Historia al azar: La Revancha de Snitchedwig
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Miss Hunter (Mi Jefe 2) » Capítulo 11: Niebla
Miss Hunter (Mi Jefe 2) (R15)
Por Sam Dewdney
Escrita el Sábado 25 de Enero de 2020, 22:47
Actualizada el Viernes 31 de Julio de 2020, 22:46
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Capítulo 11: Niebla


 

A la mitad del viaje hablé con Andrea, quien sonaba como si todo estuviese viento en popa en la oficina. O al menos fingía que así era, tal vez para demostrarme que merecía que la convirtiera en parte del equipo de abogados que le había encargado vigilar en mi ausencia. Eficientemente se encargó de informarme que Angela llevaba las riendas de la firma como toda una profesional, y que los Cullen habían llamado insistentemente, querían saber dónde estaba. Fue fácil obtener la información de Andrea, quien sonaba culpable al reconocer que había hecho su mayor esfuerzo, pero que finalmente el Doctor Cullen había averiguado que me encontraba en Florida y que me había ido a navegar con un hombre.

 

De nuevo luché para no sentirme culpable, no había ninguna razón por la cual no pudiese irme de viaje, a navegar, con Alec. No le estaba siendo infiel a nadie, o al menos eso argumentaba mi cerebro mientras yo intentaba dormir. Alec y yo no estábamos haciendo nada malo, e inclusive si estuviésemos…si ambos decidiéramos…Yo era una mujer libre, soltera, podía tener un novio si eso quería. Era más fácil argumentarlo que sentirlo, por supuesto, dado que cada vez que pensaba en ello su imagen aparecía de nuevo, sus ojos verdes observándome con reproche, negando con la cabeza. Eres mía, Cammie. Siempre serás mía.

 

Luego de lograr convencerme de mi inocencia, de que no tenía sentido torturarme ya que era imposible serle infiel a alguien que había fallecido, y que inclusive, con quien había terminado una relación amorosa con carácter clandestino para el mundo entero con excepción de sus más allegados, el siguiente argumento aparecía, arrastrándose desde las profundidades de mi subconsciente como el coco de mis pesadillas. Su familia.

 

Podía sentir el reproche de Jasper desde los muchos kilómetros de distancia que nos separaban, como si estuviese aquí mismo, satisfecho y enfadado de haber estado en lo correcto sobre mí. La tristeza de Esme, la furia de Carlisle y la apatía de Emmett ocupaban un espacio de este bote. Traicionar a los Cullen era una consecuencia con la que tendría que lidiar al regreso, eso siempre había sido claro para mí desde el momento en que había abierto el navegador de mi Macbook para teclear Knox-Johnston. El conflicto que se desataría era inevitable pero la posibilidad de que jamás volviera a ser parte de su familia, al menos no como antes lo era y la idea de haberlos decepcionado eran sensaciones con las cuales había creído que sería capaz de lidiar, pero en realidad, en mis momentos solitarios, casi me hacían desear que jamás hubiese emprendido esta locura.

 

Rosalie, por otro lado, a pesar de su enfado por haberle ocultado todo esto, me perdonaría. Pensaría que estaba loca, que realmente necesitaba ayuda profesional, y que había fallado en su papel de mejor amiga al no darse cuenta de lo que estaba tramando. Podría convencerla de lo beneficioso que esto era para mí, que solo con este viaje podía conseguir expiar mis sentimientos y seguir con mi vida, que finalmente volvería a ser yo. Sabía que me costaría un tiempo, pero que eventualmente el lazo entre Rose y yo sería como antes. Ella me entendería como lo había hecho cuando nos habíamos despedido en el JFK, abrazándome antes de que me dirigiera a la sala de abordaje y haciéndome prometer que regresaría del remoto destino al que había escogido exiliarme.

 

Mi mejor amiga había perdonado que yo me hubiese perdido su fiesta de compromiso, inclusive cuando la idea de celebrarla sin su dama de honor había sido un tema de conversación entre los invitados e incluso ampliamente criticado por todo aquel a quien interesaba el evento. Solo por mí Rose había aplazado el día más feliz de su vida, para darme tiempo, para que no tuviese que volver si no estaba lista, para que pudiese ser su dama de honor como ella lo había soñado.

