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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Jueves 22 de Octubre de 2020, 20:36
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Severus Snape, ¿el amigo de Lily?

Capítulos
  1. El nacimiento
  2. Magia
  3. La verdad
  4. Lista para el viaje.
  5. Albus Dumbledore
  6. Hogwarts
  7. Conociendo a los Dursley
  8. Valle de Godric
  9. Severus Snape, ¿el amigo de Lily?
  10. ¡Hola, tía Lindsey!
  11. Conociendo un poco más
  12. Una visita nocturna
  13. La vista en el juzgado
  14. No eres ella
  15. Desahogo
  16. La llegada de Beauxbatons
  17. ¡No puede ser posible!
  18. Un pequeño enfrentamiento.
  19. La carta del abogado
  20. La primera prueba
  21. La vista en el juzgado
  22. Una contienda lejos del juzgado
  23. El anuncio de Dumbledore
  24. Una carta de tía Petunia
  25. ¿Irías conmigo al baile?
  26. El baile
  27. Un espía en el pasillo
  28. Incertidumbre
  29. Un nuevo artículo de Skeeter
  30. El paseo
  31. Amor
  32. Un intruso
  33. Gemelas.
  34. Revelación.
  35. Perdóname
  36. ¿Qué sucede con Lindsey?
  37. La segunda prueba del torneo
  38. ¿Ocurrió de nuevo?
  39. Antídoto
  40. Muerte en el castillo
  41. Cuidaré de ti
  42. La excursión a Hogsmeade.
  43. Una grata visita.
  44. El fantasma

Al día siguiente, el asunto de lo ocurrido en la final de los mundiales de quidditch era ya un asunto olvidado y lo que ahora comentaban en el gran comedor eran las expectativas que todos tenían para ese año a propósito del Torneo de los Tres Magos. Dumbledore les habló de las medidas de seguridad con las que contarían y les reveló la fecha en que los colegios visitantes estarían llegando. De pronto, una lechuza gris de ojos amarillos entró por uno de los ventanales con un mensaje en el pico que dejó caer sobre el director. Él lo leyó con detenimiento y posteriormente se excusó, aduciendo que tenía que ir a resolver un asunto en el ministerio y que era uno que tenía que ver con el nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.

—No sé en qué estabas pensando cuando decidiste contratar a Ojoloco Moody, Albus, de seguro ya se metió en problemas —comentó Flitwick. 

—Yo sé por qué lo hice, Filius y tú también sabes que, a pesar de su paranoía siempre fue un gran auror, así que es el indicado para ocupar el puesto. 

—¡Vaya! Díselo así mismo al pobre Severus cuando regrese dentro de unas horas —añadió la profesora Sinistra—, a ver si lo entiende.

—Pues tendrá que entenderlo —respondió Dumbledore después de limpiarse los labios con una servilleta.  

—Severus Snape es el maestro de Pociones pero siempre ha ambicionado el puesto de Defensa Contra las Artes Oscuras —reveló Hagrid ante la expresión interrogativa en el rostro de Lindsey. 

—¿No le gusta su asignatura? —preguntó la medimaga, después de darle un sorbo a su jugo de naranja—. Pero si es una asignatura maravillosa y muy útil. Era mi favorita en Beauxbatons y también en la academia de medimagia, tanto que terminé perfeccionandome en la fabricación de brebajes antídotos. 

—No, en realidad él... ama el arte de preparar brebajes y, Pociones también fue su asignatura favorita cuando era un estudiante, pero siempre se interesó por enseñar D.C.A.O, en fin, debo irme ahora. Espero regresar pronto. 

Dumbledore salió del gran comedor y del castillo mientras los demás terminaban de desayunar y conversar. El corazón de Lindsey comenzó a latir más deprisa al despertar esa mañana pues estaba consciente de que ese era el gran día y no podía esperar más a que llegara el momento en que conocería de una vez por todas a Harry Potter, su sobrino, el que de ese día en adelante sería para ella como el hijo que no pudo tener.   

