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La hermana de Sirius Black » Capítulo 13: El desastre
La hermana de Sirius Black (ATP)
Por Evelina
Escrita el Miércoles 1 de Abril de 2020, 18:52
Actualizada el Lunes 14 de Septiembre de 2020, 11:36
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Capítulo 13: El desastre

-¡Mierda! -Fue la única palabra que el hombre exclamó al ingresar al Cuartel General de Aurores. No había muchas cosas capaces de sorprender a Alastor Moody, que parecía preparado para casi cualquier cosa. Casi. De todos modos, no habría Jefe de Aurores capaz de no sorprenderse al encontrar su departamento prácticamente destruido: todos los muebles estaban destrozados, el suelo estaba repleto de objetos rotos, papeles, trozos de madera e incluso escombros... La pared que comunicaba con la oficina de reuniones privadas estaba medio derruida, la puerta que llevaba a su despacho se encontraba salida de sus goznes. Y había tres aurores inconscientes en el suelo. -¿Qué mierda ha ocurrido aquí? -Se preguntó en voz alta mientras con su varita mandaba a llamar a un equipo de San Mungo y se acercaba a revisar los signos vitales de Alice, Frank y Rufus.

-¿Qué ocurrió? -Preguntó el primero de los dos sanadores que llegaron al lugar mientras su compañero llamaba a un par más. Se acercó hacia Frank y comenzó a revisarlo. -Tendremos que trasladarlo al hospital ¿Qué ha sucedido?

-Eso me encantaría saber a mí. -Respondió Moody anonadado. Se había ido de aquella oficina a las siete de la tarde del día anterior y todo parecía normal. Solamente estaban en el lugar Alice y Frank, que parecían concentrados en alguna investigación. Rufus, por su parte, ya se había vuelto a su casa hacía rato ¿Qué lo habría hecho regresar luego?

-También a ella hay que llevarla, sin dudas ha sido la maldición cruciatus. -Indicó el otro sanador, refiriéndose a Alice. El tercer sanador indicó que también tendrían que llevarse a Rufus.

-¿Qué ha pasado aquí? -Preguntó con un hilo de voz Annabelle Proudfoot, que acababa de llegar al lugar. Era una auror alta, delgada y de cabello largo y rubio. Observó la escena espantada y sus ojos azules se clavaron en Moody.

-Llama a todo el mundo. Que vengan de inmediato Dawlish, Black, Mittlermann, Shacklebott, Robards y Savage ¡Que vengan ya mismo! Y que no ingresen ni toquen nada, espérenme aquí en la entrada. Iré a hablar con la Ministra.

Moody le dio la orden a Proudfoot y salió a toda prisa hacia el despacho de la Ministra de la Magia a toda prisa. Uno de los asistentes de la Ministra le anunció que no podía ingresar al despacho, ya que la mujer estaba reunida con el Director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Sin embargo, él ingresó de todos modos. Millicent Bagnold y Albus Dumbledore lo observaron sorprendidos al ver que entraba hecho una furia.

-Alastor, estoy en una reunión ahora mismo... -Comenzó a decir la mujer, pero fue interrumpida.

-Y sea lo que sea, tendrá que esperar. Lo siento, Albus, pero salvo que un grupo de mortífagos haya destruido el castillo, lo mío es más urgente. -Agregó suavizando el tono hacia el director del colegio, que lo miraba con una sonrisa amable. Luego, se dirigió hacia la Ministra. -¿Me quieres decir qué clase de seguridad de cotillón hay en este Ministerio? ¡Es una vergüenza! ¡¿Cómo es posible que cualquier mortífago o mago tenebroso pueda ingresar como si fuera al living de su casa al Ministerio de la Magia?!

-No es posible eso, Alastor. Cualquiera que quiera ingresar debe indicar su nombre y el motivo de su visita. -Respondió algo aturdida la mujer.

-¡Pues parece que si dice que viene a destruir el Departamento de Aurores lo dejan pasar!

-No tengo la menor idea de qué estás hablando...

-¡Levanta el culo de esa silla y míralo por ti misma! Tengo tres aurores en San Mungo y el Cuartel General destrozado. Necesito saber qué demonios ha ocurrido anoche aquí, Bagnold.

