Historia al azar: Extraña
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Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans » Conociendo a los Dursley
Lindsey Cooper, la hermana de Lily Evans (ATP)
Por Hermaire
Escrita el Sábado 11 de Enero de 2020, 20:34
Actualizada el Viernes 21 de Febrero de 2020, 06:43
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Conociendo a los Dursley

Lindsey observó la casa con detenimiento y emoción al mismo tiempo.

Vernon y Petunia se encontraban en la sala en ese momento, él leyendo el diario vespertino y ella bordando mientras Duddley veía la final del mundial de fútbol en la televisión.

—¡Duddley, trompito! Alguien toca. ¿Podrías abrir la puerta, cielo —pidió Petunia con excesiva amabilidad mientras realizaba una puntada especialmente complicada.

—¡Mamá! ¡Son los penaltis! ¡Le toca a Brasil de nuevo y si no falla, le ganará a Italia! —se quejó el niño sin siquiera apartar la mirada del televisor—. ¿No lo entiendes?

—Yo en cambio le voy a Italia —dijo Vernon riendo—. Estamos mucho más cerca de Italia que de Brasil.

—Pero el equipo de Brasil es mucho mejor pa.... ¡GOOOOOOOOOOOOOOOL! —gritó Duddley, haciendo sobresaltar a Vernon en su asiento y provocando que Petunia se pinchara el dedo con la aguja.

—¡Duddley, cariño! ¡Me asustaste!

—¡Siiiiiiií! ¡Gol! ¡Gol! ¡GOOOOL!

—Los mundiales logran capturar la atención bien sea de magos como de muggles —comentó Dumbledore con una sonrisa al escuchar el grito de Duddley, mientras tocaba el timbre por tercera vez.

En ese momento la puerta se abrió y observó a Petunia. Ella le devolvió una mirada parca, escutando su apariencia y su traje de muggle sin ningún reparo. Por unos segundos no lo reconoció pero luego lo miró con detenimiento y con asombro. Estaba tan sorprendida de verlo en su casa que ni siquiera prestó atención a la compañía que él traía consigo.

—¡Que bueno verte, Petunia! —la saludó el director, sonriendo con amabilidad. En el fondo estaba disfrutando al imaginar lo que sucedería pocos segundos después. 

—¡Dumbledore! —exclamó ella sin salir de su estupor—. ¿Qué está?...

—Sí, es natural que te hagas esa pregunta —dijo el anciano, entrando en la casa junto a su compañera, sin importarle que Petunia no los hubiese invitado—, pero comprenderás lo que vengo a hacer aquí al ver a quien traigo conmigo. Sé que hace muchos años tuviste a una hermana que...

—¡Lily! —exclamó Petunia, mirando a la mujer de arriba abajo con una expresión de terror dibujada en el rostro al ver a Lindsey, que más bien le otorgaba una mirada tímida y cargada de emoción—. ¿Qué clase de broma es esta? ¡No!.... no es gracioso —dijo temblando mientras retrocedía, completamente aterrada.

—¿Qué sucede, cariño? —preguntó Vernon, comenzando a alarmarse al ver el estado de su esposa.

Duddley, sin inmutarse seguía bailando para celebrar el gol frente a la pantalla mientras miraba al equipo brasileño agolparse en medio del campo en medio de vítores y saltos de alegría.

Cuando Vernon miró a Lindsey también palideció.

—No puede ser —musitó con un hilo de voz—. Es.... es un fantasma.

—¡No! No soy un fantasma —explicó Lindsey, avanzando unos pasos. Dumbledore cerró la puerta detrás de sí—. Verán, yo...

—¡Nooo! ¡No te acerques, Lily! —suplicó Petunia con los ojos llenos de lágrimas de pánico.

El profesor Dumbledore no lo dijo y tal vez no lo admitiría nunca, pero dada la forma de ser de los Dursley, la verdad era que estaba disfrutando de ese momento, porque sabía que era su consciencia la que les provocaba tanto terror, al creerse frente al fantasma de Lily Potter.

—Yo... ¿Qué vienes a hacer aquí? —preguntó Vernon, retrocediendo igual que su esposa—. Tú estás muerta y... o... oraremos por ti si es que no estás descansando en paz. No... nosotros hemos cuidado bien de tu hijo...

—¿En serio? —preguntó Dumbledore con un tilde de ironía.

—¡Por favor, márchate de aquí! —suplicó Petunia con voz trémula. Sa... sacamos a Harry de la alacena, le dimos una habitación para él solo y... lo hemos tratado bien... Sí. 

