Historia al azar: LAS CHICAS GRANGER
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Victoria's Secret » Capítulo 2
Victoria's Secret (R13)
Por LoreenBlack
Escrita el Viernes 7 de Febrero de 2020, 08:51
Actualizada el Martes 25 de Febrero de 2020, 10:30
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Capítulo 2

Las vistas desde la Torre de Astronomía no podían gustarle más. Observaba con detenimiento como las nubes bailaban allí arriba, respiraba profundamente el frío aire que se adentraba por sus fosas nasales. Estaba relajado, demasiado relajado para empezar el curso de nuevo en menos de dos días.

Las cosas marchaban bien. Hacía años que la Guerra Mágica contra el Señor Tenebroso había terminado y, aunque quedaban despojos de algunos de sus pensamientos en la vida de muchos magos y brujas, la sociedad mágica había conseguido superar lo sucedido tras la desaparición de Lord Voldemort en 1981.

Sin embargo, Albus Dumbledore no podría continuar disfrutando de las vistas y de la paz y la tranquilidad, pues cierta profesora subía las escaleras escandalosamente, con papeles en la mano y con un rostro un tanto preocupado.

-          Director— mencionó Minerva McGonagall.

-          ¿Qué sucede, profesora?— giró la cabeza sin mirarla—. Parece usted un poco nerviosa, me temo.

-          ¡Y tanto! ¿Sabe usted el problema que se nos viene encima?— dijo ahora dibujando facciones duras—. Mire. Observe. — le entregó el papel que llevaba en la mano.

Aquella era la lista de todos los alumnos que asistirían al colegio en el próximo curso. La cuidadosa letra dibujaba diferentes nombres y apellidos de gran popularidad, pero entre ellos había uno que la profesora de Transformaciones había señalado con ímpetu.

      Victoria Violette Black— leyó Albus sin más—. ¿Qué sucede? Será una más en Hogwarts, como hemos hecho durante décadas, sin juzgar a nadie previamente, sin importar nada de su pasado.

      El problema, señor Director, es que ese hombre sigue en su presente. Temo que esa niña sufra los continuos abucheos de sus compañeros por ser hija de Sirius Black— confesó McGonagall algo preocupada—. Usted sabe tan bien como yo que eso es posible, es lo que puede pasar y, extrañamente, creo que sucederá. ¿No cree que deberíamos hablar con algún pariente suyo para advertirle de esto?

      No hace falta llegar hasta ese extremo, profesora. Más bien, nos limitaremos a observar. Todavía no sabemos si los alumnos y alumnas actuarán de esa manera con ella. Tenemos que observar. Esperar. No adelantar acontecimientos…— reflexionó Albus mientras se giraba para ponerse enfrente de Minerva—. No haremos excepciones ni favoritismos ¿De acuerdo?

La profesora de Transformaciones se limitó a asentir, guardar aquella larga lista y descender por las escaleras de la Torre. Mientras lo hacía, Albus observaba como su compañera abandonaba la Torre y volvía a dejarle con aquel silencio que tanto le gustaba aprovechar. Sin embargo, aunque hubiese querido, no podría haber evitado el tema de Victoria Black. Ni si quiera él mismo había conseguido apartar ese asunto de su mente, pero había buscado varias soluciones ante los posibles ataques de los alumnos y alumnas.

Pero debía esperar, debía darle una oportunidad.

Por él.

-          Por favor, tomad asiento— indicaba Lucius Malfoy a sus invitados mientras les ofrecía estar más cómodos en aquellos sillones de piel—. Es un placero recibirlos aquí, ha sido un camino largo. Os prepararán té.

-          No sé moleste, joven— dijo aquel anciano de cabello blanco y ojos arrugados y oscuros mientras tomaba asiento en el sillón de enfrente del señor de la casa de los Malfoy—. Siéntate— dijo el anciano a un niño de unos once años que estaba todavía de pie, a su lado—. Ya crecerás más tarde.

