Historia al azar: Tú, Salazar.
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Cuando me encuentres » I
Cuando me encuentres (R15)
Por lalacip
Escrita el Viernes 14 de Febrero de 2020, 08:31
Actualizada el Sábado 22 de Febrero de 2020, 09:33
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I

Las primeras notas de ''Across the Stars'' me advierten de que ya es hora de despertarse. Aún así, decido posponer la alrma unos minutos más; anoche me quedé hasta tarde viendo una serie, mal hecho porque ahora no puedo ni abrir los ojos.

Quince minutos después el móvil comienza a sonar de nuevo pero esta vez no es la canción de John Williams la que suena.

 

-¿Sí?- grazno.

-Carlie, estoy saliendo de casa, ¿te acabas de despertar?-me incorporo de golpe y abro muchos los ojos. Mierda.

-No, qué va, estaba pensando qué ponerme.- miento. Sí, se me había olvidado completamente.

-No olvides llevar tacones. Oye, voy a coger el coche ya, te veo en 15. Ciao.

Me levanto como si me hubiesen tirado una jarra de agua fría por encima. 15 minutos. Está bien. Abro el armario, cojo unos vaqueros oscuros, una camisa azul claro y unos tacones no muy altos de color beige. Me cepillo los dientes, cojo mi bolso y me peino con las manos conforme bajo las escaleras, justo a tiempo de oír el motor del coche de Caroline aparcado en mi puerta.

 

Subo al coche.

-¡Hola! Estoy super emocionada. ¿Tú no lo estás? No me puedo creer que finalmente estemos haciendo esto.- yo estoy super somnolienta.

- Totalmente. Oye, ¿te importa si pasamos a tomar un café antes?

 

Café tomado y con un poco más de ánimos nos recorrimos todas las tiendas de la calle comercial de MysticFalls en busca del vestido de graduación perfecto. Finalmente, me decidí por un Navy Dress de Roland Mouret en color azul mientras que Caroline escogió un despampanante vestido rojo de Oscar de la Renta que le sentaba de infarto. A veces me gustaría parecerme un poco más a ella.

Después de eso fuimos a comer a nuestro restaurante favorito.

- No paro de darle vueltas al asunto.- dijo escondiendo su cara entre ambas manos.- Tyler se pasa el día pegado al teléfono hablando con esa tal Hayley, ya casi no me hace caso, ¿crees que debería hablar con él? Dicen que son solo amigos pero no me fio. ¿Estoy paranoica?

- Tal vez sólo sean amigos,Care, tú hablas constantemente con Stefan y eso no significa nada- intenté consolarla, aunque a mí tampoco me gustaba demasiado Hayley.

- Tal vez…

- ¿Por qué no lo hablas con él? Tal vez Stefan sepa algo más sobre este tipo de cosas, ya sabes que yo de relaciones no entiendo…

- Es verdad, tú solo entiendes de líos de una noche.- rió.

- Exacto.-

-Cuéntame, ¿quién es ese chico misterioso con el que tanto hablas ahora?

-Te lo digo si me juras no flipar.

- No prometo nada.

- Es Damon.

- ¿Damon? ¿El hermano de Stefan? ¿En serio? ¿No tenía novia?

- Tenía, cortaron hace una semana.- sonreí.- hemos estado mandándonos mensajes subiditos, ya sabes.

- ¡¿Te ha mandado foto de su…?! - no dije nada, cogí una patata frita y me la llevé a la boca intentando disimular la sonrisa.

- Qué zorra…

 

El día de la graduación no tardo en llegar, fue un acto bastante emotivo en el que a todos, o bueno, casi todos se le acabaron escapando alguna que otra lagrimilla.  Lo cierto es que no pude incluirme dentro de ese grupo, salvo cuatro o cinco, todos me daban exactamente igual.

Terminó el acto y busqué a mis padres entre las gradas, no tardé en encontrarlos. Mamá fue la primera en abrazarme.