—¿De qué estás hablando? ¿Cómo que lo sacaron de la alacena?

—Solía dormir ahí, debajo de la escalera —reveló Dumbledore, señalando el lugar, atento a la reacción de Lindsey que comenzó a fruncir el ceño.  

—¿Cómo que?... ¿Por qué no le diste una habitación decente? 

—¡SE LA DI! —gritó Petunia poniendo los brazos al frente para evitar el avance de su hermana. No soportaba la idea de que «Lily» se aproximara un solo milímetro más—. ¡SE LA DIMOS, LILY! 

—¿El niño vivía en una alacena debajo de la escalera?

—Él vivía allí porque... la otra habitación estaba ocupada con los juguetes de mi hijo Duddley, pero...  

—¿Qué sucede? —preguntó Duddley, girándose al fin para ver por qué tanto alboroto—. ¿Quién es usted?

—¡Por favor no nos hagas daño, Lily! ¡Te lo ruego!

—¡No! No soy Lily. 

—¿Quien eres? —preguntó Duddley—. ¿Quienes son ellos, mamá?  

—Soy Lindsey Cooper —contestó la mujer, mirando a su sobrino de arriba abajo, admirándolo—. Soy tu tía, cielo.

—¿Mi tía? Pero yo no tengo tías... bueno, solo a tía Marge, la hermana de papá.

—Soy la hermana de tu madre.

—¡NO! —gritó Petunia horrorizada, negando con la cabeza como para espabilarse—. Lily murió hace muchos años... Esto debe tratarse de un truco de usted, señor... Dumbledore.

—Te puedo asegurar que esto no se trata de ningún truco, Petunia. Ella es tu hermana, aunque efectivamente no se trata de Lily.  

—Pero... ¿cómo puede ser posible? —musitó Petunia, más para sí misma mientras se secaba las lágrimas—. Lily murió.  

—Lo sé, acabo de descubrirlo prácticamente —reveló Lindsey con voz triste mientras miraba al suelo, luego se colocó una mano en el pecho y añadió—: pero yo soy Lindsey... tu otra hermana menor, la hermana gemela de Lily...

Su explicación quedó en el aire... se creó un silencio cargado de tensión mientras Petunia cavilaba. Era verdad, lo había olvidado. Sus padres siempre le habían mencionado a ella y a Lily que habían tenido otra hija pero... ella había muerto en el parto y jamás habían podido recuperar su cuerpo.

—¡No! —habló por fin Petunia—. Tú... más bien ella murió. Papá y mamá siempre lo dijeron.... esa niña murió en el parto. Solo Lily sobrevivió. 

—¿Qué diantres está ocurriendo aquí? —preguntó Vernon, comenzando a tomar valor tras las palabras de la mujer, que ya no le parecía tan fantasmagórica después de todo—. ¿De qué están hablando?

—La enfermera que atendió el parto huyó conmigo ese día —explicó Lindsey—, y se convirtió en mi madre adoptiva. Crecí en España todos estos años sin saber nada de ustedes, pero mi madre murió hace poco y antes de hacerlo me confesó la verdad... por eso estoy aquí, Petunia, por eso busqué al profesor Dumbledore porque él era el único que podía decirme dónde estaba mi familia. Pero nunca imaginé que Lily...

—Ella acaba de enterarse de todo lo acontecido con Lily y James —añadió Dumbledore al ver que Lindsey no podía continuar hablando debido al llanto—. Quiso venir a verte al saber que tú, Duddley y Harry son lo único que les queda.

De nuevo hubo silencio, uno que se prolongó un poco más. 

—¡Qué lindo es tu hijo! —dijo Lindsey cuando logró serenarse, secándose las lágrimas mientras se acercaba a Duddley con la intención de abrazarlo, pero él se echó para atrás, rechazando su contacto. Ella lo miró con tristeza.

—¡Dios mío! —susurró Petunia—. Nunca pensé que tú... nunca imaginé que...

—Lo sé, sé que todo esto es muy confuso y creeme que para mí tampoco es sencillo. Vivi engañada durante treinta y cuatro años, es decir, toda mi vida y después que descubro la verdad acerca de mi origen... me encuentro con que mi hermana gemela está muerta. Pero todavía me quedas tú, Petunia. 

