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Miss Hunter (Mi Jefe 2) » Capítulo 14: Situaciones
Miss Hunter (Mi Jefe 2) (R15)
Por Sam Dewdney
Escrita el Sábado 25 de Enero de 2020, 22:47
Actualizada el Viernes 31 de Julio de 2020, 22:46
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Capítulo 14: Situaciones

Salvavidas. No estaba segura de sentirme totalmente a gusto con un título como ese, me recordaba cuando Alec me había pedido no sacrificar mi vida por esto.  No había salvado la vida de Edward. Si fuese una salvavidas real habría acudido a su rescate mucho antes, no tres meses después, cuando por fin había vencido el miedo y me había convencido de emprender la travesía. Además, lo habría hecho bien, como Dios manda, con un plan real, las autoridades competentes y no simplemente con un niño rico y un barco prestado, simulando que me encontraba de vacaciones. A escondidas, huyendo de su familia como si mis objetivos fueran algo de lo cual debía estar avergonzada. La verdad no había esperado salvarlo, como lo había dicho en mi carta, había hecho esto por mí, porque sin él, sin saber de él, mi vida no había tenido sentido.

 

Convencerme de que el título no me quedaba se hizo aún más difícil cuando Carlisle y Esme irrumpieron en la habitación horas más tarde. El rostro de Esme estaba bañado en lágrimas inclusive cuando se encontraba vestida de manera tan elegante como si estuviese a punto de ir a uno de sus almuerzos con las benefactoras de sus múltiples fundaciones, pero lo que no me esperaba era ver las lágrimas en el rostro de Carlisle, quien mientras su esposa abrazaba y sollozaba contra la cama de su hijo menor, me abrazó contra su pecho como si yo también fuese la sobreviviente de una catástrofe.


_Nunca podré agradecerte lo suficiente por lo que has hecho por esta familia, Cammie. _ Devolví el abrazo mientras intentaba lidiar con la marea de emociones que me invadía.
_Lamento haberlos hecho pasar un mal rato. _Susurré. Carlisle deshizo el abrazo mientras extraía un pañuelo de su bolsillo y se secaba los ojos con él. Sus ojos dorados me examinaron atentamente mientras sonreía.
_Nos has salvado a todos. _

 

Edward observaba el despliegue estupefacto, e inclusive, con los ojos enrojecidos, mientras su madre lloraba contra su pecho y su padre lo abrazaba. Había sido una buena idea comentarle a Carlisle que traer a toda la familia a ver a Edward en este estado no era recomendable. El hombre lucía agobiado, sin saber qué hacer ante la situación, no quería ni imaginar como habría sido con todos nosotros aquí. Para empezar tal vez nos habrían echado del hospital. Carlisle había estado de acuerdo conmigo y me había asegurado que él se encargaría de tratar el tema con los demás miembros de la familia.  Nunca había visto una escena tan conmovedora como la que los tres compartían, pronto noté que, de nuevo, las lágrimas se escurrían por mis mejillas, y mientras me las limpiaba con la manga de mi chaqueta, decidí que los Cullen necesitaban privacidad.

 

Al salir, mientras me esforzaba por aclarar mi visión de nuevo, me di de bruces con alguien delgado, vestido de azul. Sus manos me sujetaron de inmediato antes de que pudiese terminar en el suelo.
_Calma, Padawan. Tienes que ver por dónde vas. _ Soltó Alec con algo de burla en su tono. Me arrojé a sus brazos de inmediato, abrazándolo con fuerza, como si nos hubiésemos separado hacía semanas y no horas.
_¡Alec! ¡Estas aquí! _Su pecho vibró con una risa.

_Por supuesto que estoy aquí. Te dije que te alcanzaría luego, ¿no es así?_ No pude evitar sonreír mientras lo miraba, relajado y vestido a la perfección, lo cual me recordó que yo lucía desastrosa.

