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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Valle de Godric
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Viernes 21 de Febrero de 2020, 06:43
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Valle de Godric

Nota de autora: Amigos, les complacerá saber que esta semana, gracias a Dios y a mis musas, habrá doble actualización, es decir, una hoy y la otra para el próximo viernes, así que, espero que las disfruten. 

P.D: El próximo episodio será impactante








Lindsey y Dumbledore al fin entraron de nuevo al castillo. El director respetó la voluntad de la muchacha de recibir los alimentos en su habitación a la hora de la cena pues no deseaba que la molestaran y asediaran con preguntas incómodas. La habitación de Lindsey estaba junto a la de la señora Pomfrey en la enfermería. Era grande y estaba decorada con muy buen gusto pero ella le dio el toque final cuando colocó sobre su mesita de noche la fotografía de los Potter y una de Harry que Dumbledore le había otorgado ni bien llegaron al castillo, fotografía que él había tomado de entre los expedientes del chico.

Ella tomó la fotografía de Harry y la contempló una vez más. Un mechón de cabello le impedía ver la cicatriz de su frente pero cuando él se movía, la dejaba ver por unos breves segundos. Sus ojos eran grandes y expresivos, los mismos de ella, o mejor dicho, de Lily. Lindsey sintió un arrebato de afecto por el muchacho que contemplaba por primera vez en su vida y unas terribles ganas de protegerlo y mimarlo como Petunia jamás lo había hecho. 

Afortunadamente y por más sorprendida que aún estuviese, la señora Pomfrey era sumamente discreta y jamás tocaría la puerta de Lindsey para hacerle preguntas que de seguro estaba cansada de oír, de todas formas ya sabía lo suficiente: esa mujer, su nueva compañera de trabajo no solo era una medimaga brillante sino la hermana gemela de Lily Evans, la nueva tía de Harry Potter. 

Esa noche, a Lindsey le costó dormirse. Cuando lo hizo era ya muy tarde en la noche y la despertó una pesadilla que había comenzado como un hermoso sueño.

Ella caminaba por un prado de flores de lavanda, aspirando para llenar sus pulmones de aire puro. De pronto, sintió una mano suave sobre su hombro derecho y al girarse, observó su mismo rostro y sus ojos, devolviéndole la mirada.   

¡Lily! —exclamó por instinto. Su hermana asintió y ambas se dieron un prolongado abrazo.

Me habría gustado tanto estar contigo pero... 

Lily la hizo callar, colocando el índice sobre sus labios.

Ya habrá tiempo para eso. Algún día estaremos juntas por fin —dijo con voz apaciguadora y Lindsey reconoció su propio timbre de voz en ella. No obstante, la mirada de Lily se ensombreció un poco, como si estuviese preocupada—. Por ahora me complace que estés cerca de mi hijo. Necesito que me lo cuides y que lo guíes en la medida de tus posibilidades. 

De acuerdo, pediré su custodia, pelearé por ella si es necesario... No dejaré que siga sufriendo. Lo amaré como si fuera mío... ¡Te lo juro! 

Te lo agradezco mucho, hermana y aunque no lo creas también tengo que agradecerle a Petunia por haberlo acogido todo este tiempo en su casa. Si él está cerca de ti, estaré más tranquila porque algo terrible lo acecha....  

¿De qué estás hablando, Lily? —preguntó su hermana, observando cómo sus ojos se humedecían.

Él quiere regresar... Él quiere acecharlo de nuevo... 

¿Él? ¿Quién es él? 

A lo lejos se escuchaban ruidos como de gritos y explosiones mientras el cielo se oscurecía, volviéndose de noche enseguida.

Quiere matar a mi bebé —siguió Lily, tomando a su hermana por lo hombros con firmeza—. Quiere recuperar su cuerpo para poder tocarlo.

Lindsey comenzaba a comprender pero el griterío se hacía cada vez más fuerte y de pronto se vio aterrada en medio de una multitud que corría en sentido contrario, como huyendo de algo espantoso. 

—¿Te refieres a Volde...? ¿Lily?... ¡Lily! ¡LILY! ¿Dónde estás? 

