Historia al azar: La Promesa
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Miss Hunter (Mi Jefe 2) » Capítulo 2: Marco Volturi
Miss Hunter (Mi Jefe 2) (R15)
Por Sam Dewdney
Escrita el Sábado 25 de Enero de 2020, 22:47
Actualizada el Viernes 31 de Julio de 2020, 22:46
[ Más información ]

Capítulo 2: Marco Volturi


 

_¿Algo de ayuda con la mesa tres, Cam?_ Me despegué de la sentencia sobre indemnizacionespor daños y perjuicios que había estado resumiendo durante la última media hora y le sonreí con algo de vergüenza a George, el dueño y administrador del café en donde trabajaba. El me sonrió de vuelta como si encontrase mi falta de atención en horario laboral completamente justificada.
_Lo siento, George. Me pondré en ello de inmediato._Confirmé apresuradamente mientas escondía los papeles en uno de los anaqueles debajo de la barra.
_Gracias, Cammie_ Respondió, comprensivo.


Lo cierto es que George Litt estaba acostumbrado a lidiar con este tipo de deslices en horario laboral, después de todo llevaba empleando estudiantes de Dartmouth durante cuarenta años. Su café era una de las joyas de Hanover y mi empleo de medio tiempo aquí, además de ser parte de una tradición ancestral para estudiantes de esta universidad, era también la forma de pagarme aquellos gastos que la beca no cubría.

 

Lo cierto es que el salario y el horario eran mejores que los propuestos para los asistentes de profesores y mucho menos cotizados, aquí no tenía que codearme y luchar con los ansiosos y precoces estudiantes de primeros años de universidad y en cambio podía darme el lujo de estudiar mientras el lugar no estuviese muy lleno.

 

Tomar ordenes y preparar café me ayudaba a relajarme y no había sido difícil de aprender. Me encantaba el ambiente sobrio, los sillones de cuero y mesas antiguas, así como la música clásica que salía de las bocinas escondidas en las esquinas del local, que se había mantenido inmutable desde su fundación.  La mayoría de clientes en el establecimiento eran también estudiantes y profesores de la universidad, así que parte de mi jornada consistía en escuchar retazos de conversaciones interesantes, debates académicos de todo tipo de temas y sonreír mucho.

 

Estaba cerca de completar mi primer año aquí, estudiando arduamente para obtener mi JD y sentía que había sido la mejor decisión. Empezar de cero, dejar todo lo que había vivido atrás e intentar volver a ser yo misma había sido justo lo que necesitaba para sentirme mejor. Era la Cameron de antes, la de NYU, la de jeans y sudaderas, mochila de libros pesada y cabello desordenado. La que pasaba horas en la biblioteca, montaba en bicicleta para ir a clase, y usaba la Jeep Cherokee solo cuando era menester. Esta era mi vida ahora y no me disgustaba.

 

Lo último en mi cabeza era Nueva York, tenía demasiados trabajos, resúmenes, análisis, proyectos y lecturas que hacer como para pensar en eso.
_Bienvenido a Litt's, mi nombre es Cameron y seré su mesera el día de hoy._ Me presenté como era habitual, extendiéndole un menú al hombre alto, de cabello oscuro ya encanecido y apariencia respetable. Me recordaba al Decano Platt, solo que sin siquiera una incipiente barriga y con el semblante de un político ya experimentado. Seguramente debía ser un profesor invitado a alguna conferencia.
_ ¿Cameron Blair Hunter? _ Fruncí el entrecejo al escucharle enunciar mi nombre completo.

_ Si, soy yo. _ Mi respuesta era prácticamente una pregunta, pero intenté disimularlo.
_ Mi nombre es Marco Volturi y estoy aquí en representación de Edward Cullen. ¿Podemos hablar?_ Admito que sus palabras en principio me irritaron pero decidí dejarlo pasar. No era bueno rechazar de plano a alguien así.
_ Yo…verá, estoy en medio de mi turno. _ Contesté, incómoda, el hombre asintió.
_ No hay problema. Puedo esperar. _ Afirmó.

_¿Le gustaría tomar algo mientras espera?_

_Un americano, por favor. _ Asentí y me dirigí a la barra en donde Ronnie preparaba las órdenes, cuidadosamente elaborando diseños con la leche y la espuma.
_¿Todo bien, Cammie?_ Inquirió la chica, el piercing en su labio brilló mientras me sonreía.

_Si. _ Respondí, pero me equivocaba.

 

Era la hora pico en Litt's, así que no tuve tiempo si quiera de intercambiar más de dos palabras con el señor Volturi, quien como si deseara encajar en la multitud de estudiantes trabajando y colegas intercambiando teorías y opiniones, se dedicó a revisar algunos papeles mientras esperaba. No parecía molesto por el hecho, lo cual me confundía aún más. ¿Qué podría querer de mi?

