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Miss Hunter (Mi Jefe 2) » Capitulo 12: Última
Miss Hunter (Mi Jefe 2) (R15)
Por Sam Dewdney
Escrita el Sábado 25 de Enero de 2020, 22:47
Actualizada el Viernes 31 de Julio de 2020, 22:46
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Capitulo 12: Última


Alec había aceptado, pero lo haríamos bajo sus condiciones, y era por eso que a pesar de lo deseosa que estaba por ponerme en acción había tenido que esperar un día completo mientras evaluábamos cuidadosamente la situación. Anclamos y descansamos esa noche, esperando que la niebla se redujera pero rápidamente aprendimos que la niebla era natural para esta parte del océano, y que la máxima visibilidad que tendríamos sería en la madrugada, justo antes del amanecer.

 

_Tendré que ir sola. _ Lo dije de manera apresurada, como quien se quita una curita de golpe, como si con eso pudiese obtener una reacción más favorable.
_Absolutamente no. _Soltó Alec, negando acaloradamente con la cabeza. _Ya te lo dije, no voy a dejar que te sacrifiques por esto. _ Sacrificarse, rodé los ojos, ni que yo fuese un superhéroe de algún comic. No estaba sacrificando nada, si hacía esto era por mis propias razones egoístas, si fuese más altruista estaría en Los Hamptons, intentando ayudar a su familia a superar el dolor y no aquí, discutiendo con Alec la mejor forma de incursionar en lo que al parecer era territorio inexplorado.
_No puedes venir conmigo, Alec. Te necesito aquí, a bordo, por si algo me pasa, por si necesitamos llamar refuerzos._ Argumenté, y lo observé asentir casi contra su voluntad. Si de Alec dependiera, daríamos marcha atrás y nos olvidaríamos de la isla, pero él sabía muy bien que eso destruiría cualquier tipo de futuro para ambos. Y yo sabía que mi conciencia no estaría en paz, no sin despejar esta última duda.
_Tu sola en esa balsa…no será fácil._ Lo sabía, pero para esto precisamente es que había estado entrenando, para lo que me había preparado, lo que había esperado realizar durante estas vacaciones.
_Te lo dije, no querías una debilucha para este viaje. _Bromeé pero no le pareció nada divertido. _ Llevaré el radio conmigo, siempre estaremos en comunicación. Voy a tomar buenas decisiones y a tener cuidado. No tienes nada de que preocuparte. _
_Nunca había estado tan preocupado, Cammie. _ Suspiró de nuevo, con resignación. _Promételo.
_¿Qué quieres que te prometa? _
_Que volverás. Prométeme que vas a volver, que nada te va a pasar, que no vas a morir por él. _ Solo porque esto significaba mucho para Alec, solo porque sabía lo que morir le hacía a quienes quedaban, asentí. Me pregunté entonces si todos aquellos que me rodeaban pensaban lo mismo, que era suicida, que mi especialidad era huir, que la única forma de evitar que hiciera una locura era hacerme prometer que volvería. Primero Rosalie y ahora Alec, al parecer mi regreso era una situación de vida o muerte, algo que debía prometer.
_Lo prometo. _Alec me besó entonces, y sin importar los fantasmas de mi pasado, lo besé de vuelta. Las manos de Alec se posaron en mi rostro, mientras las mías se enredaban en su cabello. Alec sabía al océano y a algo más, algo que no podía identificar, pero me gustaba. Sabía que Alec estaba haciendo esto porque temía no tener oportunidad de hacerlo luego de que yo subiera en esa balsa y empezara a navegar entre la niebla. Su beso tenía en él una invitación. No significaba que me amaba, o que yo lo amaba, sino una posibilidad, un tal vez.