_¿Cómo lo has logrado? _ Cuestioné, arrugando las cejas cuando mis cálculos no encajaron. _Es imposible que hayas llegado tan rápido. _
_Recibí un aventón de la Fuerza Aérea. _ Soltó, casual, como si eso fuese cosa de todos los días, pero sus ojos azules pasaron de mi rostro a la habitación de Edward. _¿Cómo está nuestro Tom Hanks? _
_Mejor. Sus padres están con él. _ Expliqué mientras miraba atrás con aprehensión.
_Buen trabajo, Cammie. Salvando vidas desde tiempos inmemorables _ Elogió, lo cual me hizo sonrojar. No otra vez.
_Lo hicimos juntos. Más tú que yo. _ Musité. _Lo que me recuerda, ¿Has hablado con tu hermana? _Arqueé una ceja en su dirección en cuanto Alec esbozó una sonrisa traviesa.
_Tendrás que ser más especifica, como bien sabes tengo dos. _
_ Francesca Volturi acaba de contratar a Masen & Co como su firma de abogados. _Entrecerré los ojos para mirarlo de manera acusadora. _ ¿Qué le has dicho a tu hermana sobre mi para que piense que ahora camino sobre el agua? _
_Nada que no sea cierto. Caminar sobre el agua es para principiantes, lo tuyo es traer hombres de vuelta a la vida ¿no? _ Se encogió de hombros. _ Dirigir la firma de abogados más famosa de Nueva York debe ser pan comido en comparación. _Rodé los ojos y le di un empujón a modo de juego, lo cual le hizo soltar una carcajada que resonó por todo el pasillo.
_¡Alec! _Sermoneé, después de todo, estábamos en un hospital.
_Lo siento, se que querías mantenerlo en secreto, pero nada se le escapa a Francesca. Ella es la razón por la que estamos aquí, ella es la que tiene los contactos para hacer que las cosas pasen._ Movió la mano en dirección a la habitación de Edward y entonces entendí de inmediato cómo un helicóptero de rescate nos había recogido en medio del océano, cómo el equipo de emergencias nos había tratado como VIP y el porqué habían terminado aceptando que yo pasara la noche junto a Edward. Mientras yo intentaba contactar por radio a cualquier embarcación que pudiese ayudarnos, Alec estaba al teléfono, llamando a su hermana mayor. _No te preocupes, la prensa no sabe nada. Mi familia es muy delicada con estos temas._

_Gracias. Por todo._
_ No hay de qué. _Sus ojos se dirigieron rápidamente a la puerta de cristal de la habitación de Edward, con algo de inquietud, lo cual me hizo mirarlo con atención.
_¿Está todo bien? _
_Vengo a despedirme, Cammie. _Su explicación me dejó helada. ¿Era por Edward? ¿Era porque había elegido subirme a un helicóptero con él en lugar de quedarme en el Dawnbreaker? Debía arreglar esto, si había ofendido a Alec debía arreglarlo de inmediato.
_Alec, yo… _
_No tiene nada que ver contigo. Es mi familia. _Suspiró. _Mi padre es muy quisquilloso con el tema de la privacidad y la imagen de la corporación. No me quiere aquí, no me quiere envuelto en la tormenta mediática que va a desatarse cuando salga a la luz que Edward Cullen está vivo. Es una de las cosas que aprendes cuando naces con mi apellido y la verdad no es algo contra lo que pueda pelear. Francesca me ha informado que requieren que vaya a Monte Carlo, al parecer mi melliza se ha estado metiendo en líos allí y debo ir a encargarme de la situación. _ Sonaba como una buena excusa, nada era más importante que la familia, y realmente no concebía siquiera la idea de cuestionarlo a él o a su familia, después de todo Alec era la persona por la cual habíamos logrado todo esto.
_Lo lamento mucho, nunca pensé que esto te traería problemas con… _
_Es un pequeño precio a pagar, no estoy en problemas siempre que haga lo que se me ordena. No quería dejarte sola con todo esto, no sin explicarte antes. _ Su mano me rozó el rostro de forma delicada y yo tuve un flashback de la idea que se había formado en mi cabeza durante este viaje, el futuro que había, por un instante, contemplado. Mi respiración se aceleró. Si algo había descubierto en estos últimos días, era que Alec y yo podíamos funcionar.
_Gracias. No tienes por qué preocuparte. Yo también se cuidarme sola. _ Dije, antes de que mi cerebro continuara con estas imágenes. Él sonrió ante mi afirmación.
_Eso lo tengo claro. Se que si yo no hubiese aceptado, habrías encontrado otra forma de lograr todo esto porque eres una chica increíble. _ Me abrazó. _Ya te lo he dicho, Cullen tiene mucha suerte de tener a alguien dispuesto a cruzar océanos por él. _
_Yo …_