 

Mientras Ronnie cerraba la caja y contaba el dinero y Luke se encargaba de recoger las tazas y platos de los últimos clientes, yo me llenaba de valor mientras limpiaba las últimas mesas y marchaba hacia donde el hombre continuaba sentado, impasible.

 

_Lamento la tardanza, señor Volturi, soy toda oídos. _ Dije mientras me sentaba con mi taza de café y mi mochila, las llaves del local sobre la mesa ya que era mi turno de cerrar.
_Muchas gracias por recibirme, Miss Hunter. _ Pausó para mirar a mis compañeros de trabajo, quienes se encontraban realmente ocupados y deseosos de terminar sus quehaceres, por lo que no nos prestaban la más mínima atención. _Soy el abogado del señor Edward Cullen._

_¿Abogado? _ Se me escapaba el por qué Edward podría necesitar un abogado, o por qué él estaría aquí.
_Si, señorita. Mi familia ha asesorado jurídicamente a la familia Masen por tres generaciones. _Explicó. _Lamento ser yo quien tenga que darle esta noticia, sin embargo es imperativo que usted conozca el motivo de mi visita. _Se me heló la sangre con eso, el pareció notarlo pero igual continuó. _El fin de semana pasado, el señor Cullen salió a navegar en su velero. Su plan de navegación era de dos días y se esperaba que regresara el domingo en horas de la tarde, lo cual no sucedió. La guardia costera realizó la búsqueda del velero extraviado, encontrando algunos escombros pertenecientes  a la embarcación de mi cliente. El día de hoy, luego de una semana de búsqueda se ha declarado oficialmente la muerte por desaparecimiento de Edward Cullen._ Entendía las palabras que estaba usando sin embargo mi mente no podía comprender lo que significaba. Había algo terriblemente equivocado en esta conversación, tenía que ser un error…no podía ser cierto.
_Eso es imposible…No… _ Mi voz era un susurro ya que escasamente podía hablar por el nudo que se había formado en mi garganta. _Edward no puede estar…_

_Lo lamento mucho, Miss Hunter. Mi más sentido pésame, se que los dos eran muy cercanos._ Las lágrimas se escurrían por mis mejillas sin mi permiso mientras negaba con la cabeza, aceptando el pañuelo que Marco Volturi ofrecía con una expresión apenada. Mis emociones estaban por doquier. Tenía que ser un error.

_Yo…¿están seguros?_

_Si, Miss Hunter. El funeral tendrá lugar el próximo domingo._ Me encontraba aturdida, en shock. Esto no podía estar pasando.
_¿Su familia ya…? _
_Si, la familia del señor Cullen ya ha sido informada. _Confirmó y en el horrible estado en que me encontraba pude sentir como se partía algo dentro de mi al pensar en Esme y Carlisle, en Alice, Jasper y Emmett… Esta noticia era devastadora. ¿Lo sabía Rose? ¿Me lo había ocultado por miedo a mi reacción? _Ha sido bastante inesperado y difícil. He venido hoy no solo por solicitud de la familia Cullen sino dado que soy el ejecutor del testamento del señor Edward Cullen._ Parpadeé mientras intentaba detener el torrente de lágrimas que seguía escurriéndose de mis ojos, incapaz de hablar y de pensar. _ La lectura oficial del testamento tendrá lugar luego del funeral, sin embargo como el abogado del señor Edward Cullen y custodio de sus bienes, y ante la solicitud expresa de la familia he venido a informarle que se requiere de su presencia dado que ha sido designada como beneficiaria en dicho testamento._

 

Los días siguientes a la visita del abogado fueron un tortuoso torbellino de imágenes empañadas por las lágrimas que iban y venían sin previo aviso, desgarrándome por dentro y dejándome vacía. Estaba convencida de que era una pesadilla; durante todo el trayecto a Nueva York mi cerebro no podía dejar de asegurarme que al llegar a mi destino encontraría que todo esto no era más que un malentendido y que Edward no estaba…no estaba… Casi podía imaginármelo sonriendo, alzando las cejas en mi dirección, con las manos en los bolsillos de su pantalón, de pie detrás de su escritorio y comentando algo como "Es un honor que aún se preocupe por mí, Miss Hunter. Me da esperanzas."  Pero eso no fue lo que sucedió.

 

Esme rompió en llanto en cuanto me vio llegar, sorteando la multitud vestida de negro, sola y perdida entre todos los dolientes que con sombrías expresiones habían acudido a presentar sus respetos a uno de los mejores abogados de Nueva York. Debía conocer a todos, o al menos a casi todos los presentes luego de mi tiempo como su asistente, sin embargo mi estado me impedía siquiera intentar identificar a conocidos entre la multitud de rostros afligidos. Algunos asintieron en mi dirección, pero no lograba recordar sus nombres o el por qué me conocían.