 

Cuando nos separamos los ojos de Alec tenían el color del mar y brillaban de manera inusual. Su buen humor había regresado, su sonrisa característica apareció de nuevo en su rostro. Si, él había sentido lo mismo. Un tal vez. Podíamos darle una oportunidad a esto después, cuando yo ya no estuviese de luto, cuando ya no fuera demasiado pronto.
_Okay, Padawan, conquistemos esta isla y vamos a casa. _

 

Usar la balsa salvavidas en una situación que no era una emergencia me provocaba sentimientos encontrados, después de todo podríamos necesitarlo luego, en una emergencia real. Pero no había otra opción, era la única forma de llegar a la isla sin arriesgar el velero. Una vez abierta, no había marcha atrás. Tragué saliva con fuerza mientras Alec preparaba todo con destreza y seguridad. Eran las tres de la mañana y estaba temblando, pero no era por el frío.

_La balsa tiene todo lo que vas a necesitar, pero debes llevar una brújula, será lo único que te guíe una vez estés dentro. _Asentí ante sus palabras mientras le observaba atentamente e intentaba lucir tranquila y tan segura como lo había estado la noche anterior, cuando había jurado que esta sería mi última isla, cuando lo había convencido de que esta era una buena idea.
_Navaja, linterna, kit de primeros auxilios, bengalas, kit de reparación del bote…_ Enumeró mientras jalaba de una cuerda el enorme paquete, que de inmediato se infló, creando la balsa que fácilmente acomodaría a seis personas. Era enorme. Alec la empujo por el borde del velero, la balsa cayó al agua pero él la mantuvo cerca usando una soga.

 

Miré hacia abajo con algo de preocupación, con el radio aferrado en una mano y la brújula en la otra. Mis nudillos estaban blancos y me sentía algo mareada. Era la primera vez que iba a estar sola, sin Alec, sin su experticia y su buen humor. Cameron contra el mar.
_Cammie, no tienes que hacer esto. _Me recordó, suavemente.
_No. Quiero hacerlo. _Al menos mi voz sonó segura. Me abroché el radio al cinturón multipropósito, que ya albergaba una navaja de la armada suiza, una cantimplora con agua potable, un encendedor a prueba de agua, y que estaba usando sobre la presilla de los pantalones impermeables, luego me aseguré de que mi cabello seguía recogido por la trenza que me había hecho horas antes.
_También vas a necesitar esto. _Me extendió un par de remos y luego de guardar la brújula en uno de los bolsillos, los recibí con ambas manos. _Espero que toda esa práctica haya sido en serio. _
_ Más en serio que mi carrera en leyes. _Musité distraídamente mientras probaba el peso de los remos.

_Te sobran las agallas, Padawan._
_Tan solo estamos a un par de millas de la isla. _ Resoplé, sonrojándome ante su cumplido.
_Hermosa y aguerrida. No sabe la suerte que tiene. _ Dijo entre dientes mientras me subía la cremallera de la chaqueta rompevientos. Lo miré frunciendo el entrecejo.
_¿Quién? _
_Él. Su fantasma. El tipo por el que cruzas océanos. _Rodé los ojos, notando que mi corazón se aceleraba. Iba a hacer esto, no había marcha atrás. _Pero vamos, necesitas empezar a remar. _

 

La balsa se movía mucho más que el velero pero el mar seguía en lo que podía calificarse como calma. Me acomodé con propiedad mientras Alec me observaba desde arriba. Su mirada no me hacía sentir nerviosa sino todo lo contrario. La balsa era demasiado grande para una sola persona, remar sería complicado, pero no podía quejarme, no ahora. Me llevé el radio a los labios.
_¿Todo en orden, Jedi? Cambio. _Alec sonrió e hizo lo mismo con el suyo.
_Buen viento y buena mar, Padawan. Cambio y fuera. _ Me deseó su voz distorsionada a través del comunicador.

 

Me esforcé remando, manteniendo el ritmo hasta que la figura de Alec y el velero se perdieron en la distancia y la bruma de la madrugada. El silencio se apoderó de mi alrededor mientras el rítmico golpeteo de los remos entrando y saliendo del agua, y mi respiración, me hacían compañía. No pasó mucho tiempo para que los brazos me dolieran pero solo me quedaba soportarlo, esto era lo que había esperado hacer cuando había decidido embarcarme junto a Alec. Usé mis ejercicios de respiración, me recordé que no tenía ningún afán, que debía tomarme esto con calma y me aseguré de revisar la brújula cada tanto para comprobar que iba en la dirección correcta. Alec tenía razón, era imposible ubicarse en esta niebla sin la brújula.

