Historia al azar: Amor prohibido
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La hermana de Sirius Black » Capítulo 17: Andrómeda y Narcisa
La hermana de Sirius Black (ATP)
Por Evelina
Escrita el Miércoles 1 de Abril de 2020, 18:52
Actualizada el Lunes 14 de Septiembre de 2020, 11:36
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Capítulo 17: Andrómeda y Narcisa

Walburga se despertó al oír un gemido de dolor de Cassiopeia. Por más que pareciera que estaba haciendo un acto profundamente maternal, en realidad no era así. Si estaba allí, era solamente para hacerle un favor a su sobrina: vigilar a la chica y ver de qué era consciente o no cuando despertara. Y si fuese necesario, modificarle la memoria de inmediato para que no pudiese declarar. Luego de que Andrómeda abandonara Grimmauld Place cinco días atrás, Bellatrix les había explicado a ella y a Orión qué había sucedido. Cassiopeia estuvo involucrada en una misión que buscaba derrotar a todos los seguidores del Señor Tenebroso e impedir un posible regreso. Una empresa comandada por el Ministerio de la Magia y que permitiría un poder extremo a los mestizos y sangre sucias. Bella, por supuesto, había actuado en contra de esa misión. Había trabajado en conjunto con Rabastan Lestrange y solo estaba libre y no encerrada en Azkaban como su cuñado porque no había ningún testimonio en su contra. El único que podría aparecer era el de Cassiopeia. Así que allí estaba, Walburga, fingiendo el papel de madre preocupada y comprobando que la joven no estuviera en condiciones de incriminar a su prima. No quería a su sobrina en Azkaban. Sabía que las intenciones de Bella eran nobles y no merecía un castigo injusto por ello. En cuanto a Cassiopeia, ella había hecho todo lo posible por evitar que tomara el rumbo de los traidores de la familia. No podía dejarla que hunda a Bellatrix a caer a prisión. Encendió la luz y la vio, pálida, delgada y confundida, la joven observaba con una expresión de temor en su rostro.

-Hija... -susurró para ver el curso que podría tomar la conversación.

-Vete de aquí -Murmuró la muchacha con voz ronca pero firme. Sin embargo, ella necesitaba algún dato más que el hecho de comprobar que Cassiopeia no quería verla. No podía modificarle la memoria de repente sin saber siquiera qué recuerdos estaría modificando. Tenía que hacerlo con cuidado, porque era su última oportunidad de rescatar a su hija como una verdadera y orgullosa Black.

-Hija, tranquila, no sabes lo que dices...

Fue como si una tormenta se desatara sin un solo trueno de aviso. Cassiopeia intentó levantarse, aunque no estaba en condiciones de hacerlo y su rostro se contrajo en una expresión de profundo dolor. Inmediatamente, comenzó a gritarle que se fuera, a chillar a viva voz y a arrojarle todo objeto que estuviera a su alcance. Tres sanadores acudieron de inmediato y le lanzaron encantamientos tranquilizantes. Uno corrió hacia ella cuando la chica cayó hacia el suelo completamente dormida y la sostuvo a tiempo de evitar que se caiga. La recostó sobre la cama cuidadosamente y volvió a cubrirla con las mantas.

-Normalmente no es así, no sé qué le ha sucedido... -Explicó Walburga a los sanadores.

-No se preocupe, señora Black. Suele ocurrir luego de situaciones estresantes que los pacientes despierten confundidos o alterados. A veces pueden recuperarse en poco tiempo y otras veces no. Le tengo que pedir que se retire. Vaya a su casa, descanse. Cuando la señorita Black vuelva a despertar, seguramente eso será mañana a partir del mediodía, cuando pase el efecto de los encantamientos, comprobaremos su estado de salud en general y se lo comunicaremos de ser necesario. Por el momento, lo mejor sería que no la vea al despertar, para evitar otro episodio como el de hace unos minutos.

-No voy a irme a ningún lado, es mi hija. -Replicó Walburga con dureza.

-De todos modos, señora, por ahora, lo mejor será que se mantenga al margen.

-No pienso hacerlo.

-Señora Black. La paciente ha dejado claro que no quiere estar en contacto con usted. Hasta que ella no sea capaz de decidir por sí misma lo contrario, no puede permanecer aquí. Le ruego que se retire y no me obligue a llamar a seguridad.

Walburga fulminó con la mirada al sanador y dio media vuelta indignada. No tenía más alternativa que irse de allí porque si intervenía Seguridad Mágica o el Departamento de Aurores, las posibilidades tampoco estaban a su favor. Ahora, lo que tenía que hacer era advertirle a su sobrina de que no había conseguido averiguar exactamente de qué era consciente o no Cassiopeia. Pero era muy tarde, así que mejor sería regresar a Grimmauld Place y por la mañana temprano poner a Bellatrix al tanto de la situación.

A la mañana siguiente, Andrómeda se levantó temprano como todos los días, dejó a las niñas con Ted y fue a San Mungo a consultar por el estado de su prima. Llevaba seis días haciendo la misma rutina y la repetiría hasta el día en que despertara Cassiopeia y le permitieran visitarla. Cada vez que iba, sucedía exactamente la misma situación: en recepción la dirigían a administración en donde atendía la bruja de cabello rubio y rulos que le decía todas las mañanas que no podía darle ningún dato y que no había despertado por lo que no podría informarle a la paciente que tenía su visita.