—¿Eres como ella? —preguntó Petunia sin poder evitarlo, tomando asiento mientras intentaba regular su respiración y sus temblores. Dumbledore también se sentó e invitó a Lindsey a hacerlo, a pesar de que ninguno de los Dursley tuvo la cortesía de invitarlos—. Me refiero a... ¿sabes hacer?... —inquirió, aunque debido a la presencia del director del colegio de magia, la respuesta a su pregunta era más que evidente.  

—¿Te refieres a si soy una bruja? —preguntó Lindsey secándose las lágrimas con un pañuelo que Dumbledore le ofreció—. Sí, también soy una bruja, como nuestra hermana —dijo extrayendo la varita de uno de sus bolsillos, sin sospechar que aquel simple acto aterrorizaría a los Dursley. Duddley gritó y huyó corriendo escaleras arriba, con una mano en la boca y la otra en su trasero.

—¡No de nuevo! —gritaba mientras huía.

—¿Qué le sucedió?

—¡NO ESTOY DISPUESTO A TOLERAR A MÁS BICHOS RAROS EN MI CASA! —gritó Vernon, rojo de ira—. Primero ese gigante que derribó nuestra puerta para robarse al chico y llevárselo a ese Hog... hogwa... Hog lo que sea. ¡LE PUSO UNA COLA DE CERDO A NUESTROS HIJO! y después esos Weasley... vinieron a llevárselo de nuevo hace poco y.... la lengua de Duddley medía más de un metro. ¡Fueron ellos! ¡YA BASTA!

—¿De qué hablan? —se extraño Lindsey, asustada. Dumbledore le colocó una mano en el hombro y luego se dirigió a Vernon.

—Cálmate Dursley, estoy seguro de que fue un accidente. De seguro la intención no fue asustarlos y mucho menos causarles daños. Ni Arthur Weasley ni sus hijos...

—¡De ninguna manera! Ya hemos tenido suficiente con tener que criar a ese mocoso por todos estos años a pesar de no ser nuestra responsabilidad. Lo hemos vestido, lo hemos alimentado y hasta tuvimos que darle una habitación —dijo Vernon enumerando con los dedos mientras su esposa intentaba calmarlo. Lindsey estaba alarmada e indignada.

—Pero... pensé que lo habían hecho por gusto.

—¿Por gusto? —preguntó Vernon, riendo con ironía—. ¿Cómo se te ocurre que vamos a querer tener a un mag... a un ser anormal dentro de nuestra casa? Lo hicimos por piedad pero debimos haber oído a mi hermana cuando nos aconsejaba dejarlo en un orfanato. No lo hice porque el corazón de Petunia es blando como mantequilla, pero ya estoy harto de él y de sus amigos indeseables.... y no conforme con todos ellos ahora apareces tú.

—Pero.. pero...

Lindsey se levantó del asiento, todavía más indignada con la actitud grosera, petulante y cruel de su cuñado, pero más le indignaba que su hermana no dijera nada al respecto.

—¿Y tú qué piensas de todo esto, Petunia?

—¿Yo?... Eh...

—Mi esposa es un ángel, ya te lo dije, por eso soporta a ese bandido de tu sobrino... ¡Por Dios! Si hasta tiene un padrino delincuente.

—¿Un padrino delincuente? ¿De qué demonios estás hablando?

Dumbledore volvió a mirar a Lindsey y esta vez con su mirada le indicó que más tarde hablarían de eso. Petunia se había puesto a llorar de nuevo.

—Pue si no lo quieren más en casa yo estoy dispuesto a cuidarlo. También soy su tía y aunque no lo conozco todavía...

—Pues sí, llévatelo si quieres pero tendrás que buscarlo en casa de esos... esos Weasley.

—¡No! —saltó Petunia, mirando a Dumbledore con contundencia—. No puede, es mi deber.

—¡Vamos, querida! Es nuestra oportunidad de deshacernos del chico.

—¿Deshacerse del chico? —repitió Lindsey más indignada todavía. Había pasado de estar triste a terriblemente furiosa tras la actitud egoísta y cruel de su hermana y su cuñado.

—Sí, ya no lo queremos aquí. Ha invadido nuestro espacio, nuestras vidas, TODO. ¡NO LO SOPORTAMOS MÁS!

—¡Por Dios! Son unos monstruos. Él se quedó huérfano... ¿cómo pueden despreciarlo después de haberlo criado todos estos años?

—Él no es nuestro problema. Si lo quieres ahora es tuyo. ¡Llévatelo lejos, muy lejos de nosotros?

—¡NO, VERNON! —volvió a insistir Petunia.

—¿Por qué no?

—Porque no puedo —dijo Petunia sin dejar de sollozar, con las manos en la cabeza, atormentada.