 

 _¿Cómo estás, Padawan? Cambio. _ Tomé un descanso, un largo sorbo de agua para recuperar energías y le respondí.
_Me duelen los brazos, Cambio. _ Le escuché reir al otro lado y me alegró saber que él tenía claro que estaba bromeando.
_Lo bueno requiere esfuerzo. Pronto amanecerá y podrás ver mejor tu objetivo. Cambio. _
_Ojalá sea pronto, lo único que me mantiene caliente es todo este ejercicio. Cambio. _ El rió en el otro lado del radio.
_Si te hubieses quedado aquí habríamos encontrado otra forma de mantenerte caliente. Cambio. _ Me quedé de piedra ante su comentario coqueto pero luego rodé los ojos.
_Ajá. Tengo que continuar remando, Jedi. Cambio._
_Suerte con ello. Cambio y fuera. _

 

El amanecer trajo consigo mi primer vistazo de la isla, de la superficie rocosa que la rodeaba, de cómo habría sido un error acercar el velero a sus inmediaciones. Debía maniobrar con cuidado para no arruinar los remos o la balsa contra las rocas. Este lugar lucía impenetrable, salido de la nada, un movimiento en falso y mi balsa de aire se haría trizas contra el rocoso lecho marino. No quería que eso sucediera, no quería que Alec tuviese razón en cuanto al peligro que corría, y no quería tener que esperar a rescatistas aquí sola. Sería la peor manera de finalizar tan ameno trayecto.

 

Desembarqué en una playa caribeña paradisiaca cuando el sol ya había salido y según mi reloj eran las cinco de la mañana. Con cuidado arrastré el bote por la arena y lejos de la marea que acariciaba la costa. La arena era blanca y el sol hacía brillar el agua cristalina a mi alrededor. Lamenté no haber traído las gafas de sol ya que el brillo me hería un poco los ojos. Al menos había recordado ponerme bloqueador como todas las mañanas.
_Soy una idiota. Cambio. _
_¿Cameron? ¿Todo bien? ¿Qué pasó? Cambio. _La voz de Alec pasó de dormida a alarmada en cuestión de segundos.
_Todo bien. Ya he desembarcado. _Suspire. _Olvidé mis gafas de sol en el velero. ¿Crees que encuentre un par en el kit de primeros auxilios? Cambio. _
_No. Nada semejante. Toma mucha agua y cómete una barra de granola, eso te mantendrá con energía. Cambio. _Aconsejó Alec. Siguiendo su recomendación, me deshice de la chaqueta, me aseguré de que la balsa no quedara al sol, y comencé a masticar una barra de granola mientras lentamente recorría la playa.

 

El lugar estaba desierto como muchos otros islotes que habíamos visitado. Lugares paradisiacos, demasiado pequeños para sobresalir, con muy poca relevancia y demasiado alejados para que los gobiernos estuviesen interesados en ejercer su soberanía. Mientras caminaba, me preguntaba si así lucía la isla que Carlisle le había obsequiado a su esposa como regalo de bodas, pero lo descarté de inmediato. Esta era una isla virgen, los seres humanos aún no la habíamos colonizado, y sin embargo había algo aquí que brillaba, algo que reflejaba los rayos del sol poniente y que había hecho que supiéramos que estaba aquí, algo que definitivamente tenía que ser artificial. Ahora solo tenía que encontrarlo.

 

Una línea de vegetación que se extendía unos metros mas allá de la playa lucía impenetrable y completamente libre de interferencia humana. Me dolían los ojos por la claridad a la que no estaba acostumbrada y pronto me encontré perspirando, sudor escurriéndose sobre mi frente, los mechones de cabello que se escapaban de mi trenza se me pegaban al rostro, y la camiseta que llevaba puesta se me pegaba a la espalda. Tenía que cuidarme, acaricié distraídamente la cantimplora amarrada a mi cintura, un descuido y en este calor sofocante podría deshidratarme.