Los brazos de Esme me rodearon con fuerza y su rostro cubierto de lágrimas se recostó contra mi hombro. Mis brazos automáticamente respondieron al abrazo. El frágil cuerpo de su madre temblaba contra mi mientras yo me mordía el labio con tanta fuerza que logré que fluyera sangre.
_Oh, Cammie. _Sollozó contra mí, pero no pude responder nada porque yo también estaba llorando. Un brazo fuerte nos rodeó y entre mis lágrimas pude distinguir que se trataba de Carlisle.
_Esme yo..lo siento tanto…yo… _ Mi voz se partió mientras intentaba sacar las palabras de mi garganta. Carlisle me ofreció un pañuelo idéntico al que usaba su esposa para secarse las lágrimas, luego me dio un beso en la frente.
_ Vamos. Nos esperan adelante. _ Carlisle nos apremió, su fuerte brazo dirigiéndonos a las sillas inmediatamente siguientes al ataúd.

 

Su foto reposaba sobre el ataúd de madera pulida y lacada, una sola corona reposaba junto al mismo. La familia Cullen había solicitado que no se enviaran flores y que en su lugar se realizaran donaciones a Hogar Bentley para Huérfanos y a la Fundación Pediátrica de Lucha contra el Cáncer, de las cuales él era benefactor. El ataúd estaba vacío ya que no habían logrado recuperar su cuerpo.

 

El recibimiento de Jasper, Emmett y Alice terminó por destruir la poca fuerza que me quedaba. Me sentía a la deriva en este mar de abrazos, totalmente fuera de lugar mientras Rosalie me abrazaba con sus hermosos ojos azules inundados de lágrimas, sintiéndome peor a cada instante mientras mis ojos escaneaban su retrato y el sacerdote oficiando la ceremonia en palabras graves confirmaba que en efecto todo lo que sucedía era real, que él no estaba, que ya nunca iba a estar y no pude evitar recordar que mis últimas palabras habían sido dirigidas con furia, rogándole que se fuera.  

 

Recibir el pésame de la multitud de asistentes y dolientes solo se encargó de recordarme que este no era mi lugar, que en realidad era una intrusa en todo esto, que él y yo habíamos terminado y que nuestra última conversación había sido una despedida. Tres veces intenté escapar y las tres veces tanto Carlisle como Esme impidieron mi huída. Era imposible luchar contra sus expresiones desoladas, contra sus miradas desiertas y sus abrazos buscando algo, lo que fuera, que los reconfortara.

 

_No debería estar aquí…yo…él…_Dejé escapar de pronto, rompiendo en llanto al siguiente instante y solo consiguiendo que su padre me abrazara contra su pecho para calmarme.
_Shhh, Cammie…Llora todo lo que necesites, tu familia está aquí para apoyarte._

 

Estuve a punto de tener otra recaída cuando la silueta familiar de Isabella Swan apareció en mi campo de visión. El dolor era claro en su expresión y si yo me sentía una intrusa podía leer en sus ojos que el sentimiento era mutuo. Su abrazo fue extraño y reconfortante, algo que definitivamente no esperaba.
_Tú eres la única a la que realmente amó. Nunca me perdonaré haberlos separado. _Susurró en mi oído, dándome un último abrazo para luego perderse en la multitud.

_¿Quién era esa?_Preguntó Rosalie con voz ronca. Negué con la cabeza ya que era incapaz de articular palabra mientras la culpa me carcomía lentamente. Clavé la mirada en la tierra recién puesta bajo la cual reposaba el ataúd, con la sensación de vacío haciéndose cada vez mas fuerte. Como si me hubiesen arrancado algo, como si de pronto faltase algo en mi interior, algo que anteriormente no sabía que tenía, porque él ya no estaba, porque era un mundo sin él. 
_No encontraron su cuerpo, Rose._Murmuré con la mirada perdida.
_Cammie…_Mi mejor amiga advirtió, como si supiera lo que estaba pensando inclusive desde ese instante. _En este tipo de accidentes…_

_No, Rose. El no puede estar…El no…nosotros nunca nos reconciliamos…el no puede haberse ido sin…_Rose me abrazó por los hombros y no pude continuar.
_Carlisle ha dicho que es hora de irnos, Cam._ Insistió mientras yo negaba con la cabeza.
_Ellos no lo entienden, Rose. Él y yo ya no…_ Intenté, pero mi mejor amiga me interrumpió de inmediato en un tono que no admitía reproches.
_No digas tonterías y vamos, no hay que hacer esperar a la familia._ 



« Capítulo 1: Despedida Comenta este capítulo | Ir arriba Capitulo 3: A cargo »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.