—¡Corran! —gritaba la gente mientras Lindsey miraba a todos lados, buscando a su hermana.

¡Lily! ¿Qué rayos sucede? ¡Dios mío! ¡Harry! —gritó al verlo de repente, parado a lo lejos entre el mar de gente que corría. Lindsey quedó de piedra al ver que una serpiente enorme se enroscaba alrededor de él ...—¡Quédate quieto! ¡No te muevas! —dijo sacando la varita, pero justo cuando la serpiente abría las fauces, ella despertó sobresaltada. 

—¡Dios mío! —dijo entre jadeos de estupefacción y miedo, tratando de regular su respiración.

Ella se sirvió un vaso de agua y regresó a la cama, todavía temblando. ¿Qué querría decir aquel sueño? ¿Sería una revelación? ¿Acaso significaba que su sobrino estaba en problemas en ese momento? ¿Habría regresado Voldemort? 

El profesor Dumbledore le había revelado su hipótesis acerca de que Voldemort no había muerto en realidad, sino que de alguna forma su cuerpo se había desintegrado al encontrarse con la protección que otorgó el sacrificio de amor de Lily. Lindsey recordó que en la academia de medimagia, el profesor Maberly había intuido algo parecido, solo que él sí creía que el mago oscuro había muerto a causa del efecto rebote de su hechizo asesino...

La mujer se pasó las manos por la cabeza y hasta estuvo a punto de salir en busca del profesor Dumbledore en su despacho para contarle el sueño que acababa de tener, pero prefirió contenerse al asomarse por la ventana y ver que el sol comenzaba a despuntar en el horizonte, sería mejor hacerlo un poco después. Tampoco valía la pena alarmar a la señora Pomfrey pues quizá, después de todo solo era un sueño... ¿o no? 

Sea como fuese de todos modos ella había tomado una decisión con respecto a su sobrino desde que visitó la casa de los Dursley. No le importaba si Harry la rechazaba al igual que lo habían hecho Petunia y Dudley, ella no se apartaría de su lado, no lo abandonaría y lo iba a querer como si fuese su hijo, después de todo ella ya no iba a tener los suyos propios, no después de haber perdido los que había engendrado, así como había perdido a Noah...    

—Yo voy a cuidar de él, Lily —susurró mirando el firmamento púrpura, tratando de guardar en su memoria, el contacto del cuerpo de su hermana al abrazarla. Cómo le habría gustado crecer con ella, tenerla cerca, tal vez no se sentiría tan sola como se sentía en esos momentos.  

Lindsey se apartó de la ventana, se dio un buen baño relajante y por fin se dispuso a salir de su habitación. Ese día estaba repleto de actividades para ella. El profesor Dumbledore le había prometido acompañarla para buscar una casa en Londres, pues ella quería comprar una para ir a vivir con Harry cuando él estuviese a su cargo ese verano, aunque el profesor Dumbledore le había recordado, muy amablemente, que en primer lugar ella debía enfrentarse a Petunia en una batalla legal. Posteriormente visitarían el cementerio del valle de Godric pues ella deseaba ir a dejarle flores a su hermana y cuñado.  

Al salir de la habitación, Lindsey encontró a la señora Pomfrey ya levantada, tomando un poco de café mientras observaba por una de las ventanas de la enfermería. Al escuchar la puerta se giró por instinto y observó a Lindsey con una sonrisa bonachona.  

—¡Dios mío! Disculpa que te lo diga una vez más pero es que... tu parecido con ella es impresionante, y me temo que tendrás que acostumbrarte a que te lo digan todos los que la han conocido. 

Lindsey sonrió también, enternecida. 

—No se preocupe, madame, no me molesta en lo absoluto, por el contrario, me halaga saber que conservo tal parecido con mi hermana. Al mirarme a un espejo, me consuela saber que por lo menos llevo su rostro conmigo —dijo acariciándose la mejilla derecha—, pero debo confesarle que me habría encantado conocerla en persona.  

