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Victoria's Secret » Capítulo 5
Victoria's Secret (R13)
Por LoreenBlack
Escrita el Viernes 7 de Febrero de 2020, 08:51
Actualizada el Martes 25 de Febrero de 2020, 10:30
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Capítulo 5

Iniciaban las clases y con ellas todo un mundo por delante, un mundo que explorar, experimentar y vivir al máximo, o eso creían Victoria y Phoebe, puesto que el primer día ya llegaban tarde.

Corrieron desesperadamente hasta la clase de Pociones, donde un Severus Snape, bastante enfurruñado por su retraso a clase, les esperaba impartiendo el primer tema del enorme libro de pócimas. Llamaron a la puerta y al entrar, todas las miradas recayeron en ellas.

Desde sus pupitres, Oliver y Percy las miraban avergonzados, puesto que eso tal vez le restaría puntos a la Casa de Gryffindor. Sin embargo, había otras miradas como las de Megan Rosier, que disfrutaba del fracaso de aquellas dos chicas.

      Al parecer, a alguien se le ha quedado las sábanas pegadas— todos los alumnos rieron, pero Snape no les hacía ni el menor caso—. Pasen. Tengo los sitios idóneos para ustedes dos. Señorita Prince, ahí— dijo Snape, indicándole uno de los pupitres del centro, al lado de un chico de Ravenclaw—. Usted, señorita Black— indicó Snape otro de los pupitres, esta vez más delanteros, donde un famoso Levi Lestrange esperaba a su nueva compañera de pupitre—. Estará bien aquí.

A paso ligero, Victoria se apresuró por tomar asiento, abrir el libro y empezar de una vez la clase, aunque llevaran algunas hojas por delante. Miró de reojo a Levi, el cual ni se había molestado en decirle hola o ni si quiera mirarla cuando había llegado. Victoria detestaba esa conducta, ¿por qué se comportaba de esa manera con ella? ¿Qué le había hecho?

      Ah, por cierto, cinco puntos menos para Gryffindor por ese retraso matutino. Denle las gracias a vuestras compañeras— todos los chicos y chicas pertenecientes a Gryffindor empezaron a quejarse—. Retomando la clase…¿alguien sabe cuáles son los elementos fundamentales para preparar una buena y exitosa poción?— dijo Snape mientras paseaba por las clase con las manos detrás de la espalda.

Sin embargo, Victoria no le prestó atención. Quería saber, descubrir o destapar la verdadera faceta de Levi Lestrange y por qué, a pesar de haberse conocido anteriormente, la trataba así o, más bien dicho, parecía que la odiara.

      ¿Dónde buscamos la respuesta…— preguntó Victoria.

      Página trece— respondió sin más, Levi Lestrange.

      Gracias— dijo sin más Victoria, buscando la página y, a su vez, la posible respuesta—. ¿Crees que es esto? Aquí pone que los elementos esenciales son…

      No me importa lo que creas. Limítate a escuchar lo que dice el profesor y no me molestes—dijo Levi, esta vez, mirándola fijamente.

      Oye, ¿qué te pasa? Cuando viniste a mi casa parecías otra persona. Más amable, por lo menos— le calificó Victoria mientras se indignaba tras aquella respuesta tan bruta y directa—. No te he hecho nada.

      Aún.

      ¿Aún?— arqueó una ceja Victoria.

      Sabe usted la respuesta, ¿señorita Black?— escuchó a Snape.

      Los elementos fundamentales y esenciales para preparar una buena poción son no equivocarse en ninguno de los pasos a seguir, ya que pueden ser letales si se obvia algún procedimiento— respondió Victoria.

      Efectivamente— dijo Snape, un poco asombrado y a la vez malhumorado—. Si sois tan estúpidos de obviar algún paso, la poción puede ser letal. Podría incluso… matar a alguien— dijo el profesor mientras miraba a Victoria.

Ella sabía porqué la miraba e intuía aquella indirecta que hacía referencia al asesinato de varias personas por parte de su padre. Aquel día no estaba empezando nada bien. No obstante, quería solucionar sus diferencias con Levi Lestrange, por lo que al terminar la clase, corrió desesperadamente hacia él, buscándole a la salida y, finalmente, encontrándole.

El de ojos verdes paró en seco al verla venir. La esperó y le pidió a sus compañeros que siguieran su camino, no sin el típico comentario de Megan Rosier acerca de Victoria. Sin embargo, él quería saber por qué ella continuaba insistiendo.

      ¿Podemos hablar?— dijo Victoria.

      Habla. Nadie nos molestará— respondió Levi, sin más.

