Historia al azar: Noche, chocolate y el
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Victoria's Secret » Capítulo 4
Victoria's Secret (R13)
Por LoreenBlack
Escrita el Viernes 7 de Febrero de 2020, 08:51
Actualizada el Martes 25 de Febrero de 2020, 10:30
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Capítulo 4

  Buscó desesperadamente un vagón para poder sentarse. Había muchos niños y niñas, vagones totalmente ocupados en los que ella no podría entrar. Recorrió casi por completo el tren hasta llegar a uno de los vagones en los que se encontraba aquel chico que había visitado su casa junto a su abuelo.

Abrió las puertas y su mirada verde y fría se clavó en ella. No se atrevió a dar un paso más. Simplemente esperó en la puerta corrediza.

      Hola, Levi, ¿podría…—no pudo terminar la frase, cuando una de las integrantes del grupo que formaba aquel vagón respondió.

      ¡Piérdete! ¿No ves que estamos al completo? Qué patética eres…— dijo una niña de cabellos rizados y ojos de oro, una apariencia dulce, pero totalmente irrespetuosa y maleducada.

      Lo siento. Simplemente quería preguntar— continuó hablando Victoria mientras miraba a Levi; no deseaba entablar conversación con aquella niña insolente, pero al parecer, Levi tampoco quería saber nada de Victoria.

      ¿Quién te crees que eres?— dijo de nuevo la niña de rizos mientras se levantaba con las manos en la cintura, como indignada por el comportamiento de Victoria—. Yo soy Megan Rosier.

      Y yo Victoria Violette Black—la de ojos azules cerró de un portazo el vagón, dejando a aquella estúpida niña con las palabras en la boca y totalmente sorprendida por el valor de aquel apellido.

Sin embargo, antes de dar media vuelta y buscar otro lugar mejor, se dio cuenta de que aquel chico de ojos verdes que había permanecido callado durante aquella extraña y tonta conversación, ahora había dibujado una pequeña mueca; tan solo una milésima de segundo, pero la dibujó.

Mientras lo pensaba y llegaba al último vagón, se percató de que había un lugar donde quedaba un sitio libre. Llamó a la puerta y una niña de sonrisa sincera le indicó que pasara.

      Lo siento por molestar, pero no encuentro ningún otro lugar. ¿Podría sentarme?— dijo la de ojos azules, dándose cuenta de que uno de los niños que formaban el grupo era aquel chico que había visto en la tienda de varitas.

      ¡Claro que puedes!— dijo ahora el otro chico, de ojos marrones y cabello rubio oscuro—. Pasa.

      ¿Cómo te llamas?— preguntó la niña rubia de ojos grises que se sentaba enfrente de ella—. Ah, lo siento. Tengo que presentarme antes. Soy Phoebe Prince. Encantada de conocerte.

      Soy Victoria, un placer— sonrieron ambas.

      Soy Percy Weasley, nos conocimos en la tienda de Ollivanders. Te pido perdón por la actuación de mi madre, ella es…así— dijo el de cabellos rojos.

      Yo soy Oliver Wood. Futuro capitán del equipo de Quidditch de la Casa de Gryffindor— sonrió el futuro capitán.

      ¿Gryffindor? Pensaba que todavía no nos habían elegido para nuestra casa— comentó Victoria.

      Pero Oliver se piensa que va a entrar sí o sí— contestó Phoebe.

      Y voy a entrar. Lo sé. Quiero estar en esa casa, ¿vosotros no?— todos callaron, pero el silencio de Victoria fue mucho más incómodo.

Ella no sabía qué sucedería una vez llegados a Hogwarts. Tal vez ellos tenían muy claro a qué casa querían asistir, pero ella tenía miedo. Miedo por lo que podría pensar su familia al ser elegida para la Casa de Gryffindor; miedo al ser elegida para Slytherin y ser el hazme-reír de Megan Rosier y Levi Lestrange; miedo de estar en Hufflepuff y no conocer a nadie; miedo de pertenecer a Ravenclaw y no alcanzar la inteligencia que se les exige.

Los cuatro niños estuvieron poniéndose al día respecto a sus vidas. Phoebe era hija de un mestizo y una bruja, Oliver pertenecía a una familia de sangre pura muy diferente a los Black o a los Malfoy, mientras que Percy pertenecía a la familia de los Weasley, a los cuales ya había conocido previamente. Por lo que respecta a Victoria, tuvo que maquillar un poco su identidad, pues no quería que el primer día de colegio todos supieran quién era realmente y le odiaran eternamente.