—Ella era un ángel —respondió la sanadora con una mirada melancólica—. Tan bella como tú y con una personalidad altruista y sensible. A veces era un tanto explosiva si la hacían enojar y vaya que ese Potter, su esposo, la hacía enojar antes de que fueran novios siquiera. Él vivía para tratar de conquistarla pero ella era arisca como un tejón y fuerte como un roble, no se dejaría atrapar tan fácilmente, además James Potter era el chico más popular de Hogwarts en ese entonces y siempre vivía metido en problemas junto a sus amigos, pero me consta que el chico creció y maduró con el tiempo —la enfermera suspiró y añadió mientras se secaba un par de lágrimas—: Hicieron una pareja preciosa. Todavía recuerdo como si fuera ayer cuando me invitaron al bautizo del pequeño Harry. 

—Fue tan injusto lo que sucedió con ellos —susurró Lindsey bajando la cabeza. 

—Pero no es hora de ponernos tristes —dijo la señora Pomfrey, tomándola por la barbilla para elevarle el rostro—. Nos alegra muchísimo que tú, la hermana gemela de Lily, la tía de Harry Potter haya regresado a su país y al entorno de donde nunca debió haber salido. 

—Muchas gracias, señora Pomfrey... 

—¡Poppy! Puedes llamarme Poppy como me llaman mis amigos si así lo deseas. Seremos compañeras de trabajo y espero que también amigas, así que no sientas ningún reparo por tutearme y tratarme con toda confianza.    

—De acuerdo, Poppy. Muchas gracias por hacerme sentir contenida. Estoy segura de que juntas haremos un gran equipo. Tengo entendido que usted... que eres una estupenda enfermera. 

—¡Oh vaya! ¿Y quién te dijo eso? Apostaría mi varita a que fue Albus —dijo la mujer mientras reía—. Él es un gran hombre.  

—Sí, él dice que tú has sido capaz hasta de reparar fracturas sencillas con encantamientos y que tienes un alto conocimiento en hierbas y pociones. 

—Bueno, se hace lo que se puede. Hace mucho que el director intenta hacer que un medimago tome su puesto aquí, pero todos prefieren irse a San Mungo o al extranjero donde la paga es mucho más elevada, pero aquí no podrían quejarse de su sueldo. En fin, al verme sola tuve que perfeccionar mis estudios, afortunadamente cuando yo entré a la academia de magia y sanación, nuestra formación académica era muy estricta y exigente, tanto que muchos dicen que estamos casi al nivel de cualquier medimago. 

—Y no lo dudo en lo absoluto, el señor director estuvo contándome que usted junto con la profesora Sprout... creo que ella es la de Herbología ¿no?

—Así es —confirmó la sanadora. 

—Bien, él me contó que ustedes dos juntas prepararon la poción despetrificadora que utilizaron hace dos años cuando hubo varios ataques por parte de un basilisco en el colegio. Eso fue asombroso. 

—Bueno, no es para tanto, la verdad es que ese año fue terrible y hasta estuvimos a punto de cerrar el colegio por los ataques. Casi nunca tenemos un año tranquilo en verdad, pero en fin... Ese día nos vimos en la necesidad de crear esa poción y avocamos toda nuestra atención en ella, pero normalmente tengo tanto trabajo que es el profesor Snape quien las prepara por mí.

—¿El profesor Snape?   

—Sí, el de Pociones. Es muy huraño y parco, pero en el fondo es buena persona. Siempre fue así, desde niño... ¡Por cierto! —exclamó quedándose callada de repente—. Él era un gran amigo de tu hermana, mejor dicho, su mejor amigo. Siempre anduvieron juntos de un lado para el otro a pesar de ser de casas distintas (ella Gryffindor y él Slytherin) hasta que se pelearon

—¿Se pelearon? 

—Sí, en realidad ni siquiera sé por qué pero, dejaron de  hablarse. Es una pena porque después de eso el pobre Severus quedó muy solo. Bueno, cuando no estaba en compañía de esos amigotes suyos que... en fin, no eran una buena compañía en realidad. 

—¿Por qué? —quiso saber Lindsey. 