Los ojos negros de la Ministra se abrieron desmesuradamente a causa de la sorpresa. La mujer le pidió disculpas a Dumbledore, anunciándole que pronto se reunirían nuevamente y luego siguió a Moody hasta el Departamento de Aurores a ver lo que ocurría. Cuando llegó al lugar, la escena era francamente desastrosa.

-Llamaré a Barty, habrá que requisar bien el lugar a ver si se encuentra alguna pista. Evidentemente, habrá que realizar una investigación. ¿Sabes si los aurores que tienes en San Mungo estarán en condiciones de testificar lo sucedido? -Inquirió Bagnold dirigiéndose a Moody.

Moody negó con la cabeza y el personal del Departamento de Seguridad Mágica llegó de inmediato al lugar. Entre ellos y los aurores comenzaron a registrar la oficina para revisar pistas y tratar de averiguar qué podría haber sucedido.

-Alastor, ¿a dónde ha ido Cassiopeia? ¿Está bien? ¿Tienes idea qué ocurrió? Me ha dicho Anna que Rufus, Alice y Frank fueron trasladados a San Mungo, pero no sabía nada de ella. -Inquirió Kingsley con preocupación.

-No, no tengo idea. No la he visto desde ayer. -Explicó distraído mientras continuaba registrando el Cuartel General.

-Alastor, anoche Cass vino aquí porque la convocó Frank. Me pidió que le cuide a la beba un ratito y no he tenido noticias de ella desde las once de la noche. -Explicó Kingsley, tratando de no entrar en pánico.

-¿Me estás diciendo que tenemos también una auror desaparecida?

Kingsley no respondió. No quería aceptar lo que estaba escuchando. Aquella mañana, cuando despertó y vio que Cassiopeia no había regresado aún, supuso que el motivo por el que la había convocado Frank tan entusiasmado era verdaderamente importante y había hecho que se quedaran trabajando toda la noche. Al recibir el mensaje de Annabelle, llevó a Lenna a lo de Andrómeda, como hacía Cass todos los días, seguro de que la encontraría en el Cuartel General. No la vio, pero imaginó que Moody le había pedido ayuda con algo. Ahora, acababa de comprender que Cass llevaba varias horas desaparecida.

-Hemos encontrado cuatro varitas... -Se extrañó Hannah.

-Una es de Black. -Explicó Moody. -Tenemos que iniciar ya mismo una búsqueda.



Ding dong... ding dong... ding dong...

El timbre sonó tres veces y Alastor Moody esperó a que la mujer abriera la puerta. Sin embargo, se sorprendió al encontrarse a una pequeña de unos ocho o nueve años de cabello rosa chicle. La niña le dedicó una mirada curiosa.

-Buenas tardes, ¿está tu madre en casa?

-Está cambiando a la bebé. -Explicó la niña. -¿Quién es usted? -Preguntó luego.

-Alastor Moody.

-¡Mamá! ¡Mamá! -Llamó la niña corriendo hacia adentro de la casa y dejando la puerta entreabierta -Te busca un señor, se llama Alastor Moody.

Andrómeda terminó de cambiar a Lenna a toda prisa y bajó las escaleras casi corriendo. Regañó a su hija por haber abierto la puerta sin permiso. "Pensé que era la tía", se excusó Dora, pero su madre le dijo que igualmente debía esperar a que ella fuera a abrir.

-Lo siento, adelante... -Se disculpó con Moody y lo invitó a ingresar a la casa. -Tome asiento, por favor. Dora, ve a jugar a tu dormitorio. ¿Le ofrezco algo? ¿Qué sucede? -Preguntó nerviosa por la presencia del Jefe de Aurores en su casa. El temor por el hecho de que algo le hubiera pasado a su prima comenzó a crecer en ella. Por un terrible momento, se imaginó yendo a San Mungo y encontrarla malherida.

-Se trata de Cassiopeia... -comenzó el hombre, pero ella lo interrumpió.

-¿Está bien?

-No lo sabemos. -La respuesta la sorprendió. No estaba en sus opciones. -Está desaparecida desde anoche. Han atacado el Cuartel General de Aurores y al parecer ha habido una batalla. Tres aurores resultaron heridos. Encontramos allí la varita de Cassiopeia, así que deducimos que puede haber sido capturada. Estamos realizando una investigación para dar con su paradero.



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