Ella tenía el corazón rebosante de emoción pero al mismo tiempo de nerviosismo y miedo. Le asustaba siquiera imaginar que Harry también la rechazara. Hagrid, al parecer intuyó su incomodidad porque la invitó a dar un paseo por los jardines y también a conocer su huerto y su cabaña. 

Todo en Hogwarts era tan grande: las construcciones, los invernaderos, la lechucería, los jardines y las extensiones de tierra que se perdían en la lejanía o colindaban con el bosque. A Lindsey le era imposible no comparar Hogwarts con Beauxbatons, pero ella, a diferencia de Madame Maxime, no veía a uno mejor que el otro, sino que a cada uno le encontraba su encanto. Mientras Beauxbatons era un precioso palacio de estilo barroco, mucho más ornamentado y elegante, Hogwarts lo superaba en volumen y extensión, siendo este un monumental castillo medieval, más sobrio pero igualmente regio y con un aire apacible que invitaba a la meditación, sobre todo el muelle sobre el lago negro y el puente de madera. 

El huerto de hagrid estaba muy bien cuidado y poseía todo tipo de legumbres y hortalizas que se diferenciaban de las comunes por su gran tamaño. Hagrid se sentía tan en confianza y a gusto con Lindsey que entre otras cosas que le reveló su secreto mejor guardado, el que se escondía dentro de su paraguas, con el que podía hacer magia sin que los demás se dieran cuenta. 

—Dumbledore es un gran hombre y siempre ha sido como un padre para mí —dijo Hagrid mientras abría la puerta de su hogar, provocando que Fang, su perro jabalinero, detuviera los ladridos desesperados—. Como te dije, me defendió con ferocidad cuando decidieron expulsarme del colegio. 

Lindsey recibió al perro con los brazos abiertos, haciéndole arrumacos mientras le hablaba como si fuera un bebé. Adoraba los animales, en especial los perros y si eran así de grandes, mucho mejor. 

—¿Te gustan los perros?

—Son mi animal favorito, de hecho es mi patronus —respondió la mujer mientras le rascaba la panza a Fang—, pero en general me gustan todos los animales, sean mágicos o no.   

Hagrid llamó a Fang al interior de la casa e invitó a pasar a Lindsey. Ella miró el lugar con admiración. Lucía tan bonito, cálido y acogedor que no pudo evitar asociarlo con el hogar del señor Tumnus, un fauno que pertenecía a su libro favorito desde que lo leyó en el colegio muggle: Las Crónicas de Narnia de C.S Lewis. Precisamente fue con ese libro y el universo descrito en él con el que Lindsey comenzó a comparar su nueva vida cuando descubrió que podía hacer magia y que como ella había todo un universo de criaturas y seres mágicos. 

—Fue una suerte que hayas podido quedarte en Hogwarts como guardabosque, Hagrid —comentó Lindsey, tomando asiento mientras el semigigante trabajaba preparando un poco de té para los dos.    

—Y como profesor, no olvides que también soy un profesor.... desde el año pasado —añadió con emoción, hinchándose de orgullo. 

—¿En serio? ¿Qué enseñas? 

—Cuidado de Criaturas Mágicas. 

—Es una maravillosa asignatura, Hagrid y estoy segura de que te llevas muy bien con ella. Con lo poco que he podido conversar contigo y observarte en estos días que llevo aquí, me doy cuenta de que, de haber podido terminar tus estudios en Hogwarts, habrías sido un gran magizoólogo. 

—Ese era mi sueño —dijo con una mirada de ensueño. 

—¿Quien sabe, Hagrid? Si algún día, de alguna forma puedas lograrlo. De todos modos, según me dijo el profesor Dumbledore, tú ya eres un gran magizoólogo empírico.

Él se puso colorado. 

—Creo que él exagera, siempre es tan amable —dijo mientras le servía una taza enorme de té a su invitada, junto con una porción de pastel de banana que a ella le costó masticar, aunque fingió que podía hacerlo con naturalidad. 

