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Miss Hunter (Mi Jefe 2) » Capítulo 7: Padawan
Miss Hunter (Mi Jefe 2) (R15)
Por Sam Dewdney
Escrita el Sábado 25 de Enero de 2020, 22:47
Actualizada el Viernes 31 de Julio de 2020, 22:46
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Capítulo 7: Padawan

La primera vez que había entrado a la sede de Newport del Yatch Club de Nueva York para mi primera lección como miembro oficial, no podía creer que hubiese convencido tanto al Doctor Parker como a mi nuevo padre por adopción de que esto era una buena idea. Deberían darme el JD solo por esto, evidentemente era merecedora del título si podía convencer a dos respetables doctores y miembros de tan distinguida élite de que esto no era otro desvarío de una chica atravesando las etapas de duelo.

 

El hecho de que no poseyera un bote propio no había sido un impedimento, tampoco lo había sido que a los veintidós años de edad aún no hubiese nunca tomado clases formales, mucho menos que las clases que el club ofrecía estaban dirigidas a niños y adolescentes. Luego de las lecciones que había aprendido con él, podía desenvolverme fácilmente en un velero, conocía los nudos, las partes, la jerga y eso me permitió avanzar rápidamente, aunque después de cada clase o lección que tomaba tuviese que pasar un tiempo llorando en la parte de atrás del auto, con la división arriba, mientras Joseph conducía de vuelta a la ciudad.

 

Tomaba mis lecciones todos los sábados todo el día y los domingos en la tarde, ya que no quería que se cruzaran con el brunch al que juiciosamente acudía en la casa de los Cullen. En principio a Esme no le hacía ni pizca de gracia que me hubiese metido en esto. Le escuché discutir una mañana con Carlisle, argumentando que luego de que ya el océano le hubiese arrebatado un hijo no estaba dispuesta a perder a su hija adoptiva también. Me había roto el corazón con eso, tanto así que estuve a punto de dejar las lecciones y arrojar mi descabellada idea a la basura, pero luego había visto una foto suya, de niño, sonriendo junto a Emmett y Jasper y mi determinación se hizo fuerte de nuevo. Si él estuviese en mi lugar no se rendiría, y por eso yo tampoco iba a hacerlo.

 

Fue en el club que conocí a Alec, quien sabía de mí antes de que yo supiera su nombre.  
_Cameron Hunter. _ Me giré al sonido de mi nombre. Desde un velero, un chico de cabello oscuro y ojos azules me observaba con una sonrisa de suficiencia. Debía tener mi edad, estaba descalzo y llevaba pantalones remangados y una camiseta polo color azul, pero a pesar de su aspecto desaliñado supe de inmediato que era el dueño, o tal vez el hijo del dueño del bote sobre el cual estaba sentado.  
_Hola. ¿Nos conocemos?_ Su sonrisa se encsanchó mientras saltaba al muelle donde yo estaba de pie, sudando, recién salida de mi clase.
_Tu fama te precede. _ Me extendió una mano. _Alec Volturi. Te ví un día en la oficina de mi tío. _ Explicó.
_Ah, el sobrino de Marco._
_Su único sobrino, a tu disposición. _ Hizo una ligera reverencia sin perder la chispa de sus ojos azules, que nada tenía que ver con la que había hecho Hong-Li Huang y que me hizo sonreír de inmediato.

 

Alec se convirtió en mi nuevo mejor amigo y justo a quien necesitaba para el viaje en el que planeaba embarcarme, ya que también estaba entre sus metas a largo plazo completar la Knox-Jhonston. La alianza que establecimos entre cervezas y largos fines de semana, e inclusive noches de la semana de planeación era algo que ambos necesitábamos. Estar con Alec, hablar con Alec y reir con Alec era fácil, peligrosamente fácil. Su disposición y actitud despreocupada y activa hacia la vida y la aventura chocaban con mi usual humor y la seriedad de alguien cuyas responsabilidades excedían las cargas que alguna vez pensó que manejaría.


Alec me recordaba qué era lo que debía estar viviendo a mi edad, me hacía sentir bien, joven y como si pudiese volver a ser yo y no Miss Hunter. Además, su prepotencia y actitud de niño mimado al ser proveniente de una acaudalada familia era algo que anteriormente no había experimentado con nadie. Alec no temía llamarme durante el día laboral, interrumpir reuniones para hablar de todo tipo de temas y no solo de la ruta que a ambos nos obsesionaba. Sus llamadas era nun respiro de aire fresco.