-Felicidades, cariño, estamos muy orgullosos de ti.- típica frase.

- Mi niña, se nos hace mayor.- dijo papá, estrujándome entre sus brazos.- toma.- dijo buscando una cajita en el bolsillo de su chaqueta.- para ti. De parte nuestra.

-¿En serio?- pregunté emocionada. Abrí la caja, revelando un precioso guardapelo redondo. Lo abrí. Tenía una inscripción que decía: Plus que ma propre vie y un espacio para insertar una foto que se encontraba vacía.

-¿Te gusta?

-Me encanta, es precioso. Gracias.

 

Pasé un rato con ellos antes de irme a la cena que se celebraba después en un complejo a las afueras de la ciudad. Allí nos reunimos con Stefan, Elena, Matt, Bonnie, Tyler y, sorprendentemente, Damon también se encontraba allí aunque no se sentó con nosotros.

La cena transcurrió entre deliciosos platos y muchas, muchas risas. Cerca de la media noche, cuando todos estaban los bastante alcoholizados, me disculpé para ir al baño, pasando junto a la mesa de Damon y lanzándole la mirada más seductora que podía lograr. Por la forma, en la que su campanilla descendió, pude ver que captó el mensaje.

Me aseguré de que los baños se encontraran vacíos antes de que llegase Damon, hice bien ya que él no me dio mucho tiempo de reaccionar. Me besó en cuanto la puerta se cerró tras de él, fue un beso lleno de necesidad (¿), casi nos estábamos devorando. Mordí su labio inferior sin saber la respuesta que eso desencadenaría en él: me cogió por los muslos y me colocó encima del lavamanos, separé mis piernas, permitiéndole acercarse aún más a mí, pero el momento se vio interrumpido por el sonido de unos pasos aproximándose. Le tome de la mano y nos encerré dentro de uno de los baños pero no paramos, continuamos nuestra sesión de besos, intensificándola poco a poco hasta el punto de decidir irnos a su casa.

 

Yo salí primero.

 

Me despedí de los chicos con la excusa de estar muy cansada  aunque iban tan borrachos que no les importó, probablemente ni si quiera se acordasen de que yo estaba allí con ellos. Cogí mi abrigo y mi bolso y salí al parking a esperarle.

 

Mi móvil comenzó a sonar, mire la pantalla: Número oculto. Decidí coger por si era Damon desde otro número.

-¿Diga?- respondí, pero nadie me respondió a mí, tan solo pude sentir la respiración de alguien al otro lado del teléfono.- ¿Hola?- como nadie contestaba colgué. Probablemente fuese alguien de la fiesta tan borracho que ni se había dado cuenta.

-¿Nos vamos?- preguntó Damon a quien ni si quiera había sentido llegar.

-Sí.

 

Damon besaba mi barriga lentamente, descendiendo, despacio, y, ¡Dios!, ¡Cómo odiaba ese despacio! Pero mi paciencia duró poco, con un empujón, le aparte de mí.

-¿Qué haces?- preguntó confuso. En respuesta, me coloqué a horcajadas encima de él y comencé a besarle el cuello.

Bip,bip. Mi móvil sonó. Lo ignoré.

Besé su torso…bajé por su estomago…continué con su abdomen….biiip,biiiiip,biiiiip…joder. Alguien me estaba llamando. ¡Qué corta rollos! Me incorporé de golpe y extendí un brazo por encima de Damon para alcanzar el móvil que estaba en la mesita de noche.

- No cojas.- susurró. Pero tenía que, ¿y si era importante?

Miré el móvil. Otra vez ese número oculto. Pasé de coger. Estaba a punto de volver a dejarlo cuando me di cuenta de que tenía un mensaje.

 

                                ¿Damon Salvatore? Yo no lo haría, amor.

 

 

 

Pero… ¿Qué cojones?  Probablemente Caroline se lo hubiese dicho a alguien… ¿Tal vez Katherine?  Ella era la ex de Damon y lo habían dejado hace muy poco, cualquiera podría habernos visto salir del recinto y llamarla. Mentalmente, negué en señal de desaprobación.