_ Pero que no se descuide. Tú y yo hacemos un gran equipo. _Me dedicó una de esas sonrisas. _Además, aún nos quedan varias etapas de la Knox-Jhonston. _ Me eché a reir ante su tono.
_Alec, sabes que en condiciones normales no puedo mantener el estilo de vida de alguien que dedica más de dos meses al año a navegar por el mundo. _
_Por favor, Padawan. Le salvaste la vida. Lo mínimo que le corresponde hacer es asegurarse de mantenerte como una reina el resto de la tuya. _ Soltó, para luego robarme un beso y dirigirse a la salida.

 

Podía perdonarle a Alec lo del beso, después de todo lo que había hecho por mí podía perdonarle lo que fuera. Me toqué los labios, que estaban algo secos por la sal y el esfuerzo mientras lo observaba irse. No me estaba dejando, me recordé, no era un adiós, lo iba a volver a ver, de eso estaba segura, pero lo confuso del asunto era la melancolía que verlo partir producía. Era estúpido de mi parte, Alec y yo no éramos más que amigos, no importa cuantos besos robados existieran entre nosotros, y sin embargo no podía discutir con el desánimo que me invadía.

 

Como parte de su misión como mi compañero, Alec había reservado a mi nombre una suite en el Four Seasons, en donde se encontraba todo mi equipaje, lo cual solo aumentó la sensación de melancolía ante su partida. Con el Doctor Cullen al mando, completamente en su elemento como médico, toda responsabilidad sobre el estado de Edward finalmente no se encontraba en mis hombros, lo cual no había previsto que sucedería cuando los llamé.

 

Esme no se despegó de su lado desde su llegada, lo cual significó que mi posición como vigía junto a su cama fue relevada por su madre. No podía quejarme al respecto, después de todo Esme era su madre y siempre tendría prioridad sobre cualquier otro de los mortales. Edward lucía atónito ante tal despliegue de lágrimas y atención, lo cual no entendía muy bien. ¿Acaso no sabía lo mucho que él significaba para todos nosotros? ¿Lo mucho que habíamos sufrido su ausencia?

 

_Tienes que descansar. Te ves agotada. _ Carlisle me abrazó por los hombros y me dio un beso en la frente. Tanto amor también me abrumaba, en especial después de que había estado en su lista negra.

_Estoy bien. _Susurré, mirando por el rabillo del ojo hacia donde Edward se encontraba, distraído por la presencia de su madre.
_¿Por qué no vas a cambiarte, te das una ducha, descansas un poco? No tienes nada de qué preocuparte, yo me haré cargo de todo. _ Aseguró de forma paternal. Después de haber estado al frente de esta misión, era difícil ceder, aceptar que alguien más estuviese al mando, que alguien más fuese el adulto responsable.
_Ve, Cammie. Estaremos aquí cuando regreses. _Miró hacia atrás, a donde Edward se encontraba, entendiendo mi reticencia. _ Lo mantendremos entretenido durante tu ausencia. _
_Okay. _ Cedí finalmente. Carlisle sonrió ampliamente, el brillo en sus ojos que no veía en meses lo hacía lucir joven a pesar de las canas al inicio de su cabello dorado. Era como si hubiese vuelto a la vida después de meses en la oscuridad. Me estremecí con algo de desasosiego al pensar que era muy probable que yo también luciera así.

