalda.

-¡A ella suéltenla! -Trato de gritar, pero apenas consigo articular en voz baja y ronca. El sanador insiste en tratar de recostarme nuevamente, pero me niego otra vez. -Solo me estaba ayudando. -Insisto. Pero nadie me hace caso y se las llevan a las dos prácticamente a rastras. Intento seguir al personal de seguridad, pero los sanadores me toman de los brazos para detenerme. El dolor y la desesperación se extienden por mi cuerpo y los sanadores me conducen nuevamente a la cama.

-¿A dónde se la llevan? -Pregunto agitada.

-Eso compete al Departamento de Seguridad Mágica, ahora usted tranquilícese y recuéstese, por favor. -Me responde uno de los sanadores.

Pero yo no les hago caso. No pienso dejar que se lleven a mi prima a ser interrogada por el Departamento de Seguridad Mágica, no sin al menos dar mi versión de lo que ha sucedido. Mi madre inventará cualquier cosa y es capaz de conseguir que detengan a Andrómeda. Así que agito mi varita y aturdo a uno de los sanadores, mientras otro pide ayuda a más compañeros y salgo a toda prisa por el pasillo.

Correr es imposible, así que camino lo más rápido que me lo permiten las piernas. Me falta el aire y me duele cada centímetro de mi cuerpo. El mareo va incrementando hasta que a mitad de pasillo caigo al suelo noqueada.


Sin dudas, el capítulo más difícil de escribir de esta historia. Lo tenía pensado hacía tiempo pero no me terminaba de convencer. Cambié varias veces el punto de vista y algunos detalles. Y aquí quedó. Espero demorar menos en actualizar el siguiente. Gracias a quienes siguen esta historia.




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