El niño obedeció sin decir nada. Sin embargo, Narcissa, que se encontraba al lado de su marido, observó con detenimiento los rasgos de aquel niño y notó en él algo siniestro, algo mucho más aterrador que lo que podía ver en el rostro del anciano. Su amabilidad era una máscara, una búsqueda de intereses, aunque ella desconocía la finalidad con la que aquellos dos hombres habían venido desde Edimburgo.

      Es muy acogedora vuestra mansión— dijo el niño para sorpresa de Narcissa—. Se parece un poco a la nuestra.

      Intentamos que esté lo más perfecta posible— dijo Narcissa con una sonrisa un poco falsa.

      La nuestra posee más de veinte habitaciones, además tenemos jardines mucho más grandes y cuidados. Estos están un poco…olvidados, diría yo— comentó aquel anciano, un comentario que no aportaba nada más que desprecio hacia la mansión.

      Oh vaya, ya estás aquí— se levantó Narcissa para recibir a su sobrina.

      Encantada de conocerles— dijo educadamente Victoria mientras su tía la cogía de los hombros y la situaba delante de ella, para que la vieran.

      Señor Lestrange, esta es mi sobrina Victoria Black— al decir aquel apellido tan popular y que ya a penas nadie llevaba en su nombre, el niño de ojos verdes levantó la mirada para observarla detenidamente.

      Encantado de conocerte, Victoria— se levantó el anciano para darle la mano—. Puedes llamarme Joseph. No hacen falta tantas cordialidades— le sonrió—. Este es mi nieto. Levi Antoine Lestrange. Tenéis la misma edad y estaréis juntos dentro de dos días en Hogwarts.

      ¿Verdad que es genial, Victoria?—dijo Narcissa a Victoria mientras esta dibujaba una falsa, aunque creíble, sonrisa en su rostro—. Ambos entraréis a Slytherin.

Aquello era algo de lo que no estaba completamente segura.

Victoria recordaba muchos de los días en la Mansión de los Black. Jugaba ella sola, buscaba cosas y las escondía para que su abuela no supiera que las tenía. Aquellas cosas eran especiales; eran cierto tipo de cosas que estaban ocultas, como si alguien en aquella casa no quisiera que ella las encontrara.

Sin embargo, lo hacía. Lo hizo. Mil y una veces. Y entre tantas cosas reunidas, una de sus favoritas era una bufanda de la Casa de Godric Gryffindor. Cuando la encontró, desconocía totalmente a quién pertenecía, pero con el paso de los años descubrió que era de su padre.

Sabía que su tío Regulus era un fanático de la Casa Slytherin, incluso su abuela en cierta ocasión fanfarroneó de haber asistido a esa casa y de que todos los miembros de la Casa de los Black eran Slytherin. No Hufflepuff, ni Ravenclaw, ni Gryffindor. Solo Slytherin.

Ahora bien, Walburga Black se había olvidado de alguien muy importante que era la excepción en la familia, aunque ella prefería obviar la existencia de Sirius Black. No obstante, Victoria sabía que cabía la posibilidad de que ella no asistiera a Slytherin. Lo deseaba, sí, pero no sabía hasta qué punto eso era bueno para ella, pues conocía a todos y cada uno de sus familiares, algunos no eran como ella esperaba, como su tía Bellatrix. Fanática de Lord Voldemort y encarcelada, también, en la prisión de Azkaban. No era un referente para ella, aunque su padre tampoco.

      Sería un honor llevar el escudo de esa casa, sin duda— dijo Victoria, mientras aquel chico de ojos verdes la miraba de arriba abajo, aprobando aquel comportamiento tan cortés que Victoria odiaba, pero que debía usar siempre que venían invitados de gran importancia a casa.

      Desde luego— mencionó Levi Lestrange.

      La comida estará servida en un par de minutos — mencionó Lucius—. ¿Entramos?

Los presentes se levantaron del sofá para dirigirse al gran salón. Sin embargo, tanto Levi como Victoria se quedaron parados, viendo como los adultos se adelantaban. Sin saber por qué, aquel chico de pelo oscuro se le acercó enormemente, causándole cierta intimidación a la de ojos azules.