—¡Ah vaya! Ya es la hora del desayuno, será mejor que vayamos bajando al gran comedor.    

Las mujeres tomaron su lugar en el gran comedor donde ya se encontraban Hagrid y los demás, con las cabezas juntas mientras comentaban un titular del diario El Profeta. El profesor Dumbledore venía entrando en ese momento, también con un ejemplar del diario en la mano.

—¡Cielos!

—¡Qué terrible!

—¿Qué sucedió?— preguntó la señora Pomfrey, un tanto alarmada. 

—¡Oh! —exclamaron todos al elevar la mirada y encontrarse con los ojos verdes de Lindsey, todavía no se acostumbraban, sobre todo Hagrid que seguía sin poder disimular su asombro.  

—Sucedió algo horrible en la final del mundial —reveló Aurora Sinistra, entregándole el ejemplar a la señora Pomfrey. Lindsey se acercó y leyó el titular también: 


«Escenas de terror en los mundiales de quidditch»  


Aunque ella solo leyó el titular y no el artículo, inmediatamente comenzó a recordar las escenas de la pesadilla de la madrugada y no pudo evitar llenarse de angustia. 

—¡Dios mío! —exclamó—. Harry está allá.... ¿Qué sucedió con él? ¿Dice algo sobre mi sobrino? 

—Bueno, ehhh... 

Madame Maxime también está allá ¡Santo cielo!. 

—Bueno... se... se dice que retiraron varios cadáveres del bosque.

 —¿Qué? —preguntó Lindsey, comenzando a palidecer. 

—¡Hagrid! —exclamaron la profesora Sprout y el profesor Flitwick al unísono, con un tono admonitorio.  

—Pe... pero. 

—¡No te alarmes, Lindsey! —la tranquilizó el profesor Dumbledore, con voz conciliadora. 

—Pero, profesor, El Profeta habla de... caos ¡Mire! Allí aparece la marca tenebrosa —insistió Hagrid, nervioso, mostrándole el periódico. 

—¿Qué significa esa marca? ¿Qué sucedió? —preguntó Lindsey. 

—Es la marca de quién tú sabes —respondió Sinistra.

—¿Quien yo sé?

—El que no debe ser nombrado —aclaró Hagrid pero Lindsey seguía sin saber de qué hablaban—. Es la marca que dejan sus mortífagos cuando han cometido un asesinato.  

—Se refiere a Voldemort —explicó Dumbledore mientras Hagrid se estremecía. 

—¿Asesinó a alguien? Pero ¿cómo? ¿No se supone que él ahora no puede? Y ¿Quienes son esos mortífagos?... 

Todos se miraron las caras unos a otros. 

—Los mortífagos son los seguidores de Voldemort —respondió Dumbledore, tomando asiento con naturalidad—. Una especie de sirvientes. 

—Pero, señor, ellos mataron a varias personas y... 

—Nadie murió en los mundiales, mi querido Hagrid, aunque eso no significa que los asistentes no se hayan llevado un gran susto —contestó el director impertérrito—. No olvidemos que el artículo en cuestión fue escrito por Rita Skeeter, conocida por ejercer el periodismo amarillista, suele escribir artículos exageradamente dramáticos que solo buscan la atención del público.  

—Pero aún así nos gustaría saber como está Potter —comentó el profesor Flitwick. 

—Él está bien, Filius —lo tranquilizó el profesor Dumbledore—. Acabo de comunicarme con Molly Weasley a través de la red flu y me explicó todo. 

—Gracias a Dios —dijo Lindsey con una mano en el pecho. 

—Pero entonces ¿qué ocurrió? ¿Por qué dejaron esa marca tan horrenda en el cielo? —preguntó la señora Pomfrey. 

—Al parecer había algunos mortífagos infiltrados en el evento y animados por la victoria de Irlanda o tal vez ardidos por la derrota de Bulgaria, se emborracharon y decidieron atacar el campamento. Incendiaron algunas tiendas, pero su ataque estuvo especialmente dirigidos a la pareja de muggles que custodiaba el campamento. 

