Historia al azar: El pequeño Teddy Lupin
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Miss Hunter (Mi Jefe 2) » Capítulo 5: Knox-Jhonston
Miss Hunter (Mi Jefe 2) (R15)
Por Sam Dewdney
Escrita el Sábado 25 de Enero de 2020, 22:47
Actualizada el Viernes 31 de Julio de 2020, 22:46
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Capítulo 5: Knox-Jhonston

No había vuelto a llorar en público desde el funeral, no podía permitírmelo si quería que alguien me tomara en serio como la nueva gerente de Masen & Co., sin embargo no había tenido en cuenta que las personas somatizan las emociones de distintas maneras, y que la respuesta de mi cuerpo ante su desaparición era el insomnio. En principio yo había atribuido dicha condición al estrés de la oficina que acaba de ocupar, luego había argumentado que era probablemente debido a los efectos de haberme mudado a su casa, aunque no me había atrevido a entrar en la habitación principal, su habitación, y había recurrido a dormir con el enorme pastor alemán a los pies de mi cama en uno de los cuartos de huéspedes.

 

No había sido mi idea acudir al Doctor Parker en primer lugar, tampoco había sido mi idea comentarle en una de las sesiones que era incapaz de dormir, sin embargo, todo esto era apenas normal y parte del duelo que estaba viviendo. La primera reacción del terapeuta y ahora mi siquiatra de cabecera no había sido llenarme las píldoras para dormir, sino terapias y estrategias de sueño que solo me dejaban mirando al techo toda la noche. Dado que no habían dado resultado, el Doctor Parker finalmente había decidido que requería de ayuda farmacéutica para solucionar mi problema.

 

Personalmente no tenía nada contra las pastillas. Funcionaban bastante bien. Una antes de irme a la cama me aseguraba dormir por lo menos seis horas. El problema no era ir a dormir, el problema estaba en las pesadillas que me abordaban en cuanto las píldoras hacían efecto. Según el Doctor Parker, no era común que estuviese teniendo pesadillas, después de todo los medicamentos debían proveer un sueño sin sueños, así que en cuanto me había enterado de esto decidí guardarme para mí misma la temática de mis sueños.

Todas las noches durante el mes siguiente al funeral fui testigo de como su velero naufragaba en medio de una inclemente y atronadora tormenta.

 

En ocasiones observaba el bote hundirse desde la distancia mientras el frío y el horror se calaba en mis huesos, en otras lo veía luchar contra la madre naturaleza, recogiendo las velas, tirando con fuerza de las cuerdas, intentando mantener el control de la embarcación. En todas ellas era incapaz de moverme, de ayudarlo, de salvarlo. Lo único que me quedaba era gritar su nombre mientras sentía que no solo la garganta se me desgarraba, sino que algo dentro de mí se hacía trizas.

 

No fue hasta que decidí suspender las píldoras e intentar de nuevo dormir sin ellas que mis sueños comenzaron a mutar y un día caí en cuenta de lo que mi cerebro realmente había estado tratando de decirme todo este tiempo. No necesitaba píldoras, no necesitaba superar esto, necesitaba encontrarlo. Mi primer sueño real, no pesadilla, fue protagonizado por él, tan solo una semana después de haber dejado los medicamentos.

No era un sueño per se, más bien un recuerdo, uno que me había empeñado en suprimir pero que marcaba toda la diferencia.

_ Eso es, Cam. Lo estás haciendo muy bien. _Elogió Edward, una sonrisa iluminando su rostro mientras su mano se posaba sobre la mía, acariciando mis nudillos. Abrazada contra su pecho mientas el velero atravesaba la bahía de Newport, con sus manos guiando gentilmente las mías y dándome la ilusión de control sobre el bote era mi nueva definición de felicidad.
_Solo lo dices para hacerme sentir bien. _ Bromeé y pude sentir su pecho vibrar con su risa.
_ No es así._ Murmuró contra mi cabello, dándome un beso en la mejilla. _¿Cuándo te he mentido? _ Nunca, y por su tono parecía sugerir que nunca lo haría. El Esme se deslizaba suavemente sobre las olas mientras el viento algo frío pero soportable por las chaquetas que llevábamos inflaba las enormes velas del majestuoso bote.