      Sé que somos diferentes. Que tú eres Slytherin y que yo pertenezco a Gryffindor. Sin embargo, hace unos días no éramos nada de eso. Pensé que podría tener un amigo antes de iniciar el curso aquí, pero me equivocaba. Quiero entender que te sucede algo, que tal vez te sientas solo por cualquier cosa o que simplemente me odias. Por eso, creo que tienes un poco de razón. No deberíamos ser amigos. Ahora ni nunca. Simplemente, me gustaría que tratases a la gente equitativamente y sin mirarla de arriba abajo, como si fueses un ser superior— explicó Victoria.

      Veo que vas aprendiendo— dibujó, de nuevo, aquella mueca—. No quiero ser tu amigo. Me parece perfecto. Aunque… no te prometo que cambie de conducta hacia los demás. Ya sabes cuestión de principios. ¿Algo más?— contraatacó Levi.

      ¿A qué te referías con aún?— quiso saber Victoria.

      Cosas que no te incuben, Black.— dijo el de ojos verdes mientras se giraba para darle la espalda a Victoria.

Simplemente, se fue. Victoria se quedó allí observando cómo su capa negra ondeaba a cada paso que daba. Sin saber por qué, sonrió. Sabía que aquel tipo jamás podría ser su amigo, pero se alegraba de haberlo dejado claro, nunca se sabe cuándo se pueden malinterpretar las cosas.

El día transcurrió tranquilamente, sin ningún incidente. Acudieron a todas las clases y, aunque estuviera Levi Lestrange, no se dirigieron la palabra en ningún momento. Por otra parte, Victoria había notado que en la relación de amistad entre Oliver y Phoebe había algo más: siempre discutían por tonterías y Percy y ella se reían al darse cuenta de que tal vez ahora no, pero que en un futuro no muy lejano podría darse la posibilidad de que se casaran, tuvieran hijos, envejecieran juntos y todo lo que se esperaba de una familia tradicional británica.

La tarde llegó y con ella las responsabilidades de cada uno. Snape les había obligado a leerse unas páginas de un libro de pociones para la mañana siguiente, por lo que los cuatro amigos habían decidido ir a la biblioteca para realizar la tarea. Al entrar, se dieron cuenta de que más de la mitad de Hogwarts estaba allí metido, por lo que pocos eran los sitios en los que se podían sentar.

Al fondo a la derecha, un pellirrojo de ojos azules levantó la mano para indicarles a los cuatro amigos que allí tenían sitio. Al verle, Percy les dijo que era su hermano e inició el camino hacia la mesa de Bill Weasley. Victoria maldijo para sí misma el tener que ir con aquel chico que la traía loca desde incluso antes de iniciar el curso, pero ¿qué debía hacer? Él también estaba en Hogwarts e iba a topárselo un par de veces más, hasta final de curso.

Por lo que les había dicho Percy, su hermano mayor estaba en el último curso. Para el siguiente año, Bill ya sería un mago formado que encontraría trabajo en cualquier sitio pues, su hermano siempre le alababa y destacaba que era un gran estudiante de grandes notas y gran esfuerzo. Todo muy grandioso, per ¿en qué fallaba aquel chico?

      Hay sitio de sobra aquí— dijo Percy mientras, sin más, se sentaba al lado de su hermano mayor.

Los tres, que todavía estaban de pie observando, decidieron no perder el tiempo y tomar asiento. Sacaron sus libros y empezaron a leer. Sin embargo, Victoria sentía aquella mirada azul clavada en su rostro. No se atrevió a levantar la mirada en ningún momento por miedo a coincidir con sus ojos, pero ¿y si lo hacía?

Sentía unas ganas terribles de mirarle y preguntarle, ¿qué quería? Aquel chico empezaba a ser tremendamente extraño en cuanto a ella. Su comportamiento era raro, y Victoria no lograba conseguir descifrar qué sucedía. Ella no. Pero Phoebe Prince, sí.

La rubia de ojos grises le pasó una pequeña nota en la que se podía leer claramente te está mirando demasiado, creo que le gustas. Inmediatamente, Victoria apretó el papel en su puño derecho y lo escondió en sus piernas. Miró de reojo a su absurda amiga y le dedicó una mirada un tanto acusante. Phoebe rio, simplemente.

Las horas habían transcurrido rápido. Victoria había terminado de leer lo esencial, cuando vio que Bill se levantaba para abandonar la mesa.

      Os tengo que dejar, chicos— dijo el pelirrojo—. Nos vemos en la cena— por último, les dedicó una sonrisa encantadora.

Al cabo de unos minutos, Victoria se levantó también. Phoebe la observó durante unos segundos, queriendo abandonar también aquella biblioteca y aquellos deberes que eran tremendamente inútiles, pero no podía. Todavía le quedaban un par de hojas.