Alec odiaba hablar de trabajo, y aunque por sus comentarios deducía que trabajaba para la petrolera de su padre, podía notar que le importaba poco y nada el tema y que definitivamente no quería saber nada de Masen & Co. En cambio hablábamos de películas, libros, series y videojuegos, países que había visitado, y veleros, sobre todo de veleros.
_Mi padre no me dejó dedicarme de lleno a la navegación. Habría podido pertenecer al equipo nacional pero por supuesto, eso no era para mí._ Rodó los ojos con desdén. _Como si no tuviese suficiente teniendo a mi perfecta hermana mayor como heredera. _ No lo decía con envidia cuando mencionaba a su hermana mayor, más bien con admiración que intentaba disimular. No era lo mismo con su gemela, a quien consideraba una niña pequeña que aún necesitaba protección. Yo procuraba cambiar el tema al hablar de familias, no quería a los Cullen en esto.

 

Mi rutina dio frutos y pronto mi experiencia y habilidad aumentaron hasta el punto de convertirme en un poco menos una carga y más una compañía para Alec cuando navegábamos. Le prohibí que me llamara por cualquier cargo o rango de tripulación, y le confirmé que jamás lo llamaría capitán. Siendo un fan acérrimo de Star Wars, y quien me había obligado a ver con él las películas que seguramente había visto miles de veces, dictaminó que me llamaría Padawan, una especie de aprendiz y que yo lo llamaría Maestro Jedi, lo que en realidad me llevó a llamarle Jedi.
_No voy a llamar Maestro a un tipo de mi edad que actúa como un crío. _ Le reclamé, lo cual le hizo mucha gracia.
_Perdón, señorita madurez. No todos tenemos nuestra propia firma._

 

En secreto, sabía que Alec era mi maestro y mi única esperanza de continuar con esta loca fantasía que me había planteado.

 

_ Luces diferente. _ Rosalie apuntó mientras ayudábamos a llevar platos y cubiertos a la mesa, una mañana de brunch en la casa de los Cullen. La miré, alzando las cejas, sintiendo sus ojos escanearme atentamente. _¿Es el bombón chino? ¿Has vuelto a salir con él? _

_No, Rose. _Solté, encogiéndome de hombros. _No se de que hablas. _
_Hay algo distinto. Carlisle y Esme han hablado de una terapia del Doctor Parker  dando resultados. _Estuve a punto de bufar ante ese comentario, pero en su lugar rodé los ojos. _ Ambos están felices de verte mejor que la semana pasada. Yo también lo estoy. _
_Gracias, Rose. _ Ella captó que no me sentía cómoda con la conversación y procedió a cambiar el tema.
_No saben nada de tus citas. Te dije que no había nada de que preocuparse. _Comentó entonces, y me guiñó un ojo, dirigiéndose al patio donde Esme había extendido la mesa, y Emmett y Carlisle conversaban sobre deportes.

 

Me recosté contra la isla de la cocina, la luz del sol de la mañana se colaba por las ventanas y era evidente que sería un día espléndido. Se acercaba el verano. Me remangué el suéter de Dartmouth, sin molestarme en fingir que hacía algo productivo adicional a sostener las servilletas que debía llevar al patio. ¿Tenía razón mi mejor amiga? ¿Me veía diferente? Debía admitir que me sentía diferente, eso tenía que reconocerlo pero no tenía claro a que se debía, no había caído en cuenta del cambio hasta que Rosalie lo había mencionado. ¿Era acaso el hecho de haber iniciado las preparaciones para lograr mi nuevo propósito? ¿Era el tener un objetivo, una meta clara a la cual dirigirme? ¿Era el mar, las clases y el viento contra mi cara? O tal vez era la fácil camaradería de Alec, el hecho de que cuando me miraba, él no veía a la chica que estaba cerca de desmoronarse a diferencia del resto de personas con quien interactuaba.

 

Venir a la casa de sus padres era siempre un desafío, tanto como deambular por su casa en la ciudad, donde cada rincón me recordaba a él, cada cosa contenía su esencia. En la casa de sus padres, no era diferente, pero en contraste con lo que yo había hecho, evitando su habitación y soportando las punzadas que cada imagen me provocaba, ellos había decidido mantener e inclusive acoger su recuerdo en cada espacio de su vida, fotos suyas por doquier, su recuerdo más vivo que nunca. Ellos no temían mencionar su nombre, aunque Esme llorara todos los días y un rictus de dolor se dibujara en el rostro de Carlisle en cada una de las ocasiones.
_Cariño, ¿tomarás café o prefieres jugo de naranja? _Inquirió Esme, mientras entraba a la cocina, sus ojos rojos y una sonrisa forzada. Respiré hondo y me pasé una mano por el rostro, notando mis mejillas húmedas. Genial.