—Sí puedes —concedió Dumbledore— Como ya sabes, Lindsey también es tu hermana y por ende también lleva la sangre de Lily en sus venas, así que si quiere ella puede...

—¡NO! NO PUEDE.... ¡NO TE LO LLEVARÁS! ¡AL TERMINAR EL CURSO EL NIÑO REGRESARÁ AQUÍ, COMO SIEMPRE! —gritó la mujer, mirando con ira a Lindsey. Ella le sostuvo la mirada sin inmutarse.

—Así que después de todo le guardas aprecio a tu sobrino —dijo Dumbledore entre sorprendido y complacido.

—¡Petunia! —exclamó Vernon.

Era el colmo para ella.... Sí había amado a Lily, a su manera y desde el silencio pero sí la había amado, no obstante jamás había podido superar el hecho de que su hermana pudiera hacer magia y asistir a Hogwarts mientras ella debía conformarse con una vida normal y corriente hasta que poco a poco fue aceptando y amando su estilo de vida, creando aversión por el mundo de la magia, pero Lily murió y Petunia tuvo que hacerse cargo de su sobrino que también le restregó en la cara su poder... y ahora esto... su hermana, su otra hermana había regresado del pasado, también era una bruja y ahora quería desafiarla. No cedería, no estaba dispuesta a hacerlo. Ella no iba a llegar así como así a desafiarla, llamándola «monstruo» cuando el monstruo anormal era ella. ¡No iba a permitir que se llevara a Harry!... ¡No quería complacerla dándole lo que quería! 

—Él no la conoce —alegó. 

—Pero estoy seguro de que en cuanto lo haga, la amará —dijo Dumbledore con sinceridad—. Vamos, Petunia. No seas egoísta. Es su sobrino también y merece disfrutar de su compañia. Si tú no quisiste hacerlo...

—Soy su tutora legal, así que no podrá llevárselo. Con eso no podrás hacer nada ¿o sí? Legalmente seguirá bajo mi cargo y tendrá que regresar aquí cada verano.

—Eso lo veremos —dijo Lindsey decidida, sin dejarse amedrentar. Dumbledore sonrió, complacido y satisfecho.

—No tienes como probar que el niño es tu pariente, las autoridades estarán a mi favor, me refiero a las autoridades de mi entorno, las autoridades verdaderas no del...

—Desde luego que puedo probarlo. Al igual que Lily crecí entre muggles así que no me subestimes. Estoy dispuesta a realizarme una prueba de ADN que demuestre que somos parientes —respondió la mujer con seguridad.

—Aún así haría falta ver si las autoridades deciden dárselo a una extraña —musitó Petunia medio aturdida de rabia e impotencia.

—Y también haría falta conocer la opinión de Harry —intervino Dumbledore—, y en ese caso creo que tú, tendrías la batalla perdida mucho ante de empezar, Petunia.

—Ni siquiera la conoce.

—Pero como te dije antes, en cuanto la mire siquiera comenzará a quererla.

—¡Largo! ¡LARGO DE MI CASA! —gritó la mujer histérica, señalando la puerta.

—Es una pena que yo haya llegado a este país, mi país, con tantas ilusiones y que todas ellas se hayan hecho pedazos una a una —dijo Lindsey mirando a su hermana de arriba a abajo con incredulidad—. Ni siquiera estuviste presta a brindarme una oportunidad después de haberme escuchado, después de saber quién soy en realidad.

—No te conozco, creciste lejos de nosotras. No puedes considerarte mi hermana —espetó Petunia dolida, sin dejar de señalar la puerta—. No quiero verte más... ¡FUERA DE AQUÍ, BRUJA!

—¡VÁYANSE DE MI CASA AHORA MISMO! —gritó Vernon también.

—Está bien, pero como dije antes, estoy dispuesta a quedarme con Harry si él así lo desea, así que probablemente me tengas de vuelta para los trámites que de seguro tendrás que firmar.

—Como quieras pero ahora vete —recalcó Petunia.

—¿Puedes darme al menos una foto de él? Me gustaría verlo antes de conocerlo personalmente.

—No tengo ninguna foto suya —respondió Petunia, fulminándola con la mirada.

—No puedo creerlo —dijo Lindsey mirándola con asombro—. Tienes toda la casa plagada de fotos del otro chico.

—¡ES MI HIJO! ¡ES LÓGICO!

—Se suponía que debías quererlo como a un hijo también, no entiendo cómo es que..

—¡MÁRCHENSE YA!— espetó Vernon casi morado de rabia.