- Ahora que has dejado de jugar con el móvil ¿por qué no seguimos jugando tu y yo?- puso esa sonrisa picara que sólo él puede poner y se colocó encima de mí para comenzar a besarme de nuevo. Apenas comenzaba a bajar por el cuello cuando se paró y me miro fijamente a los ojos.

- No grites.- dijo. Sus ojos hicieron algo extraño.

-¿Por qué iba a hacerlo? - le mire desconcertada. El también lo pareció por un segundo pero enseguida recobró la compostura.

- Porque puede venir Stefan y oírnos.- sí, no sería una escena agradable de darse.

 Siguió por mi abdomen, se adentró en mis muslos, me los beso poco a poco…primero el derecho, luego el izquierdo… ¡Ay! Noté un pinchazo. Volvió a mirarme a los ojos y a hacer esa cosa rara.

- Vas a hacer todo lo que yo te diga.- dijo y no pude evitar reír.

-¿Te va el rollo sado?- respondí con picardía, parecía aún más desconcertado de lo que estaba antes pero no se detuvo.

Estaba exhausta. Creo que casi podía afirmar que fue el mejor polvo de mi vida. Acababa de terminar de vestirme y me dirigía  a la puerta para irme cuando Damon, a velocidad antinatural, me cogió del cuello y me estampó contra la pared.

- ¿Qué...?- apenas pude preguntar.

-¿Qué eres?- preguntó, reforzando el agarre de mi cuello, disminuyendo mi capacidad para respirar.

-¿Cómo que qué soy?- logré decir.

- No eres humana-no me puedo creer que esté diciendo esto.

-¿Perdón? Damon… ¿has bebido?

- RESPÓNDEME.- bramó. No podía dar crédito a lo que estaba ocurriendo.- ¿te ha mandado ella, no es así?

- Damon, déjala. - Sentí alivio al oír la voz de Stefan quien acababa de aparecer por la puerta. No le había oído entrar. Damon dudó pero, finalmente, me soltó. Me llevé la mano al cuello y comencé a toser mientras mis pulmones buscaban el aire que le había sido arrebatado.

- Carlie, vete a casa.- Stefan me ayudó a incorporarme y me indicó la salida.

 

Corrí por el bosque que rodeaba toda la casa de los Salvatores, me encontraba un poco en shock, aún no lograba asimilar qué era lo que había pasado y supongo que el alcohol tampoco es que ayudara mucho.

 

Deambulé sin rumbo durante no sé cuánto tiempo, ¿minutos?, ¿casi una hora? Me recosté junto a un árbol para descansar, no solo llevaba horas corriendo si no que no tenía ni idea de dónde estaba o de cómo volver. Oí un crujido, y un hombre apareció entre los árboles.

 

-¿Hola?- preguntó. No tardó en encontrarme.- ¿Estás bien?- Sí, quise decir, pero las palabras no salieron de mi boca.- Pareces perdida, he acampado cerca de aquí, ¿necesitas ayuda?

 

Otro crujido y en un parpadeo el hombre frente a mí se había desplomado en el suelo, dejando ver la silueta de otro mucho más esbelto y guapo.

 

-        No.- respondió Damon por mí. Le miré a él y luego al hombre de nuevo.

-        ¿Qué le has hecho?- el pánico comenzaba a invadirme, quería salir corriendo pero, al retroceder, tropecé con una rama y caí de culo. Damon bufó.

-        Le he arreglado el cuello.- se agachó y le dio una palmadita en la espalda.- De nada, colega.

-        ¿Y Stefan?

-        Oh, durmiendo la mona, yo no contaría con él hasta mañana.- pero algo dentro de mí me dijo que algo malo le había pasado.

-        ¿Qué…qué quieres?