      ¡Hemos llegado, hemos llegado!— dijo Phoebe cuando bajaron del tren—. No me lo puedo creer, ¡por Merlín!— Victoria sonreía al ver a aquella niña tan alegre, le transmitía sentimientos tan positivos que ni ella misma se lo creía.

      Creo que en primer año nos llevan en barcazas hasta el colegio…—dijo Percy no muy animado por la idea de navegar por el lago.

Los cuatros juntos subieron a una de las barcazas que les había proporcionado. Observaban con detenimiento aquel majestuoso castillo, iluminado, de un color amarillento, pero que alumbraba aquella noche tan oscura.

Victoria se sentía orgullosa. Muchos magos y brujas habían asistido a Hogwarts. Grandes hechiceros y hechiceras habían salido de allí. En cada una de sus paredes había historia, arte, misterio y armonía. Era tal y como su tía le había descrito, pero mucho más admirable de lo que jamás había soñado.

Llegaron por fin al Salón Principal. Allí, los más mayores estaban ya sentados, esperando la llegada de los novatos y novatas que iniciaban el curso ese mismo día. Se sentía tremendamente alegre, aunque aquel sentimiento cambió repentinamente al sentir la mirada azul de Bill Weasley a medida que adelantaban el paso.

      ¡Bienvenido seáis todos!— gritó aquel hombre de barba larga y espesa, desde aquella tarima alta, levantando los brazos y dibujando una enorme sonrisa.

Sabía quién era, ¿quién no conocía, al menos de palabra, al famoso Albus Dumbledore?  Director de Hogwarts, uno de los magos más poderosos de todos los tiempos y, a su misma vez, un hombre odiado por muchos miembros de su familia, sobre todo por su tío Lucius, quién no podía escuchar ni un halago sobre aquel anciano.

      Seréis seleccionados por el Sombrero Seleccionador— dijo Minerva McGonagall, un mito en la historia de la magia y un referente para Victoria, quien conocía todo aquello de ser animago, le fascinaba—. Esperad de pie, un segundo— todos esperaron durante un par de segundos hasta que la profesora sacó una lista de nombres— Empezaremos por Megan Alexandra Rosier— aquella niña de cabellos rizados subió los peldaños para sentarse debajo del sombrero seleccionador; era obvio lo que iba a decir, ella misma lo tenía asumido ya.

      ¡Slytherin!— los integrantes de aquella casa gritaban entusiasmados de tener, de nuevo, una sangre pura entre sus filas.

      ¡Oliver Wood!— gritó McGonagall para que el de cabellos rubios oscuros llegará hasta allí.

      ¡Gryffindor!— era gratificante observar como los ojos de Oliver se llenaban de alegría.

      Siguiente: Phoebe Prince— la de cabellos rubios se sentó en aquel taburete y esperó con los ojos cerrados a que el sombrero tomara una decisión.

      Sin duda, ¡Gryffindor!— Phoebe se animó tanto que, al bajar, abrazó a Victoria felizmente.

Muchos pasaron por ahí. Percy también fue escogido para Gryffindor, como todos sus hermanos habían hecho anteriormente. Y por fin, llegaba lo interesante.

      Levi Antoine Lestrange— gritó McGonagall mientras aquel niño de ojos terribles se sentaba sobre el taburete y esperaba, meditabundo, a que el sombrero hiciera su labor.

      Tienes una mente ingeniosa, ¿sabes? Veo mucho poder en ti, te gusta sentirte poderoso… ¡Slytherin!— sin  mostrar ningún tipo de afecto, Levi se levantó y se dirigió hacia la mesa de su nueva casa, donde todos lo recibían con aplausos.

      Siguiente: ¡Victoria Violette Black!— grito Minerva.

Se hizo un enorme silencio en todo el comedor. Todas las miradas ahora se centraban en Victoria, quién daba pasos lentos para subirse a aquel taburete. Sentía como Phoebe, Percy y Oliver la observaban incrédulos, un poco traicionados, ya que desconocían del todo su identidad, pero ahora ya sabían por qué.

Bill Weasley no se quedaba atrás. Su mirada se había tornado un poco más fría cuando la observaba. Ya no dibujaba ninguna sonrisa al verla, sino un rostro neutral, sin más. No obstante, a pesar de que todo el mundo ya debía conocer su pequeño secreto, había alguien en toda la sala que continuaba mirándola igual, aunque un poco más entusiasmado que de costumbre.