—¿Sabes? Me gusta imaginar a mi hermana estudiando sentada sobre el pasto o a la sombra de algún árbol o quizá metiendo los pies en el lago cuando se acercaba el verano —comentó Lindsey mirando a través de una enorme ventana—. Yo solía hacerlo en el colegio, así que pienso que quizá ella también lo hacía. Nunca podré conocerla, ni saber sus gustos. 

—En efecto le gustaba estudiar bajo la sombra de los árboles, en especial bajo esa haya de ahí —dijo Hagrid señalando el árbol a lo lejos—. Siempre se sentaba ahí con Mery MacDonals y Alicie, sus amigas, pero casi todo el tiempo estaba con Snape, su mejor amigo.

—¿El de Pociones?  

—Sí, él y ella eran amigos inseparables, se conocían desde antes de entrar al colegio y fueron grandes amigos hasta que ambos dejaron de tratarse. 

—¿Y eso por qué? 

—Él la llamó Sangre sucia un día... lo escuché con estos oídos que como ves son bastante grandes. Llegué justo en el momento en que él se lo decía y también vi como los ojos de ella se humedecían. 

—Bueno, entonces no me sorprende que hayan dejado de ser amigos, si es que algún día lo fueron porque no creo que alguien que se considere como tal pueda llamar así a quién aprecie.

—Según me contó Lily, luego él trató de disculparse, pero ella dice que él lo hizo de forma torpe y que al parecer no lamentaba el hecho de haber usado el apelativo, sino de haberlo usado contra ella. 

—Así que ese tal Snape, profesor de Pociones no es más que un mago sangre limpia que defiende la supremacía...

—¡Qué va! Severus es mestizo, es solo que... bueno, sus otros amigos, los de su casa, Slytherin, constantemente lo presionaban para que dejara su amistad con Lily. Ellos simpatizaban con... bueno con... Ya sabes quién. 

—¿Quién? —preguntó Lindsey, confundida. 

—No me hagas nombrarlo, por favor. 

—¡Ah! ¿Te refieres a Voldemort? 

Hagrid se estremeció. 

—¡No lo hagas! No lo nombres...

—El director Dumbledore siempre lo hace.

—El director... es bueno, él es... supongo que es seguro que él lo haga. ¿Sabes una cosa? Me recordaste a Harry, también él suele llamarlo por su nombre. 

—¿En serio? No cabe dudas entonces de por qué está en Gryffindor, la casa de los valientes, según tengo entendido —comentó Lindsey.

Hubo un breve silencio que posteriormente ella rompió. 

—Ya inicié los trámites para adoptarlo legalmente, pero me advirtieron que será un proceso largo pues así son las cosas en el mundo muggle, además todavía falta ver si él me querrá. 

—¿Estás loca? —preguntó Hagrid sobresaltándose—. Harry estará feliz de abandonar a los Dursley, de conocerte y de vivir contigo. Perdoname que te lo diga pero Petunia es... es... un ser abominable ¿Puedes creer que durante once años le ocultaron a Harry la verdad sobre su origen? Le dijeron que James y Lily habían muerto en un accidente de tránsito. Él ni siquiera sabía que era un mago. 

—¡Santo cielo! —exclamó Lindsey, negando con la cabeza—. ¿Cómo pudieron hacer eso? 

En ese momento un elfo doméstico se apareció en la cabaña, sobresaltando a Lindsey y a Hagrid. 

—Disculpen la intromisión, profesor Hagrid, señora Cooper —dijo el elfo, haciendo una exagerada reverencia—. El director Dumbledore ya está de vuelta y solicita la presencia de la señora Cooper en su despacho, así que envió a Tommy a avisarle, señora. Él dice que quiere presentarle a alguien, bueno, son dos personas. 

—¿Será él? ¿Será Harry? pero ¿quién será la otra persona?  —preguntó Lindsey emocionada mientras se levantaba del asiento. 