      Sería una pena que no te escogieran para Slytherin— dijo aquel chico, esta vez, con un tono algo espeluznante.

      Y, ¿qué hay de ti?— dijo con tono amenazador Victoria—. Pareces muy seguro de que te escogerán para esa casa.

      Lo sé. No tengo de qué preocuparme. En cambio, tú…

      Son mis propias preocupaciones. Creo que sé demasiado bien cómo soy y a qué lugar pertenezco. De hecho, ambos lo sabemos. Los Lestrange y los Black siguen siendo familias de sangre pura y son estas mismas las que siempre son escogidas para Slytherin. Te recuerdo que mi apellido pertenece a una de esas familias— respondió Victoria, para sorpresa de Levi.

      Muy astuta, Señorita Black— dijo con tono cortés—. Me parece que serás una gran estudiante para Slytherin.

Victoria no respondió, le parecía una idiotez continuar con aquel diálogo. Ambos hablaban por cortesía, aunque Victoria sabía que no le vendría mal tener un amigo antes de empezar el curso. Aunque dudaba enormemente de que Levi Lestrange pudiese ser uno de ellos.

Parecía que aquella noche iba a haber tormenta. A Victoria le gustaba. Y mucho más observar cómo llovía desde su ventana. Leía uno de sus libros favoritos, Drácula, de Bram Stocker. Los libros de terror le encantaban y jamás le daban pizca de miedo. Sin embargo, algo la sobresaltó. Alguien llamó a la puerta.

      ¿Permiso?

      Permiso concedido— sonrió la de ojos azules mientras dejaba a un lado el libro—. ¿Qué sucede?

      Mi señora, me temo que usted va a tener problemas en Hogwarts si no logra hacerse amiga de ese tal Señor Lestrange— dijo Dobby mientras cerraba la puerta a su paso, agitaba un dedo y una de las maletas de piel se abría para empezar a empaquetar todo lo necesario.

      No te preocupes por eso, es una tontería— dijo Victoria mientras se sentaba ahora en el borde de la cama a observar como Dobby preparaba todo—. Además, habrá muchas más personas. No tengo por qué ser necesariamente amiga de ese chico. Parece un poco espeluznante, ¿verdad?

Dobby la miró y sonrió al instante. Ambos sabían a la posición a la que pertenecían, sin embargo, Victoria siempre había visto al elfo de compañía como un amigo más, un confidente, pero siempre a escondidas de sus tíos, pues estos odiaban enormemente esa raza de seres y casi siempre les hacían pasar malos ratos. Pero a ella le daba igual la raza, aquel ser llamado Dobby se había clavado en el fondo de su corazón, incluso más que algunas de las personas que había conocido a lo largo de su vida.

      Dice la Señora Narcissa que mañana iréis al Callejón Diagón a comprar todo lo esencial. Lo he escuchado después de la cena. ¿Está preparada para irse, de verdad?

      Por supuesto que lo estoy, ¿por qué no debería estarlo?

      Ya sabe… Usted es…Sí, hija de…

      Sirius Black. Sí. Lo sé. ¿Y qué más da quién sea mi padre? Yo soy algo totalmente aparte. No tengo nada que ver con él. Ni si quiera le he conocido, así que realmente no puedo decir que sea hija de, ya que él no me ha críado— aquellas reflexiones tan maduras para una niña de once años hacían estremecer a Dobby.

Dobby terminó de preparar todo. Cerró las maletas y las dejó al lado de la puerta. Sin embargo, aquella noche Victoria no pudo pegar ojo. Debía ser sincera con ella misma y sí, tenía miedo. Mucho miedo de no encajar, de que todo el mundo la etiquetara como la hija de. Pero tenía que afrontar todo aquello con positividad.

      Tía Narcissa dice que son los mejores siete años de la vida de un mago o bruja…— se dijo para sí misma mientras cerraba la luz de medianoche y se arropaba para intentar dormir. 



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