—¡Malditos cobardes! —exclamó Hagrid con espontaneidad, pero después se tapó la boca con las manos.

—Sí, es un horrible acto de cobardía —lo secundó Lindsey, pero luego se dirigió al profesor Dumbledore—: ¿No ha sabido nada de Madame Maxime?

—No, pero debe estar bien, incluso ya debe estar de vuelta en su país. Si quieres un consejo, querida Lindsey, no creas en todo lo que aparece en este diario —dijo señalando el periódico—. En especial si es algo escrito por Rita Skeeter. 

—Pero y entonces ¿qué hay de la marca tenebrosa? —preguntó la profesora Sprout.

—Sí —intervino el profesor Flitwick—. Independientemente de que no haya sucedido algo más allá que un simple susto, es un hecho que alguien la conjuró y eso aunado a la reaparición de los mortífagos, da para pensar muchas cosas. 

—No lo sé —dijo Dumbledore encogiéndose de hombros—. Particularmente pienso que esos mortífagos solo se dejaron llevar por las emociones y el alcohol, así que quisieron lucirse atacando a los muggles y dejando la marca. No obstante el ministerio debería estar muy alerta, sobre todo en eventos de gran magnitud, lo que me lleva a pensar en el Torneo que tendremos en puerta este año. No hay que alarmarse pero tampoco debemos dormirnos en los laureles. 


Después de desayunar, el profesor Dumbledore y Lindsey se despidieron de los demás y partieron a Londres, directamente a una agencia inmobiliaria donde le mostraron fotografías de varias casas hermosas que se ajustaban perfectamente a sus necesidades. Optó por una más bien pequeña, de tres habitaciones: Una sería para ella, otra para su sobrino Harry si él aceptaba irse con ella al concluir el curso, y la tercera sería para invitados. 

Lindsey, el profesor Dumbledore y el agente de bienes raíces viajaron hasta la casa que ya venía amueblada y luego de revisarla y de quedar satisfecha con todo, sobre todo con las hermosas vistas que daban al Támesis, la mujer cerró el negocio y se dispuso a concretar la compra. 

—La felicito, señora Cooper, ha hecho usted una buena elección —dijo el agente, estrechándole la mano y entregándole las llaves de su nueva morada—. Ahora si me disculpan, debo hacer un par de llamadas. 

Ella le respondió con una sonrisa y un asentimiento. 

—¿Y bien? ¿Qué te parece tu nueva casa? Es hermosa y confortable, aunque solo la usarás durante los veranos, y en navidad si deseas pasarla fuera del castillo, aunque este año no te lo aconsejo —dijo el profesor Dumbledore, examinando la chimenea—. ¡Por cierto! Me parece que esta chimenea es muy chica, habrá que expandirla un poco ¿no lo crees? ¡Ah! Y desde luego tendremos que pasar por el ministerio de magia para registrarla y hacer que la conecten a la red flu. 

—Sí, estoy de acuerdo pero ¡Vaya! ¿Qué hace, profesor Dumbledore? —preguntó Lindsey sin poder evitar reír, mientras miraba alternativamente al muggle que hablaba por teléfono en el jardín y al profesor Dumbledore que sacaba la varita para apuntar la chimenea.

—No te preocupes, querida, estará lista en un tris.  

En efecto la chimenea se expandió a lo ancho y a lo alto, dejándola acta para que una persona adulta entrara en ella.. 

—Quedó estupenda —aprobó Lindsey con una sonrisa—. ¿Cree que a Harry le guste? Bueno... Ni siquiera sé si querrá venir conmigo, una completa extraña para él, y todavía falta saber si podré lograr obtener su custodia. 

El profesor Dumbledore suspiró mientras se guardaba la varita en el bolsillo interno de la chaqueta de su traje muggle. 

—Estoy absolutamente seguro de que Harry amará la idea de venir a vivir contigo. Cuando te conozca, cuando sepa quién eres y cómo eres, te adorará —aseguró el anciano, colocándole una mano en el hombro y luego continuó—: Sin embargo, al ser un chico mestizo, para obtener su custodia deberás solicitarla ante las dos comunidades, es decir, la mágica y la muggle. Como jefe del consejo de magos del ministerio de magia te doy fé de que te será sencillo obtener su venia ya que es perfectamente comprobable que eres su pariente directa, pero para que te sea concedida oficial y totalmente, deberás consignar la guardia y custodia firmada por las autoridades muggles y desde luego por los actuales tutores legales del niño.