—No lo creo —razonó Hagrid—, los estudiantes apenas deben estar en camino en el expreso de Hogwarts, llegarán al anochecer.

—Se trata de la profesora MacGonagall, subdirectora del colegio y Charity Burbage, profesora de Estudios Muggles. 

—¡Rayos! Me encantaría ver la reacción de ambas —dijo Hagrid con emoción mientras se secaba las lágrimas con su pañuelo de lunares. 

—Supongo que conocían a mi hermana. 

—Desde luego, Charity estuvo en su generación, aunque era Ravenclaw y Minerva, bueno, ella era en ese entonces y aún sigue siendo la profesora de Transformaciones y jefa de la casa Gryffindor —explicó Hagrid.  

—Está bien, pequeño Tommy, dile al profesor Dumbledore que ya mismo voy para allá, por favor y muchas gracias por el mensaje. 

—De nada, señora Cooper, fue un placer. 

El elfo desapareció y Lindsey se encaminó a través de la explanada, las cinco piedras y el puente de madera hasta llegar al castillo y finalmente al despacho del director. A medida que las escaleras que la trasladaban iban subiendo, ella podía escuchar con mayor claridad el rumor de voces que salían del despacho del director. 

—¡No puedo creerlo, Albus!... ¿Te imaginas lo que sucederá cuando Potter la vea? ¿En serio son tan parecidas? 

—Como dos gotas de agua, Minerva. Cuando la vi por primera vez, casi sucumbí ante el asombro. 

—Yo también muero por verla entonces —añadió otra voz de mujer—. Será impresionante. La recuerdo perfectamente de nuestra época de estudiantes. 

En ese momento tocaron a la puerta, más bien al marco porque la puerta estaba abierta. Inmediatamente todos centraron su atención en Lindsey que los miraba con una sonrisa tímida. 

—¡Por Merlín! —musitó MacGonagall, sentándose sobre un sillón para no caer al suelo. Sus ojos la esculcaron de arriba a abajo. 

—¡No puedo creerlo! —dijo la otra mujer rubia que estaba junto a la profesora, sin dejar de mirarla también. 

—¡Hola! Soy Lindsey, Lindsey Margaret Cooper, la nueva medimaga del colegio. Lamento impresionarlas pero... 

No pudo continuar hablando porque en ese momento la profesora MacGonagall se levantó del sillón y la capturó en un abrazo sin poder contener sus sollozos. Ya Lindsey comenzaba a acostumbrarse a esas reacciones y miradas de asombro, al menos estaban cargadas de amor y afecto y era mil veces preferibles a recibir las miradas y palabras duras que había recibido de su hermana Petunia, palabras y miradas que difícilmente olvidaría porque estaban grabadas en su mente y en su corazón.  

—¡Por Dios bendito! ¡Eres exactamente igual a tu hermana! Albus me lo contó todo —dijo MacGonagall mientras le tomaba el rostro entre las manos a la muchacha—. ¡Eres tan bonita como ella!... Es... ¡Es asombroso! Disculpame, hija, yo... 

—Descuide, profesora, la entiendo perfectamente —dijo Lindsey con los ojos húmedos, conmovida. 

—Yo soy Charity Burbage, no era amiga de tu hermana pero la conocía —dijo la mujer estrechando la mano de Lindsey—. ¡Vaya!... Esto es tan raro... De verdad eres tan parecida... ¡No! Parecida no, eres identica. Y yo que creí que estas cosas solo pasaban en las películas. 

—¡Bienvenida a Hogwarts! —exclamó MacGonagall, volviendo a abrazarla—, aquí podrás contar con todos nosotros que estaremos para apoyarte, incluso en el proceso que iniciaste ayer para adoptar a tu sobrino. Si necesitas testigos o algo así, puedes contar conmigo.

—Se lo agradecería mucho, profesora. Si el niño está dispuesto yo lo adoptaré y le daré todo el amor y apoyo que necesite. 