_Nunca imaginé que haría esto con alguien._ Confesó él, de la nada, lo que me obligó a voltearme para mirarlo. _Ojos al frente, primer oficial._  Ordenó en tono jocoso pero obedecí de inmediato.
_ Pensé que solías salir a navegar con tu familia. _
_ Sí, cuando era chico. _ Se encogió de hombros. _ Pero siempre he amado navegar solo._ Lo sentí pausar su confesión con algo de duda, como si decirme esto significara que lo vería con otros ojos. _Desde que era adolescente, una de mis ambiciones ha sido recorrer la ruta Knox-Jhonston._
_¿Knox-Jhonston?
_Es una ruta, su nombre viene del primer hombre que navegó alrededor del mundo en solitario. _Explicó con algo de avidez en su tono. _ Requiere de mucho trabajo y experiencia, también tiempo. Mi meta es lograrla en sesenta días._ Solté un silbido largo.
_¿Sesenta días? No creo que la firma pueda soportar tanto tiempo sin ti. _
_Querrás decir sin nosotros. _Corrigió, besándome el cuello. _Quiero hacer esto contigo._ Reí en voz alta. _ ¿Le divierten mis ambiciones, Miss Hunter?_
_No hay forma en que puedas coordinar tanto tiempo fuera de la oficina sin que todo el mundo entre en pánico y pierda la cabeza._ Sermoneé. _ Además, no creo que sea buena idea llevar a una novata contigo._ Eso lo hizo reír por lo bajo.
_Es por eso que nos fugaremos sin decirle a nadie._ Aseguró en voz conspiratoria. _Viajaremos un fin de semana a Florida, como si fuésemos a navegar solo por un par de días. Escaparemos y dejaremos todo atrás. Para cuando se den cuenta ya será demasiado tarde. Llamaremos desde el otro lado del mundo, triunfales y libres. _ Continuó besándome mientras yo asentía. _En cuanto a tu poca experiencia, estarás segura siempre que lleves contigo a un profesional. _


Me desperté de golpe, jadeando como si momentos atrás no hubiese estado respirando. Jake levantó la cabeza, mirándome con atención desde los pies de la cama. Encendí la luz de la mesita de noche mientras sentía que la cabeza me daba vueltas. Un rápido vistazo al reloj me confirmó que eran las tres de la madrugada pero la hora me importaba poco mientras el sueño continuaba fresco en mi cabeza. No, no era un sueño sino un recuerdo. Knox-Jhonston. ¿Era eso lo que él había intentado hacer un mes atrás?

 

Sin importar la hora, me levanté de la cama para buscar a tientas mi Macbook Air, prerrequisito que había tenido que adquirir cuando había iniciado mis estudios en Dartmouth. Ignorando mi bandeja de entrada de correo corporativo que anunciaba que tenía cuarenta nuevos mensajes por leer, abrí la ventana del navegador y tecleé el nombre de la ruta en Google. Concluyendo que probablemente no había nada de qué preocuparse, Jake volvió a recostar la cabeza entre sus patas pero sus ojos se mantuvieron abiertos, observándome mientras el mapa y los datos más importantes de la ruta Knox-Jhonston para navegantes experimentados cargaban en la pantalla.

 

Escaneé febrilmente la información, localizando el punto de partida en Boca Ratón, Florida mientras el corazón me latía a mil por hora. Viajaremos un fin de semana a Florida, como si fuésemos a navegar solo por un par de días. Escaparemos y dejaremos todo atrás. ¿Era eso lo que había hecho? Sabía que había zarpado de Boca Ratón y que dos días después no había regresado. Que la Guardia Costera a insistencia tanto de los Cullen como de las autoridades había emprendido la búsqueda, en especial por la tormenta que había sido reportada ese fin de semana. Pero ¿qué tal si su plan no había sido navegar un par de días sino iniciar la travesía con la que siempre había soñado? La pequeña burbuja de esperanza se reventó de inmediato en cuanto caí en cuenta que, aunque este hubiese sido su plan tenía claro que él ya se habría comunicado con sus padres, les habría dicho lo que había decidido hacer, que jamás habría permitido que su familia atravesara tal sufrimiento por un capricho suyo. Además, ¿cómo explicar los restos del velero que habían encontrado, lo único que había podido ser recuperado del Esme y que claramente indicaban que él había fallecido?

