Historia al azar: El Diario de Ginny
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La hermana de Sirius Black » Capítulo 16: Las Black
La hermana de Sirius Black (ATP)
Por Evelina
Escrita el Miércoles 1 de Abril de 2020, 18:52
Actualizada el Lunes 14 de Septiembre de 2020, 11:36
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Capítulo 16: Las Black

Los ojos marrones claros de Andrómeda parecían caramelos de miel cuando sonreía, pero podían inspirar verdadero temor cuando se enfurecía y fulminaba a alguien con la mirada como lo hacía en ese preciso momento. Lo que acababa de escuchar podría tener lógica cuando alguien no pertenece a una familia de locos. Pero era un disparate completo plantearlo en relación a Cassiopeia. Así que, sin perder la compostura, intentó explicárselo una vez más a la bruja administrativa del Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas. Igualmente, más allá de las razones que ella esgrimiera, la mujer le respondía con el mismo discurso desde hacía media hora.

-El protocolo, por cuestiones de seguridad, es muy estricto. No podemos darle información sobre los pacientes a cualquier persona. Así que si el paciente no se encuentra en condiciones de admitir la visita o la entrega de su estado de salud a algún familiar o amigo, esta información solamente es compartida con los familiares directos: cónyuge, hermanos o hijos mayores de edad o padres. En caso de que no tenga parientes directos, se seguiría con la línea de parentesco que haya. Por más que usted argumente ser su familiar, no puedo darle los datos que solicita. Le recomiendo que hable con sus tíos, para que puedan acercarse. En todo caso, si ellos son mayores y tienen dificultades de movilidad, ellos podrían autorizarla a usted como familiar para recibir información sobre el estado de salud de la paciente... -Andrómeda observaba a la mujer con incredulidad. Era la tercera vez que le explicaba eso, lo había comprendido. Pero por más que lo repitiera, era ella la que no entendía lo que Andrómeda le explicaba.

-Como le he dicho, el problema es que mi prima no tiene ningún tipo de relación con sus padres. Hace tiempo que no se hablan...

-Ya le he explicado el protocolo de seguridad, señora. Y aquí tengo registrado que la señorita Black recibió una visita de su madre en este hospital hace cuatro meses, cuando dio a luz.

-¡Y por poco se lanzaron maleficios una a la otra!

-Señora Tonks, su prima no ha inhabilitado en esa ocasión ni en ningún momento a sus padres para visitarla. No le entregaremos información a nadie que no sea familiar directo, no estoy autorizada para hacerlo. Le aconsejo que se comunique con sus tíos para...

-Gracias, muy amable. -Respondió Andrómeda con sarcasmo y salió indignada de la oficina. En el hall del hospital la esperaban Kingsley Shacklebolt y Alastor Moody, quienes también querían enterarse del estado de salud de Cassiopeia. Hacía tres horas que Anabelle Proudfoot la había dejado en la guardia de urgencias inconsciente y al parecer, aún seguía sin despertarse. De lo contrario, el procedimiento sería informarle a ella quienes deseaban visitarla y ella podría darle autorización a los sanadores para que los pusieran al tanto. Inmediatamente, los dos aurores le preguntaron si había conseguido que le dijeran algo. Negó con la cabeza y suspiró. -La única alternativa que me queda es ir a Grimmauld Place a pedirle a mis tíos que me autoricen a recibir la información.

-¿Creés que conseguirás algo? -Le preguntó Kingsley.

-Estoy casi segura de que no. Pero el no ya lo tengo. No perderé nada con intentarlo. -Respondió pensativa. Luego, desapareció sin decir una sola palabra.

Andrómeda respiró hondo antes de tocar el timbre del número 12 de Grimmauld Place. Hacía tantos años que no pisaba aquella casa, parecía parte de recuerdos de una vida anterior. Y en parte lo eran, eran memorias de aquella vida en la que ella había sido una Black. Antes de gritarle a sus padres que se metieran la pureza de sangre donde les cupiera, que ella estaba enamorada e iba a hacer lo que su corazón le dictaba. Mucho antes de eso, todavía iba a la escuela la última vez que fue con sus padres y sus hermanas a aquella casa. Esta vez no estaba era la del medio de las tres Black, era la oveja negra de la familia. No iba acompañada de sus padres y sus hermanas. Tampoco encontraría allí a sus tres primos menores jugando o peleándose entre ellos. Solo estarían Walburga y Orión, hundidos en la soledad y el rencor. Suspiró y tocó el timbre.

-¡Oh! -Exclamó sorprendido el elfo doméstico cuando abrió la puerta. -Ama, es la traidora... la hija de Druella y Cygnus... Andrómeda...

-Hace rato que ella no es hija de mi hermano y su esposa. -Murmuró desde adentro la voz de Walburga. -¿Qué quieres? -Inquirió asomándose a la puerta.