—Supongo que siquiera conservarás una fotografía de nuestros padres. Déjame verlos... quiero saber como eran. 

—¡Eran mis padres!.... ¡MIS PADRES, NO LOS TUYOS! ¡MÁRCHATE Y DEJA MI VIDA COMO ESTABA!

—Será mejor que nos vayamos, Lindsey —dijo Dumbledore tomándola del brazo derecho—. No tiene caso permanecer aquí ni un solo segundo más. Yo puedo mostrarte algunas fotografías de Harry.

Y así, sin más, ambos se desvanecieron ante el asombro de los Dursley, para aparecer segundos más tarde, de nuevo frente a las verjas de hierro del castillo que durante varios meses se convertiría en el hogar de Lindsey. Ella suspiró profundamente, tratando de reprimir nuevas lágrimas, se había prometido no seguir llorando, pero en cuanto Dumbledore la estrechó entre sus brazos muy conmovido, no pudo evitarlo. Estaba muy dolida y deshecha, desde que había visto a Noah aquel día en Francia, en brazos de Colette Piaf, no habían dejado de sucederle infortunios, había descubierto cosas terribles que cambiaron su vida para siempre y ahora no solo tenía que lidiar con el hecho de que su hermana gemela estaba muerta, sino que además, su otra hermana, Petunia, no aceptaba su regreso y además odiaba al pobre Harry, pero no iba a dejarse vencer, no iba a rendirse sin luchar, por alguna razón el destino la había llevado hasta allí, como bien le decía el buen Dumbledore con su voz apacible y paternal, en ese momento mientras acariciaba su roja cabellera.    

—¿Qué diantres pasa conmigo? —preguntó Lindsey cuando estuvieron frente a las verjas de Hogwarts de nuevo—. ¿Cómo cambió mi vida en tan poco tiempo? ¿Por qué me sucedió todo esto? ¿Qué demonios le hice para que me tratara así? Yo solo quería conocerla... Solo quise estar cerca de ella... No es mi culpa no haber crecido con ellas, profesor Dumbledore —la mujer se desahogaba, asida a las solapas del traje del director, mientras él la miraba con una mezcla entre dulzura y comprensión, sin decir una sola palabra hasta que ella hubiese terminado—.  Yo no tengo la culpa de que mi madre... ¿Y qué puedo hacer?... Tampoco puedo juzgarla por lo que hizo porque no soy quién para hacerlo y no... no quiero ni puedo odiarla... Emily Cooper siempre fue mi madre y fue una madre excelente, la mejor y la extraño tanto tanto ahora... Me siento tan sola...

Dumbledore estrechó entre sus brazos a Lindsey, dejando que sollozara en su regazo, comprendiéndola mientras él sentía un nudo en la garganta y unas terribles ganas de echarse a llorar con ella, pero se mantuvo firme y ecuánime para contenerla. Esa pobre mujer había vivido demasiadas emociones en muy poco tiempo: la reciente muerte de su madre, la revelación de su verdadero origen, su divorcio (asunto confidenciado por Olympe mientras Lindsey permanecía absorta, mirando a través de una de las ventanas del despacho) la muerte de Lily y ahora el rechazo de la única hermana que tenía.... 

—Tú no tienes la culpa de nada, Lindsey —susurró Albus mientras le acariciaba el cabello para contenerla—, y no estás sola en lo absoluto. Ahora me tienes a mí y muy pronto tendrás a tu sobrino contigo.  

El director cerró los ojos, imaginando el momento en que ella y Harry se vieran por primera vez. Ellos se necesitaban tanto el uno al otro. Él sí se alegraría de verla, su sobrino la haría sentir bienvenida y amada. Pero al mismo tiempo un estremecimiento recorrió al director cuando la imagen de Severus Snape cruzó por su mente... ¿Cúal sería su reacción al tenerla al frente? Él lo conocía lo suficiente para saber que después de tantos años no había podido olvidar a Lily y ahora al tener a Lindsey, la viva imagen suya tan cerca, le sería todavía más difícil. ¿Qué haría él al respecto? ¿Cómo lo tomaría? No podía hacer más que esperar a que ese día llegara, el día del encuentro inevitable. Por un momento pensó en prevenir a Lindsey respecto a los sentimientos de Snape por Lily, pero enseguida se retractó al recordar su promesa.... Nunca, jamás se lo diría a nadie, nunca revelaría la mejor parte de Snape, además, tal vez, lo más probable era que ella misma terminaría descubriendolo. 





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