 

La boda de  Rosalie Hale y Emmett Cullen debía haber tenido lugar el pasado mayo, en el pico de la primavera. Rose había pospuesto aquella vez su felicidad por la mía, pensando que mayo sería el momento perfecto, sin saber que algo más sucedería para eclipsarla de nuevo. No se había quejado nunca, no sobre eso, no conmigo, pero sabía que le dolía y que luego de todo lo que había pasado, aunque hubiese aceptado vivir con Emmett en un intento de tomar el siguiente paso en su relación ahora que la boda no podía realizarse, ella tenía dudas sobre el destino de ambos.

¿Y cómo le había pagado yo? Fugándome al caribe con un chico sin decirle nada.

 

No había podido dormir la siesta, no con la boda que se había arruinado dos veces, en mi cabeza. Así que casi sin pensar, marqué su número en el teléfono satelital. 


_¿Aló?_ La voz de Rose sonaba extrañada, probablemente ante el número de móvil que había aparecido en la pantalla de su iPhone.

_Hola Rose. _ Silencio. Tragué saliva, preocupada.

_¿Cam? _
_Si._

_Ya era hora de que te dignaras a llamarme. _Me reprochó con voz altiva. _Llevo diez días esperando. _
_Lo siento, Rose. _ Musité con cuidado. 
_No soy yo con quien tienes que disculparte. ¿En qué estabas pensando? _ No me dejó responder. _ Pensé que estabas superando el dolor, pensé que todo iba bien, no puedo creer que no me dijeras nada de esto. _
_Si te decía lo que iba a hacer habrías intentado evitarlo. _
_Claro que sí. Para eso estoy, para frenarte las locuras. _Resopló, y la imaginé rodando los ojos.

_Y le habrías dicho a los Cullen. _
_Tienes razón, y todo sería mi culpa por no haberte traído a rastras hasta Ivy Hill. ¿Sabes la paciencia que he tenido con los comentarios al respecto? Al menos me creen cuando digo que no tenía ni idea. _No era una exageración, si Rose lo decía era lo que habría hecho, pero no pude evitar soltar una risita. _ ¿Estás bien? ¿Es verdad que estás de viaje con el hijo de Aro Volturi y no me dijiste nada? _
_Rose, Alec y yo solo…_

_No es un reproche, Cam. Me alegra que hayas encontrado a alguien, y quiero que seas feliz, pero irte así…_

_No es lo que piensas. _
_¿Ah no? ¿No engañaste a tus suegros y al resto de la familia para luego escaparte en un velero con un chico? _Acusó. Apreté los dientes para frenar la oleada de culpa, no esperaba esto de Rose.

_ Creo que te estas confundiendo, Rosalie. No fui yo a quien un Cullen le pidió matrimonio, tampoco soy la nuera de Carlisle y Esme Cullen, y la última vez que revisé, mi apellido sigue siendo Hunter. _ Mi voz era apenas un susurro, tanto así que ante el silencio de mi mejor amiga al otro lado de la línea supuse que no me había oído.

_Cammie, yo… _
_No. Escúchame bien. Yo no soy tú, Rose, la del cuento de hadas eres tú. Yo soy un cabo suelto que aún no tiene idea de cómo terminó aquí ni por qué. No soy su viuda, no tengo por qué actuar como tal, ni guardar luto, ni vestir de negro el resto de mi vida solo porque él ya no está. Si quiero subirme en un puto bote y huir de todo el mundo, soy completamente libre de hacerlo sin tener que darle explicaciones a nadie. _ No sabía que tenía todo eso reprimido, no reconocía a la Cameron que había dicho eso. Ella me dejó hablar, sin interrumpirme, escuchando con atención y silencio, pensé que me colgaría sin siquiera despedirse, pero no lo hizo.