 

La habitación de hotel parecía pertenecer a otra vida. Lujosa y opulenta, era exactamente la misma habitación en que me hospedé cuando Alec y yo estuvimos aquí, previo a iniciar nuestro viaje, sin embargo esta vez los detalles de la misma saltaban a la vista. Era realmente hermosa, un lugar para descansar y disfrutar en el balcón con vistas a la marina. Los colores parecían más brillantes, los olores eran más fuertes, todo parecía distinto ahora que estaba de vuelta. Mi equipaje reposaba en una esquina del cuarto, perfectamente empacado tal y como había procurado mantenerlo en el pequeño camarote que me había correspondido en el Dawnbreaker.

 

Enfocándome solamente en lo que había venido a hacer, me desvestí mientras llenaba la bañera con agua caliente y los jabones y aceites de baño que el hotel había suministrado. Pronto el cuarto de baño estuvo lleno de vapor con olor a jazmín y lavanda. Me escurrí dentro de la bañera, dejando escapar un suspiro. Hacía siglos no tomaba un baño, después de todo la ducha diaria a bordo del Dawnbreaker difícilmente se podía clasificar como tal.

 

Hacía siglos tampoco hacía el amor mientras tomaba un baño. El pensamiento acudió a mi mente de la nada, al igual que la horrible sensación de desasosiego que enseguida se anidó en mi pecho. No. No pienses en eso. No pienses en él, pidió mi mente, más que todo por costumbre. Cerré los ojos y me recosté contra el borde de la bañera sin poder evitar los recuerdos de Edward Cullen besándome apasionadamente mientras sus manos me recorrían toda, su cuerpo sobre el mío en el agua….Al abrir los ojos noté que no podía contener las lágrimas. Sumergí la cabeza en el agua y con determinación inicié el proceso de lavar y desenredar mi cabello.

 

No fue fácil encontrar ropa limpia en mi equipaje, por lo que decidí enviar a la lavandería la mayoría de mis prendas. Colgué la bolsa fuera de la habitación, esperando que el servicio fuera digno de la reputación del hotel. Un vistazo en el espejo me hizo suspirar de alivio al notar que de nuevo lucía presentable, a pesar de que aún tuviese bolsas bajo los ojos. Me dejé caer sobre la cama con la idea de descansar un poco antes de regresar al hospital, no sin antes poner a cargar el teléfono móvil. Parpadeé observando el techo sobre mi cabeza mientras sentía como el cansancio se iba materializando en mis huesos.

 

Desperté confundida y sobresaltada alrededor de las tres de la tarde. En un momento de indulgencia y dadas las pocas ganas que tenía de enfrentarme a atentos meseros y el distinguido público del Four Seasons, ordené el almuerzo a la habitación.

 

Al llegar al hospital, un escalofrío me recorrió la espalda al ver un par de reporteros junto a camarógrafos, haciendo tomas en la entrada. Mantuve la mirada en el suelo al entrar, sintiéndome afortunada de que mi rostro no fuera conocido, no nacionalmente. Las palabras de Alec regresaron a mi mente: la tormenta mediática que va a desatarse cuando salga a la luz que Edward Cullen está vivo.

 

La conversación que escuché al pasar junto a ellos me confirmó lo que ya sospechaba, estaban aquí porque habían recibido información del rescate de un naufrago en medio del caribe, pero aún no sabían quién era, ni cómo se había perdido. Aquí había una primicia y odiaba la idea de que esto tampoco se me había ocurrido.

 

Esme me recibió con los brazos abiertos y tanto amor que me dejó mareada de solo estar en su presencia.
_Nuestra heroína. _Me sonrojé hasta la raíz de mi cabello mientras intentaba mirar a todas partes excepto a los ojos de Carlisle y el rostro de Esme. Fue inevitable mirar a Edward, quien se encontraba sentado en la cama, su espalda apoyada contra mullidas almohadas, sus ojos en los míos y su semblante serio, en esa expresión cautelosa e indescifrable que no había cambiado desde que nos habíamos encontrado de nuevo.