-        Comer.- entonces las venas bajo sus ojos se marcaron, éstos se volvieron rojos y un par de colmillos asomaron entre sus dientes. Oh, Dios, oh, Dios. Intenté echarme hacia atrás pero apenas podía moverme. Alzó su cabeza y tomó al campista antes de enterrar los colmillos en su cuello.

No podía apartar la mirada, un rastro de sangre caía por uno de los lados del cuello del campista, era roja intensa y segura que estaba caliente. Algo que no esperaba sucedió, mi boca comenzó a hacerse agua, mi estomago rugió, y ese gusanillo que siempre sentía en el estómago  se convirtió en un agujero negro. Quería, necesitaba probarla.

Me incorporé lentamente y me acerqué con cautela, Damon se había apartado de él y podía notar su vista clavada en mí pero yo tan solo podía mirar el hilo de sangre que continuaba descendiendo. Me arrodille junto a él, y, titubeante, acerqué mi dedo índice al río de su cuello, sumergiéndolo en el líquido rojo que no cesaba de salir. Estaba caliente. Me miré el dedo y, sin pensarlo mucho, me lo llevé a la boca.

Vi fuegos artificiales. Sentí placer, todo mi cuerpo celebraba lo que acababa de hacer y me hacía sentir bien. Quería más, mucho más. Miré a Damon quien me sonrió y entonces, casi por instinto, puse mis labios contra el cuello del hombre y comencé a beber.

 

 

Aquella noche no pude dormir, tan solo daba vueltas y vueltas en la cama de una de las habitaciones de la casa Salvatore. ¿Qué significaba esto? ¿Estoy mal de la cabeza? ¿Estoy enferma? ¿Debería ir a un especialista?  ¿Qué ocurrirá a partir de ahora? Luego la imagen del cadáver en el bosque se colaba de vez en cuando. ¿Por qué no me sentía mal por la muerte de ese hombre? Me asustaba, esta parte de mí me asustaba y mucho.

Alguien llamó la puerta, me asusté, no me había dado cuenta de que, en una de esas vueltas de cabeza, me había quedado dormida.

-Adelante.- dije incorporándome un poco en la cama. Stefan atravesó la puerta.

-¿Cómo estás?- preguntó, se acercó a mí y dejó una taza humeante sobre la mesilla antes de tomar asiento junto a mí. - Damon me lo ha contado todo.

- No lo entiendo.- comencé.- no entiendo qué ha pasado, qué me ha pasado. - acarició mi brazo lentamente mientras yo me desahogaba.

Me lo explicó todo: que él era un vampiro, que Damon también lo era, que Elena, la novia de Stefan, lo sabía, que todo esto de acercarse había sido un plan de Damon porque Katherine, su ex novia, quien por cierto también es vampiro, había averiguado que yo era diferente.

-Es difícil de asimilar, lo sé.

- Un poco.- me giré y tomé la taza de café de la mesita. Di un sorbo.- ¿Hay más híbridos?- eso era lo que ellos pensaban que era.

- No lo sé.- respondió.

- Mentiroso.- ambos nos giramos, Damon se encontraba apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados. - Sí que lo hay, uno, Klaus. Por eso Katherine te quería a ti.

- ¿Pensaba entregarla a Klaus? - preguntó Stefan, visiblemente molesto.

- Eso no es asunto mío.- respondió.

-¿Quién es Klaus?

- Un gilipollas narcisista, uno de los originales, los vampiros originales, el origen de todos, blablablá.

-¿Él podría ayudarme?

-No, ni se te ocurra, Carlie. Ese tío, no es de fiar, probablemente te mataría si descubriese que existes, no intentes buscar a Klaus.- dijo Stefan.

- Es igual, si Katherine se va de la lengua te acabará encontrando de todos modos.- soltó Damon antes de girar sobre sus talones y marcharse.

Sé que lo de matarme y eso debía echarme para atrás pero, lo cierto es que sentía una punzada de curiosidad. Klaus. Él tendría las respuestas. 



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