-Aguarde un momento, señora Tonks. Ahora llamo al sanador que está a cargo para que le explique la situación. -Indicó esta vez la bruja de cabello rubio y Andrómeda abrió los ojos sorprendida.

-¿Ha despertado? -Preguntó aliviada.

-Espere un momento y el sanador le explicará. -Indicó la mujer y ella aguardó impaciente en la oficina de administración.

Un hombre alto, robusto y calvo ingresó a la oficina y se presentó como Arcturus Padwick, sanador del área de Daños Producidos por Hechizos.

-¿Cómo está Cassiopeia? ¿Ha despertado? -Inquirió ella de inmediato.

-Mire, señora, su prima llegó aquí hace cinco días en un estado de profunda debilidad. A nivel físico, presenta un elevado nivel de desnutrición, su organismo estaba en una situación de inanición. Además, encontramos evidencia de tortura, específicamente de la maldición cruciatus. Por ese motivo, la hemos sedado mediante encantamientos, para mitigar el dolor del cuerpo y la mantuvimos alimentada por medios mágicos, para nutrir el organismo. Aún está débil, pero se está recuperando lentamente. Ayer decidimos dejar de administrarle encantamientos sedantes, para que poco a poco fuera recuperando la consciencia y evaluar su estado psíquico. Despertó alrededor de las tres de la madrugada. Sin embargo, al ver a su madre sufrió una crisis de nervios, estuvo muy alterada y ha pedido explícitamente no ver a la señora Black. Tengo entendido que usted y la señorita Black son allegadas, por lo que hemos decidido que podrá estar junto a ella, salvo que su prima decida lo contrario al despertar. Si desea pasar a verla, sígame y le muestro dónde está la habitación.

Un poco aturdida, Andrómeda siguió al sanador. No entendía qué demonios había ido a hacer Walburga allí. Tanto ella como Orión le habían dejado muy claro la semana anterior que no les importaba su hija. Entonces, ¿por qué la mujer terminaría yendo a San Mungo a la habitación de su hija? ¿Qué pretendía realmente? Porque sea lo que fuera, estaba claro que no era el bienestar de Cass lo que la preocupaba. Se alarmó al verla delgada y pálida, con el rostro consumido, dormida en la cama. Padwick le aseguró que era posible que despertara alrededor del mediodía, de acuerdo con la cantidad de hechizos tranquilizantes que le habían aplicado la noche anterior.

No podía imaginar el calvario que había vivido su prima: el secuestro, la tortura, despertarse junto a Walburga ¿Qué había intentado hacer su tía que provocó que la chica sufriera una crisis de nervios? Viniendo de ella, podría ser cualquier cosa. Se sentó junto a la joven y acarició su mano pálida y delgada.

-¡Oh... estás aquí! Tú... yo... pensé que... que no habría nadie. -Murmuró desde el marco de la puerta de la sala una voz que a Andrómeda no le costó nada reconocer. Giró la cabeza y se encontró con su hermana, llevaba a un niño rubio en brazos. El pequeño no debía tener más de dos o tres años.

-¿Qué haces aquí, Narcisa? -Inquirió con dureza -¿Qué demonios pretendes?

-Yo... nada. Es Walburga, se ha quedado preocupada por Cassiopeia y como no le permiten venir, me ha pedido que venga en su lugar.

-¿Walburga preocupada por Cassiopeia? ¿De verdad crees que me voy a tragar ese cuento? Por la única persona que tu tía podría preocuparse es por ella misma, así que no me vengas con versos. Tus tíos, tu hermana y tú planean algo. No sé qué es y tampoco me importa demasiado. Pero sí se van a mantener alejados de mi prima. No es parte de tu familia ni de la de Walburga u Orión, ya lo han dejado muy claro y créeme que ni ella ni yo tenemos ganas de pertenecer a semejante banda de dementes. Vete de aquí, por favor. -En algún momento de su discurso, se había puesto de pie y sostenía firmemente su varita apuntando hacia la rubia. Aunque su hermana seguía con el pequeño en brazos y no era su plan atacarla con el niño de por medio. Pero tampoco pensaba dejarla acercarse a Cass.

-Solamente quiero saber cómo está y qué le ha sucedido.

-¿Quieres saber qué le ha sucedido? Ve a casa de Bellatrix y pregúntale, ella te podrá informar mejor con lujo de detalles lo que ocurrió. -Espetó la castaña y Narcisa abrió mucho los ojos al escucharla. -¡Vamos, no te hagas la sorprendida! Y vete de aquí, porque esta es la última vez que te lo pido civilizadamente.

Narcisa pareció evaluar la situación. Andrómeda era mejor duelista que ella, siempre lo había sido. Además, ella estaba con Draco y no sería seguro para el niño enfrentarse a su hermana con él al lado. Por otro lado, si montaban una batalla allí, seguridad de San Mungo les impediría a ambas acercarse a Cassiopeia y perdería cualquier oportunidad de ir en un momento en que su hermana no estuviera allí. Por otro lado, Andrómeda había dicho algo clave: su hermana sabía que Bellatrix había estado involucrada en lo ocurrido. Si Cassiopeia no declaraba, ella misma podría incriminarla. Tenía que regresar a su casa, hablar con Bella y pensar un plan diferente.




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