      Creo que… iré a ver a la profesora McGonagall— dijo la de ojos azules—. Tengo que preguntarle unas cosas acerca de la clase de mañana.

      ¿El qué? Si es nuestra primera clase…— dijo Phoebe, algo indignada de que su amiga fuese tan sumamente repelente.

      Luego te lo diré— dijo sin más, abandonando la sala.

Caminó por los pasillos hasta llegar a la Torre de Defensa contra las Artes Oscuras. Subió al primer piso y siguió un poco más hasta toparse con la puerta indicada. Todavía eran las cuatro y media de la tarde, por lo que la profesora estaría allí o, tal vez estuviera impartiendo alguna clase a esa hora.

      Adelante— escuchó la voz de la profesora y pasó, con el corazón acelerado.

Era la primera vez que hablaba con un profesor asolas. Era su segundo día, por lo que todavía le quedaban muchas tutorías con el resto de profesores que le obligarían a pasar tiempo a solas con ellos. Sin embargo, Victoria estaba contenta de que la primera fuese Minerva; había escuchado muchas cosas buenas sobre ella, incluso a pesar de ser hija de un muggle.

Se detuvo unos instantes a pensar y, ¿por qué se le había ocurrido aquello? Estaba claro que las influencias de los Malfoy eran demasiado grandes en su vida o, tal vez, la de los propios Black: siervos del mal, sangre pura, defensores de la magia por encima de todo. ¿Era ella realmente como sus familiares? ¿Odiaba a todos aquellos nacidos de muggles?

Estaba claro que no.

      ¡Ah! Señorita Black. Pase, ¿qué le ocurre?— dijo Minerva mientras levantaba su varita para ordenar unos papeles que tenía sobre el escritorio—. Tome asiento. ¿Quiere té? ¿Un chocolate caliente?

      No…Muchas gracias, profesora. No quiero nada— dijo sin más—. Quería preguntarle un par de cosas que me interesan desde que soy pequeña. Más bien, desde que tengo uso de razón.

      Adelante.

      Usted es… animaga, ¿verdad?— preguntó la de ojos azules y recibiendo una afirmación por parte de la profesora—. Llevo años leyendo libros en los que muchos magos y brujas se convierten en animales a voluntad, después de hacer un pacto con un animal o algo parecido. ¿Cómo… cómo lo hizo?

      Verás querida. Se trata de un proceso bastante arduo que no os enseñaremos hasta el tercer año, por lo que tendrás que esperar…—dijo McGonagall, sin ánimo de continuar con aquella conversación.

      Pero, profesora— volvió a intentarlo Victoria—. Simplemente quiero saber…

      ¿Quiere ser animaga, Señorita Black?— la de ojos azules se quedó quieta por un momento.

No sabía realmente si deseaba convertirse en un animago o, simplemente, tenía curiosidad por conocer el procedimiento. Había leído muchas historias acerca de hombres que se convertían en dragones, brujas que podían ser gatos, como en el caso de Minerva McGonagall, pero desconocía si realmente quería ser una de ellos.

      Supongo que tendré que pensarlo, aunque sigo teniendo curiosidad. Es algo…fuera de lo normal, incluso de la propia magia…—McGonagall se sorprendió al escuchar aquellas reflexiones tan maduras.

      Para cuando llegues al tercer año, podré enseñarle todo lo que desee acerca de ese mundo que tanto le fascina, Señorita Black— contundente, la profesora finalizó aquella terrible y extraña conversación que no le había servido de nada para Victoria.

Salió del despacho, pensativa y dirigiéndose al Gran Comedor donde seguramente Phoebe, Oliver y Percy le esperaban para empezar la cena. Sin darse cuenta, el cielo empezaba a oscurecerse y los pasillos parecían aterradores.

Mientras caminaba, observaba las antorchas que iluminaba aquellos lugares. Escuchó voces, pero no se detuvo a reconocerlas, pues pensaba acerca de lo que McGonagall le había dicho y si realmente deseaba convertirse en una animaga. De repente, sintió una mano en su hombro que le llamó la atención. Al girarse, tan grande fue su sorpresa que se podía leer en su rostro.

      ¿Tan sola, Black?— escuchó aquella repelente voz que odiaba desde el primer día que la escuchó; se limitó a observar, sabía que malgastar palabras con aquellas personas no sería beneficioso para ella—. Nos preguntábamos si habrías hecho amigos, pero te hemos visto con los sangre-sucia.