 

_¿Quieres arrojar una bengala para que te vea? Cambio._ Me llevé el radio a los labios, mientras rodaba los ojos.
_Las bengalas son para emergencias. No voy a despilfarrar una ahora que estoy aquí. Además, con toda esta niebla dudo seriamente que logres ver algo desde allá. Cambio. _ No quise agregar que no las había traído conmigo en mi caminata exploratoria, que estaban en la balsa salvavidas.
_Sabias palabras. Tu Maestro Jedi está orgulloso. ¿Algo que reportar? Cambio. _ Su voz sonaba ávida pero estaba intentando camuflarlo. Pensé en que yo estaría igual si los papeles estuviesen invertidos.
_Aun no. Dame algo de tiempo. Cambio. _
_Okay. Cambio_ Resignación. Tal vez aquí encontraría la mía.

 

Fue solo el sentido común el que me llevó a deducir que lo que buscaba debía estar en lo alto de los árboles, palmeras en donde podía divisar cocos aún verdes y sin mucha intención de caerse. Lucían jóvenes, como si no llevasen mucho tiempo creciendo aquí. Mis ojos divisaron la cima, con una mano en la frente para cubrirme el rostro del sol, ¿Había algo anormal allí arriba? ¿Esa forma no del todo clara era un coco o tal vez algo más? Caminé un poco para cambiar de ángulo y me froté la barbilla, calculando que tan posible sería trepar por el tronco donde se encontraba la forma extraña, oculta en las sombras. Si entrecerraba los ojos y me esforzaba podía ver que la forma irregular tenía un color distinto al de las ramas de las palmeras. ¿Era eso lo que veríamos desde el velero? ¿Había sido puesto allí a propósito? Seguramente se vería con más claridad en la tarde, pero no había poder humano de mantener a Alec tranquilo mientras yo pasaba el día entero aquí sola, además, él no iba a estar de acuerdo con que regresara en la noche. Era un no, ya lo habíamos discutido y extrañamente me encontraba en paz con ello.

 

El tiempo remando arduamente me había ayudado a reflexionar, el esfuerzo que había empleado en llegar hasta aquí me hacía sentir satisfecha por primera vez desde que me había despertado luego de soñar con él. Era cierto lo que le había dicho a Alec, que con cada milla náutica recorrida, que con cada hora transcurrida, las posibilidades de encontrar respuestas se esfumaban, pero también, con cada milla náutica recorrida podía sentir que lentamente el peso sobre mis hombros disminuía, el nudo que estrujaba mi corazón se aflojaba y la idea de seguir con mi vida, con la vida que él había dictaminado para mí, se volvía menos tortuosa y más llevadera.

 

Este era mi límite, el fin de mi viaje. Cuando le había dicho a Alec que sería la última isla no lo había hecho solo para convencerlo de dejarme venir, sino porque dentro de mí sabía que había llegado la hora de dejarlo ir. Mi idea había sido encontrar el Esme, rastros del Esme, vestigios del hombre al que había amado. Y lo había hecho. Con mis propios ojos había comprobado lo que ya expertos, Marco y su propia familia me habían dicho durante meses, la verdad que ellos tenían clara pero que yo me había empeñado en ignorar. Yo necesitaba esto, este último esfuerzo, asegurarme, con mis propios ojos, de que realmente no había nada más, de que no lo estaba abandonando sino que lo estaba dejando ir. De que él podría descansar en paz y yo también.

 

Como Rose tan elocuentemente lo había enunciado:Cerrar ciclos y todo ese rollo. Resolver líos y volver.