_Café esta bien. Gracias. _ Respondí, forzando una sonrisa también en el mío. Tomé la mano que Esme me ofrecía y devolví su apretón.
_Un día a la vez. _ Ella asintió, secándose una lágrima.
_Un día a la vez. _

 

Desde el comentario de Rosalie comencé a notar el cambio en mi postura, en la forma en que recibía cada día, soportando el peregrinaje a través de su casa y su oficina, sus dominios y su mundo, con mi enfoque en el fin de semana, en cada clase que me acercaba a mi meta paso a paso. Era una locura, pero una locura que me mantenía cuerda, al menos por ahora. Sabía que no duraría por siempre, que este viaje tendría un fin pero esperaba que dicho fin no acabara conmigo.


Estaba segura que el cambio en mi actitud al que se refería Rose no tenía nada que ver con quien ella llamaba el bombón chino, pero sí con la llamada que me había hecho Alec ese día, anunciando sin más preámbulos que aceptaba mi fecha, que la tripulación ya estaba de camino a Boca Ratón, a bordo del Dawnbreaker. Casi había dejado tirado todo en la oficina para irme a celebrar con él, incluyendo la cena con
Hong-li que sería un desastre, pero era martes y Alec no estaba disponible para celebraciones esa noche ya que había prometido asistir a una cena benéfica en representación de su padre, en San Francisco.  

 

El día en que Alec había regresado, que fue el martes siguiente a aquel brunch en el que Rose había leído mi estado de ánimo, mi compañero de viaje personalmente me aseguró que finalmente aceptaba mi propuesta y que era un hecho que recorreríamos juntos el primer tramo de la ruta Knox-Jhonston. Nos habíamos emborrachado por mi cuenta en la sede del club náutico ubicada en la ciudad. No había escatimado en nada, tal era mi júbilo que por fin entendí que tal vez mi ánimo era la suma de todas las cosas.
_ El momento que has sugerido es perfecto para zarpar. Junio, última semana. El mejor momento solía ser entre marzo y abril, pero por cambio climático ha habido reportes de mal tiempo y tormentas. _Explicó entre copas, señalando un calendario y el mapa que había traído consigo, muy tradicional y clásico en su aproximación, aunque llevaríamos instrumentos electrónicos durante nuestra travesía. Me miró seriamente. _No será un viaje fácil. _
_Lo sé. _Musité, mi mente en él y su error al zarpar en abril, su afán por cumplir su sueño. La imagen del Esme haciéndose pedazos en medio de la tormenta.
_Y la ruta que propones, recorriendo ese camino nos tomará un tiempo. Es una buena idea para exploración, conocer el área, las corrientes y las islas pero no sería la ideal para la Knox-Jhonston ya que perderíamos mucho tiempo si nuestra meta fuese hacer la carrera completa. _ Me quedé callada ante su apunte, porque tenía razón y no había forma de explicarle que solo quería hacer esto para recorrer la ruta que había recorrido mi difunto ex novio antes de morir, que mi meta en este viaje era encontrar aquello que había perdido.  

_Cammie._ Levanté los ojos de mi vaso para mirarlo. _Prometí que lo haríamos juntos ¿no? Vamos a seguir tu ruta soñada, lo juro. Y vamos a estar bien, llevaremos todo tipo de seguridad para esta exploración. _ Era como si quisiera hacerme sentir segura, como si supiera que esto me emocionaba y aterraba a la vez. Lo que encontrara en el caribe podría devolverme la vida, o terminar de matarme.

_Gracias por hacer esto por mi, Alec. _ El sonrió mientras se llevaba el vaso a los labios.
_Es un placer para mí. Altamar con mi hermosa padawan, que más podría pedir. _ Me ruboricé ante el comentario pero no pude evitar sonreir.

Alec me llevó a casa esa noche, acompañándome hasta la puerta y asegurándose que tenía mis llaves conmigo, mirando con desconfianza a Joseph cuando el guardaespaldas había sugerido que podía hacerse cargo de la situación.
_Gracias Alec. Por todo._

_No se de qué hablas, tu invitaste las bebidas. _ Dijo el, ambos de pie en el recibidor de la townhouse. Alec me rozó la mejilla con su mano, sus ojos azules nublados por el alcohol, su rostro cerca del mío. _Cammie…_ Sabiendo a qué se refería, atiné a negar con la cabeza. Ni en ese estado podía hacer esto, no aquí en su casa, no rodeada de los recuerdos que me atormentaban a diario, de la penitencia que me había condenado a mí misma a soportar cuando decidí mudarme.
_ Lo siento. _ Murmuré, y en realidad lamentaba no ser normal, lamentaba que su fantasma siguiera aquí, que mi corazón aún le perteneciera, que estaba defraudando a alguien con quien tal vez podría ser yo otra vez.  
_Soy yo quien lo siente. Es muy pronto, lo sé. _ Me dio un rápido beso en la mejilla y luego brindó una sonrisa tonta. _ Olvida esto por ahora, Padawan. Enfoquémonos en lo importante, navegar a por nuestro destino. _ 



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