Historia al azar: ¿Re-Infancia?
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La hermana de Sirius Black » Capítulo 18: Nervios a flor de piel
La hermana de Sirius Black (ATP)
Por Evelina
Escrita el Miércoles 1 de Abril de 2020, 18:52
Actualizada el Lunes 14 de Septiembre de 2020, 11:36
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Capítulo 18: Nervios a flor de piel

Tengo mucho sueño. Me siento muy extraña. No entiendo qué es lo que está ocurriendo. Abro los ojos intrigada y la luz me obliga a cerrarlos inmediatamente. No sé cuánto tiempo hace que no estoy en un lugar tan luminoso. Una mano fría y suave acaricia mi frente. Me sobresalto ante ese contacto, la aparto de mí e intento alejarme de quien sea que está a mi lado antes de que me haga cualquier cosa. Grito, aunque sé que no tiene sentido chillar, y trato de escaparme, aunque tengo claro que estoy encerrada. Mi captor me agarra y me impide escaparme, estoy atrapada entre sus brazos y él es más fuerte que yo. No importa que intente zafarme, pegarle patadas o golpearlo... Vuelvo a intentar abrir los ojos y veo todo borroso y me encandilo. Alguien más me está atrapando desde otro lado. No tengo posibilidad de escapar.

-¿Qué más quieres? ¡Mátame de una vez! -Intento gritar, pero mi voz suena ronca y ahogada. Y no logro zafarme del agarre de mis captores. No escucho lo que me dicen, estoy concentrada en escapar de su agarre. La verdad es que tampoco tiene sentido que me zafe si no tengo a dónde escapar. Me rindo y dejo de forcejear. Al cabo de un momento, extrañamente, me sueltan. -¡Mátame! ¡Mátame! ¡Mátame! -Suplico una y otra vez entre lágrimas. Mi cuerpo se estremece al sentir nuevamente el contacto de mi captor. Temblando de pies a cabeza, cierro los ojos con fuerza y espero lo que sea que venga.

Una mano suave me acaricia el cabello con delicadeza y una voz susurrando tararea una canción. La melodía me tranquiliza y lentamente mi cuerpo comienza a relajarse. Paulatinamente dejo de temblar, poco a poco me voy calmando y mi respiración empieza a acompasarse. No entiendo qué está sucediendo, pero rompo a llorar desesperada: quiero que toda esta pesadilla termine de una vez, no me interesa qué hagan conmigo, pero quiero huir de este espanto. No importa si el único modo de escapar es morir, quiero morir ya mismo. Inexplicablemente, alguien me abraza, acaricia mis hombros y besa mi cabello. Ni siquiera sé por qué, pero devuelvo ese abrazo y entierro mi rostro lloroso en el algodón de una túnica suave y perfumada. Quien me abraza sigue tarareando en un susurro, mientras me acaricia suavemente y contiene mi llanto. Entonces, reconozco la melodía. Dudo que haya algún mortífago que sepa el arrorró.

-Tranquila, Cass... ya ha pasado. Tranquila... estás aquí... está todo bien...

Abro los ojos y los vuelvo a cerrar por la luz. Pero vuelvo a intentarlo y tras pestañear varias veces, distingo el rostro de Andrómeda, que me observa preocupada. Entonces, miro a mi alrededor confundida. Estoy en una habitación, recostada en una cama de sábanas y mantas blancas. El sol entra a raudales por una ventana. Mi prima está sentada a un lado de la cama y mi cuerpo está un poco apoyado sobre sus piernas. Del otro lado, hay un mago de túnica verde... es un sanador. Creo que ellos dos son los que me sujetaban hace unos minutos. Así habrán evitado que me caiga de la cama al removerme como una loca. El hombre me ofrece una poción y con dificultad me siento en la cama. Me duele todo el cuerpo y al moverme, no puedo evitar soltar un quejido. Andrómeda coloca varias almohadas sobre el respaldo de la cama y me ayuda a recostarme allí para beberme dos pociones: una para calmar nervios y otra para aplacar el dolor. Bebo los dos frascos y me dejo caer, cansada, sobre las almohadas. Mi prima acaricia suavemente mi mejilla.

-¿Cómo estás? -Me pregunta luego de un largo silencio.

-Bien... O eso creo. -Contesto aún confundida. Lentamente, comienza a surgir en mi mente la imagen de Annabelle Proudfoot en el sótano de Lestrange... luego aparecimos en San Mungo.... Me acuerdo de haberme quedado dormida o inconsciente en la guardia de San Mungo ¿Y mi madre estuvo aquí o ha sido un sueño? -¿Qué ocurrió exactamente? Lenna está bien, ¿verdad? -Le pregunto a mi prima.