—Será como tener a su madre —dijo MacGonagall tratando de dominarse—. Yo estaré feliz de que él al fin pueda salir de casa de esa familia que... francamente desde un principio no me inspiró ninguna confianza. Sé que han pasado trece años desde que sucedió lo que sucedió pero... aún así quiero decirte que lo siento mucho pues todo esto es muy nuevo para ti. 

—Así es, gracias —dijo Lindsey—. A pesar de todos los años que han pasado, yo apenas estoy viviendo el duelo de haber perdido a mi hermana y... a mis padres. Regresé al país cargada de ilusiones pero... me conseguí con una sucesión de malas noticias y hasta con rechazo. 

Al escuchar aquello el labio inferior de la profesora tembló, amenazando con un nuevo acceso de llanto, pero se contuvo. Estaba dolida después de haber escuchado de labios del director el relato de cómo Petunia había tomado el regreso de su única hermana.  

—Aquí nadie va a rechazarte, Lindsey, al contrario, solo recibirás amor y apoyo, en especial de Potter, tu sobrino... Ya verás lo mucho que se va a alegrar pero... ¡Cielos, Albus! Habrá que prepararlo primero, como hiciste con nosotras, así que... 

—En efecto, me temo que lamentablemente Lindsey no podrá asistir a nuestro banquete para evitar que Harry la vea. Será mejor dejar que el chico tenga una noche sin sobresaltos y que mañana por la mañana, después del desayuno lo envíes aquí, Minerva, para que hable conmigo antes de que vea a su tía. 

—Así será —respondió la profesora MacGonagall. 

—Estoy de acuerdo —respondió Lindsey, aunque su voz sonó un tanto decepcionada pues se moría de ganas por ver a su sobrino ese mismo día, al menos así lo había dispuesto antes.  

—Te prometo que mañana mismo podrás verlo y abrazarlo —dijo Dumbledore con una sonrisa esperanzadora que la llenó de entusiasmo.

Charity y la profesora MacGonagall sonrieron de gusto nada más al imaginar la escena que se suscitaría el día siguiente entre tía y sobrino.  Al poco rato se encontraban tan a gusto conversando mientras comían una rebanada de pastel de limón, que Dumbledore olvidó por completo que todos los años Severus Snape viajaba directamente desde la chimenea de su casa en Cokeworth hasta el despacho de la dirección. Lo hacía así para recibir de una vez, de manos del director, el listado con los estudiantes que ese año cursarían los TIMOS y ÉXTASIS en su asignatura, y además para conversar con él ya que en todo el castillo, solo él y Charity Burbage  eran lo más parecido a un amigo que tenía y el viejo director, particularmente, era mucho más que un amigo, era algo así como un padre, aunque nunca se lo había dicho. 

Así que, sin previo aviso, la chimenea se iluminó por completo con un resplandor esmeralda y segundos después, Severus Snape emergió de ella, sacudiendo el hollín de su casaca . 

—¡Severus! —exclamó Dumbledore, palideciendo de repente. No lo había preparado con antelación así que no sabía cómo iba a reaccionar frente a la novedad. 

—¡Buenas... tardes! —exclamó a todos con su particular voz grave y parsimoniosa mientras colocaba su equipaje en el piso. 

Lindsey estaba detrás de la profesora MacGonagall y Charity, pero en ese momento salió al frente para ver quien había llegado. Severus no la vio de inmediato así que se dirigió al director. 

—Bien, Albus, ya estoy aquí, así que... 

No pudo seguir hablando, en ese momento sus ojos negros se encontraron con los de Lindsey, verdes como esmeraldas. 

—Él es Severus Snape, el profesor de Pociones —lo presentó Dumbledore, atento a la reacción del hombre cuyo rostro estaba más cetrino que de costumbre. 

—¿Qué.... qué demonios significa esto, Albus? 