 

Amanecía lentamente mientras mis ojos seguían clavados en la pantalla, mi mente dándole vueltas a la situación hasta que de pronto había recordado la balsa salvavidas. Él se había jactado de haber incorporado este mecanismo de seguridad en su bote cuando habíamos empezado con mis lecciones a bordo, justo después de argumentar que siempre debíamos usar chalecos salvavidas en caso de emergencia. El tipo de velero que era el Esme no contaba con dicho mecanismo de fábrica, muchos ni siquiera se molestaban en implementarlo como requerían las normas de seguridad, pero él no era de esos, él era estricto con las normas, él no saldría a navegar sin una balsa. Un escalofrío me recorrió entera como un rayo. ¿Había sido tenido en cuenta esto? ¿Habían sabido las autoridades de la balsa salvavidas y de la ruta Knox-Jhonston?

 

Fue esa madrugada que la idea empezó a tomar forma en mi cabeza y que sin importar lo que hiciera o cuánto me ocupara, no lograba abandonarla. Mis horas libres que antaño pasara en el gimnasio, practicando yoga o pilates, e inclusive kick-boxing ahora habían sido dedicadas de fondo a leer todo lo que encontrara acerca de la investigación, de la ruta Knox-Jhonston y del tipo de velero que él maniobraba cuando había desaparecido.

 

Cuando había tenido una hipótesis algo más cierta y mis dudas sobre lo que había sido estudiado y analizado al momento de su desaparición, acudí a Marco Volturi, quien ahora fungía como mi abogado y quien administraba y me asesoraba en todo lo relacionado con mi nueva fortuna, su fortuna. No me había atrevido a mencionar el tema con los Cullen pues temía que cualquier atisbo de esperanza fuera aún más perjudicial que benéfico. Yo podía resistir el golpe de comprobar que mi teoría había estado equivocada, que todo lo que estaba concluyendo era solo una etapa más del duelo que estaba viviendo, consecuencia de la culpa que me impedía dormir en las noches, del afán de encontrar qué pasó realmente y poder conseguir al menos su cuerpo para dejarlo descansar, pero dudaba que ellos pudiesen resistir una nueva decepción. Para su familia el tema ya estaba zanjado, Carlisle y Esme ya había enterrado a su hijo e intentaban seguir con sus vidas, pero yo no había podido hacerlo aún.

 

Marco había escuchado mis disparatados argumentos con la paciencia y calma de un tío favorito y de mi abogado de cabecera, compartiendo conmigo un vaso de coñac, su trago de preferencia y acogiéndome en su despacho. Había asentido y hecho las preguntas correctas en los momentos adecuados mientras yo, con cuidado, intentaba explicarle todo sin que notara lo mucho que significaba para mí el tema. Realmente me había decepcionado cuando luego de todo mi esfuerzo, él me hubiese explicado como esta información nueva no cambiaba en lo absoluto la investigación y la conclusión a la que la misma había llegado, como la Guardia Costera había hallado los restos del velero y como no había posibilidad alguna de que él estuviese vivo luego de la exhaustiva búsqueda que se había llevado a cabo.

_Pero…_

_Se que ha sido difícil, Miss Hunter. Perder un ser querido siempre lo es, pero puedo asegurarle que la declaración de fallecimiento de Edward Cullen no fue tomada a la ligera. _ Me tomó la mano para suavizar sus palabras. _Conocí a Mr.Cullen por varios años, se que él habría querido que usted siguiera adelante. El no habría querido que su muerte le hubiese impedido disfrutar una maravillosa vida._

 

Había ocultado mi frustración y había fingido que entendía perfectamente que estaba equivocada, que era una locura pensar que la investigación y búsqueda habían fallado por falta de información, solo con el fin de que el buen abogado se abstuviera de comentarle algo a Carlisle o a Esme, quien siempre estaban preocupados por mi bienestar, y quienes eran amigos cercanos de Marco y su esposa.