 

Luego de librarme del abrazo y los agradecimientos de Esme, a quien Carlisle convenció de que debía ir a tomar un café y a comer algo, me acerqué a la cama de Edward lentamente y sin saber que decir.
_No te vayas. _Susurró en cuanto estuve cerca y sus padres habían abandonado la habitación.
_Lamento haber tardado. _Musité, acomodando una de sus almohadas, buscando encontrar algo con qué entretenerme. _No voy a ir a ninguna parte. _ Agregué luego, para tranquilizarlo.

_ ¿Dónde está? _
_¿Qué? _Inquirí, frunciendo el entrecejo.
_ Él. _Su voz se escuchó sombría. No sabía si intentaba ser críptico o si de veras esperaba que yo entendiera a qué se refería, pero el entrenamiento como su asistente que seguía siendo parte de mí, entró en acción de improviso y mi cerebro ágilmente descifró a qué se refería.
_ ¿Alec? Tuvo que viajar. _ Expliqué, mientras observaba como sus tensos hombros se relajaban bajo la bata de hospital que llevaba puesta. Esta era la conversación más larga que habíamos tenido desde que lo había encontrado en la isla, aún cuando sus preguntas y respuestas seguían limitándose a dos o tres palabras. Las palabras del Doctor Callaway resonaron en mi cabeza. Entre más pronto lograra traer al Doctor Parkes hasta aquí, mejor.
_ Te irás con él. _ Murmuró. _Es por eso que has llamado a mis padres. _ No me miró cuando lo dijo, lo que me hizo pensar que tal vez no había estado muy de acuerdo con que hubiese traído a sus padres hasta aquí.
_No. Ya te lo dije, no voy a ir a ningua parte. _Sus ojos se dirigieron a los míos y entonces por primera vez, las comisuras de sus labios se elevaron en un intento de sonrisa.

 

La cirujana ortopédica confirmó que Edward requeriría una intervención para corregir las fracturas en su pierna y que la misma podría involucrar el uso de elementos de acero o de titanio para acomodar los huesos en su lugar y ayudar a que sanaran. La cirugía tendría lugar en tres días dada la urgencia de sus lesiones, momento para el cual esperaban que Edward estuviese listo, sus defensas más altas y con un mejor estado de salud. Si todo salía bien tenía una alta probabilidad de recuperar el cien por ciento de movilidad en su pierna derecha. Aunque había estado presente durante toda la cita con la Doctora Wallace, había sido incapaz de pronunciar palabra alguna, y me había limitado a quedarme junto a Edward.

 

Agradecía que Carlisle estuviese presente para encargarse de las preguntas difíciles sobre esto mientras todos los demás guardábamos silencio y yo me concentraba en sostener la mano de Edward, quien impasible, escuchaba a su padre intercambiar comentarios en términos profesionales sobre terapias, medicamentos y demás, como si estuviesen hablando de alguien más, otro fulano que tal vez no volvería a caminar correctamente.  

 

Ver a los reporteros me había dejado algo descolocada al igual que lo hizo el noticiero local de la tarde, en el cual hacían mención del heroico rescate de un náufrago americano en aguas internacionales cuyo estado era reservado y cuyo nombre aún no se conocía. Sin dudarlo y ante la inminente amenaza de la fuga de información, mi siguiente paso fue llamar a la artillería pesada.

_Buenas tardes, Miss Hunter. _ La voz de Joseph al teléfono sonó madura y en calma, como si hubiese estado esperando mi llamada todos estos días.
_Joseph, hola._ Tartamudeé en cuanto contestó. _Yo…lamento interrumpir tus vacaciones. _
_Estoy a su servicio, Miss Hunter._ Respondió de inmediato, con esa actitud pausada de alguien a quien no se desestabiliza fácilmente.
_Necesito que tomes un vuelo a Boca lo más pronto posible. Estamos en el hospital regional. _
_ De inmediato, Miss Hunter. ¿Está todo bien? _
_Si, todo está bien, pero hay una situación y yo… _
_Voy rumbo al aeropuerto. Estaré allí a más tardar mañana. _ Ahora, ésa era mi definición de salvavidas.

