Historia al azar: Enamorado de la oscuridad.
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La hermana de Sirius Black » Capítulo 10: Ojos verdes
La hermana de Sirius Black (ATP)
Por Evelina
Escrita el Miércoles 1 de Abril de 2020, 18:52
Actualizada el Lunes 14 de Septiembre de 2020, 11:36
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Capítulo 10: Ojos verdes

Los ojos verdes de Lily me miran fijamente. Y a pesar de creer que nunca iba a sentir algo así, no puedo despegar mi mirada de esta pequeña. Lenna es un calco de su madre, tiene los mismos ojos, su rostro tiene la misma forma, y hasta ha fruncido la nariz de un modo que me ha recordado a mi amiga. Solo el cabello, negro azabache, es una marca registrada de su padre. Un cabello oscuro que no dista demasiado del tono de mi pelo. Y eso ha hecho que todos los que la han visto me feliciten diciendo que es igual a mí. Incluso, hubo quienes aseguraron que tiene los ojos grises, iguales a los míos. No son grises, son verdes. Pero me he limitado a sonreír sin corregir a nadie. Mejor si la gente cree que es parecida a mí. Mejor para ella.

Su mejilla se apoya contra mi pecho y ella respira acompasadamente y tranquila. Poco a poco, se va quedando dormida. Sin embargo, no me canso de mirarla, de sostenerla, de acunarla entre mis brazos. Me siento muy extraña, como si mi propio bienestar y tranquilidad dependieran de que esta pequeña esté bien. Jamás me había sentido tan dependiente de alguien. Se suponía que esto iba a ser al revés, que la beba iba a depender de mí, no yo de ella.

-¡Mírate! ¡Estás completamente enamorada! -Se enternece Alice entrando a la habitación.

-¿Tú dices? -Pregunto yo sorprendida.

-Se te nota en el rostro. -Me dice asintiendo con la cabeza y se sienta al costado de la cama. Nos mira alternativamente a mí y a Lenna. -Es preciosa.

¿Amor? Jamás había sentido algo así... He querido a mucha gente y me he enamorado. Pero, ¿de verdad esto puede ser amor? Si esto es amor, el amor es una puta mierda que me va a convertir en una idiota. Esa clase de estúpida que le comenta orgullosamente a sus amigos en una cena "¡Oh, no saben, mi hija aprendió a usar el inodoro!". No quiero ser esa clase de persona. Mi madre no era así, jamás se enorgulleció de estupideces cotidianas hechas por sus hijos. Y yo me he prometido ser lo contrario a mi madre ¿Pero tan opuesto? ¿No hay un término medio más adecuado? Como sea, esta beba se ha dormido completamente y yo no hago más que mirarla y mirarla. A Alice le parece enternecedor, a mí me resulta escalofriante.

Es el cansancio lo único que hace que deje a la niña en el moisés que hay junto a mi cama en esta habitación de San Mungo y decida dormir un rato. Abro los ojos y me sobresalto al verla de pie en el umbral de la puerta de la habitación. Con una capa rojo oscuro y su bolso de piel de dragón, Walburga me observa atentamente. Me siento en la cama aún sin entender por qué está aquí.

-Madre, buenas tardes. -Saludo correctamente. -¡Qué sorpresa!

-Cassiopeia, querida, buenas tardes, hija ¿Cómo te encuentras? -Me pregunta con voz grave, dejando su bolso sobre la silla y quitándose la capa.

-Bien, madre, gracias ¿Y usted cómo está?

-Bien, también. Creo que tan sorprendida como tú, mi querida. Imagínate, esta mañana me ha escrito una carta una amiga que trabaja aquí en San Mungo. Luego de no tener novedades de ti desde la muerte de Regulus, me entero que acabas de tener una niña. Realmente lamento haberme perdido la boda. -Comenta decepcionada. Yo esquivo su mirada antes de responderle.

-No... No ha habido ninguna boda, madre.

-¿No tiene padre la criatura? -Pregunta arqueando una ceja y mirándome con severidad.

-No, madre.

-Cassiopeia, me has decepcionado. Creí que podía esperar más de ti. -Walburga se inclina sobre el moisés y mira durante un momento a Lenna. -¿Es sangre limpia al menos?

-No, es mestiza. -Le respondo observándola con precaución. No quiero que la toque ni que la levante. Así que me pongo en pie y la alzo en mis brazos.

-¿De verdad quieres a esa niña? -Me preguntó con voz baja sentándose en la silla y mirándome fijamente. Yo asiento con la cabeza y ella suspira. -No será sencillo resolver este asunto. Pero vamos a hacer lo siguiente. Hablaré con tu padre, de manera que podamos acordar un buen matrimonio para ti y que acepte que la niña es su hija. Inventaremos una historia acerca de por qué no se casaron antes y él asegurará que es su hija. Los Black son un buen partido, encontraremos quien lo acepte. Luego, te convertirás en la señora del hogar y terminarás con toda esta patraña de rebeldía adolescente. Le haré un hechizo de infertilidad a la niña para que no pueda tener hijos y listo. Nadie sabrá jamás, ni siquiera ella misma, que no es sangre pura.

-Vete de aquí. -Le digo enfurecida y tomo en mi mano mi varita mágica.

-Sé sensata y date cuenta de que es la única oportunidad que tiene tu hija de merecer respeto.

-Te he dicho que te largues. -No le he lanzado un maleficio aún porque no puedo batirme a duelo con la beba en brazos, pero estoy atenta por si es necesario defenderla. Mi madre apunta con su varita hacia nosotros y yo coloco a la beba sobre la cama, cubriéndola con mi cuerpo.

-Eras la única hija que me quedaba y te he dado una oportunidad que nadie tuvo jamás. Es una pena que decidieras desaprovecharla.



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