Levi Lestrange, ojos verdes tiritantes, la miraba con ilusión. Había coincidido unas tres veces con él en toda su vida y todas esas veces él se mostraba distante con ella, pero ahora todo parecía diferente. Él había clavado sus ojos en los suyos, como si le estuviera mostrando su apoyo, como si quisiera ayudarla en algo. El sombrero seleccionador empezó a hablar y Victoria tuvo que prestarle atención.

      ¡Oh! Vaya, ¿a quién tenemos por aquí? Mmmm, sí. Veo todo tu potencial, de hecho, sé que varita tienes. Una varita con poder, de las más fuertes. Como tú. Tienes un gran poder en tu interior y no solo hablamos de magia… Mmmm creo que… Bueno, no estoy seguro. De hecho, hay muchos Black que han pasado por aquí, ¿sabes dónde han ido a parar todos? A Slytherin, sí… Pero hay una persona, la excepción, que tú también sabes, que fue a otra casa. ¿Te avergüenzas de él, verdad? Es algo normal, créeme. Aunque, deberías estarle agradecida… tienes valor, valentía, eres fuerte, con carácter, muy inteligente, pero lo que de verdad de importa es la amistad, como le ocurría a él. Creo que sí. Lo tengo bastante claro. Harás historia como la segunda Black que asistió a… ¡Gryffindor!

Un peso menos, pensó Victoria. Bajó de las escaleras y ya no sintió aquella mirada llena de ilusión en los ojos de Levi. Ahora, observó que la casa de Gryffindor le aplaudía, recibiéndola con los brazos abiertos sin importar qué apellido llevaba, a qué familia pertenecía o de quién era hija. Sin embargo, al llegar a su sitio, Phoebe la abrazó, diciéndole al oído: podrías habérnoslo dicho. No pasaba nada. Te aceptamos igual.

Dumbledore anunció que ya podían iniciar la cena, una vez que todos los nuevos habían sido seleccionados para sus casas. Tanto Oliver, Percy como Phoebe estaban contentos de que Victoria estuviese con ellos y de saber quién era. No obstante, Victoria no dejaba de mirar de reojo a Bill. Se había mantenido un poco distante desde que había escuchado el apellido Black. Pero, ¿qué culpa tenía ella? Era inocente de cualquier crimen.

      Y, dime, Victoria— preguntó Percy—. ¿Cómo es pertenecer a las 28 familias de sangre pura más importantes?— Victoria dejó el cubierto al lado del plato, se limpió la boca y prosiguió a hablar.

      La gente te respeta, pero yo creo que es por el miedo. No sé cómo explicarlo, porque yo no he vivido ninguna de esas situaciones. Casi siempre prefiero mantenerme al margen de lo que haya podido suceder en mi familia, pero hay gente buena incluso en las más oscuras familias— respondió Victoria—. Mi abuela Walburga Black fue quien me crio. Ella era tremendamente dulce conmigo, un poco exigente a la hora de enseñarme a tocar el piano, pero comprensiva y atenta. A mi abuelo no lo recuerdo. Murió cuando yo a penas tenía un año, pero mi tío… Era genial. Tenía un talento innato para tocar el piano, pero él siempre decía que mi padre era..mucho mejor— se atrevió a decir, aunque no le gustaba sacar el tema de su padre.

      Tu padre es…— preguntó Phoebe—. No quiero ofenderte, es simplemente curiosidad…

      Sí, bueno… no lo puedo considerar padre ya que jamás le he visto o hablado con él. Solo en algunas fotografías. Nada más— confesó Victoria.

      Debe ser duro…No me imagino una vida sin mi padre— dijo Oliver.

Al escuchar aquello, Victoria se detuvo a pensar. Tal vez, Oliver tuviese razón y la figura paterna era un elemento fundamental en la vida de una persona, pero ¿qué había de ella? ¿Debía de tener una figura paterna a pesar de saber que Sirius Black era un asesino? Aunque fuese un asesino, tal vez habría sido un buen padre, pero no. No encajaban las ideas de asesinar y cuidar. Eran demasiado distantes entre ellas.

      Enhorabuena a todos— escuchó aquella voz a sus espaldas y no dudó en girarse—. Ya veréis que pertenecer a Gryffindor es un gran honor— explicó.

      Bill, ¿qué haces?— dijo su hermano, un poco avergonzado.