Victoria sabía lo que significaba el concepto de sangre-sucia entre aquellos que se consideraban puros y mágicos. Conocía también que tanto Phoebe como Oliver eran mestizos, mientras que Percy pertenecía a una familia que gozaba de la compañía de los muggles y de los nacidos de muggles. Sin embargo, por primera vez en su vida, se sintió insultada al escuchar aquello.

Ella había nacido en la Familia Black. Una honrada y sagrada familia que, hasta donde ella sabía, era respetada por todo el mundo mágico, a pesar de las atrocidades que su padre había cometido. Su abuela era una señora de gran poderío, su tío Regulus gozaba de mucha fama y admiración. Victoria era sangre pura, descendiente de un gran linaje y pocas veces alguien se había metido con ella. Pero que insultaran a sus amigos de esa forma tan despectiva era horripilante. Jamás se había sentido así, con tanta empatía.

      ¿Tienes algún problema con ellos, Rosier? Te recuerdo que tu madre es mestiza y no por ello deberías avergonzarte— las dos compañeras que acompañaban a Megan se le quedaron mirando, de reojo, como si acabasen de descubrir un gran secreto.

      Mis padres son sangre-pura. Mi madre es Cinthya Selwyn, para tu información— quiso contraatacar Megan—. Esos repugnantes sangre-sucia acabarán por reinar todo el mundo mágico, qué despilfarro. Me pregunto si serás tan penosa como ellos.

      No tengo tiempo para tus tonterías, Megan. Nos vemos en la cena— intentó irse, pero las dos chicas que acompañaban a Megan se abalanzaron sobre Victoria para impedir su paso—. ¡Qué hacéis!— gritó incrédula la Black—. Soltadme— dijo con tono amenazador.

      Es el momento, Megan— dijo una de ellas mientras la agarraba con fuerza—. ¡Podemos hacerlo ahora!— Megan, con ojos dudosos miraba atentamente a Victoria—. ¡Házlo!— Victoria no entendía nada, pero observó como Megan sacaba su varita torpemente y se acercaba lentamente a ella; leyó en sus labios unas palabras que ella bien conocía, pues su abuela se había encargado de enseñarle todos los conjuros antes de morir, siendo o no esto ilegal para el Ministerio de Magia.

Sin embargo, antes de que Megan adelantara más, su varita salió volando. Las dos chicas miraron horrorizadas a la persona que venía por detrás de Megan y soltaron inmediatamente a Victoria, quien se tocó aturdida en antebrazo. Al levantar la mirada, vio como un apuesto Levi Lestrange se ponía al lado de Megan con un rostro bastante perturbador; sus ojos estaban llenos de rabia y odio, pero no hacia ella, sino hacia Megan y las dos chicas.

      ¿Qué se supone que ibais a hacer?— dijo él, con tono amenazante.

      Levi… íbamos a…— dijo Megan, asustada.

      Desaparece de mi vista, estúpida— respondió Levi mientras la Rosier y las dos chicas abandonaban la escena, dejando a Levi y a Victoria solos.

Victoria desconocía completamente qué estaba pasando. ¿Iban a qué? Ella no les conocía de nada, jamás había tenido relación alguna con ellas y ahora de repente, en Hogwarts, se habían convertido en sus enemigas. Levi se acercó a Victoria, esta vez más amable que de costumbre.

      ¿Te han hecho daño?— quiso saber.

      ¿Y a ti qué te importa?— dijo vengativa la Black.

      Te recomiendo que no tengas esas compañías tan extrañas.

      Son las mismas compañías que tienes tú— contraatacó Victoria.

      Yo no soy tú. Ellas… me respetan— el de ojos verdes tenía razón; las tres chicas se habían asustado al verle, pero Victoria no entendía por qué, él era un chico más, un poco espeluznante, pero alguien normal de once años—. ¿Estás bien entonces?— Victoria asintió, simplemente para que dejara de hablarle, pues le molestaba su compañía y toda la de los Slytherin, al fin y al cabo solamente querían hacer daño a la gente y mofarse de los demás—. Nos vemos en el Gran Comedor— Levi pasó por delante de ella para continuar su camino hacia el lugar que había citado.

Victoria se giró para ver cómo caminaba. Respiró hondo y habló.

      Era el encantamiento Conscidisti— Levi se detuvo en seco, pero sin darse la vuelta para mirarla—. Ese hechizo se utiliza para cortar y hacer sangrar a las personas. Sé que queréis algo— dijo por fin.

El Lestrange no dijo nada. Continuó caminando en silencio hasta desaparecer y dejar sola a Victoria en el pasillo. Ella se quedó observando cómo desaparecía y pensando para sí misma: "Escondéis algo y en especial tú, pero no sé lo que es".



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