_Te equivocas. _ Su voz era baja pero muy seria.
_¿Disculpa? _ Inquirí, incrédula.
_Te equivocas, Cammie. Si, es cierto, no eres la viuda de Edward Cullen, tampoco tienes que guardarle luto el resto de tu vida, pero ambas sabemos muy bien cómo terminaste aquí. El hombre que te dejó una multimillonaria herencia no lo hizo por pura casualidad. Sí, era un cabrón de primera, sí, nunca le perdoné lo que te hizo, pero es obvio que sentía algo por ti y que quería que fueras tú, y solo tú quien se encargara de todo lo suyo, incluyendo su familia. _ Intenté interrumpirla, pero Rosalie no era alguien que se quedara callada una vez había decidido dar un sermón. _ Ahora escúchame tu a mí, Cameron Hunter. Estas personas, te guste o no, son tu familia ahora y son una buena familia. _Soltó una risa amarga. _Créeme cuando te lo digo, me ha tocado el premio mayor en la lotería de familias de mierda. Sé muy bien que no estás acostumbrada a contar con nadie a la hora de disponer de tu vida, que nunca le has rendido cuentas a nadie, ni siquiera a tu madre, pero ahora es distinto. Esta gente te ama, se preocupa por tu bienestar y también les ha tocado una situación de mierda, así que vas a disfrutar tus vacaciones, tu retiro espiritual, esta aventura sexual o lo que sea que estés haciendo y vas a volver aquí a ofrecerle tus disculpas a Carlisle y Esme. ¿Entendido? _ No pude evitar reir ante lo absurdo de la situación, ante su enfado, ante el hecho de que fuese yo la irresponsable, egoísta e insensible, y sobre todo, porque Rosalie Hale tenía razón.

_No estoy bromeando, ellos también son mi familia ahora. _Sonaba herida, y eso me hizo recuperar la seriedad de inmediato.
_ Lo lamento, no debí reirme. Tienes toda la razón. _Suspiré.  _Haré mi mejor esfuerzo para que me perdonen. _
_Lo harán. Ya te lo he dicho, son una buena familia y te aman. Vaticinó, sin un ápice de inseguridad y sin sonar nada cursi, lo cual estaba segura que solo ella podía lograr.

_ No es como si hubiese hecho mucho para ganarme ese amor. _
_ Lo has hecho, aunque no lo creas. Perdieron a su hijo, Cammie, no necesitan más dolor en sus vidas. _ En cuanto me disponía a decirle a Rose que lo último que quería era causarles dolor a los Cullen, que me había costado hacerles esto, Alec se asomó por la puerta de mi camarote, alzando las cejas al ver que me encontraba al teléfono.

_Necesitas ver esto. _Gesticuló, así que levanté un dedo para indicarle que estaría allí en un minuto. Asintió y lo observé desaparecer hacia la cubierta del barco.
_Lo se, Rose, créeme que lo siento, pero…_
_Ya lo se, necesitabas hacer esto. Cerrar ciclos y todo ese rollo. Resuelve tus líos y vuelve. _ La imaginé rodando los ojos.
_¿Estás aún en Los Hamptons? _
_Claro que sí, es verano y la ciudad está insoportable, además, no le dices que no a un lugar como Ivy Hills. _Hizo una pausa. _Tengo que colgar. Emmett me está buscando, al parecer llevo una hora vistiéndome para la fiesta de unos vecinos esta noche. Te extraño. Trae tu trasero aquí pronto. _

 

Y sin más preámbulos, finalizó la llamada. Me quedé observando el teléfono por unos segundos, para luego ponerlo en su lugar en una repisa y dirigirme hacia la cubierta, sintiéndome algo más liviana, poniendo toda esa información en una gaveta y cerrándola por ahora. Al salir, el paisaje me había sorprendido, me froté los ojos para poder asegurarme de que no era mi visión la que fallaba y luego noté que el bote iba más despacio.
_No, no te engañan tus ojos. _ Apuntó Alec con una sonrisa, el cabello desordenado y los ojos brillantes. _Pensé que deberías ver esto. Hemos encontrado un banco de niebla. _ Me froté los ojos de nuevo pero mi visión no cambió, el mundo ante nosotros lucía borroso, como si una bruma se hubiese apoderado de nuestro alrededor. _He reducido la velocidad, debemos tener cuidado con la visibilidad baja y lo peligroso que implica navegar en estas condiciones._

