Historia al azar: La mirada de la locura
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Victoria's Secret » Capítulo 3
Victoria's Secret (R13)
Por LoreenBlack
Escrita el Viernes 7 de Febrero de 2020, 08:51
Actualizada el Martes 25 de Febrero de 2020, 10:30
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Capítulo 3

Todo parecía haber salido de un cuento de hadas o, más bien, de brujas y magos. Aquellas calles estaban a rebosar de gente, nuevos y antiguos alumnos que recorrían las tiendas en busca de todo el material, risas y llantos de algunos padres que les decían, de nuevo, adiós a sus hijos. Pero lo que se respiraba en aquel callejón era magia, pura y alegre magia, que se podía ver en los ojos de todos los demás.

Sin embargo, a medida que Victoria y su familia daban un paso, la gente cambiaba esa mirada alegre por una llena de miedo, temblorosa, nerviosa e incluso había gente que trataba de no mirarles. Aquello era algo de lo que no se sentía orgullosa, pero que tampoco lograba entender a la perfección.

      Victoria, tenemos que ir a Borgin y Burkes. Puedes esperarnos aquí, tardaremos unos minutos— dijo su tío Lucius mientras sonreía.

      Os espero aquí— respondió Victoria.

Que sus tíos se marcharán durante unos minutos era bueno para ella. La gente no la miraría de esa forma, podría caminar libre de prejuicios por aquel callejón y dejaría a un lado ese estamento social en el que la situaban al verla con sus familiares o, muy probablemente, a ella. Desconocía si la identificaban, si la gente conocía su nombre, pero prefería no saber aquello y vivir en la ignorancia.

Pasó por delante de la tienda de animales, ella ya tenía una lechuza llamada Canela, que su tía Narcissa se había apresurado a regalarle una semana antes. Era tal y como su nombre podría describirla, de un color canela suave, con alguna que otra pluma marrón oscura que destacaba y con unos ojos color miel. Era tremendamente inteligente, astuta, pero desgraciadamente no le dejaban tener a un animal dentro de su casa y mucho menos dentro de su propia habitación, por lo que sus tíos habían optado por dejarla en los jardines.

Pasó de largo y se aventuró a buscar una de las tiendas que más curiosidad le despertaba. Ollivanders era la tienda preferida por los magos y brujas para adquirir una de las herramientas, por decirlo de algún modo, esenciales para canalizar la magia que de ellos y ellas desprendía. Sin embargo, Victoria iba mucho más que el deseo de poder canalizar su varita; deseaba con todas sus fuerzas conocer cómo era, de qué estaba hecha y si estaba verdaderamente hecha para ella.

Entró sin más, observando aquel techo de madera y no se percató de la enorme cola que se formaba delante de ella. Chocó contra algo, más bien alguien, y sin querer le tiró al suelo una bolsa llena de objetos.

      Lo… lo siento— dijo Victoria mientras se agachaba a recoger aquellos objetos al son de la otra persona; cuando levantó la mirada y se percató de que delante de ella había dos enormes ojos azules, acompañados de una cabellera pelirroja y de unas cuantas pecas repartidas por el rostro.

      No te preocupes. Está todo en orden— dijo aquel chico que se levantó, estirando la mano para ayudarla—. Soy Bill.

      Yo… Victoria— dijo temblorosa.

Aquel chico era alto, esbelto, tenía una cara tremendamente perfecta, pálida y una sonrisa que no dejaba de iluminarle el rostro. Victoria se quedó parada durante un par de segundos, hasta que escuchó una voz femenina provenir de uno de los lados de la tienda.

      Soy Molly, la madre de Bill— dijo aquella señora de mirada encantadora mientras sonreía—. Tienes pinta de ser nueva este año…— Victoria simplemente asintió— ¡mira! Aquí está— de nuevo, un chico de su misma altura, de ojos oscuros y pelo rojizo, apareció ante ella—. Él es Percy. También será su primer año… Tal vez…¡Tal vez podréis ser compañeros!

      Sí, puede…— Victoria estaba nerviosa.

      Mamá…— dijo aquel chico alto, que debía tener unos 17 años—. No es bueno que presentes a Percy de esa manera. Él puede solo. Será mejor que le dejes hacerlo, sino nunca va a atreverse a relacionarse con la gente y tenga iniciativa…

Vio en la mirada de aquel chico una simpatía y bondad enormes, algo que no había logrado visualizar en ninguna otra persona. Era extraño, pues se sentía totalmente abrumada por aquellos ojos azules, por aquella sonrisa y por aquel fino pelo del color del fuego. Pero, sobre todo, por aquella manera de ser tan amable y cercana, algo inusual en muchos de sus parientes.

      Ha sido un placer conocerte, Victoria— dijo Molly Weasley.

Ella simplemente asintió, todavía observando a aquel chico alto que la había mirado con demasiada profundidad. Era algo totalmente nuevo en ella, un sentimiento que jamás había recorrido todo su cuerpo.

Esperó una hora más para que su tía Narcissa llegara. Odiaba que muchas veces la presencia de su tía no era bienvenida en muchos lugares, pero por lo menos, la familia de aquel chico se había marchado hacía una media hora aproximadamente, por lo que no podrían identificarla con los Malfoy.