 

La idea de seguir adelante, de vivir luego de este viaje, y que antes tanto me había aterrado y atormentado, ya no lo hacía. Podía verme navegando en la noche, junto a Alec, probando que aunque me había criado entre rascacielos y smog, aún podía aprender a guiarme por las estrellas. Me vi de vuelta en Nueva York, sentándome en mi silla, detrás de un pesado escritorio de madera y con el skyline de Manhattan detrás de mí, finalmente a gusto en esta, mi oficina, sonriendo junto a Rose mientras le acompañaba a las pruebas para su vestido de novia, paseando a Jake por el Central Park, en ropa deportiva, disfrutando de la llegada del otoño en el enorme patio de la mansión de los Cullen junto a una familia que ahora era, en un extraño giro del destino, también mi familia. Me vi de vuelta en casa de mi madre y Robert, sus expresiones satisfechas mientras ayudaba a encender la barbacoa para los hot dogs del cuatro de julio. La Cameron en mi cabeza era distinta, era una que él aprobaría.

 

Al iniciar esto, no sabía qué era lo que haría después, ahora sí, lo tenía claro, y el único obstáculo entre ese futuro y yo estaba arriba de una palmera que con una suave brisa se mecía de manera tentadora. Al dejar esta isla tendría una respuesta, inclusive si no había mas que cocos en la cima, y una muy simple en realidad: Aquí no hay nada, nada que te siga atando, nada que te esté esperando. Era el final y solo me quedaba pasar la última hoja del epílogo y cerrar el libro. Ya podría empezar uno nuevo, una nueva novela completamente distinta a la que acababa de terminar.

 

Luego de respirar profundo y aceptar esto último con gracia y resignación, la parte pragmática de mi cerebro se enfocó en ponderar la mejor estrategia para trepar por el tronco de la palmera, preguntándose si mis zapatos tendrían suficiente agarre, si mis manos y los músculos de los brazos resistirían el peso de mi cuerpo. En toda la preparación que había hecho para este viaje en ningún momento me imaginé que necesitaría practicar para trepar árboles. Había una pared de escalar en el gimnasio en el cual tenía membresía pero jamás se me había ocurrido siquiera intentar usarla. Tendría que echar mano de mis recuerdos de la infancia, en el rancho de mis abuelos maternos, a quienes había perdido en mi adolescencia. Le eché un vistazo a mis manos, tratando de ignorar la voz de Alec en mi cabeza diciendo que estaba loca, que iba a caerme y partirme los huesos o la cabeza, que dejara de hacer estupideces.

 

Sería un momento perfecto para que sonara el radio que tenía atado al cinturón, con Alec recordándome que estaba esperando noticias, que ya debía haber explorado toda la isla, que si hubiese algo aquí ya debía haberlo encontrado. Lo bueno requiere esfuerzo, me recordé mientras me frotaba las manos en la camiseta, limpiándome las palmas sudorosas, preparándome para tomar impulso y dar el salto. Ya había llegado hasta aquí y nada me iba a impedir terminar con esto. Yo podía hacerlo y lo habría hecho, ya había localizado un par de lugares donde podía poner mis manos, todo eso si no hubiese escuchado el ruido detrás de mi.

 

Me sobresalté de inmediato, conteniendo un grito en la garganta me di la vuelta de improviso solo para quedarme petrificada y aturdida ante lo que se encontraba a mis espaldas. El hombre que me observaba era flaco y desgarbado, mucho más alto que yo, su piel era carmesí, de un tono tostado como resultado de horas bajo el sol. Me recordaba al cuero luego de años de uso. De inmediato mi cerebro concluyó que no era saludable, más bien enfermizo. No llevaba camisa ni nada puesto en la parte de arriba del cuerpo, podía contar las costillas que claramente se sobresalían bajo la piel.  Llevaba una especie de turbante hecho de una tela cuyo color no logré identificar, lo mismo sucedía con sus pantalones raídos y mojados. Una de sus pantorrillas estaba envuelta por un trapo de color amarillento. Estaba descalzo y lucía una prominente barba rubia rojiza, enmarañada y sucia que se confundía con una mata de pelo que le llegaba un poco más arriba de los hombros.