—Y es ahí donde todo se complica ¿no es así —dijo Lindsey con un suspiro lleno de decepción—. Petunia no me lo entregará tan fácilmente. Es una egoísta, lo ha tenido por catorce años, cofinandolo a sobras y  hasta a una alacena, no lo quiere pero se niega a que yo le brinde todo el amor y cuidados que él necesita.

—No creo que los Dursley sean en realidad un problema —analizó Dumbledore, jugueteando ahora con una de las antenas del televisor—. Quizá tú no lo notaste por estar ofuscada pero al final Petunia estaba más presta a ceder con tal de que abandonásemos su casa, a menos que más tarde vuelva a negarse pero eso tampoco será un problema porque en los juzgados muggles suelen tomar en cuenta la opinión de los menores de edad cuya custodia es litigada, y en ese caso Harry te apoyará. Por su parte, Vernon más bien quiere deshacerse de él y a Dudley no creo que le importe. El único inconveniente que puedes encontrar es el tiempo, porque los trámites muggles suelen tardarse varios meses y a veces hasta años, así que, aunque consigas la custodia de tu sobrino, me temo que será imposible que se venga contigo el próximo verano, bueno, no lo sé con exactitud. De todos modos hoy mismo comenzaremos con los trámites.  

En ese momento, el muggle que se estaba encargando de la venta de la casa, entró después de colgar el pesado y gran teléfono celular. La sonrisa que tenía en el rostro por consumar la venta, de pronto se desvaneció, reemplazandola por una expresión de sorpresa al ver la chimenea. 

—¡Cielos! —exclamó—. ¿No era más chica?

—No  lo creo —respondió Dumbledore, negando con la cabeza. 

—En lo absoluto —añadió Lindsey, tratando de no reírse—, lo que más me gustó de la casa fue el enorme tamaño de su chimenea. Ya sabe lo frío que se pone Londres a veces ¿no? 

—Sí, claro, bueno, todo está listo por aquí, señora Cooper, la casa ya es casi suya, así que solo falta que regresemos a la agencia para que firme algunos documentos.    

Dumbledore y Lindsey regresaron a la agencia, y después que hubieron realizado todos los trámites correspondientes, visitaron Surrey para iniciar los trámites legales para obtener la custodia de Harry, allí les informaron que sería necesario realizar algunas investigaciones, pruebas genéticas y además hablar con el chico y sus custodios legales. Lindsey comprobó así que no sería cosa sencilla, aunque de todas maneras no estaba dispuesta a renunciar. 

—Haré lo que haga falta —dijo con decisión al salir del juzgado.

—Así se habla, Lindsey. Yo estoy dispuesto a apoyarte. 

—Ahora... ¿iremos al valle de Godric como me prometió, profesor Dumbledore? 

Él calló por unos segundos y luego respondió al fin. 

—Sí, hija. No puedo negarte esa visita.

Ambos buscaron un lugar discreto, se tomaron de la mano y se desvanecieron, para aparecer segundos más tarde detrás de una valla publicitaria con el nombre del pueblo.  Al principio Lindsey se quedó callada, pensando en el sueño que había tenido esa madrugada. 

—¿Estás bien? —preguntó Dumbledore.  

—Lo estoy, solo que es... siento que es imperativo tener a Harry conmigo.... De alguna forma se lo prometía a ella. 

—¿A quién? —preguntó con curiosidad el director mientras se ponían en marcha y él señalaba una esquina para indicarle a su compañera que debían cruzar. 