Era extraño pensar que no se sentía para nada orgullosa de muchas de las acciones que había hecho su familia a lo largo de la historia. Conocía las atrocidades que su abuela pensaba, pero aún así, había sido una de las personas a las que más había amado; tal vez, todo se debía a lo que su abuela siempre decía: "eres sangre pura, eres como nosotros". De no haber sido así, seguramente su familia la hubiese repudiado y marginando, olvidándola como a una persona cualquiera.

      ¿Lista para saber cuál será tu varita?— le pregunto su tía mientras dibujaba una agradable sonrisa.

Le encantaba estar a solas con su tía. Victoria creía que cuando Lucius no estaba cerca, Narcissa se comportaba distintamente. Sabía que su tía tenía un gran y buen corazón, aunque simplemente lo compartiese con los de su sangre.

      ¡Sí!— respondió Victoria mientras se acercaba al aparador de Garric Ollivanders.

      Oh, vaya… qué tenemos aquí— dijo aquel viejo de poco pelo y ojos tremendamente azules—. ¿Cuál es tu nombre, pequeña?

      Victoria…—tragó saliva; había pasado mucho tiempo desde la última vez que pronunciaba su nombre completo—. Victoria Violette Black— aquel anciano abrió los ojos de par en par; muy pocos tenían el apellido Black en aquellos tiempos y, quiénes lo tenían en su nombre, muchas veces eran marginados por la sociedad mágica al tratarse de parientes cercanos al famoso asesino Sirius Black—. Puede llamarme Victoria, simplemente…— el anciano notó que aquella pequeña niña de once años no tenía ninguna intención maligna, ni mucho menos compartía parentesco psicológico con su progenitor.

      Victoria Violette. Me parece un buen nombre. Con carácter, desde luego. Pero un buen nombre— sonrió Garric mientras chocaba sus palmas—. Vamos a ver qué tengo para ti…

Varias varitas fueron las que pasaron por las manos de Victoria, pero inútilmente ninguna se había rendido a los poderes mágicos de la niña. Garric desconocía qué podría pasar, por lo que rebuscó en su mente una y otra vez antes de descubrir que había olvidado una de ellas. La más importante de todas.

      Prueba con esta, querida— le entregó el vendedor una varita preciosa, de un color gris oscuro, terminada en punta y muy ligera—. Estoy seguro de que es esta…

      Es…—dijo Victoria antes de sentir un movimiento extraño en su interior; algo llenaba su corazón, algo le hacía saber y comprender por qué estaba allí, algo le indicaba qué era y por qué tenía que ser así.

      ¿Tengo razón?— preguntó Garric Ollivanders mientras Narcissa, detrás de Victoria, observaba lo que estaba pasando.

      Creo que ha acertado una vez más, señor— dijo Narcissa mientras apoyaba sus manos en los hombros de su querida sobrina—. Todos tenemos una varita predestinada. ¿De qué es?— preguntó ahora la de cabellos rubios.

      Fibra de corazón de dragón. Las varitas más inteligentes que existen. Tienen un gran temperamento que estoy seguro que la señorita Black podrá modular. Establecen una relación tan fuerte y profunda con su dueño que es fantástico. Es toda tuya, pequeña— le dijo el vendedor.

      Muchas gracias— respondió la pequeña niña mientras observaba una y otra vez el perfil de la varita; le encantaba.

1 de septiembre de 1987

La plataforma 9 3/4 estaba a rebosar de gente. Unos gritaban desoladamente viendo que sus pequeños hijos subían al Expreso de Hogwarts, otros miraban con envidia las pertenencias de las otras personas, otros se limitaban a estar en silencio y llevar en dolor o la alegría por dentro, tal y como hacía su tío Lucius, pues no le gustaba mezclarse con la gente que allí estaba.

      ¿Lista?— dijo Narcissa mientras abrazaba a Victoria—. Será un año fabuloso, ya lo verás. En Slytherin harás muchos amigos, ya verás…—volvían las dudas a su cabeza, ¿debería estar en Slytherin?

      Victoria— dijo una voz pequeña y dulce desde las faldas de su tía—. ¿Por qué te vas?

Draco sabía de la existencia de una escuela de magia, pero habían pasado tanto tiempo juntos, que le resultaba imposible entender por qué su prima mayor debía abandonar su hogar.

      Volveré por Navidad, eso lo prometo.—dijo Victoria mientras se agachaba para abrazar a su pequeño primo—. Además, así podrás concentrarte mucho más en tus clases, ¿sabes? Tú también vendrás a Hogwarts algún día y podremos estar juntos— el pequeño Draco dibujó una agradable sonrisa.

Por lo que respectaba a su tío, él simplemente se limitó a sonreír y a afirmar con la cabeza. Aunque no lo admitiera, él estaba orgulloso de ella. Aunque mostrar los sentimientos en público no era su fuerte.

El tren empezó a sonar. El humo empezó a colarse por la estación. Tenía que irse.

      Creo que debo subirme ya…— dijo un poco desanimada, pues no sabía realmente si iba a estar preparada para estar sola en un lugar donde la gente solía criticar demasiado.

      Estarás bien. Ya lo verás. Podremos escribirnos…—le dio un beso su tía—. Sube. Ya.

Victoria asintió con la cabeza y caminó hacia atrás viendo a su familia alzar los brazos y despedirse cordialmente de ella. Al final, se giró. Subió al vagón e inició una nueva vida en la que la magia sería la protagonista. 



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