 

Al salir de su oficina solo tenía en la mente que requeriría más información y por supuesto alguien que me creyera cuando les dijera que la búsqueda debía ser reanudada y que no podíamos parar hasta encontrar qué era lo que realmente había pasado con el propietario del Esme.

 

La siguiente persona a la que le había expresado mis dudas había sido Rosalie.

 

Era una de nuestras noches de chicas, las cuales me había visto obligada a soportar al menos una vez por semana a su insistencia y las cuales usualmente involucraban cocteles y lugares chic en donde Rose pretendía que nada había pasado. Nunca me negaba a salir, después de todo era parte de mi estrategia para demostrarle al mundo que me estaba recuperando, que iba a salir adelante, que todo estaba bien.

 

Esa noche habíamos bebido más que de costumbre, mi reciente decepción ante las conclusiones de Marco me había hecho perder la cuidadosa fachada que había mantenido desde que había decidido que nadie me vería llorar en público, así que cuando Rose había sugerido otra ronda de Gin Tonics yo había aceptado aun con la posibilidad de romper en llanto ocasionado por el alcohol estaba presente.

 

Fue satisfactorio descubrir que aún podía manejar mis tragos, o al menos eso me parecía. Rose había tomado de más, podía ver las señales pero las había ignorado, después de todo hacía años que no las veía y por ende mi práctica en reconocerlas estaba oxidada.

 

_ Desearía que Jake estuviese aquí, apuesto que él ya habría conseguido que superaras todo esto. _ Ella había confesado luego de un largo sorbo de su copa, lo cual me había dejado de piedra. Podría jurar que había estado haciendo un buen trabajo en mi estrategia de comportarme lo más normal y animada posible en nuestras noches de chicas y que había convencido a Rose de que todo estaba bien, sin embargo esta confesión aclaraba todo.

Jake se había mudado con su padre de vuelta a Forks, Washington cuando yo había empezado clases en Dartmouth, luego de que el doctor había dictaminado que para su enfermedad era mejor la vida en su pueblo natal con los cuidados de su tribu, y que nuestro mejor amigo, en su faceta de hijo predilecto se había mudado para cuidar a su padre. Si Rose lo había mencionado, podía estar segura de que se sentía más afectada de lo que aparentaba.
_Rose…_ Intenté consolarla.
_Se que he sido una pésima amiga._ Sollozó, negando con la cabeza. _Pero seré mejor, lo juro, estaré más allí, Emmett tendrá que entender… _

 

Me había costado lograr convencerla de que todo estaría bien, de que en realidad no le reprochaba nada, que era mi mejor amiga, y que entendía perfectamente que debía apoyar a su prometido. Pero luego, tal vez debido a los Gin Tonic circulando en mi sistema, me había atrevido a insinuar mis teorías. Rosalie me había escuchado, frunciendo el ceño y luego negando con la cabeza.
_ Cam…no…_Suspiró. _¿No crees que ellos ya tuvieron todo eso en cuenta cuando su bote desapareció? _
_Yo…_
_Y esa carrera de la que hablas. _Movió su mano intentando recordar el nombre, frustrada al no lograrlo.
_La ruta Knox-Jhonston. _Completé.
_Eso. Según el manifiesto y su registro en el muelle su plan era solo de un fin de semana. Dijiste que ese viaje toma muchos días. Si lo hubiese planeado lo sabría su familia, y su oficina y todo el mundo. _ Dijo ella, moviendo el líquido restante dentro de su copa de Gin Tonic. Apreté los dientes. _ ¿De veras crees que sabes más que los equipos de rescate y la guardia costera en estas cosas? Cam, él está muerto. Lo siento, cariño pero es la realidad. _ Le dio la vuelta a la mesa, se sentó a mi lado y me abrazó contra su pecho, casí derramando nuestros tragos en el proceso. _ Lo superaremos, ya verás, lo prometo._

 

Rose había sido mi segundo y último intento, así que cuando ella había echado por tierra mi teoría sobre el accidente y mientras vaciaba mi copa y mi mejor amiga pedía otra ronda, concluí que no podría compartir esto con nadie más, que nadie me creería y que si iba a hacer algo al respecto tendría que hacerlo yo sola. 



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