-Hola, ¿cómo estás? Hay una situación que me gustaría conversar contigo y con Orión, si pudiera ser. -Explicó ella tratando de mantener la compostura.

Walburga no dijo nada. Simplemente le indicó con un gesto que pasara, mientras la observaba con una expresión de profundo desprecio. Le señaló la puerta que llevaba a la sala y ella indicó que era allí donde su tía esperaba que entrara. Esperaba que tal vez su tío también estuviera allí, pero su sorpresa fue muy grande al ver en el lugar a Bellatrix. Su hermana, sin embargo, parecía divertida de encontrarla en aquel lugar.

-¿Has venido a redimirte? -Se burló riendo.

-He venido a hablar con Walburga y Orión. -Aclaró.

-Y cualquier cosa que tengas que discutir con nosotros puede ser hablado frente a Bella. -Orión Black acababa de entrar a la sala y miraba a Andrómeda con un gesto de profundo asco. -¿Saben Cygnus y Druella que estás aquí?

-No, he venido a hablarles de Cassiopeia. -Contestó. Lo mejor sería decir rápidamente qué pretendía y esperar a que le dijeran que sí o que no. Estaba sospechando que había sido un error ir allí, no conseguiría nada por más que lo intentara. Y a ellos les encantaría verla rogarles algo. Especialmente a Bellatrix. Orión y Walburga intercambiaron una mirada sombría y ella no esperó a que le preguntaran qué había sucedido ni qué pretendía. -Ella está internada en San Mungo y quisiera que me autoricen como familiar para recibir información de parte de los sanadores. Solamente admiten a familiares directos a menos que ellos permitan a alguien más.

-¿Qué le pasó a Cassiopeia? ¿Por qué está en San Mungo? -Inquirió Bellatrix y Andrómeda tuvo que hacer un terrible esfuerzo por no atacarla. No sabría decir si fue el tono de fingido interés, la sonrisa que no borraba de su rostro o el brillo de sus ojos. Pero la expresión en la cara de su hermana le indicó a ella que Bellatrix sabía perfectamente lo que le había ocurrido a su prima. Rabastan Lestrange había sido detenido, pero ella estaba segura de que su cuñada había participado en el ataque. No había tenido la plena seguridad hasta ese momento. La conocía demasiado como para darse cuenta cuando disfrutaba algo, cuando fingía o cuando estaba mintiendo descaradamente.

-Ha sido atacada en una misión con los aurores. -Respondió finalmente haciendo un esfuerzo por mantener la calma.

-Si Cassiopeia fue atacada en una misión con los aurores es su problema. Nadie la mandó a meterse allí. -Señaló Orion. -Y si hay alguien que ha influido para que se una a ellos, has sido tú. Ella, al igual que tú, ha defraudado a la familia cuando decidió tener un hijo con un sangre sucia. No tenemos por qué hacer nada ni por ella ni por ti.




Abro los ojos en medio de la oscuridad. No estoy en el sótano, estoy en un lugar muy diferente. Me encuentro cómodamente acostada sobre una superficie blanda y cálida. Es una cama. Mi vista se acostumbra a la penumbra y me doy cuenta de que estoy en una habitación ¿En qué lugar estaré realmente? Hay una puerta entreabierta, me pregunto si tendré posibilidades de huir. Intento levantarme, pero apenas me muevo, un intenso dolor recorre todo mi cuerpo. Dejo escapar un quejido por lo bajo. La luz del cuarto se enciende, alguien ha descubierto que me he despertado. Cierro los ojos encandilada y cuando los vuelvo a abrir, me espanto al darme cuenta de que es mi madre la que está a mi lado ¡¿Qué demonios hace Walburga aquí?! ¿Y dónde estoy atrapada?

-Hija... -Murmura en un susurro.

-Vete de aquí. -Replico con voz ronca. Me duele terriblemente la cabeza y solo quiero dormir, pero necesito escaparme de ella.

-Hija, tranquila, no sabes lo que dices...

-Sé lo que digo ¡FUERA DE AQUÍ! ¡VETE! ¡NO QUIERO VERTE! -Exclamo gritando de indignación y bronca mientras recuerdo a Bellatrix riendo e informándome que mi madre le había dicho el nombre de Lenna y con quién podría estar. Ella intenta decir algo y yo busco mi varita por los alrededores, como no la encuentro, comienzo a arrojarle frascos con pociones y objetos que encuentro en la mesa de noche. Si ella no se va, tengo que irme yo, así que con sumo esfuerzo me pongo de pie, apoyándome con dificultad en la cama. Mis piernas están débiles y doloridas, se me parte la cabeza y siento un profundo mareo. Tres figuras aparecen por la puerta, mientras yo le sigo gritando que se vaya. Ella les dice algo con una sonrisa y comprendo que los recién llegados son sus cómplices. Antes de que pueda escapar, me atrapan y me noquean con maldiciones. No pude huir y otra vez estoy a su merced.




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