 

No me moví por puro y físico miedo, o tal vez era el hecho de que todo esto podía ser una alucinación, la imagen frente a mí me aterraba como nada hasta ahora lo había hecho. Lucía como uno de los habitantes de la calle de Nueva York, uno al que le habían arrebatado sus cobijas y harapos y lo habían arrojado en esta isla a resistir las inclemencias del clima y del sol. Su expresión detrás de todo ese pelo era feroz. Sus ojos me miraban con furia y debo reconocer, algo de paranoia. Mi respiración era entrecortada mientras lo observaba, podía sentir que la cabeza me daba vueltas, tal vez porque no estaba respirando del todo. Su mirada fue lo único que me sacó del estado de shock, que me devolvió el aire a los pulmones, que me hizo recuperar algo de cordura. Sus ojos, aunque hundidos en su rostro, eran de un color verde brillante, su mirada era aguda y atenta si uno lograba ignorar la locura que también enmarcaba.

 

Levanté las manos lentamente y pude sentir como su mirada seguía mis movimientos como si estuviese preparado para atacar. Como un animal acorralado, como una criatura ante lo desconocido. Podría atacarme con esa especie de arpón hechizo que tenía en una mano, sería natural hacerlo para esta especie de salvaje.
_¿Edward? _ El nombre que llevaba meses intentando evitar pronunciar y que cuando lo había hecho había sido mi amuleto, mi talismán, se quedó atascado en mi garganta mientras el hombre daba un paso hacia mí, lentamente, como si estuviese intentando no asustarme.
_ No eres real. _ Su tono de voz era tan bajo y tosco que casi no logré entender las palabras, dio otro paso hacia mi. Noté que el arpón que llevaba en la mano derecha fungía también como una especie de bastón. Las manos me temblaban. Todo el cuerpo me temblaba. ¿Sería posible?. _No eres real. _Repitió él pero en cuanto lo hizo, una voz distorsionada y que venía de mi cinturón interrumpió el tenso silencio.

 

_¿Todo en orden, Padawan? Cambio. _ Me sobresalté de nuevo y el también lo hizo, sus ojos se abrieron mucho más y a pesar de la barba pude leer la sorpresa en su rostro. Me llevé el radio a los labios.
_ Llama a la Guardia Nacional, a la marina, al que sea. Necesitamos un equipo de rescate y lo necesitamos ahora. Cambio. _ El silencio al otro lado de la línea solo duró medio segundo. 

_Mierda, mierda, mierda ¿Estas herida?_ Antes de que Alec pudiese continuar, lo interrumpí con mi comunicación.

_No. No soy yo. Alec. Por favor date prisa. Cambio. _

 

 El hombre avanzó otro paso al frente, pareció tropezar, como si sus piernas lo hubiesen dejado de sostener y solo por puro instinto me estiré para socorrerlo, dejando caer el radio en el proceso, del cual continuaba saliendo la voz de Alec cuyas palabras no recuerdo. 

 

Cayó en mis brazos, su rostro contra mi hombro, mis brazos sosteniéndolo por sus axilas. Apestaba a sudor y algo que no pude identificar, hice un enorme esfuerzo para contener las arcadas. Comenzó a temblar mientras yo intentaba ayudarle a incorporarse. Usé la fuerza de mis piernas para mantenernos de pie. Me costó entender que él estaba llorando, mi garganta se había cerrado y casi no podía respirar pero no me importaba, no podía sucumbir al llanto también. Me pasé el brazo por los ojos, para asegurarme de limpiar alguna lágrima que hubiese escapado.  
_Viniste por mí. _ Su voz era un susurro, uno seco y que se escuchaba como si estuviese recuperándose de una horrible enfermedad de la garganta. Mientras lo sostenía giró el rostro para mirarme, nuestros ojos se encontraron y lo supe aunque él nunca hubiese respondido mi pregunta, aunque no se parecía en nada al hombre del que me había enamorado. Era él. Lo había encontrado aquí, en medio del océano, vivo. No necesitaba que dijera nada más, era él y ahora solo tenía que concentrarme en mantener la calma.