—A Lily... Verá, con todo esto yo olvidé contarle acerca de un sueño que tuve. Era uno donde yo hablaba con mi hermana y ella me pedía desesperadamente que cuidara del niño, me decía que estaba en peligro porque él iba a regresar. Parece que ella al igual que los otros se negaba darme el nombre pero estoy segura de que se refería a Voldemort. No sé si negaba o no realmente o si solo quería enfocarse en el asunto de la protección de Harry. Todo a nuestro alrededor estaba oscuro y habían muchas personas aterradas, gritando a nuestro alrededor, pero lo que más me aterrorizó fue esa asquerosa y enorme serpiente que envolvía a Harry poco a poco. Cuando ella estuvo a punto de morderlo, desperté. 

Dumbledore permaneció callado por un rato, analizando las palabras de Lindsey con una expresión preocupada, hasta que ella lo hizo reaccionar...

—¿Le sucede algo, profesor?... ¿Profesor? 

—La serpiente puede simbolizar el mal —susurró más para sí mismo. 

—¿Profesor? 

—¡Ah! Sí, disculpa, hija. Bueno, con todo esto que sucedió creo que será conveniente mantener vigilado al chico, pero creo que a lo que Lily se refería en tu sueño es a que desea sinceramente que tú te quedes con él —dijo el director para tranquilizarla.    

—¿De verdad lo cree?

—Así es... ¡Mira! —dijo señalando a los lejos. 


En la distancia se veía una estatua que a Lindsey no le llamó la atención en lo absoluto, pero a medida que se fue acercando, la misma se fue transformando en un monumento a los Potter que la dejó conmovida. 

En el cementerio, Lindsey dejó una corona de flores que conjuró con su varita y no pudo evitar derrumbarse una vez más al leer el epitafio en la tumba. ¿Por qué su madre se había demorado tanto en decir la verdad? ¿Por qué había regresado tan tarde a Inglaterra? ¿Por qué no pudo conocer a su hermana en vida? 

Justo cuando Dumbledore y Lindsey estuvieron dispuestos a regresar a Hogwarts, ella observó al casa a lo lejos, una casa en ruinas que era invisible a los muggles que por allí transitaban, pero no así para los magos y brujas que a diario les dejaban algún recuerdo o tan solo su firma para rendirles honor y tributo. Dumbledore no creyó conveniente que Lindsey visitara el lugar, aunque ella insistió, pero él continuó negándose porque estaba seguro de que no sería conveniente pues ella se veía demasiado afectada después de ver el monumento y visitar el cementerio y era algo totalmente normal y lógico, ya que Lindsey estaba viviendo el duelo que no pudo vivir hacía trece años cuando ocurrió la tragedia de los Potter. Así que Dumbledore la convenció de marcharse, aduciendo que ella podría regresar en cualquier momento cuando se sintiera mejor, por ahora habían tenido un día largo. 

Tal vez fue Dios, el destino o quién sabe qué cosa, pero tal vez fue una buena idea que ella no entrara en la casa ruinosa de los Potter pues en ese momento, Severus Snape se encontraba en el interior. Era parte de su ritual visitar el cementerio y aquella casa un día antes de regresar al castillo para iniciar un nuevo año escolar y también cada treinta y uno de octubre. 

El hombre pasaba horas contemplando las fotografías de la familia, condensando su atención en un solo rostro, el de ella. Jamás la olvidaría, ni tampoco su perfume a jazmines que aún podía sentir si cerraba los ojos y se concentraba lo suficiente... ¿Cómo olvidar el tono dulce de su voz? Era dulce y armónico aún cuando se enojaba. ¿Cómo olvidar el vaivén de las ondas de su cabello rojo como el atardecer?  y ¿Cómo olvidar la calidez y suavidad de su cuerpo? Esa que había atesorado en su memoria y en cada centímetro de su piel, las pocas veces que la había abrazado.  ¡Qué tonto había sido! —pensó mientras acariciaba el rostro de Lily en una fotografía enmarcada donde sonreía y luego recostaba su cabeza del hombro de su marido. ¡Qué tonto y cobarde! ¿Por qué no le había dicho lo que sentía por ella? ¿Por qué había dejado que se enamorara de Potter si ella lo odiaba? y definitivamente ¿Por qué permitió que él se la arrebatara? 