-Lenna está perfectamente. Está enorme y preciosa. Deberás verla cuando se ríe a carcajadas, es pura simpatía. Mañana te la traeré así estás con ella. -Responde mi prima con una gran sonrisa. Y yo también sonrío. Extraño horrores a la beba. Añoro tenerla en brazos, sentir su perfume, su cuerpo cálido sobre el mío, su respiración acompasada al dormirse, sus ojos curiosos.

Nuevamente, le pregunto qué ha sucedido exactamente. Ella suspira resignada. Evidentemente, prefiere seguir hablándome de Lenna cinco horas más antes que contarme lo que ha ocurrido. Pero sabe que yo no voy a dejar de preguntarle hasta que me cuente lo que ha pasado. Entonces, me explica que pasaron dos meses desde el ataque en el Cuartel General de Aurores; que estuve desaparecida todo ese tiempo. Me dice que los aurores realizaron allanamientos en las casas de varios sospechosos: los Lestrange, los Malfoy, Rabastan y algunos más, pero que no encontraron nada. A la mañana del día en que me rescataron, una vecina denunció que había escuchado gritos en el sótano de la casa de Rabastan. Volvieron a allanar, el sótano no aparecía por ningún lado, pero finalmente consiguieron que él dijera dónde estaba. Allí me encontraron y lo detuvieron a Rabastan. Hace seis días de eso.

-¿Rabastan es el único detenido? -Pregunto sin entender por qué no hay ninguno más. -¿Los otros se escaparon o qué ocurrió?

-No tengo la menor idea, solo sé eso que te he dicho. -Explica Andrómeda. -Pero ahora relájate y descansa, Cass. Has pasado por mucho, necesitas descansar y no pensar en eso...

-Necesito hablar con Moody ahora mismo. -La interrumpo de pronto. Porque me acabo de dar cuenta de que mientras yo estoy aquí acostada, si Bellatrix y Rodolphus no han sido detenidos, podrían estar encontrando a Voldemort y ayudándolo a recuperar sus poderes. Mi prima se niega, diciéndome que en serio necesito descansar. Busco mi varita para enviarle un patronus yo misma, pero no la encuentro. -Andrómeda, en serio necesito hablar con Moody ¿En dónde está mi varita? -Busco a mi alrededor y no veo ni rastros de mi varita. Pero en la puerta, distingo a Kingsley que me observa con una sonrisa. Lo saludo sonriendo, me alegro de verlo.

-¿Cómo estás? -Me pregunta acercándose y abrazándome. Le respondo que estoy bien y él está aliviado de verme despierta. Ha venido ayer, apenas mi prima le anunció que la habían autorizado para visitarme. Antes, solamente he tenido la visita de mi madre, al parecer. Le explico que necesito hablar con Alastor y su rostro se torna serio. Intercambia una mirada rápida con Andrómeda antes de responder. -Mejor descansa un poco, lo necesitas.

-No, no, necesito hablar con Alastor. Y si no, explícame por qué hay un solo detenido. Porque si Bellatrix y el hijo de Crouch están sueltos, podrían estar ayudando a Voldemort a recuperar su poder, mientras tú me mandas a dormir y relajarme. -Explico alterada y sigo buscando -¿Dónde está mi varita?

-Tu varita está en casa. Me he olvidado de traerla. -Responde Andrómeda en voz baja.

-¿El hijo de Crouch? ¿De Barty Crouch? -Inquiere Kingsley sorprendido. -Ahora le avisaré a Moody que lo vigile en todo caso, pero tú tranquila.

Andrómeda anuncia que se irá un rato a descansar y Kingsley le asegura que él se quedará hasta que ella regrese. Yo les aseguro a ambos que puedo pasar la noche sola, pero parece que después del espectáculo de pánico que he dado al despertarme, mi prima no piensa lo mismo. Antes de que se vaya, le pido por favor a mi prima que no traiga a Lenna mañana. Si Bellatrix está libre, no quiero a la beba fuera de la casa bajo ningún punto de vista.

Nuevamente, le insisto a Kinsgley de que necesito hablar con Moody. Tengo que explicarle todo lo que ha pasado, para que sepa a qué atenerse. No puedo permitir que Bellatrix siga libre como si nada con la información que le he dado. Me cuesta convencerlo, pero finalmente acepta llamar y lo llama.

-Black, bueno verte de vuelta. -Saluda Moody entrando a la sala unos minutos más tarde. -¿Cómo estás?

-Bien. -Respondo. No sé cómo comenzar a explicar lo que tengo que decir, decido ir directo al grano. -¿Qué ocurrió el otro día? ¿Por qué Rabastan Lestrange es el único detenido?

-¿Eso es lo que tanto te preocupa? -Pregunta él con incredulidad. -Tómatelo con calma, si hay más responsables ya iremos tras ellos. Pero tienes que darte un respiro, de verdad. Solo hemos tenido testimonios contra él y era el único que estaba en la casa cuando fuimos a rescatarte.