Lindsey lo comprendía perfectamente al igual que a los demás, y para colmo, según Hagrid, él había sido el mejor amigo de Lily, al menos hasta que la soberbia los había separado. Era completamente natural que la mirara de aquella forma, entre incredulidad y recelo, además él no había sido preparado previamente como sí lo habían sido la profesora MacGonagall y Burbage. 

El hombre seguía mirándola, escrutándola de arriba a abajo con asombro, mientras los demás, a su vez, lo contemplaban a él con curiosidad. 

—¡Severus! No es quién crees —comenzó Dumbledore.   

—¡Severus! —exclamaron todos cuando lo vieron palidecer todavía más mientras caía al piso, completamente sin sentido.

Afortunadamente su cabeza no impactó contra el suelo de piedra sino contra un cojín que se había caído de un diván. Lindsey corrió enseguida en su auxilio, tal y como había hecho con Hagrid, aunque en su caso él no había llegado a perder el conocimiento. 

—¡Cielos! ¡Profesor! —exclamó, sintiéndose terriblemente culpable—. Por favor, ayúdenme a subirlo al diván, necesito examinarlo. 

Entre todos subieron al hombre al diván para que Lindsey pudiera trabajar. 

—¡Pobrecito! Seguro solo es una conmoción pero aún así quiero asegurarme de que esté bien. No quise asustarlo o impresionarlo, yo... Tal vez no debí estar aquí.  

—No es tu culpa, hija —dijo Dumbledore, mirando a Severus con preocupación. 

—¡Por Merlín! Qué suerte que haya caído sobre el cojín —dijo Charity mientras Lindsey le tomaba el pulso a Snape, mirando su reloj de pulsera. 

—¿Se pondrá bien? —preguntó MacGonagall con preocupación. 

—Estoy segura que sí —respondió Lindsey, encendiendo la punta de su varita para examinar las pupilas del profesor. 

—Minerva, Charity, será mejor que ahora nos dejen solos, por favor, nos veremos más tarde y muchas gracias —dijo el director y las mujeres entendiendo perfectamente la situación, abandonaron el despacho. 

—Está bien, solo fue una conmoción como sospeché. Su presión arterial bajó un poco a causa de la impresión —dijo Lindsey cuando las mujeres se hubieron marchado—. Será mejor que coma algo dulce en cuanto lo reanime, su pastel de limón servirá, señor director —concluyó mientras le apuntaba el rostro con la varita a Snape. 

—¡Espera un segundo! —exclamó Dumbledore, haciendo que Lindsey bajara la varita, contemplando el rostro de Severus con conmiseración al verlo en esa posición vulnerable—. Tengo la impresión de que cuando él despierte, su vida cambiará para siempre.

—Él es el amigo de Lily ¿no? Hagrid me lo dijo —comentó Lindsey, conmovida también. 

Debió haber sido una gran impresión para él en verdad y por esa misma razón, comprendió aún más por qué debía esperar hasta el día siguiente para poder ver a su sobrino. No quería que él también sucumbiera ante el asombro. 

El profesor Dumbledore asintió. 

—Él fue mucho más que su amigo —dijo entre susurros y sin detenerse a pensar en lo que decía. Lindsey lo escuchó perfectamente pero supuso que él había querido decir que su amistad había sido en verdad muy grande, llegando a ser quizá como dos hermanos ya se conocían desde antes del colegio y en vista de que Petunia jamás había aceptado el hecho de que Lily era una bruja y siempre la había rechazado.   

Lindsey volvió a apuntar el rostro del profesor de pociones. 

¡Enérvate! —exclamó. 

Severus Snape comenzó abrir los ojos y a espabilarse con lentitud, sin sospechar siquiera que el profesor Dumbledore había tenido toda la razón en sus conjeturas. A partir de ese momento, su vida ya no sería la misma. 



Nota de autora: Hola, amigos, espero que les haya gustado el episodio, nos vemos el próximo viernes con la continuación (estaré trabajando en este proyecto el fin de semana), gracias por tanto apoyo. 





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