      Simplemente os estoy dando la bienvenida a Gryffindor como su Perfecto. Dentro de poco os enseñaré los dormitorios y las zonas que debéis evitar— Phoebe se quedó mirando a Victoria, quién miraba ilusionada a aquel chico—. Es un placer volver a verte, Victoria.

Al escuchar su nombre, el corazón de Victoria dio un vuelco enorme. Volvía a sonreírle de aquella manera extraña, pero dulce a la vez. Volvía a mirarla ilusionado, lleno de alegría. Aquello fascinaba enormemente a Victoria y le incitaba a pensar, ¿eso es lo que llaman amor? O, ¿simplemente es una tontería de niños?

Cuando Bill se fue, Phoebe se acercó a Victoria para preguntarle todo acerca de su relación con aquel chico y por qué le conocía.

      Simplemente coincidí con él en la tienda de varitas. Esta es la segunda vez que le veo en mi vida, ¿sabes?— respondió Victoria.

      He visto como te mira… Es la misma mirada que papá tiene cuando mira a mamá. Además, es muy guapo, ¿no crees? Mucho más que su hermano…— comentaba Phoebe.

      Deja de decir tonterías. Él tiene… diecisiete años. Nosotras once…

      Simplemente querría compartir esta impresión contigo— rio Phoebe—. Además, siempre he escuchado que el amor no entiende de edades…

Detestaba aquellos comportamientos, pero ¿y si tenía razón? Tal vez Bill Weasley se hubiese fijado en ella, a pesar de sus once años, pero si fuera así, ¿no sería un poco extraño?

Terminada la cena, el mismo Bill anunció que los integrantes de la Casa de Gryffindor tenían que iniciar su camino hacia los dormitorios. El pelirrojo les indicó punto por punto los lugares a los cuáles no podían ir, les enseñó que las escaleras cambiaban a voluntad, les señaló la contraseña para poder entrar a la Sala Común y a los dormitorios y muchas otras cosas más. Al finalizar el tour, cada uno se fue a donde la correspondía: Phoebe y Victoria irían juntas a los dormitorios, donde conocerían a más chicas.

Sala Común de Slytherin

Parecía el rey, allí sentado, mientras los demás a su alrededor le observaban como si de un dios se tratase. Sin embargo, él no era ningún dios. Era un hombre, un niño todavía, pero con un poder que todos los presentes envidiaban. A su lado, un chico de cabellos oscuros y ojos del mismo color llamado Peter Browse, un chico que guardaba las distancias con Levi, pero que a este último le gustaba, no era como los otros.

Los demás le temían, preferían no hablar con él, pero Peter se animó a saludarle, a compartir varias expectativas sobre magia con él y, aunque fuese poco, Levi agradecía tener a su lado a una persona no-estúpida y sin miedo. No obstante, no opinaba lo mismo que la otra persona que estaba cada minuto a su lado y que no le dejaba pensar bien en ningún instante.

      ¿No crees que es bastante idiota?— dijo Megan Rosier.

      Más bien, ingeniosa, diría yo— Megan se sorprendió al escuchar aquel comentario de Levi—. Utilizar palabras de más está mal visto, te hace ser grosera y simplemente la gente se queda con que eres una charlatana. Es más elegante hacerse respetar con dos o tres palabras, no con tonterías infantiles, que es lo que has hecho tú.

      Tal vez. Pero ya sabes ahora a qué casa pertenece. A pesar de ser una sangre pura, mírala. Con los Gryffindor…— apuntó Megan.

      No es de mi incumbencia— respondió el Lestrange.

      Parecías muy ilusionado al pensar en la idea de que podría asistir con nosotros a este gloriosa Casa— volvió a rematar Megan.

      Simplemente…era una opción. Una posible opción. Pero había otras— se levantó del sillón para dirigirse a los dormitorios.

      ¿Te vas?— preguntó Megan.

      ¿Te importa algo de lo que yo haga? No, ¿verdad? Pues, no preguntes tanto— dijo tajante Levi.

      Te recuerdo que deberías ser un poco más simpático conmigo. Estamos comprometidos, ¿recuerdas?— dijo con tono infantil la Rosier.

Lo recordaba, cada día de su vida. Odiaba la simple idea de tener que estar atado a alguien sin siquiera estarlo ya. Su abuelo había acordado con los padres de Megan Rosier, sangre puras, por cierto, que al llegar a la edad indicada ambos contraerían matrimonio para continuar con las tradiciones de tener la sangre limpia, tanto en la familia Lestrange como con los Rosier.



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