No necesito la ayuda de nadie y mucho menos la de una asquerosa Sangre sucia


Esa frase acudía a él una y otra vez todos los días de su vida desde aquella tarde frente al lago donde perdió su amistad y cariño para siempre. Esa era una frase maldita que había terminado de resquebrajar la amistad que él, con su fascinación por las artes oscuras había comenzado a deteriorar. Lily jamás superó que él, su amigo del alma y su refugio, la llamara de esa forma tan hiriente y despectiva y así se lo había hecho saber esa noche cuando accedió a hablar con él a las afueras de su sala común, a regañadientes, debido a su amenaza de dormir en el corredor si ella no accedía a escucharlo. Ella nunca se habría ofendido de aquella forma, si el agravio hubiese venido de alguien más... Dolió, había dolido mucho más porque había venido de él, pero Lily jamás se imaginó lo mucho que a él mismo le hizo daño, ni bien hubo terminado de pronunciar aquellas malditas palabras... con ellas no había hecho otra cosa más que empujarla hacia los brazos del maldito Potter. 

Severus Snape se levantó del sillón donde estaba sentado, en la habitación del matrimonio Potter, mirando con odio la cama, esa que muchas veces habría sido testigo del amor que ambos se profesaban. Esa pudo ser su cama, su casa y su vida junto a ella, si él no lo hubiese arruinado con sus palabras y acciones pero sí, había sido su boca la que terminó hundiéndola en el fango de la muerte, su boca que no pudo contenerse y que terminó revelando la profecía en un intento de ganar prestigio y una buena posición dentro del clan de mortífagos. Él quería ganarse la confianza del Señor Tenebroso y lo había logrado... total, ya Lily lo aborrecía y había decidido seguir su camino junto a Potter, pero Severus jamás imaginó, por Dios que jamás intuyó siquiera, que El señor Tenebroso escogería a los Potter, precisamente a ellos para atacarlos, interpretándolos como los intrépidos padres del Elegido que lo habían desafiado en tres ocasiones. 

Allí la habían encontrado muerta —pensó él cuando vio la habitación del bebé, con la puerta entreabierta y miles de escombros y objetos alrededor. Cerró los ojos y se estremeció siquiera al imaginar su cuerpo sin vida ¡No! No había querido verla así, no lo habría soportado, por eso se mantuvo a raya del funeral y el sepelio, por eso y también porque en aquellos días el ministerio comenzó a buscarlo afanosamente como vil mortífago. 

Una vez dentro de la habitación del bebé, un enorme boquete en la pared del frente le dejó ver una imagen que le llamó la atención. Estaba atardeciendo y  no había demasiada gente en la calle, solo algunos niños muggles que pasaron en bicicleta, una pareja joven que paseaba su perro y... 

—¡Qué rayos! —se dijo a sí mismo, estirando el cuello. A lo lejos se veía a un hombre anciano que a pesar de la distancia y el traje de muggle no podía ser otro más que....—. ¡Albus! —exclamó. 

Sí, era él, su largo cabello y barba blanca lo delataban aún en la distancia. Sin embargo lo que llamó la atención de Snape fue su acompañante. Era una mujer, una mujer pelirroja que de pronto le recordó a.... ¡No! No podía ser posible, ya estaba imaginando cosas —pensó mientras retrocedía, mirando sus manos temblorosas. En el fondo sabía que el hecho de asistir todos los días a esa casa le hacía daño porque no le permitía soltar el recuerdo de Lily, lo mantenía obsesionado y herido, pero no podía evitarlo.... Tal vez solo estaba imaginando cosas, producto de la conmoción que le provocaba estar en ese lugar. 

—Sí, debí imaginarlo —se dijo a sí mismo al asomarse de nuevo y no ver nadie. 

Él cerró los ojos de nuevo y se desmaterializó para abandonar el lugar, retornaría a la lobreguez de su hogar para disfrutar de las horas de paz que le quedaban antes de retornar a Hogwarts, muy temprano al día siguiente. Ese año prometía ser aún más ajetreado que los anteriores, a propósito del maldito Torneo de los Tres Magos. 





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