 

_¿Puedes sostenerte de pie?_ Edward solo asintió, mientras con esfuerzo recogía el bastón del suelo y se apoyaba en él. Hice lo propio con el radio y me lo até al cinturón, pero mantuve un brazo alrededor de su torso por si acaso.

_Cameron. _Mi nombre en sus labios como una plegaria hizo que me mareara. Sonreí como si no lo hubiese hecho en años, a pesar de que el mundo se viera borroso.  
_Estas herido. Tu pierna. _Tragué saliva. _Vamos, necesitas sentarte. _

 

Sin decir mucho, en realidad usando solo gestos, Edward me llevó al interior de la vegetación, unos metros más allá de la playa. Su objetivo era una especie de nido construido con ramas, lo que lucía como basura marina, y restos de una balsa salvavidas color naranja brillante que ahora lucía desvaído. Olía fuertemente a pescado, noté los restos de una fogata y lo que parecían pedazos de un contenedor de algún tipo de plástico. Podía sentir sus ojos en mi rostro, tenía la garganta seca y apenas podía tragar saliva. Le ayudé a sentarse, no resistía más sostener su peso, o mantenerlo cerca de mí, además, el aspecto de su pierna me preocupaba.

_Viniste por mí. _Repitió y eso me hizo salir de mi letargo, al menos un poco para responder.
_Si. Vine por ti._ Me pasé una mano por la frente y noté que estaba cubierta en sudor. De inmediato, me desaté la cantimplora del cinturón y se la extendí a Edward, quien me miró con enormes ojos contrariados. _Agua. _ Confirmé. Recibió la cantimplora casi con reverencia y tomó un pequeño sorbo. Pude ver en su rostro el gran placer que eso le produjo, la cerró y me la extendió de vuelta.

Tomé un sorbo largo para luego escarbar entre mis bolsillos hasta encontrar mi última barra de granola y se la extendí. Esperaba que la devorara en segundos, pero él solo la sostuvo entre sus manos como si se tratase de la octava maravilla del mundo. Sus dedos temblaban, así que tuve que ayudarle a abrirla. Mordió un pedazo pequeño, apenas un bocado, y masticó lentamente con los ojos cerrados, luego la extendió en mi dirección.
_No, gracias. No tengo hambre. _ Era tan increíble observarlo, como si hiciera parte de una realidad alterna, como si me hubiese vuelto loca y este hombre fuese el producto de mi locura. Pero no estaba loca. Nunca había estado mas cuerda en toda mi vida, y nunca había estado tan feliz. Podía estallar si me dejaba llevar por esto, pero no debía hacerlo, debía estar tranquila y con la mente despejada.

 

Con algo más de insistencia, logré que se comiera toda la barra de granola, lo cual fue sencillo en comparación con lo que tuve que hacer para poder volver al bote salvavidas, para que aceptara seguirme hasta allí. Estuve en calma todo el tiempo, era indispensable no sucumbir a la histeria. No podía llorar ni gritar ni dejarme llevar por el torrente de emociones que sentía. ¡Estaba vivo! ¡Vivo! Tenía que mantener la cordura, después de todo era mi responsabilidad sacarnos de aquí, y no podría hacerlo si estaba llorando.

 

Al llegar a donde estaba el bote, sus ojos lo miraron con asombro. Era como si no creyera nada de lo que veía. Debía ser difícil, incomprensible para mí.
_Remé hasta aquí._ Expliqué ante su silencio. _El velero de Alec está anclado a un par de millas de aquí. _Dije, mientras me preparaba para empujar el bote de vuelta al agua. Entre más rápido saliéramos de aquí, mejor. La niebla que rodeaba la isla me preocupaba, verlo aquí y ahora, en ese estado, después de meses, me hacía pensar que podríamos quedar encerrados aquí. Su mano me detuvo.
_Muy peligroso. _ Negó con la cabeza y noté que tenía miedo.
_No te preocupes._ Tomé su mano y la apreté con decisión, deseando transmitirle la esperanza y valor que corrían por mis venas. Yo podía hacer esto. _ Voy a llevarte a casa._



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