_Claro, apenas es posible ver algo. _Musité, escudriñando el horizonte. _ Deberíamos detenernos. _ No pude ocultar la aprehensión en mi voz, y estaba segura de que él también lo notó. Tenía que tener cuidado, prácticamente le había prometido a Rose que regresaría a casa sana y salva.
_Si nos detenemos jamás saldremos de aquí. No hay nada de que preocuparse, Padawan, ya verás. _ Aseguró, redirigiendo el velero con confianza envidiable. _Anda, ve y ubícate en la proa para que puedas ver mejor. _

 

Obedecí su instrucción y me acomodé en la proa. El silencio, solo roto por las olas que rompían contra los costados del bote era mágico, casi hipnótico. También era aterrador, podía imaginar todo tipo de monstruos, todas las leyendas de viejos marinos cobrando vida entre la bruma que se arremolinaba en el horizonte. Aquí era fácil creer que todas esas historias habían sido reales, que en cualquier momento el poderoso kraken emergería de las profundidades para destruir nuestra embarcación como si se tratase de un juguete, y tal vez por eso me asusté al escuchar a Alec llamándome.

 

No noté que el velero se había detenido mientras me dirigía diestramente hacia donde estaba Alec, sentado al timón, con el entrecejo fruncido, mirando al oriente. Me acomodé a su lado, subiéndome la cremallera de la rompevientos de color rojo que estaba usando, mientras distraídamente me acomodaba el flequillo de cabello detrás de la oreja.
_¿Cuál es el dilema, gran Obi Wan Kenobi? _ Pregunté en tono divertido, una cosa era que yo estuviese de mal humor, eso no era preocupante, lo realmente preocupante era que Alec no estuviese de un humor espléndido.
_ Mira a nuestra izquierda. ¿Qué ves? _ Obedecí, frunciendo el entrecejo mientras intentaba ver cualquier cosa que pareciera alterar el horizonte. La niebla era impenetrable, si no fuese por los equipos electrónicos que llevábamos a bordo y porque Alec estaba aquí conmigo, al mando de esta expedición, estaría aterrada. La niebla había aparecido para sumar una razón más a la larga lista del por qué no había podido embarcarme sola en esta aventura, una niña de ciudad como yo no habría durado mas que horas aquí sola.

 

No había nada a nuestra izquierda, solo niebla y ahora el silencio del bote que se balanceaba en las olas suavemente. Alec había recogido la vela mayor. Nos habíamos detenido. Escudriñé con mas ahínco el panorama pero no logré encontrar nada extraordinario. Me mordí el labio, si Alec estaba preocupado yo iba a estar aterrada.  
_Entre la niebla, debes intentar ver más allá. _Sugirió, mientras yo forzaba aún más la vista. _El sol se está reflejando en algo mas allá de la niebla. Una especie de destello. ¿Lo ves? _ Negué con la cabeza pero continué intentando.

 

Me tomó varios minutos lograr ver lo que Alec veía, el sol que lentamente se ponía a nuestras espaldas por unos instantes se reflejaba en algo más allá de la niebla, algo que preocupaba a Alec.   
_¿Otra embarcación?_ Inquirí, enseguida acudiendo a mis binoculares, sin que ayudaran a divisar mucho más. Mi mente iba a toda velocidad, mientras mi estómago se encogía al recordar las películas que había visto sobre piratas de la actualidad. ¿Era eso lo que le preocupaba? ¿Eran comunes en estos mares? No recordaba haber leído nada sobre el tema, pero estaba segura que la película protagonizada por Tom Hanks no habría tenido tanto éxito de no tener alguna base real.
_No lo creo. Usemos nuestro radio para enviar una señal pero no creo que nadie nos responda. _ Hice lo sugerido por Alec, pero tal y como lo había predicho no hubo respuesta. El sol continuó su descenso, arrojando sus rayos sobre lo que fuera que estuviese más allá de la niebla.

Nuestros mapas y equipo no mostraban que existiese algo cerca de nosotros, nada que pudiese estar reflejando los rayos del sol poniente. Mientras más nos concentrábamos en el horizonte, más claro veíamos los destellos.
_La niebla, Alec. ¿Está…?
_Cediendo, pero no lo suficiente para permitirnos ver._ Alec se detuvo, seguramente porque estaba equivocado, porque a lo lejos, de donde el tenue destello brillaba, parecía haber algo, una forma oscura e irregular en la distancia que inmediatamente hizo que el corazón me latiera más rápido.
_Es una isla. _Susurré, intentando divisar más.