 

Estar de vuelta en tierra firme, en suelo americano, donde la señal de mi teléfono móvil volvía a funcionar perfectamente, pareció traer de vuelta todas las preocupaciones, tareas y responsabilidades que había dejado atrás. Puede que aún no hubiese regresado a Nueva York, que mis atuendos continuaran siendo de verano, y que la brisa marina me recordara que estaba muy cerca de la playa, pero evidentemente mis vacaciones habían terminado.

 

La noticia de Volturi Corporation como el nuevo cliente de la firma me había dado renombre frente a los demás socios de Masen & Co, y luego de atender las llamadas de todos ellos felicitándome por la hazaña de haber robado el cliente más prestante a nuestra competencia directa, noté de inmediato que había conseguido aquello por lo que había luchado por meses: cimentar mi posición como socia gerente. Era irónico, dar ordenes por teléfono, ser objeto de admiración, y continuar tomando decisiones cuando él, quien realmente estaba llamado a ocupar la silla que sin lugar a dudas era suya, estaba de vuelta.

 

Ninguno de mis interlocutores notó la duda en mi tono mientras respondía sus inquietudes o indicaba lo que debía hacerse con respecto a un caso en particular, y él tampoco. Procuraba no hablar de trabajo mientras estaba con Edward ya que, aunque no lo quisiera admitir, su presencia inclusive ahora, me intimidaba. Era un miedo tonto e injustificado ya que él no lucía interesado en lo más mínimo en los temas que trataba al teléfono, por el contrario, su expresión era ausente y su mirada vacía, como si no fuera el mismo hombre que antaño había tomado las riendas de la firma de su padre cuando tan solo era un muchacho.

 

En realidad su actitud en general era bastante pasiva y distinta a la del Edward Cullen que conocía. Sus largos silencios, su expresión de zozobra, su mirada desprovista de arrogancia, y el hecho de que no parecía importarle mucho lo que sucedía a su alrededor me decían que su cuerpo no era el único que había sufrido y que el Doctor Callaway tenía razón, entre más pronto Edward se encontrase con su terapeuta de cabecera, mucho mejor. El gran problema era que los siquiatras también tomaban vacaciones, y que James Parker había decidido marcharse con su esposa y su hijo a las Islas Fiji, lo que nos dejaba cortos en nuestra lista de profesionales dispuestos a apoyar a Edward.

 

Afortunadamente no había sido el caso de Joseph, a quien tomé por sorpresa con mi abrazo a la mañana siguiente, frente al punto de información a la entrada del hospital. Una gran falta de profesionalismo, pero no pude contenerme, no cuando afuera, al otro lado de las puertas de cristal del hospital, se juntaban reporteros y camarógrafos, a la espera de la primicia sobre el misterioso náufrago al que rodeaba un silencio sospechoso y poca información.

 

El exCIA me observó con desconcierto, pero dejó que lo guiara al interior del hospital sin hacer ninguna pregunta adicional. Nadie me miraba de reojo por guiar a un hombre que fácilmente me doblaba en tamaño por el hospital, no después de que Carlisle y su afable comportamiento se había ganado a todo el piso, en especial a las enfermeras. No había nada como tener al afamado director de un hospital de tu lado, en especial uno tan encantador como él.

 

Por pura educación, toqué con los nudillos la puerta de cristal antes de asomarme dentro a verificar que no estaba interrumpiendo nada. Esme estaba mostrándole algo a Edward en su teléfono móvil mientras hablaba animadamente. Me volteé para mirar a Joseph, quien estaba unos pasos atrás de mí, a la espera de mis instrucciones.
_Esta es la situación por la que te llamé. _Dije, indicándole que debía acercarse. Lo hizo y entonces pude ver cómo su expresión palideció de inmediato. Sus ojos se abrieron y se le desencajó la mandíbula. _Nuestro jefe está de vuelta y necesito tu ayuda manteniendo a los buitres lejos de él._

 



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