-¿Y contra Bellatrix y Rodolphus Lestrange no había testimonios? -Pregunto ahora yo sin poder creerlo. No tiene sentido lo que Alastor está diciendo. Si ellos dos estuvieron sin la máscara durante un buen tiempo en el Cuartel General de Aurores, por supuesto que hay testigos que los vieron.

-No, Rufus solamente reconoció a Rabastan y como estaba semiinconsciente, no fue contundente su testimonio para encarcelarlo. Sí cuando registramos la casa...

-¿Y Alice y Frank? -Lo interrumpo. Y Moody hace silencio y palidece. Intercambia una mirada sombría con Kingsley. -Alice y Frank los tienen que haber reconocido ¿Por qué no han testificado? ¿Ellos están...? ¿Están vivos?

-Sí. -El tono con el que Alastor lo dice no es tranquilizador. -Están vivos, pero no están en condiciones de declarar.

-¿Qué les ha pasado? -Pregunto con un hilo de voz mientras busco mi bata y quiero levantarme para ir a verlos. Sin embargo, apenas me incorporo para levantarme de la cama, una punzada de dolor recorre cada parte de mi cuerpo y me invade un fuerte mareo. Kingsley me sostiene y me ayuda a volver a tumbarme sobre las almohadas. Otra vez pregunto qué les pasó, pero parece que ninguno de los dos quiere responder. Estoy al borde de la histeria cuando vuelvo a preguntar, con la voz tomada y los ojos llenos de lágrimas.

-Tranquila, Black. Ha sido una puta mierda espantosa. Pero alterarte solo te hará mal a ti. El daño que les produjeron a Alice y Frank, si bien no les produjo la muerte, es permanente. No saben dónde están, no reconocen a nadie, han perdido totalmente la razón. -Cuenta finalmente Alastor con la voz estrangulada.

Pasan unos cuantos minutos hasta que asimilo sus palabras y soy capaz de volver a hablar. Mi cabeza se llena con la imagen de Bellatrix, riéndose y divirtiéndose mientras torturaba hasta la locura a Alice y a Frank. Ni siquiera la quiero presa. La quiero muerta. Y quiero matarla yo misma.

-Ha sido Bellatrix. Ella y Rodolphus Lestrange. Los torturaron durante horas, para averiguar a dónde está Voldemort. También estuvieron allí Rabastan Lestrange y el hijo de Barty Crouch. -Digo con la voz tomada.

-¿El hijo de Barty Crouch? ¿Estás segura? -Me pregunta sorprendido.

-¡ESTOY ABSOLUTAMENTE SEGURA! -Replico molesta y levantando la voz -¡ME HE PASADO DOS MESES EN EL PLACARD DE SU CASA! DECIDIERON QUE ERA EL MEJOR LUGAR PARA ESCONDERME PORQUE NADIE ALLANARÍA LA CASA DEL JEFE DE SEGURIDAD MÁGICA. INCLUSO HE VISTO A BARTY CROUCH PADRE, CUANDO ÉL SE ENTERÓ QUE SU HIJO ME TENÍA ALLÍ, ME LLEVARON AL SÓTANO DE LESTRANGE.

-Black, cálmate, por favor. Te creo. -Me asegura Moody y recién ahí me doy cuenta de que me he puesto histérica y he comenzado a gritar y llorar. Kingsley intenta abrazarme, pero yo lo aparto. Aún no he dicho lo más importante. -Shacklebolt, llama a un sanador. -Le dice Moody en voz baja.

-No, espera. -Susurro casi sin voz tomando la mano de Kingsley. -Hay algo más. -Le digo a Moody, sin atreverme a verlo a los ojos. -También deberías despedirme... He caído como una idiota en una trampa de Bellatrix. Amenazó con atacar a Lenna y entré en pánico... Le dije todo lo que sabía sobre lo que ocurrió en el Valle de Godric. Ya sabe que Voldemort perdió sus poderes porque Lily dio su vida por Harry y que algo impidió que muriera sino que lo debilitó. Ya tiene demasiadas pistas para ir a buscarlo.

-Black, por favor, cálmate. Nadie te va a despedir, ¿me oyes? Lo que ha ocurrido es totalmente comprensible. Así que cálmate, por favor. -Me suplica, pero yo estoy llorando y temblando de indignación.

Kingsley suelta mi mano y sale de la habitación. Regresa acompañado de dos sanadores que intentan revisarme mientras yo entierro el rostro en la almohada y rompo a llorar desesperada. Kingsley me abraza y me acaricia intentando tranquilizarme. Los sanadores me dan otro frasco de poción para tranquilizarme y uno de poción para dormir sin soñar. Los bebo enteros y lentamente mi cuerpo se calma y se adormece. Lo último de lo que soy consciente es que un sanador regaña a alguien diciéndole que no sé quién aún no estaba en condiciones de declarar.



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