_No figura en los mapas ni en ninguno de nuestros instrumentos. _ Alec razonó. _Debe ser muy pequeña para estar en los mapas, tal vez inclusive de esas que nacen y mueren, sepultadas por el mismo océano que les dio vida en primer lugar. Una isla fantasma. _
_Pensé que esas islas no existían. _ Afirmé, mientras me recostaba contra el borde del barco, era casi de noche y la niebla continuaba disminuyendo lentamente, cambiando el panorama ante nosotros, pero no dejándolo más claro.
_Cammie…_
_Tenemos que ir._ Dictaminé, Alec suspiró.
_No creo que esto sea una buena idea. _ Afirmó, poniéndome una mano sobre el hombro.
_¿Ya te quedaste sin espíritu aventurero? _ Le reté. Alec agitó la cabeza sin sonreir. Era una mala señal.
_ La visibilidad sigue siendo muy baja, llevar el velero en esa dirección sería tentar a la suerte._ Sus ojos estaban clavados en los mapas y los instrumentos que manteníamos en la cabina, los cuales había extendido cerca de nosotros. No lo había visto así de preocupado, pero claro, no habíamos encontrado una isla fantasma en la niebla. Si no fuera por mi obsesión, estaría aterrada. _No tenemos ni idea de qué podríamos encontrar, que tan profundas son las aguas cerca de la isla. Cam, es una locura. _
_Tenemos la balsa salvavidas, ¿recuerdas? _
_La niebla es demasiado densa. Es peligroso. _ Contradijo él. _Además, es de noche. Esto es una pésima idea, Padawan. _
_No hemos llegado hasta aquí para dejarnos asustar por niebla. _Alegué acaloradamente. Este era casi el final del viaje. Nuestro punto de retorno según lo planeado estaba solo a un día más de distancia, allí daríamos media vuelta y regresaríamos, recorriendo rápidamente el camino de regreso, sin más paradas más que las obligatorias. No podía rendirme, no podía dejar nada al azar. Esa isla podría tener las respuestas que necesitaba, jamás me perdonaría seguir de largo sin recorrerla, la sola idea me atormentaba.

 

_Cameron Blair Hunter. _ Su voz seria me hizo sobresaltar. _¡No voy a dejar que mueras estúpidamente como Edward Cullen lo hizo! _ Alec pareció recuperar sus cabales en cuanto vió la expresión herida en mi rostro._Lo lamento. _

_No sé de qué hablas. _Gruñí, pero sonó más bien como un sollozo.

_¿Crees que no lo sé? Mi padre y Carlisle Cullen juegan al golf juntos todas las semanas,  mi madre y Esme son patronas de las mismas fundaciones de caridad. Se que Edward Cullen no era solo el hombre para el que trabajabas, se que haces esto por él. _ Alec me tomó la mano. _Tomar riesgos estúpidos no va a traerlo de vuelta. Morir por él no va a solucionar nada. _
_No lo entiendes nada, Alec. _

_Se por qué no querías que se enteraran, se lo que buscas, Cammie y es por eso que decidí venir contigo, porque sabía que algo como esto sucedería, que necesitarías la voz de la razón, alguien que te dijera cuando parar._ Quería romper a llorar pero me contuve, respirando profundo, luchando con las emociones que bullían en mi interior. Rosalie y Alec en un mismo día. Definitivamente era un día de mierda.
_Entonces ayúdame, Alec. No puedo hacer esto sin ti._ Supliqué, lo cual hizo que se frotara el rostro con frustración. _Será la última. _Eso llamó su atención. _No creas que no se que con cada milla que recorremos las posibilidades de encontrar algún vestigio del naufragio del Esme se reducen, no creas que no se que ya es muy tarde. Esta será la última isla, aquí termina mi peregrinaje._ No sabía si era una promesa que me estaba haciendo a mi misma o si la hacía por Alec. La gente necesita tener limites, y este era el mío. Tal y como le había dicho a Rose, no podía vestir de negro por siempre, tenía que seguir con mi vida. 

 
_Tenías que escoger la isla más difícil de alcanzar. Nada es sencillo contigo, ¿verdad, Padawan?_



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